Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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viernes, 31 de mayo de 2019

Medios de comunicación y percepción de la realidad

La última gran revolución de los medios de masas es internet, capaz de absorber prensa, radio, televisión, cine, etc.
La realidad de los medios de comunicación de masas ha evolucionado mucho en relativamente pocos años.

Si en el siglo XIX "medios de comunicación" y "prensa" eran términos prácticamente sinónimos, el el siglo XX el panorama empezó a cambiar con la radio y el cine. Un salto cualitativo se dio, hacia la mitad de este siglo, con la llegada de la televisión: el medio por excelencia, aquel que demostró en su momento un mayor poder e influencia por su alcance prácticamente universal (llega a todas las familias, de todos los niveles económicos y culturales). La segunda gran revolución se da a finales del siglo XX y principios del siglo XXI: se trata de internet, que progresivamente va absorviendo todas las manifestaciones anteriores (prensa, televisión, cine, música) y queda como la referencia fundamental, casi única, de los medios de comunicación de masas.
Desde un punto de vista psicológico, se estudia el papel de los medios de masas como modificadores de actitudes, especialmente en relación con los niños (cuya personalidad está menos formada y es más sensible a influencias) y fundamentalmente en relación con la violencia, la pornografía y la discriminación social. Los psicólogos y otros científicos sociales llevan décadas discutiendo sobre estos temas, primero en relación con el cine y la televisión y últimamente con internet, las redes sociales y los videojuegos. Aunque la teoría de que la simple contemplación de un hecho (por ejemplo, un hecho violento) induce a imitarlo parece excesivamente simplista (lo que no excluye que algunas veces pueda ocurrir), existe un consenso general, basado en comprobaciones científicas, sobre la verdad o al menos alta probabilidad de afirmaciones como éstas:

 1)  Existe una correlación estadística fácilmente comprobable entre la cantidad de violencia contemplada por niños y adolescentes y el número de delitos violentos. Lo que se discute es cuál de estos dos factores es causa y cuál efecto, es decir, si la violencia en los medios causa la violencia real u ocurre más bien al revés: como vivimos en una sociedad violenta y las personas que usan los medios son también violentas, muestran su preferencia por los contenidos violentos, que se convierten así en objeto de demanda masiva.
 2)  El elemento decisivo en cuanto a los efectos de la contemplación de violencia no es tanto la cantidad de violencia mostrada, sino el hecho de que ésta sea reforzada (por ejemplo, si aparecen criminales felices); si esto ocurre, lo normal es que surja en el espectador, sobre todo si es un niño o persona poco formada, la tendencia a imitar lo que ve (como demostró Bandura en el experimento del "muñeco bobo").
 3)  No se ha comprobado nunca (aunque algunos autores de inspiración etológica así lo sostienen) que el consumo de películas, imágenes y juegos de violencia pueda servir como vía de escape de una agresividad que, de otro modo, produciría consecuencias indeseables: si fuera así, allí donde hay más permisividad para acceder al material violento debería haber un índice más bajo de delitos de este tipo, pero lo que sucede es justamente lo contrario. Lo mismo puede aplicarse a la contemplación de pornografía y a los índices de violencia sexual: éstos no disminuyen cuando se eleva el consumo de pornografía, sino al contrario.
 4)  La contemplación reiterada de violencia, sobre todo por los niños y adolescentes, aparte de producir una percepción deformada de una realidad bastante menos violenta de lo que aparece en los medios, genera insensibilidad ante el sufrimiento y la muerte, realidades que, al ser presentadas como un espectáculo, son desdramatizadas y trivializadas.
 5)  Los efectos anteriormente expuestos (refuerzo de las actitudes violentas preexistentes, insensibilización ante la violencia real) son tanto mayores cuanto más realista y próxima a la situación del espectador se presenta la violencia: la violencia estilizada de las antiguas películas del oeste o la situada en contextos fantánticos-mitológicos como El señor de los anillos o La guerra de las galaxias es percibida siempre como irreal y por tanto difícilmente imitable, no así si aparece en un contexto contemporáneo o, como es desgraciadamente posible en internet, si se muestran torturas y muertes reales.
 6)  Se ha comprobado también la relación entre el consumo de pornografía y el desarrollo de actitudes violentas o denigratorias contra las mujeres, o al menos una pérdida de sensibilidad frente a hechos como violaciones y agresiones sexuales. En 1984, dos grupos de alumnos asistieron a proyecciones de películas durante seis semanas: en un caso se trataba de películas pornográficas o con sexo explícito y en el otro no. Tres semanas después, comentaron una noticia de prensa sobre el juicio a un violador y contestaron una encuesta sobre la condena que debería imponérsele: los que habían consumido material pornográfico propusieron condenas que, como media, eran la mitad de las propuestas por los estudiantes del otro grupo. Parece claro que, para estos alumnos, la simple exposición a pornografía había provocado una modificación de sus actitudes sobre la violación y el maltrato a mujeres en el sentido de que estas conductas eran ahora consideradas menos graves que antes.  

martes, 28 de mayo de 2019

¿Cómo vamos de salud?


Nuestro organismo es muy complicado, tanto que resulta milagroso eso que llamamos "salud".

La enfermedad no es en muchos casos accidental, sino que nos la producimos nosotros mismos, como un mecanismo de defensa ante una situación que no sabemos cómo resolver, o como consecuencia de sufrimientos.
  • Como mecanismo de defensa, la enfermedad nos sirve para refugiarnos en ella, llamar la atención de los demás y no tener que afrontar problemas, o tomar decisiones, o comprometernos en una tarea o con una persona que nos necesita.
  • Como consecuencia de sufrimientos, la enfermedad es el alto precio que hemos de pagar por vivir mal y abusar de nuestro organismo.
El aseo, una variada y equilibrada alimentación, el descanso necesario y una actitud positiva ante la vida son elementos indispensables para una buena salud. Y cuidar de ésta es uno de los primeros deberes éticos, porque una salud deteriorada disminuye de raíz nuestras oportunidades en la vida y hace que los que nos quieren supediten también sus propias posibilidades para atendernos.
 
El contacto con la naturaleza y el ejercicio físico contribuyen a una vida sana y alegre.
La falta de higiene y de orden, la mala alimentación, el escaso descanso o el exceso del mismo y una actitud negativa hacia la vida nos acarrearán, seguramente, problemas más o menos graves de salud.
Enfermedades sociales hoy son la depresión y el consumo de drogas, que llegan a darse, con mucha frecuencia, juntas.

1. La depresión
La depresión puede tener causas muy variadas y no debe confundirse con la tristeza: ésta es un sentimiento más del ser humano, como lo es la alegría, y para ambas hay razones en nuestro vivir. La depresión es, en cambio, una enfermedad que sume a la persona que la padece en un estado de abatimiento e indefensión del que no puede salir con sus propias fuerzas.

2. El consumo de drogas
Conviene, en primer lugar, definir qué es una droga: una sustancia que, introducida en el organismo de una persona, es capaz de llegar al sistema nervioso central produciendo una serie de alteraciones físicas, intelectuales o de conducta. Probablemente, la característica principal que ha de tener una sustancia para que quede incluida entre las drogas es que predisponga al individuo a seguir consumiéndola en mayor cantidad y con mayor frecuencia.
Por lo que se refiere a una posible "clasificación" de las drogas, en la actualidad las autoridades sanitarias no son partidarias de hacerla, pues lo decisivo en materia de drogadicción no es la sustancia que se consume, sino la persona que se sirve de ella: no hay "drogas", sino "drogadictos", podríamos decir.
Entre las múltiples causas que pueden conducir a una persona al consumo de drogas vamos a referirnos a la enorme influencia que tiene la educación:
  • Muchas personas se han educado en un ambiente de excesiva permisividad, casi de abandono. Esto les ha hecho crecer en la idea de que "hay que probarlo todo", sin tomar conciencia de que hay límites que es peligroso traspasar.
  • Otras personas han sido educadas de forma sobreprotectora, por lo que se creen incapaces de hacer frente a los problemas y se sienten abrumadas por ellos. La droga se presenta entonces como una huida de los problemas y dificultades cotidianos.
Las consecuencias que acarrea la droga son muy diversas, pero una es común a todas las formas de drogadicción: conducen a la destrucción del individuo en su vida profesional, familiar, afectiva y social. Y, en ocasiones, a su muerte.
Por eso, elegir el camino de la droga no es una opción inteligente. No lo es porque, aunque la elección se realiza en un determinado momento de la vida, marca y condiciona definitivamente, pues ya no es posible la vuelta atrás. Incluso, aquellas personas que entienden la felicidad como disfrutar de todos los placeres con la mayor intensidad, han de calcular qué placeres deben evitar por las consecuencias perniciosas que acarrean.
Frente a la destrucción personal que conlleva la droga, proponemos la construcción de la persona a través del compromiso en la búsqueda de una felicidad verdadera.

3. Algunos términos importantes acerca de la droga

  • Dependencia: Es un estado psíquico y físico provocado por la presencia de una  sustancia en el organismo que impulsa al individuo a ingerirla de nuevo para evitar la situación de angustia y ansiedad que produce su carencia.
  • Tolerancia: Se trata de un efecto físico o biológico que impulsa al individuo a aumentar continuamente la cantidad de sustancia consumida. Todas las drogas se caracterizan por crear dependencia; sólo algunas crean tolerancia.
  • Adicción: Es la necesidad física de mantener una cantidad de droga en el organismo para su funcionamiento "normal".
  • Síndrome de abstinencia: Se presenta como una serie de manifestaciones físicas y psíquicas derivadas de la falta de droga en el organismo. Estas manifestaciones son muy variadas, dependiendo del tipo de sustancia consumida, y van desde la irritabilidad hasta las alucinaciones y convulsiones.  

jueves, 23 de mayo de 2019

Colaboración y agresión

1. El caso Genovese
El 13 de marzo de 1964, de madrugada, una joven llamada Kitty Genovese fue atacada en la puerta del edificio de apartamentos donde vivía, en Nueva York. Tras huir el agresor debido a los gritos de un vecino, regresó y, durante cerca de media hora, apuñaló varias veces, robó y violó a la muchacha. Kitty no dejó de pedir auxilio hasta que ya no pudo seguir haciéndolo. En ese transcurso de tiempo un número indeterminado de personas (hasta 38, según las primeras versiones) pudo ver lo que ocurría. Nadie hizo nada eficaz por ayudarla, ni siquiera descolgar el auricular de su teléfono para avisar a la policía.
Al oír el relato del caso Genovese, prácticamente todos pensamos algo así: eso ocurrió porque los vecinos de Kitty (o los neoyorquinos en general) eran gente egoísta, cobarde e insolidaria; si yo hubiera estado allí Kitty no habría muerto: primero habría llamado a la policía y, mientras llegaba, habría bajado yo mismo a defenderla. Al hacer esto estamos cayendo en lo que llamamos "el error fundamental de atribución": las personas se comportan de una manera porque son de una manera.
Darley y Latané eran dos psicólogos que trabajaban en Nueva York. Como el resto de los neoyorquinos, estaban horrorizados por lo que había ocurrido en el caso Genovese, pero no les satisfacía la explicación centrada en la cobardía-insolidaridad de los 38 espectadores. Al fin y al cabo, ¿qué les hacía tan distintos a todos los demás, que criticaban su inacción y creían sinceramente que ellos sí habrían ayudado? Así que dijeron: supongamos que estas personas son más o menos como todas las demás y que en otras circunstancias sí que habrían ayudado a Kitty; por tanto, examinemos la situación para descubrir qué había en ella que les llevó a no actuar.
La respuesta que dieron, sorprendente a primera vista, fue ésta: los vecinos de Kitty no la ayudaron sencillamente porque eran muchos y, por eso mismo, ninguno de ellos se sintió personalmente responsable de terminar con la agresión.
De momento, esta explicación era solamente una hipótesis, ¿cómo se podría probar su validez? Comprobando experimentalmente que, en situaciones análogas, las personas ayudan o no en función del número de posibles intervinientes.

2. Condiciones para que uno ayude a su prójimo
Imagina que estás en un pasillo de tu centro de estudios y ves que a un profesor se le cae una cartera y se desparrama por el suelo todo su contenido. ¿Le ayudas a recogerlo?
No todas las personas somos iguales, así que podemos suponer que habría alumnos que en todos los casos ayudarían al profesor, otros que en ningún caso le ayudarían y finalmente un tercer grupo, probablemente el más numeroso, que le ayudarían o no dependiendo de las circunstancias. Por ejemplo: si en el pasillo no hay nadie más es probable que le ayuden, pero no lo harán si hay otras diez o quince personas (¿por qué tengo que ser yo, si hay otros que también pueden ayudar?). Esto último es lo que pensaron los vecinos de Kitty Genovese.
En 1968, cuatro años después del caso Genovese, Darley y Latané idearon un experimento para comprobar el principio que podemos enuncias como: "cuantos más ayudantes potenciales existen, menos probable es recibir ayuda de ellos". El profesor y varios alumnos se encuentran realizando tareas en habitaciones separadas, comunicados por un micrófono. En la situación A, se hace creer a cada uno que el profesor únicamente se comunica con él. En la situación B, se indica que el profesor está comunicado con todos los alumnos. El profesor finge un ataque epiléptico: en la situación A todos los alumnos acuden a ayudar a su profesor, mientras que en la situación B es posible que no acuda ninguno. En cualquier caso, la probabilidad de que el profesor reciba ayuda es mucho mayor en la situación A que en la situación B.
Otro ejemplo: en un campamento de verano se propone a uno de los niños participar en una competición de soga-tira por equipos. Se le vendan los ojos y se le dice que va a competir él solo contra un miembro de otro equipo. Tras esta prueba, y con los ojos aún vendados, se le dice que ahora van a tirar de la cuerda varios miembros del equipo a la vez. En realidad las dos veces ha tirado él solo de la cuerda, pero la segunda lo ha hecho con menos fuerza (exactamente un 18% menos) que la primera. La responsabilidad individual del sujeto se había diluido al creer que participaba en grupo.
Además del número de ayudantes potenciales, hay otros factores que determinan la probabilidad de que una persona acuda o no en ayuda de otra. Darley y Latané señalan cinco fases en el proceso:
1) Percepción del hecho
2) Interpretación del mismo como una emergencia que requiere ayuda
3) Asunción de la propia responsabilidad para responder a este emergencia
4) Elección de una forma de ayuda
5) Acción de ayudar
Cada una de estas fases ha de sortear sus propios obstáculos para llegar a la fase siguiente y finalmente a la ejecución de la decisión de ayudar.

3. La agresión
Se entiende por agresión cualquier comportamiento dirigido a hacer daño a otros. La agresión puede ser física o psicológica (verbal, gestual o por omisión: no contestar a un saludo puede ser también una forma de agresión), también puede ser voluntaria o involuntaria, instrumental (medio para conseguir otros fines) u hostil (sin otro fin que causar daño), etc.
En general, la mayoría de psicólogos admite hoy en día tres clases de factores de comportamiento agresivo:
  • Existen aspectos biológicos y fisiológicos que predisponen hacia actitudes violentas. Está comprobada la existencia de factores genéticos en los estudios sobre agresividad animal (si se cruzan los ratones más agresivos entre sí se producen generaciones de ratones cada vez más agresivos) y sobre gemelos idénticos en el hombre. Por otro lado, también se ha comprobado la relación entre los altos niveles de testosterona (hormona sexual masculina) y conducta agresiva: la castración de los animales implica automáticamente la eliminación de su agresividad.
  • En todo acto de agresión, además, intervienen influjos externos que la desencadenan; dichos influjos pueden ser percibidos de manera consciente por el individuo, o, en otros casos, ser inconscientes para él.
En ciertos contextos, como en los atascos, los influjos externos nos hacen especialmente propensos a ser agresivos.
  • La educación recibida condiciona nuestras respuestas violentas. Además, se puede afirmar que, en cierta medida, se aprende a ser agresivo y que pueden darse ciertos refuerzos sociales que afiancen nuestra conducta hostil (por ejemplo, a través de los medios de comunicación, de la propaganda, de una excesiva permisividad que no sancione dichos comportamientos, etc.).

lunes, 20 de mayo de 2019

¿Es el creacionismo una teoría científica?

Considerando que la evolución es un hecho demostrado, ningún evolucionista pierde ya el tiempo buscando nuevas pruebas. Sólo para refutar a los creacionistas se molesta uno en presentar la contundente evidencia a favor de la evolución ecumulada en los últimos ciento treinta años.
Ernst Mayr

El creacionismo es un movimiento antievolucionista de larga tradición en los Estados Unidos defendido por ciertos grupos fundamentalistas cristianos. En 1925 consiguieron que se phohibiese la enseñanza de la evolución en cuatro estados. Como en 1968 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos declaró inconstitucionales las leyes que prohibían la enseñanza de la evolución en las escuelas, cambiaron de estrategia; llamaron a su propuesta "Ciencia de la Creación", y consiguieron que fuese enseñada en plano de igualdad con las teorías de Darwin.
Esta supuesta ciencia sostiene que "todas las especies de organismos aparecieron repentinamente durante la Creación"; que "el mundo existe desde hace unos miles de años", y que "el diluvio univeral fue un suceso real en el cual sólo una pareja de cada especie animal sobrevivió".
La última versión del creacionismo ha adoptado la denominación de "teoría del diseño inteligente", y ha iniciado en diversos países europeos una campaña de propaganda.


El creacionismo llega a España 
Lo que Darwin no sabía. Éste es el título de un ciclo de conferencias con el que miembros de la asociación estadounidense denominada "Médicos y Cirujanos por la Integridad Científica" (PSSI en sus siglas en inglés) quiere darse a conocer en España, en particular en el mundo universitario y en prestigiosos foros de debate. Es el desembarco oficial de los postulados que cuestionan la teoría de la evolución y que, principalmente en EEUU, están respaldados por los movimientos creacionistas y, con una denominación más actual, por aquellos que defienden las ideas del diseño inteligente frente a las que promovió Charles Darwin.
"Nosotros no somos creacionistas, simplemente consideramos que, a la luz de los avances científicos actuales, resulta una tomadura de pelo que se siga sustentando que la teoría de la evolución es la que da respuesta al origen y desarrollo de la vida en nuestro planeta", asegura Antonio Martínez, oftalmólogo, el principal representante de PSSI en España. No se atreve a ofrecer una alternativa a la teoría sintética de la evolución y niega cualquier vinculación con movimientos religiosos. Sin embargo, si se le pregunta por otras asociaciones u organismos que respaldan este mensaje en España, remite a la página web del Servicio Evangélico de Documentación e Información, en cuya portada aparece un enlace directo a la Coordinadora Creacionista.
Tras diversas conversaciones a lo largo del día con responsables de la Universidad de Vigo, a última hora de la tarde confirmaron que la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones rechazaba la autorización que en un principio había otorgado para celebrar la conferencia. Dicha escuela argumenta que se han dado cuenta de que los fines para los que fue pedida la utilización de su Aula Magna no se corresponden con los que ahora han conocido. La solicitud partió de los Grupos Bíblicos Universitarios.

J. Rico, "El creacionismo llega a España", EL PAÍS

domingo, 19 de mayo de 2019

Estereotipos y prejuicios

Los estereotipos son creencias acerca de lo que se supone son características comunes de los miembros de un determinado grupo social. Es un principio psicológico fácil de comprobar la tendencia a considerar iguales (física o mentalmente) a las personas que pertenecen a grupos distintos del nuestro: por ejemplo, para un blanco occidental los asiáticos o los negros africanos parecen iguales entre sí, especialmente si convive poco con ellos. Lo mismo se puede decir de cualidades mentales o conductuales: si se dan casos de delincuencia entre la población perteneciente a una minoría, es fácil que el estereotipo funcione generalizando hacia todo el grupo los casos singulares que han llamado nuestra atención. Se puede entender el riesgo de profecías autocumplidas que implica la presencia de estos estereotipos: si los miembros de un grupo son mirados y tratados como delincuentes, es posible que terminen siéndolo realmente.
Si los estereotipos son creencias previas excesivamente simplificadas, los prejuicios son actitudes negativas dirigidas hacia los miembros de un grupo; si este grupo es minoritario o alejado del poder, los prejuicios desembocan fácilmente en discriminación o agresividad dirigida hacia el grupo. Diversas experiencias han demostrado lo fácil que es inducir prejuicios, discriminación y agresividad de una parte de una comunidad a otra. En los años 60, el psicólogo Muzafer Sherif dividió a los asistentes a un campamento de verano en dos equipos (águilas y serpientes): a la vez que se fomentaba el sentido de pertenencia a uno de los grupos crecía la hostilidad hacia el otro. El resultado fue una frecuencia cada vez mayor de insultos, robos y agresiones de un grupo hacia el otro. La situación sólo se superó cuando se propusieron tareas en las que necesariamente debían colaborar los dos equipos.
La experiencia del campamento de verano ha sido reproducida en diversas ocasiones, tanto con niños como con personas adultas. Si un profesor dice a sus alumnos de nueve años que está comprobado que los rubios son peores estudiantes y compañeros que los morenos, generará una discriminación contra los rubios; discriminación que se invertirá si al día siguiente dice que estaba equivocado, que en realidad los peores son los morenos (experiencia que llevó a cabo la maestra Jane Elliot, en 1992). Incluso dividiendo las clases de estudiantes universitarios en dos grupos al azar (por ejemplo, verdes y amarillos) y pidiendo después a cada alumno que valorase los ejercicios de sus compañeros, ha podido comprobarse que los alumnos "verdes" puntúan más alto a los "verdes" que a los "amarillos", y viceversa.
¿Cómo eliminar los prejuicios? Muchas veces se ha dado por supuesto que, como los prejuicios nacen del desconocimiento, basta la mera convivencia para fomentar el conocimiento mutuo y eliminar los prejuicios. Sin embargo, las mayores tasas de discriminación se dirigen siempre hacia grupos próximos de los que cabe suponer un conocimiento mayor que de otros alejados. No es, por tanto, suficiente el mero contacto, sino que deben darse las siguientes circunstancias:
  • Debe tratarse de un contacto entre iguales (el frecuente trato entre amos blancos y esclavos negros en el sur de Estados Unidos no eliminó, sino que fomentó la esclavitud; lo mismo puede decirse de las relaciones entre varones dominantes y mujeres sometidas).
  • Debe fomentarse la cooperación entre grupos en tareas que benefician a ambos, pero siempre que tales tareas tengan éxito, ya que en caso contrario cada grupo culpará al otro del fracaso.
  • En la medida de lo posible, deben minimizarse la competencia entre grupos y los agravios comparativos.
  • Por supuesto, es fundamental el papel de la escuela y los medios de comunicación.
  Prejuicios inducidos en el aula  
¿Hasta qué punto pueden inducirse actitudes de adhesión ciega a un grupo o a un líder y, en consecuencia, el rechazo de los diferentes?
En 1967, el profesor Ron Jones, que daba clases de historia en un instituto de California, intentó experimentar con sus alumnos cómo fue posible el nacionalsocialismo: impuso una estricta disciplina en su clase, reforzó el sentido de pertenencia al grupo excluyendo a los disidentes y creó un movimiento al que llamó "La tercera ola". En cinco días, el movimiento se extendió por todo el instituto y, temiendo sus posibles consecuencias, la dirección del centro obligó al profesor a suspender la experiencia. Sin embargo, esos cinco días bastaron para demostrar que el fascismo no estaba tan alejado de los jóvenes de esa generación y que la chispa del autoritarismo puede prender en cualquier momento.
Una película de Dennis Gansel de 2008, titulada precisamente La ola, recoge el experimento del profesor Ron Jones, con algunas licencias y trasladando la acción de Estados Unidos a la mismísima cuna del nazismo, Alemania.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Las relaciones equivocadas

Nacemos seres humanos, pero llegar a ser personas es una vocación que nos ocupa toda nuestra vida.
Nuestra salud, la propia intimidad, la relación con las demás personas, el oficio o la profesión que ejerceremos, la libertad de que disponemos para tomar decisiones y el sentido que seamos capaces de dar a nuestra existencia son los elementos fundamentales para que seamos verdaderamente personas.

Entre los problemas que nos afectan a lo largo de la vida destacan, por cantidad e intensidad, los que nos crean nuestras relaciones con los demás, hasta tal punto que Jean-Paul Sartre llegó a decir que "el infierno son los otros". Esta afirmación resulta exagerada, puesto que las relaciones humanas nos causan problemas, pero también grandes satisfacciones.
Nuestras relaciones se desarrollan en diversos ámbitos. Todos nacemos en el marco de una familia, sea ésta la natural o la de acogida, o una institución de custodia, vivimos en un barrio, asistimos a un centro de estudios o de trabajo y buscamos un tú especial y único al que acompañar y que nos acompañe en el difícil camino de la vida.
Los problemas, pues, están servidos, porque no hay dos personas iguales, ni que vivan los acontecimientos de la misma manera, n que tengan expectativas de vida idénticas. Pero no es mejor, ni siquiera posible, la soledad: el hombre, decía ya Aristóteles, no puede vivir separado de otros hombres: sin ellos se hace un animal o un dios, y es mucho más habitual lo primero que lo segundo.
Los peligros que más frecuentemente acechan nuestras relaciones varían según el ámbito de las mismas:
  • En la convivencia con nuestros padres, muchos conflictos provienen de la poca consideración que ellos tienen hacia nuestra autonomía -siempre somos "pequeños" a sus ojos- , y de la escasa responsabilidad en la realización de nuestras tareas.
  • Con los amigos, los problemas los suscitan la competitividad y la desconfianza.
  • En las relaciones amorosas nos pierden muchas veces la urgencia por satisfacer nuestros deseos y la falta de hábitos de convivencia, que nos lleva a menudo a no saber renunciar en favor del otro para seguir caminando juntos.
  • Con los compañeros de estudio y de trabajo las dificultades surgen del desinterés hacia los otros y del poco sentido de cooperación.
Sin embargo, no podemos olvidar que a ser personas aprendemos y lo hacemos, para bien y para mal, de las personas con las que convivimos.
Dos son los requisitos fundamentales de toda relación humana satisfactorias: el respeto y el afecto.
  • El respeto es fundamental y primero, porque si no nos valoramos a nosotros mismos y a los demás como personas, si no tomamos conciencia de que nuestra vida y la de los demás son dignas de ser vividas, de que somos únicos e irrepetibles, será difícil que vivamos una vida auténticamente humana, y menos aún que ayudemos a los otros a hacerlo.
  • El afecto es también fundamental, porque el ser humano no es sólo ni principalmente racional: casi podríamos decir que es racional gracias al cariño que recibe, desde que nace, de su entorno. Por el afecto que se nos da, en forma de atenciones y cuidados, desarrollamos nuestras facultades físicas y mentales, y él constituye el fundamento de nuestra personalidad, de tal modo que la carencia de afecto daña nuestro cuerpo y nuestra mente, llegando a causar enfermedades de tanta gravedad como importante sea su ausencia.
Por tanto, para que nuestras relaciones con los demás no sean "equivocadas", es conveniente que estén presididas siempre por el respeto y, si es posible, también por el afecto, aunque este último no se puede exigir. Sea cual sea el ámbito en el que nos relacionemos y por mucha confianza que tengamos con las personas que están en él, es bueno que ofrezcamos el respeto y que lo exijamos de los demás. Tratar mal a alguien o consentir que alguien nos trate mal es una indicación clara de que esa relación no nos va a hacer mejores, ni a la otra persona ni a nosotros mismos. El afecto vendrá después, si es que viene, pero sólo perdurará si antes ha habido respeto, y entonces la amistad será sólida y consistente.

Un conflicto en una relación de amistad no tiene por qué significar siempre la ruptura. Superar las dificultades es una prueba de madurez y de afecto mutuo.


Por todo lo dicho, son muy importantes los gestos, las palabras y las acciones, porque muestran la disposición de una persona hacia aquellas con las que se relaciona. El desagrado, el rechazo, la desconsideración y la censura que podamos sentir hacia el otro se traslucen, a veces sin que nos demos cuenta. Pero, de la misma manera que nosotros los percibimos en los demás, ellos también los perciben en nosotros. Por eso hemos de hacernos dueños de nuestros gestos, de nuestras palabras y de nuestras acciones, para que podamos tratar con respeto y afecto a todos. Y como no nacemos con un cupo de relaciones asignado de antemano, si vemos que en una de ellas falta el afecto y, sobre todo, el respeto, quizá lo más prudente sea dejarla y seguir caminando. Afortunamente, el mundo está lleno de personas muy diversas.

martes, 14 de mayo de 2019

La teoría de la atribución

Singularidad: Propiedad de un hecho de distinguirse del resto.
Consenso: Acuerdo entre distintos sujetos.
Consistencia: Coherencia entre los actos y opiniones de un sujeto en distintos momentos.

Sabemos de la importancia que tiene la información previa (veraz o no) que tenemos sobre algo o alguien para la creación de las primeras impresiones. Cuando esta información no existe, actúan otros mecanismos psicológicos: se atiende a la conducta del sujeto y se atribuye ese comportamiento a unas causas. En principio, la atribución puede ser de dos clases: intrínseca o extrínseca. En la atribución intrínseca interpretamos el comportamiento a partir de rasgos propios del sujeto: por ejemplo, un obrero está sentado en vez de trabajar "porque es un vago". Por el contrario, en la atribución extrínseca interpretamos dicha conducta como consecuencia de alguna situación o circunstancia exterior: por ejemplo, un obrero está sentado en vez de trabajar "porque es su tiempo de descanso".
La teoría de la atribución es uno de los fundamentos de la psicología social. Los psicólogos hablan de error fundamental de atribución, que es la tendencia a exagerar los aspectos personales al atribuir causas a la conducta de los demás y a minimizarlos respecto a la conducta propia -"yo suspendo porque tuve mala suerte en el examen, mi compañero X porque es un vago"-. En los años 90 se reformuló esto introduciendo la atribución defensiva como la tendencia a atribuir los éxitos propios a las cualidades personales y los fracasos a factores externos -"aprobé matemáticas porque preparé bien el examen, suspendí inglés porque tuve mala suerte"-. 
Según el psicólogo Harold Kelley (1921-2003), la atribución está determinada por tres clases de información: singularidad, consenso y consistencia. Supongamos que Roberto nos dice que disfrutó mucho viendo una película. ¿Dónde está la causa de este hecho, en Roberto o en la película? Apliquemos los tres criterios: Roberto habitualmente se aburre en el cine, pero en esta ocasión se divirtió (singularidad); otros que vieron la película también pasaron un buen rato (consenso); además, Roberto ha dicho lo mismo en distintas ocasiones ante interlocutores distintos (consistencia). Podemos concluir, por tanto, que se trata de una película entretenida. Obviamente, si los tres criterios hubieran proporcionado diferentes resultados, la conclusión también habría sido diferente.


Para formarnos una primer impresión de alguien nos servimos de unos esquemas mentales, que pueden ser estereotipados o proporcionados por la misma situación. Por ejemplo: de alguien que lleva un uniforme tenderemos a pensar cualidades acordes con esa situación social (policía enérgico, enfermera atenta, etc.), mientras que asignamos a personas de otras razas, países o religiones propiedades que, según creemos, los definen. En otras ocasiones, la misma situación provoca que nos fijemos en unos aspectos antes que en otros.
Vamos a poner un ejemplo de esto último: vemos una mujer con traje de fiesta, zapatos de tacón, maquillaje, etc., empujando una silla con un bebé. ¿Qué nos dice esto sobre su persona? En principio destacamos lo que nos llama la atención de esta situación en el contexto en que se da, es decir, lo distintivo de ella. Si la mujer está rodeada de hombres con trajes de chaqueta y corbata y mujeres con atuendos similares al suyo, podemos pensar que se trata de los invitados a una boda o a algún otro acto social, y lo que llama la atención en ese contexto es la silla con el niño: precisamente por eso es lo más significativo, ya que nos indica que es una madre responsable que no descuida en ningún momento el cuidado de su hijo. Si, por el contrario, vemos a esa mujer junto a otras personas también acompañadas de niños pequeños, pensaríamos más bien que se trata de un acontecimiento escolar, como una reunión de padres, y lo que destaca es el atuendo: le atribuimos una preocupación excesiva por su apariencia personal y quizá también una ignorancia sobre las normas sociales que dictan el atuendo adecuado en cada ocasión.
En conclusión, la primera impresión se forma a partir de lo que no es habitual, lo que destaca en un contexto dado. El mismo hecho (la mujer con traje de fiesta y silla con bebé) puede tener significados radicalmente distintos en contextos también diferentes.

lunes, 6 de mayo de 2019

Cómo diferenciar la ciencia de la seudociencia

Durante toda mi vida he hecho ciencia y sé lo que es, pero me siento incapaz de definirla.
Richard Feynman

¿Qué es la ciencia? ¿Por qué la astronomía se considera ciencia y la astrología, seudociencia? ¿Cuáles son las características de la ciencia? ¿Son ciencias todas las que así se denominan?
Una de las dificultades que existe para definir la ciencia es que se trata al mismo tiempo de una actividad (lo que hacen los científicos) y de un cuerpo de conocimientos (lo que saben los científicos). Ocurre, además, que esa actividad no es igual en las diferentes disciplinas, y el cuerpo de conocimientos científicos se encuentra en permanente revisión y cambio, siendo, precisamente ésta, una de las características de la ciencia.
A través de los libros, los medios de comunicación y las personas que nos rodean, nos llegan ideas, reflexiones, pensamientos o predicciones, y no siempre resulta fácil diferenciar cuáles pueden considerarse "científicas" y cuáles no.
Algunas de las mejores producciones humanas, como el Quijote, la novena sinfonía de Beethoven o el Guernica de Picasso no son ciencia ni pretenden serlo. Sin embargo, dado el prestigio social que tiene el conocimiento científico hay ideas, reflexiones y predicciones que quieren hacerse pasar por científicas sin serlo: es lo que se conoce como seudociencia (del griego pseudo, "falso"). Es el caso de la parapsicología, la astrología o la ufología, así como el de ciertas sectas que pretenden dictar tratados científicos desde creencias religiosas.
Es necesario, en consecuencia, disponer de un conjunto de criterios que nos ayude a identificar la ciencia y a diferenciarla de la seudociencia.

Lo que caracteriza a la ciencia, por encima de cualquier otra consideración, es el modo en que se enfrenta a las cuestiones y el rigor que utiliza. Uno y otro le permiten dar explicaciones cada día más ajustadas sobre el mundo y los procesos que en él ocurren.