Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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jueves, 29 de abril de 2021

Algunas comparativas conceptuales entre conducta y motivación

No existe una sola serie de fenómenos o de condiciones bajo las que se efectúan los fenómenos conductuales, por las que se preocupen todos los teóricos de la motivación del mismo modo. Algunos autores centran su atención en una cosa y otros en otra. Por consiguiente, el tipo de prueba que se busca en relación con las diferentes teorías tiende a variar. Esta diversidad de intereses dificulta hacer una evaluación comparativa de las teorías y de la adecuación con que abarcan los datos disponibles. Sin embargo, creemos que la evaluación comparativa es conveniente.

 ¿Por qué se usa el concepto de motivación?  

Desde luego, el tema de las ciencias conductuales es la conducta del organismo viviente. Sin embargo, estas disciplinas utilizan términos y conceptos que parecen implicar procesos no manifiestos en dicha conducta. Un hombre corre despacio o rápido, por este lado mejor que por aquél, o corre en estas condiciones y no en aquellas. El hecho conductual es que corre, que lo hace a determinada velocidad, en un tiempo preciso, en cierto lugar y en una dirección dada. No se ve directamente, en esta conducta y en sus propiedades, la percepción, el hábito, la motivación, la actitud, los valores o el pensamiento. Y, sin embargo, estos términos y otros parecidos forman parte del léxico de las ciencias conductuales; una conducta, como correr, no forma parte de dicho léxico. ¿Qué son estos términos y por qué se les usa en lugar de las descripciones conductuales directas?

La respuesta a la primera pregunta es que estos términos se refieren a conceptos o construcciones que se postulan para explicar la conducta observada. ¿Por qué se les usa? A esto se contesta que la conducta es un fenómeno tan variado, complejo y que está tan interrelacionado que no puede hablarse de él sin hacer un análisis. Y estos términos proveen el marco analítico de procesos que servirá para clasificar, ordenar y conceptualizar la conducta. Desde luego, existe cierto peligro con los conceptos que sobrepasan la conducta en sí y las condiciones con las que se asocian. Gran parte de las confusiones y discusiones existentes en las ciencias conductuales surge del fracaso en delimitar con precisión los conceptos de estas conductas específicas y de sus condiciones asociadas. Sólo puede mantenerse una estricta vigilancia por lo que se refiere al empleo de estos conceptos por la reconsideración constante de sus referencias conductuales y circunstanciales.

Queda claro que hubo de desarrollarse el concepto de motivación para que correspondiera a ciertas propiedades de la conducta, propiedades para las cuales se supuso que otros conceptos no eran suficientes. En general, esto es históricamente cierto. Sin embargo, aún existen dudas sobre la necesidad de una construcción hipotética motivacional como tal. Se hace necesario preguntar si existe alguna propiedad de la conducta que requiera singularmente de ella, y si otros conceptos de utilidad comprobada bastan sin usar aquélla.

Veamos primero algunos conceptos generales de la naturaleza de la conducta que exigen un papel central para la construcción motivacional. Estas concepciones implican un compromiso con el concepto de motivación, sin preocupación alguna por identificar las características específicas de la conducta que requieren que la construcción motivacional tenga un papel central. De tales compromisos conceptuales con la motivación, nos dedicaremos a los aspectos específicos de la conducta que se han usado para identificar las variables motivacionales de la conducta.

1. Compromiso conceptual con la motivación

A menudo se dice que toda la conducta está motivada, y que sirve a las necesidades del organismo. Sin motivación, un organismo no se comportaría; sería una masa inerte que prácticamente no haría nada. Animada a la acción por una necesidad, se dedicaría a acciones motivadas por dicha necesidad, y continuaría en acción hasta que se satisficiera dicha necesidad. La acción sirve a la necesidad; la conducta es el instrumento por el cual se satisface la necesidad. La conducta es un medio, no un fin.

Estas nociones relacionadas con la motivación surgieron de la influencia ejercida por la teoría evolucionista y la biología fisicalista sobre la psicología comparada, el estudio del aprendizaje y el estudio psicoanalítico de las enfermedades mentales. Se creía que los animales se movían debido a fuentes internas o pulsiones; los organismos parecían aprender cuando se satisfacía la pulsión, y se creía que las conductas anormales provenían de urgencias y deseos que eran, en su mayoría, inconscientes. De estas observaciones fue fácil generalizar que toda la conducta está motivada y sirve como un medio de ajuste en presencia de las necesidades.

Estas conclusiones representaban un gran paso hacia adelante en el estudio de la conducta. Permitió que se tomara un punto de vista determinista respecto de la conducta, cosa que antes, a menudo, se había atribuido a factores tales como el alma o el libre albedrío. En este contexto, los conceptos motivacionales parecían ser, en primer lugar, factores causantes. Pero no es necesariamente cierto que todos los factores causantes de la conducta sean motivacionales.

La conducta puede ocurrir debido a una fuerza aplicada externamente -como un empujón-, y ésta no es una causa motivacional, aunque sea una causa. Lo que es más importante aún, puede hablarse de la estructura física del organismo, de sus capacidades sensoriales y perceptuales, sus habilidades motoras y otras parecidas como de factores causantes de su conducta. Más aún, pueden considerarse con certeza los hábitos, una vez que se han formado, como psicológicamente causantes en la conducta subsecuente. Existen muchas causas de conducta, y la motivación sólo es una de ellas.

Sin embargo, en la psicología dinámica y en la intencional existe la tendencia a suponer que la motivación es una causa más esencial o de raíz que muchas de las otras. Quizá ello se deba a que la actividad intranquila parece ser una consecuencia primaria de los estados de necesidad, y a que los conflictos y las frustraciones parecen centrarse alrededor de actividades con un gran significado afectivo.

Pero la actividad o la conducta son un hecho de la vida; es decir, la actividad es, por su naturaleza misma, una propiedad de los organismos vivientes. No ayuda mucho afirmar que toda la conducta es motivada, a menos que tal afirmación provoque intentos de identificar las propiedades motivacionales en eventos conductuales específicos. Más aún, si estar vivo es estar activo, podría ocurrir que la conducta fuera un fin en sí, más bien que un instrumento sólo útil para satisfacer la necesidad. Los conflictos y las frustraciones implican experiencias complejas habidas en un ambiente social, y, quizá, no representan exclusivamente variables motivacionales.

Otra faceta de esta preocupación general por la motivación es que la biología y la psicología funcionales tienden a pensar en términos homeostáticos. Se consideraba que la conducta era un ajuste, un medio para rectificar la falta de equilibrio causada por las necesidades de los tejidos o por sus deficiencias. Por ejemplo, cuando surge el hambre, ocurre una conducta que hace buscar e ingerir alimentos, para así restaurar el tejido agotado. La conducta, aquí, es instrumental, pero se ve como parte de un sistema total, cuyo balance o equilibrio es signo de que las necesidades están satisfechas. La conducta es una respuesta al desequilibrio. Algunos autores han llegado incluso más lejos al definir la salud psicológica como una habilidad continua para satisfacer ciertas necesidades.

2. Propiedades motivacionales específicas de la conducta

Algunos autores utilizan muchas otras características específicas de la conducta al definir la motivación o al identificar variables motivacionales. En algunas ocasiones estos aspectos se relacionan con las consideraciones generales antes bosquejadas. Por ejemplo, la energetización se relaciona con la proposición de que toda la conducta es motivada, y la dirección a la proposición de que la conducta sirve a las necesidades del organismo.


Estudiaremos cinco propiedades específicas de la conducta:

Energetización o facilitación de una variedad de respuestas
Hull (1943), Brown (1953, 1961), Spence (1956) y Farber (1954, 1955), entre otros, han establecido nociones de que la pulsión general o los estados de activación interactúan con tendencias de respuesta innatas o habituales para producir conducta. Su idea es que los procesos motivaciones, como tales, no controlan o guían formas específicas de conducta, pero sí influyen sobre la conducta al energetizar tendencias innatas o asociativas. Se atribuye la especificidad, la dirección, la adecuación, la persistencia, el sentido de meta o la aparente intencionalidad de la conducta a factores no motivacionales como el hábito, aunque algunos estímulos que controlan tales hábitos puedan tener un remoto origen motivacional.

El vigor conductual y la eficiencia
A veces, los estímulos débiles ocasionan respuestas vigorosas, mientras que, otras veces, pueden producirse respuestas débiles en presencia de una estimulación fuerte. O, a pesar de una estimulación invariable, las respuestas pueden variar en fuerza o, a la inversa, la fuerza de la respuesta puede permanecer constante a pesar de variar la estimulación. A menudo se dice que la energía gastada en la conducta, según la revela la fuerza, indica la necesidad de usar conceptos motivacionales, especialmente cuando las variaciones de energía no concuerdan con los niveles de estimulación ambiental. Teóricos de la activación como Duffy, Malmo, Lindsley, Schlosberg y Hebb tienden a concentrarse en la eficiencia o adecuación con que se efectúan los eventos conductuales, como prueba de un estado de activación subyacente, es decir, motivado. La activación tiene mucho paralelismo con la pulsión general de la teoría de la pulsión, pero la teoría de la activación no sugiere tan explícitamente la relación de la activación con los actos específicos de la conducta como la teoría de la pulsión.

Dirección de la conducta
A menudo se describe la conducta como si estuviera guiada, dirigida, orientada hacia una meta, persistente o intencional. Tal caracterización puede describir su ocurrencia en una secuencia breve o por largos períodos, o puede describir actos de elección, preferencia o decisión. Para autores como Young (1961), McClelland y colaboradores (1953), Hebb (1949), Bindra (1959) e Irwin (1958), este carácter selectivo y dirigido de la conducta es la propiedad esencial, que ocasiona la postulación de un proceso motivacional. Para Muenzinger (1942), la unidad apropiada para la investigación conductual era una secuencia de actos específicos iniciados y dirigidos por un estado motivacional, y que terminaban al terminar dicho estado. McGeoch (1942) y Melton (1941) también proponían como prueba de que había terminado un proceso motivacional que se completara la secuencia de una respuesta específica.
 
Reforzamiento
A menudo se termina una secuencia de respuesta por un contacto con el objetivo final. Tal encuentro, se extinga o no el objetivo final, con frecuencia fortalece la conducta que condujo a él. Cuando tal fortalecimiento ocurre, se le llama reforzamiento. Miller (1951), Brown (1961) y Farber (1955) han indicado que la ocurrencia del reforzamiento permite inferir que en la secuencia de conducta debe haber estado activa una variable motivacional.

Debilitamiento de la conducta
Brown (1961) ha sugerido que cuando la conducta se debilita o cesa a consecuencia de una estimulación desagradable (castigo), puede tomarse como prueba de que la estimulación desagradable tiene un status motivacional.

En resumen, tanto razones conceptuales como propiedades conductuales específicas han sugerido a los teóricos que la motivación es una construcción esencial. Algunos de estos compromisos conceptuales implican la afirmación de que toda conducta es motivada y de que la conducta sirve a las necesidades del organismo. Existen varios aspectos de la conducta más específicos que han parecido a los teóricos ser singularmente motivacionales. Sin embargo, los teóricos no están de acuerdo sobre cuáles son esenciales.

Por el momento, es preciso contentarse con la afirmación de que cualquiera de los siguientes puntos sobre la conducta, o cualquier combinación de ellos, puede ocasionar la postulación de un proceso motivacional: que la conducta se efectúa de algún modo, que alguna operación (como la privación de alimento) facilite varias respuestas, que las respuestas varíen en fuerza, que la conducta tenga una dirección, que ciertos tipos de eventos subsecuentes puedan reforzar (y otros tipos debilitar) una secuencia conductual.

sábado, 17 de abril de 2021

Los climas del pasado

1. ¿Qué diferencia hay entre tiempo y clima?

El tiempo meteorológico en un determinado momento y lugar viene definido por un conjunto de variables atmosféricas como la temperatura, la humedad, el viento, la nubosidad, las precipitaciones, etc. El tiempo meteorológico puede cambiar en apenas segundos.

El clima, sin embargo, es más estable. Recoge los valores estadísticos medios durante centenares de años. Si en un lugar llueve muy poco su clima será árido, con independencia de que por ejemplo, haya algún día con abundantes precipitaciones.

Entender cómo funciona la Tierra, cómo y por qué cambió el clima a lo largo de su historia es un paso necesario para comprender qué está ocurriendo ahora y qué puede depararnos el futuro. A lo largo de la historia de la Tierra el clima ha cambiado muchas veces y lo ha hecho, incluso, de manera global afectando a todo el planeta.

Hace 20.000 años el hielo cubría el norte de Europa, alcanzando en Escandinavia 2.500 m de grosor. Éste ha sido el más reciente avance glacial del Cuaternario, un periodo que comprende los últimos 2 millones de años.

Con todo, no han sido las únicas ni las más intensas glaciaciones que ha padecido la Tierra. También ha habido períodos muy cálidos, con temperaturas medias que superaron los 22ºC.

2. Cambios en el nivel del mar

Cualquier cambio climático global modifica el nivel del mar porque origina:

Cambios en el ciclo del agua: En síntesis, el ciclo del agua implica su evaporación de los océanos, la formación de nubes de donde precipita y vuelve al mar, directamente o a través de los ríos. Durante los períodos glaciales es frecuente la precipitación de nieve que se transforma en hielo y se queda en los continentes. La retirada de agua del mar y su acumulación en los continentes en forma de hielo supone un descenso del nivel del mar.

Dilatación térmica del agua: En los períodos cálidos el nivel del mar sube, no solo porque se funde el hielo acumulado y hay más agua en los océanos, sino porque al encontrarse el agua oceánica a mayor temperatura se dilata.

Hay otros procesos que modifican el nivel del mar, como la apertura y cierre de océanos, que no están relacionados con el clima y actúan a escala de millones de años.

3. ¿Cómo investigar los climas del pasado?

Para descubrir qué climas hubo en el pasado (paleoclimas) los científicos buscan registros o huellas de diversa naturaleza que proporcionen información sobre los organismos que existían, la composición del aire o los procesos geológicos que actuaban.

 Burbujas de aire atrapadas en el hielo  

Durante los últimos 650.000 años, el hielo se ha ido acumulando en la Antártida. Lo ha hecho capa sobre capa, de manera que se encuentra ordenado por edades, abajo el más antiguo y arriba el más moderno. Se ha formado por compactación de la nieve y aún encierra pequeñas burbujas del aire que contenía aquella nieve. Es un "aire fósil" que muestra la composición de la atmósfera en el momento en que se produjo la nevada.
Así, los científicos pueden comprobar si ha cambiado la proporción de oxígeno o de dióxido de carbono.

 Restos fósiles  

Cada organismo vive en un determinado hábitat, marino o continental, de clima frío o cálido, etc.. Esto es válido también para los organismos que habitaron la Tierra en el pasado. Así, la presencia de un fósil de mamut lanudo nos indicará que el clima en esa zona era muy frío.


4. Descubrir el pasado para predecir el futuro

Disponemos de documentos y relatos de sucesos ocurridos hace algunos siglos, incluso de hace algunos miles de años, pero no de hace millones de años cuando la especie humana no existía. Los geólogos, sin embargo, utilizan otro tipo de documentos en los que está "escrito" el pasado de la Tierra: las rocas. En ellas encuentran huellas de los procesos ocurridos. Interpretándolas reconstruyen la historia de nuestro planeta y de su clima. Los procesos geológicos, biológicos o climáticos dejan huellas gracias a:

 Los materiales que originan: Una erupción volcánica dejará cenizas o coladas, una inundación dejará lodos, el viento dejará una duna y los corales dejarán arrecifes.

⸎ Las formas que generan: Un glaciar excava un valle en forma de U, lo que permite diferenciarlo del originado por un río cuando circula entre montañas, que tiene forma de V. Un acantilado o una plataforma de abrasión habrán sido generados por el mar aunque en este momento se encuentre a cientos de kilómetros del lugar.

Valle de Ordesa y Monteperdido: La forma de U de este valle del Pirineo oscense muestra que fue excavado por un glaciar hoy desaparecido. 


lunes, 12 de abril de 2021

Algunas definiciones de motivación

¿Qué es motivación? Es un campo de la investigación psicológica relacionado con ciertos tipos de fenómenos y eventos. ¿Cuáles son éstos? Por desgracia, la respuesta a esta pregunta variará como consecuencia de la orientación que tiene la tradición de que se deriva. Citar algunas de las muchas definiciones que se han dado podría ser el mejor modo de contestar la pregunta, pues así se revelaría la amplitud del tema.

Paul Thomas Young (1892-1978) manifestó el tema en su libro Motivation and Emotion (1961), en el que a la vez ofrece su propia definición del concepto:

El concepto de motivación es sumamente amplio; tan amplio, de hecho, que los psicólogos han intentado reducirlo... [seleccionando] este o aquel aspecto de los complejos aspectos de la determinación. Los dos aspectos más importantes son el enérgico... y el de regulación y dirección. [Podría] ... definirse, de modo general, el estudio de la motivación como una búsqueda de los determinantes (todos los determinantes) de la actividad humana y animal.

Young considera a la motivación, más específicamente hablando, como "el proceso para despertar la acción, sostener la actividad en progreso y regular el patrón de actividad".

Gardner Murphy (1895-1979) considera que la motivación es el "nombre general que se da a los actos de un organismo que estén, en parte, determinados por su propia naturaleza o por su estructura interna". Por otra parte, Norman Maier (1900-1977) empleó el término motivación para "caracterizar el proceso que determina la expresión de la conducta e influye en su futura expresión por medio de consecuencias que la propia conducta ocasiona".

Donald O. Hebb (1904-1985)
En 1949, Donald O. Hebb escribió:

...el problema principal al que se enfrenta el psicólogo cuando habla de la motivación, no es el de despertar la actividad, sino darle un patrón y dirigirla.
[...]
Entonces, el término motivación se refiere: 1) a la existencia de una secuencia de fases organizadas, 2) a su dirección y contenido y 3) a su persistencia en una dirección dada o a su estabilidad de contenido.
Esta definición quiere decir que "motivación" no es un proceso distintivo, sino una referencia, en otro contexto, al mismo proceso al que se refiere el discernimiento o "insight"; también quiere decir que el animal adulto normal y despierto tiene alguna motivación...

Poco después, Hebb reexaminó el problema y, dando un excelente ejemplo de autocorrección basándose en la evidencia y en un análisis adicional y en pruebas más recientes, dio un cambio y separó la clave y los aspectos de activación de los eventos sensoriales:

Sin una base de activación, la clave de función no puede existir. [...] Activación [...] es sinónimo de un estado de impulsión general. [...] La pulsión es un energetizador, pero no un director, [...] un proceso que da energía al movimiento, pero que, como el motor de un automóvil, no determina cómo será dicho movimiento.

Atkinson (1958) también incorpora la vigilancia a la función de activación, pero la une estrechamente con la clave de funciones de las situaciones:

El término motivación se refiere a la activación de una tendencia a actuar para producir uno o más efectos. El término motivación subraya la fuerza final de la tendencia de la acción, que la persona experimenta como un "yo quiero". El propósito particular del estado de motivación momentáneo se define por su situación.

Y Maslow (1954) escribe:

Una sólida teoría motivacional debería [...] suponer que la motivación es constante, que nunca termina, fluctúa y que es compleja, y que casi es una característica universal de prácticamente cualquier situación del organismo.

Brown (1961) considera una variable motivacional específica:

1) si tiende a facilitar o a vigorizar varias respuestas diferentes; 2) si, a continuación de una nueva respuesta, su terminación o retiro hace que se aprenda dicha respuesta; 3) si un aumento súbito en la fuerza de la variable hace que se abandonen las respuestas, y 4) si sus efectos sobre la conducta no pueden atribuirse a otros procesos, como el aprendizaje, la sensación, las capacidades innatas y las circunstancias.

miércoles, 7 de abril de 2021

Los valores orientan nuestra vida

La experiencia de estar perdidos en el monte, o en un bosque, puede ser angustiosa. Aunque al principio tenga cierto sabor de aventura, conforme van pasando las horas se convierte en la pesadilla de no saber qué hacer ni hacia dónde caminar. El resultado puede ser la pérdida de la propia vida. Pero este tipo de situaciones puede prevenirse aprendiendo a utilizar los instrumentos de orientación, como la brújula y el mapa. Para ello es necesario entrenarse con ayuda de quienes ya saben manejar esas herramientas. De ese modo será más fácil encontrar el camino de salida.
De manera parecida, para no sentirse perdido en la vida personal y social, es preciso aprender a valorar lo que verdaderamente merece la pena y es necesario tomar como guía de la propia vida los valores y las normas que realmente nos humanizan. Los valores morales son la brújula y el mapa que nos ayudan a encontrar el camino de una vida mejor para todos.

1. Los valores nos sirven de guía

Una caravana en el desierto necesita un experto guía para llegar a su meta. En la vida moral, los valores que prefiramos orientan nuestras decisiones.

Las personas somos seres capaces de tomar decisiones y de adquirir hábitos de conducta. De ese modo construimos nuestro propio carácter y personalidad moral conforme a ciertos valores. Los valores son cualidades de las personas y de las cosas, por las que nos resultan atractivas (valores positivos) o repulsivas (valores negativos). La belleza de un paisaje, la generosidad de una persona y la justicia de una sociedad son ejemplos de cualidades valiosas o valores positivos. Muchos valores pueden ser incorporados a la vida personal y social si se hacen los esfuerzos precisos. Los valores positivos nos atraen, mientras que los negativos nos repelen; y aquellos que nos parecen superiores a otros nos llevan a preferirlos o a darles prioridad frente a los valores que consideramos inferiores.

Para conocer nuestra identidad personal y la de las demás personas o la de una sociedad, es fundamental saber qué valores son los preferidos, porque ellos configuran los modos de ser. Para averiguarlo hay que mirar a las acciones concretas: en nuestras elecciones diarias es donde se descubre qué es lo que verdaderamente preferimos. Esto es así porque los valores tienen un componente emotivo (mueven el sentimiento), un componente intelectual (son razonables) y otro componente experiencial (se les comprende mejor cuanto más se incorporan a la propia vida).

 Concepto de valores y normas  
Para modificar nuestras actitudes o adquirir otras nuevas, los hombres necesitamos un referente o una guía por la que orientarnos: los valores, que muchas veces se concretan en normas.
Los valores son cualidades de las cosas (por ejemplo, la belleza), de las personas (por ejemplo, la lealtad) o de la sociedad (por ejemplo, la solidaridad). Encontramos valores positivos y negativos, y unos valores nos parecen superiores a otros. Para comportarnos mejor y ser mejor persona, es necesario saber qué valores son los preferidos por la sociedad.
Las normas son reglas y deberes de convivencia que se deben seguir y a las que se deben ajustar las conductas, las tareas, las actividades, etc.

2. Hechos y valores

Para comprender mejor qué son los valores, hemos de subrayar la diferencia que hay entre describir hechos y hacer valoraciones. Por ejemplo, no es lo mismo relatar cómo es el físico de una persona expresando datos de estatura, peso, color de piel, color de pelo, etc. (hechos), que afirmar que la persona en cuestión «es insobornable» (valor) o bien que es «digna de toda confianza» (valor).

Al describir hechos estamos utilizando un lenguaje descriptivo que permite expresar datos fácilmente comprobables como verdaderos o falsos: «mide 1'80», «pesa ochenta kilos», «su pelo es castaño oscuro», etc.

En cambio, cuando hacemos juicios de valor estamos usando un lenguaje valorativo que indica orientaciones para la acción de uno mismo o de los demás. Porque si decimos, por ejemplo, «esta persona es insobornable», normalmente estamos indicando que valoramos positivamente la rectitud moral que esa persona muestra a través de sus comportamientos habituales, y al mismo tiempo estamos dando a entender que ese valor positivo debería orientar la conducta de cualquier persona, incluido uno mismo.

Con el lenguaje descriptivo decimos cómo es una realidad, mientras que el lenguaje valorativo nos sirve para indicar cómo debería ser. En el primer caso hablamos de cuestiones de hecho, mientras que en el segundo se trata de cuestiones de valor. En la práctica, ambos aspectos de la realidad aparecen mezclados, pero no conviene confundirlos.

3. Tipos de valores

El ejemplo de la persona insobornable tiene relación con los valores morales. En este caso, decir que esa persona tiene incorporado el valor de la insobornabilidad equivale a decir que dicha persona, hasta hoy, se ha venido comportando de una manera que consideramos moralmente positiva, a saber, ha sabido rechazar el soborno.

Pero existen también otros tipos de valores: económicos (eficacia, eficiencia, etc.), vitales (salud, vitalidad, energía, etc.), religiosos (santidad, fe religiosa, etc.), intelectuales (verdad, exactitud, rigor científico, etc.) y estéticos (belleza, elegancia, armonía, creatividad, etc.).

Para cada tipo de valores necesitamos criterios o cánones de valoración diferentes, que estudian las disciplinas correspondientes.

4. Los valores morales

Los rasgos característicos de los valores específicamente morales son los siguientes:

Son valores que podemos incorporar, con mayor o menor esfuerzo, en la vida personal y social, a diferencia de otros valores que no dependen tanto de nosotros. No todas las personas pueden ser bellas, sanas o eficientes, por mucho que se lo propongan, y eso no significa que no puedan ser personas moralmente buenas. Porque, en el caso de los valores morales, sí que está en nuestras manos incorporarlos en la propia vida.
Los valores morales sólo pueden ser cualidades de las personas, de sus acciones o de sus formas de relación, no de los animales ni de las plantas. Únicamente los seres capaces de elegir son libres y, por tanto, responsables de sus acciones. Sólo ellos pueden ser honrados, leales o buenos en sentido moral.
Son valores que creemos que debería apreciar cualquier persona que desee realmente comportarse como tal. Cuando hablamos en serio de ser justo o de ser una persona respetuosa con los demás y con el medio ambiente, lo que estamos expresando es que toda persona debería apreciar esas cualidades y tratar de incorporarlas en su vida cotidiana.

Los valores pueden ser apreciados por todos, es decir, todas las personas pueden incorporarlos a sus vidas. Por tanto, los valores morales valen universalmente, es decir, todas las personas los pueden considerar igualmente válidos.

5. Normas morales

Una norma moral es cualquier imperativo que orienta la conducta de las personas para ir realizando valores morales. Por ejemplo, si pretendemos tomar en serio el valor de la igualdad, trataremos de cumplir la norma "No se debe discriminar a nadie por la raza, el sexo, el idioma o las creencias". Pero ha de hacerse en conciencia y no como una estrategia para lograr algún beneficio egoísta. Porque las normas morales no tienen nada que ver con posibles recompensas o castigos, sino que obligan a cada cual ante sí mismo: si uno las cumple, siente que se humaniza, y si no las cumple, siente remordimientos.

Esto lo veremos más claro si comparamos los principales tipos de normas:


viernes, 2 de abril de 2021

Algunos términos relacionados con la motivación

Cuando el hipotético hombre de la calle pregunta: "¿qué motiva la conducta?", pide que se defina cualquiera de estas tres cosas, o alguna de sus combinaciones: 1) un determinante ambiental que precipitó la conducta en cuestión, esto es, la aplicación de alguna fuerza irresistible que, necesariamente, ocasionaría dicha acción; 2) la urgencia, apetencia, sentimiento, emoción, pulsión, instinto, carencia, deseo, demanda, propósito, interés, aspiración, plan, necesidad o motivo internos que suscitó la acción; 3) el incentivo, la meta o el objeto de valor que atrajo o repelió al organismo.

En la primera de estas alternativas, el porqué se dirige a una causalidad tal vez independiente del organismo, mientras que en la segunda y tercera alternativas se propone un estado interno hipotético. En otras palabras, cuando no se encuentra una relación claramente identificable entre un evento ambiental y uno conductual, se postula (o postulan) uno (o varios) eventos intercurrentes hipotetizados para explicar la conducta. Pueden especificarse algunos de estos eventos intercurrentes, pero otros no. Así, puede identificarse, aislarse y medirse una descarga endocrina en la corriente sanguínea, un cambio en el potencial eléctrico de un nervio, una elevación del tono muscular o un movimiento peristáltico. Menos obvios son los cambios inferidos de una organización del sistema de la memoria, la intensidad de un deseo o de una pulsión, o la valencia de una meta. Pueden especificarse ciertos eventos antecedentes y medirse la amplitud de la conducta resultante. Las discrepancias que existen entre antecedentes y consecuencias dan lugar a numerosas especulaciones sobre la naturaleza de los sistemas, procesos y mecanismos mediadores. Los hombres han lanzado en este vacío sus ideas sobre la motivación, ofreciendo uno u otro modelo para llenar este fallo del conocimiento.

Teniendo en mente este marco de referencia revisemos algunos términos: los que tienen valor "biológico" (emoción, fuerza, pulsión, instinto, necesidad), los que tienen significado "mental" (urgencia, apetencia, sentimiento, impulso, carencia, esfuerzo, deseo, demanda) y los que se refieren a "objetos o estados que se encuentran en el ambiente" (propósito, interés, intención, actitud, aspiración, plan, motivo, incentivo, meta, valor). Estas clasificaciones no son mutuamente excluyentes ni, incluso, necesariamente correctas. Por otro lado, los términos representan una gama de significados en uno o más continuos biosociales, innato-adquirido, cuerpo-mente y presente-futuro. Los términos tienen en común el que se les use para representar, más o menos y de diferentes formas, estados o condiciones del organismo que se relacionan con la fuerza, la persistencia o la dirección de la conducta. Nunca podrían examinarse en forma exhaustiva las sutiles diferencias que existen entre los términos, pues se les usa de modo diferente en momentos diferentes, incluso por los mismos escritores.

Los modelos que se emplean para describir los procesos motivacionales varían considerablemente. Abarcan desde hipótesis puramente biogénicas, en las cuales la conducta se desarrolla a partir de una serie de pulsiones o instintos innatos, siguiendo de manera irresoluta el curso prescrito por la serie de determinantes estructurales que fuerzan la acción sobre el ambiente, hasta teorías sociogénicas muy elevadas, que sugieren la casi completa docilidad de la conducta y su maleabilidad en patrones determinados por las fuerzas culturales. Puede verse que los motivos son conscientes o inconscientes, presionados inexorablemente por urgencias, pulsiones e instintos, o atraídos inevitablemente por incentivos, metas, propósitos y valores.

Un punto de vista puede afirmar que el hombre es una bestia biológica, esclava de sus necesidades corporales y activa solo cuando dichas necesidades le exigen que provea medios para reducirlas. La estructura social se levanta sobre esta base biológica. O, quizá, lo que es igualmente plausible, un punto de vista opuesto afirmaría que el hombre es un organismo creativo y autorrealizador, que se libera incidentalmente de sus tensiones corporales, como parte de una naturaleza en desarrollo parecida a la divina.

Puede concordarse en que las necesidades del hombre están limitadas al cuerpo. Pero los deseos del hombre, discutirían algunos, se elevan por encima de estas necesidades. Podrían considerarse los motivos como una energía que surge de la insatisfacción y se dirige hacia la satisfacción. Para la mayoría de las teorías, el aprendizaje tiene un papel director importante, aunque puede pretenderse que la inevitabilidad de ciertas relaciones necesidad-gratificador debe determinar en parte la dirección, si es que el organismo va a sobrevivir.

Entonces, ¿con qué estamos tratando? Primero, con un organismo que puede ser estimulado y que es capaz de responder, que posee un sistema energético, sistema que puede responder diferencialmente a la estimulación y que es capaz, por tanto, de conservar y convertir independientemente, al menos en parte, la energía de las fuerzas externas. El sistema animal es metabólico; constantemente libera energía en su proceso de autosostenimiento, y constantemente necesita, por tanto, reabastecer sus fuentes de energía. Entonces, y en un nivel mínimo, se ocupa de respuestas capaces de mantenerse a sí mismas. Cuando el ambiente es permisivo o abundante, se asegura un nivel mínimo de sobrevivencia incluso con un repertorio de respuestas limitado. Esta situación puede observarse en las especies inferiores y en los miembros defectuosos de las especies superiores. Una teoría de la motivación más bien primitiva puede bastar para explicar este sencillo orden de conducta. Por otra parte, la conducta aparentemente muy amplia, compleja y dirigida hacia una meta de las especies superiores, y en especial del hombre -las conductas demoradas, complicadas y, a veces, aparentemente de autoderrota- parecen menos probables de explicar basándose en un modo de responder dominado por la necesidad biológica.

Lo que podría esperar descubrirse es que las teorías dedicadas en primer lugar a las conductas simples en organismos simples estudiados en situaciones relativamente sencillas, darían hipótesis claras y, en cierto modo, no falseadas. Aquellas teorías que intentan explicar una conducta social compleja deberían ser presionadas para que desarrollaran modelos complicados, que implicaran múltiples variables. Sin embargo, encontramos que las sutilezas y complejidades de los diferentes modelos teóricos tienen poca relación con las conductas estudiadas y, sin embargo, se presentan a menudo como si tuvieran una aplicación universal.