Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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lunes, 16 de julio de 2018

Teorías sobre la motivación

Desde los tiempos remotos de la filosofía griega han existido teorías sobre los motivos humanos. Con la aparición de la psicología como disciplina autónoma, se intentó abordar el problema desde una perspectiva científica. Sin embargo, cada escuela ha procurado explicar la motivación desde sus supuestos teóricos generales. Esa actitud ha dado lugar a una proliferación de teorías diversas, sin que exista una concepción unánimemente aceptada. A continuación repasamos algunas de las más significativas.

1. Teoría homeostática
También conocida como teoría del equilibrio (homeostasis), tiene una inspiración netamente biológica en la que los motivos psicológicos aparecen como meros instrumentos al servicio de la satisfacción de necesidades biológicas.
El concepto de homeostasis o recuperación del equilibrio interno fue utilizado primeramente en el campo de la biología por Claude Bernard (1813-1878), quien, tras comprobar la constancia del nivel medio de glucosa del organismo pese a sus múltiples intercambios energéticos con el medio, generalizó este descubrimiento y formuló la ley según la cual todo organismo tiende a mantener la estabilidad de su medio interior.
El psicólogo conductista Clark L. Hull (1884-1952) aplicó el concepto de homeostasis a la explicación de la conducta humana. Según este autor, la necesidad biológica (carencia o exceso) crea un desequilibrio en el organismo, el cual a su vez origina un impulso (drive) dirigido a un tipo de conducta cuya finalidad es la reducción de ese impulso recuperando el equilibrio perdido.


 Esta teoría ha sido objeto de dos tipos de críticas. Por un lado se apunta (y algunos experimentos lo confirman) la no equivalencia estricta entre cumplimiento de un impulso y satisfacción de una necesidad: a veces las personas (y también los animales) no obran de la forma más conveniente, sino de la más placentera o menos dolorosa. Unas ratas con hipoglucemia (señal orgánica del hombre) comerán igualmente terrones de azúcar, que reducirán efectivamente su necesidad de glucosa, que pastillas de sacarina, cuyo valor energético es prácticamente nulo. Es cierto que la mayoría de las veces la búsqueda del placer o evitación del dolor es un mecanismo eficaz para la satisfacción de necesidades biológicas, pero en ocasiones puede llevar a la realización de conductas nocivas o letales.
En el caso del hombre, además, muchas de nuestras elecciones no están guiadas por motivos primarios como el hambre o el sexo, sino por otros aprendidos o secundarios cuya relación con la reducción de las necesidades biológicas es difícil de ver.

2. Teoría de las necesidades 
Formulada por Henry Murray (1893-1988), entiende el concepto de necesidad en un sentido menos ligado a la biología que Hull, incluyendo en él también, y sobre todo, las necesidades de origen social. Murray sostiene que el impulso fundamental de la conducta humana no es biológico, sino lo que él llama motivación de logro, es decir, el afán por vencer los obstáculos y alcanzar los objetivos propuestos.
Como herramienta para la medida de la motivación de logro, el propio Murray y otros autores como McClelland propusieron el test de apercepción temática (TAT). Esta prueba consiste en pedir al sujeto que interprete unas láminas con dibujos inventando una historia. Por ejemplo, ante una lámina que representa un joven con un libro abierto o contemplando un violín sobre la mesa, un sujeto con alta motivación de logro hablará de trabajo duro para alcanzar el éxito, mientras que un individuo con baja motivación de logro imagina al joven distraído, fantaseando o recordando hechos pasados.

3. Teorías del incentivo
Mientras un impulso es lo que desde dentro empuja al sujeto a la acción, el incentivo es lo que desde fuera le atrae para que realice esa acción. Por lo general, las llamadas teorías del incentivo ponen el acento en el valor hedónico de las conductas, es decir, como medio para la obtención de placer o evitación de dolor. Este valor actúa independientemente de la reducción de la necesidad biológica.
Las experiencias clásicas más citadas de motivación por incentivo fueron realizadas por James Olds (1922-1976) en los años 50. Tras localizar los centros cerebrales del placer en el hipotálamo, este psicólogo ideó un sistema por el que las ratas podían aprender a autoestimularse eléctricamente esa zona presionando una palanca. Incluso las ratas hambrientas preferían accionar la palanca a buscar el alimento.
Dentro de las teorías del incentivo podemos incluir también el conductismo de Skinner (1904-1990), que utiliza el término "refuerzo" como el estímulo que hace más probable la repetición de un tipo de conducta. No obstante, al rechazar este autor las referencias a estados mentales, debe conformarse con interpretar el refuerzo en su dimensión exterior, como simple hecho u objeto, sin traducirlo a términos de aumento de placer o reducción de dolor.

4. Teorías de inspiración psicoanalítica
A lo largo de su vida Freud (1856-1939) habló de unos impulsos o pulsiones en buena medida expulsados de la conciencia y sepultados en el inconsciente (reprimidos), que actúan como fuerzas desconocidas que dirigen nuestra conducta, nuestro pensamiento e incluso nuestros sueños. En un principio, Freud distinguió dos grandes clases de pulsiones: sexuales y de autoconservación, aunque posteriormente englobó algunas en el concepto de libido y acabó oponiendo ésta (ahora rebautizada como Eros) al instinto de muerte o Tánatos.
El mecanismo de la motivación en Freud se asemeja bastante al expuesto en la teoría homeostática: una necesidad biológica, la búsqueda de placer, se ve coartada por la represión; el impulso busca entonces su satisfacción y la obtiene parcialmente por un compromiso con la instancia represora; temporalmente se restaura el equilibrio hacia una nueva emergencia del impulso reprimido.

 
5. Teorías cognitivas
Pueden entenderse como una variación de la teoría homeostática en que la pérdida inicial de la homeostasis se reinterpreta como disonancia cognitiva. Esta disonancia origina un impulso a eliminarla que conduce a la acción, cuya finalidad (la reducción de la disonancia) puede ser, según estos autores, tan motivante como la comida o el placer sexual. 
Leon Festinger (1919-1989) realizó a finales de los años 50 una serie de estudios sobre la relevancia en la conducta humana de la reducción de disonancia cognitiva. Cuando hay conflicto entre lo que se piensa y la forma en que se actúa, generalmente uno termina sacrificanco sus propias creencias o reelaborándolas para eliminar la contradicción. En uno de sus experimentos se pedía a unos estudiantes que intentaran persuadir a otros, a cambio de dinero, de algo que, en principio, ni ellos mismos creían (por ejemplo, que una tarea sumamente aburrida como encajar tuercas en tornillos era en realidad gratificante o que una actuación brutal de la policía contra manifestantes fue justa y proporcionada): la disonancia aparecía como una contradicción entre las propias creencias y la tarea que debía realizar. Los sujetos se distribuían en grupos que recibían cantidades variables de dinero: veinte, diez, cinco o un solo dólar. Pues bien, en todos los grupos aparecía la tendencia de los sujetos a autoconvencerse como forma de eliminar la disonancia, pero, curiosamente, esta tendencia estaba más marcada cuanto menor era la cantidad de dinero que recibían por convencer a otros. Dicho de otra manera: es más fácil que uno se crea sus propias mentiras si recibe poco a cambio que si recibe mucho (quizá porque necesitamos mantener un autoconcepto del que no puede formar parte que nos vendamos por tan poca cosa).
La reducción de la disonancia es una motivación tan fuerte que puede llevarnos incluso a modificar la interpretación de la realidad para que no choque con nuestra conducta.

6. Teorías humanistas
La psicología humanista considera que los motivos vienen determinados por la tendencia a la autorrealización personal que manifiestan los seres humanos. El representante más conocido de esta tendencia es Abraham Maslow (1908-1970). Según su teoría, existe una disposición innata hacia el desarrollo de la maduración personal. Jerarquizó las motivaciones en varios niveles diferentes. El más bajo está constituido por las necesidades fisiológicas, mientras que la cúspide es la autorrealización personal, la cual consiste en haber desarrollado con total plenitud las potencialidades inherentes a cada ser humano. Gráficamente reflejó esa jerarquía de motivos mediante su famoso triángulo o pirámide.

No todos los seres humanos, sin embargo, consiguen alcanzar una vida plena y feliz, ya que muchos se quedan anclados en niveles inferiores por culpa de la presión social o de la incapacidad para comprender el sentido último de la existencia. De esa manera, tales personas interrumpen su maduración y su crecimiento psicológico, llevando una vida insatisfecha o, cuanto menos, no colmada plenamente.      

domingo, 15 de julio de 2018

Usar el cerebro

Supe de este libro preparando las clases de Psicología: en el tema de la inteligencia colectiva, me encontraba con un texto extraído de este trabajo de Facundo Manes y Mateo Niro. Lo compré en El Corte Inglés de la Plaza del Duque, por 16'95€. Empecé pronto a leerlo, y me encontré con un estudio de este neuropsicólogo argentino, Facundo Manes, ilustrado con referencias literarias, seleccionadas por Mateo Niro
Está organizado en cuatro capítulos:
  1. Las neurociencias: claves para entender nuestro cerebro
  2. Memoria: saber recordar y saber olvidar
  3. El cerebro social y emocional
  4. La mente en forma
El capítulo 3 es el más completo e interesante, con múltiples ideas acerca de cómo gestionar el estrés.
Adjunto enlace con la selección de las ideas y párrafos imprescindibles para entender los postulados principales del libro: Usar el cerebro.  

domingo, 8 de julio de 2018

Los retos de la bioética

Ante los avances de la investigación médica y el desarrollo de nuevas técnicas de conocimiento y manipulación de la vida, surgen nuevos debates éticos. La bioética es la disciplina que aplica la reflexión ética a los problemas de la investigación médica.
Algunos de los retos actuales de la bioética son los siguientes:
  • Los embriones sobrantes: El desarrollo de las técnicas de fecundación in vitro permitió que muchas mujeres pudieran tener hijos gracias a la reproducción asistida. Para realizar una fecundación in vitro se necesita fecundar un cierto número de óvulos, de los que sólo se necesitan algunos. Entonces surgió el problema de los embriones sobrantes. Los investigadores reclaman las células madre embrionarias porque, al estar todavía sin diferenciar, tienen la capacidad de convertirse en cualquier célula del cuerpo humano. Esto podría tener una utilidad extraordinaria en la investigación médica, ya que de ellas pueden generarse tejidos celulares y órganos de cualquier parte del cuerpo. No obstante, se oponen quienes consideran que esta práctica conlleva la destrucción de vidas humanas.
  • La clonación: La clonación reproductiva es la creación de una réplica genética exacta de un ser vivo ya existente. La clonación terapéutica consiste en utilizar el material genético del propio individuo para crear una réplica de algún órgano o recomponer tejido defectuoso. La clonación terapéutica podría ser la solución para evitar trasplantes de órganos de unos seres humanos a otros o para curar enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.
Imagen de la oveja Dolly - Clonada en Escocia en 1997, murió muy pronto con numerosos problemas orgánicos
  • La eutanasia: El término eutanasia proviene del griego y significa "una buena muerte", es decir, una muerte digna para aquellos que no desean permanecer vivos a cualquier precio. Todos tenemos derecho a una vida digna, pero ¿qué ocurre cuando algunas personas deben vivir en una situación de sufrimiento consciente? ¿Qué sucede si los cuidados médicos, lejos de aliviar los sufrimientos, los prolongan indefinidamente? Se define como eutanasia activa aquella en la que el paciente necesita ser asistido por otros para morir. Son casos de eutanasia pasiva aquellos en los que el paciente es mantenido artificialmente con vida y bastaría con suspender los tratamientos para que muriera por causas naturales. La eutanasia es un tema muy controvertido, porque se mezclan argumentos racionales diversos, posturas éticas, sentimientos y creencias, etc. Algunos sectores sociales se oponen a ella, mientras que otros sectores opinan que hay que respetar la voluntad del paciente. Pocos países se han decidido a legislar sobre un tema que causa tantas discusiones en la sociedad.
El debate sobre la eutanasia
La dignidad de las personas está fuertemente vinculada a su libertad, un derecho fundamental reconocido por todas las democracias liberales y plasmado en nuestra Constitución. Por tanto, es difícil no reconocer el derecho de las personas a disponer de la propia vida, tanto desde un punto de vista de una ética laica como desde el legal. Aquellos que, desde sus creencias religiosas, entienden que la vida es un bien fundamental del que se es usufructuario, pero no dueño, deben ser respetados de manera absoluta. Sin embargo, me resisto a aceptar que estas creencias deban ser impuestas a quienes no las comparten. Pero un paso más es solicitar y conseguir la cooperación de terceras personas para llevar a cabo ese fin, y aquí es donde los defensores de la eutanasia exigen a la medicina su colaboración. Difícilmente se puede cuestionar que causar la muerte de una persona es un acto éticamente reprobable. Pero también es difícil negar que hay situaciones que implican un terrible sufrimiento físico, psíquico y moral que ni siquiera la medicina paliativa soluciona. Hacer oídos sordos a esta realidad tamposo se me antoja como la solución más honesta y ética.
Sebastián Irribarren, El País (19 de octubre de 2006)
  • La eugenesia: Es el intento de intervenir en la vida para mejorarla antes del nacimiento. Se distingue entre eugenesia negativa, cuando se quiere evitar la aparición de caracteres negativos, como enfermedades genéticas, y eugenesia positiva, cuando se utiliza la selección genética para lograr unos caracteres determimados elegidos por los padres o por los científicos.
La eugenesia, un debate abierto Parece haber más partidarios de utilizar la eugenesia negativa para evitar la aparición de caracteres negativos, como enfermedades de origen genético, que para formentar la selección genética, la mejora de la especie o la determinación de caracteres considerados más positivos, como un sexo determinado -normalmente, el masculino-, o unas aptitudes concretas (eugenesia positiva).
Esta última tiene severos detractores, no solo en lo que se refiere al procedimiento de lograrla, que en estos momentos se reduce de facto a la selección embrionaria y al aborto, sino en su propio sentido.
La legislación española ha aceptado la eugenesia negativa, pero no la positiva, por considerarla extraña a la propia Ley de Reproducción Asistida.
José Miguel Serrano Ruiz-Calderón

domingo, 1 de julio de 2018

Los motivos humanos

1. Definiciones
Los motivos son, según la definición tradicional, las causas, factores o impulsos internos que mueven a un sujeto a la ejecución de una conducta. En relación con la motivación, los psicólogos distinguen tres términos que a veces se confunden:
  • Necesidad: Es la situación en que algo falta (carencia) o sobra (exceso) a un sujeto para alcanzar su estado adecuado, pudiéndose entender esta carencia o exceso en un sentido físico-biológico (nutrientes, hormonas, etc.) o psicológico-social (placer, afecto, reconocimiento, etc.).
  • Impulso: Es la tendencia que desde dentro empuja a la acción y que el sujeto siente en forma de atracción o repulsión.
  • Objetivo: Es la finalidad de la acción, lo que se pretende conseguir con ella.
Pongamos un ejemplo: después de varias horas sin comer y beber, el organismo requiere reponer ciertas sustancias necesarias para su correcto funcionamiento. Esta "necesidad" se traduce normalmente (no siempre) en un impulso: el hambre. El hambre es el motivo que lleva a la acción de comer, cuya finalidad es ¿la reposición de nutrientes, la obtención de placer, las dos cosas a la vez? Si al analizar el impulso o motivo primario más básico y universal (el hambre), nos encontramos ya con un campo abierto a la discusión, podemos imaginar lo que sucederá con otros motivos humanos como la atracción sexual, el deseo de poder, la búsqueda del conocimiento, el amor o la agresividad.
Cualquier teoría psicológica de la motivación mínimamente seria debe tener en cuenta la complejidad, riqueza y diversidad de los motivos humanos y huir de las propuestas dogmáticas y simplificadoras que pretenden explicar toda la conducta humana desde una única motivación básica.

2. Clasificación de los motivos humanos
La clasificación clásica de los motivos, propuesta en primer lugar por Hull y después aceptada por un gran número de psicólogos, distingue entre impulsos o motivos primarios y secundarios. Los motivos primarios son los que aparecen asociados a necesidades biológicas y, por tanto, no son adquiridos, sino innatos: igual que nacemos con esas necesidades, nacemos con el impulso de satisfacerlas. Al menos en su origen, estos impulsos expresan necesidades esenciales para la supervivencia del individuo o la especie. Sin embargo, no hay acuerdo general sobre la lista de motivos primarios, exceptuados el hambre, la sed, el sueño y el sexo. ¿Deben considerarse primarios impulsos como la agresividad o la curiosidad, que indudablemente tuvieron en el momento de su aparición un claro valor supervivencial?
Por otro lado, los motivos secundarios (aprendidos o sociales) no están determinados por la necesidad biológica, sino por las circunstancias de la vida en sociedad; pueden, por lo tanto, ser cambiantes de una cultura a otra. Aquí podemos incluir la necesidad de autoestima, lo que se llama "motivación de logro" (ambición de alcanzar metas socialmente valoradas), el amor y la afiliación (necesidad de crear lazos afectivos con otras personas), el deseo de diversión o de conocimientos, la ambición de poder o de poseer bienes materiales, etc. La no consecución de estos motivos no suele afectar a la supervivencia, pero sí al estado emocional del individuo.
Por regla general, se ha venido aceptando el postulado de Maslow en el sentido de que los motivos sociales o secundarios no impulsan la conducta de los individuos si antes no se encuentran cubiertas sus necesidades primarias. Por ejemplo, si una persona no dispone de alimento para calmar su hambre, dedicará todos sus esfuerzos a ello, abandonando otras conductas por muy motivadoras que sean socialmente. ¿Es esto así?
Hay que distinguir entre la aparición de un motivo y el poder motivante del mismo. Es cierto que los motivos secundarios aparecen después de los primarios, y sólo una vez que éstos han sido satisfechos adecuadamente; pero no lo es que, una vez aparecidos, el poder motivador de los impulsos secundarios se vea condicionado a la satisfacción de los primarios: tal como dice Allport, una vez que aparecen los motivos socio-culturales (espirituales) alcanzan muy pronto una autonomía funcional en relación con los puramente biológicos (materiales). Es lo que, en nuestra cultura, se ha expresado tantas veces como la lucha entre la "carne" y el "espíritu": por sorprendente que parezca, en esta lucha no es siempre el espíritu quien lleva las de perder.

Gandhi en huelga de hambre
El hombre es un ser complejo, el único animal que es capaz de sacrificar sus impulsos primarios por otros secundarios que juzga más valiosos. No es necesario pensar únicamente en ejemplos especiales como huelgas de hambre por razones políticas o celibato por razones religiosas, también hay otros más cotidianos: uno renuncia al sueño (motivo primario) para terminar un trabajo (motivo secundario), o bien uno hace dieta y pasa hambre, sacrificando la satisfacción de un impulso primario, para lograr una mayor aceptación social (motivo secundario).

sábado, 30 de junio de 2018

La ética ecológica

1. ¿Qué es el desarrollo sostenible?
Es muy difícil conciliar el progreso técnico y económico de la humanidad con el respeto al medio ambiente. El desarrollo de la industria y de la agricultura intensiva amenazan numerosos ecosistemas.
El desarrollo sostenible consiste en la posibilida de progresar en todos los ámbitos sin necesidad de destruir el medio ambiente.
El consumo responsable es una de las vías a nuestro alcance para contribuir al desarrollo sostenible. Se entiende por consumo responsable aquel que se limita a satisfacer las necesidades más importantes evitando cualquier exceso, de modo que se reduzcan los efectos negativos sobre el medio ambiente. Es una actitud necesaria que se opone al consumismo, es decir, a la tendencia a hacer del consumo continuo una forma de vida.
La más conocida definición de desarrollo sostenible es la de la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo (Comisión Brundtland), que en 1987 la definió como el desarrollo que asegura las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para enfrentarse a sus propias necesidades.
Según este planteamiento, el desarrollo sostenible tiene que conseguir, a la vez:
  • Satisfacer las necesidades del presente y fomentar una actividad económica que suministre los bienes necesarios a toda la población mundial.
  • Satisfacer las necesidades del futuro reduciendo al mínimo los efectos negativos de la actividad económica, tanto en el consumo de recursos como en la generación de residuos, de tal forma que sean soportables para las próximas generaciones.
2. ¿Qué es la conciencia ecológica?
El ser humano es el causante de los problemas que sufre la Tierra. Esta conciencia, la de que nosotros somos el problema y debemos ser la solución, es la conciencia ecológica. Esta conciencia se sustenta en tres principios, que sirven también como pautas de acción:
  • Principio de responsabilidad: Se formula como un imperativo que todos deberíamos respetar: actúa de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de la vida humana sobre la Tierra.
  • Principio de precaución: Exige tener en cuenta los riesgos de aplicar tecnologías cuyos efectos podrían ser perjudiciales.
  • Principio de contención: Se debe intentar satisfacer sólo las necesidades más importantes siendo conscientes de que nuestra libertad para disponer del medio ambiente es limitada. Un ejemplo de autocontención es la práctica del consumo responsable. 
3. Las energías renovables
Según los expertos, las reservas planetarias de petróleo o de gas natural pueden agotarse en un futuro próximo. No son renovables, porque se necesitarían miles de años para que la naturaleza pudiera producirlas. Por el contrario, hay muchas otras energías, como la solar o la eólica, que no se agotan y son menos contaminantes. Bien explotadas, pueden ser el futuro energético de la humanidad: se trata de las llamadas energías renovables.
Las energías renovables han cubierto durante miles de años las necesidades energéticas de la humanidad, y lo volverán a hacer en un futuro, tras un breve paréntesis de apenas dos siblos, en los que las fuentes energéticas basadas en combustibles fósiles y nucleares han devastado el planeta y continúan poniendo en serio peligro la subsistencia de los seres vivos.


4. Greenpeace: una ONG para la defensa del medio ambiente
Greenpeace es una organización ecologista, política y económicamente independiente, es decir, que no acepta subvenciones ni presiones de gobiernos y empresas.
Se creó con el objetivo de proteger y defender el medio ambiente. Para ello, denuncia los atentados medioambientales y presiona a gobiernos, instituciones y empresas cuando incumplen sus obligaciones en este sentido.
Greenpeace tiene presencia en más de 40 países, y entre sus prioridades destacan el cambio climático, proteger la biodiversidad, los bosques y los océanos, decir no a los transgénicos, acabar con el uso de la energía nuclear y promover la paz.