Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
@blog_trca

lunes, 23 de julio de 2012

Introducción a la antropología social, de J. Maestre Alfonso

En el mes de marzo, la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, nos presentaba el plan de estudios del grado en Antropología Social y Cultural. Desde entonces, me atrae esta disciplina, así como la relación que tiene con otras cuestiones como la historia, la sociología y la ética.
Así, he ido buscando diferentes libros que pudieran servir para iniciarme en este campo de estudios. La UNED ofrece una bibliografía bastante buena, ya que también esta universidad ofrece este grado en su oferta académica. Y buscando en la Casa del Libro, me encuentro con este libro de bolsillo, un tanto ya anticuado, pero bastante adecuado para lo que yo quiero.
Principalmente, me ha servido como primera conceptualización, para entender las diferentes ramas en que se divide la antropología, y la relación de ésta con otras disciplinas afines.
Su autor, Juan Maestre Alfonso, es profesor emérito en la Universidad de Sevilla, y buen conocedor principalmente de culturas americanas. En este libro introduce narraciones propias de estas culturas que ilustran los diferentes conceptos, y resultan bastante atractivas, aunque lo hace en menor medida de lo que sería deseable.
Está estructurado en tres partes (conceptos, cultura y civilización, y sociedades industriales), resultando la segunda la más amplia y también la más interesante.
Tras la lectura de cada capítulo, hacía un resumen con las ideas más relevantes. Si deseas verlo, puedes entrar en este enlace: Introducción a la antropología social - Selección. 

viernes, 15 de junio de 2012

Democracia y pluralidad de partidos

La democracia implica, como condición sine qua non, la existencia de una pluralidad de partidos y, por tanto, un contraste o puesta en cuestión mutua y permanente de los programas y de las actividades del gobierno por los distintos partidos de la oposición (o los de unos partidos por otros).
Este contraste es una conveniencia social y política por las siguientes razones:
a) En toda comunidad existe una pluralidad de opiniones y criterios diferentes sobre la forma de llevar a cabo las tareas de gobierno y, en nombre de la propia dignidad humana, resultaría injusto todo intento de someter y acallar por medios coactivos, unas en beneficio de otras.
b) El único medio de garantizar la libertad de opinión y el derecho de crítica consiste en permitir a las distintas corrientes de opinión la posibilidad de organizarse, de elaborar sus programas y de manifestar sus proyectos.
c) Sólo así se garantiza la alternancia pacífica en el gobierno del Estado de las diversas fuerzas políticas y de las diferentes corrientes de opinión.

jueves, 7 de junio de 2012

El Estado de Derecho

El Estado democrático actual es un Estado de Derecho, es decir, un Estado que se encuentra regulado por ley, en el cual se ejerce el poder en virtud de un determinado sistema legal de carácter democrático.
El Estado de Derecho se opone a los estados totalitarios. En estos últimos el gobierno se sitúa en un plano metajurídico, esto es, el orden legal se subordina exclusivamente a la voluntad de los gobernantes. Los totalitarismos defienden la supremacía absoluta del Estado y el sometimiento a él de la sociedad entera. Las leyes no son más que una imposición de la omnímoda voluntad del gobernante, encaminada a someter a los ciudadanos (que en este caso quedan reducidos a la condición de súbditos), el poder carece de límites jurídicos y los individuos, de protección y de garantías legales. Las principales manifestaciones totalitarias del siglo XX tuvieron lugar bajo las formas políticas del fascismo italiano, del nacional-socialismo germánico, del franquismo español y del comunismo de la Europa oriental.
El Estado de Derecho, por el contrario, es un Estado democrático, en el que existen toda una serie de garantías legales que se ponen de manifiesto en la división de poderes y en la existencia de una Constitución aprobada por el pueblo.

A - La división de poderes
El poder del Estado es un poder soberano, único y unitario. Pero, en los Estados de Derecho, con el fin de reforzar las garantías legales y evitar la concentración de poder en determinadas personas e instituciones, se establece la división de poderes. Éstos, que en último término emanan del pueblo y se fundamentan en él, son los siguientes: el Poder legislativo, el Poder ejecutivo y el Poder judicial.

  • El Poder legislativo: La misión del Poder legislativo consiste en elaborar las leyes y otorgarles la consistencia y vigencia social adecuada. Este poder reside en el Parlamento o Cortes, que se hallan constituidas por los representantes elegidos por el pueblo. El Parlamento o las Cortes, además de elaborar las leyes, es también el órgano encargado de controlar al Poder ejecutivo.
  • El Poder ejecutivo: Este poder se encuentra integrado por el gobierno: el jefe de gobierno o presidente, y los ministros, junto con el resto del personal político y los funcionarios a ellos subordinados desde el punto de vista burocrático y administrativo. Su función principal consiste en dirigir la administración general del Estado y, en este sentido, su actividad se refiere a la gestión tanto de los problemas interiores (economía, obras públicas, sanidad, educación, deportes, etc.) como de los exteriores (soberanía del Estado, relaciones con otros Estados, intercambio de embajadores, establecimiento de pactos, etc.) o, expresado de otra manera, las actividades del Poder ejecutivo se encuentran encaminadas a solucionar los problemas de la sociedad, al logro de su paz y de su bienestar de acuerdo con las normas establecidas por el Poder legislativo.
  • El Poder judicial: El Poder judicial está formado por los jueces y los magistrados, así como por los organismos encargados de dirigir y administrar la justicia. A este respecto, el Poder judicial, por una parte, ha de atenerse a las leyes vigentes, que emanan del Poder legislativo; pero, por otra, dentro de su esfera propia, es decir, en tanto en cuanto Poder judicial, ocupa una posición independiente y constituye una jerarquía en virtud de la cual unos jueces (o unos órganos judiciales) tienen que responder de sus actuaciones y de sus dictámenes ante otros superiores y, en última instancia, existe determinado órgano del Poder judicial, el Tribunal Supremo (y, en ciertos casos, el Tribunal Constitucional), que son los encargados de realizar la última interpretación de las leyes y de las actuaciones de los diversos órganos de este poder.
B - El Estado y la Constitución
En la actualidad, en casi todos los Estados de la Tierra existe un texto solemne, llamado Constitución, en el que se recogen las leyes y los principios supremos de acuerdo con los cuales se organiza el Estado y se establecen las condiciones o requisitos que han de reunir los poderes gobernantes. De esta manera, la Constitución se convierte en la ley principal del Estado y todas las demás leyes han de quedar enmarcadas en las directrices emanadas de ella.
Normalmente, una Constitución es elaborada por una comisión parlamentaria, nombrada en el seno de unas Cortes constituyentes; posteriormente es aprobada por dichas Cortes y luego sometida a la aprobación del pueblo mediante referéndum.
El primer objetivo de una Constitución consiste en desterrar la violencia física como medio de acceso al poder del Estado; a este fin establece unos cauces legales que regulan las relaciones entre los distintos grupos políticos, los diversos modos de acceder al poder y las relaciones de los diferentes poderes entre sí y con la sociedad. Así, la mayor parte de las Constituciones se establecen de acuerdo con los tres principios siguientes: soberanía del pueblo, o lo que es lo mismo, sufragio universal; subordinación de las decisiones políticas a las leyes establecidas, es decir, aceptación de la Constitución; y declaración de los derechos fundamentales de las personas, o sea, establecimiento de los límites del poder gobernante y, al mismo tiempo, determinación de los objetivos que dicho poder debe tratar de conseguir.

sábado, 2 de junio de 2012

El Elemento

Estar en el Elemento significa que no me supone ningún pesar hacer lo que hago, porque me apasiona y tengo la confianza de que soy bueno en eso. Encontrar nuestro Elemento es un logro, porque tendremos más posibilidades de ser felices.
Y si no es mi trabajo lo que me permite estar en el Elemento, debo buscar tiempo, al menos dos horas semanales según Robinson, para practicarlo.
Como en otros libros anteriores, he ido tomando notas de diferentes pasajes que merecen la pena, pero no han sido muchos, ya que está escrito en un tono de autoayuda, muy al estilo americano de intercalar diferentes historias de personajes famosos. Sin embargo, aunque no sean muchos esos pasajes seleccionados, son verdaderamente brillantes.
Para acceder a la selección de estas ideas principales, pincha en el siguiente enlace:
El Elemento, selección

jueves, 31 de mayo de 2012

El Estado en la Historia

En sentido amplio, podemos decir que el Estado surgió en el momento en que determinados grupos humanos se unieron entre sí para defender su territorio y sus propiedades frente al acoso de sus vecinos que pugnaban por arrebatárselos. En un sentido más preciso, hallamos las primeras formaciones jurídicas organizadas en los imperios del Próximo Oriente: Asiria, Mesopotamia, Egipto, Persia.
Mas, en estos imperios, las estructuras políticas poseían un carácter personal y absoluto: el rey o jefe del Estado aparecía adornado, frecuentemente, con atributos y prerrogativas de carácter divino, gozaba de un poder total y en él se confundían los títulos de propiedad y jurisdicción o, expresado de otra manera, el Estado aparecía como propiedad suya y, en consecuencia, el resto de las personas eran consideradas como súbditos, es decir, como sometidos a la voluntad del rey y, por tanto, como carentes de derechos propios. En estos imperios, pues, el poder absoluto de los monarcas invadía todas las esferas de la vida y de la sociedad civil.

A - Grecia y Roma
Acrópolis griega
Las instituciones políticas comenzaron
 a surgir en la Grecia clásica
El surgimiento de los ideales políticos occidentales se inició en Grecia y en Roma. La organización política de la Grecia clásica fue la polis o ciudad-Estado. Esta institución, por una parte, fue concebida con cierto carácter totalitario, en tanto en cuanto se consideraba que el bien del individuo debía mantenerse subordinado al bien de la polis, pues se pensaba que el bien del todo (la polis) era preferible al bien de la parte (el individuo); pero, por otra, todos los ciudadanos libres se encontraban llamados a participar en las tareas de gobierno del Estado (democracia).
Por su parte, las estructuras políticas de Roma sufrieron notables variaciones. En sus comienzos, la cívitas poseía una forma análoga a la polis griega. Pero, debido a las continuas ampliaciones del territorio bajo su dominio, surgieron instituciones nuevas y la cívitas, la ciudad-Estado romana, gobernada democráticamente, fue sustituida por la República, en cuya organización se procuró mantener una estructura análoga, representativa de la voluntad popular; posteriormente, cayó el sistema republicano y, en su lugar, surgió el Imperio, gobernado por el emperador mediante un amplio número de delegados y funcionarios.
Pero, la creación romana más importante fue el Derecho y, de acuerdo con las instituciones jurídicas, en Roma asistimos a una cierta separación entre la esfera estatal y la esfera social o privada. La primera era regulada conforme a las instituciones del Derecho público (Derecho político), la segunda, mediante el Derecho civil.

El Derecho romano
Sin duda alguna, la creación más brillante y de mayor influencia histórica del pueblo romano fue el Derecho. La creación del Derecho tuvo lugar paulatinamente, en un largo período que va desde el siglo VII a.C. al siglo VI d.C., y en ella podemos distinguir tres fases:
a) La época primitiva que se prolongó hasta finales del siglo III a.C. caracterizada porque el Derecho se basa en las normas morales tradicionales.
b) El Derecho de gentes, que se extendió desde la fecha anterior hasta el siglo III d.C. En esta época tuvo lugar un amplio desarrollo de dicho Derecho mediante la jurisprudencia, los edictos de los pretores y las leyes de los emperadores.
c) El periodo bizantino, que llega hasta el siglo VI d.C. y cuya figura principal es el emperador Justiniano, bajo cuyos auspicios tuvo lugar la recopilación de leyes del Digesto.
El Derecho romano ha servido de modelo a casi la totalidad de la legislación de los pueblos occidentales.

B - Edad Media
En el siglo V los bárbaros penetraron en el Imperio Romano y éste se fragmentó en multitud de entidades políticas con una organización muy débil. Esta debilidad motivó el surgimiento de la sociedad feudal, en la que el Estado, como una entidad política, prácticamente se redujo a su mínima expresión y, en su lugar, surgieron un gran número de pequeñas entidades locales gobernadas por ciertos señores (duques, condes, marqueses, barones), nominalmente sometidos a la autoridad del rey, pero que en realidad ejercían, con frecuencia, un poder omnímodo en su territorio.
Mientras tanto, en la Europa occidental seguía añorándose la idea del Imperio y, a partir del siglo IX se intentó constituir una estructura política destinada a unificar todos los pueblos. Se trataba de resucitar el Imperio Romano, pero en ese momento de acuerdo con las instituciones y con las ideas cristianas (Sacro Imperio Romano) y con dos señores o gobernantes supremos, uno de carácter espiritual, el Papa, y otro de carácter temporal o político, el Emperador.
La aspiración de crear un Imperio cristiano gozó de alguna vigencia del siglo IX al XIII, pero en el siglo XIV esta idea entró en crisis debido a diversas causas, entre ellas el surgimiento del Principio de las nacionalidades, en virtud del cual cada nación aspiraba a tener su propio Estado soberano.

C - El surgimiento del Estado moderno
El surgimiento del Principio de las nacionalidades supuso el nacimiento del Estado moderno. Éste se configuró en un determinado territorio y se declaró soberano, totalmente independiente tanto de la autoridad del Papa como de la del Emperador.
Pero, al mismo tiempo, se fue afirmando también el poder de la organización estatal en el interior de sus fronteras y, paulatinamente, se fueron eliminando todos los poderes intermedios, la autonomía de las organizaciones gremiales y de los concejos municipales, las cortes tradicionales, etc. hasta convertirse en poder absoluto. Apareció, así, un Estado centralizado bajo la autoridad absoluta del rey, quien, con la ayuda de un ejército regular, controló todos los aspectos de la organización social.
Los teóricos más importantes de estas doctrinas fueron Guillermo de Occam y Maquiavelo, y su implantación política tuvo lugar con Luis XII de Francia, Enrique VIII de Inglaterra y Fernando Católico de España.

D - El nacimiento del Estado democrático
Plantación del árbol de la libertad, de Leseur
Los revolucionarios franceses de 1789, proclaman los principios
del gobierno democrático: libertad, igualdad y fraternidad.
El Estado absoluto llegó a su máximo esplendor en el siglo XVII, pero a partir de mediados del siglo XVIII comenzó su decadencia, debido, sobre todo, a las nuevas ideas surgidas en el ámbito de la Ilustración. Ésta fue un movimiento ideológico de carácter racionalista que ponía de relieve el derecho de los individuos (del pueblo) frente a los monarcas y la igualdad natural de los seres humanos frente al absolutismo y la rigidez de la sociedad estamental, o expresado en pocas palabras, con la Ilustración comenzaron a surgir las ideas democráticas modernas de libertad, igualdad y fraternidad.
Por otra parte, la Guerra de la Independencia Americana (1775) y la Revolución Francesa (1789) supusieron el triunfo político de las citadas ideas y su implantación en la comunidad social. Nació, así, el Estado democrático y liberal, que durante los siglos XIX y XX se impone en casi todo el mundo civilizado.
El estado democrático se caracteriza porque en él participan todos los ciudadanos y los grupos sociales; el poder del gobierno y los derechos de los gobernados se encuentran establecidos por las leyes positivas, instauradas por los gobernados (bien directamente, mediante referendums, bien indirectamente, a través de sus representantes). Se pretende, de este modo, poder el Estado al servicio de la sociedad. Se trata de defender los derechos y libertades fundamentales de los individuos frente al poder. Desde este punto de vista, el concepto de Estado de Derecho se opone al de Estado absoluto o dictatorial, pues, como afirmó el presidente americano Abraham Lincoln (1809-1865), es un intento de establecer "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".