Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
@blog_trca

viernes, 14 de mayo de 2021

Ética Nicomáquea

Encontramos a menudo esta obra con el título de Ética a Nicómaco: al parecer, Aristóteles dedicaba esta obra a su padre, Nicómaco. Pero sabemos también que este libro es en realidad una recopilación -organizada en diez libros- que hizo Nicómaco, hijo de Aristóteles, de los apuntes que su padre utilizaba para sus clases en el Liceo ateniense. Así, Ética Nicomáquea es el título más apropiado, a mi modo de ver.

La primera vez que utilicé este libro fue para preparar mis clases de Ética en 4º ESO, seleccionando diferentes párrafos de los libros VIII y IX dedicados a la amistad.

Más adelante, fue una lectura obligada en la asignatura "Ética I" del Grado de Filosofía de la UNED, para entender la diferenciación entre los dos paradigmas clásicos en esta disciplina: la ética material o de contenidos de Aristóteles, frente a la ética formal kantiana.

En esta asignatura, leíamos los libros I, II, III, VI y X, dedicados a las virtudes éticas y a la felicidad, fundamentalmente. Posteriormente, he dedicado la lectura al resto de los libros y he retomado los libros sobre la amistad con idea de preparar un comentario de texto con mis alumnos de Psicología, en el que puedan ver cómo los asuntos de la psicología humana han interesado siempre a los hombre y cómo se abordaba en el periodo precientífico.

jueves, 13 de mayo de 2021

Tradiciones en el estudio de la conducta relacionadas con la motivación

El estudio de la conducta tiene muchas facetas y se sigue efectuando por muchas razones. Y una razón para que el observador investigue la conducta y elija los aspectos que va a examinar, puede encontrarse en la tradición de estudios a la que debe lealtad. Existen varias tradiciones de este tipo, y sus presuposiciones a menudo determinan, de un modo importante, qué hará un investigador, qué es lo que él considera importante, cómo considerará el trabajo de otros y, quizá, cómo interpretará sus hallazgos. Aunque las líneas de separación entre las tradiciones no está perfectamente definidas, y aunque no es posible clasificar fácilmente a los teóricos en ésta o aquélla tradición, queda, sin embargo, la suficiente disparidad de actitudes, metas y compromisos como para justificar la preocupación que existe por la naturaleza de las tradiciones. Tres tradiciones, en especial, son pertinentes a la motivación.

1. Tradición filosófico-teológica

Las personas interesadas en los problemas filosóficos y teológicos con frecuencia muestran preocupación por ciertos temas que estudian la naturaleza humana. Esta preocupación surge de un interés filosófico por la conducta moral y por los principios éticos, de un interés por la libertad de elección, por la teoría de la asociación política, por la naturaleza de la causalidad histórica, por la estética, por la religión y cosas similares. Un investigador perteneciente a esta tradición manifestaría interés por cuestiones motivacionales que causarían impaciencia a otros investigadores. Es probable que la impaciencia fuera recíproca.

2. Tradición biológica

La tradición científica queda representada principalmente por los estudios de motivación llevados a cabo en el campo general de la biología, según la representa la herencia de la teoría evolucionista y el acercamiento físico a los fenómenos biológicos. Pertenecen a esta tradición, en general, los etólogos, los investigadores médicos, los fisiólogos, especialistas en psicología comparada y los psicólogos experimentadores, en particular los teóricos del aprendizaje. Tiende a subrayarse la adaptación al medio en interés de la supervivencia, un acercamiento objetivo y cuantitativo a los problemas y, cuando es posible, un análisis experimental de la conducta en cuestión. Los investigadores de este tipo se han limitado, por lo general, a clases de fenómenos relativamente limitados, a cuyo estudio dedican un intenso trabajo. Como regla, aunque ésta tiene muchas excepciones, dicho tipo de investigadores se interesará relativamente poco por tópicos que implican la conciencia y la disposición de la naturaleza humana. En su modo de pensar, probablemente tenderían a hacer notar algún modelo homeostático. De esta tradición se derivan los investigadores médicos, que incluyen muchos psiquiatras y psicoanalistas dedicados a la problemática clínica. Su interés por lo anormal implica un estado normal, del que varía la conducta que están observando; su preocupación por la neurosis y la psicosis en el paciente individual a menudo limita que se generalicen sus descubrimientos, pues la naturaleza clínica de gran parte de su trabajo dificulta que puedan sujetar sus hipótesis a análisis experimentales.

3. Tradición cultural

El interés por la conducta de las clases sociales, de las sociedades y de las culturas, así como por sus variaciones, a menudo provoca el interés por los problemas motivacionales. Por tanto, no debe sorprender que los psicólogos sociales, los antropólogos y los sociólogos desarrollen hipótesis relacionadas con la motivación. Por lo general, sus hipótesis tienden a relacionar los procesos motivacionales con las experiencias de los individuos en una cultura particular. Los investigadores pertenecientes a esta tradición, aunque a menudo conocen los factores biológicos y son sensibles a ellos, tienden a subrayar la determinación cultural por medio de la experiencia, más bien que las características biológicas universales o el predeterminismo biológico.


Los tres grupos de tradiciones que se han esbozado cubren la mayoría de las tradiciones bajo las cuales pueden ordenarse los puntos de vista y las investigaciones sobre la motivación. Existen muchas otras, como las que acentúan las diferencias individuales o las que son muy empíricas, pero en realidad son reflejos de éstas.

martes, 11 de mayo de 2021

¿Por qué cambia el clima?

Son muchas las causas que pueden originar un cambio climático generalizado. Según su origen, se diferencia entre causas externas y causas internas.

1. Causas externas o astronómicas

Son causas ajenas al sistema climático interno de la Tierra. Generalmente modifican la radiación solar recibida afectando así al clima del planeta.

  • Cambios en la actividad solar: La actividad solar experimenta modificaciones evidenciadas, por ejemplo, por los cambios en las manchas solares. Afectan a la propia fuente de energía y sus consecuencias alcanzan la Tierra.
  • Cambios en la órbita terrestre: La órbita descrita por la Tierra cambia gradualmente de una forma casi circular a otra más elíptica. El proceso ocurre de acuerdo con un ciclo que dura unos 100.000 años y modifica la radiación solar que llega a la Tierra.
  • Impactos de meteoritos: Un meteorito se pulveriza al colisionar con la Tierra y, entre otros efectos, origina una nube de polvo que permanece largo tiempo en suspensión. Si es grande, la nube puede impedir que la radiación solar alcance el suelo.
2. Causas internas

Si las causas externas afectan a la radiación solar recibida, las internas determinan qué se hace con esa radiación. Es decir, en qué proporción es reflejada, en qué medida es absorbida por los gases de efecto invernadero o cómo se distribuye por el planeta.
  • Cambios en el albedo: El valor medio del albedo actual de la Tierra alcanza el 30%, pero varía mucho de unas superficies a otras. Así, la nieve tiene un albedo muy alto, por eso son necesarias gafas oscuras cuando hace sol en un paraje nevado. El suelo tiene menor albedo que la nieve pero mayor que el océano. Por el cantidad de superficie y el albedo que cada superficie refleja, la Tierra logra una temperatura general concreta. Imaginemos que la Tierra sólo tuviese océanos: en ese caso su temperatura sería de 32ºC. Sería de 24ºC si estuviese completamente cubierta de bosques, de 13ºC si fuese desértica, y de -12ºC si la nieve la cubriese completamente. En consecuencia, si cambia la cobertura de la superficie terrestre se modificará la temperatura global. Actualmente, el calentamiento global está reduciendo las áreas cubiertas de hielo.
  • Cambios en la composición atmosférica: La composición atmosférica puede modificarse por la intervención de organismos que incrementan o disminuyen la cantidad de CO₂ y oxígeno, o por una actividad volcánica importante que puede introducir mucho CO₂ en el aire; pero también como consecuencia de la quema de combustibles y otras actividades humanas que aumentan el CO₂ y disminuyen el oxígeno.
La cantidad de partículas en suspensión (aerosoles) puede modificarse, por ejemplo, debido a una erupción volcánica importante. El efecto de los aerosoles es doble y contradictorio. Por un lado, dificultan la llegada de la radiación solar (efecto refrigerante) y por otro absorben la radiación infrarroja (efecto invernadero).

  • Cambios en las corrientes marinas: A las zonas cercanas al ecuador llega más radiación solar que a las latitudes próximas a los polos, lo que genera grandes diferencias de temperatura. Las corrientes marinas, también los vientos, contribuyen a reducir estas diferencias.

La corriente termohalina (del griego termos, calor, y halos, sal) es una corriente oceánica causada por diferencias de temperatura y densidad de las aguas. Conecta todos los océanos y constituye una gran cinta transportadora de calor.
Así, en el Atlántico, una corriente superficial de agua cálida se dirige hacia el norte donde, una vez fría, se hunde y vuelve al sur por el fondo del océano. El circuito por todos los océanos se completa en unos mil años.
Si, por cualquier circunstancia, la corriente cálida no llegase al Atlántico norte, descendería la temperatura en esta zona incrementándose la cubierta de hielo. Como consecuencia, aumentaría el albedo terrestre lo que generaría un descenso de la temperatura global del planeta.

3. La Tierra estuvo helada durante más de 300 millones de años

Hace 950 M.a. la Tierra comenzó a enfriarse y, con diversas oscilaciones, así se mantuvo hasta hace 580 M.a. Fue, por tanto, un planeta helado durante más de 300 M.a. Dadas la antigüedad y la complejidad de la situación, los científicos tienen dificultades para explicar las causas. Las hipótesis más aceptadas manejan tres procesos básicos:
  • Un sol, aún joven, que emitía una radiación energética inferior a la actual en un 5-10%.
  • Un aumento del albedo debido a que la mayoría de los continentes se había desplazado a la zona intertropical, lugar en que se recibe mayor radiación solar.
  • Una disminución del efecto invernadero como consecuencia de la proliferación de cianobacterias fotosintéticas que retiraron grandes cantidades de CO₂  atmosférico.
A medida que la temperatura global descendía era mayor la superficie cubierta de hielo, circunstancia que aumentaba el albedo lo que, a su vez, hacía bajar la temperatura en una espiral que convirtió a la Tierra en una bola de nieve. Se conoce como hipótesis de la snowball.

jueves, 6 de mayo de 2021

Controversias generales entre conducta y motivación

El problema de la conceptualización de la motivación está muy relacionado con otros muchos aspectos del estudio de la conducta propiamente dicha. Veremos a continuación diferentes tópicos que nos llevan a generalidades que inciden en el problema de la motivación:

1. Acentuación en la conducta del proceso innato y del adquirido: Una controversia duradera se refiere al grado en que pueden atribuirse los rasgos de la conducta a las experiencias de un organismo después del nacimiento, o las características presentes en el momento del nacimiento o que, estando presentes en potencia, crezcan en el proceso de maduración o del desarrollo. Este tópico de la naturaleza-crianza surge en el caso de ciertas conductas específicas, como aparearse y en las actividades maternales. También está presente en el juicio general de si es la naturaleza o la crianza el determinante más importante del conjunto de características del animal humano. Las investigaciones han demostrado que el problema naturaleza-crianza es complejo, y que existen intrincadas interrelaciones entre la estimulación ambiental y el desarrollo de las potencialidades conductuales. Estas pruebas se examinarán cuidadosamente, para ver el papel que dichos factores tienen en varias conductas específicas. Sin embargo, creemos que es una empresa estéril intentar estimar las contribuciones relativas que la naturaleza y la crianza aportaron a la suma de características de cualquier animal.

2. Los factores conscientes y los inconscientes en la conducta: Han habido grandes discusiones sobre el lugar que los procesos de que estamos conscientes y de los procesos de que estamos inconscientes ocupan para determinar lo que sentimos, hacemos y pensamos. Parte de esta controversia resulta de haber definido en forma inadecuada términos y de atribuir fácilmente una existencia sustancial a tendencias conscientes e inconscientes. Esto último se ejemplifica con frases como "lo inconsciente" o "lo consciente". Para nosotros es evidente que los procesos conductuales pueden describirse como conscientes o como inconscientes o, con mayor propiedad, según su grado de disponibilidad a la conciencia o al recuerdo consciente; pero que "conciencia" o "lo inconsciente" no son entidades útiles. Más importante es el punto de que gran parte de lo que se quiere decir con la palabra "consciente" lo indica con mayor legitimidad la frase "comunicado verbalmente", y mucho de lo que quiere decirse con la palabra "inconsciente" queda más claro con la frase "no comunicable verbalmente". De hecho, los términos "comunicable" e "incomunicable" reflejan dimensiones de las distinciones anteriores que tienen un significado aún mayor para el problema implicado. En otras palabras, el problema real de la conciencia lo constituye el grado en que el material es comunicable (o las condiciones en que es comunicable), más bien que si se le comunica o no (o cuánto de él se ha comunicado).

3. La conducta, ¿es primaria o instrumental?: Cuando consideramos que la conducta es primaria, la describimos e intentamos descubrir de qué condiciones es función y, quizá, qué consecuencias tiene. Pero no es necesario buscar qué funciones tiene la conducta, hasta dónde se relaciona con el bienestar y la economía del organismo. Cuando se hace esto último, se tiende a ver la conducta menos como es y más como sirve al organismo; es decir, ¿cuál es su valor instrumental?
Este tópico, a diferencia de los dos anteriores, no es idóneo, es principio, para tomar una decisión, sea por medio de una cuidadosa definición de los términos o un cuidadoso estudio de la conducta en sí y de las condiciones en que se efectúa. Se parece más a una actitud o a una orientación, en cuyos términos se examina un fenómeno. Se ha procurado ver a la conducta desde ambos lados de este tópico, y se ha intentado subrayar, por lo menos, algunas de las consecuencias de apoyar cualquiera de estos puntos de vista.

4. El funcionamiento orgánico, ¿es conservativo o está orientado al crecimiento?: Este tópico está íntimamente relacionado con el anterior y con el siguiente. La conducta del organismo, ¿sirve en primer lugar para mantener un estado constante de equilibrio; es decir, está homeostáticamente organizada y es conservativa? O, alternativamente, ¿sirve la conducta del organismo para llevarlo a nuevos niveles de desarrollo, desenvolviendo potencialidades que un principio conservador no podría abarcar? A menudo se considera que el crecimiento o, como a veces se le llama, la actualización del potencial, se opone al equilibrio homeostático o a su conservación.
Una vez más creemos que éstas son, en esencia, diferencias de actitud. Es difícil encontrar un criterio que pudiera resolver dichas diferencias.

5. Disposición de la naturaleza humana: Ésta es una cuestión fundamental para quienes se interesan en la motivación. ¿Es el hombre, libre y no contaminado por las experiencias y restricciones de la sociedad, esencialmente bueno, altruísta, fraternal, creador y amante de la paz? ¿O, alternativamente, es por esencia malo, egocéntrico, agresivo, competidor, guerrero, y necesita de las restricciones de la sociedad para evitar que se destruya a sí mismo y destruya a sus semejantes?
Creemos que no deberían hacerse suposiciones anticipadas al respecto. En lugar de ello, deberían considerarse las circunstancias de la vida pasada y la presente como fuentes de la "naturaleza humana" del hombre. Al así hacerlo, es obvio que concordamos con quienes acentúan la crianza y no con los que acentúan la naturaleza original.

jueves, 29 de abril de 2021

Algunas comparativas conceptuales entre conducta y motivación

No existe una sola serie de fenómenos o de condiciones bajo las que se efectúan los fenómenos conductuales, por las que se preocupen todos los teóricos de la motivación del mismo modo. Algunos autores centran su atención en una cosa y otros en otra. Por consiguiente, el tipo de prueba que se busca en relación con las diferentes teorías tiende a variar. Esta diversidad de intereses dificulta hacer una evaluación comparativa de las teorías y de la adecuación con que abarcan los datos disponibles. Sin embargo, creemos que la evaluación comparativa es conveniente.

 ¿Por qué se usa el concepto de motivación?  

Desde luego, el tema de las ciencias conductuales es la conducta del organismo viviente. Sin embargo, estas disciplinas utilizan términos y conceptos que parecen implicar procesos no manifiestos en dicha conducta. Un hombre corre despacio o rápido, por este lado mejor que por aquél, o corre en estas condiciones y no en aquellas. El hecho conductual es que corre, que lo hace a determinada velocidad, en un tiempo preciso, en cierto lugar y en una dirección dada. No se ve directamente, en esta conducta y en sus propiedades, la percepción, el hábito, la motivación, la actitud, los valores o el pensamiento. Y, sin embargo, estos términos y otros parecidos forman parte del léxico de las ciencias conductuales; una conducta, como correr, no forma parte de dicho léxico. ¿Qué son estos términos y por qué se les usa en lugar de las descripciones conductuales directas?

La respuesta a la primera pregunta es que estos términos se refieren a conceptos o construcciones que se postulan para explicar la conducta observada. ¿Por qué se les usa? A esto se contesta que la conducta es un fenómeno tan variado, complejo y que está tan interrelacionado que no puede hablarse de él sin hacer un análisis. Y estos términos proveen el marco analítico de procesos que servirá para clasificar, ordenar y conceptualizar la conducta. Desde luego, existe cierto peligro con los conceptos que sobrepasan la conducta en sí y las condiciones con las que se asocian. Gran parte de las confusiones y discusiones existentes en las ciencias conductuales surge del fracaso en delimitar con precisión los conceptos de estas conductas específicas y de sus condiciones asociadas. Sólo puede mantenerse una estricta vigilancia por lo que se refiere al empleo de estos conceptos por la reconsideración constante de sus referencias conductuales y circunstanciales.

Queda claro que hubo de desarrollarse el concepto de motivación para que correspondiera a ciertas propiedades de la conducta, propiedades para las cuales se supuso que otros conceptos no eran suficientes. En general, esto es históricamente cierto. Sin embargo, aún existen dudas sobre la necesidad de una construcción hipotética motivacional como tal. Se hace necesario preguntar si existe alguna propiedad de la conducta que requiera singularmente de ella, y si otros conceptos de utilidad comprobada bastan sin usar aquélla.

Veamos primero algunos conceptos generales de la naturaleza de la conducta que exigen un papel central para la construcción motivacional. Estas concepciones implican un compromiso con el concepto de motivación, sin preocupación alguna por identificar las características específicas de la conducta que requieren que la construcción motivacional tenga un papel central. De tales compromisos conceptuales con la motivación, nos dedicaremos a los aspectos específicos de la conducta que se han usado para identificar las variables motivacionales de la conducta.

1. Compromiso conceptual con la motivación

A menudo se dice que toda la conducta está motivada, y que sirve a las necesidades del organismo. Sin motivación, un organismo no se comportaría; sería una masa inerte que prácticamente no haría nada. Animada a la acción por una necesidad, se dedicaría a acciones motivadas por dicha necesidad, y continuaría en acción hasta que se satisficiera dicha necesidad. La acción sirve a la necesidad; la conducta es el instrumento por el cual se satisface la necesidad. La conducta es un medio, no un fin.

Estas nociones relacionadas con la motivación surgieron de la influencia ejercida por la teoría evolucionista y la biología fisicalista sobre la psicología comparada, el estudio del aprendizaje y el estudio psicoanalítico de las enfermedades mentales. Se creía que los animales se movían debido a fuentes internas o pulsiones; los organismos parecían aprender cuando se satisfacía la pulsión, y se creía que las conductas anormales provenían de urgencias y deseos que eran, en su mayoría, inconscientes. De estas observaciones fue fácil generalizar que toda la conducta está motivada y sirve como un medio de ajuste en presencia de las necesidades.

Estas conclusiones representaban un gran paso hacia adelante en el estudio de la conducta. Permitió que se tomara un punto de vista determinista respecto de la conducta, cosa que antes, a menudo, se había atribuido a factores tales como el alma o el libre albedrío. En este contexto, los conceptos motivacionales parecían ser, en primer lugar, factores causantes. Pero no es necesariamente cierto que todos los factores causantes de la conducta sean motivacionales.

La conducta puede ocurrir debido a una fuerza aplicada externamente -como un empujón-, y ésta no es una causa motivacional, aunque sea una causa. Lo que es más importante aún, puede hablarse de la estructura física del organismo, de sus capacidades sensoriales y perceptuales, sus habilidades motoras y otras parecidas como de factores causantes de su conducta. Más aún, pueden considerarse con certeza los hábitos, una vez que se han formado, como psicológicamente causantes en la conducta subsecuente. Existen muchas causas de conducta, y la motivación sólo es una de ellas.

Sin embargo, en la psicología dinámica y en la intencional existe la tendencia a suponer que la motivación es una causa más esencial o de raíz que muchas de las otras. Quizá ello se deba a que la actividad intranquila parece ser una consecuencia primaria de los estados de necesidad, y a que los conflictos y las frustraciones parecen centrarse alrededor de actividades con un gran significado afectivo.

Pero la actividad o la conducta son un hecho de la vida; es decir, la actividad es, por su naturaleza misma, una propiedad de los organismos vivientes. No ayuda mucho afirmar que toda la conducta es motivada, a menos que tal afirmación provoque intentos de identificar las propiedades motivacionales en eventos conductuales específicos. Más aún, si estar vivo es estar activo, podría ocurrir que la conducta fuera un fin en sí, más bien que un instrumento sólo útil para satisfacer la necesidad. Los conflictos y las frustraciones implican experiencias complejas habidas en un ambiente social, y, quizá, no representan exclusivamente variables motivacionales.

Otra faceta de esta preocupación general por la motivación es que la biología y la psicología funcionales tienden a pensar en términos homeostáticos. Se consideraba que la conducta era un ajuste, un medio para rectificar la falta de equilibrio causada por las necesidades de los tejidos o por sus deficiencias. Por ejemplo, cuando surge el hambre, ocurre una conducta que hace buscar e ingerir alimentos, para así restaurar el tejido agotado. La conducta, aquí, es instrumental, pero se ve como parte de un sistema total, cuyo balance o equilibrio es signo de que las necesidades están satisfechas. La conducta es una respuesta al desequilibrio. Algunos autores han llegado incluso más lejos al definir la salud psicológica como una habilidad continua para satisfacer ciertas necesidades.

2. Propiedades motivacionales específicas de la conducta

Algunos autores utilizan muchas otras características específicas de la conducta al definir la motivación o al identificar variables motivacionales. En algunas ocasiones estos aspectos se relacionan con las consideraciones generales antes bosquejadas. Por ejemplo, la energetización se relaciona con la proposición de que toda la conducta es motivada, y la dirección a la proposición de que la conducta sirve a las necesidades del organismo.


Estudiaremos cinco propiedades específicas de la conducta:

➊ Energetización o facilitación de una variedad de respuestas
Hull (1943), Brown (1953, 1961), Spence (1956) y Farber (1954, 1955), entre otros, han establecido nociones de que la pulsión general o los estados de activación interactúan con tendencias de respuesta innatas o habituales para producir conducta. Su idea es que los procesos motivaciones, como tales, no controlan o guían formas específicas de conducta, pero sí influyen sobre la conducta al energetizar tendencias innatas o asociativas. Se atribuye la especificidad, la dirección, la adecuación, la persistencia, el sentido de meta o la aparente intencionalidad de la conducta a factores no motivacionales como el hábito, aunque algunos estímulos que controlan tales hábitos puedan tener un remoto origen motivacional.

➋ El vigor conductual y la eficiencia
A veces, los estímulos débiles ocasionan respuestas vigorosas, mientras que, otras veces, pueden producirse respuestas débiles en presencia de una estimulación fuerte. O, a pesar de una estimulación invariable, las respuestas pueden variar en fuerza o, a la inversa, la fuerza de la respuesta puede permanecer constante a pesar de variar la estimulación. A menudo se dice que la energía gastada en la conducta, según la revela la fuerza, indica la necesidad de usar conceptos motivacionales, especialmente cuando las variaciones de energía no concuerdan con los niveles de estimulación ambiental. Teóricos de la activación como Duffy, Malmo, Lindsley, Schlosberg y Hebb tienden a concentrarse en la eficiencia o adecuación con que se efectúan los eventos conductuales, como prueba de un estado de activación subyacente, es decir, motivado. La activación tiene mucho paralelismo con la pulsión general de la teoría de la pulsión, pero la teoría de la activación no sugiere tan explícitamente la relación de la activación con los actos específicos de la conducta como la teoría de la pulsión.

❸ Dirección de la conducta
A menudo se describe la conducta como si estuviera guiada, dirigida, orientada hacia una meta, persistente o intencional. Tal caracterización puede describir su ocurrencia en una secuencia breve o por largos períodos, o puede describir actos de elección, preferencia o decisión. Para autores como Young (1961), McClelland y colaboradores (1953), Hebb (1949), Bindra (1959) e Irwin (1958), este carácter selectivo y dirigido de la conducta es la propiedad esencial, que ocasiona la postulación de un proceso motivacional. Para Muenzinger (1942), la unidad apropiada para la investigación conductual era una secuencia de actos específicos iniciados y dirigidos por un estado motivacional, y que terminaban al terminar dicho estado. McGeoch (1942) y Melton (1941) también proponían como prueba de que había terminado un proceso motivacional que se completara la secuencia de una respuesta específica.
 
❹ Reforzamiento
A menudo se termina una secuencia de respuesta por un contacto con el objetivo final. Tal encuentro, se extinga o no el objetivo final, con frecuencia fortalece la conducta que condujo a él. Cuando tal fortalecimiento ocurre, se le llama reforzamiento. Miller (1951), Brown (1961) y Farber (1955) han indicado que la ocurrencia del reforzamiento permite inferir que en la secuencia de conducta debe haber estado activa una variable motivacional.

❺ Debilitamiento de la conducta
Brown (1961) ha sugerido que cuando la conducta se debilita o cesa a consecuencia de una estimulación desagradable (castigo), puede tomarse como prueba de que la estimulación desagradable tiene un status motivacional.

En resumen, tanto razones conceptuales como propiedades conductuales específicas han sugerido a los teóricos que la motivación es una construcción esencial. Algunos de estos compromisos conceptuales implican la afirmación de que toda conducta es motivada y de que la conducta sirve a las necesidades del organismo. Existen varios aspectos de la conducta más específicos que han parecido a los teóricos ser singularmente motivacionales. Sin embargo, los teóricos no están de acuerdo sobre cuáles son esenciales.

Por el momento, es preciso contentarse con la afirmación de que cualquiera de los siguientes puntos sobre la conducta, o cualquier combinación de ellos, puede ocasionar la postulación de un proceso motivacional: que la conducta se efectúa de algún modo, que alguna operación (como la privación de alimento) facilite varias respuestas, que las respuestas varíen en fuerza, que la conducta tenga una dirección, que ciertos tipos de eventos subsecuentes puedan reforzar (y otros tipos debilitar) una secuencia conductual.