A título meramente ilustrativo recogemos la clasificación más utilizada por los especialistas en la actualidad. La edición del DSM-V fue publicada en 2013, e incluye algunas novedades en relación a las anteriores (por ejemplo, el TDAH deja de ser "trastorno detectable en la infancia", pues algunas veces es detectado en adultos, y se clasifica ahora como "trastorno del neurodesarrollo"; síndromes como el Asperger desaparecen como tales y se engloban en "trastornos del espectro autista").
Trastornos del neurodesarrollo: Discapacidad intelectual, espectro autista, déficit de atención/hiperactividad.
Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos: Esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo.
Trastorno bipolar y otros trastornos relacionados: Trastorno bipolar I, trastorno bipolar II.
Trastornos depresivos: Depresión mayor, desregulación disruptiva del estado de ánimo.
Trastornos de ansiedad: Fobia específica, trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada.
Trastorno obsesivo-compulsivo y otros trastornos relacionados: TOC, comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo.
Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés: Trastorno de estrés postraumático, trastorno de apego reactivo.
Trastornos disociativos: Amnesia disociativa, trastorno de despersonalización o desrealización.
Trastornos de síntomas somáticos y relacionados: Trastorno de síntomas somáticos, trastorno de ansiedad por enfermedad.
Trastonos de la conducta alimentaria y de la ingestión de alimentos: Anorexia nerviosa, trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos.
Trastornos de la excreción: Enuresis, encopresis.
Trastorno del sueño-vigilia: Insomnio, hipersomnia, narcolepsia, apnea e hipoapnea, síndrome de las piernas inquietas.
Disfunciones sexuales: Trastorno eréctil, trastorno orgásmico femenino, trastorno del interés sexual femenino, trastorno masculino de deseo sexual.
Trastorno de identidad sexual: Disforia de género en niños, disforia de género en adolescentes y adultos.
Trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta: Trastorno explosivo intermitente, trastorno de la conducta.
Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos: Trastorno por consumo, intoxicación o abstinencia de alcohol; cafeína; cannabis; fenciclidina u otros alucinógenos; inhalantes; opiáceos; sedantes, hipnóticos o ansiolíticos; estimulantes; tabaco; otras sustancias; trastorno por juego.
Trastornos neurocognitivos: Delirium, trastorno neurocognitivo mayor (Alzheimer, otros), trastorno neurocognitivo leve.
Trastornos de la personalidad: Trastorno de la personalidad paranoide, esquizoide, esquizotípica, límite, histriónica, narcisista, evitativa, dependiente, obsesivo-compulsiva.
Trastornos parafílicos: Voyeurismo, exhibicionismo, froteurismo, fetichismo, pedofilia, sadismo, masoquismo, travestismo.
Trastornos inducidos por medicamentos: Parkinsonismo inducido por neurolépticos, síndrome de suspensión de antidepresivos, etc.
Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica: Maltrato físico o psicológico infantil, abuso sexual infantil, maltrato de pareja, exclusión social, discordia con vecinos, etc.
sábado, 8 de diciembre de 2018
martes, 4 de diciembre de 2018
Racismo, sexismo y otras actitudes injustas
Las discriminaciones son tanto más injustas cuanto menos libertad ha tenido la persona o grupo discriminado para elegir la características por la cual se discrimina. Por eso, las discriminaciones por razón de raza, sexo, edad y aspecto físico son especialmente absurdas.
1. Racismo
La discriminación por la raza origina el racismo, que generalmente se ha practicado como una pretendida superioridad de la raza blanca sobre cualquier otra. Actualmente ha surgido una forma más sutil, que consiste en decir que todas las razas son igualmente buenas, pero que cada una se debe mantener "pura" y separada de las demás.
El racismo hunde sus raíces históricas en los inicios de nuestra cultura, pues los antiguos griegos y romanos consideraban a los extranjeros como seres no plenamente humanos.
Pero el auge del racismo moderno tiene su origen a mediados del siglo XIX, cuando los biólogos partidarios de la teoría fijista afirmaron que hay diferencias raciales de tipo físico e intelectual, y que tales diferencias indican una clara superioridad del hombre blanco. Además, sostenían que las razas "inferiores" no son mejorables y que la mezcla de razas produce una degeneración de la especie. Estas teorías tuvieron graves consecuencias históricas, como las siguientes:
2. Discriminación por la edad
La historia de este tipo de discriminación es inversa a la del racismo. En nuestra cultura se ha respetado a los mayores y se ha valorado muy positivamente la convivencia con ellos hasta casi la mitad del siglo XX. Los ancianos eran considerados depositarios de sabiduría vital y transmisores de valores culturales, así como una ayuda en la educación de los niños.
Pero los cambios económicos y sociales de las últimas décadas, y la rapidez con que se producen, devalúan la experiencia atesorada por los mayores. Se les discrimina por ser improductivos, por requerir cuidados que hacen "perder el tiempo", por el escaso espacio de las viviendas urbanas, que no permite más que albergar a la pareja y a los hijos, y porque se les juzga disminuidos en sus facultades, aunque no siempre es así. Por todo ello se les considera una carga para sus descendientes.
3. Sexismo y heterosexismo
Por lo que respecta a la discriminación por el sexo, ésta se manifiesta de dos formas:
La homosexualidad no es una enfermedad. Es una orientación sexual distinta de la mayoritaria, que no tiene por qué ser considerada perjudicial. Las conductas verdaderamente dañinas en materia sexual, como abusos a menores, acosos, violaciones, etc., no tienen nada que ver con la orientación sexual de las personas.
En nuestra cultura la homosexualidad fue práctica habitual en Grecia y Roma y comenzó a ser condenada con la expansión del cristianismo, hasta nuestros días.
La discriminación de los homosexuales es más violenta en el caso de los varones que en el de las mujeres, porque en los varones "se nota más". A todos ellos se les niegan injustamente derechos fundamentales, se les atribuyen calificativos despectivos y se les considera causantes de no pocos males personales y sociales.
4. Discriminación por el aspecto físico
Existe una forma de discriminación reciente que afecta a todos los miembros de la sociedad, pero que incide especialmente en los adolescentes y jóvenes. Nos referimos a la discriminación por el físico: los bajitos, los muy altos, los gordos, los "no agraciados" físicamente padecen los efectos de una mentalidad social que minusvalora esos modos de apariencia externa frente a los considerados "normales".
Muchas de estas personas se ven discriminadas en las relaciones sociales, en el acceso a puestos de trabajo y hasta en la asistencia sanitaria en el caso de los gordos, pues, dado que su índice de vida es más bajo que el de los delgados, son menos "rentables" a la hora de practicarles tratamientos y operaciones quirúrgicas de costes elevados.
Además, y por efecto de la publicidad, son muy numerosos los casos de bulimia y anorexia en los jóvenes, sobre todo en las mujeres, pues a menudo se piensa que un cuerpo ajustado a las normas estéticas vigentes es condición única para ser aceptados socialmente. Esta vigencia lleva incluso a arriesgar la salud y la vida en intervenciones quirúrgicas para modificar el rostro y el cuerpo con el fin de ajustarlos a los patrones estéticos de moda.
1. Racismo
La discriminación por la raza origina el racismo, que generalmente se ha practicado como una pretendida superioridad de la raza blanca sobre cualquier otra. Actualmente ha surgido una forma más sutil, que consiste en decir que todas las razas son igualmente buenas, pero que cada una se debe mantener "pura" y separada de las demás.
El racismo hunde sus raíces históricas en los inicios de nuestra cultura, pues los antiguos griegos y romanos consideraban a los extranjeros como seres no plenamente humanos.
Pero el auge del racismo moderno tiene su origen a mediados del siglo XIX, cuando los biólogos partidarios de la teoría fijista afirmaron que hay diferencias raciales de tipo físico e intelectual, y que tales diferencias indican una clara superioridad del hombre blanco. Además, sostenían que las razas "inferiores" no son mejorables y que la mezcla de razas produce una degeneración de la especie. Estas teorías tuvieron graves consecuencias históricas, como las siguientes:
- Genocidio y reclusión en reservas de los indios norteamericanos.
- Refuerzo de la situación de esclavitud de los negros en muchos países hasta finales del siglo XIX.
- Genocidio de judíos y gitanos durante la Segunda Guerra Mundial.
- Régimen de apartheid en muchos países de África y en Estados Unidos durante el siglo XX.
2. Discriminación por la edad
La historia de este tipo de discriminación es inversa a la del racismo. En nuestra cultura se ha respetado a los mayores y se ha valorado muy positivamente la convivencia con ellos hasta casi la mitad del siglo XX. Los ancianos eran considerados depositarios de sabiduría vital y transmisores de valores culturales, así como una ayuda en la educación de los niños.
Pero los cambios económicos y sociales de las últimas décadas, y la rapidez con que se producen, devalúan la experiencia atesorada por los mayores. Se les discrimina por ser improductivos, por requerir cuidados que hacen "perder el tiempo", por el escaso espacio de las viviendas urbanas, que no permite más que albergar a la pareja y a los hijos, y porque se les juzga disminuidos en sus facultades, aunque no siempre es así. Por todo ello se les considera una carga para sus descendientes.
3. Sexismo y heterosexismo
Por lo que respecta a la discriminación por el sexo, ésta se manifiesta de dos formas:
- El sexismo, que se apoya en una pretendida superioridad del varón sobre la mujer.
- El heterosexismo, que podemos definir como otra pretendida superioridad de los heterosexuales sobre los homosexuales.
La homosexualidad no es una enfermedad. Es una orientación sexual distinta de la mayoritaria, que no tiene por qué ser considerada perjudicial. Las conductas verdaderamente dañinas en materia sexual, como abusos a menores, acosos, violaciones, etc., no tienen nada que ver con la orientación sexual de las personas.En nuestra cultura la homosexualidad fue práctica habitual en Grecia y Roma y comenzó a ser condenada con la expansión del cristianismo, hasta nuestros días.
La discriminación de los homosexuales es más violenta en el caso de los varones que en el de las mujeres, porque en los varones "se nota más". A todos ellos se les niegan injustamente derechos fundamentales, se les atribuyen calificativos despectivos y se les considera causantes de no pocos males personales y sociales.
4. Discriminación por el aspecto físico
Existe una forma de discriminación reciente que afecta a todos los miembros de la sociedad, pero que incide especialmente en los adolescentes y jóvenes. Nos referimos a la discriminación por el físico: los bajitos, los muy altos, los gordos, los "no agraciados" físicamente padecen los efectos de una mentalidad social que minusvalora esos modos de apariencia externa frente a los considerados "normales".
Muchas de estas personas se ven discriminadas en las relaciones sociales, en el acceso a puestos de trabajo y hasta en la asistencia sanitaria en el caso de los gordos, pues, dado que su índice de vida es más bajo que el de los delgados, son menos "rentables" a la hora de practicarles tratamientos y operaciones quirúrgicas de costes elevados.
Además, y por efecto de la publicidad, son muy numerosos los casos de bulimia y anorexia en los jóvenes, sobre todo en las mujeres, pues a menudo se piensa que un cuerpo ajustado a las normas estéticas vigentes es condición única para ser aceptados socialmente. Esta vigencia lleva incluso a arriesgar la salud y la vida en intervenciones quirúrgicas para modificar el rostro y el cuerpo con el fin de ajustarlos a los patrones estéticos de moda.
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Discriminación
lunes, 3 de diciembre de 2018
Trastornos mentales
Al contrario que otras enfermedades cuyos síntomas y causas están perfectamente delimitados, no es fácil establecer una separación tajante entre lo que es y lo que no es trastorno mental. Por lo general, los especialistas utilizan un doble criterio, aunque ellos mismos reconocen que su aplicación es muchas veces difícil: por un lado, un criterio individual (sufrimiento emocional o malestar de la persona que sufre el trastorno) y, por otro, un criterio social (presencia de conflictos duraderos en sus relaciones). Puede añadirse, además, un criterio laboral o académico (falta de competencia en estos campos), aunque este último aspecto no siempre aparece.
Quizá una aproximación más adecuada al problema de los trastornos mentales sea partir del concepto de salud mental como un ideal al que las personas se aproximan pero no llegan nunca a alcanzar plenamente: todo el mundo tiene alguna dosis de enfermedad mental, aunque el grado de la misma es decisivo para considerar a la persona dentro o fuera de la normalidad. Así, hay trastornos mentales que permiten al sujeto llevar una vida más o menos normal y otros en los que se pierde el contacto con la realidad: esta diferencia fundamental es recogida por la distinción tradicional entre neurosis (trastorno leve de la personalidad tal como una obsesión o una fobia) y psicosis (desorden grave caracterizado por la pérdida de contacto con la realidad y por un deterioro severo de la personalidad: paranoia, esquizofrenia).
Las dos clasificaciones más utilizadas de los trastornos mentales son la de la Organización Mundial de la Salud (CIE: Clasificación Internacional de Enfermedades, en inglés ICD) y la de la Asociación Psiquiátrica Americana (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM). Las referencias a ambas suelen ir seguidas de un número (arábigo en el CIE y romano en el DSM) que se refiere a la edición. Actualmente, las citas se hacen del CIE-10 (1992, aunque revisada cada cierto tiempo: la última revisión es de 2010) y del DSM-V (2013).
Quizá una aproximación más adecuada al problema de los trastornos mentales sea partir del concepto de salud mental como un ideal al que las personas se aproximan pero no llegan nunca a alcanzar plenamente: todo el mundo tiene alguna dosis de enfermedad mental, aunque el grado de la misma es decisivo para considerar a la persona dentro o fuera de la normalidad. Así, hay trastornos mentales que permiten al sujeto llevar una vida más o menos normal y otros en los que se pierde el contacto con la realidad: esta diferencia fundamental es recogida por la distinción tradicional entre neurosis (trastorno leve de la personalidad tal como una obsesión o una fobia) y psicosis (desorden grave caracterizado por la pérdida de contacto con la realidad y por un deterioro severo de la personalidad: paranoia, esquizofrenia).
Las dos clasificaciones más utilizadas de los trastornos mentales son la de la Organización Mundial de la Salud (CIE: Clasificación Internacional de Enfermedades, en inglés ICD) y la de la Asociación Psiquiátrica Americana (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM). Las referencias a ambas suelen ir seguidas de un número (arábigo en el CIE y romano en el DSM) que se refiere a la edición. Actualmente, las citas se hacen del CIE-10 (1992, aunque revisada cada cierto tiempo: la última revisión es de 2010) y del DSM-V (2013).
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Trastornos mentales
viernes, 30 de noviembre de 2018
La formación del sistema solar
¿Cuándo se originó el sistema solar? ¿Todos sus componentes se formaron simultáneamente, o lo hizo primero el Sol y después los planetas? ¿Por qué son tan diferentes los planetas interiores de los exteriores? ¿Los asteroides son escombros de un planeta que se destruyó o los ladrillos de uno que no llegó a formarse?
No resulta fácil saber qué ocurrió hace miles de millones de años para que se originase el sistema solar. Para explicar los fenómenos que sucedieron en el pasado, como la formación del sistema solar, o que ocurren en la actualidad, domo los impactos de asteroides, los científicos elaboran teorías.
En el lenguaje cotidiano, se califica algo de "teoría" cuando se quiere resaltar su carácter especulativo, infundado, o su escasa base. Nada más lejos de la concepción científica. Para que una teoría pueda considerarse científica tiene que cumplir tres condiciones:
1. Qué debe explicar una teoría sobre el origen del sistema solar
El sistema solar tiene un conjunto de características que cualquier teoría sobre su origen debe poder explicar:
2. Teoría planetesimal
Se han formulado diversas teorías sobre el origen del universo, la más aceptada actualmente es la teoría planetesimal.
Pero, ¿cómo pueden los científicos elaborar una teoría sobre algo que ocurrió hace 4600 millones de años? Las dimensiones espaciales, obviamente, hacen imposible experimentar el proceso en el laboratorio. Por otra parte, la formación de una estrella y su cortejo de planetas requiere millones de años, de manera que no es posible centrarse en una zona de nuestra galaxia en la que esté formándose una estrella y seguir día a día su evolución.
Los astrónomos estudian lugares de nuestra galaxia que se hallan en diversos momentos de evolución y, con estos datos, componen la secuencia completa. El estudio es similar al que haría un extraterrestre que quisiera conocer el ciclo vital de una persona y sólo pudiese estar un año en la Tierra. Si se centrase en una sola persona poco podría concluir, pero si analizase un bebé, un adolescente, un adulto y un anciano, se formaría una idea más ajustada.
No obstante, se cuenta con unos "testigos" de las fases iniciales de la formación del sistema solar: son los asteroides y cometas, como los que hay en el cinturón de Kuiper o el cinturón de asteroides. Representan la materia que no se concentró en el Sol ni en los planetas y satélites, y tienen, por tanto, gran interés científico. Los datos y las observaciones astronómicas han permitido a la teoría planetesimal proponer un origen común para todo el sistema solar que explica sus principales características. El proceso habría sido el siguiente:
1.- Nebulosa inicial: Hace unos 4600 millones de años una nebulosa giratoria de polvo y gas, cuyas dimensiones eran superiores al sistema solar, comenzó a contraerse.
2.- Colapso gravitatorio: La contracción o colapso formó una gran masa central y un disco giratorio en torno a ella.
3.- Formación del protosol: La colisión de las partículas en la masa central liberó gran cantidad de calor. Comenzó la fusión nuclear del hidrógeno, lo que marcará el nacimiento de una estrella, el protosol, en el interior de la nebulosa.
4.- Formación de planetesimales: Las partículas de polvo y gas que formaban el disco giratorio en torno al protosol siguieron, paralelamente, un proceso de agrupación. Así, inicialmente, se formaron gránulos de algunos milímetros de cuyas colisiones y fusiones se originaron cuerpos mayores, los planetesimales, con tamaños entre algunos centenares de metros y kilómetros.
5.- Formación de protoplanetas: Las colisiones de los planetesimales y su unión (acreción) originaría los planetas primitivos o protoplanetas.
6.- Barrido de la órbita: En virtud de ese proceso de acreción cada protoplaneta fue despejando su zona orbital de planetesimales.
No resulta fácil saber qué ocurrió hace miles de millones de años para que se originase el sistema solar. Para explicar los fenómenos que sucedieron en el pasado, como la formación del sistema solar, o que ocurren en la actualidad, domo los impactos de asteroides, los científicos elaboran teorías.
En el lenguaje cotidiano, se califica algo de "teoría" cuando se quiere resaltar su carácter especulativo, infundado, o su escasa base. Nada más lejos de la concepción científica. Para que una teoría pueda considerarse científica tiene que cumplir tres condiciones:
- Debe basarse en hechos, en observaciones o en experiencias, es decir, tiene que estar fundada.
- Debe explicar esos hechos y observaciones, debe darles sentido. Toda ciencia tiene como objetivo interpretar los fenómenos que ocurren, ayudar a entenderlos.
- Debe ser refutable, es decir, tiene que ses posible comprobar si no es correcta, bien realizando experiencias de laboratorio o bien mediante la recogida de datos y observaciones que puedan apoyar o no la teoría.
1. Qué debe explicar una teoría sobre el origen del sistema solar
El sistema solar tiene un conjunto de características que cualquier teoría sobre su origen debe poder explicar:
- El Sol y todos los planetas giran en el mismo sentido. Cuando se dan regularidades, cuando un hecho se repite, el científico debe pensar que no ocurre por casualidad sino que existe causalidad, es decir, hay alguna razón que lo justifica.
- Las órbitas de todos los planetas son elipses de muy poca excentricidad, es decir, su forma se aproxima a la de la circunferencia.
- Las órbitas de todos los planetas se sitúan aproximadamente en el mismo plano, denominado eclíptica, que coincide con el plano ecuatorial del Sol.
- Los planetas interiores son pequeños y densos, mientras que los exteriores son grandes y ligeros.
- Todos los cuerpos celestes que son rocosos (planetas interiores, asteroides y satélites) tienen numerosos cráteres de impacto, como consecuencia del impacto de asteroides u otros cuerpos celestes).
![]() |
| Cráteres de impacto en la superficie lunar |
2. Teoría planetesimal
Se han formulado diversas teorías sobre el origen del universo, la más aceptada actualmente es la teoría planetesimal.
Pero, ¿cómo pueden los científicos elaborar una teoría sobre algo que ocurrió hace 4600 millones de años? Las dimensiones espaciales, obviamente, hacen imposible experimentar el proceso en el laboratorio. Por otra parte, la formación de una estrella y su cortejo de planetas requiere millones de años, de manera que no es posible centrarse en una zona de nuestra galaxia en la que esté formándose una estrella y seguir día a día su evolución.
Los astrónomos estudian lugares de nuestra galaxia que se hallan en diversos momentos de evolución y, con estos datos, componen la secuencia completa. El estudio es similar al que haría un extraterrestre que quisiera conocer el ciclo vital de una persona y sólo pudiese estar un año en la Tierra. Si se centrase en una sola persona poco podría concluir, pero si analizase un bebé, un adolescente, un adulto y un anciano, se formaría una idea más ajustada.
No obstante, se cuenta con unos "testigos" de las fases iniciales de la formación del sistema solar: son los asteroides y cometas, como los que hay en el cinturón de Kuiper o el cinturón de asteroides. Representan la materia que no se concentró en el Sol ni en los planetas y satélites, y tienen, por tanto, gran interés científico. Los datos y las observaciones astronómicas han permitido a la teoría planetesimal proponer un origen común para todo el sistema solar que explica sus principales características. El proceso habría sido el siguiente:
1.- Nebulosa inicial: Hace unos 4600 millones de años una nebulosa giratoria de polvo y gas, cuyas dimensiones eran superiores al sistema solar, comenzó a contraerse.
2.- Colapso gravitatorio: La contracción o colapso formó una gran masa central y un disco giratorio en torno a ella.
3.- Formación del protosol: La colisión de las partículas en la masa central liberó gran cantidad de calor. Comenzó la fusión nuclear del hidrógeno, lo que marcará el nacimiento de una estrella, el protosol, en el interior de la nebulosa.
4.- Formación de planetesimales: Las partículas de polvo y gas que formaban el disco giratorio en torno al protosol siguieron, paralelamente, un proceso de agrupación. Así, inicialmente, se formaron gránulos de algunos milímetros de cuyas colisiones y fusiones se originaron cuerpos mayores, los planetesimales, con tamaños entre algunos centenares de metros y kilómetros.
5.- Formación de protoplanetas: Las colisiones de los planetesimales y su unión (acreción) originaría los planetas primitivos o protoplanetas.
6.- Barrido de la órbita: En virtud de ese proceso de acreción cada protoplaneta fue despejando su zona orbital de planetesimales.
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Conocimiento científico
jueves, 29 de noviembre de 2018
La personalidad amenazada: estrés, afrontamiento y mecanismos de defensa
El estrés
Fue Hans Seyle (1936) quien describió el síndrome general de adaptación, como respuesta inespecífica del organismo que atraviesa por tres fases o estadios típicos.
El primer estadio es la reacción de alarma: ante una situación de estrés se produce de inmediato una intensa activación fisiológica, un aumento brusco de la actividad del sistema nervioso simpático, que aumenta los recursos de cara a solucionar el problema.
Cuando este esfuerzo extraordinario no es suficiente, se pasa a una segunda fase de resistencia en la que se mantiene la hiperactivación en un nivel más moderado que en la fase anterior pero son un coste para el organismo. Si no es posible superar la situación de estrés, se pasa a la última fase, el agotamiento, cuya persistencia tiene efectos patológicos sobre los sistemas inmunológico, digestivo y respiratorio.
A la larga, las consecuencias del estrés pueden acabar afectando a determinados órganos o sistemas corporales y producir distintas enfermedades psicosomáticas: cardiovasculares (por ejemplo, arritmias cardíacas), digestivas (úlcera péptica), respiratorias (asma blonquial), dermatológicas (psoriasis), músculo-esqueléticas (artritis reumatoide), entre otras.
Fue Hans Seyle (1936) quien describió el síndrome general de adaptación, como respuesta inespecífica del organismo que atraviesa por tres fases o estadios típicos.
El primer estadio es la reacción de alarma: ante una situación de estrés se produce de inmediato una intensa activación fisiológica, un aumento brusco de la actividad del sistema nervioso simpático, que aumenta los recursos de cara a solucionar el problema.
Cuando este esfuerzo extraordinario no es suficiente, se pasa a una segunda fase de resistencia en la que se mantiene la hiperactivación en un nivel más moderado que en la fase anterior pero son un coste para el organismo. Si no es posible superar la situación de estrés, se pasa a la última fase, el agotamiento, cuya persistencia tiene efectos patológicos sobre los sistemas inmunológico, digestivo y respiratorio.
A la larga, las consecuencias del estrés pueden acabar afectando a determinados órganos o sistemas corporales y producir distintas enfermedades psicosomáticas: cardiovasculares (por ejemplo, arritmias cardíacas), digestivas (úlcera péptica), respiratorias (asma blonquial), dermatológicas (psoriasis), músculo-esqueléticas (artritis reumatoide), entre otras.
Aníbal Puente, Cognición y aprendizaje: fundamentos psicológicos
Se conoce como estrés o también como síndrome general de adaptación (SGA), la situación de presión o tensión psicológica que afecta a un organismo y le provoca ansiedad (reacción de miedo y nerviosismo ante amenazas poco definidas, reales o imaginarias). El estrés está desencadenado por uno o varios factores llamados estresores y entre sus síntomas más conocidos aparecen la ansiedad, falta de concentración, irritabilidad, insomnio, etc.
Aunque el término estrés es relativamente reciente (1950), la realidad nombrada por dicho término es antigua; otra cosa es que su presencia se haya multiplicado en las sociedades modernas. La psicología ha estudiado los factores y rasgos de personalidad que influyen en la resistencia al estrés (optimismo, grado alto de autoeficacia, locus de control interno, etc.), pero también las estrategias que pueden usarse para evitar el coste energético de esta resistencia.
Ha sido sobre todo el psicoanálisis la corriente psicológica que ha llevado a cabo la enumeración y definición de los mecanismos de defensa, estrategias utilizadas por una personalidad (o la parte más visible de ésta, el yo) que percibe una amenaza y, en vez de afrontarla, se autoengaña de alguna manera para no tener que hacerlo. Como mecanismo de defensa principal, y base de todos los demás, los psicoanalistas señalan a la represión, por lo cual se convierte en inconsciente aquello que no se quiere admitir, generalmente por el sentimiento de culpa o vergüenza que lleva asociado (por ejemplo, el niño al que un día sorprendieron robando y posteriormente olvida este hecho).
Otros mecanismos de defensa son los siguientes:
- La negación, similar a la represión aunque sin llegar a la expulsión total de la conciencia, consiste en no reconocer la realidad de lo que nos asusta e incomoda, hacer como si no fuera real pero sabiendo en el fondo que sí lo es: si alguien recibe una mala noticia inesperada (por ejemplo, que padece un cáncer incurable) su primera reacción es no aceptar el hecho, pensar que es un error, aferrarse a otras explicaciones posibles, etc.
- Si fallan la represión o negación del problema, el siguiente paso en el camino del autoengaño es distorsionarlo. Las formas de distorsión son variadas: en primer lugar nos podemos engañar sobre las causas del problema: atribuir a otro lo que en realidad me pertenece pero no quiero aceptar (en los matrimonios que se divorcian o las amistades que se rompen, casi siempre uno cree haber actuado correctamente, por lo que el responsable de la ruptura es "el otro"), imitar o adoptar las actitudes de alguien para poder apropiarse también de sus éxitos y olvidarme de mis fracasos (por ejemplo, la persona que trata de elevarse sobre una existencia mediocre vistiendo como un persona popular), teorizar sobre un problema en vez de acometer su solución práctica (por ejemplo, el padre que, en vez de hablar con el profesor del problema concreto de su hijo, como no atender en clase, haber copiado en un examen o no estudiar lo suficiente, achaca éste y otros muchos problemas a las deficiencias del sistema educativo). Estas tres formas de distorsión se llaman, respectivamente, proyección, identificación e intelectualización.
- También podemos negar un problema distorsionando sus efectos: es posible desplazar las emociones reprimidas de unas personas a otras, como el empleado que no levanta la voz ante el jefe que constantemente le humilla, pero se desahoga a gritos tan pronto llega a casa; o cambiar un afecto en su contrario, como quien pretende disimular la envidia ante el éxito de un amigo con muestras excesivas de alegría; también podemos convertir deseos o impulsos de los que nos avergonzamos en sentimientos que la sociedad valora positivamente (por ejemplo, el deseo incestuoso en amor paternal, filial o fraternal, o la atracción homosexual en amistad y compañerismo), y finalmente podemos regresar a conductas propias de etapas en las que no teníamos que afrontar este tipo de problemas, como el adulto que tras una reunión en la que ha tenido que soportar críticas e insultos llega a casa y se echa a llorar en brazos de su mujer. Estos otros mecanismos de defensa reciben el nombre de desplazamiento, formación reactiva, sublimación y regresión, respectivamente.
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