Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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martes, 31 de agosto de 2021

La incidencia de las emisiones de carbono

El mundo ha logrado avances en la reducción de las emisiones de carbono culpables del cambio climático. Ahora bien, de ninguna manera éstos son suficientes; es más, investigaciones recientes sugieren que el impacto del CO₂ es aún mayor de lo que temíamos. Stefan Rahmstorf, experto climático de la Universidad de Potsdam (Alemania), asegura que la ciencia es ahora más pesimista y que todo apunta a la necesidad de tomar acciones con urgencia. Para tener la posibilidad de evitar una catástrofe, debemos llegar a emisiones netas cero, donde estemos vertiendo CO₂ en la atmósfera no más rápido de lo que los procesos naturales de la Tierra o las tecnologías aún por desarrollar puedan eliminarlo, en menos de tres décadas.

Sin embargo, la mayoría de los países aún no tiene proyectos creíbles para producir los recortes de emisiones necesarios, y mucho menos para implementarlos. ¿Qué puede llegar a pasar si no tomamos medidas drásticas en el presente?

El destino de gran parte de la vida en el planeta depende de tres factores principales:

  • Cuánto CO₂ agregamos a la atmósfera.
  • Cómo cambian las condiciones en respuesta a todo ese dióxido de carbono adicional: cuánto calentará la Tierra y su impacto en el aumento del nivel del mar y el clima extremo.
  • Cómo nos preparamos para los cambios venideros.
De estos factores, el más importante con diferencia es la cantidad de CO₂ que emitimos. Esto es lo que está provocando el cambio climático, y está bajo nuestro control. En 1988, el científico climático James Hansen dio la primera advertencia de que necesitábamos reducir las emisiones. Siguieron décadas de negacionismo, pero hoy ese argumento ha convencido ya a la mayoría.

Casi todos los países han ratificado el Acuerdo de París de 2015, que aspira a limitar el calentamiento a 1,5ºC. Las pocas excepciones incluyen Turquía, Irán e Irak. Ante este panorama, el objetivo de la conferencia climática COP26 de la ONU a finales de 2021 en Glasgow (Reino Unido) es llegar aun plan creíble para lograr emisiones netas cero para mediados de siglo.

Mientras, las emisiones de dióxido de carbono siguen aumentando: han pasado de menos de 40 millones de toneladas por día en 1970 a más de mil millones en la actualidad. Ha habido algunos descensos cuando la economía mundial se ha tambaleado, como ocurrió después de la crisis financiera de 2007-2008, pero el crecimiento de las emisiones siempre se ha reanudado con la recuperación económica. La pandemia de coronavirus produjo, con mucho, la mayor caída en las emisiones que hemos vivido hasta ahora, con bajadas generales entre un 4% y un 7%. Sin embargo, duró poco: volvieron a niveles cercanos a la prepandemia alrededor de septiembre de 2020.


lunes, 30 de agosto de 2021

Damnificados por el cambio global

Carlos Duarte (n. 1960)
Hay dos aspectos simples pero cruciales que deben considerarse al abordar el cambio global y los ecosistemas:

1) Cada especie se ve afectada de forma diferente por una misma intensidad de cambio ambiental.

2) Las especies que componen un ecosistema interaccionan entre sí de forma que existe un complejo entramado de relaciones que van desde la dependencia a la competencia, pasando por la simbiosis o facilitación  mutua de la existencia, como en el caso de los polinizadores.

El cambio global opera sobre las especies pero afecta a la intensidad y naturaleza de las interacciones entre ellas.

Algo tan simple como la alteración de la fenología, o ritmos estacionales de las plantas y animales como consecuencia de cambios en el clima, hace que se pierdan muchas sincronizaciones entre especies, de forma que una planta puede no encontrar a tiempo al polinizador o dispersor de sus frutos si adelanta su ciclo con el calentamiento, o muchos animales pueden no encontrar su alimento.

Carlos Duarte (2007): Cambio global

domingo, 29 de agosto de 2021

El invierno nuclear

Hace 65 M.a. algo causó la extinción de los dinosaurios y de muchos otros animales y plantas. La hipótesis más aceptada como causa de esta extinción es el impacto de un asteroide de unos 10 km de diámetro. La energía liberada por el impacto equivaldría a mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima, e incrementó la temperatura entre 10 y 20ºC. Este hecho provocaría incendios masivos de bosques que liberaron a la atmósfera gran cantidad de CO₂ y hollín.

Las enormes cantidades de polvo y vapor de agua generados por el impacto, junto con el hollín, originarían nubes de aerosoles que los vientos distribuirían por todo el planeta. Estas nubes harían de pantalla solar provocando el enfriamiento de la superficie terrestre. A su vez, el enfriamiento reduciría la evaporación de los océanos y, consecuentemente, disminuirían las precipitaciones. Así, a las primeras semanas de altísimas temperaturas siguieron años oscuros, fríos y secos. Es lo que se ha llamado invierno nuclear porque sería el escenario que seguiría a una guerra nuclear de escala planetaria.


jueves, 26 de agosto de 2021

El róver Perseverance

El Perseverance es el quinto róver que los humanos hemos conseguido hacer aterrizar en Marte. Su misión es la más emocionante de las que se han llevado a cabo hasta la fecha. Mientras que los anteriores ingenios se centraron en explorar la geología y la posible habitabilidad del planeta rojo, este vehículo robótico de la NASA está buscando directamente indicios de vida pasada. Por ello, podría decirse que el momento en el que tocó el suelo marciano, en febrero de 2021, fue, a la vez, épico e histórico.

No es de extrañar que los científicos responsables del programa estén exultantes. Una de las personas que celebraron el amartizaje fue la geobióloga Tanja Bosak, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EEUU). Bosak ha estudiado durante mucho tiempo las primeras muestras de la existencia de vida en la Tierra en el registro geológico. Ahora, está aplicando sus conocimientos a Marte.

Esta vez, el Perseverance está haciendo el trabajo de campo por ella. El róver se encuentra explorando el cráter Jezero, una estructura de unos 49 kilómetros de diámetro que, según se cree, albergó un lago alimentado por ríos hace millones de años. Según Bosak, su lecho está cubierto de sedimentos y rocas adecuadas para preservar fósiles, por lo que es un lugar propicio para buscar indicios de vida.

Una de las peculiaridades más interesantes del vehículo robotizado es que cuenta con la capacidad de tomar muestras de rocas que quizá contengan rastros de vida antigua y prepararlas para ser enviadas a la Tierra. Para ello, acarrea 43 tubos, que llenará con las citadas muestras y almacenará en su zona ventral. Está previsto que más adelante se ponga en marcha otra misión que recolectará esos contenedores y los llevará hasta una sonda en órbita alrededor del planeta rojo, desde donde serán conducidos a la Tierra, quizá en 2031. Pues bien, quienes tendrán que seleccionar esas rocas son Bosak y sus colaboradores. Curiosamente, esta investigadora piensa que el resultado más fascinante sería no encontrar indicios de vida. Al fin y al cabo, las condiciones en Marte y en nuestro mundo eran muy similares hace miles de años. Si en las condiciones tan favorables para la vida como es el cráter Jezero, con los minerales adecuados y siendo un entorno con agua, no se encontrase finalmente nada o ni siquiera algo que la insinúe, ello nos indicaría que para que surja vida se precisa algo más.

Otra posibilidad es que se obtengan muestras muy antiguas y se encuentren moléculas prebióticas, esto es, un tipo de química que, por así decirlo, aún está aprendiendo a convertirse en vida. Esto sería aún más emocionante, puesto que aún no tenemos certeza de cuándo los conjuntos de moléculas dieron origen a la vida.

martes, 24 de agosto de 2021

Historia de la búsqueda de inteligencias alienígenas: Carl Sagan, Frank Drake, Jerry Ehman y Duncan Lorimer

A menudo se ha relacionado el encuentro con una civilización extraterrestre con el fenómeno ovni, esto es, con una toma de contacto con hipotéticos visitantes. Pero, ¿por qué no ir a su encuentro? En las décadas de los años 60 y 70 se dieron varios acontecimientos que han pasado a la historia de la búsqueda de inteligencias alienígenas. Todas ellas estuvieron protagonizadas por Carl Sagan y Frank Drake.

En 1960, cuando tenía treinta años, Frank Drake trabajaba en el radiotelescopio del observatorio de Green Bank, en Virginia Occidental. Ahora, Drake recuerda aquellos inicios:

Fue en esa época cuando se desarrolló la radioastronomía. Calculé que los telescopios que usábamos podrían detectar las radiotransmisiones de la Tierra a una distancia de diez años luz, de modo que era razonable tratar de buscar este tipo de señales de estrellas que estuvieran en ese rango de distancia, y convencí al director del observatorio para que me dejara hacerlo.
Este trabajo recibió una enorme difusión mediática, y a partir de ese momento mucha gente empezó a hacer lo mismo.

Drake comenzó en 1960 a registrar y analizar esas señales durante seis horas al día entre abril y julio de ese año. Fue una tarea metódica para la cual empleó unos medios que, desde la perspectiva actual, resultarían sumamente rudimentarios:

Frank Drake (n. 1930)
Con los instrumentos que tenía a mi disposición sólo podía examinar un canal. Hoy, los telescopios permiten escuchar miles de millones de ellos, y los equipos modernos son de mucho mayor tamaño. El radiotelescopio de Green Bank, por ejemplo, tiene unos 100 metros de diámetro. Además, existen varios proyectos para combinar ciertos de antenas y formar uno de un kilómetro cuadrado. El telescopio que empleé al principio tenía apenas 25 metros. En la actualidad, los equipos son mucho más rápidos y sensibles. Podemos detectar señales que se encuentran a miles de años luz de la Tierra.
La cuestión es que no sabemos a qué estrellas tenemos que apuntar, y, si desconocemos eso, al final tendremos que centrarnos en muchísimas de ellas. Asimismo, también debemos mirar en muchos canales de radio, pues tampoco sabemos cuál o cuáles de ellos podría estar usando una hipotética civilización extraterrestre. Por eso, necesitamos receptores de miles de millones de canales.

Tanta fue la repercusión de aquella primera búsqueda que realizó en 1960, que la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos le encargó que organizara una reunión en la que un grupo de expertos estudiaría si seguir ahondando en esa nueva vía de investigación.

Convoqué el encuentro para noviembre de 1961 en el observatorio de Green Bank y puse en conjunto a todos los especialistas en el mundo que conocía que estaban relacionados con este tema. Eran sólo doce personas.

Entre ellas, se encontraban tres premios nobel y un hombre que haría historia junto a Drake en las dos décadas siguientes: el ya mencionado Carl Sagan. Aquella cita fue bautizada como Conferencia SETI. Drake se convertiría más tarde en el fundador del proyecto del mismo nombre.

En el simposio, este astrónomo presentó la mítica ecuación que desde entonces lleva su apellido, una especie de punto de partida para tratar de determinar las probabilidades de que existan extraterrestres capaces de comunicarse.

Calculé que habría una posibilidad de cada mil de que un planeta de nuestra galaxia estuviera enviando señales, pero todos los hallazgos realizados en las última décadas han acentuado la idea de que podría haber muchas civilizaciones ahí fuera.
Hemos descubierto que existen planetas como la Tierra casi en cada estrella. Así, solo en la Vía Láctea habría muchas más de esas civilizaciones detectables de las que habíamos pensado en los años 60. Sin duda, hoy habría escrito una ecuación muy diferente.
Al final, el resultado de aquel primer encuentro de 1961 fue que era una buena idea dedicar recursos a la búsqueda de vida extraterrestre.

El 2 de marzo de 1972, la NASA lanzó al espacio la sonda Pioneer 10; y el 5 de abril de 1973, la Pioneer 11. El objetivo de ambas era viajar hasta los confines del Sistema Solar y, de paso, explorar el cinturón de asteroides, Saturno, Júpiter, Urano y Neptuno. Ambas naves llevaban una placa diseñada por un equipo de científicos coordinado por Sagan y Drake.

La citada placa, de oro y aluminio, contiene un mensaje sobre quiénes somos y la ubicación de nuestro planeta, de forma que si una de las Pioneer fuera interceptada por una cultura alienígena sabría su procedencia y algunos datos sobre la humanidad. La Pioneer 11 mantuvo el contacto con la Tierra hasta el 24 de noviembre de 1995, mientras que la última señal recibida de su hermana mayor sucedió el 23 de enero de 2003. Desde entonces, se alejan de la Tierra y vagan por el universo al albur de las corrientes cósmicas, como una de esas botellas que se lanzan al mar con un papel de socorro o con un último mensaje en su interior.

Un año más tarde, el 16 de noviembre de 1974, fue enviado al espacio el llamado mensaje Arecibo. Éste consistía en una señal de radio que contenía información sobre la humanidad. Se transmitió desde el radiotelescopio ubicado en dicha ciudad de Puerto Rico. La transmisión se dirigió hacia la constelación del cúmulo de Hércules o M13, a unos 25 000 años luz de nuestro planeta. Drake ideó igualmente el mensaje que portaba.

Lamentablemente, este telescopio, del que fui director algunos años y que en su día fue el mayor del mundo, con un disco de 300 metros, quedó irremisiblemente dañado en 2020 debido a un accidente. Es una muy mala notica, porque estaba sirviendo para hacer muy buenas investigaciones y, además, disponía de un potente equipo para enviar mensajes.

Las siguientes fechas clave en la búsqueda de inteligencia alienígena se sucedieron en el transcurso de apenas veinte días, en 1977, los que pasaron entre el lanzamiento de la sonda Voyager 2 ―el 20 de agosto de ese año― y el de la Voyager 1 ―el 5 de septiembre―. Fueron los nuevos intentos de la NASA de enviar un artefacto lo más lejos posible, al encuentro de una civilización alienígena. Para ello, ambas portan un peculiar disco dorado que contiene una selección de sonidos de la cultura humana ―incluye desde música de Bach y Mozart hasta saludos en numerosos idiomas y un discurso del entonces presidente estadounidense Jimmy Carter― y de la naturaleza de la Tierra ―grabaciones del viento, de tormentas y de animales―. El contenido del disco fue decidido por un comité de la NASA formado entre otros por Sagan y Drake.

La Voyager 1 alcanzó en 2012 el espacio interestelar, una región situada más allá de la heliopausa ―el límite, por así decirlo, de la influencia del astro rey y que marcaría la frontera del Sistema Solar―, a unos 18 000 millones de kilómetros de la Tierra.

Poco antes de que fueran enviadas al espacio, el 15 de agosto de 1977, el radiotelescopio de la Universidad Estatal de Ohio recibió una extraña señal procedente de la constelación de Sagitario. El astrónomo Jerry Ehman se percató de ello días más tarde. Mientras analizaba sus características en una hoja que contenía los datos impresos, marcó una serie de números y anotó en el margen Wow!

La señal Wow! era unas treinta veces más fuerte que el ruido ordinario del espacio profundo y fue la primera firme candidata a provenir de una civilización extraterrestre. Aunque desde entonces se han ofrecido diversas explicaciones para la misma ―se ha barajado que la originó un cometa―, ninguna se ha considerado concluyente. No obstante, entre los expertos la hipótesis más extendida es que, en realidad, provino de un fenómeno natural. En todo caso, no fue más que un mero parpadeo: se prolongó durante apenas 72 segundos.


Con el paso de los años, y a medida que se ha perfeccionado la tecnología para captar las señales del cosmos, tal cosa ha dejado de ser algo extraordinario. Hoy, las llamadas fast radio bursts ―en castellano, ráfagas rápidas de radio (RRR)―, son las que despiertan la curiosidad de los científicos. En un primer momento, algunos plantearon incluso que podrían ser el eco de la actividad de una lejana civilización alienígena. De hecho, el mediático astrofísico Abi Loev, catedrático de la Universidad de Harvard, mantiene que no habría que descartar tal posibilidad.

La primera RRR fue descubierta en 2007 por el astrónomo de la Universidad de Virginia Occidental Duncan Lorimer (n. 1969). La señal fue detectada por el radiotelescopio Parkes, en Australia. A menudo, las RRR son muy brillantes y tienen patrones fijos, algo sumamente llamativo. Lorimer admite que, al principio, se le pasó por la cabeza que quizás provinieran de una cultura alienígena.

Desde luego, no era algo disparatado, especialmente en aquellos momentos, cuando únicamente habíamos captado un episodio semejante, esto es, un solo pulso de radio.
Se podía elucubrar incluso la cantidad de energía que habría sido necesaria para emitir una señal semejante desde lo que podríamos considerar el jardín trasero de nuestra galaxia, y si para una civilización avanzada sería posible producirla.

Pero Lorimer, que ya llevaba un par de décadas dedicándose a la astronomía, se sentía, según sus propias palabras, más cómodo pensando que se debían a algún tipo de fenómeno celeste.

La señal fue captada mientras el equipo de Lorimer buscaba púlsares ―un tipo de estrella de neutrones― en las Nubes de Magallanes, unas galaxias satélites de la Vía Láctea. Lorimer indicaba:

Tenemos constancia de que en ellas existen unos veinte. El caso es que buena parte de ellos han sido descubiertos gracias al rastreo que se hizo durante la investigación en la que se halló la primera RRR.

Desde 2007 se han observado muchas más de esas ráfagas de radio, pero los científicos aún no saben fehacientemente qué las produce. Eso sí, la gran mayoría están convencidos de que su origen es natural.

Una vez más, todo es consecuencia del desarrollo de la radioastronomía, que no solo está llevando a los investigadores del SETI a ser cada vez más ambiciosos y avanzar en la búsqueda de otras civilizaciones en el universo, sino que está permitiendo captar fenómenos hasta ahora desconocidos, como las RRR. Dice Lorimer:

Los telescopios actuales son mucho mejores que los que había hacer quince o veinte años. Lo que más ha cambiado es la cantidad de cielo que pueden cubrir de una vez. Los que usábamos en 2001 apenas podían ver una pequeña fracción, más o menos como un área equivalente a la Luna llena. Ahora, nos podemos centrar en zona muchísimo más amplias.

Según comenta Lorimer, la detección de aquella primera RRR fue inesperada e impactante por distintas razones:

En primer lugar, porque fue increíblemente brillante. Saturó la electrónica del telescopio y hasta eliminó las interferencias que se estaban recibiendo. Resplandeció durante unos cinco milisegundos y luego desapareció. Además, cuando investigamos de qué parte del universo procedía comprobamos que su origen no eran las Nubes de Magallanes, donde nosotros rastreábamos, sino un punto ligeramente al sur del cielo, una zona bastante aleatoria del universo.

Con el tiempo, se empezaron a captar más RRR y las investigaciones empezaron a descartar la hipótesis extraterrestre.

La teoría más extendida es que proceden de magnetares, unas estrellas de neutrones que generan un intenso campo magnético y un brillo miles de millones de veces mayor que el del Sol. Asimismo, pueden producir pulsos de corta duración.

Según Lorimer, todo indica que existen al menos dos variedades de RRR: las que se repiten y las que no:

Hay diferencias notables entre ambas, y eso sugiere que no forman parte del mismo fenómeno, que ha de haber al menos dos tipos de fuentes que producen estas radiaciones.
La primera procedente de un enclave en la Vía Láctea se originó en una fuente situada a unos 30 000 años luz. El resto parece provenir de otras galaxias, a miles de millones de años luz. Algunas fueron emitidas antes incluso de que se hubiera formado la Tierra.

Con todo, el misterio que rodea a las ráfagas rápidas de radio está aún lejos de resolverse. De hecho, es muy probable que el empleo de radiotelescopios cada vez más potentes permita descubrir otro tipo de señales de las que a día de hoy desconocemos su existencia. Entretanto, el estudio de este tipo de fenómenos irá haciendo cada vez más completo nuestro conocimiento del universo. Aun así, lo que espera Drake y otros muchos investigadores embarcados en los diversos programas SETI es que algún día se demuestre que una de esas transmisiones fue emitida por una civilización extraterrestre.

En cualquier caso, la búsqueda continúa, porque la partida va en serio y los medios tecnológicos acompañan. A sus 91 años, Drake sigue dedicado a ello:

Semejante hallazgo tendría mucha más trascendencia que la llegada a la Luna o la de Colón a América. Contactar con una civilización extraterrestre es, sin duda, el mayor acontecimiento científico que podría suceder.
Estoy convencido de que las civilizaciones que encontrásemos serían amigables. No hay nada que ganar atacando a otra. Se encontrarían muy lejos y sería un gasto enorme de recursos y energía tratar de hacerlo.
Cualquier contacto con una cultura alienígena será pacífico y positivo, y, desde luego, será muy bueno para nosotros. Nos dará la oportunidad de aprender mucho de ella, quizá de intercambiar todo tipo de conocimientos. En realidad, imagino ese encuentro todos los días.

sábado, 21 de agosto de 2021

Variabilidad de la conducta

Herbert Spencer Jennings (1868-1947) se opuso a la idea de que la conducta animal estaba rígidamente fijada por fuerzas meramente mecanicistas, implicadas en una estricta interpretación del tropismo. Jennings no era ni vitalista ni teleologista, y era tan mecanicista como Loeb, pero sus estudios sobre la conducta de los organismos inferiores lo convencieron de que incluso los protozoarios no reaccionan automáticamente y de inmediato a las fuerzas proporcionadas por la estimulación externa. Encontró, en sus reacciones, una conducta variable o aproximativa, como si el organismo estuviera ajustando sus movimientos al estímulo por medio del "ensayo y error". También podían modificarse las reacciones. Schneirla dio crédito a Jennings por indicar los diversos estímulos a que reaccionarán los protozoos, el que su conducta manifieste variabilidad y la significación de las condiciones internas del individuo para saber el tipo de reacción que mostrará. Las doctrinas de Jennings de ensayo y error y de encontrar soluciones por medio de la conducta de los estados fisiológicos (internos) de los animales proporcionó una orientación para estudiar la conducta adaptativa, consistente en el desarrollo del concepto de pulsión. A decir verdad, Harlow (1953) deploró, en la siguiente afirmación, la influencia ejercida por Jennings:

... se le dio excesiva importancia y se puso demasiado hincapié en la demostración de Jennings de que el estado fisiológico es un elemento para determinar la conducta de los animales inferiores, relegándose así el papel de la estimulación externa, como fuerza de la motivación, a una posición secundaria.

Wallace Craig (1876-1954) desarrolló una interpretación en cierto modo similar, que se basaba en sus experimentos con palomas. Craig suponía que un estado fisiológico como el hambre inducía una búsqueda inquieta, que podría llevar al descubrimiento de un estímulo, como el alimento, al que puede darse una respuesta consumatoria, para así acallar el estado fisiológico y la inquietud.

martes, 17 de agosto de 2021

Contacto con posibles civilizaciones extraterrestres

Durante mucho tiempo, el ser humano imaginó -y así lo trasladó al cine y a la literatura- que el contacto con posibles civilizaciones extraterrestres se realizaría en la Tierra, es decir, que los alienígenas viajarían hasta nuestro planeta y nos encontrarían. Pero en los años 60, ese enfoque cambió. A través de diversos programas impulsados, entre otros, por el famoso cosmólogo y divulgador científico Carl Sagan (1934-1996) y el astrónomo Frank Drake (n. 1930), se empezaron a enviar sondas y señales al espacio exterior, con la esperanza de contactar con ellos.

Durante las dos primeras décadas de este siglo XXI, gracias al desarrollo de radiotelescopios cada vez más potentes, se ha dado un paso hacia adelante. Un ejemplo es el proyecto Breakthrough Listen, que se puso en marcha en 2016. Los investigadores que participan en él rastrean las profundidades del cosmos, que cada vez se percibe con más detalle. La idea es tratar de detectar indicios de la existencia de inteligencias distintas a la nuestra.

Andrew Siemion
En el fondo, con todo ello se trata de responder a una de las preguntas más profundas que podemos hacernos: ¿estamos solos en el universo? El astrónomo Andrew Siemion (n. 1980), director de la iniciativa Breakthrough Listen y responsable del centro SETI de búsqueda de inteligencia extraterrestre de la Universidad de California, en Berkely, indica:

La probabilidad de que existan civilizaciones extraterrestres es baja. No obstante, el cosmos es vastísimo, y resulta presuntuoso pensar que la nuestra es la única. Si disponemos de las herramientas para buscarlas, ¿por qué no hacerlo?

Para tratar de detectar una hipotética cultura alienígena, los grupos de científicos que coordina Siemion escudriñan el espacio en busca de señales de radio. Para ello emplean fundamentalmente los radiotelescopios de los observatorios Parkes, en Australia, y Green Bank, en Estados Unidos. Este último es el mayor instrumento de su tipo orientable del mundo. El equipo de Siemion utiliza asimismo la información aportada por el telescopio Allen, en California.

En los próximos años, se dará un avance trascendental en este sentido, cuando se ponga en marcha el radiotelescopio Square Kilometre Array (SKA), que, sin duda, será el más grande construido hasta la fecha. La idea es conectar miles de pequeñas antenas y cientos de platos y combinar sus capacidades, de forma que, al final, su potencia equivaldría a la de un dispositivo gigantesco, de alrededor de un kilómetro cuadrado.

Señala Siemion:

Recabamos una ingente cantidad de datos a través de los radiotelescopios y después los analizamos pormenorizadamente. Tratamos de discernir si las señales de radio detectadas tienen un origen natural o artificial y, en su caso, si provienen de un artefacto humano, como un satélite, o un punto lejano del universo, quizá de una civilización extraterrestre.
La actividad de una de esas presuntas civilizaciones dejaría señales de radio que podríamos captar desde la Tierra. Del mismo modo, debido a la tecnología que usamos los seres humanos, se emiten transmisiones de radio desde nuestro planeta. Llegado el caso, éstas podrían ser detectadas por una cultura alienígena.

Es un proceso lento y laborioso, lleno de falsos positivos y que exige la dedicación de muchos científicos de distintas especialidades.

El programa Breakthrough Listen se presentó en Londres el 20 de julio de 2015, en la sede de la Royal Society. Al acontecimiento asistió uno de sus principales impulsores, el físico Stephen Hawking, quien afirmó entonces:

Ha llegado el momento de comprometerse a encontrar la respuesta; de buscar vida más allá de la Tierra. El ser humano tiene una profunda necesidad de explorar, aprender y saber. También somos criaturas sociales. Es importante que averigüemos si estamos solos en la oscuridad.

El proyecto partió con una financiación de 100 millones de dólares, una cantidad que se encargó de proporcionar el multimillonario ruso del sector tecnológico Yuri Milner.

Con la llegada del nuevo milenio, los hallazgos sobre el universo se han multiplicado y algunos han sido de tal envergadura que han abierto un escenario diferente; así lo plantea Siemion:

Recordemos que hasta no hace mucho tiempo se pensaba que los planetas como la Tierra eran una rareza, pero en las últimas dos décadas hemos descubierto que no es así, y que existen muchos mundos extrasolares como el nuestro y galaxias que podrían estar repletas de ellos. Es decir, sabemos que en multitud de enclaves es posible que se den las condiciones necesarias para que haya vida inteligente.

Puede que los humanos hayamos sido un caso único en los 13 800 millones de años de historia del universo, pero en ese tiempo quizás haya habido margen para otras posibilidades.

sábado, 14 de agosto de 2021

Cómo convertir el dióxido de carbono en un combustible limpio

El dióxido de carbono o CO₂, ligado al efecto invernadero, es el gran villano climático. Reducir o eliminar su presencia en la atmósfera es el objetivo de numerosos equipos de científicos. Ahora, uno liderado por investigadores de la Universidad de Illinois y el Laboratorio Nacional Argonne del Departamento de Energía de Estados Unidos ha desarrollado un sistema limpio que captura el que emiten las fábricas y centrales térmicas y lo convierte en etanol, un alcohol que tiene entre otros muchos usos el de combustible industrial y doméstico.

El método se basa en un electrocatalizador formado por átomos de cobre dispersos sobre un soporte de polvo de carbono, que mediante una reacción electroquímica descompone el CO₂ y las moléculas de agua y vuelve a ensamblar selectivamente las piezas rotas de etanol, ayudado por un campo eléctrico externo.

El prototipo ha demostrado una eficiencia de más del 90%, muy superior a la de procesos similares, y con poco gasto de electricidad. El siguiente paso será integrarlo en módulos de captura y conversión de dióxido de carbono que se instalarán en las fábricas.


Central térmica

Universidad de Nagoya: Test de orina para la detección de tumores cerebrales

Trastornos del habla, convulsiones, dolor de cabeza, alteraciones cognitivas y emocionales, deficiencias visuales... Los síntomas iniciales de un tumor cerebral dependen sobre todo de la ubicación de éste, son variados y a menudo aparecen cuando ya es tarde y las posibilidades de supervivencia del afectado reducidas. Por eso es tan prometedor la reciente investigación de unos científicos de la Universidad de Nagoya (Japón), que usan un simple test de orina para la detección temprana de tumores en el cerebro.

El método se basa en un pequeño dispositivo que contiene cien millones de nanocables de óxido de zinc: permite medir en una muestra de sólo un mililitro de orina la presencia de los llamados micro-ARN, pequeñas moléculas de ácido nucleico liberadas por diversos tipos de células y que sirven como biomarcadores del cáncer.

El análisis de los micro-ARN recogidos con este aparato en la orina de personas sin ese mal y de otra con un tumor cerebral reveló que muchos de esos compuestos derivados de las células cancerosas en el cerebro existen en la orina en una condición estable, lo que facilita su detección, posible incluso en los primeros estadios del tumor. El sistema distinguió a los enfermos de los sanos con una efectividad de casi el cien por cien.


viernes, 13 de agosto de 2021

Controversias sobre el poblamiento de América

La hipótesis más extendida sobre el poblamiento de América sostiene que los humanos cruzaron desde Asia por el denominado Puente de Beringia, un amplio territorio o puente de tierra situado entre Siberia y Alaska, donde se encuentra actualmente el Estrecho de Bering, hace unos 13 000 años. Sin embargo, diferentes hallazgos arqueológicos lo ponen en entredicho.

En los años 60, se encontraron huesos de conejos y venados en las profundidades de la cueva de Coxcatlán, en el sur de México. Según la datación por radiocarbono hecha en 2021 por el antropólogo Andrew Somerville, de la Universidad Estatal de Iowa (EEUU), estos restos tienen entre 33 448 y 28 279 años. Y si por otro lado pudiera determinarse que estos huesos tienen marcas de cortes realizados con herramientas o alteraciones causadas por el fuego, indicaría que la llegada de los seres humanos al continente americano es anterior a la hipótesis de la emigración a través del Puente de Beringia.

En 2019, la revista Science publicó el descubrimiento en el noroeste de Estados Unidos de herramientas de hace 16 000 años parecidas a las coetáneas de la isla japonesa de Hokkaido. En 2020, dos estudios publicados en Nature comunicaron que se habían encontrado en la cueva de Chiquihuite (México) utensilios de unos 30 000 años.

Excavaciones en la cueva de Chiquihuite

El debate ha generado ideas tan osadas como la llamada hipótesis solutrense, propuesta por los arqueólogos Dennis Stanford y Bruce Bradley. Éstos sostienen que hace unos 15 000 años, individuos de la cultura solutrense, desarrollada en la península ibérica y Francia, habrían cruzado el Atlántico a través de la banquisa glacial y puesto pie en América antes que los pueblos asiáticos.
  

martes, 10 de agosto de 2021

Premio RAGC de Divulgación Científica 2021

Ramón Núñez Centella (n. 1946) es un gran pionero. Su trabajo en la creación de museos científicos en Galicia y otras regiones de España, y una vida dedicada a la enseñanza y la divulgación de la ciencia, explican que la Real Academia Gallega de Ciencias (RAGC) le haya concedido el Premio RAGC de Divulgación Científica 2021 por su amplia trayectoria y su carácter de promotor de la nueva museología científica en nuestro país.

La labor de este licenciado en Ciencias por la Universidad de Santiago de Compostela, que cambió su trabajo en la industria química por la divulgación, resultó clave para crear los tres Museos Científicos Coruñeses: el primero fue la Casa de las Ciencias, donde está el Planetario, abierta en 1985. Luego llegó la Domus, inaugurada en 1995, el primer museo interactivo del mundo dedicado íntegramente al ser humano; y en 1995 entró en escena el Aquarium Finisterrae, también llamado Casa de los Peces, dedicado a la educación medioambiental y la divulgación de temas marinos. Colaboró también en el nacimiento de la sede coruñesa del MUNCYT (Museo Nacional de Ciencia y Tecnología), que dirigió durante unos años, y ayudó en el diseño museográfico del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia y del Museo de la Evolución Humana en Burgos.

lunes, 9 de agosto de 2021

Voyage 2050

La Agencia Espacial Europea (ESA) anuncia su plan Voyager 2050, que establece sus principales líneas de investigación entre 2035 y 2050. La primera será averiguar si varias de las lunas de Júpiter y Saturno tienen potencial para albergar vida, o si existe en ellas alguna biofirma, es decir, una huella química o física que indique que hubo o hay vida allí. Para hacerlo se enviarán a esos mundos sondas e incluso drones que explorarán sus atmósferas, superficies y mares subterráneos. La segunda profundizará en el estudio de las atmósferas de los exoplanetas similares a la Tierra, para determinar si poseen las condiciones adecuadas para que se desarrolle la vida. Esto exigirá la creación de instrumentos capaces de captar las emisiones térmicas directas de las atmósferas de los exomundos, en busca de indicios de la habitabilidad de sus superficies.

Los futuros programas de la ESA sobre el estudio de los mundos extrasolares ayudan a determinar si algunos exoplanetas, como HD85512b, que orbita alrededor de su estrella, similar al Sol, a 36 años luz, podrían albergar vida. Éste es algo mayor que la Tierra y está en la zona habitable de su sistema, donde quizá exista agua en estado líquido.

La tercera prioridad de la ESA será recopilar más datos del universo primitivo para responder a las grandes preguntas: ¿cómo se formó?, ¿cómo nacieron y evolucionaron las primeras estructuras cósmicas y los agujeros negros?

Una misión de la ESA será crucial para las futuras exploraciones de los satélites de Júpiter y Saturno previstas por el plan Voyage 2050. Se llama JUICE (JUpiter ICy moons Explorer, Explorador de las lunas heladas de Júpiter), despegará en 2022 y llegará al gigante gaseoso en 2029. La nave pasará tres años sobrevolando el sistema joviano, investigando el planeta y tres de sus mayores lunas: Ganímedes, Europa y Calisto. Los científicos piensan que hay océanos ocultos bajo la superficie de estos mundos helados, y que podrían albergar vida o haberlo hecho en el pasado.

Recreación del JUICE

La sonda se construyó en las instalaciones de Airbus en Madrid antes de viajar al Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial de la ESA en Noordwij (Países Bajos).

domingo, 8 de agosto de 2021

La belleza

Jorge de los Santos (n. 1964), pintor y crítico cultural, nos explica con extraordinaria claridad qué es la belleza:

Dos cuestiones radicales se asocian a la belleza: la protección y el porvenir. La belleza ha sido y es la burbuja, el territorio del sosiego, el marco de salvaguarda en que percibimos, aunque sea durante un instante, que nuestra existencia adquiere sentido. Cuando se produce esa sensación -esa aisthesis, decían los griegos, que dio lugar a estética-, de que todo encaja y tiene sentido; de que hayamos navegado por donde lo hayamos hecho ha merecido la pena porque estamos ante el fulgor de lo bello. La belleza nos hace sentir en casa, seguros, serenos, unidos, reconocidos. Es Stendhal quien toma conciencia del segundo aspecto radical de la belleza y que la hace, como el anterior, inseparable de la condición humana: la belleza es la promesa de un futuro mejor.

domingo, 1 de agosto de 2021

La controversia antiinstintivista

El uso no crítico pero sí muy extendido del concepto de instinto, fue precisamente un factor clave del descrédito en que cayó el concepto. Existieron otras razones. Una, el creciente conocimiento de los grupos culturales. Antropólogos como Franz Boas contribuyeron a crear este conocimiento: grupos humanos que vivían en otras culturas no compartían muchas características y creencias, muchos valores y patrones de conducta, típicos de la cultura occidental. Estas variaciones hacían difícil seguir adhiriéndose a la consideración de tales manifestaciones como instintivas.

Dentro de la psicología hubo varias reacciones negativas al concepto de instinto y de patrones emocionales innatos. Watson y Morgan (1917) observaron a infantes bajo diversos tipos de estimulación, y llegaron a la conclusión de que sólo existen tres reacciones emocionales innatas (el miedo, la ira y el amor), y que únicamente una pequeña variedad de estímulos podía producir dichas reacciones. Creyeron que todas las otras reacciones emocionales se aprendían. En última instancia, Watson, quien fundara la escuela conocida como conductismo, asumió la posición de que no existen instintos humanos, y que puede explicarse la llamada conducta instintiva por medio de la estructura corporal del individuo y de su primer entrenamiento. Dunlap, F.H. Allport y Kuo se unieron al ataque contra los instintos, y en la década de 1920 se apreció un aumento de la controversia respecto al tópico instintivo.

A causa de ello, el instinto, como concepto, parecía haber desaparecido en la década siguiente. No obstante, se resucitó a finales de los 40, con el sentido de horda y el movimiento etológico.

El término pulsión conservó en la psicología algunos aspectos ya connotados por la palabra instinto. El instinto vino a quedar asociado con la noción de propósito. También implicaba una urgencia, o impulso, así como un patrón de conducta que era relativamente fija o invariable. Muchos científicos conductuales no podían aceptar la implicación de propósito que tenía el término (allí donde pudiera decirse que existe), pues creían que el carácter intencional de la conducta es un problema por explicar, más bien que una explicación, por sí misma, de la conducta. La evidencia cultural sugiere que muchas necesidades urgentes y muchos patrones de conducta no son innatos, debido a la variación existente entre las diferentes culturas, y, en muchos casos, el análisis experimental revelaba que la experiencia es un determinante de importancia para varios "instintos" de los animales. Sin embargo, existe cierto número de conductas -como comer, beber, aparearse, dormir- que están virtualmente presentes en todos los miembros de la especies superiores. Tales conductas proporcionan los medios para lograr la supervivencia del individuo y de la especie. Dunlap (1922) subrayó el punto de que el deseo radica en los tejidos y Dashiell (1928) hizo hincapié en que las necesidades de los tejidos constituyen fuentes de pulsiones. De este modo, la pulsión, un término introducido aparentemente por Woodworth (1918) en otro contexto, vino a reemplazar, como una necesidad del tejido, al término instinto en muchos lugares donde, en la temprana literatura, se usaba este término. Precisemos que esto no fue una mera sustitución de una palabra por otra. Mientras existen dificultades con la noción de necesidades del tejido como fuentes de pulsiones, esta concepción, junto con las operaciones, como la del ayuno, que inducen las necesidades de los tejidos, proporcionan una precisión de significado y unas posibilidades de investigación que el instinto no tenía. En este aspecto, la pulsión llevaba adelante el sentido de urgencia del instinto; sin embargo, debe añadirse que sólo relativamente pocas pulsiones se creía que fueran innatas, y se consideraba que la mayoría de los motivos humanos se aprendían.

El resurgimiento del concepto instinto se ha relacionado con la demostración del desarrollo o la existencia de una conducta sin el entrenamiento o experiencia, y con el estudio de los factores que controlan la conducta. Algunos estudiosos consideran que patrones tales como la conducta de horda, maternal y de apareamiento, no requieren, para aparecer, de experiencia o práctica; al menos, en algunas especies de animales. Beach (1955) ha observado, sin embargo, en relación a esto, que a mayor conocimiento de los factores que dominan estas conductas, menor necesidad de hablar de los instintos. Esto significa, con toda claridad, que el término tiene muy poco valor como explicación, de tener alguno, y sirve principalmente para clasificar ciertos patrones de conducta, según los determinan los factores innatos.