Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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lunes, 28 de septiembre de 2020

El ecologismo

1. La naturaleza, en peligro

El ser humano extrae de la naturaleza los elementos necesarios para su conservación y reproducción. Hasta hace muy poco se creía que estos recursos naturales eran inagotables y que el desarrollo económico e industrial contaba con una despensa infinita de ellos. Sin embargo, hoy es evidente que la Tierra no posee esa reserva sin fin para mantener el crecimiento económico y el consumo energético, ni puede soportar los desechos que nuestra sociedad produce.

Hace tiempo que se habla de crisis ecológica para describir el deterioro actual del medio ambiente, del entorno que nos rodea. A tiempo que se logran grandes adelantos técnicos, se produce una destrucción sistemática y paulatina de los medios de vida.

 

Los indicadores más significativos de esta situación son:

  • Catástrofes naturales derivadas del uso de la energía nuclear o como consecuencia de los enfrentamientos bélicos: es el caso del accidente de la central nuclear de Chernobil o del incendio de pozos en Irak.
  • Catástrofes generales ligadas a fenómenos como la destrucción de la capa de ozono o cambios de la temperatura del planeta debido a los contaminantes.
  • Agotamiento de recursos, tanto de energías tradicionales (carbón, petróleo), como de otros materiales (agua, minerales).
  • Degradación general del medio ambiente: acumulación de residuos tóxicos, desertización, pérdida de masa forestal, desaparición de especies animales, contaminación de ríos y mares, etc.
  • Deterioro de la calidad de vida: violencia social, trabajo alienante, ciudades inhabitables, etc.
 Un futuro inquietante 
Si continúan sin cambios las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, de la industrialización, contaminación, producción de alimentos y agotamiento de recursos, los límites del crecimiento se alcanzarán dentro de los próximos cien años. El resultado más probable será un declive súbito e incontrolable tanto de la población como de la capacidad industrial.
D. Meadows, Los límites del crecimiento (1972)
 
2. ¿Por qué hemos llegado a este deterioro?

El origen del desastre ecológico que vivimos no es otro que la concepción economicista del hombre que domina en nuestro tiempo, según la cual los criterios últimos de actuación son la obtención de beneficios inmediatos y la valoración de estos beneficios en términos monetaristas, es decir, como propiedades o dinero. Esta concepción se desglosa en dos ideas básicas:

  • La idea del progreso tecnológico: La primera Revolución Industrial impulsó la idea de que el ser humano podía dominar la naturaleza y alcanzar una mejoría infinita de sus condiciones de vida. El lema del progreso es: siempre más, siempre mejor, siempre más rápido. Por tanto, la naturaleza no es sino un almacén ilimitado de recursos.
  • El homo oeconomicus: Detrás de esta idea del progreso se esconde una visión de la persona como un ser egoísta, un ser que nada debe a los demás y cuya única meta es aumentar al máximo la satisfacción de sus intereses. El ser humano se concibe a sí mismo como consumidor, de modo que sólo puede ser feliz poseyendo y dominando cosas y hasta personas.
Muchos autores se refieren a esta concepción del ser humano como la de un idiota espabilado. Espabilado, porque sabe medir muy bien los medios más adecuados para sus fines. Idiota, porque no ve más allá de sus intereses cercanos e inmediatos. Como resultado de estas ideas, hemos llegado a una situación en la que el progreso industrial y tecnológico se ha convertido en una de las peores amenazas para la humanidad.

3. La conciencia ecológica

La problemática medioambiental no es una reflexión reciente. Tampoco lo es la ecología, como ciencia de las relaciones de los seres vivos con su medio. 

Sí es propio de nuestro tiempo lo que podemos denominar conciencia ecológica, esto es, la existencia de una opinión pública que expresa el desacuerdo general con esta forma de hacer y entender el progreso humano y su relación con la naturaleza.

Esta conciencia ha dado lugar al ecologismo como movimiento social y teórico que pretende transformar esta situación. Dentro de esta finalidad general, el ecologismo se plantea los siguientes objetivos:

⁜ Denuncia de los problemas medioambientales concretos y planteamiento técnico de alternativas: energías verdes, reciclado, etc.
⁜ Crítica global del funcionamiento del sistema económico, porque está basado únicamente en criterios de mercado y de rentabilidad.
⁜ Propuestas de cambio en la gestión política del proceso económico, es decir, exigencia de un mayor control de la economía por parte de los propios afectados.
⁜ Propuestas de cambio en la concepción que las personas tienen de sí mismas y de su vida en común. Es preciso poner en práctica formas alternativas de vida que nos aparten del consumismo.

Para tomar decisiones en este campo se necesita una ética ecológica. Esta ética no se ocupa de cuáles son las relaciones del hombre con su medio, sino de cuáles deberían ser estas relaciones, es decir, se encarga de definir la responsabilidad moral que tenemos ante la naturaleza.

Aplicar la ética a la economía implica reconocer que el beneficio económico no es el único criterio de actuación, que existen límites sociales y ecológicos al crecimiento económico. Los problemas ecológicos están interrelacionados con los sociales, pues la causa genuina de nuestra situación ambiental es la distribución desigual del poder económico y político y, en definitiva, es el estilo de vida de los países ricos lo que nos está llevando al desastre ecológico.

Economía y ecología deben reivindicar su raíz común: la palabra griega oikos, que en español significa "casa", "hogar". Ambos conceptos hacen referencia a la utilización racional y justa de los recursos escasos con los que cuenta el ser humano, para él y sus descendientes. A esta idea básica responde el concepto de desarrollo sostenible.

4. Nuestra responsabilidad ante el medio ambiente

La ética es un saber práctico que orienta nuestras acciones desde el punto de vista de nuestra responsabilidad moral. Aunque somos los seres humanos los que establecemos derechos y obligaciones para nuestra conducta, también el agua, el aire, los árboles, los animales, etc., merecen nuestro respeto como condición necesaria e imprescindible para la vida humana. De ahí la existencia de una ética ecológica, cuyo objetivo es definir cuál es nuestra responsabilidad con el medio ambiente.

Los principios de esta ética tienen que ver con el valor moral básico de la solidaridad y, en definitiva, con la disposición a identificarnos con los intereses de los demás, a atender incluso como propias las necesidades de las generaciones futuras.

A partir de este principio general, la ética ecológica puede ir desgranando los criterios de decisión en cada una de las parcelas y problemáticas determinadas. En los casos concretos podemos servirnos del criterio moral general de la universalización: pensar siempre qué pasaría si todas las personas actuaran igual que nosotros lo estamos haciendo.

 Imperativo ecológico 
Actúa de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de la auténtica vida humana sobre la Tierra; o, dicho en negativo, actúa de tal manera que los efectos de tu acción no sean destructivos para las posibilidades futuras de vida.
Hans Jonas

5. La sociedad civil en marcha

Pero los problemas medioambientales aparecen casi siempre ligados a instituciones, empresas, Estado, etc., y son normalmente muy difíciles de afrontar. Ante ellos, nuestra capacidad individual de actuar y de influir es muchas veces escasa. De ahí que la responsabilidad individual tenga que llevarse a cabo en tres niveles diferentes:

  • Nivel de los sistemas administrativos: Se refiere a las condiciones económico-políticas de la ecología, definidas por los Estados y por las relaciones internacionales. Aquí cada uno de nosotros puede influir creando una opinión pública favorable a la conciencia ecológica y exigiendo un mayor control democrático de las decisiones políticas.
  • Nivel de la sociedad civil: Es en este nivel donde el protagonismo de los actores individuales puede adquirir mayor importancia. Se trata de la creación de asociaciones, movimientos, clubes o cooperativas que, al estar al margen de la administración pública, pueden tener una actividad más autónoma e influir sobre los poderes públicos. Al mismo tiempo, en su seno, se amplían las relaciones entre los miembros, potenciando así la comunicación y la participación social.
  • Nivel de la actividad individual: A pesar de la complejidad de nuestras sociedades, al final, cada uno de nosotros representa la instancia última de decisión y, por tanto, de responsabilidad: también está en nuestras manos cambiar la dinámica consumista y la orientación economicista que dirigen nuestras sociedades. Cada acción personal puede significar siempre una aportación a este objetivo general. Pero para que ello sea posible, la educación debe ir orientada hacia los valores ecológicos y hacia aquellas actitudes y comportamientos compatibles con esta ética ecológica mencionada. En suma, hacia un tipo de vida en armonía con la naturaleza.   

sábado, 30 de junio de 2018

La ética ecológica

1. ¿Qué es el desarrollo sostenible?
Es muy difícil conciliar el progreso técnico y económico de la humanidad con el respeto al medio ambiente. El desarrollo de la industria y de la agricultura intensiva amenazan numerosos ecosistemas.
El desarrollo sostenible consiste en la posibilida de progresar en todos los ámbitos sin necesidad de destruir el medio ambiente.
El consumo responsable es una de las vías a nuestro alcance para contribuir al desarrollo sostenible. Se entiende por consumo responsable aquel que se limita a satisfacer las necesidades más importantes evitando cualquier exceso, de modo que se reduzcan los efectos negativos sobre el medio ambiente. Es una actitud necesaria que se opone al consumismo, es decir, a la tendencia a hacer del consumo continuo una forma de vida.
La más conocida definición de desarrollo sostenible es la de la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo (Comisión Brundtland), que en 1987 la definió como el desarrollo que asegura las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para enfrentarse a sus propias necesidades.
Según este planteamiento, el desarrollo sostenible tiene que conseguir, a la vez:
  • Satisfacer las necesidades del presente y fomentar una actividad económica que suministre los bienes necesarios a toda la población mundial.
  • Satisfacer las necesidades del futuro reduciendo al mínimo los efectos negativos de la actividad económica, tanto en el consumo de recursos como en la generación de residuos, de tal forma que sean soportables para las próximas generaciones.
2. ¿Qué es la conciencia ecológica?
El ser humano es el causante de los problemas que sufre la Tierra. Esta conciencia, la de que nosotros somos el problema y debemos ser la solución, es la conciencia ecológica. Esta conciencia se sustenta en tres principios, que sirven también como pautas de acción:
  • Principio de responsabilidad: Se formula como un imperativo que todos deberíamos respetar: actúa de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de la vida humana sobre la Tierra.
  • Principio de precaución: Exige tener en cuenta los riesgos de aplicar tecnologías cuyos efectos podrían ser perjudiciales.
  • Principio de contención: Se debe intentar satisfacer sólo las necesidades más importantes siendo conscientes de que nuestra libertad para disponer del medio ambiente es limitada. Un ejemplo de autocontención es la práctica del consumo responsable. 
3. Las energías renovables
Según los expertos, las reservas planetarias de petróleo o de gas natural pueden agotarse en un futuro próximo. No son renovables, porque se necesitarían miles de años para que la naturaleza pudiera producirlas. Por el contrario, hay muchas otras energías, como la solar o la eólica, que no se agotan y son menos contaminantes. Bien explotadas, pueden ser el futuro energético de la humanidad: se trata de las llamadas energías renovables.
Las energías renovables han cubierto durante miles de años las necesidades energéticas de la humanidad, y lo volverán a hacer en un futuro, tras un breve paréntesis de apenas dos siblos, en los que las fuentes energéticas basadas en combustibles fósiles y nucleares han devastado el planeta y continúan poniendo en serio peligro la subsistencia de los seres vivos.


4. Greenpeace: una ONG para la defensa del medio ambiente
Greenpeace es una organización ecologista, política y económicamente independiente, es decir, que no acepta subvenciones ni presiones de gobiernos y empresas.
Se creó con el objetivo de proteger y defender el medio ambiente. Para ello, denuncia los atentados medioambientales y presiona a gobiernos, instituciones y empresas cuando incumplen sus obligaciones en este sentido.
Greenpeace tiene presencia en más de 40 países, y entre sus prioridades destacan el cambio climático, proteger la biodiversidad, los bosques y los océanos, decir no a los transgénicos, acabar con el uso de la energía nuclear y promover la paz. 

domingo, 17 de junio de 2018

Las amenazas al medio ambiente

En los últimos 150 años la Tierra se ha degradado más que en los miles de años anteriores de presencia humana sobre ella. Esto se debe a un combinación de factores, entre los que destacan el desarrollo de la industria y de la técnica a partir de la Revolución Industrial, la superpoblación y la explotación intensiva de los recursos naturales.

1. Las amenazas para el medio ambiente
Las principales amenazas para la conservación del medio ambiente son:
  • La explotación descontrolada de los recursos naturales y sus consecuencias (desertificación, deforestación, pobreza, etc.).
  • La destrucción de hábitats imprescindibles para la vida de muchas especies, que provoca una reducción de la biodiversidad.
  • La contaminación química e industrial, que ocasiona graves riesgos para la salud de los seres vivos.
  • El uso de biotecnologías potencialmente peligrosas en la agricultura.
  • Los daños y cambios provocados por fenómenos como la lluvia ácida o el incremento del efecto invernadero.
2. El incremento del efecto invernadero
La Tierra se comporta como el vidrio de un invernadero: permite el paso de la luz solar, pero no deja escapar el calor atrapado cerca de la superficie. Es decir, la radiación reflejada es "atrapada" y "rebotada" de nuevo hacia la Tierra por las moléculas de los gases de efecto invernadero. El aumento de algunos de estos gases en la atmósfera intensifica el efecto y provoca el consiguiente incremento de temperatura.

3. El cambio climático y el problema del agua
El cambio climático es uno de los principales problemas medioambientales. Está ocasionado por el incremento del efecto invernadero, que provoca un aumento progresivo de temperaturas que se conoce como calentamiento global, y amenaza con tener consecuencias devastadoras. No es un fenómeno provocado por los cambios cíclicos que se producen en el planeta de forma natural, sino principalmente por el ser humano, quien con sus actividades genera daños irreparables. Por eso, aunque se puede hablar de "cambio climático", sería más apropiado hablar de una destrucción del medio ambiente por parte de los seres humanos. 
Uno de los riesgos del calentamiento global de la atmósfera es la desertificación de amplias zonas del planeta. El agua representa la vida, la cultura, la civilización y es el principal factor de riqueza. Allí donde escasea, la vida se hace difícil y la pobreza aparece con consecuencias terribles.
Otros riesgos son los desastres naturales provocados por el desorden del clima. Así, mientras que muchas áreas se desertificarán, en otras tantas se producirán terribles inundaciones.

4. Los peligros de un mundo sin hielo
Un informe publicado por el Programa de la Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte sobre las amenazas que podrían desestabilizar ecosistemas en todo el planeta. Según el documento, las temperaturas, cada vez más cálidas, ya están derritiendo las capas de hielo de Siberia, lo que lleva a la producción de metano, uno de los gases que contribuyen al calentamiento global.
Los glaciares que se están derritiendo en las montañas de Asia podrían afectar a cerca del 40% de la población mundial, que depende de los deshielos para irrigar cosechas y para obtener agua potable. Si las emisiones de gases continúan al paso que van, las capas de hielo perderán su estabilidad a medida que el planeta se caliente. Y si no se toman medidas para impedir que suba el nivel del mar, unos 145 millones de personas, sobre todo en Asia, podrían verse expuestas al riesgo de inundaciones.

5. La contaminación
La contaminación ambiental consiste en la presencia de sustancias extrañas en el medio ambiente, que ocasionan alteraciones en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas, la generación y propagación de enfermedades en los seres vivos, la muerte masiva y, en casos extremos, la desaparición de especies animales y vegetales; así como la inhibición de sistemas productivos y, en general, la degradación de la calidad de vida.
Los causantes de la contaminación pueden ser elementos químicos (minerales, detergentes, plásticos, derivados del petróleo, disolventes orgánicos, pesticidas...), físicos (radiactividad, calor, ruidos...) y biológicos (desechos de fábricas de cerveza, de papel, serrín procedente de la industria forestal, desagües...).
En el aire, la contaminación puede ser atmosférica (originada por humos, aerosoles, polvo...) o electromagnética (originada por la emisión de ondas que emiten radares, emisoras de radio o televisión, telefonía o redes eléctricas de alta tensión). En el agua, se produce por el vertido de aguas residuales, de relaves mineros, de petróleo, de abonos, de pesticidas, detergentes y otros. Por último, la contaminación del suelo se debe al uso de pesticidas, abonos sintéticos, petróleo y derivados, basuras, etc.          

domingo, 28 de mayo de 2017

Economía ecológica y comercio justo

El desarrollo y la ecología se están convirtiendo en dos factores importantes que están incidiendo en las actividades económicas. Además de modificar hábitos de consumo están modificando los planteamientos filosóficos que sustentan la economía convencional. Así han surgido formas alternativas de entender la economía y el comercio.

Así, el comercio justo se ha convertido en una actividad económica socialmente importante. Convencidos de que la actividad económica y empresarial tiene una importante dimensión ética, los promotores de esta forma de comercio consideran que es también una forma de trabajar por la justicia, la solidaridad y el desarrollo. Estamos ante un modelo de desarrollo basado más en la justicia que nace de la igualdad y reciprocidad que en la justicia que nace de la ayuda.

1. Un modelo de justicia basado en:
- Procurar que el trabajo de los pequeños productores se haga en condiciones sociales y laborales dignas.
- Garantizar un precio justo por el trabajo realizado.
- Garantizar la no existencia de trabajo infantil.
- Mantener el respeto al medio ambiente.
- Promover una estructura de producción democrática, participativa y no discriminatoria para las mujeres.
- Distribuir parte del dinero obtenido para proyectos de desarrollo integral: escuelas, centros de salud, talleres, infraestructuras, transporte, etc.
2. Un modelo de justicia que incide:
- En los países del Sur: porque garantiza a los productores una remuneración justa por su trabajo, truncada muchas veces por los intermediarios. 
- En los países del Norte: porque pone en cuestión nuestros hábitos de consumo y nos informa de la situación de injusticia comercial.
- En las relaciones Norte-Sur: porque desarrolla políticas de desarrollo y estrategias educativas comunes; ofrece apoyo colectivo a los productores; promueve la justicia en actividades comerciales internacionales.
3. Un modelo de justicia que tiene las siguientes características:
- La mercancía: se compra lo más directamente posible a los productores.
- El precio: se estipula en función del costo de la materia prima y del tiempo y la energía invertidos.
- Los productores: tienen derecho a una refinanciación.
- Las partes asociadas: la cooperación entre las partes asociadas debe ser ininterrumpida y a largo plazo; cuando es necesario, se ofrece asesoramiento o ayuda en investigación, técnicas y formas de desarrollo del producto, formación técnica o empresarial colaborando en el desarrollo óptimo y de calidad de los productos comercializados.
4. Un modelo de justicia que no ha hecho más que empezar:
1959 - Holanda. Un grupo de jóvenes católicos crea una organización para vender productos de artesanía elaborados en cooperativas del Sur.
1968 - Conferencia de Nueva Delhi, donde los países del Sur reclaman unas relaciones comerciales más equitativas: "Menos ayuda y más comercio".
1969 - Se abre la primera tienda de comercio justo y solidario en Breukelen (Holanda).
1990 - Se crea la EFTA (Asociación Europea de Comercio Justo). Pretende estimular la cooperación práctica entre sus miembros y ofrecer apoyo colectivo a los productores.

sábado, 20 de mayo de 2017

Población, cantidad y calidad de vida

Población y recursos
En su Ensayo sobre los principios de la población (1801) Thomas Malthus elaboró un texto en el que defendía la tesis de la desproporcióne entre el crecimiento exponencial de la población y el crecimiento aritmético de los recursos alimenticios. Sobre esta base, las teorías neomaltusianas surgidas después de la II Guerra Mundial extienden esa desproporción en los niveles de crecimiento a la expansión tecnológica, el consumo de recursos minerales y la producción de distintas formas de contaminación, y, por otro, las capacidades finitas del planeta para tolerarlo.
V. Bellver, Ecología: de las razones a los derechos (adaptado)


1. Historia del concepto "calidad de vida"
Si a partir de 1930 comienza a utilizarse de forma generalizada el término "control de calidad" en los procesos industriales, será a partir del año 1960 cuando se emplee la expresión "calidad de vida" en las ciencias sociales. En la industria se buscaban índices que permitieran evaluar la calidad de vida de los trabajadores; después, esta búsqueda se desplazó al conjunto de las actividades sociales.
En un principio se pensó que la calidad de vida dependía de dos tipos de factores: positivos (riqueza económica) y negativos (exceso de población). Se pensó que un aumento excesivo de la población disminuiría la riqueza per cápita, y por tanto, el bienestar y la calidad. Surgió entonces como indicar el "producto nacional bruto" (PNB). Estas ideas entraron de elleno en la política con J.F. Kennedy y L.B. Johnson.

2. Cuantificar la calidad de vida
En las décadas siguientes, años setenta y ochenta, los expertos observaron que el incremento del PNB de un país puede provocar una degradación del medio ambiente y, por consiguiente, de la calidad de vida. En el PNB se producirán ajustes teniendo en cuenta factores como la urbanización, la contaminación, los costes ecológicos, la disminución del tiempo de trabajo o el aumento de horas para el ocio. Estos factores disminuyen el PNB, pero aumentan el índice que W. Norhaus y J. Tobin llamarían "índice de bienestar" (Net National Welfare). 
En 1972 el Club de Roma realizó un informe titulado Los límites del crecimiento, que difundió el concepto. El informe sostiene que un incremento incontrolado de la producción y el consumo no producirá un aumento de la calidad de vida, sino una disminución. Se presentan predicciones y estimaciones que mejoran la cuantificación. Se afirmaba que para que la calidad de vida mantuviera a partir de 1980 unos niveles constantes e iguales a los de 1950 serían precisas drásticas correcciones que controlaran el aumento de la población, la contaminación atmosférica y el descenso vertiginoso de los recursos naturales. Desde entonces se tienen en cuenta los índices de natalidad, los niveles de contaminación y una reducción de los niveles de consumo de los recursos naturales no renovables como factores necesarios para cuantificar la calidad de vida.

3. Cantidad de población y calidad de vida
Es un error plantear la calidad de vida y la cantidad de población como términos antitéticos, como si al reducir la población aumentara la calidad de vida. Las conclusiones a las que ha llegado la Comisión Mundial del Medio Ambiente, en un informe titulado Nuestro futuro común (1987), han sido las contrarias: sólo elevando la calidad de vida de las personas y las colectividades puede controlarse efectivamente la población.
El mejor modo de equilibrar el crecimiento de la población con el crecimiento de los recursos económicos no es frenar el desarrollo, ni establecer políticas de control de la población, sino fomentar el desarrollo de una manera sostenible.

4. Ecología y futuras generaciones
Durante los últimos años, y a raíz de la popularización del concepto de desarrollo sostenible, se ha planteado un interesante problema filosófico. El problema pone en cuestión la legitimidad de un sistema económico y político que otorga prioridad al presente cuando planifica los recursos. ¿Tienen derechos las futuras generaciones? ¿No estamos utilizando unos recursos naturales a los que también ellos podrían optar? Diego Gracia ofrece una perspectiva que incide en esta importante cuestión filosófica.

Derechos ecológicos y legitimidad democrática
Los derechos ecológicos, o derechos sobre el medio ambiente, son, sin duda, un nuevo tipo de derechos humanos. Lo que ellos intentan definir es nada menos que el derecho de las futuras generaciones a una vida digna y adecuada. Desde el punto de vista puramente formal, no hay duda de que estos derechos caen en el absurdo. ¿Cómo puede afirmarse que quienes no tienen ningún tipo de existencia real puedan ser sujetos de derechos? Si ya es difícil justificar la existencia de los otros derechos humanos, los civiles y políticos, los económicos, sociales y culturales, la fundamentación jurídica de los derechos ecológicos resulta casi desesperada. Y es que, en efecto, desde el puro Derecho es una empresa casi con toda seguridad condenada al fracaso.
El que haya habido que plantearse el tema de los derechos humanos de tercera generación demuestra que con sólo los derechos civiles y políticos y derechos económicos, sociales y culturales no hay Estado justo, ni por tanto legítimo; es decir, que la legitimidad democrática basada en esos dos tipos de derechos (la legitimidad de la democracia liberal, en el primer caso, y la de la democracia social, en el segundo) no es suficiente. Esto puede formularse de otra forma, diciendo que tales democracias tienen un carácter que hoy debe juzgarse como más instrumental y estratégico que racional y ético. Con ello no intento defender alternativas no democráticas, sino llamar la atención sobre el carácter insuficientemente democrático de los regímenes democráticos. O dicho en otros términos, que los derechos de la tercera generación no son un mero añadido a las listas tradicionales de derechos, sino que replantean el propio concepto de derecho humano.
Éste es un tema de la máxima importancia, que no puedo sino insunuar. Mi tesis sería que así como el descubrimiento de los derechos humanos de la primera generación permitió definir con mayor precisión el concepto de "derecho formal", y el descubrimiento de los de segunda generación dio nuevo contenido al concepto de "derecho material", los derechos humanos de tercera generación están alumbrando un nuevo concepto de derecho humano, que yo llamaría "derecho real", de modo que una democracia basada sólo en los dos primeros correría el grave riesgo de ser claramente ilegítima.
D. Gracia, Hechos biológicos y derechos humanos (adaptado)

sábado, 13 de mayo de 2017

El río revuelto de las ecologías

La vulnerabilidad de la naturaleza
La naturaleza es sin duda un novum sobre el cual la teoría ética tiene que reflexionar. ¿Qué clase de obligación actúa en ella? ¿Se trata simplemente de la prudencia que nos prohíbe matar la gallina de los huevos de oro o cortar la rama sobre la que uno está sentado?
H. Jonas, El principio de responsabilidad

1. La ecología como imperativo ético y político
El ser humano influye sobre la biosfera más que cualquier otra especie. Desde las últimas décadas del siglo XX su capacidad para controlar la energía de la biosfera es preocupante, no sólo por las posibilidades de modificar el sistema, sino por las posibilidades de destruirlo. Este hecho ha situado a la ecología en el centro de la reflexión ética y política contemporánea.
La ecología, de ser una parte de la biología que estudia el medio ambiente, se ha convertido en una preocupación central en las ciencias sociales y en un objetivo prioritario. Esta prioridad no sólo ha surgido por la alarma de las ciencias naturales ante la depredación de los sistemas de energia que han realizado los países industrializados, sino por una nueva conciencia ética planetaria que está condicionada por dos tradiciones filosóficas: el naturalismo y el antropocentrismo.

2. Paradigma naturalista
La conciencia ética planetaria ha surgido porque la razón humana se ha tecnificado e instrumentalizado de tal forma que ha roto sus vínculos con la naturaleza. La civilización científico-técnica ha olvidado el orden natural del que procede y ha roto un equilibrio que es preciso restaurar y recuperar. El ser humano ha ignorado y desconocido los ritmos de un sistema al que le debe la vida.
La finalidad de la ecología es recuperar la centralidad de la vida (biocentrismo). A este paradigma se acogen dos modelos de ecología que cuentan con numerosos adeptos:
- Ecología superficial: Pretende reparar los daños causados y restaurar el orden natural. Su objetivo es conservar y limitar la arbitrariedad con la que el ser humano rompe el equilibrio de una naturaleza con la que formamos comunidad. Un representante significativo de este movimiento ecológico es el estadounidense Aldo Leopold.
- Ecología profunda: Insatisfechos con la restauración y la conservación; para recuperar el equilibrio hacen falta cambios más radicales y profundos, que sólo pueden tener su origen en una nueva mentalidad, en una nueva forma de entender el saber (ecosofía) y en una reubicación del lugar del ser humano en la cadena biológica. Para restaurar el equilibrio hay que controlar el crecimiento de la población. Un representante significativo es el noruego Arne Naess.

3. Paradigma antropocéntrico
Considera que la conciencia ética ha surgido por el descontrol y la irresponsabilidad con la que el ser humano se ha situado ante la evolución. Ésta ha situado al ser humano en el centro y, por consiguiente, hay una diferencia cualitativa entre el ser humano y el resto de los seres vivos (antropocentrismo). El progreso técnico debe ser redimensionado imponiendo límites éticos. Un representante significativo es Jacques Ellull.

4. ¿Tienen derechos los animales?
Uno de los problemas filosóficos más importantes de la ecología es la delimitación del valor que tiene el ser humano en el conjunto de los seres vivos. Mientras que los defensores del paradigma antropocéntrico asignan al ser humano un valor intrínseco y establecen para ello una diferencia cualitativa con el resto de los seres vivos, los defensores del paradigma naturalista consideran que todos los seres vivos tienen igual valor. Al conceder igual valor a todos los seres vivos surge el problema filosófico de los derechos de los animales. Veamos cómo plantean el tema el humanismo de Kant y el naturalismo utilitarista de Bentham.

Deberes hacia los animales
No tenemos por tanto ningún deber para con ellos de modo inmediato; los deberes para con los animales no representan sino deberes indirectos para con la humanidad. Tenemos deberes para con los animales, puesto que con ellos promovemos indirectamente los deberes para con la humanidad. Según esto, cuando alguien manda sacrificar a su perro porque ya no puede seguir ganándose el sustento, no contraviene en aboluto deber alguno para con el perro, habida cuenta de que éste no es capaz de juzgar tal cosa, pero sí atenta con ello contra la afabilidad y el carácter humanitario en cuanto tales, cosas que debe practicar en atención a los deberes humanos. Para no desarraigar estos deberes humanos, el hombre ha de ejercitar su compasión con los animales, pues aquel que se comporta cruelmente con ellos posee asimismo un corazón endurecido para con sus congéneres. Se puede, pues, conocer el corazón humano a partir de su relación con los animales.
¿No es un acto cruel que los viviseccionistas tomen animales vivos para realizar sus experimentos, si bien sus resultados se apliquen luego provechosamente?; desde luego, tales experimentos son admisibles porque los animales son considerados como instrumentos al servicio del hombre, pero no puede tolerarse de ninguna manera que se practiquen como un juego...
En resumen, nuestros deberes para con los animales constituyen deberes indirectos para con la humanidad.
I. Kant, Lecciones de ética (adaptado)

El sufrimiento y la condición humana
Quizá algún día se llegue a reconocer que el número de patas, la vellosidad de la piel o la terminación del os sacrum son razones igualmente insuficientes para dejar abandonado al mismo destino a un ser sensible. ¿Qué ha de ser, si no, lo que trace el límite insuperable? ¿Es la facultad de la razón, o quizá la del discurso? Pero un caballo o un perro adulto es, más allá de toda comparación, un animal más racional, y con el cual es más posible comunicarse que con un niño de un día, de una semana, o incluso de un mes. Y aun suponiendo que fuese de otra manera, ¿qué significaría eso? La cuestión no es si pueden razonar, o si pueden hablar, sino ¿pueden sufrir?
J. Bentham, Principios de moral y legislación