Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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sábado, 24 de junio de 2017

Crítica de las ideologías y de las utopías

La crítica de las ideologías forma parte integrante de la tarea actual de la filosofía. Tiene un origen marxista, aunque desborda al propio marxismo.

1. En la estela del marxismo
La filosofía entendida como crítica de las ideologías es propia de la tradición marxista. De hecho, el concepto "ideología" es clave para entender el marxismo. Pero hay que señalar que el marxismo sólo se fija en una de las acepciones posibles del término. Al menos debemos recordar tres funciones del concepto "ideología": identidad de un grupo social, legitimación de una forma de poder y encubrimiento de una determinada situación. El marxismo sólo se ha centrado en esta tercera.
Lo que persigue Marx es básicamente que el ser humano pueda insertarse en la sociedad de una manera consciente y responsable. El ser humano se relaciona con la sociedad y con la naturaleza mediante el trabajo, el cual es organizado en función de determinadas representaciones de esta realidad. Si las representaciones no coinciden con la realidad, estamos ante representaciones falsas o ideologías, y si son adecuadas y verdaderas, nos hallamos ante la ciencia. Por eso, ciencia e idelogía se oponen.
El marxismo querrá constituirse como una ciencia y así eliminar todas las ideologías. La ciencia en la que se apoyará será la economía; de ahí que la filosofía de Marx virase de la filosofía a la economía.
Así pues, el marxismo entiende las ideologías como un conjunto de ideas falsas, que disimulan, ocultan o distorsionan la realidad en que se mueven los seres humanos. La crítica de las ideologías es una forma de desenmascarar estos pensamientos distorsionadores y mostrar la auténtica realidad. Esta crítica es una crítica teórica del derecho, la moral, la religión, etc., que implica necesariamente una transformación social, ya que permite a los seres humanos enfrentarse de una forma más consciente con sus circunstancias. Esta tradición marxista de crítica de ideologías ha sido desarrollada más recientemente por la llamada Escuela de Frankfurt o Teoría Crítica, grupo de filósofos que desde planteamientos marxistas desarrollan una crítica social y cultural. Autores de esta escuela filosófica son T. Adorno, M. Horkheimer, H. Marcuse o J. Habermas.

2. ¿Cómo criticar las ideologías?
Las ideologías, en sentido negativo, tal y como el marxismo las describe, nacen cuando se olvida que es la vida la que produce la conciencia, y creemos que las ideas son abstractas y absolutas. Es decir, nunca debemos olvidar que nuestro pensamiento está condicionado por las circunstancias. Pensamos que la "ideas" están ahí de una vez por siempre, que son algo absoluto, pero éstas, como todo lo humano, tienen un origen histórico, y es labor de la filosofía mostrar cómo todas las ideología (al igual que las utopías o cualquier producto del imaginario social) han sido creadas en un momento dado por unos seres humanos concretos.
Las ideologías se manifiestan cuando se presenta lo histórico como natural o cuando se presenta lo particular como algo general. Lo que ha de mostrar la filosofía, entendida como crítica de las ideologías, es que todo lo humano es histórico y está condicionado por unas circunstancias.

3. La crítica de las utopías
Muchas veces se ha cuestionado con fuerza a las utopías, sobre todo por su imposibilidad de realización; por no atenerse a los hechos y desconocer la experiencia histórica, lo cual les ha llevado a producir regímenes dictatoriales; y, finalmente, por la violencia que conlleva el querer realizar las utopías, lo cual conduce a "sociedades cerradas" donde se niega la libertad y es imposible vivir. Críticos de las utopías son algunos pensadores tan importantes como K. Popper o H. Jonas. Para evitar estas críticas y otras, muchas de ellas muy simplistas, convendría distinguir entre utopía y utopismo; el utopismo es aquella utopía que no tiene conciencia de sí misma y se confunde con la realidad.

No las grandes visiones, sino las pequeñas soluciones
La crítica de Popper a la utopía es una crítica radical pues no se dirige a tal o cual utopía, al contenido utópico, sino que apunta a la forma utópica. La forma utópica, el método utópico como él señala, acaba en la violencia, pues al ser una descripción ideal de los fines últimos de la sociedad y de la política y no ser discernibles científicamente, la pluralidad de visiones utópicas no pueden coexistir y tiende necesariamente a la destrucción, a la violencia. Frente a esto Popper defiende una pragmática concreta: "Trabajad para la eliminación de males concretos, más que para la realización de bienes abstractos. No pretendáis establecer la felicidad por medios políticos. Tended más bien a la eliminación de las desgracias concretas... Pero haced esto por medios directos."
T. Domingo Moratalla, Utopía

El error de la utopía: desconocer que lo humano es siempre problemático
El error de la utopía es, pues, un error de la antropología supuesta por ella, un error de su concepción de la esencia del hombre. El presente del hombre -distinto del de la larva, cuyo destino es convertirse en mariposa- es siempre plenamente válido en ese problematismo que él es. El problematismo humano es su propio fundamento, que lo sostiene. Tan imposible es conducirlo "hacia adelante" hasta una claridad sin sombras, como hacia atrás hasta el aproblematicismo de la naturaleza animal. Dentro de este problematicismo hay que esperar y temer todo. dentro de él han de moverse todas las expectativas depositadas en los individuos y en la humanidad.
H. Jonas, El principio de responsabilidad

lunes, 12 de junio de 2017

Mundos posibles: trazando el porvenir

1. Origen y sentidos del término "utopía"
El término "utopía" es un término griego y, sin embargo, desconocido para los griegos. Se trata de un neologismo creado por Tomás Moro para titular su propia obra sobre "la mejor de las Repúblicas". La "utopía" es, en la etimología de Moro, un "no-lugar" (ou-topos); el lugar, por el contrario, de una sociedad armónica y perfecta.
El término "utopía" tiene muchos sentidos, y por eso es muy difícil de definir. Si intentamos abarcar la pluralidad de sentidos que tiene podemos concebir el término "utopía" de tres maneras distintas:
- En primer lugar, puede ser entendido como un género literario. Es una forma literaria que debe su nacimiento moderno a Tomás Moro. La narración utópica, género que ha tenido notable éxito, se encuentra hoy en día potenciada por el género llamado de ciencia ficción, tanto literario como cinematográfico.
- En segundo lugar, es un concepto sociológico y político, pues es una forma de analizar una sociedad, ofrecer una alternativa a la misma, e idear formas diferentes de organización política.
- En tercer lugar, también puede ser entendido como una dimensión del ser humano ("la dimensión utópica"), sinónima de su capacidad de imaginar y proyectar mundos posibles.

2. La historia de la utopía
A lo largo de la historia las utopías han mostrado diferentes características. Este cuadro recoge las más significativas:


3. Imaginar otra sociedad
Muchas y de muy diversos tipos son las utopías que ha habido a lo largo de la historia: unas invitan al optimismo, otras al pesimismo; unas añoran el tiempo pasado, otras miran al futuro; unas se basan en la técnica, otras en la naturaleza. La imaginación humana ha soñado mundos donde la vida fuera diferente: a veces para alertarnos sobre lo que estamos haciendo en nuestra sociedad, y otras para alentarnos en lo que debemos y podemos hacer.

Platón: La República (siglo IV a.C.)
Platón esboza en esta obra lo que sería una "ciudad ideal". En ella debe existir un gobierno justo que haga imposible el que se pueda volver a repetir el caso de Sócrates, una persona buena y justa y, sin embargo, condenada por el Estado. Para construir una sociedad justa es necesario que haya un perfecto equilibrio entre las diferentes clases sociales: los gobernantes-filósofos, los guardianes y los artesanos. Esa sociedad ha de funcionar como un gran organismo en el que cada clase, al igual que cada órgano dentro de un cuerpo, realice su función. De esta utopía destacan tres elementos: igualdad educativa para hombres y mujeres, comunidad de mujeres y niños (con lo que se relativiza la unidad familiar) y, la más importante, el gobierno del más sabio: el filósofo.

T. Moro: Utopía (1516)
Tomás Moro parte en esta obra de una crítica muy dura a la situación real en la que se encuentra Inglaterra, para pasar después a presentar cómo es ese "otro lugar" (la isla de Utopía), donde las cosas son de otra manera. Esta isla se compone de diferentes ciudades, todas con la misma lengua, las mismas instituciones y costumbres. Todos los ciudadanos participan del trabajo, aunque de una forma muy racional, sin llegar nunca a la fatiga. La educación también está organizada de una forma racional, al igual que la sanidad y la comida. Hay comedores para todos. La riqueza está distribuida y no hay carestía de nada. Los "utopianos" odian la guerra y son muy tolerantes.

A. Huxley: Un mundo feliz (1932)
En este libro, uno de los más leídos del siglo XX, Aldous Huxley desarrolla una crítica a la sociedad de su tiempo, que en gran parte es también el nuestro, pues se centra en criticar la confianza ciega en el desarrollo de la tecnología. El libro de Huxley se suele definir como una antiutopía porque nace del rechazo a que la utopía moderna, la del mundo tecnificado, se cumpla. La sociedad descrita en este "mundo" es una sociedad que se procura que sea feliz, pero es una felicidad ingenua, conseguida por medio de la manipulación y de la ignorancia. Lo importante no es tanto hacer que los individuos sean felices cuanto que se sientan felices.

B. F. Skinner: Walden Dos (1948)
Esta obra presenta una de las pocas utopías positivas del siglo XX. En ella Burrhus Frederic Skinner describe una sociedad construida según sus principios de psicología conductista. El individuo está condicionado por los estímulos que le rodean, por tanto lo que ha de hacer el político-científico es controlar la estimulación que recibe el individuo y así moldearlo para que sea feliz. La sociedad dibujada es una sociedad tranquila, sin problemas. Quizá lo más importante de esta "utopía" no es que pueda existir, sino que muchos de los principios que rigen la sociedad pueden ponerse en práctica. Así por ejemplo, gran parte de los principios conductistas que rigen Walden Dos se aplican en muchos sistemas educativos y en muchos procesos sociales.       

sábado, 10 de junio de 2017

Aventurar lo posible: la imaginación

1. Conceptos clave
- Imaginación reproductora: Es aquella que se encarga de hacer presente objetos o acontecimientos ausentes. Las imágenes están íntimamente relacionadas con la percepción, aunque no se confunden con las percepciones por el grado de vivacidad.
- Imaginación productora o creadora: Este tipo de imágenes no se limita a reproducir las percepciones, sino que crea imágenes nuevas. Produce síntesis novedosas de percepciones anteriores. En este tipo de imaginación juega un gran papel la actividad del sujeto que imagina. Esta actividad puede ser consciente, como por ejemplo la creación literaria, o inconsciente, como por ejemplo en los sueños nocturnos.

2. Imaginar y pensar
El mundo que nos rodea es en gran medida fruto de la capacidad imaginativa y proyectiva del ser humano. La imaginación es por tanto la capacidad humana fundamental para interpretar la realidad. El análisis de la imaginación en la historia de la filosofía ha sido amplio, y en buena parte es el intento de verla no sólo como una capacidad psicológica, sino como la responsable del pensamiento y, por eso mismo, la que marca la diferencia con el resto de los animales.
Hasta épocas recientes la imaginación ha sido muy poco valorada. Unas veces se la ha considerado como una forma de conocimiento de segundo grado; otras, como una especie de "capricho" que se permitía la mente humana, una especie de "juego". Estudios recientes han puesto de relieve el auténtico valor de la imaginación y de sus productos. Gran parte de este revalorización de la imaginación se debe a Kant, para quien la imaginación no es sólo una facultad que combina impresiones sensibles, sino que representa la posibilidad misma de conocer, pues es la encargada de asociar imágenes y conceptos, es decir, de esquematizar la realidad y así poder comprenderla.


3. ¿Qué es la imaginación?
El fenómeno de la imaginación se puede entender de cuatro formas: (1) como evocación arbitraria de cosas ausentes, aunque existentes en otra parte: "me imagino que estoy en París"; (2) como un conjunto de representaciones que están en lugar de otra cosa representada: una reproducción de la imagen de la Gioconda; (3) como evocación de cosas que no están ni presentes ni ausentes, sino que no existen: un centauro; (4) como ilusiones, cosas que, aunque ausentes o inexistentes, parecen reales para el sujeto que las contempla: "me imagino que la carretera está encharcada, pero sólo es una ilusión.

4. Ejes de la imaginación
Las diferentes teorías sobre la imaginación, y las diferentes explicaciones asociadas a estas teorías, pueden vertebrarse sobre un doble eje: por un lado, el eje de la presencia-ausencia de la realidad imaginada y, por otro, el eje de la conciencia crítica o fascinada del sujeto que imagina.
- Eje presencia-ausencia de la realidad: Según este criterio, la imaginación se relaciona con la percepción y se puede entender como la facultad de producir representaciones debilitadas de lo que vemos, y en este sentido hablamos sólo de una imaginación reproductora. O podemos entenderla como vinculada a la ausencia, y así nos inclinamos al otro lado del eje: al de la creación. En este sentido imaginar es referirse a lo no presente, a lo no visto, y es precisamente algo opuesto a la percepción.
- Eje conciencia crítica-conciencia fascinada: Según este criterio, tendríamos formas diversas de entender la imaginación en función del grado de conciencia del sujeto a la hora de imaginar. Si el sujeto que imagina es capaz de mantener la distancia entre lo imaginario y lo real, hablaremos de conciencia crítica; si no es así, de conciencia fascinada.
La imaginación es una forma de innovación. Imaginar es aprender a mirar, ver nuevamente o ver de una manera distinta; es reestructurar lo que creemos ver y haber visto siempre; captar semejanzas donde aparentemente no las hay. No es una percepción que se desvanece, sino un significado que aparece.

5. Imaginario social: ideología y utopía
La imaginación no sólo es algo individual, sino que también se puede aplicar a la sociedad. El mundo en que vivimos es un mundo compartido y social; por tanto, la imaginación, instrumento de creación de mundos, tiene también un carácter social. Las construcciones de la imaginación (reglas, normas, creencias, ideas, ciencias, etc.) poseen un poder de representar nuestra identidad tanto social como individual. En esa medida, constituyen lo que se ha venido en llamar el imaginario social.
Este imaginario, conjunto de imágenes que articulan nuestra vida, se compone de ideologías y utopías, que, definidas de forma general, son maneras de interpretar el mundo. Las ideologías son ideas y valores que articulan la vida social (por ejemplo: el liberalismo, el socialismo, la religión, etc.); las utopías son propuestas aparentemente irreales de otro mundo diferente al que tendemos (utopía de una sociedad justa en la que se respeten los derechos humanos de todas las personas, la convivencia en una sociedad plural, etc.).
Las ideologías y las utopías han sido estudiadas por la sociología y la filosofía, aunque sólo en el siglo XX se ha hecho de manera conjunta. K. Mannheim las analizó desde el criterio de congruencia o no con la realidad. P. Ricoeur, en nuestra época, ha intentado recuperarlas para el análisis filosófico. Ambos se han ocupado de la función que estas construcciones imaginarias desempeñan en la sociedad, y no tanto de su definición. Uniendo los estudios de ambos, representamos las funciones que cumplen estos dos fenómenos mediante un esquema. En él destacamos cómo los dos fenómenos, ambivalentes y ambiguos como todo lo humano, pueden ser positivos o negativos.


      

lunes, 5 de junio de 2017

Soñar lo posible

Una de las tareas fundamentales de la filosofía es prestar la máxima atención a todo lo que nos rodea. Pero la filosofía no se conforma con dar cuenta de lo que hay, ni con establecer una síntesis más o menos lograda de varios saberes. También tiene como misión ayudarnos a vivir mejor, sin saber muy bien en qué consiste este vivir mejor. Por eso es imprescindible "lanzar ideas" que nos hagan ver la realidad de forma nueva o que nos descubran una realidad antes no percibida. La realidad es más de lo que parece; las cosas no son sólo lo que a primera vista nos muestran. La filosofía explora lo posible, abre lo que la costumbre cierra. Soñar, imaginar, crear... también es tarea de la filosofía.

A la historia de los hechos tendrá que suceder la historia de las esperanzas, la verdadera historia humana. La unidad de una cultura proviene del sistema de esperanzas que en ella se dibuja. Pero como ese sistema de esperanzas y desesperaciones suele estar detrás de los hechos, ha sido no solamente desconocido sino rehuido, con ese miedo del hombre moderno ante lo que va más allá de un simple acontecimiento.
Y el lugar donde la esperanza se ha refugiado de manera más confiada es en la Utopía. La historia de las utopías, las alternativas de su vida y evolución, de nacimiento y eclipse, es la historia más verídica de nuestra cultura de Occidente, de la vieja Europa.
M. Zambrano, Hacia un saber sobre el alma (adaptado)

1. Del mundo natural al mundo interpretado
La vida del ser humano no se desarrolla espontáneamente en un mundo natural. No vivimos sólo en un medio físico. Nuestro mundo está lleno de ideas, creencias, sentidos y palabras. No nos movemos como una piedra, dejándonos caer o desgastar por el viento; tampoco como los animales, respondiendo ante lo que nos sale al encuentro de una manera más o menos impulsiva. La vida humana es un detenerse y hacer algo con aquello con lo que nos encontramos.
Vivir humanamente significa por ello tener que optar entre diferentes posibilidades. Tenemos que estar haciendo algo con aquellos medios que encontramos, pues nuestra vida siempre está "mediada", siempre está "posibilitada". Para el ser humano no hay en ningún momento vida natural, pues el mundo, sea el que sea, siempre viene interpretado social, cultural y lingüísticamente. Querámoslo o no, siempre nos movemos en mundos de sentido.
Nuestra inserción en la realidad no es automática, sino que tenemos que elegir y determinarnos a nosotros mismos. En nuestra vida, las posibilidades que nos salen al encuentro no son sólo físicas o biológicas, sino más bien culturales y simbólicas. Por esto mismo, nuestro mundo no es simplemente el mundo. Mi mundo es el resultado de proyecciones y sentidos ante los que me encuentro y que posibilitan mi vivir.


Con mayor o menor actividad, originalidad y energía, el hombre hace mundo, fabrica mundo constantemente, y ya hemos visto que mundo o universo no es sino el esquema o interpretación que arma para asegurarse la vida. Diremos, pues, que el mundo es el instrumento por excelencia que el hombre produce, y el producirlo es una misma cosa con su vida, con su ser. El hombre es un fabricante nato de universos.
J. Ortega y Gasset, En torno a Galileo

2. Ideas y creencias
La forma habitual que tenemos de dar sentido al mundo y entenderlo es interpretándolo. Esta interpretación la solemos hacer mediante ideas y creencias.
Las creencias son explicaciones de sentido, nos las encontramos en nuestro entorno. Las ideas son aquello que pensamos. Las creencias nos sostienen, son las convicciones más íntimas y el suelo de nuestra vida. La vida humana se hace "sobre" creencias y "desde" creencias. Son nuestro mundo y nuestro ser; para cada uno de nosotros, que creemos en nuestras creencias, éstas se nos confunden con la realidad misma. Y cuando las creencias se resquebrajan, aparecen las ideas para suplir esa solidez.
Pero creencias e ideas son formas que tenemos para saber algo de la realidad, que es enigma, y movernos en ella. Esa realidad interpretada se la debemos a otras personas, no la creamos nosotros. Nunca podremos encontrarnos con una "realidad auténtica", anterior a estas interpretaciones. Para manejarnos en esta tierra indómita y enigmática, la realidad en sí, los hombres nos servimos de nuestra imaginación. Así creamos mundos.

3. Filosofía y mundo
Esta idea que estamos desarrollando es muy liberadora, pues nos permite ver el mundo no como un conjunto de determinaciones e imposiciones, sino más bien como un conjunto de elecciones que han ido poco a poco sedimentándose, como las capas de un terreno. Y lo mismo que ha sido formado mediante la acumulación de decisiones, ideas y creencias, también es un mundo que puede ser transformado, cambiado desde nuestras ideas y nuestras proyecciones.
Por todo esto, es tarea de la filosofía hacernos ver el mundo como el resultado de elecciones y decisiones. Al mismo tiempo es una herramienta para proyectar crítica y responsablemente el mundo en que queremos vivir. Por eso la tarea de la filosofía es crítica y creativa. La filosofía parte de la convicción de que nuestro mundo puede ser de otra manera y que de nuestro imaginar y pensar depende que así sea.  

4. Realidad desnuda y realidad interpretada
La realidad que nos rodea está siempre interpretada. Esto quiere decir que nadie tiene una visión privilegiada sobre la realidad, lo cual no nos sumerge en el escepticismo, sino en la necesidad de diálogo. Pero éste no será posible si no nos damos cuenta del papel que desempeñan en nuestra vida las creencias y, en general, la facultad proyectiva del ser humano, la cual nos diferencia del resto de los animales.

Vivir en el enigma
La realidad auténtica y primaria no tiene por sí figura. Por eso no cabe llamarla "mundo". Es un enigma propuesto a nuestro existir. Encontrarse viviendo es encontrarse irrevocablemente sumergido en lo enigmático. A este primario y preintelectual enigma reacciona el hombre haciendo funcionar su aparato intelectual, que es, sobre todo, imaginación.
El lugar de las creencias
Toda nuestra conducta, incluso la intelectual, depende de cuál sea el sistema de nuestras creencias auténticas. En ellas "vivimos, nos movemos y somos". Por lo mismo, no solemos tener conciencia expresa de ellas, nos las pensamos, sino que actúan latentes, como implicaciones de cuanto expresamente hacemos o pensamos. Cuando creemos de verdad en una cosa no tenemos la "idea" de esa cosa, sino que simplemente "contamos con ella".
J. Ortega y Gasset, Ideas y creencias

Somos... algo más
Sabemos, a partir de la experiencia, que el amor es algo más que un simple impulso reproductivo, y que la idea de hogar encierra un significado que no forma parte del mero concepto de refugio. Creemos que nuestro conocimiento no es sólo un mecanismo gracias al cual incrementamos las posibilidades de supervivencia de nuestra especie, sino que pretende ser una búsqueda de la verdad, un bien que estimamos dejando a un lado los beneficios prácticos que pueda traer consigo el crecimiento del conocimiento. Creemos que la persona humana tiene valor de por sí, y no meramente como un obrero contratado por la naturaleza para producir los espermas o los óvulos necesarios para la continuidad de la especie. Sabemos que las relaciones entre padres e hijos van más allá del orden de la naturaleza, cuyo mandato obedecen los progenitores al cuidar de sus vástagos. Sentimos que nuestro lenguaje es algo más que una colección de señales que intercambiamos con propósitos prácticos, que es una figura del espíritu que crea una comunidad y no sólo un instrumento para la supervivencia. Creemos además que, como consecuencia de este nuevo sentido, todas las características que compartimos con los animales adquieren a su vez un nuevo sentido.
L. Kolakowski, Horror metaphysicus

domingo, 4 de junio de 2017

Karl Otto Apel: "Sobran convenciones y faltan convicciones"

Si hay un hecho significativo en la biografía de Apel (1922-2017) es el recuerdo del contexto social que propició el ascenso de Adolf Hitler al poder. Apel recuerda que durante los años treinta el pueblo alemán aceptó progresiva y mayoritariamente un conjunto de convenciones sociales y políticas que eran éticamente inadmisibles. Asombrado por este hecho y las circunstancias que lo originaron, sus propuestas filosóficas siempre han partido de una pregunta básica: ¿qué es lo que hace legítima una convención social?

Ciertamente son muchas las convenciones que están presentes en nuestra vida. Desde la aceptación de la democracia representativa hasta la aceptación del código de circulación, nuestra vida está llena de convenciones y apenas si sabemos dar cuenta de ellas. Pero, ¿por qué no empezar a preguntarnos por la legitimidad de las convenciones?, ¿por qué no cuestionar las creencias sociales en las que vivimos? A partir de aquí podemos entender mejor por qué la filosofía de Apel podría sintetizarse con la expresión: "Sobran convenciones y faltan convicciones".

1. Ética universalista en la edad de la ciencia
Apel es consciente de que no todas las convicciones tienen igual valor y por eso, en lugar de clasificarlas por la originalidad o imaginación con que se plantean, las evalúa por medio de la responsabilidad que exigen. En este sentido, su ética no es una invitación a tener convicciones, sino a tener convicciones responsables.
Los desastres medioambientales y las guerras nucleares nos han despertado del sueño de unas consecuencias limitadas por las fronteras nacionales o locales. La ética no puede tener fronteras y tiene que ser, necesariamente, universalista. Si las consecuencias desbordan las fronteras físicas y temporales (afectan a más de una generación), necesitamos una ética que esté "más allá" de las convenciones de las culturas, los Estados o las instituciones que ahora tenemos, es decir, que nos permita evaluar las convenciones en términos de responsabilidad. Por ello Apel propone una ética post-convencional.

2. La transformación de la filosofía
Superar las convenciones y lograr las convicciones de esta ética de la responsabilidad es todo un desafío para la razón humana. Mientras que otros filósofos se resignan ante la situación actual y prefieren aceptar las convenciones sociales y políticas de los pueblos en los que viven, Apel prefiere ponerlas en cuestión. Para ello propone un cambio en el modelo de racionalidad.
En los dos volúmenes de su obra La transformación de la filosofía, Apel propone un cambio que asigne prioridad a la racionalidad comunicativa. Esta racionalidad es la del lenguaje y la interacción humana. El lenguaje ordinario y cotidiano es la base de cualquier otro lenguaje y a él deben remitirse los expertos cuando quieren que aceptemos sus propuestas. Desde ahí se replantea el problema de la verdad y la justicia, no como tareas de expertos, sino como exigencias cotidianas. No son problemas de negociación y cálculo entre expertos, sino desafíos que requieren diálogo social.

3. La obligación de dialogar y dar buenas razones
Para Apel el dialogar no es un instrumento de negociación, sino la forma en la que está estructurada la razón comunicativa. El diálogo con los propios protagonistas del desarrollo no es un elemento opcional, sino un elemento constitutivo sin el que no hay verdadero desarrollo humano.

La adaptación de la especie
La ética filosófica en general, afrontada de manera retrospectiva y bajo un ángulo casi evolucionista, puede ser considerada como la última respuesta del homo sapiens, es decir, de la razón humana a una especie particular de desafío.
Lo que quiero decir aquí avala un hecho confirmado tanto por la antropología filosófica y teológica como por la teoría científica de la evolución. Parece que la verdadera constitución de la especie humana debe, de una manera u otra, haber estado intrínsecamente ligada al cambio o disolución de las leyes instintivas del comportamiento animal y su adaptación al medio ambiente natural. Kant hablaba del "paso del yugo de los instintos a la conducta por la razón" o de la "tutela de la naturaleza en el estado de la libertad". Pero este hecho debe ser reinterpretado hoy en día.
La nueva exigencia para nuestra toma de responsabilidad a la vista de los efectos futuros directos e indirectos de nuestras actividades colectivas -no sólo en ciencia y en tecnología, sino en política y economía- se ofrece como la exigencia de una ética universalista de un tipo post-convencionalista y post-tradicional.
Es necesario fundar o establecer la posibilidad y el carácter razonable de la corresponsabilidad moral de todos los seres humanos según su aptitud y su poder, incluso para las instituciones mismas, incluida la institución del Estado de derecho.
El problema sólo puede ser resuelto de una manera radical con una nueva concepción de la responsabilidad, es más, de la corresponsabilidad. Se debe aplicar a priori a los seres humanos como miembros de una comunidad de lenguaje y de cooperación que se sitúa, por decirlo así, más allá de todas las instituciones y sistemas sociales, constituyendo algo así como una meta-institución primera de todas las instituciones posibles. Esto conlleva que debe ser posible poder recurrir a una concepción de la racionalidad o de la razón en lo que concierne a la coordinación de las acciones, que sea diferente de la racionalidad de los sistemas mientras usen la racionalidad estratégica de la acción humana.
Este último tipo de acción racional -racionalidad de los fines y de los medios aplicada a la interacción humana- no puede servir de base para la corresponsabilidad moral de la acción, ya que conduce necesariamente a dilemas y trampas sociales.
Es preciso afirmar que una cierta perspectiva antropocéntrica en un sentido amplio no puede y no debe ser eliminada en nuestra defensa de los seres vivos, que tienen su lugar en la escala de la naturaleza reconstuida como la prehistoria de la historia humana.
K. O. Apel, en H. Jonas, Nature et responsabilité (adaptado)