Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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lunes, 28 de septiembre de 2020

El ecologismo

1. La naturaleza, en peligro

El ser humano extrae de la naturaleza los elementos necesarios para su conservación y reproducción. Hasta hace muy poco se creía que estos recursos naturales eran inagotables y que el desarrollo económico e industrial contaba con una despensa infinita de ellos. Sin embargo, hoy es evidente que la Tierra no posee esa reserva sin fin para mantener el crecimiento económico y el consumo energético, ni puede soportar los desechos que nuestra sociedad produce.

Hace tiempo que se habla de crisis ecológica para describir el deterioro actual del medio ambiente, del entorno que nos rodea. A tiempo que se logran grandes adelantos técnicos, se produce una destrucción sistemática y paulatina de los medios de vida.

 

Los indicadores más significativos de esta situación son:

  • Catástrofes naturales derivadas del uso de la energía nuclear o como consecuencia de los enfrentamientos bélicos: es el caso del accidente de la central nuclear de Chernobil o del incendio de pozos en Irak.
  • Catástrofes generales ligadas a fenómenos como la destrucción de la capa de ozono o cambios de la temperatura del planeta debido a los contaminantes.
  • Agotamiento de recursos, tanto de energías tradicionales (carbón, petróleo), como de otros materiales (agua, minerales).
  • Degradación general del medio ambiente: acumulación de residuos tóxicos, desertización, pérdida de masa forestal, desaparición de especies animales, contaminación de ríos y mares, etc.
  • Deterioro de la calidad de vida: violencia social, trabajo alienante, ciudades inhabitables, etc.
 Un futuro inquietante 
Si continúan sin cambios las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, de la industrialización, contaminación, producción de alimentos y agotamiento de recursos, los límites del crecimiento se alcanzarán dentro de los próximos cien años. El resultado más probable será un declive súbito e incontrolable tanto de la población como de la capacidad industrial.
D. Meadows, Los límites del crecimiento (1972)
 
2. ¿Por qué hemos llegado a este deterioro?

El origen del desastre ecológico que vivimos no es otro que la concepción economicista del hombre que domina en nuestro tiempo, según la cual los criterios últimos de actuación son la obtención de beneficios inmediatos y la valoración de estos beneficios en términos monetaristas, es decir, como propiedades o dinero. Esta concepción se desglosa en dos ideas básicas:

  • La idea del progreso tecnológico: La primera Revolución Industrial impulsó la idea de que el ser humano podía dominar la naturaleza y alcanzar una mejoría infinita de sus condiciones de vida. El lema del progreso es: siempre más, siempre mejor, siempre más rápido. Por tanto, la naturaleza no es sino un almacén ilimitado de recursos.
  • El homo oeconomicus: Detrás de esta idea del progreso se esconde una visión de la persona como un ser egoísta, un ser que nada debe a los demás y cuya única meta es aumentar al máximo la satisfacción de sus intereses. El ser humano se concibe a sí mismo como consumidor, de modo que sólo puede ser feliz poseyendo y dominando cosas y hasta personas.
Muchos autores se refieren a esta concepción del ser humano como la de un idiota espabilado. Espabilado, porque sabe medir muy bien los medios más adecuados para sus fines. Idiota, porque no ve más allá de sus intereses cercanos e inmediatos. Como resultado de estas ideas, hemos llegado a una situación en la que el progreso industrial y tecnológico se ha convertido en una de las peores amenazas para la humanidad.

3. La conciencia ecológica

La problemática medioambiental no es una reflexión reciente. Tampoco lo es la ecología, como ciencia de las relaciones de los seres vivos con su medio. 

Sí es propio de nuestro tiempo lo que podemos denominar conciencia ecológica, esto es, la existencia de una opinión pública que expresa el desacuerdo general con esta forma de hacer y entender el progreso humano y su relación con la naturaleza.

Esta conciencia ha dado lugar al ecologismo como movimiento social y teórico que pretende transformar esta situación. Dentro de esta finalidad general, el ecologismo se plantea los siguientes objetivos:

Denuncia de los problemas medioambientales concretos y planteamiento técnico de alternativas: energías verdes, reciclado, etc.
Crítica global del funcionamiento del sistema económico, porque está basado únicamente en criterios de mercado y de rentabilidad.
Propuestas de cambio en la gestión política del proceso económico, es decir, exigencia de un mayor control de la economía por parte de los propios afectados.
Propuestas de cambio en la concepción que las personas tienen de sí mismas y de su vida en común. Es preciso poner en práctica formas alternativas de vida que nos aparten del consumismo.

Para tomar decisiones en este campo se necesita una ética ecológica. Esta ética no se ocupa de cuáles son las relaciones del hombre con su medio, sino de cuáles deberían ser estas relaciones, es decir, se encarga de definir la responsabilidad moral que tenemos ante la naturaleza.

Aplicar la ética a la economía implica reconocer que el beneficio económico no es el único criterio de actuación, que existen límites sociales y ecológicos al crecimiento económico. Los problemas ecológicos están interrelacionados con los sociales, pues la causa genuina de nuestra situación ambiental es la distribución desigual del poder económico y político y, en definitiva, es el estilo de vida de los países ricos lo que nos está llevando al desastre ecológico.

Economía y ecología deben reivindicar su raíz común: la palabra griega oikos, que en español significa "casa", "hogar". Ambos conceptos hacen referencia a la utilización racional y justa de los recursos escasos con los que cuenta el ser humano, para él y sus descendientes. A esta idea básica responde el concepto de desarrollo sostenible.

4. Nuestra responsabilidad ante el medio ambiente

La ética es un saber práctico que orienta nuestras acciones desde el punto de vista de nuestra responsabilidad moral. Aunque somos los seres humanos los que establecemos derechos y obligaciones para nuestra conducta, también el agua, el aire, los árboles, los animales, etc., merecen nuestro respeto como condición necesaria e imprescindible para la vida humana. De ahí la existencia de una ética ecológica, cuyo objetivo es definir cuál es nuestra responsabilidad con el medio ambiente.

Los principios de esta ética tienen que ver con el valor moral básico de la solidaridad y, en definitiva, con la disposición a identificarnos con los intereses de los demás, a atender incluso como propias las necesidades de las generaciones futuras.

A partir de este principio general, la ética ecológica puede ir desgranando los criterios de decisión en cada una de las parcelas y problemáticas determinadas. En los casos concretos podemos servirnos del criterio moral general de la universalización: pensar siempre qué pasaría si todas las personas actuaran igual que nosotros lo estamos haciendo.

 Imperativo ecológico 
Actúa de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de la auténtica vida humana sobre la Tierra; o, dicho en negativo, actúa de tal manera que los efectos de tu acción no sean destructivos para las posibilidades futuras de vida.
Hans Jonas

5. La sociedad civil en marcha

Pero los problemas medioambientales aparecen casi siempre ligados a instituciones, empresas, Estado, etc., y son normalmente muy difíciles de afrontar. Ante ellos, nuestra capacidad individual de actuar y de influir es muchas veces escasa. De ahí que la responsabilidad individual tenga que llevarse a cabo en tres niveles diferentes:

  • Nivel de los sistemas administrativos: Se refiere a las condiciones económico-políticas de la ecología, definidas por los Estados y por las relaciones internacionales. Aquí cada uno de nosotros puede influir creando una opinión pública favorable a la conciencia ecológica y exigiendo un mayor control democrático de las decisiones políticas.
  • Nivel de la sociedad civil: Es en este nivel donde el protagonismo de los actores individuales puede adquirir mayor importancia. Se trata de la creación de asociaciones, movimientos, clubes o cooperativas que, al estar al margen de la administración pública, pueden tener una actividad más autónoma e influir sobre los poderes públicos. Al mismo tiempo, en su seno, se amplían las relaciones entre los miembros, potenciando así la comunicación y la participación social.
  • Nivel de la actividad individual: A pesar de la complejidad de nuestras sociedades, al final, cada uno de nosotros representa la instancia última de decisión y, por tanto, de responsabilidad: también está en nuestras manos cambiar la dinámica consumista y la orientación economicista que dirigen nuestras sociedades. Cada acción personal puede significar siempre una aportación a este objetivo general. Pero para que ello sea posible, la educación debe ir orientada hacia los valores ecológicos y hacia aquellas actitudes y comportamientos compatibles con esta ética ecológica mencionada. En suma, hacia un tipo de vida en armonía con la naturaleza.   

martes, 15 de septiembre de 2020

Titchener y el método de la psicología

Para estudiar la mente científicamente, se la debe observar. La observación es el elemento sine qua non de toda ciencia. Titchener sentía, al igual que Wundt, que el tener la experiencia estaba muy cerca de observarla, e hizo hincapié en el método de la introspección; sin embargo, su fórmula para la observación introspectiva era más amplia que la de Wundt, y nos da una base para distinguir la observación psicológica de la física. Señala que toda observación científica requiere tres cosas: cierta actitud hacia la propia experiencia, la experiencia misma y un informe adecuado, en palabras, de la experiencia.

"Introspección" es un término desafortunado, debido a que, por su historia y su uso diario, resulta fácil que se la emplee incorrectamente. Titchener se dio cuenta de esto y se esforzó por demostrar que no se debía pensar en ella como una reflexión sobre, o contemplación de, la experiencia de uno mismo (como la habrían considerado Descartes y los empiristas británicos) o como un tipo mórbido de interés en uno mismo (para lo cual hay un término mejor, que es "introversión"). De hecho, Titchener estaba siempre alerta para demostrar que los términos científicos en general deberían ser siempre utilizados con cuidado e inequívocamente, y con frecuencia señaló la confusión que nace cuando se dan significados de "sentido común" a los términos científicos.

En las afirmaciones de Titchener sobre el problema de la psicología vemos claramente la huella de Leipzig. El problema tiene tres aspectos. Primero está el análisis de los fenómenos mentales en sus elementos. Una descripción de cualquier corte transversal de la experiencia está destinada a ser un análisis, porque siempre que describimos estamos analizando: seccionamos el objeto de nuestra observación en ciertas partes fundamentales. Analizar es una de las actividades humanas más naturales del mundo, excepto que rara vez se realiza hasta un punto en que pueda llegar a ser muy científica.

La síntesis, aunque más difícil que el análisis, va de la mano con él. Implica el estudio de las conexiones entre los procesos mentales elementales y es el camino a la determinación de las leyes de conexión de estos procesos. Ésta es la segunda fase del problema, y contesta la pregunta "¿cómo?" del mismo modo que el análisis contesta la pregunta "¿qué?".

El tercer aspecto del problema va más allá de la descripción de la mente, y va más allá de la aseveración de Wundt sobre el problema de la psicología: va a la explicación de la mente. Se enfoca a contestar la pregunta "¿por qué?". Y al hacer eso, se refiere a los hechos paralelos en el sistema nervioso y en sus órganos adjuntos; trata de correlacionar la mente con el sistema nervioso. Titchener negó que la actividad nerviosa fuera la causa de la experiencia; pero afirmó que una descripción completa de las condiciones o circunstancias bajo las cuales ocurren los procesos mentales, requería una referencia a esta actividad, a fin de explicarla.

El rocío se forma bajo la condición de una diferencia de temperatura entre el aire y la tierra; las ideas se forman bajo la condición de ciertos procesos en el sistema nervioso.


Esto tiene validez en cuanto a las premisas fundamentales del sistema titcheriano. Ahora debemos examinar los resultados de tal ataque sobre el bastión de la mente, para ver cómo manejó este sistema la investigación experimental, que era la base real de la nueva psicología.

El análisis introspectivo, dice Titchener, trae a la luz tres clases principales de elementos mentales: sensaciones, imágenes y afectos.

Las sensaciones son los elementos característicos de las percepciones, de los sonidos, vistas y experiencias similares debidas a lo que nos rodea en un momento dado.

Se pueden dividir en varias modalidades o departamentos, de acuerdo a:

a) sus similitudes introspectivas (por ejemplo, un tono se parece más a un ruido que a un gusto);
b) los órganos de los sentidos sobre cuyas funciones se han condicionado (esto es, hay una sensación del ojo y una sensación del oído);
c) los tipos de estímulos que las condicionan, ubicados ya sea dentro o fuera del organismo.

Titchener se basa principalmente en sus diferencias introspectivas para clasificar los departamentos, pero emplea los otros métodos cuando le faltan nombres satisfactorios para los grupos.

En seguida hace una lista de las modalidades principales de los elementos sensoriales. Hay siete en total: los sentidos de la vista, del tacto, del olfato, del gusto, del cutis, cinestésico y orgánicos. Cada uno de ellos, a su vez, puede ser sometido a más análisis y subdivisión. Así, la vista proporciona sensaciones de color y luz -cromáticas y acromáticas-; la audición proporciona tonos y ruidos, y el olfato da una variedad de sensaciones que pueden colocarse en grupos algo distintos (como olores fragantes, aromáticos y hediondos) sobre la base de similitud y diferencia. Las sensaciones cutáneas se pueden dividir en sensaciones de presión (tacto verdadero), de frío, calor y dolor; y las cinestésicas, el viejo sentido muscular, muestran contener componentes de músculo, tendón y articulaciones. Orgánico resulta ser un término general para todas aquellas sensaciones mal definidas que emanan de los sistemas digestivo, urinario, circulatorio, respiratorio y genital.

Es preciso aclarar que Titchener no descubrió estas sensaciones. Tampoco descubrió las leyes de su relación con los estímulos ambientales, a los cuales se refiere extensamente en sus textos. Este trabajo de descubrimiento, clasificación y correlación comenzó hace mucho tiempo, incluso en la época de Aristóteles, y había llegado a un alto grado de exactitud en los estudios de los fisiólogos del siglo XIX. Lo que Titchener hizo fue justamente lo que otros sistematizadores habían realizado: se apropió de estos hechos, agregando conceptos de su propio laboratorio, y los acomodó dentro de su sistema, para su mejor integración e iluminación.

Desde el punto de vista de Titchener, las sensaciones eran elementos mentales comparables a los elementos químicos. Los elementos químicos se definen por referencia a ciertas propiedades, como su capacidad de reflejar la luz, su gravedad específica, su fusibilidad, etc. De la misma manera se pueden caracterizar los elementos mentales por referencia a ciertas propiedades que poseen o no poseen. Así, llegamos a la noción de Titchener de atributos.

Las sensaciones, como unidades irreductibles del mundo mental, poseen ciertas características a las que nos referiremos cuando las describamos en detalle; por ejemplo, las sensaciones de cualquier tipo y de cualquier procedencia, poseen todas el atributo de calidad. Éste es el atributo en virtud del cual damos nombre a las sensaciones. Do mayor, rosado, tibio y amarga son calidades y sirven para distinguir una sensación de otra.

Un segundo atributo de todas las sensaciones es la intensidad. Ésta se reconoce al considerar la fuerza o grado de una sensación. Un tono puede ser fuerte o débil; una presión puede ser suave o pesada; un olor, débil o penetrante; unas características de intensidad nos ayudan en nuestra descripción. Incidentalmente, fue con este atributo de intensidad con el cual Fechner trabajó más en sus estudios psicológicos, porque se presta fácilmente a la evaluación cuantitativa. Teórica, aunque no prácticamente, se puede dar una designación numérica a cualquier sensación dentro de una escala graduada desde lo menos intenso hasta lo más intenso.

La calidad y la intensidad son los atributos más importantes de la sensación, pero hay otros. En 1915, Titchener indicó éstos, como la duración, la claridad o vivacidad y la extensión. La duración se refiere al aspecto tiempo de las sensaciones:

Es el mero pasar, ir hacia adelante, manteniéndose como ella misma, que puede observarse en todas y cada una de las sensaciones.

La vivacidad o claridad es difícil de describir:

Si quiere saber cómo [...] se siente la vivacidad [...] observe ahora sus procesos mentales mientras lee este libro; la diferencia entre figura y fondo, foco y margen -entre las ideas dominantes que despiertan lo que usted lee, y las oscuras percepciones que se derivan de lo que lo rodea- se mostrará claramente. 

La extensión es el factor espacial elemental de la experiencia, del mismo modo que la duración es el factor temporal elemental:

Es la base [...] de nuestras percepciones de forma, tamaño, distancia, ubicación, dirección.

Los primeros cuatro de estos atributos -calidad, intensidad, duración y vivacidad- son propiedades de todas las sensaciones, pero sólo los elementos visuales y cutáneos, como los colores y las presiones, poseen claramente un atributo extensivo, la supresión del cual anularía la sensación misma.

Incluso un atributo tan simple como la calidad puede ser la resultante de dos o tres atributos distintos, cuya detectación es el paso final en el análisis introspectivo; por ejemplo, la calidad visual "rojo" es una combinación de varios atributos, como saturación, brillo y matiz, todos los cuales son cuantitativos; sin embargo, no necesitamos entrar aquí en estos detalles que son muy complicados.

David Hume fue uno de los primeros en distinguir entre sensaciones e imágenes, a las que denominó "impresiones" e "ideas", respectivamente, considerando a las ideas como "copias débiles" de las impresiones; no obstante, Hume también era lo suficientemente agudo y observador como para ver que a menudo resultaba difícil separar estos dos elementos sólo tomando como base la experiencia:

No es imposible, pero en casos particulares pueden aproximarse mucho la una a la otra. Así, en el sueño, en una fiebre, en la locura o en cualquier emoción violenta del alma, nuestras ideas pueden aproximarse a nuestras impresiones; también a veces sucede que nuestras impresiones son tan débiles y mínimas que no podemos distinguirlas de nuestras ideas.

Excepto por la pequeña diferencia de terminología, esto expone casi exactamente la posición de Titchener, 176 años después, con respecto al problema de las sensaciones e imágenes, como elementos mentales de igual magnitud y valor; sin embargo, Titchener profundiza un poco más que Hume cuando dice, en su libro Beginner's Psychology:

Es muy dudoso que haya una diferencia psicológica real entre la sensación y la imagen. [...] [La imagen] es un proceso mental elemental, afín a la sensación y tal vez no diferenciable de ésta, el cual persiste cuando se retira el estímulo sensorial, o aparece cuando el estímulo sensorial está ausente. 

domingo, 6 de septiembre de 2020

La clonación y sus aplicaciones

En el lenguaje científico el término clonación se utiliza para indicar un proceso mediante el cual se obtiene una copia idéntica, o clon, dede el punto de vista genético (con los mismos genes o el mismo genoma) de cualquier entidad viva, como una célula o un organismo.

Las plantas y algunos animales, como las esponjas, que pueden reproducirse de forma asexual, mantienen durante toda su vida adulta células indiferenciadas totipotentes que son equivalentes a las células madre embrionarias. En estos casos el proceso de clonación sucede de forma natural, como también ocurre en los humanos en los gemelos monocigóticos. Sin embargo, desde hace unas décadas, es posible obtener en el laboratorio clones de animales a partir de células ya diferenciadas, y ése es el sentido con el que actualmente se utiliza el término clonación.

1. ¿Cómo se clona un animal?

La primera vez que se obtuvo un clon a partir de células de un animal adulto fue en 1996, en el Roslin Institute de Edimburgo, Escocia. Como resultado nació la oveja Dolly, el primer mamífero clónico de la historia. Desde entonces se han clonado otros mamíferos como ovejas, vacas, cerdos, cabras, ratones, gatos y también primates. La técnica utilizada se denomina transferencia nuclear.

ETAPAS DE LA TRANSFERENCIA NUCLEAR

1. Se obtiene una célula diferenciada del individuo que se quiere clonar. Esta célula contiene todo el genoma del individuo, como el cigoto, con la diferencia de que se trata de una célula especializada que, en condiciones naturales, ha perdido incluso la capacidad de reproducirse.
2. Se extrae un óvulo de una hembra donante.
3. Se elimina el núcleo del óvulo.
4. Se transfiere el núcleo de la célula diferenciada al óvulo sin núcleo.
5. Se cultiva la célula en el laboratorio en un medio especial hasta que empirza a desarrollarse el embrión.
6. Cuando alcanza el estado de mórula o un poco más adelante se transfiere al útero de una madre receptora.
7. Tras el período de gestación nace un nuevo individuo que es un clon del que aportó el núcleo, la información genética.

Aunque la clonación pueda parecer un proceso sencillo y bajo control, no lo es. Hoy por hoy, la clonación de animales es un proceso muy costoso, poco eficiente y no siempre exitoso. Para que Dolly llegara a nacer fueron necesarios 400 óvulos de los cuales sólo en 277 se logró introducir con éxito un nuevo núcleo. Tras las primeras divisiones, tan sólo 50 embriones se consideraron aptos para ser transferidos al útero de las madres adoptivas. De todas ellas, tan sólo 13 quedaron preñadas y, de las trece, tan sólo una parió una oveja viva, Dolly.

2. Aplicaciones y limitaciones éticas de la clonación

Las posibles aplicaciones de la clonación están relacionadas con:

  • Agricultura y ganadería: Obtener copias de animales o plantas que poseen alguna característica que interesa mantener, por ejemplo, los animales modificados genéticamente o animales transgénicos.
  • Investigación: Disponer de animales de laboratorio idénticos que puedan utilizarse como modelo para el estudio de enfermedades humanas.
  • Ecología: Recuperar especies que estén en peligro de extinción; incluso se plantea la posibilidad de poder clonar a especies ya extinguidas.
  • Medicina: Obtener órganos para transplante clonando animales. Se estudia el modo de evitar que estos órganos sean rechazados por el sistema inmunitario humano.
Seguramente, también es técnicamente posible la clonación humana, aunque de momento no se domina la técnica como para que sea posible. La mayoría de los científicos y las leyes de los diferentes países, incluido España, se oponen a la clonación de seres humanos con fines reproductivos, es decir, para obtener individuos clónicos. Sin embargo, muchos países, como España, tienen leyes que regulan la investigación en la clonación terapéutica, es decir, para sanar a una persona enferma. Esta técnica permite obtener un clon de unas pocas células del enfermo. Estas células madre pluripotentes, o los tejidos que se obtengan de ellas, podrían ser trasplantadas al enfermo sin riesgo de rechazo.
 

3. ¿El final de una fuerte controversia?

En los últimos años ha permanecido abierto un intenso debate entre los defensores de la clonación terapéutica, que proporciona células madre pluripotentes, y sus detractores, que defienden la utilización de células madre de tejido que, aunque son menos versátiles, no requieren la utilización de embriones. La polémica parece haberse zanjado, de momento, con la obtención de las células pluripotenciales inducidas (CPi) que, aunque están muy lejos de poder ser utilizadas en tratamientos de medicina regenerativa, han abierto la posibilidad de obtener células embrionarias sin utilizar embriones. 

4. ¿Qué es la bioética?

La bioética es la rama de la ética que trata de proporcionar los principios orientadores de la conducta humana en el campo biomédico. El criterio bioético fundamental es el respeto al ser humano y a sus derechos inalienables, en definitiva, a la dignidad de la persona. La bioética es con frecuencia materia de discusión entre aquellos que defienden el progreso tecnológico de manera incondicional y los que consideran que la tecnología no es un fin en sí, sino que debe estar al servicio de las personas.

El Comité de Bioética de España, creado en diciembre de 2007, es un órgano independiente y de carácter consultivo en esta materia. Su misión es elaborar informes, propuestas y recomendaciones a las Administraciones estatal y autonómica, y representar a España en los foros internacionales de su ámbito de competencia. Está integrado por 12 miembros de la comunidad científico-jurídica y bioética, nombrados a propuesta de las comunidades autónomas y del Gobierno central.  

martes, 1 de septiembre de 2020

Titchener y su definición de Psicología

Edward Bradford Titchener (1867-1927) fue inglés de nacimiento, alemán por su temperamento y norteamericano de residencia. Llegó a Leipzig en 1890, después de brillantes estudios realizados en Oxford, para aprender de Wundt, es decir, de la primera fuente de la nueva psicología; había ya traducido al inglés la tercera edición de Physiological Psychology. Aprobó su doctorado en dos años y aceptó viajar a América a hacerse cargo del nuevo laboratorio de psicología experimental de la Universidad de Cornell. Ahí se quedó por el resto de su vida, 35 años, sin nacionalizarse ni cívica ni académicamente.

En Cornell, Titchener hizo honor a su maestro, Wundt. Prosiguió la tradición wundtiana a la manera wundtiana -enseñando, escribiendo y dirigiendo investigaciones- y lo hizo con extraordinaria habilidad. Sus conocimientos académicos eran profundos; sus conferencias y sus escritos eran modelos de exposición clara y digna; su personalidad era magnética y fuerte. Los estudiantes no graduados acudían en gran número a sus clases, y los graduados visitaban su laboratorio. Muy pronto, Cornell fue el cuartel general de una rama muy importante de la psicología experimental en Norteamérica. Tal vez la psicología de Titchener no haya sido la única en este lado del Atlántico, pero durante dos o tres décadas fue la más organizada, la más articulada y la más cercana al modelo implantado por Wundt. En nuestra búsqueda de una definición de psicología, podemos examinar con provecho y con cierto detalle este producto de Leipzig-Cornell, para ver qué pensó Titchener que era la psicología.

La opinión de Titchener cambiaba un poco año tras año; sin embargo, podemos obtener una noción muy acertada de sus principales ideas sistemáticas en dos de los textos que publicó: Textbook of Psychology (1910) y A Beginner's Psychology (1915). En estas obras, escritas principalmente para estudiantes de segundo y primer año universitarios, respectivamente, encontraremos un relato más claro que en algunos de los planteamientos más avanzados que escribió para sus colegas. "La psicología es la ciencia de la mente", es la afirmación general con la cual comienza Titchener su relación sistemática; no obstante, se apresura a agregar que esta afirmación es fácilmente mal interpretada por el sentido común, y prosigue a calificarla de ciertas maneras. "La mente de la cual trata la psicología debe ser una que sea descriptible en términos de hechos observados"; no se la debe identificar con algún pequeño ente sin sustancia dentro de nuestras cabezas. Con el fin de aproximarse a una comprensión verdaderamente científica del término, Titchener hace entonces una diferencia entre el mundo de la física y el de la psicología. Podemos leer lo siguiente en su libro para principiantes:

El mundo de la física es incoloro, sin tonos, ni frío ni caliente; sus espacios son siempre de la misma extensión, sus tiempos tienen siempre la misma duración; su masa no varía; sería lo mismo que es ahora si la humanidad fuera borrada de la faz de la Tierra. Pues, ¿qué es la luz en los textos de física?: una serie de ondas electromagnéticas; y el sonido es un movimiento vibratorio del aire y el agua, y el calor es un baile de moléculas; y todas estas cosas son independientes del hombre.

La física mira al mundo dejando "afuera" al hombre, por así decirlo; la psicología, por el contrario, describe al mundo como es en la experiencia del hombre: lo mira con el hombre "adentro".

... El mundo de la psicología contiene aspectos, tonos y sentimientos; es el mundo de la oscuridad y la luz, del ruido y del silencio, de lo áspero y de lo suave; su espacio es a veces grande y en ocasiones pequeño, como lo sabe todo aquél que siendo adulto ha vuelto al hogar de su niñez; su tiempo es a veces corto y en ocasiones largo; no tiene invariantes. Contiene también los pensamientos, emociones, recuerdos, imaginaciones, voliciones que uno naturalmente atribuye a la mente... la mente es simplemente el nombre que incluye todos estos fenómenos.

De estas cifras no debe concluirse que hay una diferencia fundamental entre la experiencia del físico y la del psicólogo. Titchener no niega que el físico tenga experiencia, sino que solamente pone énfasis en el hecho bien conocido de que la descripción que efectúa el físico de su mundo está realizada en términos de conceptos tales como ondas electromagnéticas, movimientos vibratorios y moléculas. Lógicamente, podría haber ido más allá y haber aclarado que el psicólogo también describe su mundo en términos conceptuales; pero éste es un asunto muy sutil y no parece necesario deternernos a discutirlo aquí.

En seguida, Titchener dice que en el mundo físico hay objetos como los cuerpos humanos, con sistemas nerviosos que los organizan en todos únicos, integrados, orgánicos. Hemos aprendido de un sinnúmero de fuentes que los fenómenos de la psicología se relacionan con ciertas actividades de estos sistemas nerviosos; por ejemplo, la destrucción de una parte del cerebro está frecuentemente ligada a la pérdida de alguna forma de experiencia, como la visión. De igual manera, las perturbaciones de la experiencia o la falta de experiencia pueden denotar la pérdida de cierta función cerebral. El "hombre dejado dentro" es, entonces, poco más que el sistema nervioso mismo. La psicología podría, incluso, definirse como el estudio de la mente (experiencia, fenómeno) considerada como dependiente del sistema nervioso, pues donde quiera que encontremos experiencia y fenómenos mentales también hallaremos un sistema nervioso. No todos los hechos nerviosos tinen un hecho mental paralelo, pero todo lo mental tiene una contrapartida en algo físico, que sucede en el cerebro como resultado de la estimulación de órganos de los sentidos y de los nervios.

En todo esto está implicado un dualismo filosófico, una diferencia entre cuerpo y mente, que lleva hasta Wundt y más allá, incluso hasta Descartes, aunque Titchener no habría aprobado el interaccionismo.