Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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miércoles, 30 de agosto de 2017

Hacia la autonomía moral

1. Autonomía y heteronomía moral
La palabra autonomía proviene de dos vocablos griegos y significa "darse la ley a uno mismo".
La autonomía es la capacidad que tiene el ser humano de darse a sí mismo, libre y voluntariamente, las normas que guiarán su conducta. Es la capacidad de reflexionar y elegir para sí aquellas normas o leyes que todos deberíamos darnos a nosotros mismos porque son, en realidad, las que nos hacen progresar como personas.
La autonomía implica la reflexión sobre las normas y los valores establecidos y la voluntad de elegir lo más conveniente, aun en contra de nuestras apetencias.
La palabra heteronomía también proviene de dos vocablos griegos, y significa "recibir la ley de otros".
Una persona es heterónoma cuando actúa o decide según principios o valores que le son impuestos o que no pone en cuestión. La actuación de una persona heterónoma viene dictada por:
  • Los instintos, las inclinaciones o las querencias propias.
  • La tradición y las normas sociales asumidas de forma irreflexiva.
  • La autoridad, sea del tipo que sea.
2. El desarrollo moral
A lo largo de la vida, las personas aprendemos las normas de la sociedad en la que vivimos. Al principio las normas nos vienen de fuera, las aprendemos de nuestra familia, de la escuela, del grupo de amigos, etc. Con el tiempo, vamos interiorizando esas normas, haciéndolas propias, sustituyéndolas por otras nuevas y modificando nuestra jerarquía de valores.
El desarrollo moral consiste en madurar desde la heteronomía, que supone la actuación irreflexiva o basada en la autoridad de otros, hacia la autonomía moral, que implica actuar según unas normas sobre las que hemos reflexionado y que pretenden ser las mejores para cualquier ser humano. Así, cuando maduramos, ganamos en autonomía, libertad y responsabilidad.

3. Libertad y autonomía
Solemos considerar la libertad con el hecho de que nadie se oponga a que actuemos del modo en que lo hacemos. En el sentido anterior, la libertad se define como algo negativo, es decir, como ausencia de algo.
Pero la libertad es algo más. Por eso muchos pensadores definen un segundo sentido de libertad, positivo, que es el de libertad para hacer esto o aquello, libertad de elección.
No somos libres de elegir cuando no conocemos las posibles consecuencias de aquello que elegimos o cuando nos dejamos llevar por el miedo, la moda, las costumbres o los caprichos.
Autónomo es todo aquel que decide conscientemente qué reglas son las que van a guiar su comportamiento. Considerar la propia libertad como autonomía implica, por tanto, considerarla no sólo en su sentido negativo de falta de coacción -nadie me impone las reglas desde el exterior-, sino también en su sentido positivo -sé lo que hago, no me dejo llevar por la rutina, la costumbre, el capricho, lo bien viesto o la imagen que me gustaría dar ante los demás.

4. Etapas del desarrollo moral
El psicólogo Lawrence Kohlberg distinguió niveles en el desarrollo hacia la madurez y la autonomía moral:
  • Nivel preconvencional: Las personas enjuician las cuestiones morales según sus propios intereses.
  • Nivel convencional: Se respetan ciegamente la autoridad y las leyes, y las normas morales se enfocan según interesan al orden social establecido.
  • Nivel posconvencional: La persona hace suyos principios morales universales ideales en los que debería basarse cualquier sociedad, los antepone a los que aprendió en su sociedad y comprende el carácter de utilidad social de las leyes.        

martes, 29 de agosto de 2017

La psicología en el siglo XX: Métodos

La diversidad de corrientes en que se fragmentó la psicología a lo largo del siglo XX, sobre todo en su primera mitad, se corresponde con la diversidad de métodos utilizados. Tratando de evitar las exclusiones derivadas de prejuicios o tomas de partido, podemos dividir estos métodos en dos grandes grupos:
  • Métodos comprensivos: buscan comprender correctamente aquello que se estudia, especialmente los aspectos subjetivos y no cuantificables de la persona.
  • Métodos objetivos: pretenden determinar los hechos exactos, cuantificarlos y relacionarlos entre sí por medio de leyes.
De esta forma, la psicología se sitúa en un punto intermedio entre las ciencias naturales y las ciencias humanas, participando de los métodos de ambas aunque aproximándose más a unas u otras en función de la tendencia individul del psicólogo y la escuela a la que pertenece.

1. Métodos comprensivos
Llamamos así a los que buscan acceder a la subjetividad. Podemos enumerar los siguientes:

 a)  La observación interna o introspección, por la cual el sujeto se examina a sí mismo para captar los hechos que sólo él puede conocer directamente y comunicarlos al psicólogo (éste debe poner las condiciones de control para que dicha comunicación tenga validez). Considerado a veces el único método propio de la psicología y que sirve para diferenciarla de otras ciencias, pero rechazado tajantemente por los conductistas y otras orientaciones próximas a la ciencia natural, sigue estando en la base de otras técnicas.
 b)  Un buen número de los instrumentos de la psicología clínica, tales como el test y otras pruebas diagnósticas (sobre todo las proyectivas), el estudio de documentos como escritos, dibujos, cartas y otras creaciones personales, la entrevista personal, las dinámicas y terapias de grupo, etc., y otros utilizados por la psicología social como las encuentas, buscan obtener algún conocimiento sobre elementos de la subjetividad (actitudes, sentimientos, deseos y temores, pensamientos recurrentes, etc.) a los que no podríamos tener acceso sin una previa comunicación de la misma.

El test de Rorschach es un ejemplo de prueba proyectiva. El sujeto interpreta un estímulo ambiguo de manera que proyecta su forma de ser en dicha interpretación.
  c)  Las técnicas de inspiración filosófica, como la hermenéutica (interpretación de comunicaciones con carga simbólica, como los sueños, las creaciones artísticas o los delirios) y la fenomenología (descripciones sin prejuicios de los hechos psíquicos tal como son vividos), amplían la mirada del científico y le ofrecen nuevas perspectivas desde las que acceder a los hechos que estudia.

2. Métodos objetivos
Los métodos objetivos son aquellos que la psicología toma de las ciencias naturales, aunque adaptándolos a sus intereses y objetos de estudio. Podemos enumerar los principales:

 a)  La observación naturalista, es decir, del sujeto estudiado (persona o animal) en su medio habitual y no en condiciones creadas artificialmente (niños en la familia o en la escuela, trabajadores en una fábrica, chimpancés en la selva, etc.); se trata de un método útil y a veces necesario para estudiar la influencia de condiciones difíciles de crear en un laboratorio, pero debe tratar siempre de evitar el "sesgo del observador", detectable en muchos estudios de este tipo y por el cual cada uno acaba teniendo en cuenta únicamente los hechos que confirman su punto de vista previo a la observación.
 b)  El estudio de casos singuales es similar a la observación naturalista, pero difiere de ésta por la mayor atención y profundidad prestadas a uno o unos pocos casos individuales; son ejemplos conocidos los de Sigmund Freud, con sus estudios sobre la histeria, y Jean Piaget, que basó su teoría del desarrollo intelectual en las numerosísimas observaciones realizadas sobre sus tres hijos.
 c)  La investigación experimental: Un experimento consiste en la creación y variación de condiciones artificiales para determinar cómo influyen éstas en los sucesos estudiados. Básicamente se trata de confirmar (o, en su caso, refutar) una hipótesis de trabajo, para lo cual, antes de nada, debe ser formulada con la mayor claridad, por ejemplo, enunciando la incidencia de un factor (llamado "variable independiente") en otro u otros ("variables dependientes"). A continuación, se realizan las pruebas en las que el experimentador controla la variable independiente (aumentándola, disminuyéndola o suprimiéndola) para medir su efecto sobre la o las variables dependientes. Por ejemplo, supongamos que alguien quiere demostrar que el hambre influye en la percepción de la realidad. Su hipótesis de trabajo podría ser: a mayor tiempo sin tomar alimento (variable independiente), más probable es percibir o creer percibir objetos relacionados con la comida (variable dependiente). ¿Cómo probar semejante afirmación? Es evidente que no podemos tratar de comprobarla en toda la población, pero sí podemos seleccionar una muestra representativa en que factores que no son objeto de estudio (como la edad, el sexo, la raza, la clase social, el nivel cultural, etc.) estén distribuidos al azar o en porcentajes similares a los de la población total que se quiere estudiar (es importante que la muestra sea suficientemente numerosa y no sesgada, es decir, no haya un predominio injustificado de un grupo de población sobre otro). Dividimos la muestra en tres grupos en función únicamente de la presencia o no de la variable independiente (tiempo de ayuno): uno de ellos compuesto exclusivamente por individuos que llevan varias horas sin probar alimento, otro compuesto exclusivamente por individuos que acaban de comer y un tercero, llamado grupo de control, formado por individuos seleccionados al azar sin tener en cuenta el tiempo transcurrido desde su última comida. A partir de aquí, podemos diseñar una prueba que consista en tratar de adivinar qué representan un conjunto de imágenes desenfocadas o de interpretación dudosa. Si nuestra hipótesis fuera correcta, podría predecirse un mayor número de respuestas relacionadas con el alimento en el primer grupo que en los otros dos, e incluso más respuestas de este tipo en el tercer grupo que en el segundo. En caso de que los resultados confirmaran la hipótesis, todavía el experimento debería repetirse variando diversas circunstancias, excepto la que se ha considerado relevante, a fin de asegurarnos de que es ésta la verdadera causa de los efectos comprobados.
 d)  La investigación correlacional: Se llama correlación a la relación entre dos o más conjuntos de valores numéricos, de forma que el aumento o disminución de las cantidades en uno de esos conjuntos se corresponde con el aumento o disminución de las cantidades en el otro conjunto. La correlación puede ser positiva (aumento corresponde a aumento) o negativa (aumento corresponde a disminución, y viceversa). Una buena parte de los estudios psicológicos se basa en aplicar la estadística a los fenómenos observados en grandes grupos de población, buscando la aparición de dichas correlaciones. Por ejemplo, en los llamados "estudios de parentesco" se intenta determinar la correlación entre la aparición de un determinado carácter (cociente intelectual, rasgo de personalidad, trastorno, etc.) con el grado de parentesco. Un ejemplo de correlación positiva sería la que hay entre cociente intelectual y calificaciones escolares, mientras que una correlación negativa podría ser la existente entre autoestima y número de suspensos. Sin embargo, estos mismos ejemplos nos sirven para entender la diferencia entre "correlación" y "causalidad", ya que, al contrario que ocurre con el control de variables independientes en la experimentación, la mera correlación no basta para establecer una relación causal: los niños con mejores notas tienen un cociente intelectual más alto, ¿cuál es la causa o cuál el efecto?, ¿o se trata de dos efectos de la misma causa, por ejemplo, unos hábitos de trabajo?; y en el otro caso, ¿los suspensos causan disminución de la autoestima, o más bien es la baja autoestima la que lleva a autoconvencerse de la inutilidad del esfuerzo y, por tanto, a suspender?  
 
  

lunes, 21 de agosto de 2017

Lo que orienta nuestra conducta


¿Cómo representas un mundo tridimensional cambiante, en el que nos movemos y que a su vez nos mueve? ¿Y cómo puedes representar eso en un plano? ¿Cómo vemos el mundo en realidad? ¿Cómo nos lo representamos dentro de nuestras cabezas? ¿Cómo puede un artista comunicar esa representación interna a los demás?
Gregory Evans, Hockney's Pictures: The Definitive Retrospective (adaptado)

El ser humano orienta su conducta en función de una serie de factores entre los que cabe citar:
  • El placer y los instintos, que le hacen actuar de acuerdo a lo que le agrada y evitar lo que le desagrada.
  • La presión social, que le lleva a imitar modelos de comportamiento de la sociedad en la que vive.
  • Las normas y leyes establecidas para organizar la convivencia.
  • Los valores y las normas morales.
1. Los valores morales
Los valores morales son aquellas cualidades o ideales humanos que apreciamos especialmente. A todo valor se le opone un contravalor o valor negativo. Así, a la bondad se le opone la maldad; a la libertad, la esclavitud; a la igualdad, la desigualdad y a la justicia, la injusticia. De la misma manera que apreciamos los valores morales positivos rechazamos los negativos.
A lo largo de la vida, como resultado de nuestra experiencia y reflexión según crecemos como personas, organizamos estos valores en una jerarquía que constituye nuestra identidad moral. Esta jerarquía de valores:
  • Nos ayuda a situarnos en la realidad y a interpretarla en un sentido moral.
  • Orienta nuestro comportamiento y nos guía en las decisiones que tomamos y que implican nuestra vida presente y futura.
Puede ser modificada, ya que podemos incorporar nuevos valores y desechar otros que no consideremos ya importantes.

2. Las normas morales
Las normas son las pautas de comportamiento, hábitos o reglas que tienen como objetivo regular la convivencia. Se exponen en forma de mandato o imperativo que nos obliga a comportarnos de una manera determinada.
Las normas morales son pautas de comportamiento o reglas que tienen como origen un valor moral.
  • El subjetivismo moral defiende que cada persona es libre de dotarse y adquirir unos valores morales determinados como guías de conducta, por lo que podrían existir tantos sistemas morales como individuos.
  • El universalismo moral defiende que, para facilitar la convivencia, compartimos unas normas morales básicas que cualquier persona puede reconocer y desear como válidas para uno mismo y para los demás. A esos mínimos morales compartidos los llamamos valores cívicos.
Valores mínimos compartidos
En las sociedades pluralistas conviven diversas maneras de concebir la vida buena y las normas morales correctas. Sin embargo, esa misma sociedad no puede renunciar a transmitirles ciertos principios, valores, actitudes y hábitos que configuran mínimos morales que condicionan la convivencia democrática y a los que no podemos renunciar sin renunciar a la vez a la propia humanidad.
La convivencia de las distintas morales resulta posible gracias a la presencia de una ética cívica, exigible en cuanto que está compuesta por ciertos mínimos de justicia, libertad, igualdad, respeto, etc., compartidos.
Adela Cortina, Ética mínima. Introducción a la Filosofía Práctica

3. Los dilemas morales
En la vida, a veces se nos presentan dilemas morales, problemas que nos obligan a decidir entre pocas opciones, sin que esté claro cuál de ellas es la mejor o que no haya ninguna realmente buena.
La resolución de los dilemas morales nos ayuda a encontrar nuestros propios criterios morales a la hora de actuar. 

viernes, 18 de agosto de 2017

La psicología en el siglo XX: Corrientes

1. Funcionalismo
Eminentemente norteamericana, esta corriente, cuyo fundador y representante más conocido es William James, se despreocupa de la estructura de la conciencia y se interesa por su función adaptativva, de acuerdo con la selección natural. Estudia la utilidad y el funcionamiento de los procesos mentales que utilizamos para adaptarnos mejor a nuestro mundo. La conciencia aparece como un conjunto de operaciones, más que como una estructura acabada.
La psicología se entiende como una ciencia eminentemente práctica, que debe ayudar al hombre a adaptarse a su medio y alcanzar éxito en la vida. Psicólogos como Dewey, Angell y Cattell han desarrollado métodos tipo test y cuestionarios para medir las diferencias psicológicas individuales.

2. Conductismo
Aunque inspirada en un primer momento en los experimentos del ruso Pávlov sobre los reflejos condicionados, el conductismo o behaviorismo es también una escuela psicológica netamente americana. Rechaza el estudio de la conciencia porque, al tratarse de hechos subjetivos, no cabe un conocimiento científico de ellos: mientras la psicología se ocupe de la conciencia no será una verdadera ciencia. La ciencia exige resultados comprobables.
A cambio, el conductismo propone entender la psicología como ciencia de la conducta o comportamiento observable, definiendo "conducta" como el conjunto de respuestas de un organismo a los estímulos ambientales. Tanto los estímulos como las respuestas son hechos físicos, observables.
Los conductistas utilizan métodos experimentales, afines a los utilizados en las ciencias naturales, tanto con hombres como con animales. Sus representantes más conocidos (y más radicales) son Watson y Skinner.

Skinner, uno de los más famosos y radicales psicólogos conductistas, utilizó animales como palomas y ratas en sus estudios experimentales. En la imagen, caja de Skinner en un laboratorio de psicología experimental.
El conductismo, según Watson
La psicología es una rama puramente objetiva y experimental de la ciencia natural. Su meta teórica es la predicción y control de la conducta. En sus esfuerzos por alcanzar un esquema único de la conducta, el conductista no reconoce ninguna línea divisoria entre el hombre y el bruto.
La psicología comenzó en falso con Wundt, por no haber sabido enterrar su pasado. Trató de aferrarse a la tradición con una mano, mientras empujaba hacia la ciencia con la otra. Antes de que la astronomía pudiera progresar tuvo que enterrar a la astrología, como hicieron la neurología y la química con la frenología y la alquimia, respectivamente. Pero la psicología no ha enterrado aún a sus brujos.
John Watson, La psicología desde un punto de vista conductista (adaptado)

3. Psicoanálisis
Inaugurado por el psiquiatra vienés Sigmund Freud, el psicoanálisis comparte con el conductismo el rechazo de la conciencia como objeto propio y exclusivo de la psicología, aunque sus métodos no pueden ser más diferentes: apela a la existencia de un psiquismo inconsciente (se deshace la equivalencia entre mente y conciencia que desde Descartes se había dado por supuesta) y para descubrirlo recurre a métodos como la introspección y la asociación libre (el sujeto responde rápidamente y sin censura a una palabra, imagen o idea que se le propone), por parte del sujeto, y la hermenéutica o interpretación, por parte del psicólogo.
El psicoanálisis de Freud es más que una teoría y una terapia psicológicas: es también una visión del mundo y del hombre que incluye interpretaciones del arte, la religión, la moral, la historia, etc. Es lógico que algunos autores, aceptando aspectos importantes del método y tratamiento psicoanalíticos, no compartieran otros presupuestos de tipo filosófico: por ello, se separaron de la ortodoxia freudiana creando sus propias escuelas de psicoanálisis: los más conocidos son Adler y Jung, durante los primeros años, seguidos, posteriormente, por muchos otros.

4. Gestalt
La Escuela de la Forma (en alemán, Gestalt) estudia la experiencia perceptiva como totalidad organizada, no como una suma de elementos o sensaciones; por ejemplo, lo que se percibe es un objeto (libro, bolígrafo, tiza...), que aparece como algo inmediato y no como el resultado de una construcción realizada a partir de las sensaciones (color, figura, dureza, frialdad, olor, etc.). Esto ocurre así en virtud de una forma (estructura, organización) que no se deriva de las sensaciones, sino que se impone a ellas porque es puesta por el propio sujeto o mente; esta forma o Gestalt dota de sentido a los elementos o sensaciones para que no sean simplemente una acumulación caótica.
La Gestalt "toma prestado" de la filosofía el método fenomenológico: descripción sin prejuicios de lo que se experimenta tal como se experimenta, sin imponer interpretaciones; nadie siente primero un color, luego una forma, después una sensación táctil y finalmente percibe el objeto como tal, sino al revés, primero percibe el objeto y después (si quiere) podrá analizarlo y descomponerlo en sensaciones. A veces las teorías presuntamente científicas (en este caso, el asociacionismo) son también prejuicios que nos impiden captar la realidad tal como se nos muestra.
La fenomenología no excluye otros métodos como la observación y la experimentación, que los psicólogos de la Gestalt han usado, igual que los conductistas, en sus laboratorios.
Los principales representantes de esta escuela son Wertheimer y Koffka, en cuanto a psicología de la percepción; Köhler, en el campo del aprendizaje; y Lewin, en psicología social.

5. Psicología humanista y existencialista
Se interesa por lo específico de la existencia humana, rechazando su reducción a los aspectos objetivos, medibles y cuantificables. En cierta forma supone un regreso a la antigua concepción de la psicología como "saber del alma", ya que recupera como una de sus tareas potenciar la dimensión espiritual (no necesariamente religiosa), de la que forman parte el sentido de la existencia y la autorrealización personal. Los métodos utilizados son variados, aunque se da especial relevancia a la entrevista personal y a las dinámicas de grupo.
Entre los representantes de la psicología humanista podemos citar a los americanos Maslow y Rogers, además de otros europeos como Viktor Frankl.

6. Psicología cognitiva
Al contrario que el conductismo, y como reacción frente a él, los cognitivistas se interesan por los procesos internos, no observables, ya que los esquemas mentales o interpretaciones de la situación son necesarios para entender por qué se elaboran ciertas respuestas en vez de otras. La conducta se explica, por tanto, en términos de procesamiento de la información. El sujeto no es un receptor pasivo de información, sino que juega un papel activo aportando conocimientos previos y esquemas mentales.
A partir de los años 60 los cognitivistas utilizan la metáfora del ordenador para comprender la forma en la que la mente organiza los datos recibidos (inputs) para llegar a unos rendimientos (outputs).   
Sin duda, el autor más conocido dentro del enfoque cognitivista es el suizo Jean Piaget, que ha estudiado la forma en que el niño utiliza esquemas intelectuales cada vez más complejos desde su nacimiento hasta la adolescencia. Autores encuadrables en la psicología cognitiva o constructivista (términos que se utilizan la mayoría de las veces como sinónimos) son también Lawrence Köhlberg, George Miller y David Ausubel. Esta corriente ha inspirado una profunda renovación de los métodos pedagógicos, traducida desde los años 80 en las legislaciones educativas de España y otros países.

martes, 15 de agosto de 2017

Moral, ética y política

La moral, la ética y la política son las tres dimensiones de la acción del hombre. La moral y la ética confluyen en la política porque sólo podemos alcanzar una vida buena en un entorno adecuado de convivencia.

1. ¿Qué es la moral?
La palabra moral viene de mos, que significa "costumbre" o "hábito".
La moral es el conjunto de comportamientos, actitudes y valores que se transmiten mediante la costumbre o la tradición dentro de un grupo humano determinado y que obliga a todos sus miembros.
La moral guía nuestras actuaciones y nos indica lo correcto o incorrecto de una acción. Las morales particulares de las personas pueden coincidir en muchos aspectos, pero también diferenciarse en algunas exigencias. Estas diferencias son mucho mayores entre miembros de diferentes culturas. Así, lo que en una de ellas puede ser normalmente aceptado, en otra puede ser objeto de una prohibición muy severa.

2. ¿Qué es la ética?
La palabra ética viene de éthos, que significa "carácter".
La ética es la reflexión de carácter filosófico, basada en el análisis crítico y la razón, sobre la oportunidad y conveniencia de las distintas morales, pero también la formación y consolidación del carácter mediante la adquisición de una serie de hábitos o costumbres.
La reflexión ética consiste en:
  • Someter a crítica nuestros propios criterios morales y los de los demás. Este ejercicio proporciona una idea, más o menos razonada, de lo que está bien y lo que está mal, y conformar una moral particular, que suele coincider en lo esencial con la de otras personas del grupo social o cultural.
  • Reflexionar sobre la propia vida. Esta actividad permite plantearnos su sentido, hacia dónde nos dirigimos y qué nos proponemos.
  • Buscar las razones por las que defendemos una idea y no otra. La reflexión ética exige que nos responsabilicemos de nuestras opiniones y que las defendamos con argumentos.
3. ¿Qué es la política?
La política es la disposición a reflexionar sobre la administración y el gobierno de una sociedad y a actuar sobre ellos mediante el uso del poder y la autoridad. También consiste en realizar el análisis de los principios ideológicos desde un punto de vista ético.
Actuar en política podría considerarse una de las actividades más nobles del ser humano, ya que implica una labor de servicio hacia los demás en la que se intentan superar conflictos y problemas mediante el sentido común y el diálogo. Sin embargo, en ocasiones se utiliza como medio para obtener el beneficio individual de dominio sobre la sociedad.


La ley moral
Dos cosas me llenan el ánimo de admiración y respeto: el cielo estrellado sobre mi cabeza y la ley moral que yo llevo dentro. Ambas cosas no he de buscarlas cual si estuvieran envueltas en oscuridades; ante mí las veo y las enlazo inmediatamente con la consciencia de mi existencia.
El primer espectáculo de una innumerable multitud de mundos aniquila mi importancia como criatura animal que tiene que devolver al planeta (un mero punto en el universo) la materia de la que fue hecho. El segundo, en cambio, eleva mi valor como inteligencia infinitamente por medio de mi personalidad, en la cual la ley moral me descubre una vida independiente de la animalidad.
Immanuel Kant, Crítica de la razón práctica (adaptado)

Ética y política
Lo que a ti y a mí nos importa ahora es si la ética y la política tienen mucho que ver y cómo se relacionan. En cuanto a su finalidad, ambas parecen fundamentalmente emparentadas: ¿no se trata de vivir bien en los dos casos? La ética es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible, el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social, de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene.
Como nadie vive aislado..., cualquiera que tenga la preocupación ética de vivir bien no puede desentenderse olímpicamente de la política.
Fernando Savater, Ética para Amador

Las dos formas de política
Desde que los hombres reflexionan sobre la política, han oscilado entre dos interpretaciones diametralmente opuestas. Para unos la política es esencialmente una lucha, una contienda que permite asegurar a los individuos y a los grupos que detentan el poder su dominación sobre la sociedad.
Para otros, la política es un esfuerzo por hacer reinar el orden y la justicia, siendo la misión del poder asegurar el interés general y el bien común contra la presión de las reivindicaciones particulares. Para los primeros, la política sirve para mantener los privilegios de una minoría sobre la mayoría. Para los segundos, es un medio de realizar la integración de todos los individuos en la comunidad y de crear la "ciudad perfecta" de la que hablaba Aristóteles.
Maurice Duverger, Introducción a la política