Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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sábado, 15 de julio de 2017

La personalidad

A lo largo de la vida construimos una identidad personal propia y todo aquello que da sentido a la tónica general de nuestro comportamiento es nuestra personalidad.
La personalidad es el conjunto de características que determinan la forma de ser y actuar de una persona. Los rasgos de nuestra personalidad vienen influidos por una red de sentimientos, emociones, afectos, deseos, etc., así como por la inteligencia y la memoria.

1. Los sentimientos
Los sentimientos son el conjunto de emociones, sensaciones y afectos que se originan en nosotros cuando nos relacionamos con las cosas y con otras personas que nos rodean.
Los sentimientos afectan a nuestro estado de ánimo, influyen en nuestro comportamiento y nos producen sensaciones de placer o de dolor. Son herramientas muy útiles para la relación personal (emocional y afectiva) con personas, animales y cosas, y con uno mismo (pensamientos, deseos, ilusiones, fantasias, sueños, etc.).

2. La inteligencia
La inteligencia es la capacidad de dirigir nuestro comportamiento para enfrentarnos con éxito a situaciones nuevas y relacionarnos con el entorno.
Sin embargo, la inteligencia no sólo maneja conocimientos. De hecho, aprender a reconocer y utilizar los sentimientos y las emociones es muy importante para afrontar las situaciones y problemas de nuestra vida.
La llamada inteligencia emocional es la capacidad para tratar con nuestros estados de ánimo, sentimientos y emociones y relacionarnos de manera positiva y efectiva con las cosas y con los demás.
La inteligencia es fundamental a la hora de utilizar todo nuestro conocimiento, información y capacidad afectiva para elaborar las estrategias necesarias que guíen nuestro comportamiento.
Puesto que no vivimos solos sino en sociedad, además de la inteligencia individual, que es la propia de cada persona, podemos distinguir una inteligencia social, que es la capacidad que tiene una colectividad o una sociedad en su conjunto para dirigir su comportamiento ante los retos que aporta el futuro y organizarse de una forma más justa.

Pérdida de control sobre las emociones
A diario, los periódicos nos acosan con noticias que hablan del aumento de la inseguridad y de la degradación de la vida ciudadana, fruto de la irrupción descontrolada de los impulsos. Pero este tipo de noticias simplemente nos devuelve la imagen ampliada de la pérdida de control sobre las emociones que tiene lugar en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean.
Daniel Goleman, Inteligencia emocional

Las inteligencias múltiples
Es una equivocación describir a las personas como poseedoras de una única y cuantificable inteligencia, pues el ser humano tiene, por lo menos, ocho inteligencias diferentes, cada una desarrollada de modo y a un nivel particular.
Ellas son la Inteligencia Musical, Corporal-cinestésica, Lingüística, Lógico-matemática, Espacial, Interpersonal, Intrapersonal y Naturalista.
Pero los programas de enseñanza sólo se basan en las inteligencias lingüística y matemática, dando una mínima importancia a las otras.
Es por ello que para lograr el objetivo de transformar la escuela tradicional en una de Inteligencias Múltiples, tenemos que partir desde un trabajo en equipo en el que intervengan la escuela (docentes) y el hogar (los padres).
Howard Gardner, Las inteligencias múltiples en el siglo XXI (adaptado)

3. La memoria
La memoria es muy importante para nuestra identidad personal, pues nos permite tener una idea de nosotros mismos a lo largo del tiempo. Somos memoria y sin ella sería imposible desarrollar la propia personalidad. La memoria nos permite conectar nuestras experiencias pasadas, presentes y futuras como pertenecientes a un mismo sujeto -el yo-. Gracias a ella podemos evaluar nuestra propia vida, rectificar los errores y encaminarnos hacia el futuro. 

4. Trastornos de la personalidad
La mayoría de las personas con trastornos psicológicos tienen dificultades cuyo origen está, al menos en parte, en ciertas características de su personalidad. La forma que tenemos de vernos a nosotros mismos, al mundo y a los demás puede estar produciéndonos problemas y sufrimiento.
Las personas deprimidas, por ejemplo, se ven como individuos sin valor a los que nadie quiere; interpretan comportamientos neutros como si fueran de rechazo o desprecio; y suelen dar gran énfasis a los acontecimientos negativos y casi excluyen los positivos.
Los trastornos de la personalidad son exageraciones de formas de ser normales. La persona altruista, por ejemplo, puede convertirse en mártir y derrotista si su entrega a los demás se hace demasiado exagerada. Las personas muy seguras de si mismas, con gran confianza y autoestima alta pueden acabar siendo unos narcisistas si estos rasgos se exageran hasta desvincularse de la realidad. La persona vigilante y suspicaz a quien no se le escapa detalle alguno y a quien nadie logra engañar, puede transformarse en un paranoico, etc.  

jueves, 13 de julio de 2017

La condición humana

1. La persona y la condición humana
Todos los seres humanos, por el hecho de serlo, compartimos un conjunto de características que nos definen como grupo y nos diferencian de otras especies animales. Además, todos los sere humanos llevamos implícita la condición de ser persona. Luego, a lo largo de la vida, desarrollamos esta condición, lo que supone un incremento de la capacidad de orientar la propia vida y de ejercer la capacidad de elegir.
El ser humano es un ser social que necesita de la relación con otras personas para desarrollarse. Por tanto, todo desarrollo personal exige la existencia de un espacio compartido en el que el ser humano se relacione con otros humanos e intercambie cosas, pero también ideas, pensamientos, sentimientos, estados de ánimo, etc.

2. La identidad personal
Todos somos iguales en tanto que pertenecemos a la especie humana. Sin embargo, cada persona es diferente y única y posee su identidad personal.
La identidad personal es la conciencia de uno mismo como entidad separada del mundo exterior. Ésta se construye a lo largo del tiempo acompañando a nuestro proceso madurativo, aunque es en la adolescencia cuando se orientan las bases que se consolidarán en la edad adulta.


 En nuestra identidad personal advertimos tres dimensiones:
  • La dimensión física se refiere a la altura, el peso, los rasgos faciales, etc., que nos caracterizan. En gran parte depende de nuestra herencia genética.
  • La dimensión emotiva o afectiva es la personalidad o el carácter, que determina cómo nos comportamos ante las situaciones y los demás, lo que creemos, pensamos, etc. El carácter depende de nosotros, podemos formarlo y modificarlo.
  • La dimensión moral incluye los criterios o valores morales que utilizamos como guía de nuestro comportamiento. Depende de nosotros, la desarrollamos y podemos modificarla.
3. Los interrogantes del ser humano
A lo largo de la vida, las personas construyen su personalidad, forman su manera de ser y adquieren una serie de valores. Ello es posible mediante el desarrollo de sus capacidades físicas, intelectuales y afectivas.
Además, el ser humano está abierto a la trascendencia y se plantea y busca respuesta a numerosos interrogantes en torno a su existencia:
  • Interrogantes relativos a la condición humana: son aquellos que intentan dar una respuesta ante los grandes enigmas de la vida, como la naturaleza del hombre, el sentido de la existencia o problemas como el sufrimiento o la muerte.
  • Interrogantes morales: son aquellos que intentan responder a preguntas como ¿qué debo hacer?, ¿qué valores deben guiar mi comportamiento y mi relación con los demás?, etc.
  • Interrogantes técnicos y culturales: son aquellos que permiten responder a los retos, aspiraciones y dificultades de la vida cotidiana en nuestras sociedades.  
Las grandes preguntas
¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué debemos hacer? Todas las culturas, en algún momento a lo largo de la historia, se han hecho estas preguntas.
EDGAR MORIN

¿Quién soy yo? A esta pregunta puedo responder con mi nombre, con mi número de carné de identidad, con datos sobre mi nacimiento, idealmente, con mi biografía entera. Más corta y sencilla es la respuesta a otra pregunta: ¿Quién soy yo? Yo soy un ser humano. Pero, ¿qué es un ser humano? Un miembro de la especie Homo sapiens. ¿Qué tienen en común los miembros de la especie Homo sapiens? La naturaleza humana. ¿Y qué es la naturaleza humana?
JESÚS MOSTERIN

Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos engañáis, ¿no buscamos venganza? Si somos como vosotros en todo lo demás, seremos iguales en eso. Si un judío engaña a un cristiano, ¿en qué consiste su humildad? En venganza. Si un cristiano engaña a un judío, ¿cómo lleva su sufrimiento siguiento el ejemplo cristiano? Pues bien, ¡venganza!
William Shakespeare, El mercader de Venecia

lunes, 10 de julio de 2017

El hombre y la vida

Solemos asociar la deshumanización con las pavorosas fotografías de los prisioneros de los campos de concentración: humillados al limitarse sus acciones al nivel más básico de la primitiva supervivencia, al impedirles practicar los símbolos culturales (tanto corporales como sociales) de la dignidad humana, al privarles incluso de cualquier parecido con lo humano. Como expresa Peter Marsh, "De pie, al lado de la valla de Auschwitz, mirando esos esqueletos demacrados con la piel arrugada y los ojos hundidos, ¿quién creería que se trata en verdad de personas?".
Zygmunt Bauman, Modernidad y Holocausto


1. ¿Qué es el hombre?
Resulta difícil definir una realidad tan compleja como el hombre. Ésta puede ser analizada desde dos puntos de vista:
  • Biológicamente, es un animal más de la naturaleza, una especie que ha evolucionado y se ha extendido por toda la Tierra.
  • Culturalmente, es un ser social que se ha reunido en grupos con una organización altamente compleja de convivencia llamada sociedad.
No somos más que peregrinos que van por caminos distintos, que se dirigen con esfuerzo al encuentro de los unos con los otros.
Antoine de Saint-Éxupéry, Carta a un rehén

2. El animal y el hombre
El animal y el ser humano comparten una serie de características, pero a la vez mantienen unas diferencias que hacen de este último una especie única. La variación entre el genoma del ser humano y el del chimpancé, nuestro pariente más cercano, es sólo de un 1%. Sin embargo, esta variación hace que el cerebro humano posea una estructura única que da lugar a dos diferencias fundamentales:
  • El ser humano es capaz de crear y transmitir cultura a través del lenguaje. La cultura es el conjunto de conocimientos, costumbres, creencias, arte, derecho, moral, etc., propios de una sociedad.
  • El ser humano tiene conciencia de la realidad de vivir. Esto le permite ser capaz de anticipar lo va a hacer con su vida, tener proyectos y pensar en cómo ponerlos en marcha.
3. La capacidad humana de decidir
Puesto que el hombre tiene conciencia de su vida, puede orientarla y decidir sobre su futuro. Así, elabora proyectos y planea cómo llevarlos a cabo. Sin embargo, muchas personas se sienten desorientadas, no saben lo que quieren y piensan que su vida no tiene sentido. Por ello, los psicólogos dicen que una de las claves de la felicidad es ser capaces de elaborar proyectos e irlos cumpliendo. En la medida en que logremos culminar un proyecto empezaremos a pensar en el siguiente.
En la realización de todo proyecto es preciso tomar decisiones, por eso éstas desempeñan un papel esencial en nuestras vidas. A la vez que nos desarrollamos como personas, progresamos en la capacidad de ser coherentes a la hora de tomar decisiones importantes.

El hombre es un animal peculiar
El hombre, tal como la ciencia consigue hoy reconstruirlo, es un animal como los demás, tan poco diferenciable, por su anatomía, de los antropoides, que las modernas clasificaciones de la zoología la incluyen en la misma superfamilia de los homínidos. Ahora bien: a juzgar por los resultados biológicos de su aparición, ¿no es justamente algo muy diferente?
Teilhard de Chardin, El fenómeno humano

El hombre es un ser social
Al relacionarnos con los demás, los seres humanos nos "socializamos", es decir, aprendemos a vivir como uno más dentro de él, al tiempo que asimilamos una cultura. Así, nuestro estilo de vida, nuestra forma de pensar, nuestras creencias, etc., pueden explicarse en buena medida por la sociedad y el grupo social al que pertenecemos.
C. Carrasco, Ciencias Sociales

Ningún hombre es un extraño
Soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo muere-, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano.
Porque hay otra cosa, que llaman también hombre, y es el sujeto de no pocas divagaciones más o menos científicas. Y es el hombre político de Aristóteles, el contratante social de Rousseau, el homo economicus de los manchesterianos, el homo sapiens de Linneo o, si se quiere, el mamífero vertical. Un hombre que no es de aquí ni de allí ni de esta época o de la otra, que no tiene ni sexo ni patria, una idea, en fin. Es decir, un no hombre.
Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida (adaptado)

Un bastón para caminar
La palabra "imbécil" viene del latín baculus y significa bastón. Así, el imbécil es el que necesita bastón para caminar.
Hay imbéciles de varios modelos, a elegir:
- El que cree que no quiere nada y dice que todo le da igual.
- El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario.
- El que no sabe lo que quiere y ni se molesta en averiguarlo.
- El que sabe qué quiere y por qué lo quiere pero lo quiere flojito, con miedo y con poca fuerza.
- El que quiere con fuerza y ferocidad, en plan bárbaro.
Fernando Savater, Ética para Amador (adaptado)

domingo, 9 de julio de 2017

Ricoeur: La creatividad como motor de la vida y de la filosofía

Paul Ricoeur es uno de los filósofos del siglo XX más significativos. Más allá de sus aportaciones filosóficas concretas, su obra se hace eco de los problemas e inquietudes que más han preocupado al ser humano de nuestro tiempo y a la vez es una gran caja de resonancia de lo mejor de la filosofía más actual. Su filosofía es un intento de dar cuenta de las posibilidades de la libertad humana, tanto en los textos como en la acción. El gran tema que vertebra su pensamiento, y que ha sido objeto de una búsqueda constante, es la cuestión de la creatividad. ¿Cómo es posible la creatividad? ¿Cuáles son las condiciones que hacen del ser humano un creador? ¿Cómo entender una realidad que permite la innovación y la libertad?

Paul Ricoeur 1913-2005
1. Conflicto de interpretaciones
En la filosofía de Paul Ricoeur se dan cita fidelidades opuestas y tradiciones diversas. En primer lugar, la filosofía reflexiva, cuyo origen se remonta a Descartes, con su preocupación por el tema de la conciencia y la identidad personal; en segundo lugar, la fenomenología y su interés por el análisis riguroso de la experiencia; finalmente, la transformación hermenéutica de esta última y su interés por el lenguaje y la historia. Pero junto a esta triple tradición en la que se inserta, se interesará por cuestiones religiosas, políticas, sociales, así como por las ciencias humanas. Uno de sus grandes méritos es haber logrado una síntesis de esta pluralidad de visiones de lo humano, muchas veces antagónicas. De ahí que hable de "conflicto de interpretaciones". Pero su actitud ante el conflicto no es ni la violencia, ni el reduccionismo, sino la mediación. El diálogo es la virtud esencial de este filósofo y por eso su filosofía es un constante "estar en la escucha" de aquello que pueda enriquecer nuestra visión de lo humano, venga de donde venga.

2. Acción y lenguaje
Sus primeras obras fueron un intento por comprender la acción humana y sobre todo cómo era posible la libertad. Muy pronto se dio cuenta de que el análisis directo era difícil y que podía ser más enriquecedor echar mano de las formas expresivas con que el ser humano comunica su poder hacer o sus imposibilidades. Por eso su descripción de la acción se transformó en una hermenéutica o interpretación de los lenguajes que expresaban este hacer.
De entre estos lenguajes son especialmente valiosos los de carácter simbólico, pues en ellos se refleja con mayor profundidad la condición humana. Y del símbolo pasó a estudiar otros lenguajes en los que el ser humano mostraba su capacidad expresiva y proyectiva, como son los lenguajes poéticos. En concreto, el estudio de la metáfora le dará la clave para entender la imaginación humana. Su obra posterior se verá marcada por un giro hacia lo práctico, curiosamente de donde había partido, pues del interés por la libertad de la imaginación (y no otra cosa es el lenguaje poético) pasará a interesarse por la imaginación de la libertad (es decir, la ética y la política).

3. Experiencia y mundos posibles
El mundo humano siempre es un mundo interpretado, por eso es tan importante la tarea hermenéutica.
Su filosofía querrá mostrarnos la capacidad imaginativa humana (con sus obras artísticas o sus proyectos, sus ideologías y sus utopías) y, a su vez, cómo la experiencia humana está marcada por estos mundos posibles. Su filosofía es por ello un intento de dar cuenta de las posibilidades de la libertad humana, tanto en los textos como en la acción. La filosofía misma no podrá ser más que un ejercicio de esta creatividad, pues, ¿qué es pensar sino imaginar lo posible y hacernos ver el mundo como horizonte de nuestra libertad?

4. La hermenéutica o el cuidado de las palabras
La filosofía hermenéutica, de la que Ricoeur será uno de sus más importantes representantes, prestará una especial atención al lenguaje. El lenguaje es más que lenguaje, es un vehículo de experiencia y de mundo. Por eso cuidar del lenguaje es cuidar de nosotros mismos. Ricoeur hará de este cuidado del lenguaje el objeto de su filosofía y verá en esta acción la posibilidad misma de cuidar de lo humano, pues "palabra" y "ser humano" se corresponden. La filosofía vive de esta correspondencia, y vive también para mantenerla.

La palabra humana: reflexión eficaz y acción reflexiva
Yo creo en la eficacia de la reflexión, porque creo que la grandeza del hombre está en la dialéctica del trabajo y la palabra; el decir y el hacer, el significar y el obrar están demasiado mezclados para que pueda establecerse una oposición profunda y duradera entre "teoría" y "praxis". La palabra es mi reino y no me ruborizo de ello; mejor dicho, me ruborizo en la medida en que mi palabra participa de la culpa de una sociedad injusta que explota el trabajo, no ya en la medida en que originalmente tiene un elevado destino. Como universitario, creo en la eficacia de la palabra docente; como profesor de historia de la filosofía, creo en la fuerza iluminadora, incluso para una política, de una palabra consagrada a elaborar nuestra memoria filosófica; como miembro del equipo Esprit [revista personalista fundada por E. Mounier en los años treinta], creo en la eficacia de la palabra que retoma reflexivamente los temas generales de una civilización en marcha; como oyente de la predicación cristiana, creo que la palabra es capaz de cambiar el corazón, esto es, el centro manantial de nuestras preferencias y de nuestras actitudes. En cierto sentido, todos estos textos son una glorificación de la palabra que reflexiona con eficacia y que actúa con reflexión.
P. Ricoer, Historia y verdad

Reinterpretar el pasado para ser utópicos
Pienso que la tarea del educador consiste en ser utópico y vinculado con ello me importa mucho la restauración del lenguaje. El mundo tecnológico en que vivimos y en que debemos aprender a vivir es un mundo sin pasado, un mundo proyectado hacia el porvenir, un mundo que tiende a borrar sus rastros. Ahora bien, el mundo de la cultura es un mundo de la memoria. Seguimos siendo y nos volvemos creadores a partir de una interpretación del pasado, que nos interpela sin cesar. Es aquí donde vendría a ubicarse la reflexión contemporánea sobre la hermenéutica, sobre nuestro vínculo con el pasado por medio de la interpretación.
P. Ricoeur, Ética y cultura

sábado, 1 de julio de 2017

La filosofía, entre la convicción y la crítica

1. Vivir despiertos
El gran profeta, de Gargallo

La reflexión filosófica es una tarea ardua. Para realizarla se necesita una gran cantidad de saberes y, sobre todo, una actitud de búsqueda y crítica ante la vida.
Los dos puntos de apoyo de la reflexión filosófica son la convicción y la crítica. La filosofía es labor crítica, pero no podemos criticar por criticar. Criticar algo es tomar distancia, pero para eso necesitamos hacerlo desde algún sitio, desde unos criterios. Y estos criterios son nuestras convicciones.
Decir "convicciones" no es apelar a unas ideas dogmáticas. Al contrario, nuestras convicciones han de ser el resultado de un proceso de reflexión, de asumir conscientemente una serie de valores y perspectivas. Si no tenemos convicciones que defender y utopías que desear, ¿desde dónde criticaremos?, ¿cuál será el objetivo de nuestra crítica?, ¿para qué criticar?
La crítica de las idelogías, labor que ha de desempeñar la filosofía, sólo puede hacerse desde un horizonte utópico. Apuntando a un ideal de vida que consideramos estimable y deseable podemos criticar el presente, sus engaños y sus imperfecciones. Sólo así podremos ejercer responsablemente la acción filosófica. Sólo viviendo despiertos podremos criticar las ideologías que impiden reconocer la plenitud de la experiencia y de la vida; y, sólo así, podremos esbozar un horizonte de posibilidades para conseguir un mundo en el que realmente merezca la pena vivir y, así, hacer un poco más cercana la utopía.

2. Filosofía de la convicción y de la crítica
La filosofía ha de cuidar mucho de las convicciones. ¿Cómo elaborar una filosofía de la convicción y de la crítica? Presentamos una serie de propuestas para seguir pensando, aprendiendo y saboreando la experiencia de la vida. Esto es hacer filosofía: proyectar, imaginar, pensar. Siempre es un buen momento para comenzar a hacerlo porque, como decían los latinos, tua res agitur, que en castellano se dice "de ti depende". 

  1.-  Lo primero que tendríamos que hacer es ser conscientes de nuestras convicciones: qué valoramos, qué preferimos, qué nos mueve, por qué nos comprometemos, etc.
  2.-  Hemos de ser capaces de caer en la cuenta de que nuestras convicciones no tienen por qué ser las convicciones de los demás. Lo que yo prefiero y valoro puede no ser preferido y valorado de igual manera por los otros. Esto es muy importante pues nos hace salir de nuestro pequeño mundo y caer en la cuenta de que existen otras formas de ver la vida, y que en muchas cosas podemos no tener razón.
  3.-  Es muy importante la tarea constante de revisión y crítica de nuestras convicciones. No hay que tener miedo de cuestionarlas y debatirlas. Hay que asumir nuestras convicciones críticamente, si no lo hacemos podemos estar confundiendo convicción y convención. Quien vive según la convención vive desde lo que otros dicen o piensan, pero no desde sí mismo.
 4.-  Las convicciones así entendidas son el resultado de un continuado esfuerzo de sinceridad. Sólo siendo sinceros seremos auténticos y encararemos la vida valientemente. Necesitamos hacer un poco "campaña contra nosotros mismos", como decían Nietzsche y Unamuno. Quien tiene miedo a mirarse a sí mismo, vivirá con miedo, y vivir con miedo es una forma de ser esclavo.
 5.-  Las convicciones permitirán que tengamos las herramientas necesarias para desplegar posibilidades en el mundo. Son precisamente ingredientes de nuestra imaginación, de nuestra capacidad proyectiva, de nuestro deseo de cambiar el mundo; si no, el mundo acabará por cambiarnos a nosotros.

3. Responsabilidad y convicción
El proceso de vivir es difícil y arduo. No lo podemos hacer de cualquier manera, ya que tenemos una responsabilidad muy alta hacia muchas cosas y, en primer lugar, hacia nosotros mismos. Vivir es ir haciéndonos una "figura", en un sentido metafórico, un perfir, una manera de ser. Para ello necesitamos convicciones que nos permitan afrontar los retos y la tarea de creación de nosotros mismos.

Necesidad de "abrazar ideas" 
Los límites de las posibilidades históricas tienen su profundo fundamento en el ser del hombre. Nunca puede ser alcanzado en el mundo humano un estado final acabado, porque el hombre es un ser que trasciende constantemente sobre sí mismo; un ser no sólo inconcluso, sino también inconcluible. Una humanidad que sólo quisiera ser lo que es, perdería, al limitarse a sí misma, su ser humano. Pero en la historia necesitamos abrazar ideas, y debemos hacerlo si queremos darle un sentido a nuestra vida en comunidad. Los proyectos de paz eterna o los supuestos para ella siguen siendo verdad aun cuando la idea tomada como ideal concreto no se pueda realizar y, por el contrario, sobre toda concreción real quedan aún infinitos problemas.
Estos proyectos tienen su fundamento en una confianza infundable, es decir, la certidumbre de la fe, la creencia de que no todo es nada, de que no todo es sólo un caos sin sentido, un ir de la nada a la nada. De esta confianza emergen las ideas que nos guían en nuestro paso por el tiempo.
K. Jaspers, Origen y meta de la historia

Creer sí, pero de otro modo
La vida y la muerte de Sócrates son la historia de las difíciles relaciones que el filósofo mantiene con los dioses de la Ciudad, es decir, con los otros hombres y con lo absoluto petrificado que éstos le ofrecen. Si el filósofo fuera un rebelde, llamaría menos la atención. Pues, a fin de cuentas, cada uno sabe para sus adentros que el mundo tal y como está es inaceptable; nos gusta que esto se escriba, para mayor gloria de la humanidad, aunque quede en el olvido cuando cada uno vuelva a sus asuntos. La rebelión le gusta a todo el mundo. Con Sócrates la cosa cambia. Enseña que la religión es verdadera, y se le ha visto ofrecer sacrificios a los dioses. Enseña que se debe obedecer a la Ciudad, y él es el primero en obedecer hasta sus últimas consecuencias. Lo que se le reprocha no es tanto lo que hace, sino la manera de hacerlo, el motivo. Hay en la Apología una expresión que lo explica todo, cuando Sócrates dice a sus jueces: "Atenienses, creo tanto como aquellos que me acusan". Una expresión muy propia del oráculo; él cree más que ellos, pero también cree de otro modo que ellos y en otro sentido.
M. Merleau-Ponty, Éloge de la philosophie