Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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viernes, 6 de enero de 2023

El gen depresión

No existe un gen único para la depresión, la esquizofrenia o cualquier otro trastorno psiquiátrico.

La probabilidad de que uno experimente ansiedad, un episodio de depresión mayor o un trastorno del espectro autista está, hasta cierto punto, dictada por la genética. "Tienes un riesgo mucho mayor de padecer una depresión si tienes un hermano o un padre que la padecen. Lo mismo ocurre con la esquizofrenia y, básicamente, con todas las enfermedades psiquiátricas", señala Kevin Mitchell, neurogenetista del Trinity College de Dublín (Irlanda). En consecuencia, desde la década de 1990, los científicos han buscado genes específicos relacionados con el riesgo de padecer trastornos mentales.
Pero no han podido encontrar pruebas confiables de que una sola variante genética sea la culpable. A principios de este año, un equipo de investigación informó que ninguno de los dieciocho genes candidatos para la depresión mayor -genes que estudios anteriores habían sugerido relacionados con el trastorno- mostraba tales asociaciones.
Hoy en día, los genetistas saben que no son uno, ni un puñado de alelos los que predisponen a las personas a determinadas dolencias, sino un mar de ellos. "Puede haber mutaciones raras que pongan a alguien en alto riesgo de sufrir una afección, pero los efectos se modulan por los antecedentes genéticos que tienen las personas", dice Mitchell. Ese trasfondo está compuesto por cientos o miles de variantes genéticas que aparecen ampliamente en la población, aunque en diferentes grados en cada individuo. Cada uno contribuye en una cantidad muy pequeña a la probabilidad de que una persona sufra una enfermedad. Y es que la conexión entre el perfil genético y la vulnerabilidad es muy compleja.
Para hacerlo más complicado, las variantes genéticas específicas se relacionan con una variedad de trastornos diferentes, en lugar de uno solo. "Si tu hermano padece esquizofrenia, tienes más papeletas de sufrirla también, al mismo tiempo que es más probable que sufras TDAH, autismo o depresión. Hay una base genética compartida para todas ellas", asegura.
A medida que se mapea la arquitectura de los trastornos complejos, se ponderan las muchas variantes genéticas asociadas con cada uno para crear puntuaciones de riesgo poligénicas. Algún día, cuando estas se refinen y se utilicen ampliamente, el mito del gen candidato se disipará de una vez por todas.

jueves, 31 de enero de 2019

Tratamiento de los trastornos mentales

Existen básicamente dos formas de tratamiento: la medicación y la psicoterapia. Otros métodos como la terapia electroconvulsiva (electrochoque: estimulación eléctrica breve y brusca del cerebro por medio de unos electrodos colocados en el cuero cabelludo; actualmente se utiliza sólo en los casos de depresión severa y otros trastornos graves) y la cirugía cerebral tienen un campo de aplicación mucho más restringido, como último recurso cuando se trata de un trastorno muy grave y las otras terapias fallan.

1. Medicación
El uso de medicamentos ha probado su eficacia en el tratamiento de algunos trastornos como la esquizofrenia, la depresión, el trastorno bipolar, la ansiedad y el TDAH, en los que los factores biológicos (fundamentalmente, carencia o exceso de neurotransmisores) son evidentes. En general, su consumo no se plantea como la alternativa a la psicoterapia, sino como un complemento. Sólo los médicos, no los psicólogos, pueden prescribir el uso de medicamentos (esta regla tiene algunas excepciones en países como Estados Unidos). Los riesgos de la medicación van desde la dependencia en algunos casos hasta la posibilidad de recaídas cuando se interrumpe su consumo o no se siguen estrictamente las pautas fijadas por el psiquiatra o neurólogo.
Hay distintas clases de fármacos utilizados en el tratamiento de trastornos mentales:
  • Antipsicóticos o neurolépticos, usados con pacientes esquizofrénicos y paranoicos para bloquear la recepción de la dopamina: se ha probado su eficacia en la supresión de delirios y alucinaciones.
  • Antidepresivos (el más conocido es la fluoxetina, hoy vendido como genérico pero hasta hace pocos años comercializado como Prozac): al contrario que los antipsicóticos, elevan los niveles de neurotransmisores como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina en el sistema nervioso. No sólo son eficaces en el tratamiento de la depresión, sino también de otros trastornos como la ansiedad generalizada, el TOC, la fobia social, etc.
  • Tranquilizantes, sedantes y ansiolíticos como el carbonato de litio (usado en el tratamiento del trastorno bipolar), el diazepam (Valium), secobarbital (Seconal), etc. Generalmente este tipo de productos crea adicción.
  • Psicoestimuladores o potenciadores de la dopamina como el metilfenidato (comercializado en marcas como Concerta, Rubifen, Ritalin, etc.), que se suministra en pequeñas dosis a niños con déficit de atención.
2. Psicoterapia
La psicoterapia es el tratamiento de los trastornos mentales con métodos específicamente psicológicos, no quirúrgicos ni farmacológicos. Estos métodos varían de una forma de terapia a otra, pero el diálogo (del paciente con el terapeuta, o a veces en grupo) suele ser elemento esencial de todas ellas.
  • La terapia psicoanalítica busca hacer que afloren a la conciencia los elementos reprimidos en la mente inconsciente para que así el sujeto pueda enfrentarse a ellos y controlarlos. En sus versiones más próximas a la ortodoxia freudiana, se trata de un tratamiento largo, caro y de eficacia dudosa, por lo que ha sido reemplazado por otras formas de terapia más breves y efectivas.
  • La terapia humanista insiste en que el enfermo tome conciencia de su propia responsabilidad en la superación de su trastorno, renunciando a las eventuales ventajas que puede disfrutar por padecerlo (todos están pendientes de mí, no tengo que tomar decisiones...). En alguna de sus formas (por ejemplo, la logoterapia de Viktor Frankl) se acompaña al paciente en el descubrimiento del sentido de su existencia como forma de superar la neurosis noógena (trastorno nacido de la falta de sentido vital).
  • La terapia conductual utiliza las técnicas basadas en el condicionamiento (desensibilización, inundación, condicionamiento aversivo, contrato conductual, etc.) para conseguir la deseada modificación de la conducta. Se trata de procedimientos que, en un tiempo relativamente breve, suelen alcanzar un alto índice de eficacia, pero sus críticos atacan esta forma de terapia con el argumento de que se limita a suprimir o sustituir los síntomas sin curar verdaderamente el trastorno.
  • La terapia cognitiva busca corregir las formas erróneas de pensamiento que dan lugar al trastorno: por ejemplo, en el caso de una anoréxica, la falsa percepción de su obesidad. El paciente es guiado para que, en lugar de estas interpretaciones falsas, alcance formas más realistas y razonables de pensamiento. Es bastante usual la combinación de las terapias cognitiva y conductual en una forma mixta, conocida como terapia cognitivo-conductual.
  • Finalmente, las terapias de grupo pueden adoptar distintas formas, a veces como complemento de la terapia individual y a veces como el mismo centro de la terapia (grupos de autoayuda). 
 

jueves, 24 de enero de 2019

Trastornos de la conducta alimentaria

Se trata de alteraciones que, aunque ya conocidas hace tiempo (la primera descripción de un caso de anorexia nerviosa data de 1689), han multiplicado su impacto social en los últimos años. Los más conocidos son la anorexia y la buliminia nerviosas, pero podemos añadir otros como la vigorexia y algunos más que todavía carecen de una denominación médica.
La anorexia nerviosa consiste, en primer lugar, en una percepción deformada del propio cuerpo (sentirse "gordo" cuando no hay motivos objetivos para ello), lo cual lleva a una drástica reducción del consumo de alimentos y a la consiguiente pérdida de peso que, en vez de aminorar la falsa percepción, la refuerzan. La persona anoréxica, por tanto, cuanto más peso pierde y mayor es su delgadez, más dispuesta está a seguir adelgazando. En el caso de la mujeres (más del 90% del total de enfermos de anorexia), estas prácticas acarrean normalmente la pérdida de la menstruación.
Asociada a la anorexia, o a veces de forma independiente, aparece la bulimia nerviosa, trastorno consistente en la sucesión de episodios de ingesta excesiva de comida e, inmediatamente después, del uso de métodos inapropiados para evitar el aumento de peso (vómito autoprovocado y similares).
Ambos trastornos se hallan muy localizados en cuanto al sexo, edad y clase social: se trata fundamentalmente de chicas adolescentes de clase media o alta con un cierto nivel de estudios (últimos cursos de la Educación Secundaria e inicio de la universidad). Esto no significa, por supuesto, que no se den casos entre varones o en otras edades o clases sociales, pero su número es menor.

De aparición más frecuente entre los varones, y sobre todo entre asiduos a los gimnasios, la vigorexia es un trastorno mental que combina una conducta alimentaria desequilibrada con el exceso de ejercicio físico, a fin de lograr el desarrollo muscular deseado. Los enfermos de vigorexia reducen drásticamente el consumo de lípidos aumentando en cambio el de proteínas e hidratos de carbono y añadiendo a veces sustancias químicas como esteroides (sustancias similares a las hormonas sexuales masculinas, los andrógenos, cuyo consumo produce el crecimiento de los músculos esqueléticos), lo que puede originar serias perturbaciones del metabolismo. De hecho, el riesgo de mortalidad es mayor en la vigorexia que en la anorexia o la bulimia.
Existen otros trastornos alimentarios como el "trastorno por atracón" o ingesta compulsiva de comida cuando se intenta seguir una dieta (lo que normalmente genera sentimiento de  culpa y baja autoestima), o el hábito de ingerir sustancias no alimenticias (yeso, tiza, etc.) para combatir la sensación de hambre.
En cuanto a las causas de estos trastornos, existe acuerdo en apuntar a factores de origen social: las modas que exaltan la delgadez y la interpretación de ésta como salud y belleza, el culto obsesivo a la buena forma física, etc. Según las encuestas, una mayoría de mujeres se ven a sí mismas con más volumen corporal del que realmente tienen como efecto de la comparación con los modelos de belleza socialmente valorados y aceptados (por lo general mujeres extremadamente delgadas). No obstante, pueden intervenir otro tipo de factores como la existencia previa de otros trastornos: los chicos y chicas con la autoestima baja y tendencia a la depresión son más proclives a padecer un trastorno alimentario. Existen también otros factores de riesgo como un alto nivel de autoexigencia y espíritu competitivo, la práctica de algunos deportes, etc.

sábado, 19 de enero de 2019

Trastornos del neurodesarrollo

Antes llamados "trastornos de la niñez" porque generalmente se trata de trastornos detectables en la infancia, la última edición del DSM ha cambiado esta denominación para incluir los casos de detección en la edad adulta. Se incluyen aquí el TDA / TDAH (trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad) y los trastornos del espectro autista, en los que se han incluido trastornos que en anteriores ediciones aparecían diferenciados como el síndrome de Asperger.
Lo característico del TDA (trastorno por déficit de atención) es la incapacidad para mantener la atención en situaciones en las que niños de la misma edad normalmente sí son capaces de hacerlo (explicaciones del profesor, lecturas, tareas rutinarias...). Este hecho puede ir unido, o no, a una incontrolable impulsividad, que es lo que comúnmente se conoce como niños hiperactivos. Cuando ambas características aparecen juntas se habla de TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).
En los últimos años, se han multiplicado los casos de TDA y los estudios sobre sus causas: se han detectado factores genéticos y una correlación entre gemelos idénticos mayor incluso que en el caso de la esquizofrenia, se han localizado neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina que funcionan como activadores de la atención y han podido observarse pequeñas diferencias en las pruebas cerebrales (EEG, resonancia, etc.) de niños normales y niños con este trastorno. En general, el interés de los especialistas se ha focalizado fundamentalmente en los factores biológicos del TDA, mientras que otras circunstancias como la educación se plantean más como factores de prevención que como causas propiamente dichas.
Muy diferente es el autismo, trastorno también con base genética que, en su grado extremo, se manifiesta en una ausencia de afectos y retraimiento llevados al límite (desinterés por la comunicación y por la relación interpersonal, ignorancia absoluta de las expectativas y sentimientos ajenos, etc.). Las conductas de los autistas son también extrañas (juegos con muñecos en los que éstos no interactúan nunca, atención obsesiva a detalles insignificantes o apenas perceptibles, etc.), aunque es posible que tengan su lógica peculiar que las inteligencias "normales" no son capaces de captar. De hecho, el autismo no es sinónimo de deficiencia intelectual: el retraso mental que presentan muchos autistas puede deberse a la falta de habilidades lingüísticas y sociales. Muchos autores plantean que las pruebas estandarizadas no sirven para medir el CI de un autista y se menciona la existencia de genios reconocidos, como Einstein, en cuya biografía aparecen actitudes y comportamientos típicos del autista.

 Síntomas del trastorno autista  
El autismo es un trastorno del neurodesarrollo, algunos de cuyos rasgos no sólo aparecen en el autismo propiamente dicho, sino también en otros trastornos próximos. Para incluir a un niño en lo que se llama el "espectro autista", se tienen en cuenta una serie de señales:
  • Carencia de expresividad
  • Evitación del contacto físico o visual
  • Risa o euforia exageradas o sin motivo
  • Mínima reacción ante el dolor
  • Juegos extraños
  • Conductas extrañas con objetos (girarlos sin motivo, agarrarlos con fuerza...)
  • Apego a las rutinas y rechazo de los cambios
  • Ecolalia (repetición de lo que se escucha)
  • Ausencia de respuesta cuando se es llamado
  • Frecuentes berrinches por intolerancia a la frustración
  • Falta de sentido del peligro 

martes, 15 de enero de 2019

Esquizofrenia

La esquizofrenia es el trastorno psicótico por excelencia, aquel en el que la persona "vive en su mundo" sin tener contacto con la realidad; pero, además, este mundo propio del esquizofrénico es caótico y desordenado, formado por pensamientos absurdos que se comunican de forma incoherente, emociones inadecuadas y conductas excéntricas, y muchas veces con alucinaciones (oír voces) y delirios de tipo paranoide (creencia en que todo el mundo, empezando por el psiquiatra y familiares más próximos, pretende hacerle daño).
Se ha probado la incidencia de factores genéticos en la esquizofrenia: la probabilidad de que el gemelo idéntico de un esquizofrénico sea también esquizofrénico es cercana al 50%, mucho más alta que para gemelos no idénticos (del 4 al 15%, según los estudios) y por supuesto que para dos personas sin parentesco alguno. La genética determina anomalías fisiológicas, entre las que destaca un exceso de dopamina en el encéfalo. En los primeros años del siglo XXI se ha descubierto, además, una coincidencia en las anomalías genéticas ligadas a la esquizofrenia y al trastorno bipolar, lo que tal vez conduzca a englobar ambos trastornos en una categoría más amplia.

Ahora bien, se debe contar también con algún tipo de papel de los factores no genéticos o ambientales, ya que en caso contrario todos los gemelos idénticos de esquizofrénicos desarrollarían este trastorno y sólo lo hace el 50%. Se ha estudiado la correlación entre esquizofrenia y clase social (mayor incidencia en las clases bajas) y entre esquizofrenia y rechazo de los padres. Pero en ambos casos se plantea el dilema de toda correlación: ¿los esquizofrénicos son esquizofrénicos porque son pobres (lo cual les priva de atenciones que tendrían si hubieran nacido en una clase social más alta), o son pobres porque su esquizofrenia no les permite progresar económicamente? ¿Y son esquizofrénicos por haber sido rechazados por sus padres, o sus padres los rechazan porque son esquizofrénicos?

domingo, 6 de enero de 2019

Trastornos de la personalidad

¿Por qué hablar específicamente de trastornos de la personalidad cuando todos lo son? La conveniencia de una categoría aparte es dejar más claro que no se trata de episodios pasajeros, sino de formas de ser alejadas de lo que se considera normalidad, que aparecen ya en la infancia y pueden durar toda la vida. Dentro de este apartado mencionaremos diferentes tipos de personalidad:

1. La personalidad esquizoide se caracteriza por la ausencia de deseo o nula habilidad del sujeto para entablar relaciones sociales, así como una marcada frialdad y distancia sentimental respecto a los demás. Se trata de personas solitarias que por lo general no tienen amigos ni relaciones sentimentales.
2. La personalidad paranoide se manifiesta por la suspicacia y desconfianza hacia los otros, cuyas intenciones son siempre interpretadas como maliciosas; además, estas personas son rencorosas, rechazan las críticas y se ven a sí mismas como racionales y objetivas.
3. Compartiendo aspectos de las dos anteriores, la personalidad esquizotípica se manifiesta también como una suspicacia frente a los demás y tendencia a evitar las relaciones sociales, en este caso debido por la general a creencias "mágicas" y comportamientos extraños (por ejemplo, creer estar siendo permanentemente observado, percibir a alguien a quien nadie más ve, tomar precauciones para que nadie sepa lo que uno está pensando, etc.).
4. La personalidad dependiente se da en aquellos que son incapaces de tomar decisiones por sí mismos y de tener una mínima autonomía personal; en algunos casos utilizan su condición como un chantaje sentimental dirigido a las personas por las que temen ser abandonados.
5. La personalidad evitativa, superficialmente parecida a la esquizoide por su tendencia al aislamiento, en realidad es propia de los que sí desean tener amigos y relaciones sociales, pero su timidez, complejo de inferioridad y miedo al rechazo se lo impiden.
6. La personalidad narcisista se caracteriza por una autoimagen exageradamente positiva, acompañada de fantasías de éxito, comportamientos arrogantes, necesidad de sentirse admirado y falta de empatía hacia los demás.

Reflejos en el agua de la Fuente de Narciso en los jardines del Palacio de Aranjuez (Madrid)
7. La personalidad limítrofe se da en sujetos impulsivos e inestables, con dificultad para controlar la ira y fuerte tendencia a la autodestrucción (abuso de alcohol y drogas, inclinaciones suicidas, etc.).
8. La personalidad histriónica, superficialmente parecida a la narcisista, se manifiesta como una exagerada atención a la propia imagen y necesidad de ser siempre el centro de atención, pero a la vez como una debilidad de carácter propia de personas altamente influenciables y demasiado sensibles a las críticas.
9. La personalidad obsesivo-compulsiva, también conocida como "personalidad perfeccionista" o "trastorno anancástico", se manifiesta como una obsesión por el orden, la perfección y el control que interfiere con el desarrollo normal de las actividades personales y relaciones sociales.
10. La personalidad antisocial, también llamada "psicopatía" o "sociopatía", es propia de los que manipulan a los demás en su propio beneficio y engañan, roban, causan daños físicos o morales e incluso matan sin ningún sentimiento de culpa. Aunque esta personalidad parece apropiada para delincuentes, puede encontrarse también en personas que no llegan al crimen por motivos puramente egoístas (los que Iñaki Piñuel llama "psicópatas organizados"); además, no hay que pensar que todos los criminales tienen este trastorno: de hecho, muchos de ellos establecen lazos afectivos verdaderos con familiares, amigos o cómplices de delitos, lo que para una personalidad antisocial es imposible.

martes, 1 de enero de 2019

Trastornos sexuales

Se incluyen en esta categoría las disfunciones sexuales, las parafilias y los trastornos de identidad sexual.
Las disfunciones sexuales son fallos orgánicos cuya causa es psicológica. Se incluyen en este apartado trastornos del deseo (inapetencia, aversión al sexo), de la excitación (disfunción eréctil, trastorno de excitación femenina), del orgasmo (eyaculación precoz, anorgasmia) o por dolor (vaginismo, dispareunia).
Las parafilias son inclinaciones a conseguir la excitación y satisfacción sexuales por medios distintos a los considerados normales o naturales. Aparecen aquí trastornos como el voyeurismo (excitación y satisfacción por la contemplación de actos sexuales sin participar en ellos), el fetichismo (excitación por el uso de objetos inanimados), el sadismo y masoquismo (excitación por dar/recibir dolor), el exhibicionismo (excitación por mostrar a otros los genitales) y otras formas de parafilia menos frecuentes (zoofilia, necrofilia).
Probablemente la parafilia más grave sea la pedofilia o atracción sexual hacia niños; si esa atracción se traduce en comportamiento hablamos de pederastia o abuso sexual de niños. Si bien la pederastia es un delito de los más graves, la pedofilia no lo es mientras no se asocie a comportamientos delictivos como el consumo o tráfico de pornografía infantil, pero sí es un trastorno psicológico que debe ser tratado por especialistas antes de que produzca consecuencias indeseables.
La homosexualidad ha figurado en la lista de parafilias del DSM, primero como desviación sexual (hasta 1973) y después como perturbación de la orientación sexual (hasta 1986); por su parte, la Organización Mundial de la Salud dejó de considerarla "trastorno mental" el 17 de mayo de 1990 (desde entonces "Día Internacional contra la Homofobia").
En cuanto a los trastornos de identidad sexual o "disforia de género", nos referimos con esta expresión a los casos en los que la identidad sexual biológica no coincide con la identidad sexual psicológica (es decir, que un varón se siente mujer o viceversa).


martes, 25 de diciembre de 2018

Trastornos disociativos

La palabra disociación significa "separación"; un trastorno disociativo es aquel en que una parte de la personalidad se separa o disocia del resto. El caso más extremo y raro de este tipo de trastornos es lo que se llama personalidad múltiple, en que diferentes aspectos de una misma personalidad actúan como si fueran identidades distintas, emergiendo cada una en momentos diferentes. Algunos psicólogos explican el origen de este trastorno como un mecanismo de defensa del niño que sufre abusos (hace que estos abusos los sufra "otro", una personalidad de la que la mayor parte del tiempo no es consciente): esta hipótesis se ve avalada por el hecho de que, en casi todos los casos estudiados, una de las personalidades corresponde a un niño.
Más común es el fenómeno conocido como despersonalización en que uno se ve a sí mismo "desde fuera", como si estuviera contemplando las acciones de alguien diferente. La amnesia disociativa surge cuando alguien olvida algún episodio especialmente desagradable de su vida, mientras que se habla de fuga disociativa, mucho más rara, cuando el olvido se extiende a toda la existencia anterior, incluyendo la propia identidad, y en consecuencia se adopta una identidad nueva.
Todos estos trastornos tienen en común el rechazo del propio sujeto hacia una parte o la totalidad de su existencia, a la que convierte en inconsciente; se trata del proceso de represión estudiado en su momento por Freud, por lo que estos trastornos son los que mejor se ajustan al modelo psicoanalítico de explicación.

 

viernes, 21 de diciembre de 2018

Trastornos de síntomas somáticos

Se trata de una forma de trastorno caracterizada por una serie de síntomas físicos que aparecen sin que exista causa física alguna. El ejemplo más claro es lo que, en época de Freud, se conocía como "histeria" y en la actualidad suele llamarse trastorno de conversión (falsa parálisis, falsa ceguera, falso embarazo, etc.) o trastorno de somatización (naúseas, mareos, vómitos, dolores en el pecho, palpitaciones, diarreas, etc., como respuesta a una tensión psicológica). Próximos a éstos, aunque sin llegar a la creación mental de síntomas, aparecen la hipocondria (interpretación de dolencias leves o inexistentes como síntomas de enfermedades graves) y el trastorno dismórfico corporal o fealdad imaginaria:

Un hombre sentía que la gente se fijaba tanto en su orejas puntiagudas y sus grandes fosas nasales que a la larga no pudo seguir yendo a trabajar y renunció a su empleo. Es claro que la gente que se preocupa tanto de su apariencia no puede llevar una vida normal. Resulta irónico que la mayoría de la gente que sufre el trastorno dismórfico corporal no es fea. Pueden ser personas de apariencia promedio o incluso atractivas, pero son incapaces de hacer una evaluación realista de su apariencia. Cuando se miran al espejo, todo lo que ven es su defecto magnificado.
Charles G. Morris y Albert A. Maisto, Introducción a la psicología

 

lunes, 17 de diciembre de 2018

Trastornos de ansiedad y TOC

Se trata de trastornos en que aparecen reacciones de miedo exageradas o inmotivadas. Las fobias específicas son miedos irracionales ante determinadas situaciones (montar en avión, subir a un ascensor, hablar en público...). La agorafobia, etimológicamente "miedo a la plaza pública", es un tipo de fobia que afecta a cualquier situación que aleje al sujeto de la fuente de seguridad habitual (los lugares públicos, los viajes, etc., pero también encontrarse solo en casa). Otras formas de ansiedad son menos específicas (se habla entonces de ansiedad generalizada, miedo prolongado e intenso a nada en particular) o aparecen repentinamente en forma de ataques intensos de pánico normalmente referidos a una muerte o locura inminentes, y acompañados de dolor de pecho, dificultades respiratorias, temblores, naúseas, palpitaciones, sudoración excesiva, pérdidas de la conciencia (trastorno de pánico).


El DSM-V clasifica en otra categoría diferente el trastorno de estrés traumático, caracterizado por un cuadro de síntomas que aparece tras la exposición a un suceso traumático (agresión, peligro de muerte...), y que incluye, entre otros síntomas, recuerdos y sueños angustiosos, desórdenes psicosomáticos, pérdida de concentración, irritabilidad o reacciones desproporcionadas, miedos irracionales, etc.
A diferencia de los anteriores, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) no es una manifestación directa de ansiedad, sino una forma de evitarla; podríamos considerarlo como una manifestación indirecta de ansiedad, aunque el DSM-V prefiere crear una categoría aparte para este trastorno y otros próximos. Como dice el nombre, lo que caracteriza al TOC son las obsesiones (pensamientos recurrentes, inevitables y normalmente angustiosos) y las compulsiones (conductas ritualizadas y repetitivas). La ansiedad aparece cuando el mismo sujeto u otra persona trata de detener esta conducta irracional. Relacionadas con el TOC aparecen otros trastornos compulsivos como la tricotilomanía (arrancarse el pelo) y la excoriación compulsiva (rascarse la piel exagerada e incontroladamente), que, aunque vistos superficialmente pueden parecer cómicos o no muy graves, llegan a perjudicar seriamente la autoestima y las relaciones sociales de los afectados.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Trastornos depresivos y bipolar

Las personas que sufren este tipo de trastorno reducen drásticamente la gama de emociones posibles estancándose en uno u otro de los extremos del espectro emocional (bien la tristeza prolongada, bien la excitación eufórica). Como ejemplos más claros de este tipo de trastornos aparecen la depresión y la manía (o trastorno maníaco-depresivo).

La persona que sufre de depresión se siente muy triste y pierde interés por las actividades, es incapaz de concentrarse en tareas, tiene pensamientos negativos recurrentes (muerte, suicidio, etc.), y en ocasiones se desprecia a sí misma o se siente culpable. En cambio, la manía es un estado de euforia, gran locuacidad y actividad extrema; generalmente la manía no se da sola, sino dentro de un trastorno que alterna episodios de depresión y episodios de manía (trastorno bipolar o maníaco-depresivo). Según la duración y efectos de los episodios de manía, el DSM-V distingue entre trastorno bipolar I (más duradero y con efectos más graves) y trastorno bipolar II; en este último caso suele hablarse de hipomanía más que de "manía" propiamente dicha.
Las causas de estos trastornos pueden ser biológicas (existen personas con predisposición genética a la depresión, como demuestran los estudios con gemelos idénticos), pero también psicológicas (experiencias infantiles que provocan una autoestima baja en el sujeto) y sociales (indefensión aprendida como resultado de la frustración por no alcanzar las metas socialmente valoradas).


sábado, 8 de diciembre de 2018

Clasificación de los trastornos mentales

A título meramente ilustrativo recogemos la clasificación más utilizada por los especialistas en la actualidad. La edición del DSM-V fue publicada en 2013, e incluye algunas novedades en relación a las anteriores (por ejemplo, el TDAH deja de ser "trastorno detectable en la infancia", pues algunas veces es detectado en adultos, y se clasifica ahora como "trastorno del neurodesarrollo"; síndromes como el Asperger desaparecen como tales y se engloban en "trastornos del espectro autista").

Trastornos del neurodesarrollo: Discapacidad intelectual, espectro autista, déficit de atención/hiperactividad.

Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos: Esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo.

Trastorno bipolar y otros trastornos relacionados: Trastorno bipolar I, trastorno bipolar II.

Trastornos depresivos: Depresión mayor, desregulación disruptiva del estado de ánimo.

Trastornos de ansiedad: Fobia específica, trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada.

Trastorno obsesivo-compulsivo y otros trastornos relacionados: TOC, comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo.

Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés: Trastorno de estrés postraumático, trastorno de apego reactivo.

Trastornos disociativos: Amnesia disociativa, trastorno de despersonalización o desrealización.

Trastornos de síntomas somáticos y relacionados: Trastorno de síntomas somáticos, trastorno de ansiedad por enfermedad.

Trastonos de la conducta alimentaria y de la ingestión de alimentos: Anorexia nerviosa, trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos.

Trastornos de la excreción: Enuresis, encopresis.

Trastorno del sueño-vigilia: Insomnio, hipersomnia, narcolepsia, apnea e hipoapnea, síndrome de las piernas inquietas.

Disfunciones sexuales: Trastorno eréctil, trastorno orgásmico femenino, trastorno del interés sexual femenino, trastorno masculino de deseo sexual.

Trastorno de identidad sexual: Disforia de género en niños, disforia de género en adolescentes y adultos.

Trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta: Trastorno explosivo intermitente, trastorno de la conducta.

Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos: Trastorno por consumo, intoxicación o abstinencia de alcohol; cafeína; cannabis; fenciclidina u otros alucinógenos; inhalantes; opiáceos; sedantes, hipnóticos o ansiolíticos; estimulantes; tabaco; otras sustancias; trastorno por juego.

Trastornos neurocognitivos: Delirium, trastorno neurocognitivo mayor (Alzheimer, otros), trastorno neurocognitivo leve.

Trastornos de la personalidad: Trastorno de la personalidad paranoide, esquizoide, esquizotípica, límite, histriónica, narcisista, evitativa, dependiente, obsesivo-compulsiva.

Trastornos parafílicos: Voyeurismo, exhibicionismo, froteurismo, fetichismo, pedofilia, sadismo, masoquismo, travestismo.

Trastornos inducidos por medicamentos: Parkinsonismo inducido por neurolépticos, síndrome de suspensión de antidepresivos, etc.

Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica: Maltrato físico o psicológico infantil, abuso sexual infantil, maltrato de pareja, exclusión social, discordia con vecinos, etc. 

lunes, 3 de diciembre de 2018

Trastornos mentales

Pinel en el hospital Salpêtrière, de Tony Robert-Fleury (1795) - Dutante la Revolución Francesa, el médico Philippe Pinel defendió un trato humano a los enfermos mentales, quitando las cadenas a los pacientes que estaban ingresados en manicomios.
Al contrario que otras enfermedades cuyos síntomas y causas están perfectamente delimitados, no es fácil establecer una separación tajante entre lo que es y lo que no es trastorno mental. Por lo general, los especialistas utilizan un doble criterio, aunque ellos mismos reconocen que su aplicación es muchas veces difícil: por un lado, un criterio individual (sufrimiento emocional o malestar de la persona que sufre el trastorno) y, por otro, un criterio social (presencia de conflictos duraderos en sus relaciones). Puede añadirse, además, un criterio laboral o académico (falta de competencia en estos campos), aunque este último aspecto no siempre aparece.
Quizá una aproximación más adecuada al problema de los trastornos mentales sea partir del concepto de salud mental como un ideal al que las personas se aproximan pero no llegan nunca a alcanzar plenamente: todo el mundo tiene alguna dosis de enfermedad mental, aunque el grado de la misma es decisivo para considerar a la persona dentro o fuera de la normalidad. Así, hay trastornos mentales que permiten al sujeto llevar una vida más o menos normal y otros en los que se pierde el contacto con la realidad: esta diferencia fundamental es recogida por la distinción tradicional entre neurosis (trastorno leve de la personalidad tal como una obsesión o una fobia) y psicosis (desorden grave caracterizado por la pérdida de contacto con la realidad y por un deterioro severo de la personalidad: paranoia, esquizofrenia).
Las dos clasificaciones más utilizadas de los trastornos mentales son la de la Organización Mundial de la Salud (CIE: Clasificación Internacional de Enfermedades, en inglés ICD) y la de la Asociación Psiquiátrica Americana (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM). Las referencias a ambas suelen ir seguidas de un número (arábigo en el CIE y romano en el DSM) que se refiere a la edición. Actualmente, las citas se hacen del CIE-10 (1992, aunque revisada cada cierto tiempo: la última revisión es de 2010) y del DSM-V (2013).