Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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domingo, 16 de septiembre de 2018

El cosmopolitismo o la ciudadanía global

1. Hacia la ciudadanía global
La ciudadanía puede entenderse desde la inclusión en comunidades de ámbitos cada vez más amplios.
  • Los seres humanos viven en comunidades concretas y adquieren su condición de ciudadanos en tanto que son miembros de una comunidad nacional o país determinado. Así, por ejemplo, podemos considerar ciudadano de un país a todas aquellas personas que residen legalmente en ese país. En este caso, son estas comunidades las encargadas de proteger sus derechos. El universalismo de los derechos humanos tiene su realidad en la existencia de las naciones, cuyas constituciones recogen jurídicamente las exigencias morales proclamadas en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
  • De esta forma, puesto que la ciudadanía, para ser real, ha de ser reconocida jurídicamente, parece que una ciudadanía que vaya más allá de una organización política es más un anhelo que una realidad. Sin embargo, en Europa se está llevando a cabo un proceso de convergencia hacia una comunidad de estados que hace pensar en la necesidad de una ciudadanía europea. El ciudadano europeo sería aquella persona perteneciente a cualquier estado nacional miembro de esta comunidad de naciones llamada Unión Europea.
  • El cosmopolitismo o ciudadanía global sería la resultante de nuestra pertenencia al mundo. Supone cultivar vínculos para resolver problemas que atañen a la comunidad humana en su conjunto, al planeta Tierra. Ser ciudadanos del mundo significa hoy pertenecer y participar en una comunidad sin Estado, en una comunidad ética cuya organización sería estrictamente moral, sin la limitación que suponen algunas leyes nacionales, las fronteras territoriales y los poderes políticos.
2. Ciudadanía y futuro
Debido al rápido avance en todos los sentidos (científico, técnico, cultural, etc.) de nuestras sociedades, los ciudadanos del futuro tendremos que responder a nuevos desafíos, porque somos, a la vez, habitantes de una comunidad local y de un mundo global y pluricultural.
La ciudadanía global hacia la que nos dirigimos implica:
  • Luchar por el planeta Tierra, que es nuestra casa común: combatir su deterioro, el cambio climático, etc.
  • Abordar el grave problema de la desigualdad social: un mundo dividido entre un Norte rico y un Sur pobre.
  • Adoptar una opinión acerca de los nuevos desarrollos y avances médicos, tecnológicos y científicos. Es decir, sobre las posibilidades y problemas éticos que surgen como consecuencia de tales avances.

 
 

sábado, 15 de septiembre de 2018

Psicología de la sexualidad

¿Qué es la sexualidad? ¿Por qué decimos de un afecto, emoción o expresión corporal que es "sexual" diferenciándolo de otras manifestaciones afectivas? En los manuales de psicología general más consultados encontramos definiciones que relacionan la sexualidad con la función reproductiva: Morris la define como "pulsión primaria que motiva la conducta reproductiva", mientras que Myer la describe como "el modo inteligente del que se vale la naturaleza para conseguir que la gente procree, con lo cual posibilita la supervivencia de la especie". Desde el punto de vista de la utilidad biológica, puede que estas aproximaciones sean exactas, pero parecen dejar fuera muchos comportamientos inequívocamente sexuales que tienen muy poco que ver con la reproducción (masturbación, homosexualidad, etc.); habría que aclarar al menos que el mismo tipo de pulsión puede motivar la conducta reproductiva y otras que no tienen que ver con la reproducción.
Freud tiene un concepto más amplio de sexualidad. Tras rechazar la reducción de ésta a genitalidad, señala como nota distintiva la excitabilidad de una zona erógena, variable en el tiempo y entre diferentes individuos (boca, ano, clítoris, vagina, uretra, pene, pezón, etc.), aunque al final del proceso de maduración todas las zonas erógenas quedan subordinadas bajo la primacía de lo genital. En todo caso, al incluir bajo el concepto de libido o eros todas las pulsiones que tienden a crear lazos de afecto intrapersonal (narcisismo) o intrapersonal (libido objetal), al final la distinción entre sexualidad y afectividad en general queda en el psicoanálisis freudiano bastante difuminada.
Aunque no es fácil dar una definición precisa que incluya todas las manifestaciones de la sexualidad y excluya las que no lo son, parece que ésta debe hallarse en un punto intermedio entre las definiciones excesivamente restrictivas (sexualidad = impulso hacia la unión de genitales con finalidad reproductiva) y las excesivamente amplias (sexualidad = afectividad).

1. La motivación sexual
Al contrario que otros impulsos primarios como el hambre o la sed, la satisfacción del impulso sexual no es necesaria para la supervivencia del individuo, aunque sí para la de la especie. Las fuentes de la motivación sexual pueden ser tanto internas como externas.
En los animales no humanos, las hormonas son las responsables exclusivas del control de la actividad sexual, que se realiza sólo en ciertos periodos ligados a la ovulación de las hembras (periodo de celo). En el hombre no existe periodo de celo, pero podemos preguntarnos si las hormonas siguen jugando un papel en la regulación del impulso sexual. Así, se han realizado estudios sobre la función de la testosterona (hormona sexual masculina), pero los resultados no proporcionan una correlación estricta y concluyente: el aumento del nivel de testosterona influye en el despertar sexual de la adolescencia, pero guarda poca relación con la fuerza del deseo sexual en la edad adulta.
Más claras son las localizaciones cerebrales del impulso sexual en el sistema límbico, como prueba la estimulación eléctrica de dicha zona: los monos presentan señales físicas de excitación sexual (erección), mientras que personas a las que se había aplicado ese tratamiento por razones médicas afirmaron haber experimentado placer sexual.
Otra fuente de estimulación interna es la actividad de la imaginación. Ésta puede ir unida, pero no necesariamente, a estímulos sensoriales externos de tipo visual o táctil: comúnmente se piensa que los estímulos visuales son más efectivos para la excitación sexual en el varón, mientras que los estímulos táctiles (caricias) excitan más a la mujer, aunque algunos experimentos concluyen que ambos sexos son sensibles a las dos formas de estimulación.
En los últimos años se está estudiando la función de las feromonas (sustancias segregadas por glándulas situadas en axilas y genitales y que sólo pueden ser percibidas por el olfato) como señales biológicas de receptividad sexual: comprobada esta función en los animales, existe alguna evidencia de un papel similar en la atracción sexual entre seres humanos.
Pero la evidencias más claras indican que, al margen de las señales biológicas, las formas primordiales de estimulación sexual entre los humanos están modeladas por la cultura: no hay ninguna razón biológica que justifique por qué el cuerpo desnudo, ciertas formas de vestir o algunos perfumen deban aumentar la excitación sexual; es más: las ideas sobre lo que es sexualmente atractivo varían mucho de una cultura a otra, o de una época a otra.

2. La conducta sexual
Hasta los años 50 del siglo XX existía la creencia común de que la práctica sexual absolutamente dominante era el coito vaginal dentro del matrimonio, mientras que otras formas de comportamiento sexual eran consideradas como desviaciones minoritarias de la norma general. La publicación en 1948 del Informe Kinsey corrigió en parte esta percepción general, mostrando que otras formas de conducta sexual (masturbación, coito anal, felación, etc.) eran más comunes de lo que se pensaba, aparte de señalar también porcentajes bastante elevados para el incesto, las relaciones sexuales preconyugales o extraconyugales y las relaciones homosexuales ocasionales o habituales. Este informe, centrado en la sexualidad masculina, quedó completado por otro publicado en 1953 que trataba sobre la sexualidad en la mujer.

Las críticas al Informe Kinsey
El Informe Kinsey fue sometido a críticas desde el momento de su publicación: la muestra escogida, pese a ser numerosa (casi 12.000 personas) estaba sesgada, ya que se eligió sobre todo a gente con tendencia a presumir de su actividad sexual, incluyendo a presos y delincuentes sexuales; de hecho, los datos sobre sexualidad infantil que contenía el informe procedían de un solo individuo, un pederasta que había abusado de más de 800 niños (y que Kinsey no denunció a la policía). Otros estudios posteriores más cuidadosos han arrojado porcentajes considerablemente más bajos de comportamiento sexual atípico: la homosexualidad pasa de un 10% en el Informe Kinsey a otras cifras que van del 1 al 3% en distintas encuestas realizadas para detectar factores de riesgo en la transmisión del SIDA; lo mismo en lo que se refiere a relaciones extraconyugales: no llegan al 10% las personas casadas que han tenido una relación ocasional, ni al 2% las que mantienen dicha relación en el tiempo, mientras que en el Informe Kinsey superaban el 25%.

Virginia Johnson y William Masters
La polémica por el Informe Kinsey se reprodujo en 1966, cuando el doctor William Masters y su ayudante Virginia Johnson publicaron un trabajo en que declaraban haber reclutado a cientos de voluntarios para observar sus reacciones mientras se masturbaban o mantenían relaciones sexuales. Estas observaciones sirvieron de base a la descripción del "ciclo de la respuesta sexual" en cuatro fases:

1. Excitación: Las áreas genitales se cargan de sangre (erección del pene en el varón y del clítoris en la mujer), a la vez que se abren los labios vaginales, aumenta la secreción vaginal y se agrandan los pezones.
2. Meseta: Continúan aumentando la respiración, el pulso y la presión sanguínea; en el varón, el pene alcanza su máximo tamaño y segrega una pequeña cantidad de semen (aunque muy inferior a la cantidad que eyaculará en la fase siguiente, contiene espermatozoides suficientes para hacer posible la fecundación); en la mujer, el clítoris se contrae y la secreción vaginal aumenta.
3. Orgasmo: Contracciones musculares en todo el cuerpo acompañadas de aumento de frecuencia de respiración y pulso; contracciones rítmicas en los genitales, acompañadas en el varón por la eyaculación del semen.
4. Resolución: El cuerpo vuelve gradualmente a su estado previo a la excitación y la zona genital se descarga de la sangre acumulada. Empieza ahora un periodo refractario en que el organismo es incapaz de un nuevo orgasmo (este periodo es prácticamente inexistente en la mujer y variable en el varón, desde unos minutos hasta varias horas).

3. Orientación e identidad sexual
Se entiende por orientación sexual la canalización del interés sexual hacia individuos de sexo distinto al propio (heterosexualidad), del mismo sexo (homosexualidad) o de ambos (bisexualidad). Por identidad sexual se entiende la pertenencia a uno de los dos sexos: en general, la identidad sexual psicológica coincide con la identidad sexual biológica, incluso entre los homosexuales (un varón homosexual no tiene por qué ser afeminado, ni considerarse a sí mismo como mujer; lo mismo vale para la mujer lesbiana), pero en algunos casos no es así: alguien biológicamente varón (es decir, XY) puede sentirse psicológicamente mujer y viceversa.
En relación con la homosexualidad, la discusión médica y psicológica se plantea en torno a su carácter congénito o adquirido. En favor de la primera alternativa se aducen los estudios de parentesco (la probabilidad de que una persona sea homosexual aumenta si tiene parientes homosexuales), algunos de los cuales arrojan correlaciones del 22% entre hermanos y hasta el 52% entre gemelos idénticos. Por su parte, Simon LeVay descubrió en 1991 rasgos distintivos claros en el cerebro de los varones homosexuales, concretamente en el hipotálamo.
Sin embargo, otros argumentos rechazan el carácter congénito de la homosexualidad: insisten sobre todo en la socialización temprana y las primeras experiencias afectivas en la infancia y adolescencia. Por otro lado, la influencia cultural sobre la orientación sexual puede comprobarse en las diferencias de porcentajes de homosexualidad en las distintas culturas.
En la actualidad se prefiere una explicación combinada de factores de distinto tipo, considerando, además, que puede haber diferentes clases de homosexualidad que respondan a causas también diferentes. 
   

sábado, 1 de septiembre de 2018

La expresión de las emociones

Se llama así al conjunto de cambios corporales observables (sonidos, posturas, gestos, etc.) que acompañan a una emoción determinada. Es la forma en que algo íntimo e inobservable (la propia emoción) sale fuera ("se ex-presa") para que pueda ser conocido por otros. Fundamentalmente se tienen en cuenta tres aspectos:

  1   La voz (intensidad, tono y timbre). Existe una amplia evidencia en lo que se refiere a un descenso del tono y disminución de la intensidad en la tristeza y (con menos seguridad) en el asco, mientras que en las otras emociones básicas (miedo, alegría, sorpresa, ira) la voz se hace más aguda e intensa.
  2   La postura corporal (hombros caídos o erguidos, manos abiertas o cerradas, posición de las extremidades, etc.) puede indicar también la emoción a la que acompaña.
  3   La expresión facial. Es el aspecto más estudiado de la expresión emocional. Ekman ha identificado en detalle la codificación facial de las seis emociones que él considera básicas:

a - Alegría: las comisuras de los labios se retraen y elevan (sonrisa) y las mejillas igualmente se elevan.
b - Ira: aproximación y descenso de las cejas (ceño fruncido), retraimiento del párpado superior y elevación del inferior, estrechamiento de los labios, boca abierta o semiabierta al descender la mandíbula y elevarse el labio superior, dientes apretados, mirada fija.
c - Miedo: aproximación y elevación de las cejas, boca y ojos abiertos, labios tensos.
d - Sorpresa: elevación de las cejas, ojos muy abiertos, elevación de la barbilla, descenso de la comisura de los labios.
e - Tristeza: aproximación y elevación de las cejas, elevación de la barbilla, descenso de la comisura de los labios.
f - Asco: elevación del labio superior, descenso de mandíbula y comisura de los labios, elevación de mejillas, arrugas en frente, nariz y párpados inferiores.

¿Hasta qué punto es posible el control voluntario de la expresión emocional y, por tanto, el ocultamiento o simulación de las propias emociones? La vida en sociedad nos ofrece múltiples ejemplos de este hecho e incluye reglas de manifestación de las emociones que prescriben quién puede expresar qué emoción, ante quién y en qué ocasiones: no se puede (no es culturalmente correcto) expresar alegría en un funeral, ni en general ira en una reunión social; un policía no puede expresar miedo ante un delincuente, etc. Ocultamos las emociones o fingimos sentir lo que sentimos, pero la cuestión es si es posible borrar totalmente cualquier expresión emocional hasta el punto de que la emoción resulte absolutamente indetectable para los demás. El propio Ekman realizó una curiosa experiencia en que, tras proyectar distintas escenas de películas (cómicas, dramáticas o repugnantes) a varios grupos, pidió a todos los sujetos que expresaran alegría: todos ellos dibujaron sonrisas en sus caras; cuando posteriormente se pidió a otros sujetos diferentes que distinguieran cuáles de estas sonrisas eran reales y cuáles fingidas, el porcentaje de aciertos fue sorprendentemente alto. Por tanto, viene a decir este experimento que, aunque nos esforcemos en disimular nuestras auténticas emociones, siempre quedará alguna señal de ellas que personas suficientemente atentas podrán reconocer: no es posible controlar totalmente nuestra expresión emocional.

jueves, 30 de agosto de 2018

La ciudadanía en la práctica

1. Los aspectos de la ciudadanía
Debido a la complejidad de las sociedades actuales, el concepto de ciudadanía puede observarse desde diversos puntos de vista en función de la forma en que los ciudadanos intervienen en la vida pública.

⇒ Ciudadanía política: Es el derecho de participar en las decisiones colectivas. En nuestras sociedades para intervenir en las decisiones de ámbito nacional es preciso ser miembro de pleno derecho de un país y poseer la nacionalidad. Ésta certifica la condición de pertenencia a una comunidad nacional determinada.
⇒ Ciudadanía social y económica: El hecho de pertenecer a un país determinado obliga a una serie de compromisos, como pagar impuestos y cuidar y conservar el entorno; pero también permite acceder a servicios y derechos sociales, como la atención médica, la educación, el trabajo digno, la prestación de desempleo, etc.
⇒ Ciudadanía cívica: Es la posibilidad de establecer multitud de relaciones en la comunidad, principalmente a través de asociaciones de las que es posible formar parte de una manera espontánea y voluntaria: familias, asociaciones vecinales, culturales y deportivas, sindicatos, partidos políticos, etc.
⇒ Ciudadanía intercultural: En las sociedades abiertas se produce una convivencia de grupos con culturas diferentes. Todos los ciudadanos, sin excepción, pueden adscribirse a aquella cultural, religión o modo de vida que estimen más conveniente o con la que se sientan más identificados, sin estar obligados a ello por tradición o cualquier otro motivo no elegido libremente.
⇒ Ciudadanía ecológica: Supone compartir un mismo entorno físico que tenemos que cuidar y conservar, no sólo para nosotros, sino también para las generaciones futuras.

Desde el punto de vista social y económico, todos los ciudadanos tienen derecho a un trabajo digno.
2. El ciudadano español 
En España se observan varios grados de ciudadanía:
- Una ciudadanía plena para aquellos que poseen la nacionalidad (reconocida en su DNI y en su pasaporte).
- Una ciudadanía restringida para aquellos que no poseen la nacionalidad pero residen legalmente en el país.
La diferencia entre unos y otros radica en la ciudadanía política: los que poseen la nacionalidad pueden participar en todas las decisiones colectivas y los que no la poseen, pero disponen de permisos de residencia, sólo pueden participar en decisiones de ámbito municipal en la localidad en la que están empadronados.    

lunes, 27 de agosto de 2018

Teorías sobre la emoción

1. La emoción como experiencia: Wundt, James y Freud
El estudio de la experiencia emocional con métodos introspectivos fue abordado por los fundadores de la psicología científica como Wundt. Según este autor, los sentimientos y emociones pueden clasificarse según su posición en tres pares de fuerzas:
  • Placer-displacer
  • Excitación-depresión
  • Tensión-relajación
Tuvo mayor repercusión en la psicología posterior el enfoque de William James, quien consideró la emoción como la experiencia de una reacción orgánica a un hecho percibido; su teoría suele sinterizarse mediente la afirmación "no corremos porque tenemos miedo, sino que tenemos miedo porque corremos", aunque si nos quedamos en ella corremos el riesgo de no entender lo que dice James. Veámoslo mediante un ejemplo:

 1.  Voy andando por una calle oscura y solitaria, de repente veo una figura humana moviéndose entre las sombras y me parece adivinar el brillo de una navaja en su mano. Se ha producido, por tanto, la percepción de una amenaza.
 2.  El organismo tiene una forma peculiar de reaccionar a la percepción de una amenaza, que consiste fundamentalmente en iniciar un movimiento para alejarse de dicha amenaza lo más rápidamente posible (huida); esta respuesta motora requiere una serie de reacciones orgánicas de tipo visceral, reguladas por el sistema nervioso autónomo: aceleración del pulso, contracción de los vasos sanguíneos, incremento de azúcar en la sangre, dilatación de los bronquiolos y aceleración del ritmo respiratorio, inhibición de la actividad digestiva, descarga de adrenalina, apertura de las pupilas, erección del vello, sudoración...
 3.  Se puede decir que la experiencia de miedo consiste en la percepción por parte del sujeto de los cambios fisiológicos enumerados en el punto anterior, muy especialmente la tensión de los músculos adyacentes a los vasos sanguíneos.

Este enfoque se conoce como teoría de James-Lange debido a que fue propuesto, al mismo tiempo que por James, por el danés Carl Lange.
Dentro de este grupo de teorías podemos incluir también el psicoanálisis de Freud, quien considera la emoción como el acontecimiento de mayor valor dentro de la vida psíquica. El pensamiento y la conducta de los hombres están movidos por la emoción mucho más que por las ideas, que generalmente no tienen más función que la de acompañar a los afectos: éstos no pueden ser extinguidos, mientras que las ideas sí que pueden sustituirse unas por otras; por ejemplo:
  • Desplazamiento: Cambio de acento que se produce entre dos ideas relacionadas (a veces muy lejanamente), de forma que la importancia subjetiva o carga emocional que merecería tener una de ellas pasa a la otra.
  • Simbolización: Sustitución de una o varias ideas abstractas por una imagen concreta.
Freud pone el origen de la enfermedad mental en una emoción que no ha podido expresarse adecuadamente y ha sido negada como tal, pero sigue actuando desde el fondo inconsciente de la personalidad: la curación (catarsis) pasa por recuperar el recuerdo de la experiencia reprimida acompañada de la emoción originaria para que ésta pueda, ahora sí, expresarse.

2. La emoción como comportamiento: Darwin, Watson y Ekman
El origen de este enfoque del estudio de la emoción se encuentra en el libro de Charles Darwin La expresión de las emociones en los animales y en el hombre, publicado en 1872. Partiendo de su teoría evolucionista, Darwin estudia la función adaptativa de las expresiones emocionales, considerando algunas de ellas como residuos de conductas que en su día tuvieron una finalidad supervivencial: si en su momento nuestros antepasados simios enseñaban los dientes a sus enemigos para asustarlos y ahuyentarlos, hoy este mismo gesto (enseñar los dientes) queda como expresión de la emoción de cólera. En consecuencia, las emociones, o más bien su expresión, se explican o bien desde su utilidad biológica actual, o bien como reminiscencias de conductas biológicamente útiles en el pasado.
Como buen conductista, John Watson rechazó el mentalismo de James y sencillamente prescindió de la experiencia emocional. Consideraba las emociones como "patrones de respuesta" que se ejecutan ante ciertos estímulos, algunos de ellos observables en niños recién nacidos y, por tanto, hereditarios (las tres emociones básicas: miedo, ira y amor, entendiendo por este último la disposición favorable a recibir caricias y otras señales de afecto), y el resto adquiridos por condicionamiento. Watson pretendía demostrar que las respuestas emocionales suscitadas por estímulos incondicionados (por ejemplo, el miedo ante un ruido inesperado) pueden transferirse a otros estímulos asociados a los primeros (por ejemplo, una rata blanca presentada a la vez que dicho ruido). Así lo probó en el famoso y controvertido experimento con el niño Albert.
En los años 70, Paul Ekman, psicólogo estadounidense nacido en 1934, retomó el asunto estudiado por Charles Darwin cien años antes, la expresión de las emociones, ofreciendo una clasificación de las emociones básicas (alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y asco) y de las expresiones que las acompañan: estas expresiones son universales, presentes en todas las personas al menos desde los seis meses de edad y comunes a todas las culturas, por lo tanto reconocibles entre individuos de culturas diferentes. Posteriormente se ha añadido alguna otra emoción, como el interés, la vergüenza, la culpa o el desprecio, con expresiones faciales también específicas y universales.

3. La emoción como suceso fisiológico: Cannon, Papez y Marañón
Walter Cannon cuestionó particularmente la base fisiológica de la teoría de James, por revelarse contraria a los hechos comprobados: si fuera verdad que la emoción es la percepción de unos cambios viscerales, debería aparecer de idéntica forma siempre que aparecieran éstos, pero tales cambios son muchas veces los mismos para emociones distintas (como el miedo y la ira), pueden acompañar a estados patológicos como la fiebre o incluso ser provocados artificialmente (inyecciones de adranalina) sin que el sujeto sienta una verdadera emoción.
En consecuencia, Cannon buscó otro centro neurofisiológico al cual estuvieran referidas tanto la experiencia como la conducta emocional. Lo halló en el conjunto formado por tálamo e hipotálamo, cuya activación provocaba dos clases de efectos: por un lado, el tálamo envía impulsos al córtex (experiencias); por otro, el hipotálamo los envía a los músculos, vísceras y glándulas (conducta). Un discípulo de Cannon llamado Philip Bard comprobó el papel del hipotálamo en la conducta emocional con sus experimentos con animales descorticados: cuando a un animal (perro, gato, etc.) se le ha extirpado toda la masa encefálica por encima del hipotálamo sigue comportándose de forma emocional, sus reacciones son incluso más intensas que en los animales normales, pero debemos dar por supuesto que el animal no siente ninguna emoción.
Frente a James-Lange, la teoría de Cannon-Bard no dice "tenemos miedo porque corremos", sino "tenemos miedo y corremos por la activación de tálamo e hipotálamo".
La teoría hipotalámica de Cannon, aunque supuso un avance frente a la de James-Lange, fue pronto superada por el descubrimiento del papel fundamental del sistema límbico. Este mérito corresponde sobre todo al neurólogo James Papez, que habla de tres corrientes de impulsos generadas desde el tálamo a partir del momento en que este recibe las aferencias de los receptores: la primera va desde el tálamo hasta los músculos (corriente de la acción), la segunda hasta la corteza cerebral (corriente del pensamiento) y la última, la más significativa, recorre el sistema límbico (corriente del sentimiento) desde el que los impulsos irradiados tiñen emocionalmente las representaciones generadas en el córtex.
Paul McLean desarrolló el descubrimiento de Papez, distinguiendo tres niveles de organización cerebral: el cerebro de los vertebrados inferiores o cerebro reptiliano, el propio de los mamíferos primitivos (que corresponde al sistema límbico de Papez) y el neocórtex o cerebro de los mamíferos superiores. El sistema límbico, responsable de la emoción, juega un papel intermedio entre la pura reactividad instintiva y las funciones mentales superiores.
La última aportación teórica en torno a la importancia del sistema límbico en la vida emocional ha tenido lugar de la mano de Joseph LeDoux, que en los años 90 descubrió la doble vía para el procesamiento cerebral de las emociones: mientras la vía principal y más conocida es la que va del tálamo a la corteza y de ésta a los músculos y vísceras, iniciando la respuesta motora adecuada, existe además una vía secundaria o corta que va del tálamo a la amígdala y puede desencadenar una respuesta sin mediación de la corteza: respuesta siempre más rápida, pero más primitiva e irracional, que normalmente se ve después confirmada, inhibida o modelada por el córtex (por ejemplo, si aparece un monstruo en una película de terror la amígdala envía a los músculos la orden de iniciar la huida, pero muy poco tiempo después el córtex inhibe esta respuesta al percibir que la amenaza no es real).
Otra estructura implicada en los procesos fisiológicos de la emoción es el sistema endocrino: glándulas que vierten sustancias químicas (hormonas) en la sangre. Existe una íntima relación entre los sistemas nervioso y endocrino, cuya más clara expresión es el conjunto hipotálamo-hipófisis, que controla la secreción de todas las glándulas del cuerpo. El médico español Gregorio Marañón estudió los efectos de inyecciones de adrenalina en la producción de emociones: aunque aparecían los cambios fisiológicos que acompañan a las emociones, no todos los sujetos vivían la experiencia emocional correspondiente, algunos la sentían como una representación carente de realidad. Este hecho, corroborado cuarenta años después por Schachter y Singer, confirmó la diferencia entre experiencia y fisiología de la emoción: aunque ambas suelen darse juntas, la correlación puede fallar e incluso puede aparecer la una sin la otra. Lo mental y lo físico son dos esferas distintas, aunque relacionadas.

4. La emoción como suceso cognitivo
La insuficiencia de la explicación fisiológica para dar cuenta de la experiencia emocional ha hecho que los psicólogos dirijan su mirada a los aspectos cognitivos de la misma, esto es, las ideas, creencias y expectativas que determinan el tipo de emoción que se experimenta. Con el ya mencionado precedente de los trabajos de Gregorio Marañón en los años 20, se considera la experiencia inaugural de este enfoque la realizada por Schachter y Singer en 1962. En ella, unos sujetos a los que se había inyectado una droga recibieron distintas informaciones sobre los efectos de dicha droga, veraces en unos casos y enteramente falsas en otros. Posteriormente se observaron sus reacciones y pudo comprobarse que el efecto de la droga dependía en buena medida de la información proporcionada a cada sujeto, que venía a sentir lo que esperaba sentir más que lo provocado por la droga consumida.
Desde finales del siglo XX han sido criticados tanto los modelos puramente cognitivos (la cognición determina la emoción) como los emotivos (la emoción determina la cognición), proponiendo a cambio un modelo de feedback en el que los aspectos cognitivos (creencias) condicionan la emoción que, a su vez, corrige o refuerza estas mismas creencias. A nivel cerebral, la interacción cognición-emoción se expresa como la inexistencia de estructuras cerebrales exclusivamente cognitivas o exclusivamente emotivas: todas ellas (tálamo, hipotálamo, sistema límbico, córtex...) son a la vez las dos cosas, aunque evolutivamente se hayan especializado en un tipo de tareas.

5. Conclusiones
Tras el rápido recorrido realizado por diferentes teorías sobre la emoción, podemos enumerar algunas conclusiones:
  1. La emoción es un proceso complejo y pluridimensional en el que diferentes factores se condicionan mutuamente sin solaparse o absorberse entre sí.
  2. El núcleo de la emoción, lo que la define como tal y nos permite clasificarla en diferentes tipos, es la experiencia emocional, accesible únicamente por autobservación; como acompañantes necesarios, pero variables en grado, de esta experiencia aparecen aspectos cognitivos (creencias y expectativas), fisiológicos y conductuales.
  3. La diferencia entre emociones primarias o básicas (innatas) y secundarias o derivadas (aprendidas) es generalmente aceptada, pero no lo es tanto la enumeración de las emociones ni su clasificación en una u otra categoría. Lejana en el tiempo y superada ya la admisión por Watson de tres únicas emociones básicas (miedo, ira y amor), en las últimas décadas ha tenido particular fortuna el criterio de Ekman acerca de seis emociones innatas (posteriormente ampliadas) cuya expresión corporal es universal: alegría, tristeza, ira, miedo, sorpresa, asco.
  4. No se puede señalar una única estructura fisiológica responsable de la emoción, sino que en la generación de ésta colaboran, al menos, el sistema nervioso autónomo, las glándulas de secreción interna, el hipotálamo, los sistemas reticular y límbico, y la corteza cerebral.
  5. Más difícil es concretar la forma en la que las distintas emociones se diferencian entre sí en cuanto a sus correlatos fisiológicos: se ha observado que el aumento del ritmo cardíaco es mayor en el miedo y la ira que en otras emociones como la sorpresa, el asco o la alegría; con el miedo los vasos sanguíneos se contraen y la temperatura de la piel desciende (nos ponemos "pálidos" de miedo), mientras que en la ira se dilatan y aumenta la temperatura de la piel ("rojo" de ira), etc. Estos datos, no obstante, no son enteramente generalizables y las mayores diferencias se dan en base a la intensidad de la emoción y no a su especie.