Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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domingo, 15 de septiembre de 2013

Captar la realidad, leer el mundo

Entendemos el conocimiento como un proceso que consta de los siguientes pasos: captar la información que proviene del mundo o de nosotros mismos (el objeto de conocimiento), ordenarla conforme a algún criterio, dotarla de sentido y significado, e interpretarla a la luz de los conocimientos previos.

1. El dinamismo del conocimiento
El conocimiento es, por tanto, un proceso dinámico en constante evolución y siempre inacabado. Nunca terminamos de conocerlo todo, ni a nivel individual ni a nivel grupal o social. Siempre nos quedan cosas por conocer y, además, puesto que el conocimiento tiene una dimensión creativa y constructiva, cada persona lo elabora de una manera diferente. Hay aquí algunas ideas importantes:
- El conocimiento tiene una parte receptiva y descriptiva y otra parte constructiva y creadora. La primera se encarga de recoger información y la segunda de darle un sentido a esa información y buscar relaciones.
- Las posibilidades del conocimiento son infinitas, precisamente por tratarse de un proceso que siempre puede reformularse o cambiar. Aunque pudiéramos llegar a conocerlo todo, siempre podríamos interpretarlo de un modo nuevo.
- El conocimiento, tanto en la parte receptiva como en la constructiva, está influido por factores como la cultura, los aprendizajes previos, las expectativas e intereses del sujeto que conoce, etc. Por eso podemos decir que el conocimiento es relativo, porque, al depender de tantas cuestiones, es imposible que éste sea objetivo, es decir, que sea un conocimiento enteramente ajeno a la diversidad biológica, social y cultural del ser humano. Por eso, el problema del conocimiento ha llevado asociada siempre la pregunta acerca de la posibilidad de conocer la realidad tal cual es.

2. El conocimiento: ¿razón o experiencia?

Debido a que nuestros sentidos algunas veces nos engañan, decidí suponer que todas las cosas que alguna vez había entrado en mi espíritu no eran más ciertas que las ilusiones de mis sueños. Pero al punto me di cuenta de que, mientras yo quería de tal modo considerar que todo era falso, necesariamente yo, que lo pensaba, debía ser alguna cosa, y observando que esta verdad: "Pienso, luego existo", era tan firme y segura pensé que podía admitirla sin escrúpulo alguno como el primer principio de la filosofía que andaba buscando.
René Descartes (1637): Discurso del método (adaptado)

Supongamos que la mente es, como nosotros decimos, un papel en blanco, vacío de caracteres, sin ideas. ¿Cómo se llena? A esto respondo con una palabra: la experiencia. En ella está fundado todo nuestro conocimiento, y de ella deriva en último término.
John Locke (1690): Ensayo sobre el entendimiento humano (adaptado)

La discusión acerca de qué podemos conocer es una de las más relevantes en la historia de la filosofía. El debate sobre esta cuestión se ha centrado siempre en la distinción entre experiencia y razón: ¿qué es realmente conocer?, ¿recibir datos a través de la experiencia o construir pensamientos con la razón? Se trata de la polémica entre racionalismo y empirismo.

Racionalismo
- Confianza plena en la razón: es la única fuente de conocimiento cierto y seguro. Los sentidos son engañosos, por eso debemos trabajar con la razón, que es capaz de extraer de sí misma los principios fundamentales sobre la realidad.
- Existen ideas innatas en la mente. De ellas y sólo de ellas se obtiene conocimiento.
- El conocimiento versa sobre las ideas de la razón, no hay acceso fiable a las cosas reales.
Autores importantes: Descartes, Malebranche, Spinoza, Leibniz...

Empirismo
- Todo nuestro conocimiento deriva de la experiencia y no puede ir más allá de ella. La mente recibe los datos que nos proporcionan los sentidos y se limita a asociarlos y ordenarlos.
- Se niega la existencia de las ideas innatas, no a las cosas mismas. No hay posibilidad de acceder a éstas si no es a través de nuestros sentidos.
Autores importantes: Hume, Berkeley, Locke...

3. El giro copernicano de Kant
Kant (siglo XVIII) es uno de los autores que inaugura la llamada "filosofía de la conciencia", es decir, el conjunto de sistemas filosóficos que intentan resolver la oposición entre racionalismo y empirismo desde el estudio de la conciencia humana entendida como razón, considerando que ésta puede alcanzar el conocimiento por disponer de unos principios comunes a todos los seres humanos.
Suele decirse que Kant da lugar a un giro copernicano en el estudio del conocimiento humano porque supera el problema que dividía a empiristas y racionalistas al cambiar el modo de ver las cosas. Igual que Copérnico mira el universo desde el Sol inmóvil, y no desde la Tierra inmóvil como se creía hasta entonces, Kant mira el conocimiento humano desde la perspectiva del sujeto que conoce, no desde el objeto conocido.
A pesar de todo, Kant cae del lado racionalista por considerar que son las categorías del entendimiento humano, es decir, los esquemas organizativos del entendimiento, las que determinan el modo de conocer. Su teoría es idealista puesto que cree que la conciencia es la que permite el conocimiento. Y es trascendental, en el sentido de que estudia las condiciones que hacen posible el conocimiento, suponiendo que éste es universal y necesario, que tiene características iguales para todos los seres humanos y que no puede ser de otro modo.

4. La fenomenología de Husserl
También desde una perspectiva idealista, Husserl (siglo XX) habla de la conciencia. La característica esencial de la conciencia es la intencionalidad, dado que la conciencia siempre se refiere a algo: toda conciencia es conciencia de algo. Desde ahí, considera que describir la conciencia es describir la realidad. Por eso, a pesar de poner el acento en la razón, como Kant, Husserl  destaca también la importancia de la experiencia.
Husserl piensa, al igual que Descartes, que el filósofo debe dudar de todo y no puede fiarse de sus sentidos. Por ese motivo, debe abandonar la "actitud natural", la de la vida ordinaria, y adoptar una "actitud fenomenológica" en la que intente dejar de lado los conocimientos previos para quedarse sólo con la conciencia y sus vivencias, que tienen un carácter intencional. La fenomenología consiste en la descripción de los fenómenos, lo que se nos aparece en tanto que se aparece, sin introducir teorías o conceptos.

5. ¿Qué es conocer? Razón y experiencia
El conocimiento, por tanto, se basa en la experiencia en tanto que captación de la realidad, pero es también razón, porque construye y modifica la realidad que percibe. Por eso podemos decir, utilizando una metáfora, que conocer es "leer el mundo". El conocimiento humano es, por tanto, una lectura de lo que está escrito pero tamizado por el lector.

domingo, 8 de septiembre de 2013

El acceso del hombre a sí mismo: la conciencia

El ser humano puede mirarse a sí mismo y conocer su propia realidad. Pero, ¿cómo podemos realizar este complicado ejercicio en el que el ser humano que conoce (el sujeto) se convierte al mismo tiempo en el objeto de su conocimiento?


 La complejidad de la conciencia requiere un estudio
 interdisciplinar en el que se analicen los mecanismos de
 conexión de los procesos mentales y los correlatos cerebrales. 
1. La experiencia consciente

El problema de la conciencia está instalado de un modo inestable en la frontera ente la ciencia y la filosofía. Podría ser un problema científico que requiere métodos filosóficos de comprensión antes de que podamos despegar.
Cuando percibimos, pensamos y actuamos, existe un ruido de fondo de causalidad y procesamiento de la información, pero este procesamiento por lo general no ocurre en la oscuridad. Existe también un aspecto interno; hay algo que se siente como ser un agente cognitivo. Este aspecto interno es la experiencia consciente. Las experiencias conscientes van desde las vividas sensaciones de colores hasta las experiencias de los más tenues aromas en el ambiente; desde la especificidad del sabor de la menta a la generalidad de la propia existencia de uno mismo.
CHALMERS, David (1996): La mente consciente (adaptado)

2. La introspección
La instrospección es el proceso de "mirada interior" por medio del cual el sujeto puede inspeccionar sus propios actos psíquicos, es decir, lo que ocurre en su mente. Una buena parte de la tarea que han desarrollado los filósofos cuando han pensado sobre el ser humano se considera, en sentido amplio, instrospección. Sin embargo, de manera más estricta, la instrospección corresponde a una corriente psicológica (el psicoanálisis) que considera que éste es el único método posible para acceder a la psique del ser humano. Frente a esta corriente se encuentran los psicólogos conductistas, que afirman que sólo podemos ver las conductas externas de las personas, pero nunca los elementos psíquicos internos. La introspección, según ellos, es un método imposible porque el sujeto no puede observar el fenómeno psíquico de su propio pensamiento.

3. La conciencia
Al intentar conocernos a nosotros mismos nos damos cuenta de que estamos "siendo conscientes" de nuestra existencia, de nuestros pensamientos, etc. ¿Qué significa ser consciente? Podemos responder a esta pregunta desde varias perspectivas:
  • Ser conscientes significa estar consciente, es decir, despierto y capaz de recibir estímulos. Por ejemplo, cuando estamos dormidos no estamos conscientes. Éste es un nivel primario de conciencia, que compartimos con otros seres vivos.
  • Ser consciente significa también "darse cuenta" de algo, es decir, tomar conciencia, recoger datos que permiten después elaborarlos y dotarlos de sentido. Por ejemplo, podemos estar despiertos pero no atentos, con lo que se nos pasarán por alto muchas cosas.
  • Ser consciente tiene también un sentido más importante para la reflexión filosófica: significa tener conciencia, en el sentido de poder reflexionar sobre los propios actos, establecer una pauta de acción conforme a un plan y prever las consecuencia derivadas de ella. A este sentido es al que nos referimos cuando hablamos de la "conciencia moral" y tiene que ver con la idea de responsabilidad. Por ejemplo, decimos que alguien "es un inconsciente" cuando hace algo que puede tener graves consecuencias y no se ha parado a pensarlas.
4. El problema filosófico de la conciencia
La conciencia es un tema que suscita muchos problemas filosóficos, por eso es una cuestión que ha sido ampliamente estudiada a lo largo de la historia. Actualmente la filosofía de la mente, en conexión con la psicología y con las neurociencias, trata de encontrar algunas respuestas a interrogantes no resueltos. Por ejemplo: la conciencia, ¿es la suma de los procesos cerebrales o es algo distinto de ellos? Si está en el cerebro, ¿por qué no podemos encontrarla? Y si no es reducible a la actividad del cerebro, ¿dónde está?
El problema de la conciencia también hace referencia a la identidad del individuo. En muchos casos nos identificamos con nuestra conciencia o, dicho de otro modo, afirmamos que "yo" soy mi conciencia. De este modo, estamos entendiendo la conciencia como el conjunto de nuestros pensamientos, emociones, intereses, etc. Esto nos lleva a una importante pregunta: ¿quién soy "yo"?, ¿quién es el sujeto consciente?

5. El descubrimiento del inconsciente
Sigmund Freud (1856-1939) es uno de los autores más importantes de la psicología moderna. Médico e investigador, trabajó en el tema de la histeria pero se orientó hacia el estudio de los sueños y la psicoterapia basándose en la conversación con el paciente (sin utilizar la hipnosis, que era un método habitual en su época).
Uno de los puntos clave de la aportación de Freud es el descubrimiento del inconsciente, que será básico para su nuevo método: el psicoanálisis. El inconsciente es el plano no consciente de nuestro aparato psíquico. En él se encuentran contenidos que resultan imposibles o difíciles de explorar para el sujeto consciente.


El psicoanálisis de Freud considera que la mayor parte
del psiquismo humano está oculto en el inconsciente
y que sólo tenemos conciencia de una parte mínima.
En este sentido, podemos compararlo con un iceberg.
Al hablar del inconsciente, Freud pone en cuestión el "control" que nuestra conciencia ejerce sobre nuestro yo. Con ello pone en duda la relevancia que se le otorga habitualmente a la conciencia y nos hace pensar en la existencia de fuerzas internas, casi indescifrables, que influyen en nuestra conducta y en nuestros pensamientos. Esto es importante porque revela la complejidad de nuestro psiquismo y, sobre todo, porque coloca al ser humano en una situación de dependencia de factores internos, que escapan a su conocimiento y a su decisión.
Los fenómenos psíquicos, según Freud, pueden dividirse en:
  • Fenómenos conscientes: los que están actualmente en la conciencia.
  • Fenómenos preconscientes: fácilmente recuperables por la conciencia.
  • Fenómenos inconscientes: están mucho más ocultos y no podemos ser conscientes de ellos con facilidad.
Con el psicoanálisis se pretende "sacar a la luz" lo oculto en el inconsciente. Éste se manifiesta a través de síntomas que parecen inconexos y sin sentido, a través de los sueños y de los actos fallidos, es decir, de las equivocaciones o lapsus que aparentemente no tienen intención.
Posteriormente, hablando de la personalidad, Freud plantea la teoría de que el psiquismo humano está dividido en tres instancias: el ello, el yo y el superyó. El ello es el elemento más instintivo, más pulsional, que sólo tiende a la satisfacción de sus deseos. El yo es el controlador del ello, que se basa en el principio de la realidad y que, por eso, puede controlar el deseo desenfrenado conforme a pautas de actuación. Finalmente, el superyó es una instancia que da normas y propone un ideal a lograr (que ha sido aprendido y construido). La articulación de las tres, con niveles conscientes e inconscientes, explicaría la personalidad de los individuos.

jueves, 29 de agosto de 2013

La experiencia sensible

El ser humano conoce con todo su ser: con su cuerpo, con su imaginación, con sus sentimientos... Todas las dimensiones de la vida del hombre están implicadas en su capacidad de conocer. El conocimiento está enlazado con la acción, dado que no es meramente un suceso estático de captación de datos, sino un proceso dinámico de interacción con el mundo. Es decir, el aprendizaje, la cultura, la capacidad de los sentidos o las motivaciones que tiene una persona condicionan lo que conoce y, a su vez, todo lo que conoce influye en lo que hace, en lo que piensa y en las decisiones que toma.
Sin embargo, hay un nivel primario y básico del conocimiento: el del acceso a la realidad o experiencia sensible, analizada fundamentalmente por la psicología a la luz de los datos neurológicos. El punto de partida de todo conocimiento es la toma de contacto en la que intervienen las capacidades sensoriales, interpretadoras e intencionales del ser humano.


Alegoría de la vista, de Brueghel el Viejo, con la colaboración de Rubens (1618)
Museo del Prado de Madrid
1. Sensación y percepción
La sensación consiste en detectar algo a través de los sentidos (vista, oído, tacto, olfato, gusto y también receptores de sensaciones internas: movimiento, equilibrio, malestar, etc.) sin que aún haya sido elaborado, sin que tenga significado todavía. Es la mera captación de un estímulo.
La percepción es el procesamiento de ese dato sensible para darle un sentido. Es el reconocimiento de un objeto concreto, que podemos entender e interpretar. Por eso es un proceso constructivo de organización.
La relación entre las sensaciones y las percepciones ha sido estudiada desde dos teorías fundamentales:

  • Las teorías asociacionistas consideran que la percepción no es más que un conjunto de sensaciones y un elemento de asociación entre ellas aportado por el sujeto. Por tanto, es una síntesis entre unas sensaciones dadas y un contenido asociado a ellas gracias a la experiencia adquirida previamente por el individuo que conoce.
  • Arcimboldo: Otoño (1573), Museo del Louvre
    La percepción no es el resultado de la suma de las
    sensaciones.
  • La teoría de la Gestalt o teoría de la forma afirma que la percepción no es una suma de sensaciones, sino que percibimos "de golpe", inmediatamente, totalidades u objetos completos. Por tanto, conocemos conjuntos organizados; posteriormente, gracias a un proceso de abstracción, podemos distinguir y separar las distintas sensaciones que lo componen. Su afirmación fundamental es que el todo es anterior a las partes y superior a la suma de las partes.
2. Los umbrales de las sensaciones
No podemos tener sensación de todo, es decir, la capacidad humana de recibir estímulos es limitada. Hay cosas que no podemos ver, como la luz infrarroja, o que no podemos oír, como los ultrasonidos. En nuestra sensación existen umbrales: hay un umbral absoluto, que se refiere, por un lado, a la cantidad mínima de un estímulo que necesitamos para darnos cuenta de algo (umbral inferior) y, por otro. a la cantidad máxima de estímulo que podemos recibir (es decir, el límite superior por encima del cual no podemos tener más sensaciones); y hay un umbral diferencial, que es la diferencia de intensidad del estímulo necesaria para notar un incremento o una disminución ante un estímulo previo.

3. Las leyes de la percepción y las ilusiones ópticas
La existencia de límites en nuestra percepción viene dada por diversos factores: fundamentalmente por las capacidades de nuestros sentidos, los aprendizajes previos y determinados fenómenos como las constancias perceptivas, es decir, las tendencias de las percepciones a permanecer constantes a pesar de que se produzcan cambios. Por ejemplo, la constancia del tamaño es la que nos permite saber que dos personas son de tamaño semejante a pesar de que la perspectiva nos haga ver a una más grande (la que está más cerca) y a otra más pequeña (la que está más lejos).

Leyes de la percepción: establecidas por los psicólogos de la Gestalt, estas leyes muestran las reglas de organización de los datos que percibimos.

Ley de proximidad: tendemos a agrupar los estímulos (elementos) que están más cerca.
Ley de semejanza: agrupamos los elementos que son parecidos.
Ley de cierre: tendemos a "cerrar" las líneas de figuras que reconocemos como familiares.
Ley de figura-fondo: percibimos la figura y el fondo dependiendo de qué es lo que pasa a primer plano.

Ilusiones ópticas: las experiencias sensoriales pueden ser engañosas. A veces creemos ver algo, cuando realmente se trata de otra cosa.

Ilusión de Müller-Lyer
Ilusión de Ehrenstein
Ilusión de Zollner
Ilusión de Hering
Ilusión de Jastrow
Cubo de Necker

domingo, 25 de agosto de 2013

¿Qué es el conocimiento?

El conocimiento es algo sorprendente en sí mismo. El ser humano es capaz de conocer su propio conocimiento y de pensar qué está pensando. Esta posibilidad, unida a un interés por saber acerca del mundo que le rodea y acerca de sí mismo, le dota de una especial manera de estar en el universo: está conociendo, preguntando, deseando saber. La filosofía supone una actitud de curiosidad, de sorpresa y pregunta ante la realidad. Por eso, la filosofía es el conocimiento por excelencia. En la Grecia clásica, en donde surgió la filosofía occidental, el "amor a la sabiduría" (la filosofía) englobaba todas las disciplinas del saber: la psicología, la antropología, la matemática, la astronomía, etc. Por este motivo, puede decirse que la filosofía "es" el conocimiento y, además, la pregunta por la misma posibilidad de conocer; es, por tanto, el conocimiento del conocimiento.

1. Conocer: qué y cómo
A la hora de estudiar el conocimiento humano, debemos tener en cuenta cuáles son los diversos modos de conocer y en qué consiste el conocimiento mismo. Se trata, por tanto, de dos dimensiones distintas: lo que podemos conocer, es decir, el objeto de conocimiento (¿qué conocemos?) y la propia capacidad de conocer, el sujeto que conoce (¿cómo conocemos?).
La diversificación de los saberes ha hecho que cada uno de ellos se especialice en una parte concreta del conocimiento humano. Así, entre las disciplinas que estudian cómo conocemos nos encontramos con:
  • La neurobiología, que estudia el funcionamiento del cerebro, órgano del conocimiento por excelencia.
  • La psicología, que estudia los procesos cognitivos y su relación con el psiquismo.
  • La filosofía, que se pregunta en qué consiste el conocimiento, qué es conocer. Dentro de la filosofía está la epistemología, dedicada especialmente al problema del conocimiento, cuya tarea es preguntarse sobre su posibilidad y validez. Y también la metafísica, que se pregunta por la realidad que conocemos, por el significado, límites y alcance último del conocimiento.
Aquí analizaremos la pregunta ¿cómo conocemos?, es decir, nos referiremos al sujeto que conoce. Desde una perspectiva antropológica, tras saber quién y cómo es el ser humano biocultural, queremos saber ahora cómo tiene experiencia y cómo reflexiona sobre sí mismo y sobre el mundo que le rodea.

2. La filosofía como conocimiento del conocimiento
La filosofía estudia el conocimiento humano y el acto de reflexión (re-flexión: volver a doblarse sobre sí), es decir, la posibilidad de pensar que estoy pensando. A lo largo de la historia se han propuesto numerosas teorías que intentan explicar este fenómeno. Esta tarea es fundamental porque no podemos realizar nuestra vida sin preguntarnos por la realidad y por nosotros mismos para "saber a qué atenernos". Para "hacernos cargo" de nuestra situación tenemos que conocer; por tanto, no es una cuestión de mera curiosidad, en ello "nos va la vida". Por eso la filosofía no es un añadido superficial que adorna nuestro pensamiento, sino la pregunta más radical sobre la existencia humana.

3. Platón: el conocimiento de las ideas
Platón considera que a través de los sentidos no podemos llegar a alcanzar un verdadero conocimiento. Éstos sólo nos permiten acceder a la "apariencia" de las cosas, pero no a su realidad, es decir, a las ideas, que no pueden ser percibidas. Las ideas son el modelo al cual imitan todas las imágenes que nosotros vemos. Por ejemplo, no podemos ver la idea de belleza, pero sí percibimos cosas bellas a nuestro alrededor. De las cosas que vemos sólo podemos tener creencias, pero el verdadero conocimiento sólo se obtiene si es referido a las ideas.

La alegoría de la caverna
Imagina una especie de caverna vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia delante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en lo alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
Ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materiales; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.

El mito de la caverna de Platón
- ¡Qué extraña escena describes -dijo-, y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros -dije-, porque, en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
Entonces no hay duda de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
Examina pues qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándose a contestar sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
Platón, La República (adaptado)

lunes, 19 de agosto de 2013

La capacidad humana de conocer

El ser humano es capaz de conocer la
realidad en su conjunto a partir de los
elementos que la configuran.
El ser humano tiene una capacidad distintiva del resto de los seres vivos: conocer. No solo se desarrolla en su mundo sino que es capaz de conocerlo y también de preguntarse por él, incluso puede conocerse a sí mismo. Este conocimiento procede tanto de unos condicionamientos biológicos como de unos desarrollos culturales.
Conocer es preguntarse por el mundo y por uno mismo, es abrir nuestros sentidos al mundo y tomar contacto con la realidad. Recoger información y procesarla de una cierta manera. Asombrarse ante lo que nos rodea e intentar comprenderlo. Plantear preguntas y buscar soluciones. Nunca dejar de pensar, nunca darse por satisfechos. Por eso es importante conocer el mismo conocimiento, es decir, hacer la reflexión y el análisis desde la descripción de las capacidades humanas hasta las implicaciones últimas que ello conlleva, y comenzar por saber qué podemos conocer y cuáles son los determinantes y condicionantes de nuestro conocimiento, para establecer el modo propio del conocimiento humano y su desarrollo a lo largo del tiempo: la historia. Todo ello, además, irá dando más información para completar ese rompecabezas que es el ser humano.
Los productos del conocimiento son también objeto de análisis: la propia filosofía, como reflexión sobre el conocer y como actitud básica de pregunta ante la realidad, y la ciencia, modo privilegiado de conocimiento que nos permite modificar, transformar y adaptar el mundo para dominarlo. Para esto es fundamental el lenguaje, auténtico vehículo para el pensamiento, pero también producto del conocimiento y determinante del mismo. A través de él buscamos la verdad y nos buscamos a nosotros mismos.

Pero contar las briznas de hierba es inútil, nunca se llegará a saber cuántas son. El césped no tiene límites netos, hay una orilla donde la hierba deja de crecer, pero todavía brota alguna brizna dispersa aquí y allá, después una espesa mota verde, después una franja más rala: ¿forman todavía parte del césped o no?
El césped es un conjunto de hierbas -así se plantea el problema-. que comprende un subconjunto de hierbas cultivadas y un subconjunto de hierbas espontáneas llamadas cizañas; la intersección de los dos subconjuntos está constituida por hierbas nacidas espontáneamente, pero pertenecientes a las especies cultivadas y por tanto indiferenciables de éstas.
Palomar sigue ahora otro curso de pensamientos: ¿es "el césped" lo que vemos o menos una brizna más una brizna...? Lo que llamamos "ver el césped" es solo un efecto de nuestros sentidos aproximativos y bastos; un conjunto sólo existe en tanto está formado por elementos distintos. No es el caso de contarlos, el número no importa; lo que importa es aprehender de un vistazo las plantitas individuales una por una, en su particularidad y en sus diferencias. Y no solamente verlas: pensarlas. En vez de pensar "césped", pensar aquel pecíolo con dos hojas de trébol, aquella hoja lanceolada un poco corva, aquel corimbo tenue...
Palomar se ha distraído, ya no arranca las malas hierbas, ya no piensa en el césped; piensa en el universo. Está tratando de aplicar al universo todo lo que ha pensado del césped. El universo como cosmos regular y ordenado o como proliferación caótica. El universo tal vez finito pero innumerable, inestable en sus confines, que abre dentro de sí otros universos. El universo, conjunto de cuerpos celestes, nebulosas, polvillo, campos de fuerzas, intersecciones de campos, conjuntos de conjuntos...
I. Calvino, Palomar (adaptado)