Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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miércoles, 3 de agosto de 2022

El efecto Lucifer

Autor: PHILIP ZIMBARDO (Psicólogo. Investigador del comportamiento. Profesor en las universidades de Yale, Nueva York, Columbia y Stanford. Autor del famoso experimento de la prisión de Stanford)

Ha sido reconocido con grandes distinciones como Carl Sagan Award for Public Understanding of Science (2002) y Kurt Lewin Award (2015).
Nacido en Nueva York en 1933.

Edición original: 2007
Título original: The Lucifer Effect
Editado en Barcelona por Espasa Libros en 2008
Edición digital para eBook en 2012
Traducción de Genís Sánchez Barberán

Relaciones de contenidos principales:
  • La psicología del mal
  • El experimento de la prisión de Stanford
  • Estudio de la dinámica social: poder, conformidad y obediencia
  • Estudio de la dinámica social: desindividuación, deshumanización y maldad por inacción
  • Los maltratos y las torturas de Abu Ghraib
  • Resistir las influencias situacionales
  • La banalidad del mal y la banalidad del heroísmo

Idea seleccionada:

- Queremos creer en la bondad esencial e invariable de la gente, en su capacidad de resistir ante las presiones externas, de evaluar de una manera racional las tentaciones de la situación y rechazarlas. Paradójicamente, al haber creado este mito sobre nuestra invulnerabilidad a las fuerzas situacionales, nos hacemos aún más vulnerables a ellas por no prestarles suficiente atención.

martes, 2 de agosto de 2022

Adicción al sexo

Decir que estás enganchado como quien lo está a una droga no es excusa.

Las personas engañan repetidamente a sus parejas, se involucran en actos sexuales de riesgo a costa de su bienestar físico y mental y arruinan sus vidas por una aventura de una noche. El sexo puede ser dañino. Pero, ¿puede ser como una droga? No encontrarás "adicción al sexo" en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5) actual, que se utiliza para realizar diagnósticos psiquiátricos. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha agregado "trastorno de conducta sexual compulsiva" a su guía de diagnóstico, aunque tampoco habla de adicción.

Para que un hábito encaje en esta categoría, debe cumplir varios criterios, tal y como apunta Mark Griffiths, psicólogo de la Universidad de Nottingham Trent (Reino Unido), que investiga este tema. El objeto en cuestión -heroína, juegos de azar, pornografía, sexo u otra cosa- modifica el estado de ánimo, consume los pensamientos hasta en su ausencia y presenta un claro conflicto interno o interpersonal. Fundamentalmente, la adicción conduce a la tolerancia biológica, de modo que la cantidad de sustancia o actividad necesaria para lograr el mismo efecto aumenta con el tiempo, y la abstinencia implica sufrimiento psicológico o fisiológico, con signos de irritabilidad, náuseas y calambres estomacales. Un verdadero adicto también corre el riesgo de padecer una recaída.

Con respecto al comportamiento sexual, dice Griffiths, "el número de personas que realmente alcanzarían todos mis criterios es muy reducido". En muchos casos de supuesta adicción conductual, ya sea que se centre en el sexo, el juego, el ejercicio u otra actividad, "los sujetos se involucran en un comportamiento que puede catalogarse como problemático más que como adictivo".

Por su parte, Allen Frances, psiquiatra de la Universidad Duke (EEUU) que dirigió el Grupo de Trabajo DSM-IV, apunta que, en casos genuinos de adicción, "algo que podría haber dado placer al principio ya no lo da, pero no se puede detener". Sin embargo, para la mayoría, incluidos aquellos para quienes el sexo crea problemas, el acto sexual en sí sigue siendo placentero.

"Aunque es cierto que puede haber un puñado de personas que, simplemente, no puedan detenerse, y eso está arruinando sus vidas y su familia", dice Frances. Aun así, advierte de que el uso excesivo de la etiqueta adicción al sexo, sobre todo, por parte de personas infieles que quieren desviar la culpa, corre el riesgo de "convertir el mal comportamiento en un trastorno mental".



domingo, 17 de julio de 2022

Naturaleza y concepto de motivación

Puede decirse que la psicología humana se ocupa del modo como nos comportamos frente a las personas, los acontecimientos y las cosas; como disciplina científica no sólo ha de describir y clasificar los diversos actos conductuales, sino también investigar y formular sus integrantes y condiciones, tratando de formar un cuerpo legal con carácter explicativo-comprensivo y predictivo-postdictivo, además de posibilitar con ello el control o regulación de tales actos. Pues bien, en esta tarea, el análisis de la motivación juega un papel central: defínase como se quiera, la motivación es un constructo que siempre apunta a los fundamentos psicológicos de nuestro comportamiento, a aquello que hay dentro de nosotros (consciente o inconsciente) y a nuestro alrededor, que nos impulsa y dirige y que permite que nuestros actos sean lo que son y no de otro modo, o, en delimitación mucho más breve, un concepto multifacético respecto de procesos encubiertos que inician o energizan una u otra forma de conducta.
Los diversos actos de nuestro organismo se originan por la oportuna activación de una serie de programas innatos y adquiridos, en donde la sensibilidad, la atención y la afectividad, así como las correspondientes estructuras y procesos fisiológicos subyacentes, juegan su papel. Ahora bien, nosotros mantenemos que, para que pueda hablarse de genuina conducta, hay que contar imprescindiblemente con la motivación, proceso que integra todos los anteriores y otros de naturaleza superior (como el aprendizaje, la memoria, el pensamiento, etc.), en una organización unitaria y coherente, además de proporcionar la activación global de todo ese conjunto.
Los actos de los seres vivos pueden ubicarse en una hipotética línea continua, cuyo límite inicial viene marcado por la contractilidad y el final por lo que entendemos por conducta: la contractilidad es una reacción elemental que aparece ante muy diversos estímulos del entorno; los tropismos, kinesias y taxias son reacciones algo más complejas, las cuales tienen lugar ante estímulos físicos y químicos particulares; en un nivel superior estarían las respuestas a estimulaciones más concretas y con mayor implicación de estructuras y funciones psicoorgánicas, tales como son los reflejos incondicionados, condicionados y las pautas instintivas (aunque éstas exigen de la existencia de unos programas innatos altamente estructurados y aparecen sólo ante estímulos muy específicos); finalmente, la conducta incluye la existencia de procesos psicosociales, de entre los que el proceso motivacional se torna esencial, suponiendo la toma del mando de elementos interactivos de naturaleza superior y muy compleja. Puede inferirse, entonces, que la motivación propiamente dicha sólo se organiza en el ser humano, lo que no quiere decir que en los animales (y más concretamente en los mamíferos) se dejen de dar hechos que expresan esbozos de tal proceso, los cuales sostienen pautas de respuestas próximas a la conducta.
La motivación, en todo caso, facilita la puesta en marcha de los programas innatos y adquiridos de conducta, o, como dicen Taylor y otros (1982), la activación de las secuencias de actos dirigidos a una meta: la motivación implica una serie de influencias que inician, mantienen, regulan y detienen los actos precisos para conseguir ciertos objetivos a través del acceso a la meta prevista. Por ello, la esencia de la motivación queda recogida en una clásica definición (Newcomb, 1956), que concreta que es “un estado del organismo en el cual la energía corporal es movilizada y dirigida selectivamente hacia partes del ambiente”.

Dicho de otra manera, la motivación comprende tres procesos:

  1. una activación global del organismo, a expensas de necesidades, impulsos, pulsiones, tendencias, intereses o propósitos, lo que trae como consecuencia la dinamización del organismo como un todo;
  2. un encauzamiento de los actos necesarios para alcanzar el objetivo previsto, lo que supone un acercamiento o alejamiento de la meta u objeto hacia el que se dirigen las necesidades, pulsiones, etc.;
  3. una autorregulación de la intensidad, persistencia, presencia o ausencia de los actos y actividades insertos en la secuencia de conducta, siendo habitual que el individuo parta de una especie de plan-guion, más o menos flexible, a expensas de sus recursos, experiencias previas, expectativas de éxito, accesibilidad de las metas, etc. 

En todo caso, debe quedar claro que la motivación no es algo dado, con lo que el individuo cuenta sin más, sino que ha de ser adquirida, estando en continua reorganización: incluso cuando implica necesidades primariamente biológicas e innatas (como el hambre, la sed o la sexualidad), toma matices y ropajes muy variados en función del aprendizaje y de la estructura personal del sujeto, así como de las condiciones dadas por el ambiente, llegando a complejos desarrollos que no se observan en los actos del animal.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Historia de la motivación

El interés por el instinto surge del trabajo de los etólogos y del estudio de ciertos patrones de conducta, como la gregaria, la de migración, la sexual, la paternal y la filial. El etólogo descubre tipos relativamente fijos de conducta, a los que llama instintivos, e intenta comprender los factores que liberan energía para la ejecución de estos y otros actos. De este modo, combina los dos significados importantes de instinto; es decir, conducta no aprendida y energía (urgencia, impulso). Considera que su trabajo encaja, en lo general, en un marco evolucionista. Quienes estudian estos tipos de conducta -como la gregaria, por ejemplo- parecen preocupados, en primer lugar, por descubrir los factores que controlan tales conductas. Para ellos, el instinto sólo sirve como una rúbrica clasificatoria muy general y sin valor explicativo. Debe buscarse la explicación en la comprensión de los factores que controlan las conductas pertinentes. Empiezan a aparecer teorías en pequeña escala de una y otra de estas conductas.

Como concepto, la homeostasis se usa ampliamente. Existen modelos, como la cibernética, que dependen en gran parte, para explicar los sistemas de variables que manejan, de la homeostasis y sus conceptos relacionados. Este uso de la homeostasis tiene, relativamente, una corta historia, que proviene del pensamiento evolucionista y de la obra de filósofos como Bernard y sus seguidores. Sin embargo, la concepción homeostática, como un estado hacia el que tienden otros procesos conductuales, o a los que sirve de meta, tiene un uso más amplio. Se encontrará al tratar el instinto, el psicoanálisis, la teoría del aprendizaje en sus aspectos de pulsión, la emoción y algunas teorías que se derivan de la psicología social. Por tanto, la homeostasis es un modelo de múltiples implicaciones.

Las actuales teorías de pulsión están embebidas de teorías generales sobre la conducta, que también acentúan el papel y la naturaleza del aprendizaje en los problemas conductuales. en general, las teorías de la pulsión acentúan ya sea las funciones energetizantes de los estados de pulsión sobre la conducta, o las funciones para determinar la meta de dichos estados de pulsión. En estos puntos pueden verse reflejadas tanto la noción de urgencia como la de propósito, según se describieron en la explicación sobre el instinto. En algunas teorías de aprendizaje, el reforzamiento (la ley del efecto) es un tema significativo, y ya se ha mencionado la relación que existe entre el hedonismo y este concepto. La mayoría de las teorías del aprendizaje postulan solo algunas pulsiones corporales, y sugieren que muchos motivos importantes son aprendidos.

El psicoanálisis, en su forma clásica, depende de las urgencias instintivas, cuya meta era la satisfacción o el placer. También estuvo muy influido por el pensamiento evolucionista y por el fisicalista, y la etapa final implicaba la restauración del equilibrio homeostático.

El actual interés por la emoción muestra dos facetas. Una, que la emoción activa la conducta, y que esto refleja, al menos indirectamente, la necesidad del concepto del instinto. La otra faceta es el hincapié puesto sobre el goce o placer afectivo para exaltar las fuerzas motivacionales. Es evidente su derivación del hedonismo.

Las teorías de la psicología social tienden a interesarse en los motivos de la conducta social y en el control social de la conducta. Las concepciones hedonistas y homeostáticas son actualmente populares y reemplazan, en gran medida, los primeros intentos de confiar en uno o unos cuantos motivos o instintos para basar la conducta social y su control.

Este breve resumen de modelos demuestra que deben mucho en sus orígenes al instinto, a la homeostasis, a la evolución y al hedonismo; también están muy implicados, en algunos de ellos, los factores inconscientes activos. En algunos modelos sólo se dan por sentados unos cuantos motivos; en otros, muchos, aunque, en este último caso, solo algunos tienen un status innato. Todos estos modelos intentan explicar el comportamiento o la conducta: cuáles son sus causas y qué factores la controlan. En general, se supone que la conducta sirve, en algún sentido, a las necesidades del organismo. Rara vez se exponen, en este contexto, los problemas del dualismo, de la voluntad y del libre albedrío; pero, en general, estos modelos pueden caracterizarse como monistas y porque consideran que los problemas de la selección y del esfuerzo se derivan de las necesidades del organismo en su interacción con el medio. La racionalidad y el conocimiento tienen a considerarse como reflejos no confiables de ciertos determinantes más fundamentales.

Recientemente ha existido una tendencia a rechazar como adecuado, el tipo general de modelo antes descrito. Aunque acentuando la concepción homeostática y la evolucionista, dicha tendencia parece hacer hincapié en la razón y en el conocimiento, en la bondad fundamental de la naturaleza humana y en la idea de que, al explicar la conducta, puede verse a ésta como un fin en sí antes que como una obligatoria servidora de otras necesidades orgánicas. Este punto de vista, en sí, parece estar en consonancia con la importancia que autores como Sócrates, Platón, Aristóteles, algunos padres de la Iglesia y Rousseau, le daban.

lunes, 9 de mayo de 2022

La sensación de lo que ocurre

Autor: ANTONIO DAMASIO (Médico. Profesor de Psicología y Neurociencia en la Universidad de California)
Ha sido reconocido con grandes distinciones como The Golden Brain Award (1995), The Ipsen Prize (1997) y el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica (2005).
Nacido en Lisboa en 1944.
Edición original: 1999
Título original: The feeling of what happens
Reeditado en Barcelona por Destino Grupo Planeta en la colección Booket en 2019
Traducción de Francisco Páez de la Cadena Tortosa
Ilustraciones por cortesía de la Dra. Hanna Damasio

Relaciones de contenidos principales:
1) Sentir y conocer: Emoción y sensación. Conciencia central.
2) Una biología para el conocer: La construcción de la conciencia central. Conciencia ampliada. La neurología de la conciencia.
3) Obligado a conocer: Sentir sensaciones. El uso de la conciencia.
4) Apéndice: Notas sobre la mente y el cerebro.

Ideas seleccionadas:

- La omnipresencia de la emoción en nuestro desarrollo y en nuestra experiencia cotidiana, conecta prácticamente todo objeto o toda situación de nuestra experiencia, gracias al condicionamiento, con los valores fundamentales de la regulación homeostática: recompensa y castigo, placer y dolor, aproximación o abandono, ventaja o desventaja personales, e inevitablemente, bueno (en el sentido de supervivencia) o malo (en el sentido de muerte). Nos guste o no, ésta es la condición natural humana. Pero cuando está disponible la conciencia, las sensaciones tienen una influencia máxima y los individuos son también capaces de reflexionar y planificar. Tienen un medio de controlar la omnipresente tiranía de la emoción: eso que llamamos razón. Por supuesto que resulta irónico que los motores de la razón sigan necesitando de la emoción, lo cual significa que el poder controlador de la razón suele ser más bien modesto.

- Nuestra sensación de ser es un estado del organismo, resultado de ciertos componentes que funcionan de determinada manera y que se relacionan dentro de ciertos parámetros. Se trata de otra construcción, una pauta vulnerable de funciones integradas cuya consecuencia es la generación de la representación mental de un ser vivo individual.

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