Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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viernes, 30 de octubre de 2020

Las protestas de la Gestalt

En 1912, Titchener, el estructuralista, había recién visto editado en Alemania su libro Textbook; Angell, en Chicago, publicaba su tercera exposición sobre funcionalismo, y Watson, en John Hopkins, se preparaba para lanzar el grito de batalla del conductismo. En ese año apareció un informe en una revista alemana de psicología de la Universidad de Frankfurt, sobre algunos estudios experimentales del movimiento aparente. El autor era Max Wertheimer (1880-1943) y los dos principales observadores de los experimentos que describió eran Wolfgang Köhler (1887-1967) y Kurt Koffka (1886-1941). El informe mismo marca el principio de un nuevo sistema psicológico -un sistema del cual Wertheimer iba a ser considerado como el fundador y Köhler y Koffka los principales exponentes-.

La psicología de la Gestalt fue un producto puramente alemán, y es mejor que adoptemos el nombre alemán para esta escuela. A veces se emplean traducciones de gestalt. Se han sugerido como equivalentes: forma, patrón, estructura y configuración, pero ninguna ha sido tan aceptable como la palabra alemana misma.

Al igual que el funcionalismo y el conductismo, la psicología de la Gestalt nació en forma de protesta. El funcionalismo protestaba del estructuralismo; el conductismo protestaba del estructuralismo y del funcionalismo; y la Gestalt discrepaba, en un grado mayor o menor, de los conceptos de estructuralismo, funcionalismo y conductismo. Pareciera como si el comentario de David Hume no fuera menos aplicable en 1939 que lo que lo fue en 1739:

Nada es más común y más natural para aquellos que pretenden descubrir algo nuevo en el mundo de la filosofía y las ciencias, que insinuar loas de sus propios sistemas, criticando a todos aquellos que existían antes que los propios.

Por cierto, la psicología la Gestalt criticó mucho al estructuralismo, y particularmente y un poco después al conductismo, y hubo dos hipótesis principales que atacó con especial vehemencia.

La primera protesta fue contra la doctrina del elementalismo en psicología -la creencia de que la mente (o la conducta) es una simple colección, mosaico o "paquete" de unidades elementales-. Ya en Locke, Hume y los Mills -padre e hijo-, en Wundt y Titchener y, hasta cierto punto, en Watson habíamos observado una doctrina de análisis en elementos. La naturaleza de los elementos analizados variaba desde las ideas de Locke hasta los reflejos de Watson; pero, prácticamente sin excepciones, los teóricos han favorecido alguna forma de análisis elemental desde los comienzos mismos de la psicología.

El ataque de la Gestalt se dirigió en un principio a aquella forma de "hipótesis de paquetes", apoyadas por Titchener y menos explícitamente por Watson. El cargo contra Titchener era que las sensaciones, imágenes y sentimientos no son la materia prima de la cual se construye la mente, sino los productos de la técnica altamente sofisticada de la introspección, que destruye el objeto de la descripción, dejando un puñado de elementos que "nadie ve nunca". Watson fue condenado de manera similar, en base a que la conducta no es una combinación de reflejos originales o condicionados, sino que estas unidades se establecen por la observación "gradual", que se preocupa sólo por hechos insignificantes, pero fáciles de registrar, dejando intactos los aspectos más importantes de la actividad.

La segunda protesta principal de la escuela de la Gestalt era contra la tesis asociacionista, una doctrina que se desarrolló paralela al elementalismo y muy relacionada con él. La asociación proporcionó el engrudo mental que mantuvo unidos los elementos, el cemento para los ladrillos psíquicos. Dado que, para el psicólogo de la Gestalt, los elementos mismos eran artificiales, las conexiones entre elementos también debían serlo. Su crítica se dirigía no sólo a la mecánica mental de James Mill, sino también a la química mental de su hijo y a todas las posteriores modificaciones de la doctrina, incluso al principio conductista del condicionamiento. La organización que caracteriza a toda experiencia o conducta no debía, de acuerdo con estos críticos, ser explicada apelando a conexiones o lazos. El problema entero era, para ellos, un problema falso, que surgía de una concepción equivocada de la naturaleza del análisis.

Hay dos tratados sistemáticos importantes desde el punto de vista de la Gestalt: Gestalt Psychology de Köhler (1929) y Principles of Gestalt Psychology de Koffka (1935); ambos contienen varios ataques a escuelas rivales y muchos ejemplos específicos de su fracaso para encontrar la realidad psicológica. La Gestalt era una escuela muy unida, y estos dos textos están prácticamente de total acuerdo en los temas fundamentales.

lunes, 26 de octubre de 2020

El voluntariado

1. Introducción

En la historia de todas las culturas ha habido personas que, sin recibir ninguna compensación económica, han dedicado su vida o parte de ella a cuidar de otros más necesitados, ya sea la razón de su necesidad una incapacidad física y/o psíquica, ya sea consecuencia de catástrofes naturales, ya sea efecto de una pobreza injusta, ya sea producto de la enfermedad.

Joaquín García Roca, en su libro Solidaridad y voluntariado, caracteriza al voluntario mediante cuatro figuras simbólicas:

  • El voluntario es guía porque, atento a las circunstancias que se presentan, señala posibles caminos, y lo hace valiéndose de los indicadores existentes y de su implicación personal en las situaciones que comparte con otros.
  • Es vigía en tanto que, abandonado su mundo, se siente inseguro y ha de permanecer alerta, para que unas veces el miedo, otras el desánimo, no lo alejen de su proyecto. El voluntario debe robustecer su imaginación utópica si no quiere verse anegado por la multitud de problemas que lo acosan.
  • También es mediador, sirve de puente entre el grueso de la sociedad y los grupos minoritarios que son marginados por ella. Además, es el cauce para trasvasar energía vital de la una a los otros.
  • Por fin, el voluntario es acompañante, porque se hace cercano a los que sufren y los acoge. Pero no se diluye en el dolor de ellos, sino que los refresca y los anima a seguir, convencido de que a todos nos aguarda un futuro mejor.
2. Principios del voluntariado

En nuestro tiempo, particularmente desde el último cuarto del siglo XX, las personas que han asumido estas tareas de cuidado de los menesterosos y de la naturaleza en peligro sin recibir retribución se han ido organizando en grupos, y han nacido así las denominadas Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Estas organizaciones no dependen de los gobiernos y desarrollan tareas de asistencia y promoción entre los grupos más necesitados en cualquier lugar de la Tierra, intentando satisfacer sus necesidades básicas, es decir, las referidas a alimentos, vivienda, educación, asistencia sanitaria y medio ambiente.

En la revista Documentación social, Luis Lopezllera afirma que estas ONG actúan en la dimensión micro, en el nivel de las iniciativas de la gente común, donde suelen inspirarse en principios como éstos:

  • Ocuparse prioritariamente de problemas básicos de grupos, comunidades y sectores desfavorecidos.
  • Poner acento en la autoayuda, la ayuda mutua y la adecuada participación en los distintos niveles de proceso.
  • Promover trabajo voluntario, profesional y más allá de lo profesional.
  • Optar por motivaciones altruistas no proselitistas, es decir, no vinculados a grupos religiosos, y políticas no dependientes de partidos políticos.
  • Comparar la acción de los juegos de fuerzas en la vida personal, la dimensión local y la transnacional.
  • Procurar una cultura de valores propios, de responsabilidad y creatividad.
Las ONG y los medios de comunicación
Los medios de comunicación son el instrumento insustituible para el conocimiento de las realidades lejanas y, por tanto, son determinantes en la imagen del Tercer Mundo que los norte-occidentales tenemos del mismo. Sin ese conocimiento no es posible que las ONG sensibilicen a la población ni un juicio crítico que permita estrategias de colaboración y ayuda eficaces.
José Luis Sánchez Noriega, La globalización y sus excluidos


3. El voluntariado internacional

Los voluntarios que trabajan en tareas que sobrepasan los límites de su nación olvidan egoísmos e insolidaridades y se niegan a formar parte, sea de la manera que sea, de la violencia de la muerte. Por el contrario, se entregan a una defensa de la vida y de la satisfacción de necesidades básicas. En muchos casos, estas personas se hacen violencia a sí mismas, pues tienen que vencer inercias e individualismos, y deben desarrollar al máximo sus capacidades y ponerlas al servicio del bien común, que pasa necesariamente por el bien de los que tienen peores condiciones de vida. Estas personas forman lo que podemos llamar la internacional de la vida porque, desde sus características individuales de raza, cultura, religión, sexo, generación y clase social, llegan a considerar a toda la humanidad y tratan de construir una sociedad más justa y con las mismas oportunidades para todos.

4. El individuo y la colectividad

A. King y B. Schneider, en su libro La primera revolución global, abordan las difíciles relaciones de cada persona con los problemas planteados hoy a nivel mundial. Estos autores defienden la necesidad de una ética de la solidaridad y del uso del tiempo que, según ellos, debe conducir a una ética de la acción, en la que las personas deben hacer suyos los problemas de todos los hombres y mujeres de la Tierra, interesarse y movilizarse con el fin de resolverlos.

Dado que los individuos aislados nos sentimos con frecuencia desbordados por la inmensidad de los males que aquejan a nuestra sociedad, y muchas veces incluso nos sorprenden porque los desconocemos y, de momento, tomamos conciencia de ellos, sentimos la necesidad de organizarnos y asociarnos para encontrar juntos la fuerza y la eficacia de las que carecemos cuando estamos solos.

Los dos autores mencionados insisten en que no podemos olvidar que la ética de los grupos depende del comportamiento ético de los individuos que los componen, y, del mismo modo, la adhesión de las personas a un código de comportamiento ético puede ser alentada, estimulada y promovida por la postura colectiva. 

domingo, 25 de octubre de 2020

Titchener y el estructuralismo

En la medida que vamos de los elementos del sistema de Titchener a las combinaciones de estos elementos, vamos de lo simple a lo complejo. Tratamos con estructuras mentales, como percepciones, ideas y emociones; con asociación, memoria y pensamiento; incluso con aspectos tan complicados como los sentimientos y el sí mismo. No podemos aquí hacer plena justicia a todos estos tópicos, pero podemos hacer resaltar ciertos principios generales y presentar material ilustrativo que permita al lector comprender el sistema titcheriano.

Primero consideremos las percepciones y las ideas. Son cuestiones de la experiencia diaria que se ofrecen al análisis. Sólo cuando adoptamos una actitud de laboratorio, apreciamos su naturaleza compuesta. Ellas son las unidades de nuestra vida mental diaria, de la misma manera que las sensaciones, imágenes y sentimientos son las unidades del análisis psicológico. Las percepciones pueden ser analizadas, con introspección cuidadosa, en: a) una cantidad de sensaciones que están suplementadas por b) varias imágenes, y c) "moldeadas por la acción de fuerzas nerviosas que no se muestran en la sensación ni en imágenes". Debe notarse que sólo las dos primeras de estas características son verdaderamente "experienciales"; la tercera es una inferencia: no un contenido mental verdadero, sino algo que está tras él; por ejemplo, el núcleo de nuestra experiencia de un árbol no es más que un arreglo de sensaciones de color. Con este núcleo de sensación vienen algunas imágenes suplementarias: es el árbol que da sombra a los macizos de flores de nuestro vecino en el verano; el árbol que causó el pleito; el árbol que tenía un nido de petirrojos. Incluso, automáticamente se considera que el árbol es una cosa real que ocupa un espacio real; y esta concepción puede no estar fundada en ningún contenido mental, ya sea sensación o imagen, sino deberse solamente a un tipo de hábito cerebral que no tiene representante en el conjunto de los elementos.

Así como la percepción es un asunto compuesto en el cual la sensación figura prominentemente, una idea típica es una estructura mental que posee un núcleo de imágenes: "La nieve del invierno pasado puede venir a nosotros... como un cuadro visual, una mancha desigual de color blanco, con vetas de gris café en los picos y en los valles, perforada y rota por un deshielo parcial". Éste es el núcleo imaginativo, el contenido básico de imágenes de la idea; pero hay más. La idea puede incluir material de sensaciones que aumente su complejidad. Finalmente, al igual que en la percepción, puede haber un "hábito cerebral" tras nuestra idea como un factor determinante o modelador.

Los sentimientos (agrado o desagrado), combinados en un nivel elemental con ciertas sensaciones, primariamente cinestésicas y orgánicas, producen "sentimientos de los sentidos o sensoriales". Hay seis clases de estos sentimientos sensoriales: lo excitante y lo calmante, lo tensante y lo relajante, y lo agradable y lo desagradable, cada uno de los cuales depende de la naturaleza peculiar de la combinación de sensación-sentimiento. Cada uno puede combinarse, a su vez, con otros procesos sensoriales e imaginativos bajo ciertas condiciones, para producir emociones tales como alegría y miedo, enojo y pena, esperanza y alivio.

Otro tema de interés de la escuela titcheneriana se refiere a una pregunta que se planteó y contestó, en 1709, en el libro New Theory of Vision del obispo Berkeley. Citaremos aquí al buen obispo, a fin de introducirnos en el problema:

Sentado en mi estudio, oigo que un coche va por la calle; miro a través de la ventana y lo veo; salgo y subo a él. Así, el lenguaje común nos inclinaría a pensar que oí, vi y toqué la misma cosa, es decir, el coche; sin embargo, es cierto que las ideas introducidas por cada sentido son muy diferentes y separadas las unas de las otras; pero, como consecuentemente se ha observado que van juntas, se habla de ellas como de una misma cosa.

Berkeley ofrece esto solamente como un ejemplo de la manera en que la "mente" genera la "materia" (más específicamente "cosas" u "objetos") mediante la combinación o asociación de ciertas ideas. Este razonamiento sería una anticipación de la teoría contextual del significado de Titchener.

Una característica obvia de nuestras percepciones e ideas, de acuerdo con Titchener, es que tienen significado. La nieve del invierno último, el árbol en el patio, el ruido del coche del obispo Berkeley, son sucesos con significado; no obstante, psicológicamente -esto es, introspectivamente-, ¿qué es el significado? La respuesta a esta pregunta puede haber sido ya dada al estudiar las percepciones y las ideas, pero no estará de más elaborarla.

Cuando analizamos introspectivamente la mente, encontramos no significados, sino procesos mentales: sensaciones, imágenes, sentimientos, y sus combinaciones. Encontramos que el árbol de nuestro ejemplo era un tanto de sensaciones más un agregado de imágenes; la nieve del invierno último resultó ser un tanto de imágenes; la nieve del invierno último resultó ser un tanto de imágenes, más otras imágenes y sensaciones. Es en este factor de agregación de procesos mentales donde hallamos la respuesta a nuestra pregunta.

"El significado -dice Titchener- es siempre un contexto; un proceso mental es el significado de otro proceso mental, si es el contexto de ese otro proceso."  El contexto mismo no es sino el "ribete de procesos relacionados que rodea al grupo central de sensaciones o imágenes". En la percepción y en la idea hay "núcleo más contexto", y el último "implica" el significado del primero, o sea, es lo que encontramos al escudriñar la experiencia en nuestra búsqueda de la contrapartida del significado lógico cotidiano.

Titchener ofrece múltiples ilustraciones para demostrar la sabiduría de esta distinción núcleo-contexto. El contexto puede, en algunos casos, separarse del núcleo -como cuando repetimos en voz alta alguna palabra hasta que el contexto desaparece y la palabra se torna sin sentido- o puede ser agregado al núcleo -como cuando aprendemos el significado de algún dibujo raro o de una palabra extranjera-; el núcleo y el contexto pueden desunirse en el tiempo -como cuando sabemos lo que queremos decir, pero necesitamos tiempo para encontrar las palabras que lo expresen-; el mismo núcleo puede tener varios contextos -como se ve en nuestra preocupación por captar el verdadero significado de un comentario hecho sin pensar-; el mismo contexto puede corresponder a diferentes núcleos -como en el caso del automóvil del obispo Berkeley-, etc. A Titchener no le faltaron ejemplos para apoyar su posición; sin embargo, su incapacidad para demostrar que el significado es siempre contexto, se ve en su admisión de que puede ser llevado por un "hábito cerebral" en ausencia de una representación consciente -como cuando el lector diestro capta el significado de una página impresa, o una composición musical se toca en la clave apropiada, sin la presencia de un marco de imágenes para suplementar el núcleo de la percepción.

El contexto se agrega al núcleo asociativamente. Titchener no hizo una declaración franca a este efecto, pero es obvio que no podemos entender tal composición de otra manera. Podemos, entonces, revisar brevemente el estudio que hace Titchener de la asociación como un principio psicológico, y de ahí ver qué sucedió a la vieja doctrina británica en manos de un experimentalista.

Cada vez que ocurre un proceso sensorial o imaginativo en la conciencia, es probable que aparezca en él (por supuesto, en términos de imaginación) todos aquellos procesos sensoriales e imaginativos que ocurrieron conjuntamente con él en cualquier situación consciente anterior.

Esta declaración, que es la ley de asociación fundamental de Titchener, está tomada del Texto de 1910, donde va precedida de una crítica de los anteriores asociacionistas y seguida por un conjunto elaborado de cláusulas ampliadoras y calificadoras que no es necesario que consideremos aquí. Se pretendió que fuera una fórmula descriptiva para los hechos observados de la doctrina anterior; la fórmula explicativa de Titchener se refiere a los hechos neurales que van paralelos a los procesos sensoriales e imaginativos mencionados con anterioridad.

La ley de la asociación llegó a ser muy importante en el sistema de Titchener, particularmente, respecto a la memoria y la imaginación; sin embargo, el mismo Titchener se dio cuenta de que no era del todo suficiente para la comprensión de las conexiones mentales. Esto se advierte en la forma como está redactada la ley. Nótese que Titchener dice: "Es probable que aparezcan", cuando habla de los procesos sensoriales e imaginativos asociados. Recuérdese, también, su uso de un "hábito cerebral" como factor modelador o determinante en la construcción de percepciones e ideas. Esto viene a ser un reconocimiento de que los procesos mentales, y también los actos, surgen no sólo como resultado de la fuerza de los lazos asociativos, sino también debido a ciertas fuerzas directivas -"hábitos cerebrales", "tendencias instintivas", "disposiciones nerviosas", etc.- que incluso pueden actuar contra la influencia de asociaciones repetidas a menudo. Así, juntamente con las tendencias asociativas, tenemos tendencias determinantes (lo que nos hace recordar a Hobbes, con sus "secuencias de pensamiento" que estaban guiadas por un deseo o propósito). Los procesos imaginativos y sensoriales que, en base a asociaciones pasadas frecuentes, debieran unirse en la mente, pueden debido a la presión de una tendencia determinante, mantenerse separados. Cabe dar un ejemplo simple: la palabra "negro" podría, por virtud de la asociación, recordar "blanco" a la mente del lector, y "amargo" recordar "dulce"; pero, ¿qué habría pasado si se pidiera por adelantado (fijado o determinado) que encontrara rimas para "negro" y "amargo"?

Hasta aquí, hemos presentado suficientemente el esquema de trabajo de Titchener, de manera que nos sirve de referencia para que entendamos otros puntos de vista. Está la experiencia (proceso mental); se la analiza introspectivamente en elementos (sensaciones, imágenes y sentimientos), con sus atributos (cualidad, intensidad, etc.). Los elementos se funden o modelan en el espacio y en el tiempo (se asocian) para darnos estructuras mentales, como percepciones, ideas, sentimientos de los sentidos, emociones y otros. Finalmente, estos procesos -tanto los simples como los complejos- tienen hechos paralelos en el sistema nervioso y están, en cierta medida, determinados por ellos.

Este producto de Titchener, proveniente de Wundt, fue durante más de dos décadas la psicología contra la cual se comparaban otras psicologías. Como un sistema o escuela, llegó a ser conocida principalmente como psicología estructural o introspectiva. El título más reciente para esta psicología, propuesta por el mismo Titchener, es "existencial", un término escogido para enfatizar el hecho de que el mundo de los procesos mentales (existencia desnuda) es el único mundo que la ciencia puede conocer.

domingo, 18 de octubre de 2020

La revolución del ADN

El descubrimiento por James Watson y Francis Crick, en abril de 1953, de la estructura molecular del ADN marcó el inicio de una nueva revolución científica: la revolución genética o del ADN. La doble hélice del ADN se convirtió con rapidez en el foco de la ciencia moderna y desencadenó una avalancha de nuevos descubrimientos científicos que vinieron acompañados del desarrollo de nuevas tecnologías.

En los años que siguieron al descubrimiento de la estructura del ADN, los científicos dedicaron sus esfuerzos a comprender cómo esta molécula es capaz de contener información, cómo se transmite de generación en generación y cómo acaba por manifestarse en los caracteres de cada individuo.

Tan solo 25 años más tarde ya eran capaces de reproducir en el laboratorio estos procesos que suceden de forma natural en las células y modificarlos de manera artificial. Los genes se podían manipular; había nacido la ingeniería genética. La tecnología derivada de la manipulación de los genes permitió avanzar en el estudio del genoma -conjunto de genes- de los organismos, y así conseguir identificar y localizar cada uno de sus genes. En el 50º aniversario del modelo de doble hélice, se anunció el fin del mayor proyecto de ADN realizado hasta la fecha, el Proyecto Genoma Humano (PGH).

En unas pocas décadas, la manipulación del ADN ha originado un gran número de aplicaciones, algunas de las cuales han irrumpido en nuestra vida cotidiana. Se aplica a cuestiones tan diferentes como el diagnóstico de enfermedades genéticas, la producción de alimentos transgénicos o la investigación judicial para encontrar culpables y exculpar inocentes.

En los próximos años seremos testigos de las consecuencias prácticas y las implicaciones éticas de la revolución genética. Cabe esperar que los nuevos conocimientos supongan un beneficio para toda la sociedad y no sean utilizados como vía de discriminación. A medida que se garantice más conocimiento sobre la vida, ¿se incrementará nuestra tolerancia hacia todas las formas de vida o aumentará nuestro sentido de poder?

1. Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos

El 11 de noviembre de 1997 la Conferencia General de la UNESCO, en su 290ª reunión, aprobó por unanimidad la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, lo que constituye el primer texto internacional sobre bioética. A pesar de que aún faltaban unos años para la finalización del PGH resultaba evidente la necesidad de promulgar principios universales que guiaran su desarrollo y su posterior utilización. La Declaración consta de 25 artículos; los primeros hacen referencia a la dignidad humana y a los derechos de las personas. Por ejemplo:

- El genoma humano es la base de la unidad fundamental de todos los miembros de la familia humana y del reconocimiento de su dignidad intrínseca y su diversidad. En sentido simbólico, el genoma humano es el patrimonio de la humanidad. (Art. 1)

- Cada individuo tiene derecho al respeto a su dignidad y derechos, cualesquiera que sean sus características. Esta dignidad impone que no se reduzca a los individuos a sus características genéticas y que se respete el carácter único de cada uno y su diversidad. (Art. 2)

- El genoma humano en su estado natural no puede dar lugar a beneficios pecuniarios. (Art. 4)

- Una investigación, un tratamiento o un diagnóstico en relación con el genoma de un individuo, sólo podrá efectuarse previa evaluación rigurosa de los riesgos y las ventajas que entrañen y de conformidad con cualquier otra exigencia de la legislación nacional. En todos los casos, se recabará el consentimiento previo, libre e informado de la persona interesada. Se debe respetar el derecho de toda persona a decidir que se le informe o no de los resultados de un examen genético y de sus consecuencias. (Art. 5)

- Nadie podrá ser objeto de discriminaciones fundadas en sus características genéticas. (Art. 6)

2. El mayor descubrimiento biológico del siglo XX

La doble hélice del ADN se considera el mayor descubrimiento biológico del siglo XX. ¿Por qué es tan especial esta estructura? La doble hélice de ADN está formada por dos cadenas unidas que tienen la forma de un muelle (helicoidal), una forma bastante frecuente en las moléculas biológicas. Si los muelles se estiran, la doble hélice aparece como una escalera de mano. Cada cadena forma uno de los listones o pasamanos de la escalera y una cadena se une a la otra a través de los "peldaños". La clave para comprender por qué el descubrimiento de la estructura del ADN tuvo tanta trascendencia está precisamente en los "peldaños" que mantienen unidas a sus dos cadenas.



3. La clave está en las bases

Las moléculas de ADN son muy largas pero están formadas por la repetición de tan solo cuatro subunidades básicas, denominadas nucleótidos. Cada uno de los nucleótidos posee una molécula (una base nitrogenada) diferente: A (de adenina), T (timina), C (citosina) y G (guanina). El gran descubrimiento de Watson y Crick fue que cada "peldaño" de la escalera de mano consiste en un par de bases, cada una perteneciente a una de las cadenas, y que las bases sólo pueden aparearse de una forma: A con T y G con C.

Esto implica que, si un "listón de la escalera" dice, por ejemplo, ACCGTAG, el de enfrente debe decir necesariamente TGGCATC... Se dice que ambas cadenas son complementarias.

Las reglas del apareamiento de las bases en el ADN subyacen a muchos de los procesos fundamentales que suceden en las células. Por ejemplo, si las dos cadenas se separan (rompiendo la unión entre los pares de bases), cada cadena sirve de molde para fabricar una nueva cadena acoplando los nucleótidos correspondientes. Ésta es la razón de que los genes (segmentos de ADN) puedan copiarse a sí mismos, las células puedan multiplicarse y los organismos reproducirse.

Cuando Watson y Crick propusieron el modelo del ADN ya se conocía que era la molécula portadora de la información genética, es decir, de la información responsable de los caracteres de cada individuo. Pronto se dieron cuenta de que lo único que podía diferenciar la información genética de un individuo de la de otro, o a un gen de otro, era el orden en el que se disponen las bases en el ADN, es decir, la secuencia. Las bases son como las letras con las que se escribe un texto que contiene las claves de cada ser vivo; el texto es diferente para cada organismo, aunque el "idioma" utilizado sea el mismo.

4. Desnaturalizar e hibridar

Las dos cadenas de una molécula de ADN se pueden separar en un laboratorio elevando la temperatura; este proceso se denomina desnaturalización. Si se vuelve a bajar la temperatura las cadenas se unen nuevamente. Al proceso mediante el que dos cadenas sencillas de ADN de distinta procedencia se unen para dar lugar a una cadena doble se denomina hibridación. Cuanto más pequeño es el fragmento de ADN, más rápidamente se produce la hibridación.

viernes, 9 de octubre de 2020

Dilo en voz alta y nos reímos todos

Autor: FERNANDO J. LÓPEZ (NANDO LÓPEZ). Novelista y dramaturgo. Doctor en Filología Hispánica. Ha sido profesor de Secundaria y Bachillerato. Ganador del Premio Gran Angular 2020.

Nacido en Barcelona (España) en 1977.

Enlace a su página web: https://nandolopez.es/

Edición original: 2016

Reeditado por Martínez Roca en Booket (Grupo Planeta) en 2020.

Idea seleccionada:

Quizá el primer paso sea aprender a decir lo que nos pasa en voz alta para que, de verdad, nos riamos todos. Y decidir, mientras nos reímos de lo que no funciona, qué hacer -entre todos- para que empiece a funcionar.

jueves, 8 de octubre de 2020

Titchener: Imágenes, sentidos y afectos

La función del psicólogo, según Titchener, era describir la experiencia y sólo la experiencia. Los estímulos no son procesos mentales, aunque pueden dar origen a ellos o pueden considerarse en relación con ellos.

Así, cuando Titchener escribe que las sensaciones e imágenes son tal vez indiferenciables, sólo quiere manifestar que sobre la sola base de la observación introspectiva no podemos indicar la diferencia; nada acerca del proceso mental mismo dice "yo soy sensación" o "yo soy imagen".

Titchener encuentra imágenes para cada sentido, con la posible excepción de la cinestesia, y halla imágenes de diferentes tipos dentro de cada sentido. Además de las imágenes visuales, auditivas y de otras modalidades, hay otros tipos, como las imágenes recurrentes (por ejemplo, la canción que se nos viene a la mente), imágenes alucinatorias (el timbre de la puerta, que nadie ha tocado), imágenes de sueños, imágenes de recuerdos, etc.; la lista es larga. Estas imágenes, al igual que las sensaciones, tienen sus atributos de calidad, intensidad, duración y otros; y, junto con las sensaciones, proporcionan los componentes esenciales de la vida mental.

Queda aún una tercera clase de elementos, según Titchener: los afectos o sentimientos simples. Éstos se definen en oposición al proceso elemental de la sensación. Un afecto difiere de una sensación por el número de atributos que posee; le falta claridad (vivacidad) y extensión. Puede variar en el lapso que ocupa (duración); puede ser de mayor o menor grado (intensidad) y tiene siempre una de dos cualidades: agrado o desagrado. Estas cualidades nunca existen al mismo tiempo (no hay sentimientos "mezclados") y esta forma de sentimiento no debe jamás confundirse con los "sentimientos" del vocabulario popular. Cuando decimos "esto se siente áspero o suave", "me siento bien" o "él siente que tengo razón", estamos tratando de que el término abarque experiencias que son mucho más complicadas por su naturaleza y en las cuales el sentimiento real (afecto) tiene, a lo sumo, un papel de muy poca importancia. Obviamente, no debemos confundir este "afecto" con el de la relación de dos personas que se aman o con la relación padre-hijo, sin que importe cuánto agrado o desagrado pueda haber en cualquiera de ellos.

Al estudiar el afecto, Titchener se separa considerablemente de las enseñanzas de Wundt. Este último se mostraba renuente a reconocer los estados de agrado o desagrado como cualidades de los procesos elementales, y dio igual rango a sentimientos tales como tensión y relajación, excitación y calma. Titchener examina en detalle la teoría de Wundt, al igual que la evidencia experimental tras ella, y señala sólo el carácter elemental de los afectos y el carácter de combinación de las otras categorías de sentimientos de Wundt. Dice que la tensión, la relajación, la excitación y la calma son realmente "sentimientos de los sentidos", combinaciones de sensaciones orgánicas y de verdaderos sentimientos.

La controversia entre alumno y maestro no debe detenerse aquí; además, Titchener, antes de morir, había llegado a la conclusión de que incluso los sentimientos de agrado y desagrado eran probablemente reducibles a sensaciones.