Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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sábado, 20 de mayo de 2017

Población, cantidad y calidad de vida

Población y recursos
En su Ensayo sobre los principios de la población (1801) Thomas Malthus elaboró un texto en el que defendía la tesis de la desproporcióne entre el crecimiento exponencial de la población y el crecimiento aritmético de los recursos alimenticios. Sobre esta base, las teorías neomaltusianas surgidas después de la II Guerra Mundial extienden esa desproporción en los niveles de crecimiento a la expansión tecnológica, el consumo de recursos minerales y la producción de distintas formas de contaminación, y, por otro, las capacidades finitas del planeta para tolerarlo.
V. Bellver, Ecología: de las razones a los derechos (adaptado)


1. Historia del concepto "calidad de vida"
Si a partir de 1930 comienza a utilizarse de forma generalizada el término "control de calidad" en los procesos industriales, será a partir del año 1960 cuando se emplee la expresión "calidad de vida" en las ciencias sociales. En la industria se buscaban índices que permitieran evaluar la calidad de vida de los trabajadores; después, esta búsqueda se desplazó al conjunto de las actividades sociales.
En un principio se pensó que la calidad de vida dependía de dos tipos de factores: positivos (riqueza económica) y negativos (exceso de población). Se pensó que un aumento excesivo de la población disminuiría la riqueza per cápita, y por tanto, el bienestar y la calidad. Surgió entonces como indicar el "producto nacional bruto" (PNB). Estas ideas entraron de elleno en la política con J.F. Kennedy y L.B. Johnson.

2. Cuantificar la calidad de vida
En las décadas siguientes, años setenta y ochenta, los expertos observaron que el incremento del PNB de un país puede provocar una degradación del medio ambiente y, por consiguiente, de la calidad de vida. En el PNB se producirán ajustes teniendo en cuenta factores como la urbanización, la contaminación, los costes ecológicos, la disminución del tiempo de trabajo o el aumento de horas para el ocio. Estos factores disminuyen el PNB, pero aumentan el índice que W. Norhaus y J. Tobin llamarían "índice de bienestar" (Net National Welfare). 
En 1972 el Club de Roma realizó un informe titulado Los límites del crecimiento, que difundió el concepto. El informe sostiene que un incremento incontrolado de la producción y el consumo no producirá un aumento de la calidad de vida, sino una disminución. Se presentan predicciones y estimaciones que mejoran la cuantificación. Se afirmaba que para que la calidad de vida mantuviera a partir de 1980 unos niveles constantes e iguales a los de 1950 serían precisas drásticas correcciones que controlaran el aumento de la población, la contaminación atmosférica y el descenso vertiginoso de los recursos naturales. Desde entonces se tienen en cuenta los índices de natalidad, los niveles de contaminación y una reducción de los niveles de consumo de los recursos naturales no renovables como factores necesarios para cuantificar la calidad de vida.

3. Cantidad de población y calidad de vida
Es un error plantear la calidad de vida y la cantidad de población como términos antitéticos, como si al reducir la población aumentara la calidad de vida. Las conclusiones a las que ha llegado la Comisión Mundial del Medio Ambiente, en un informe titulado Nuestro futuro común (1987), han sido las contrarias: sólo elevando la calidad de vida de las personas y las colectividades puede controlarse efectivamente la población.
El mejor modo de equilibrar el crecimiento de la población con el crecimiento de los recursos económicos no es frenar el desarrollo, ni establecer políticas de control de la población, sino fomentar el desarrollo de una manera sostenible.

4. Ecología y futuras generaciones
Durante los últimos años, y a raíz de la popularización del concepto de desarrollo sostenible, se ha planteado un interesante problema filosófico. El problema pone en cuestión la legitimidad de un sistema económico y político que otorga prioridad al presente cuando planifica los recursos. ¿Tienen derechos las futuras generaciones? ¿No estamos utilizando unos recursos naturales a los que también ellos podrían optar? Diego Gracia ofrece una perspectiva que incide en esta importante cuestión filosófica.

Derechos ecológicos y legitimidad democrática
Los derechos ecológicos, o derechos sobre el medio ambiente, son, sin duda, un nuevo tipo de derechos humanos. Lo que ellos intentan definir es nada menos que el derecho de las futuras generaciones a una vida digna y adecuada. Desde el punto de vista puramente formal, no hay duda de que estos derechos caen en el absurdo. ¿Cómo puede afirmarse que quienes no tienen ningún tipo de existencia real puedan ser sujetos de derechos? Si ya es difícil justificar la existencia de los otros derechos humanos, los civiles y políticos, los económicos, sociales y culturales, la fundamentación jurídica de los derechos ecológicos resulta casi desesperada. Y es que, en efecto, desde el puro Derecho es una empresa casi con toda seguridad condenada al fracaso.
El que haya habido que plantearse el tema de los derechos humanos de tercera generación demuestra que con sólo los derechos civiles y políticos y derechos económicos, sociales y culturales no hay Estado justo, ni por tanto legítimo; es decir, que la legitimidad democrática basada en esos dos tipos de derechos (la legitimidad de la democracia liberal, en el primer caso, y la de la democracia social, en el segundo) no es suficiente. Esto puede formularse de otra forma, diciendo que tales democracias tienen un carácter que hoy debe juzgarse como más instrumental y estratégico que racional y ético. Con ello no intento defender alternativas no democráticas, sino llamar la atención sobre el carácter insuficientemente democrático de los regímenes democráticos. O dicho en otros términos, que los derechos de la tercera generación no son un mero añadido a las listas tradicionales de derechos, sino que replantean el propio concepto de derecho humano.
Éste es un tema de la máxima importancia, que no puedo sino insunuar. Mi tesis sería que así como el descubrimiento de los derechos humanos de la primera generación permitió definir con mayor precisión el concepto de "derecho formal", y el descubrimiento de los de segunda generación dio nuevo contenido al concepto de "derecho material", los derechos humanos de tercera generación están alumbrando un nuevo concepto de derecho humano, que yo llamaría "derecho real", de modo que una democracia basada sólo en los dos primeros correría el grave riesgo de ser claramente ilegítima.
D. Gracia, Hechos biológicos y derechos humanos (adaptado)

sábado, 13 de mayo de 2017

El río revuelto de las ecologías

La vulnerabilidad de la naturaleza
La naturaleza es sin duda un novum sobre el cual la teoría ética tiene que reflexionar. ¿Qué clase de obligación actúa en ella? ¿Se trata simplemente de la prudencia que nos prohíbe matar la gallina de los huevos de oro o cortar la rama sobre la que uno está sentado?
H. Jonas, El principio de responsabilidad

1. La ecología como imperativo ético y político
El ser humano influye sobre la biosfera más que cualquier otra especie. Desde las últimas décadas del siglo XX su capacidad para controlar la energía de la biosfera es preocupante, no sólo por las posibilidades de modificar el sistema, sino por las posibilidades de destruirlo. Este hecho ha situado a la ecología en el centro de la reflexión ética y política contemporánea.
La ecología, de ser una parte de la biología que estudia el medio ambiente, se ha convertido en una preocupación central en las ciencias sociales y en un objetivo prioritario. Esta prioridad no sólo ha surgido por la alarma de las ciencias naturales ante la depredación de los sistemas de energia que han realizado los países industrializados, sino por una nueva conciencia ética planetaria que está condicionada por dos tradiciones filosóficas: el naturalismo y el antropocentrismo.

2. Paradigma naturalista
La conciencia ética planetaria ha surgido porque la razón humana se ha tecnificado e instrumentalizado de tal forma que ha roto sus vínculos con la naturaleza. La civilización científico-técnica ha olvidado el orden natural del que procede y ha roto un equilibrio que es preciso restaurar y recuperar. El ser humano ha ignorado y desconocido los ritmos de un sistema al que le debe la vida.
La finalidad de la ecología es recuperar la centralidad de la vida (biocentrismo). A este paradigma se acogen dos modelos de ecología que cuentan con numerosos adeptos:
- Ecología superficial: Pretende reparar los daños causados y restaurar el orden natural. Su objetivo es conservar y limitar la arbitrariedad con la que el ser humano rompe el equilibrio de una naturaleza con la que formamos comunidad. Un representante significativo de este movimiento ecológico es el estadounidense Aldo Leopold.
- Ecología profunda: Insatisfechos con la restauración y la conservación; para recuperar el equilibrio hacen falta cambios más radicales y profundos, que sólo pueden tener su origen en una nueva mentalidad, en una nueva forma de entender el saber (ecosofía) y en una reubicación del lugar del ser humano en la cadena biológica. Para restaurar el equilibrio hay que controlar el crecimiento de la población. Un representante significativo es el noruego Arne Naess.

3. Paradigma antropocéntrico
Considera que la conciencia ética ha surgido por el descontrol y la irresponsabilidad con la que el ser humano se ha situado ante la evolución. Ésta ha situado al ser humano en el centro y, por consiguiente, hay una diferencia cualitativa entre el ser humano y el resto de los seres vivos (antropocentrismo). El progreso técnico debe ser redimensionado imponiendo límites éticos. Un representante significativo es Jacques Ellull.

4. ¿Tienen derechos los animales?
Uno de los problemas filosóficos más importantes de la ecología es la delimitación del valor que tiene el ser humano en el conjunto de los seres vivos. Mientras que los defensores del paradigma antropocéntrico asignan al ser humano un valor intrínseco y establecen para ello una diferencia cualitativa con el resto de los seres vivos, los defensores del paradigma naturalista consideran que todos los seres vivos tienen igual valor. Al conceder igual valor a todos los seres vivos surge el problema filosófico de los derechos de los animales. Veamos cómo plantean el tema el humanismo de Kant y el naturalismo utilitarista de Bentham.

Deberes hacia los animales
No tenemos por tanto ningún deber para con ellos de modo inmediato; los deberes para con los animales no representan sino deberes indirectos para con la humanidad. Tenemos deberes para con los animales, puesto que con ellos promovemos indirectamente los deberes para con la humanidad. Según esto, cuando alguien manda sacrificar a su perro porque ya no puede seguir ganándose el sustento, no contraviene en aboluto deber alguno para con el perro, habida cuenta de que éste no es capaz de juzgar tal cosa, pero sí atenta con ello contra la afabilidad y el carácter humanitario en cuanto tales, cosas que debe practicar en atención a los deberes humanos. Para no desarraigar estos deberes humanos, el hombre ha de ejercitar su compasión con los animales, pues aquel que se comporta cruelmente con ellos posee asimismo un corazón endurecido para con sus congéneres. Se puede, pues, conocer el corazón humano a partir de su relación con los animales.
¿No es un acto cruel que los viviseccionistas tomen animales vivos para realizar sus experimentos, si bien sus resultados se apliquen luego provechosamente?; desde luego, tales experimentos son admisibles porque los animales son considerados como instrumentos al servicio del hombre, pero no puede tolerarse de ninguna manera que se practiquen como un juego...
En resumen, nuestros deberes para con los animales constituyen deberes indirectos para con la humanidad.
I. Kant, Lecciones de ética (adaptado)

El sufrimiento y la condición humana
Quizá algún día se llegue a reconocer que el número de patas, la vellosidad de la piel o la terminación del os sacrum son razones igualmente insuficientes para dejar abandonado al mismo destino a un ser sensible. ¿Qué ha de ser, si no, lo que trace el límite insuperable? ¿Es la facultad de la razón, o quizá la del discurso? Pero un caballo o un perro adulto es, más allá de toda comparación, un animal más racional, y con el cual es más posible comunicarse que con un niño de un día, de una semana, o incluso de un mes. Y aun suponiendo que fuese de otra manera, ¿qué significaría eso? La cuestión no es si pueden razonar, o si pueden hablar, sino ¿pueden sufrir?
J. Bentham, Principios de moral y legislación

 

martes, 2 de mayo de 2017

Crecimiento y desarrollo

Tener bienes y ser felices
Lo que subyace a las ideas rivales del desarrollo -sus objetivos y procesos- son las diferentes ideas acerca de la vida buena, la sociedad justa y la actitud apropiada que las sociedades humanas deberían adoptar hacia la naturaleza. La toma de decisiones sobre el desarrollo suscita preguntas como: ¿cuál es la exacta relación entre tener bienes y ser bueno?, ¿cuáles son los fundamentos de la justicia en la sociedad?, ¿qué criterios deberían adoptar las sociedades humanas al relacionarse con la naturaleza?
D. Goulet, Desarrollo económico, desarrollo humano

1. Medir el desarrollo: un problema filosófico
Las ciencias sociales buscan métodos adecuados con los que medir el cambio social. En la elección del método intervienen criterios epistemológicos que condicionan la investigación. Los criterios epistemológicos son los criterios de selección de las variables que pueden intervenir en la investigación. La selección y determinación de las variables que se eligen es uno de los problemas éticos y políticos más importantes de la investigación social.
Este hecho lo podemos observar al medir el desarrollo. Los criterios epistemológicos que utilicemos dependerán de las dimensiones del desarrollo que deseemos medir. Hasta hace pocos años, la medición del desarrollo se consideraba un problema económico que se solucionaba clasificando los países según el producto interior bruto (PIB). Sin embargo, el PIB no contempla dimensiones cualitativas en la vida de los pueblos, es decir, no mide el grado de satisfacción de las personas, los niveles de justicia o la actitud con respecto a la naturaleza.
Estas dimensiones cualitativas de la vida son difíciles de medir porque los valores e ideales de vida son diferentes. Por eso se hace difícil buscar variables globales con las que analizar, comparar y evaluar directamente el desarrollo. Sin embargo, sí se pueden utilizar estas variables globales para realizar un estudio indirecto. Aunque no podamos decir directamente qué países están más desarrollados, sí podemos determinar cuáles lo están menos.
Determinar indicadores que contemplen las dimensiones cuantitativas y cualitativas es un problema filosófico importante porque mediante su uso no sólo se describe la situación de un país, sino que se establecen las fuentes normativas que usan quienes tomas las decisiones para orientar la asignación de recursos.

2. Reduccionismo económico y desarrollo social
En 1990, el Banco Mundial elaboró un Informe sobre el Desarrollo en el que se afirmaba que el criterio principal para la clasificación de un país es su producto nacional bruto (PNB) per cápita. El uso de un único indicador monetario originó varios problemas:
- Reduccionismo: El desarrollo se reduce a uno de sus aspectos, sin contar con otras dimensiones (social, política, ecológica o cultural).
- Indebida totalización: Al elegirse un solo indicador se ocultan diferencias importantes.
- Etnocentrismo: El indicador monetario puede ser importante en una cultura o civilización, pero no en otras. Se establece una única cultura como centro y criterio de las otras.

3. Métodos para estudiar el desarrollo
En las últimas décadas del siglo XX, y después de evaluar los distintos modelos existentes. Denis Goulet (1931-2006) propuso un método para estudiar el desarrollo de forma integral y global. Este método utiliza dos elementos: el "triángulo del desarrollo" y la "flor del desarrollo".


4. El triángulo del desarrollo global
El desarrollo global es el resultado de la intervención de varios factores; entre ellos, los expertos consideran que son tres los prioritarios: la precisión en el diagnóstico de las causas sobre las que se quiere intervenir, los actores y los valores que orientan la actuación.

 A.  Diagnóstico: ¿Cuál es el problema central?, ¿cuáles son sus causas?
 B.  Protagonistas socio-políticos: Necesidad de delimitar los actores socio-políticos que intervienen (¿quiénes son?, ¿qué oportunidades tienen?, ¿cómo actúan?).
 C.  Valores: ¿Qué valores tiene cada uno de los protagonistas?, ¿cómo se relacionan los valores de los protagonistas ante el diagnóstico de la situación?

5. La flor del desarrollo y sus dimensiones 
Para estudiar con precisión el desarrollo, Denis Goulet propone la figura de una flor con seis pétalos; de esta forma expresa cómo, sin todas las dimensiones (pétalos), no podemos apreciar el conjunto armónico que representa (flor).

La flor tiene tres objetivos:

 1)  Valorar los indicadores objetivos. Son aquellos usados generalmente por las distintas agencias de desarrollo.
 2)  Proporcionar un marco a posibles beneficiarios para que construyan indicadores subjetivos. Los indicadores subjetivos son aquellas medidas formuladas para la propia población interesada.
 3)  Instrumentar la planificación y evaluación de los agentes de cambio. Los especialistas, los técnicos y las propias comunidades pueden contar con indicadores para planificar el cambio y para evaluarlo.

 

lunes, 1 de mayo de 2017

Desarrollo humano y medio ambiente

1. Un edificio construido sobre arena
Alarmados por el uso que se había hecho de la ciencia en las dos guerras mundiales del siglo XX, los investigadores comenzaron a desterrar la idea de que la ciencia y la técnica son conocimientos neutrales. Son instrumentos que no sólo pueden ser utilizados para el desarrollo social, sino que pueden ser utilizados para la destrucción de las personas, los pueblos y el medio ambiente.
Para que el desarrollo científico-técnico pueda traer como consecuencia el desarrollo social, será necesario establecer un control social de las aplicaciones científicas y, sobre todo, revisar los débiles cimientos de una civilización construida sobre un desarrollo instrumental y no sobre el progreso moral.

El control de la ciencia
Definitivamente desencadenado, Prometeo, al que la ciencia proporciona fuerzas nunca antes conocidas y la economía un infatigable impulso, esté pidiendo una ética que evite mediante frenos voluntarios que su poder lleve a los hombres al desastre. La tesis de partida de este libro es que la promesa de la técnica moderna se ha convertido en una amenaza, o que la amenaza ha quedado indisociablemente asociada a la promesa.
H. Jonas, El principio de responsabilidad
2. Las tres metáforas del desarrollo
La representación que tengamos de nuestra relación con el medio ambiente influye directamente en el desarrollo. Hasta el siglo XVII se utilizaban metáforas orgánicas, para explicar una relación de equilibrio y armonía. Desde entonces hasta el siglo XX se han utilizado metáforas mecánicas para explicar una relación de estabilidad y orden mecánico. Desde finales del siglo XX se han utilizado metáforas computacionales y cibernéticas para explicar la relación en términos de información.

3. Actitudes ante la naturaleza
Entre las diversas actitudes que se dan frente a la naturaleza, se distinguen las siguientes:
- Romántica. El equilibrio entre el desarrollo y la naturaleza es el resultado de una fascinación por la vida natural. La conservación es un estado de armonía natural entre los hombres y el medio. La sofisticación de las técnicas impide descubrir la inocencia de la tierra. La actitud romántica es el resultado de una ética biocéntrica donde la persona es una pieza más del ecosistema.
- Técnica: El equilibrio es un problema técnico; de ingeniería genética, financiera, política o industrial. La naturaleza está al servicio del desarrollo humano y la técnica es el mejor instrumento para conseguir la armonía.
- Fatalista: El equilibrio es imposible, al hombre sólo le queda reducir el caos. Ya es imparable la destrucción de los ecosistemas porque el desarrollo humano ha puesto en marcha una serie de procesos que nos han situado en una pendiente resbaladiza donde sólo es posible frenar la caída. Más que de desarrollo, sólo nos queda hablar de resistencia.
- Individualista: Es una variante individualista de la fatalista. El equilibrio y la armonía son el resultado de un esfuerzo individual y heroico. Esta actitud la alimentan quienes se fabrican paraísos artificiales porque disfrutan de un alto nivel de vida, y también quienes ven en la arte la única esperanza para el equilibrio.
- Personalista: El equilibrio ecológico no se consigue sin un nuevo modelo de desarrollo centrado en la persona. La naturaleza y el medio ambiente no están fuera de la historia y la cultura. Nuestra relación con el medio está mediada por la cultura y condicionada por la historia. La situación actual es una ocasión no sólo para buscar un modelo alternativo de desarrollo, sino para que de él puedan participar todas las personas. Más que una ética biocéntrica, se busca una ética antropocéntrica, esto es, que tenga en cuenta a todas las personas.

4. Sistema terrestre y cambio global
Las relaciones del ser humano con el medio ambiente puden explicarse como relaciones que se producen dentro de un sistema. El medio ambiente no es únicamente aquello que está frente a nosotros, como si los bosques, las aguas o el aire fueran elementos que están a nuestra libre disposición. Hasta hace poco tiempo creíamos que así era. Sin embargo, hoy sabemos que nuestra relación tiene que ser diferente. El ser humano forma parte del sistema terrestre, con el que establece una serie de interacciones. Estas interacciones dan lugar a alteraciones y generan procesos de cambio.
Se produce un cambio global cuando las alteraciones en los sistemas naturales afectan al conjunto de la Tierra. El cambio puede ser sistémico cuando una alteración, por pequeña que sea, afecta al conjunto de la Tierra, como por ejemplo la mezcla de gases que provoca el efecto invernadero. El cambio puede ser acumulativo cuando sus efectos se dejan sentir en toda la Tierra. Por ejemplo, un cambio local (deforestación, desertización, etc.) tiene efectos que se pueden evaluar en el conjunto del sistema.

 Factores humanos de las decisiones medioambientales 
El siguiente cuadro analiza la relación entre la cultura y la naturaleza. Como refleja el cuadro, las decisiones ambientales son el resultados de la intervención del hombre en los procesos de la naturaleza. Estos procesos están en permanente interacción con los elementos que componen una cultura, tanto las instituciones como los sistemas de producción. En lo referente a la distribución de las responsabilidades no sólo podemos analizar la interacción, sino que debemos evaluar las intervenciones que desde la cultura realizamos en la naturaleza.

Interacciones entre los sistemas humanos y los sistemas naturales (adaptado de J. B. Robinson)

sábado, 29 de abril de 2017

Desarrollo humano y calidad de vida

Desde las últimas décadas del siglo XX, el problema del desarrollo ha sido un tema permanente en la agenda de todos los grupos sociales y políticos. Alarmados por las estimaciones científicas que pronostican la limitación de recursos energéticos no renovables y preocupados por las consecuencias de un crecimiento económico que ha generado un empobrecimiento del medio natural y social, los responsables de las instituciones han descubierto la fragilidad de una noción de progreso basada en una distribución desigual de los recursos. Con la finalidad de corregir este proceso y proyectar un desarrollo que sea realmente humano ha surgido el concepto de calidad de vida.

El ser humano, centro del desarrollo
Las medidas orientadas a fomentar un desarrollo endógeno y respetuoso del medio ambiente, reforzado por vínculos entre la cultura y las actividades económicas, contribuyen también a la forja de soluciones para los problemas que acechan actualmente a la humanidad. En este sentido, es de primordial importancia el respeto y reconocimiento de las identidades culturales -en particular de los pueblos aborígenes- y la formulación de estrategias de desarrollo adecuadas a las tradiciones y características sociales de cada comunidad. Sólo este enfoque les permitirá superar la miseria y alcanzar niveles de vida decorosos, sin tener que sacrificar su patrimonio cultural. Sólo así, colocando al hombre como verdadero protagonista y beneficiario del progreso, puede lograrse un desarrollo duradero y con rostro humano.
Federico Mayor Zaragoza, Los nudos gordianos

Doble ambigüedad del desarrollo
El desarrollo es un término doblemente ambiguo. Se usa descriptiva o normativamente, esto es, para presentar una condición presente o para proyectar una alternativa deseable. El uso descriptivo predomina en el creciente número de escritos, en informes de agencias internacionales. El uso normativo se encuentra en trabajos de crítica y de defensa de alternativas cuyos autores emplean un lenguaje que se sustenta en juicios valorativos para criticar el desarrollo tal como se lleva a cabo. Una segunda ambigüedad lo envuelve porque se refiere tanto a los fines del cambio social, como a los medios para llevarlo a cabo. Así significa la idea de una vida mejor o un sistema de medios para realizarla.
Denis Goulet, Desarrollo económico, desarrollo humano (adaptado)