Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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miércoles, 6 de enero de 2021

¿Qué es un dilema moral?

En sus investigaciones sobre el desarrollo moral, Lorenz Kohlberg se sirvió preferentemente del método de los dilemas. Un dilema moral es un caso, real o inventado, en el que el protagonista se encuentra ente una situación que debe resolver escogiendo entre dos alternativas de acción que representan valores morales incompatibles y conflictivos entre sí.

La mayoría de estos dilemas presentan conflictos entre normas legales y valores morales o entre valores morales de distinta importancia o jerarquía.

La muestra de sujetos a los que se les presenta el dilema debe colocarse imaginariamente en el lugar del protagonista, elegir la alternativa que considera más correcta y justificarla mediante un razonamiento moral.

En los casos que investigó, Kohlberg analizaba a continuación las respuestas con el convencimiento de que no es tanto la solución escogida, sino las razones esgrimidas para justificarla, lo que informa en realidad del estadio y nivel de desarrollo moral en que se encuentran los sujetos.

La teoría del desarrollo moral de Kohlberg

Después de Kohlberg, el método de los dilemas se ha venido utilizando tanto en la investigación como en la educación en valores morales. Se considera un buen medio para estimular la toma de conciencia, el diálogo reflexivo y la creatividad de respuesta ante los problemas éticos que se presentan en nuestras sociedades. El desarrollo de la autonomía moral de los sujetos se ve por todo ello favorecido e impulsado.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

La conciencia moral

Con el término ⟪conciencia moral⟫ designamos la capacidad que tienen las personas para conocer y juzgar la bondad o maldad de las acciones, tanto propias como ajenas. La conciencia moral, además, mueve y orienta la conducta en la dirección que la persona considera correcta.

Adela Cortina (et al.), Ética (2003)

1. La voz de la conciencia

Expresiones como "tengo la conciencia tranquila", "me remuerde la conciencia", "allá cada cual con su conciencia" o "he obrado según me dictaba la conciencia" reflejan claramente la importancia moral que concedemos a esta capacidad para orientarnos en nuestra vida cotidiana.

En todos estos ejemplo, el lenguaje popular habla de la especie de voz interior que inspira, obliga y juzga la moralidad de nuestras acciones. Sin embargo, esta voz aparece como algo demasiado misterioso. Por eso la ética intenta aclarar qué es y cómo se desarrolla la conciencia en los individuos y en las sociedades.

2. Heteronomía y autonomía

Para juzgar sobre la bondad o maldad de las acciones o de las normas, la conciencia se sirve de principios por los cuales la persona rige su vida. En ocasiones no nos percatamos muy bien de cuáles son nuestros principios, pero lo cierto es que cualquier persona se guía por algunos, se dé cuenta o no de ello.

Estos principios pueden venirle impuestos o dárselos ella a sí misma racional y libremente. En el primer caso hablamos de heteronomía y, en el segundo, de autonomía.

Una conciencia es heterónoma cuando se guía por los dictados del instinto o las apetencias; por la tradición; por la autoridad de otros, sean personas concretas, sea una mayoría. Si la conciencia acepta cualquiera de estos principios sin haber reflexionado sobre ellos y sin haber decidido si su orientación es buena, entonces esa conciencia es heterónoma.

Una conciencia es autónoma, por el contrario, cuando es ella la que propone las normas morales que deben regir su acción, habiendo reflexionado y decidido libremente.

Las personas empezamos por aprender las normas en la sociedad en la que vivimos: en la familia, en la escuela, en el grupo de amigos. Es decir, que al principio nos vienen de "fuera". Pero eso no significa que seamos heterónomos.

Actuamos de forma autónoma si somos nosotros los que decidimos reflexivamente qué normas consideramos buenas y si somos capaces además de crear otras nuevas. Obramos de forma heterónoma, por el contrario, si nos guiamos por las apetencias o por lo que otros nos dictan, sin haber considerado por nuestra parte qué es lo propio de personas verdaderamente humanas.

3. Tomás Moro, ejemplo de fidelidad a la conciencia

Tomás Moro nació en Londres en 1478. Estudió humanidades en Oxford y derecho en Londres.

Su éxito en importantes cargos y su prestigio como jurista le llevan a ser nombrado Lord Canciller de Inglaterra por Enrique VIII. El rey pensaba encontrar en él apoyo para conseguir el divorcio de su esposa Catalina de Aragón y poder casarse con Ana Bolena. Pero Moro se opone a las pretensiones del rey y renuncia a su cargo de canciller alegando motivos de conciencia. Enrique VIII se casa con Ana Bolena y se proclama jefe de la Iglesia de Inglaterra mediante el Acta de Supremacía. Moro no asiste a la boda y se niega a prestar juramento a un acta que suponía la ruptura de la unidad de la Iglesia y la consolidación del poder absoluto del rey. Moro es encarcelado en la Torre de Londres, sentenciado como traidor al rey y decapitado el 6 de junio de 1535.

Tomás Moro ha pasado a la posteridad como ejemplo del hombre que sacrifica su vida para obedecer a la voz de su conciencia. La Iglesia católica lo canonizó en 1935.

4. Autonomía y universalidad

"Autonomía" equivale a "autolegislación", a darse a sí mismo leyes propias. pero, en cuanto hablamos de leyes, estamos indicando que valen para un grupo o universalmente, porque una ley no puede valer para una sola persona. En el caso de la moral, las leyes han de valer universalmente, porque son aquellas que cualquier persona debería cumplir para ser verdaderamente humana y no inhumana.

Por eso, con la expresión autonomía moral nos referimos a la capacidad que tenemos las personas de guiarnos por aquellas leyes que nos daríamos a nosotras mismas porque nos parecen propias de seres humanos. No tiene, pues, nada que ver con "hacer lo que me dé la gana", ni tampoco con la independencia frente a toda norma.

5. El desarrollo de la conciencia

Comportarse de forma autónoma es una posibilidad que cada ser humano puede realizar o no.

Si repasamos la historia, podremos observar que las conductas heterónomas están siempre relacionadas con situaciones de servidumbre en sus distintas formas. En cambio, los seres autónomos se comportan como seres dueños de sus propios actos, porque en definitiva el término "autonomía" es sinónimo de libertad. Es libre quien se da a sí mismo sus propias leyes y las sigue, siempre que entendamos por "sus propias leyes" aquellas que extendería a todos los seres humanos.

De ahí que podamos valorar el paso de la heteronomía a la autonomía como un progreso, como un ganar en madurez, que puede lograrse individual y socialmente.

Los individuos tenemos una conciencia capaz de progresar, pero también las sociedades tienen una conciencia que puede ir madurando desde la heteronomía a la autonomía: de regirse por tradiciones, autoridades y costumbres no asumidas reflexivamente pasar a guiarse por principios humanizadores.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Fines y medios pacíficos

Una de las cosas más extrañas es que todos los genios militares del mundo hayan hablado de paz. Los conquistadores del pasado, que mataban para imponer la paz -por ejemplo, Alejandro, Julio César, Carlomagno y Napoleón-, coincidían en la búsqueda de un orden universal basado en la paz. Si leéis Mi lucha atentamente, descubriréis que Hitler alega que todas las cosas que hizo en Alemania las hizo en nombre de la paz. Y, en la actualidad, los hombres que gobiernan nuestro mundo se pasan el tiempo hablando de la paz. ¿Dónde reside, pues, el problema?
Estos gobernantes nos hablan de la paz como si se tratase de un objetivo muy lejano, de un fin que estamos buscando. Pero algún día nos daremos cuenta de que la paz no puede ser simplemente un objetivo distante, sino que es el medio con cuya utilización llegaremos a aquel objetivo. Para alcanzar un fin pacífico, debemos emplear medios pacíficos. Y con estas palabras, como análisis final, pretendo decir que el fin y los medios deben estar en estrecha correspondencia, pues el fin ya está contenido en los medios y, finalmente, unos medios destructivos nunca podrán llevarnos hacia un fin constructivo.
Martin Luther King, El clarín de la conciencia


Martin Luther King (1929-1968)

lunes, 26 de octubre de 2020

El voluntariado

1. Introducción

En la historia de todas las culturas ha habido personas que, sin recibir ninguna compensación económica, han dedicado su vida o parte de ella a cuidar de otros más necesitados, ya sea la razón de su necesidad una incapacidad física y/o psíquica, ya sea consecuencia de catástrofes naturales, ya sea efecto de una pobreza injusta, ya sea producto de la enfermedad.

Joaquín García Roca, en su libro Solidaridad y voluntariado, caracteriza al voluntario mediante cuatro figuras simbólicas:

  • El voluntario es guía porque, atento a las circunstancias que se presentan, señala posibles caminos, y lo hace valiéndose de los indicadores existentes y de su implicación personal en las situaciones que comparte con otros.
  • Es vigía en tanto que, abandonado su mundo, se siente inseguro y ha de permanecer alerta, para que unas veces el miedo, otras el desánimo, no lo alejen de su proyecto. El voluntario debe robustecer su imaginación utópica si no quiere verse anegado por la multitud de problemas que lo acosan.
  • También es mediador, sirve de puente entre el grueso de la sociedad y los grupos minoritarios que son marginados por ella. Además, es el cauce para trasvasar energía vital de la una a los otros.
  • Por fin, el voluntario es acompañante, porque se hace cercano a los que sufren y los acoge. Pero no se diluye en el dolor de ellos, sino que los refresca y los anima a seguir, convencido de que a todos nos aguarda un futuro mejor.
2. Principios del voluntariado

En nuestro tiempo, particularmente desde el último cuarto del siglo XX, las personas que han asumido estas tareas de cuidado de los menesterosos y de la naturaleza en peligro sin recibir retribución se han ido organizando en grupos, y han nacido así las denominadas Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Estas organizaciones no dependen de los gobiernos y desarrollan tareas de asistencia y promoción entre los grupos más necesitados en cualquier lugar de la Tierra, intentando satisfacer sus necesidades básicas, es decir, las referidas a alimentos, vivienda, educación, asistencia sanitaria y medio ambiente.

En la revista Documentación social, Luis Lopezllera afirma que estas ONG actúan en la dimensión micro, en el nivel de las iniciativas de la gente común, donde suelen inspirarse en principios como éstos:

  • Ocuparse prioritariamente de problemas básicos de grupos, comunidades y sectores desfavorecidos.
  • Poner acento en la autoayuda, la ayuda mutua y la adecuada participación en los distintos niveles de proceso.
  • Promover trabajo voluntario, profesional y más allá de lo profesional.
  • Optar por motivaciones altruistas no proselitistas, es decir, no vinculados a grupos religiosos, y políticas no dependientes de partidos políticos.
  • Comparar la acción de los juegos de fuerzas en la vida personal, la dimensión local y la transnacional.
  • Procurar una cultura de valores propios, de responsabilidad y creatividad.
Las ONG y los medios de comunicación
Los medios de comunicación son el instrumento insustituible para el conocimiento de las realidades lejanas y, por tanto, son determinantes en la imagen del Tercer Mundo que los norte-occidentales tenemos del mismo. Sin ese conocimiento no es posible que las ONG sensibilicen a la población ni un juicio crítico que permita estrategias de colaboración y ayuda eficaces.
José Luis Sánchez Noriega, La globalización y sus excluidos


3. El voluntariado internacional

Los voluntarios que trabajan en tareas que sobrepasan los límites de su nación olvidan egoísmos e insolidaridades y se niegan a formar parte, sea de la manera que sea, de la violencia de la muerte. Por el contrario, se entregan a una defensa de la vida y de la satisfacción de necesidades básicas. En muchos casos, estas personas se hacen violencia a sí mismas, pues tienen que vencer inercias e individualismos, y deben desarrollar al máximo sus capacidades y ponerlas al servicio del bien común, que pasa necesariamente por el bien de los que tienen peores condiciones de vida. Estas personas forman lo que podemos llamar la internacional de la vida porque, desde sus características individuales de raza, cultura, religión, sexo, generación y clase social, llegan a considerar a toda la humanidad y tratan de construir una sociedad más justa y con las mismas oportunidades para todos.

4. El individuo y la colectividad

A. King y B. Schneider, en su libro La primera revolución global, abordan las difíciles relaciones de cada persona con los problemas planteados hoy a nivel mundial. Estos autores defienden la necesidad de una ética de la solidaridad y del uso del tiempo que, según ellos, debe conducir a una ética de la acción, en la que las personas deben hacer suyos los problemas de todos los hombres y mujeres de la Tierra, interesarse y movilizarse con el fin de resolverlos.

Dado que los individuos aislados nos sentimos con frecuencia desbordados por la inmensidad de los males que aquejan a nuestra sociedad, y muchas veces incluso nos sorprenden porque los desconocemos y, de momento, tomamos conciencia de ellos, sentimos la necesidad de organizarnos y asociarnos para encontrar juntos la fuerza y la eficacia de las que carecemos cuando estamos solos.

Los dos autores mencionados insisten en que no podemos olvidar que la ética de los grupos depende del comportamiento ético de los individuos que los componen, y, del mismo modo, la adhesión de las personas a un código de comportamiento ético puede ser alentada, estimulada y promovida por la postura colectiva. 

martes, 25 de agosto de 2020

El feminismo

1. Definición y origen histórico

El femenismo es un movimiento que nace de la sociedad civil para defender la emancipación de la mujer, que se ha visto, y aún hoy se ve, discriminada por razón de su sexo.

Club Patriótico de Mujeres, formado en la Revolución Francesa de 1789. Pretendía entre otras cosas el sufragio de la mujer.
 

Los primeros movimientos feministas surgen a raíz de la Revolución Francesa. En 1791, Olympe de Gougues escribe la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadanía, como respuesta a la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, elaborada por la Asamblea Francesa. Al año siguiente, Mary Wollstonecraft publica su Vindicación de los derechos de la mujer.

Los primeros movimientos organizados aparecen hacia mediados del siglo XIX, cuando Flora Tristán, John Stuart Mill, Elizabeth Candy Stanton y Lucretia Mott, entre otros, trabajan para conseguir que las mujeres tengan derecho al voto, a fin de poder presionar a los gobiernos y a los partidos políticos para mejorar la condición de la mujer. Nace así el movimiento sufragista.

En España, las primeras corrientes feministas se manifiestan a finales del siglo XIX en torno a Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal. En 1932, el gobierno de la II República reconoce el derecho al voto femenino. La dirigente anarquista Federica Montseny se convierte en 1936 en la primera mujer ministra de la historia de España: fue ministra de Sanidad en 1936-1937.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial, el derecho al voto para la mujer era una realidad en el mundo occidental; las discriminaciones jurídicas habían desaparecido en casi todos los países industrializados y, por tanto, estaban logradas las principales reivindicaciones del feminismo del siglo XIX.

Pero surge ahora un nuevo feminismo encaminado a lograr transformaciones profundas de las estructuras sociales, que siguen siendo discriminatorias para la mujer.

Betty Friedan planteó en su obra El problema sin nombre la situación de frustración que viven millones de mujeres, instaladas confortablemente en su hogar, realizando el papel de "madre y esposa" que la sociedad les ha presentado como el más alto de sus destinos, y que descubren que la maternidad y las tareas domésticas no bastan para realizarse como persona.

2. El feminismo a partir de los años 70

Desde la década de los 70 hasta final de los años 90, el feminismo se ha estructurado en tres formas básicas:

  • Los movimientos radicales: Son la faceta más espectacular del movimiento feminista. Defienden la radical confrontación de los sexos, organizan sus propios partidos, algunos defienden el lesbianismo, otros consideran que la mujer es una clase social oprimida. En España, esta corriente está representada por el Partido Feminista, que creó Lidia Falcón en 1979.
  • La tendencia feminista-socialista: Para esta corriente, la problemática de la mujer no es una cuestión separada, sino que tiene que ver con el conjunto de la humanidad. No se trata de plantear el feminismo como una lucha contra el varón, sino de conseguir cambios en las estructuras, las actitudes y los modos de pensar que hacen posible la opresión de la mujer. En España sostiene estos criterios la Federación de Mujeres Progresistas, entre otros colectivos.
  • El feminismo liberal-reformista: Pretende obtener la igualdad de derechos para la mujer en todos los campos. Centra sus acciones en la defensa de los intereses de la mujer como ciudadana, madre y consumidora. Asociaciones de amas de casa, lucha por las condiciones de empleo para las embarazadas y protección de la maternidad son sus principales campos de acción. En España está representado por las Asociaciones de Mujeres Conservadoras, Asociaciones de Amas de Casa, etc.

3. El feminismo hoy

En la actualidad el feminismo sigue siendo un movimiento social importante. La lucha por la igualdad en las condiciones laborales, por conseguir una educación no sexista, por eliminar el sexismo en el lenguaje y el acoso sexual en el mundo laboral, el apoyo legal y la acogida de mujeres separadas, maltratadas y sin recursos, son tareas que se plantean los grupos feministas y organismos oficiales, como el Instituto de la Mujer.

El feminismo llega también a algunos campos de actividad reservados a los varones. Así, en filosofía destacan Carol Pateman, Carol Gilligan y Sheyla Benhabib; en la teología cristiana, algunas feministas luchan por ofrecer una visión no sexista de la Biblia (Dios Madre) y por superar la discriminación de la mujer que se ha fundamentado en la religión durante siglos. Se organizan conferencias mundiales sobre la problemática de la mujer en todo el planeta. En ellas se abordan los problemas relacionados con la incorporación de la mujer al mundo laboral, la "doble jornada" (trabajo remunerado fuera de casa y las tareas domésticas), el control de la natalidad o su situación como cabeza de familia en gran parte del Tercer Mundo.

Hoy se habla, no ya de igualdad, sino de discriminación positiva, término con el que se pretende señalar la necesidad de apoyar y promocionar especialmente a la mujer para poder superar las desventajas derivadas del sexo.

Se habla también del feminismo de la diferencia, que pretende hacer presentes en la vida pública las cualidades atribuidas a las mujeres, y no relegarlas al mundo privado.

Sin embargo, es particularmente llamativa la situación de la mujer en el mundo musulmán. Leyes civiles y religiosas discriminatorias, uso del velo, sumisión al varón y persecución de las que se niegan a aceptar este papel es la realidad cotidiana de millones de mujeres.

4. Los roles tradicionales del varón y de la mujer

Adela Cortina, en su artículo Carta a Déborah, se ocupa de analizar las cualidades que han de caracterizar a los varones y a las mujeres y las funciones que deben desempeñar unas y otros en nuestra sociedad, cualidades y funciones que la tradición ha establecido como modelos y que dan el injusto resultado de la marginación de las personas que no los siguen, ya sean de uno u otro sexo.

Según la autora, se ha caído en la trampa de separar en dos lotes las cualidades humanas. De ellas han correspondido a los varones la racionalidad, la habilidad técnica, la agresividad, la ambición en la vida pública, la predisposición a competir, la pericia en asuntos de interés universal, la fortaleza, las dotes imaginativas. A las mujeres les ha tocado en suerte la irracionalidad, la debilidad, la abnegación, la intuición, la ternura, el dominio de la artimaña, el poder de seducción, el sentimentalismo, la compasión, el gusto por el cotilleo demoledor, la incompetencia congénita e insuperable para entender y proyectar cuestiones de alcance universal.

Este reparto es falaz e injusto. En su elaboración han intervenido intereses tan despreciables como los siguientes: el intento -y logro- de separar a las mujeres de los órganos de decisión políticos, culturales, económicos y religiosos; el intento -y logro- de asegurarse una mano de obra gratuita en el trabajo doméstico y en el cuidado de niños, enfermos y ancianos; el intento -y logro- de encorsetar a mujeres y varones en unos estereotipos que les impidan adquirir lo positivo del sector contrario; el intento -y logro- de fomentar ciertos sistemas políticos, económicos, culturales y religiosos para los que las cualidades llamadas "femeninas" no son sino un estorbo. ¿Y cuál es la consecuencia de tanto "logro"? Conseguir un mundo tan inhóspito que nadie medianamente humano pueda encontrar en él su hogar.

    

domingo, 26 de julio de 2020

El pacifismo

1. A qué se llama pacifismo
La historia de la humanidad está plagada de hechos violentos, pero, a la vez, hombres y mujeres de todos los tiempos han manifestado su horror ante ellos. Distintos movimientos sociales se han puesto en marcha exigiendo la paz, y actualmente numerosos centros de investigación se proponen:
  • Investigar las causas de la violencia y la guerra.
  • Elaborar proyectos viables de paz.
  • Diseñar modelos educativos que nos habitúen a solucionar los conflictos pacíficamente.
Al conjunto de estas iniciativas se llama pacifismo. Aunque se presenta bajo diversas formas, podemos caracterizarlo como la actitud y las propuestas de quienes se niegan a aceptar que la violencia sea, en el presente y en el futuro, el único medio humano para resolver los conflictos, y se esfuerzan por mostrar los medios para lograr la paz, teniendo en cuenta que la paz no consiste sólo en la erradicación de la violencia, porque la paz positiva exige la realización de la justicia, sin la que la ausencia de conflictos no puede ser más que fruto de la farsa o de la imposición.

2. Historia del pacifismo
La historia del pacifismo es larga. Los primeros cristianos se negaron ya a tomar las armas, y en la Edad Media hubo grupos que rechazaban el ejercicio de la violencia recordando el texto evangélico del Sermón del Monte: «No resistáis al mal con la fuerza».
A partir del siglo XVIII, algunos filósofos, como Leibniz, Rousseau, Bentham, Kant y Saint-Simon, elaboraron proyectos de paz. El más conocido es el ensayo de Kant sobre La paz perpetua (1795).
También desde esta época comienza a desarrollarse la idea de crear un organismo de mediación entre los Estados, que se materializa en la primera mitad del siglo XVIII en la Asamblea de los Estados Generales de La Haya. En 1867 Frédéric Passy funda la Liga internacional y permanente de la paz.
Sin embargo, uno de los impulsos más fuertes del pacifismo es el de algunos defensores de la no violencia, que no sólo escribieron sobre ella, sino que la practicaron. Es el caso de Mohandas Gandhi, nacido en 1869 en la India, cuya independencia logró frente a Inglaterra en 1947, recurriendo sólo a medios no violentos. Como también el de Martin Luther King, nacido en Atlanta (Estados Unidos) en 1929, que emprendió una campaña no violenta contra la segregación racial en su país. O el caso de Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, que intentó con su palabra poner fin a la violenta represión de que eran objeto los pobres en su país. Los tres murieron asesinados.
Gracias a impulsos como éstos, aumentan los movimientos pacifistas en todo el mundo, y también las investigaciones sobre la paz en centros situados en Oslo, Michigan, Stadschlaining, Barcelona, Madrid o Granada.

Gandhi y la no violencia
No puede predicar la no-violencia a un cobarde, lo mismo que no puedo invitar a un ciego a gozar de un paisaje hermoso. La no-violencia es la culminación del valor. En mi experiencia no he encontrado dificultad en demostrar a hombres educados en la escuela de la violencia la superioridad de la no-violencia. En los años en que fui cobarde abrigaba en mí la violencia. Empecé a apreciar la no-violencia cuando empecé a despojarme de la cobardía. Quien abriga el odio y la violencia en su corazón y mataría a su enemigo si pudiera hacerlo sin arriesgarse él mismo, es extraño a la no-violencia. Mi fe en la no-violencia es una fuerza sumamente activa. No deja sitio a la cobardía ni a la debilidad. La no-violencia se anuncia a los que saben morir, no a los que temen la muerte. Así como en el adistramiento en la violencia uno debe aprender el arte de matar, así en el adistramiento en la no-violencia debe aprender el arte de morir. Quien no ha superado el miedo no puede practicar la no-violencia a la perfección.
Mohandas K. Gandhi

3. Movimientos pacifistas
En la actualidad, el pacifismo de la sociedad civil se manifiesta en diversos movimientos:
  • Los partidarios de la seguridad nacional. Entienden que la violencia es indeseable, pero que cada país debe armarse para mantener su seguridad. Propician, pues, la política de la disuasión.
  • Los que entienden que no hay más camino hacia la paz que la justicia, la tolerancia, el respeto y la cooperación. La seguridad se alcanza con acuerdos más que con armas. Proponen el desarme y la desmilitarización para reducir al mínimo la violencia.
  • Los no violentos, que no sólo desean reducir al mínimo la violencia, sino que creen que nunca se debe recurrir a medios violentos, ni siquiera para acabar con ella. La violencia sólo engendra violencia.
Dentro de estos dos últimos grupos encontramos todavía dos subgrupos potentes:
  • Objetores de conciencia, que se niegan a instruirse en el manejo de las armas y exigen que el servicio militar sea sustituido por prestaciones sociales.
  • Insumisos, que exigen la abolición de la ley del servicio militar obligatorio; se niegan a la prestación del servicio social sustitutorio por considerarlo un subterfugio para no abolir la citada ley.
4. La paz como exigencia ética
La guerra se nos presenta normalmente como algo necesario, como algo que siempre ha existido y existirá. La paz, en este sentido, se define como la ausencia de guerra. Pero estas simplificaciones no hacen más que esconder las causas de la guerra y, con ello, impedir la búsqueda de soluciones.
Se entiende por realismo político la posición teórica que nos enseña a ver la guerra como un recurso inevitable, ajeno a las valoraciones morales. Lo que está bien o mal es cosa de los individuos, pero entre los Estados y colectividades estamos ante el «interés nacional»: se trata de una acción que debe adoptarse cuando y donde sea necesario combatir por medios violentos aquello que se considera perjudicial. De ahí que la paz implique, para esta posición, la preparación de una fuerza armada, la carrera de armamentos, etc. En definitiva, seguir el lema “Si quieres la paz, prepara la guerra” (si vis pacem, para bellum).
Una definición correcta de paz debe incluir la ausencia de guerras y también hacer referencia a las causas que las provocan. En este sentido, se están desarrollando en la actualidad múltiples investigaciones para la paz, dedicadas al estudio de las condiciones que hacen posible alcanzar la paz y mantenerla. En ellas se diferencia entre dos tipos de violencia que, a su vez, dan lugar a dos tipos de paz:
  • Violencia directa: Se produce cuando existe una agresión física directa; en nuestro caso, cuando existe un conflicto bélico. Aquí se hablaría de la paz como ausencia de guerra.
  • Violencia estructural: En esta situación, aunque no existe una guerra abierta, se niegan los derechos básicos de las personas, su reconocimiento como tales. Está dentro de la sociedad y se manifiesta en las desigualdades existentes entre individuos, grupos y colectividades, impidiéndoles satisfacer sus necesidades fundamentales. Aquí violencia es sinónimo de injusticia social y la paz se entiende como la presencia activa de la justicia y de la igualdad.
La paz no se concibe así como una circunstancia, la ausencia de violencia, sino como algo dinámico, como la búsqueda de una solución consensuada de los conflictos, del modo más satisfactorio posible para todos los afectados.

5. Construir la paz
En su libro La paz perpetua, Immanuel Kant establecía en 1795 tres condiciones básicas para que pueda alcanzarse y mantenerse una paz duradera entre los Estados. Si bien una «paz eterna» no constituye ninguna posibilidad real, estas condiciones sí que establecen unos criterios para poder evaluar si una situación se acerca o se aleja de esa idea de paz.
En la actualidad, estas condiciones podrían interpretarse de la siguiente forma:
  • La constitución política de cualquier Estado debe ser democrática. Una paz entre los Estados y, en general, entre cualesquiera colectividades no puede darse si en su interior no se dan las condiciones para que puedan lograrse acuerdos y para que todos puedan expresar su opinión.
  • Es necesaria una federación de Estados libres. Una paz duradera no puede alcanzarse si no existe un organismo supraestatal encargado de vigilar el cumplimiento de los acuerdos de paz. Esto es, una especie de poder que cada EStado particular delega para que se mantengan los acuerdos del derecho internacional. Hoy en día, si la ONU se estructurara democráticamente, es decir, si dejara de haber países con derecho a veto, podría cumplir perfectamente este papel.
  • Deben existir las mismas posibilidades de desarrollo social. La economía, el comercio y, en definitiva, las posibilidades de un desarrollo social son la mejor garantía de que nos estamos acercando a un cumplimiento del concepto positivo de paz. Para ello hace falta un derecho cosmopolita, que permita un desarrollo económico responsable social y ecológicamente por parte de todos los Estados.

A estas condiciones para una paz duradera entre los Estados habría que sumar también aquellas que tienen que ver con los individuos, con la formación de hábitos y actitudes pacifistas. Para ello es necesario un proceso educativo que enseñe a tratar a las personas como fines y no como medios, esto es, que enseñe siempre no a evitar los conflictos, sino a buscar una solución que tenga en cuenta los intereses de todos los afectados.

martes, 24 de marzo de 2020

La ética de los ciudadanos

1. Introducción
Los ciudadanos de los que estamos hablando suelen vivir en sociedades pluralistas. Una sociedad pluralista es aquella en la que conviven ciudadanos que tienen distintas concepciones morales, distintas creencias religiosas y distintos ideales de vida.
Pero para que sea posible la convivencia entre formas diferentes de comprender la vida es preciso que se den puntos comunes. Si no fuera así, las diferencias entre los distintos proyectos de vida producirían conflictos de intereses sin solución.
Estos elementos comunes constituyen las exigencias mínimas que es necesario compartir para que sea posible la convivencia. Estos mínimos forman la ética cívica o ética de los ciudadanos. Los proyectos de vida e ideales de felicidad que cada cual tenga por buenos los denominaremos máximos.

2. Contenidos de la ética cívica
Estos elementos comunes mínimos son un hecho en los países democráticos occidentales. En las sociedades pluralistas de estos países, los ciudadanos han asumido ya algunos valores, derechos y actitudes que se dan por supuestos a la hora de tomar decisiones que afecten a todos.
Esto no significa que en las sociedades pluralistas los ciudadanos tengan siempre en cuenta estos valores, derechos y actitudes. Pero sí quiere decir que no es necesario inventarlos, sino más bien tomar conciencia de ellos y potenciarlos.
Estos mínimos podrían concretarse así:
① Garantizar el respeto a los derechos humanos de la primera, segunda y tercera generación.
② Defender los valores de libertad, igualdad y solidaridad, como expresión del respeto a los derechos humanos.
③ Adoptar una actitud de diálogo y de tolerancia activa, propia de quienes quieren entenderse con los demás y no imponerse a ellos.
En los tres contenidos mencionados hay un presupuesto común. Los tres apuntan en la dirección de considerar a la persona como valor absoluto. Del reconocimiento de este carácter se deriva que las personas no pueden ser tratados como instrumentos y que poseen una dignidad que les hace ser sujetos de derechos.

3. Construyendo el mundo juntos
La ética cívica es una ética de y para ciudadanos, es decir, sólo cuando se trata a las personas como ciudadanos tiene sentido hablar de una ética cívica.
Pero también es posible decirlo a la inversa: sólo cuando se toman en serio los contenidos de la ética cívica es posible hablar de ciudadanos. La realización de estos contenidos es una dura tarea: trabajar, junto con los demás, en la construcción de un mundo más humano.
La tarea de "humanizar" las relaciones entre las personas sólo puede llevarse a cabo aplicando la siguiente fórmula: los mínimos de justicia han de ser exigidos a todos por igual; los ideales de felicidad (máximos) sólo pueden ser ofrecidos. Esto significa que todas las personas pueden exigir que se les reconozcan y respeten los contenidos mínimos de la ética cívica. También quiere decir que los ideales de felicidad, las maneras concretas como cada uno entiende que se es feliz, no pueden imponerse a nadie. Sólo se puede invitar a los demás a participar en la forma de vida que uno tiene por buena y que conduce a la felicidad, pero no se puede obligar a nadie a adoptarla.

4. Un mundo más dialogante
Para la construcción de un mundo mejor es necesario tener muy en cuenta la actitud de diálogo. Es preciso que se adopte el diálogo como método para la resolución de los conflictos que genera la vida en común, con vistas a llegar a un entendimiento y no a una imposición por la fuerza, aunque sea la de los votos. La ética comunicativa, también llamada dialógica o discursiva, ha sido la que mejor ha estudiado los rasgos principales de la actitud de diálogo.
Las experiencias cotidianas de diálogo, en las clases, en los debates de la televisión, etc., pueden hacernos caer en cierto error. En ellas solemos confundir "diálogo" con "negociación" y "acuerdo" con "pacto". Quienes participan en una negociación buscan obtener su propio beneficio, satisfacer sus propios intereses. El final de la negociación suele ser el pacto, en el que queda fijado qué tiene que ceder cada uno de los participantes y qué beneficios obtiene. Pensemos, por ejemplo, en el debate acerca de la fecha de un examen: nadie suele quedar totalmente satisfecho.
Por el contrario, cada uno de los que participan en un diálogo considera a los demás como personas con las que es preciso y posible entenderse para satisfacer intereses comunes a todos. Por eso pretenden tratarse como personas, es decir, como sujetos de derechos y deberes, como seres que poseen dignidad. La finalidad del diálogo es llegar a un acuerdo, es decir, a un entendimiento que tenga en cuenta los intereses de todos.

jueves, 14 de noviembre de 2019

¿Cómo nos orienta la religión?

La moral, la política y el derecho nos ayudan, mediante pautas y leyes, a construir y conducir nuestra vida hacia la autorrealización y el bien común.
¿Satisfacen, pues, todas nuestras expectativas y anhelos? La historia de la humanidad y nuestra propia experiencia personal nos exigen responder negativamente.
El deseo de inmortalidad y la búsqueda de un sentido último que supere todo dolor y toda limitación son dos constantes en la historia humana, tanto individual como colectiva. A ellos ha dado respuesta, también como una constante, la experiencia religiosa.
¿Cómo lo ha hecho? Desde luego no con normas, ni con leyes; la auténtica respuesta religiosa consiste en la invitación a la felicidad y al consuelo. Nuestras torpezas y mezquindades, la enfermedad, el sufrimiento, las necesidades materiales, los desastres naturales y las consecuencias de la injusticia nos impiden ser felices y demandan la acogida amorosa, la ayuda y la compasión.
En las religiones hay algunos contenidos normativos, pero no son ellos los que las caracterizan, ni mucho menos los que las definen: las "normas" o "leyes" religiosas constituyen, en el mejor de los casos, el nivel inicial de la religiosidad; ellas no son, desde luego, las que nos procuran la buscada respuesta de sentido ni la plenificante experiencia de la compasión y del amor.
Cuando la "legalidad" de las religiones ha sido superada, el ser humano concibe y acepta a los demás y al mundo como una totalidad única, dotada de sentido y abierta a la liberación, a la superación de todas las confusiones y limitaciones; entonces es un ser esperanzado.

 

sábado, 12 de octubre de 2019

Ideales de vida buena

1. ¿Qué es un ideal de vida buena?

⏩ Ideal de vida buena: Un acuerdo más o menos expreso de todos los miembros de una sociedad, en cada momento histórico, en función de criterios políticos, sociales, económicos, por el que consideran que pueden alcanzarse los valores morales que estén vigentes.

Los valores de todo tipo componen ideales de vida buena. Todas las sociedades han soñado estos ideales, de la misma manera que han imaginado cánones de belleza.
Aristóteles consideraba que quien se dedica a la investigación es quien lleva una vida feliz. Otros filósofos griegos, los hedonistas, entendieron que el hombre verdaderamente sabio y feliz es el que sabe distribuir los placeres y dolores a lo largo de su vida de tal modo que obtiene el máximo de placer posible. Para los estoicos, lo era el que se mantiene imperturbable ante el placer y el dolor, y para los cínicos, el que vive según la naturaleza despreciando las convenciones sociales.
Con el tiempo, los ideales se fueron multiplicando: el guerrero y el monje medievales, el noble culto y versado en el manejo de la espada, el burgués pendiente de su fábrica, el trabajador revolucionario. Son modelos muy ligados a una época concreta y a un determinado contexto social, que pierden vigencia con los cambios sociales.
Aunque es verdad que estos ideales son importantes en la vida moral, ¿no podemos hablar de un modelo para cualquier persona? ¿Cuándo podemos hablar de "talla humana"?
Para responder a estas preguntas hay que distinguir dos niveles: el de los valores que debería incorporar cualquier persona, y el modo de vivirlos que es propio de cada una.

2. Evolución de los ideales de vida
Si recorremos un poco la historia, observaremos:
  • Que eso que llamamos "ideales de vida" es distinto de lo que denominamos "valores morales".
  • Que los valores, más que ir cambiando, van siendo descubiertos, se van complementando, y se enriquece su comprensión.
Los valores morales son el sustento sobre el que se construye el carácter, el modo de afrontar la vida. En cambio, los ideales de vida son la forma concreta en la que las personas intentan realizar dichos valores.
Por esta razón, los ideales de vida están circunscritos a las condiciones históricas y sociales, dado que todas las personas nacemos, somos educadas y vivimos dentro de una cultura y en un momento de la historia.
Algunos ideales de vida que aparecen en la historia de nuestra cultura, como el héroe, el caballero y el pícaro, resultan en este sentido ejemplificadores y significativos.
3. El héroe
En la Antigüedad, el ideal de vida lo encarnaba el héroe. En los poemas homéricos aparecen muchos de ellos; vamos a fijarnos en uno que destaca en la Ilíada, Héctor. Héctor es el caudillo que dirige las tropas troyanas en la guerra contra los griegos. Hijo de Príamo y Hécuba, esposo de Andrómaca y padre de un niño, encarna los valores más altos de la sociedad: es fuerte y valeroso, respetuoso hijo, esposo y padre amante, amigo leal, temeroso de los dioses y ciudadano responsable y apreciado por todos los suyos.
4. El caballero andante
Desde el Renacimiento adquiere especial relieve la figura del caballeron andante, del que Don Quijote de la Mancha, personaje creado por Miguel de Cervantes, es la expresión más lograda. Don Quijote es el símbolo del hombre que lucha por su verdad. Los valores que orientan su vida son: la fe en la justicia, en un mundo en el que ésta apenas existe; el ansia de libertad, que considera el mayor bien de las personas; la atención a los necesitados; la valentía, indispensable para afrontar la vida, y el amor, necesario para darle sentido. Estos valores hacen que la existencia del caballero esté orientada a los más altos ideales y que resulte llamativa frente al burdo sentido común de los demás, retratado en el personaje de Sancho.
5. El pícaro
Al caballero andante se le opone un ideal de vida contrario y contemporáneo suyo: el pícaro. El pícaro procede de clase social pobre y de familia problemática. Desde su nacimiento vive en la mezquindad, el engaño, la vileza, la deshonestidad, el miedo y la amargura ocasionada por una sociedad que le impide mejorar sus condiciones de vida. Sobrevive a costa del prójimo y gracias a su habilidad para robar.
6. ¿Un ideal de vida actual?
Hemos visto dos modos de afrontar la vida y uno de sobrevivir en ella, así como los valores que les animan.
Muchos de esos valores que sustentan al héroe y al caballero son valiosos también para nosotros, si bien concebidos con las modificaciones que los tiempos y los cambios sociales imponen: el valor, la honestidad, el respeto, la lucha por la justicia, etc.
Otros, como la fuerza en la batalla o el caudillaje, resultan un poco anticuados en una sociedad que ha apostado, siquiera en teoría, por la paz y la participación de todos en los asuntos públicos.
Y, por fin, también han ganado terreno valores que en el pasado casi permanencieron ocultos, como la solidaridad entre todas las personas, el respeto a las diferencias culturales y sociales o la igualdad de la mujer.
Los "valores" del pícaro no son trasvasables a la actualidad, puesto que, en nuestra sociedad, las condiciones de vida, sin llegar a ser igualmente buenas para todos, son bastante más aceptables que las del Siglo de Oro español. Los "pícaros" de hoy no intentan sobrevivir en una sociedad en la que casi resulta imposible, sino que hacen de la riqueza material su único valor.
La historicidad de los valores y de los ideales de vida es, por tanto, un hecho. Pero, ¿hay algún modo de vivir privilegiado en nuestro mundo? ¿Podemos hablar, con rigor, de un "ideal de vida" en la actualidad?           

lunes, 22 de julio de 2019

No me importa mi vida ni le importa a nadie

¿Por qué puede una persona atentar contra su propia vida y llegar a quitársela? Ésta es una pregunta que nos hacemos cuando nos enteramos de algún suicidio. Inmediatamente pensamos que "algo" le ha pasado en su cabeza al suicida, y respondemos: "No estaría bien, habrá perdido la conciencia". Por desgracia, los casos de suicidio crecen cada año en nuestra sociedad. Y claro que hay personas que se quitan la vida en un momento de enajenación, pero también las hay que lo hacen conscientemente. De estas últimas decimos que habían perdido el gusto por la vida, que ya no tenían una razón para seguir viviendo. Pero, ¿no es posible que esa razón no la tengan porque nadie de quienes están a su alrededor les ha ayudado a encontrarla?
No podemos, si queremos vivir con sentido, desentendernos de los demás ni vivir despreocupados de su sufrimiento. La repetida frase "ése no es mi problema", además de falsa, es cruel: no hay problemas de las personas a las que conocemos que no nos incumban desde el momento en que tenemos noticia de ellos.
Por otra parte, ninguna existencia humana es un completo fracaso, como tampoco es un completo éxito. Siempre hay aspectos de ella buenos, otros regulares, y otros, en efecto, malos. Cuando por uno de estos últimos una persona decide acabar con su vida, es muy probable que lo haga porque sea el único que los demás han estimado y, al fracasar, ya no tiene sentido seguir adelante. Por eso es muy importante aprender a valorar con justicia todos los aspectos de nuestra vida y de la de los demás, para saber compensar la insatisfacción que unos procuran con la satisfacción que otros proporcionan.

El profesor indio Kailash Satyarthi (Premio Nobel de la Paz) ha dedicado su vida a ayudar a los niños a liberarse de la explotación en el trabajo. Cuando alguien se interesa por nosotros y nuestros problemas, nuestra vida cobra un nuevo sentido.
De lo que estamos hablando es de un problema que todos nos planteamos en algunos momentos de nuestra existencia y por muy variadas razones: ¿la vida humana tiene un sentido, o sólo tiene un final, la muerte? A esta pregunta se han dado básicamente tres respuestas a lo largo de la historia de nuestra cultura:

◈ No hay sentido, nuestra vida y el mundo son un absurdo, y de lo que se trata es de soportar la existencia. Esta posición la han defendido algunos autores del siglo XX, como Sartre, Monod, Cioran y Camus.
◈ Hay un sentido hasta llegar a la muerte, que es el límite último de nuestra vida. Enrique Tierno Galván y Ernst Bloch han defendido que la vida tiene sentido y valor, pero que la muerte es el límite absoluto de la misma.
◈ Hay un sentido que va más allá de la muerte, hasta otra vida, que es lo que defienden las distintas religiones. A pesar de las diferencias que podemos encontrar entre ellas, es común al judaísmo y al cristianismo la promesa de la salvación, es decir, de una forma de vivir en la que se haya superado la injusticia y el sufrimiento. Esto no quiere decir que esta vida que tenemos ahora carezca de sentido, sino que continuará más allá de la muerte hasta alcanzar la perfección. Las religiones son lugares para la esperanza de que el bien, la verdad, el amor, la libertad y la alegría serán las últimas palabras de la historia. 

jueves, 27 de junio de 2019

Vivo bien, pero no me siento bien

La tristeza y el descontento con nosotros mismos y con nuestra realidad a menudo se deben a causas profundas y complejas que es preciso descubrir y afrontar.
Supongamos que gozamos de buena salud; supongamos también que tenemos un trabajo que nos permite vivir con holgura; supongamos, además, que nuestras relaciones son, al menos, aceptables. ¿Nos aseguran estos supuestos la felicidad?
No, la felicidad casi nunca está asegurada. Muchas personas confunden la felicidad con el bienestar, pero son dos cosas distintas. Una persona puede tener buenas condiciones de vida desde el punto de vista de los demás -trabajo y dinero, salud, buenos amigos, includo éxito y reconocimiento social- y, sin embargo, no sentirse bien consigo misma.
Las razones de ese "no sentirse bien" con uno mismo pueden ser muy variadas. Aquí vamos a apuntar las dos más frecuentes, que son quizá las más importantes:

▶ La primera es descubrir que "tener mucho" no es lo mismo que "ser mucho". Nos esforzamos en poseer cosas, bienes, incluso personas, y luego caemos en la cuenta de que las cosas y los bienes nos esclavizan, y de que las personas jamás nos pertenecen. Vivimos entonces la carga de nuestras posesiones y el abandono de quienes creíamos que estaban con nosotros, y sólo fueron compañías circunstanciales. En el esfuerzo por poseer todo lo que hemos dicho no debemos abandonar nuestra propia construcción personal; si lo hacemos, podemos vivir una pérdida importante del sentido de nuestra vida.
▶ La segunda razón por la que podemos no sentirnos bien es darnos cuenta de que carecemos de criterios propios para resolver determinados problemas, ya sea porque no hemos desarrollado nuestra creatividad o porque no tenemos los principios morales, ideológicos o religiosos para afrontarlos. Entonces nos vemos desbordados por la situación, no sabemos qué hacer, y corremos el peligro de huir de la realidad o de solucionarlos del primer modo que se nos ocurre, lo que normalmente nos acarrea nuevos y más difíciles problemas.

Es característica de nuestro tiempo vivir hacia fuera, pero la auténtica vida humana se compone de dos dimensiones: el mundo y yo. Y ninguna de ellas es prescindible. Reconciliarnos con nuestra historia personal, perdonar y perdonarnos los errores, aprender de lo vivido y comprometernos con principios morales de justicia y felicidad, con ideas políticas que nos lleven a una sociedad mejor y con creencias religiosas que alienten en nosotros la esperanza, son condiciones imprescindibles para que nuestra vida sea, para nosotros mismos y para los demás, felicitante.

martes, 18 de junio de 2019

Estoy en paro o no me gusta mi trabajo


Para sentirnos satisfechos y realizados en nuestro trabajo, éste debe:
1.- Responder a nuestras capacidades.
2.- Responder a nuestros gustos, a la vocación de cada uno.
3.- Desarrollarse en un contexto adecuado.

Dedicamos la mayor parte de nuestra vida, primero, a prepararnos para el trabajo que queremos desempeñar "cuando seamos mayores", y luego a ejercerlo el resto de nuestros días hábiles. Elegir bien nuestra profesión u oficio será un elementos importante para lograr la felicidad.
Esta elección debe tener en cuenta una pregunta inicial: ¿para qué profesión u oficio me siento llamado de acuerdo con mis aptitudes? Para responder a esta cuestión será necesario relacionar nuestras características personales con los oficios y profesiones a los que podamos acceder. Y también será necesario examinar si nos hará felices el ejercicio de esos oficios y profesiones, pues podremos vencer las dificultades de los estudios o de la preparación para realizarlos si de verdad satisfacen nuestras esperanzas de felicidad.
Si respondemos bien a estas dos cuestiones, tenemos sentadas las bases de nuestra felicidad profesional. En cambio, si nos planteamos sólo los beneficios económicos que vamos a conseguir por medio de nuestro trabajo, lo más probable es que lleguen muchos momentos en los que dicho trabajo sea únicamente un medio para lograrlos, y entonces nos sentiremos disminuidos en nuestra dignidad como personas.
En nuestra sociedad, lo más frecuente es esto último: la mayoría de las personas tiene que "conformarse" con el trabajo al que puede llegar o desempeñarlo sólo como fuente de bienes económicos. Y estos dos rasgos hacen que el trabajo no se disfrute y se viva, por tanto, como una carga de la que no se puede escapar, a no ser que uno se haga rico jugando a la lotería. Se olvida entonces la dimensión constructiva del trabajo en nuestro reto de hacernos personas, tanto porque contribuye a desarrollar nuestras capacidades, como porque a través de él prestamos un servicio a los demás.
En este ámbito del trabajo nos encontramos con un serio problema: el paro. La situación de parado impide a las personas desarrollar sus proyectos de felicidad. La existencia de un alto número de parados en nuestra sociedad también impide la realización de proyectos comunes de felicidad. En primer lugar, porque se despilfarra con ello un recurso productivo fundamental: el trabajo, los recursos humanos. En segundo lugar, porque se priva a las personas de unos ingresos que podrían obtener con su esfuerzo, mejorando con ello su autoestima. Y, en tercer lugar, porque obliga a dedicar grandes cantidades de recursos públicos a atender las necesidades más urgentes de ese colectivo, y de este modo se retrasan otros proyectos necesarios para el desarrollo social.
En España el paro no afecta por igual a todos. Hay colectivos a los que afecta más que a otros: mujeres, jóvenes en busca del primer empleo, mayores de 45 años y personas con escasa cualificación profesional. Estamos ante un grave problema social para las personas, las familias y la sociedad en su conjunto.

1. Efectos del desempleo



2. Tipos de desempleo
No todos los parados pueden mirar el futuro con las mismas perspectivas de resolver su situación. Hay diversos tipos de desempleo:

► Desempleo friccional: Es un desempleo inevitable, por ello un país con una tasa baja de empleo, alrededor de un 3%, se dice que tiene "pleno empleo". Las personas que se encuentran en esta situación, serán parados de corta duración. Existe en todos los países y en todas las épocas. Lo sufren las personas que cambian de trabajo y las que buscan su primer empleo.
► Desempleo estructural: Está provocado por los cambios en la tecnología o en los sistemas de producción. Muchas empresas cierran y los trabajadores pierden su empleo (porque ya no se fabrican sombreros, por ejemplo). Estos trabajadores tienen dos alternativas: reciclarse profesionalmente o convertirse en parados de larga duración.
► Desempleo estacional: Aparece en algunas épocas del año en sectores productivos como la agricultura y los servicios, la hostelería y el turismo.
► Desempleo cíclico: Está ligado a las crisis de la economía. En las épocas de recesión económica disminue la demanda de bienes y servicios, las empresas cierran o disminuyen su actividad y muchos trabajadores pierden su empleo. Muchos de ellos también se convierten en parados de larga duración.