Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
@blog_trca

miércoles, 12 de diciembre de 2018

El nacimiento de la Tierra y la Luna

La teoría planetesimal describe el escenario general en el que debieron formarse los planetas del sistema solar. Hay, no obstante, algunos datos más sobre la estructura y la composición de nuestro planeta que deben tenerse en cuenta, ya que nos hablan de lo que ocurrrió al comienzo de la existencia de la Tierra.
Así, desde la atmósfera hasta su núcleo de hierro, la Tierra tiene ordenados los materiales siguiendo una densidad creciente: arriba, los más volátiles, abajo, los más densos. ¿Por qué es así?, ¿cómo ha podido producirse esta distribución?
De acuerdo con los datos disponibles, la formación de la Tierra podría haberse producido de la siguiente manera:
  • Formación del protoplaneta terrestre: La unión o acreción de planetesimales en el interior del disco nebular que rodeaba al protosol, habría originado el protoplaneta terrestre. El aumento de su campo gravitatorio, a medida que incrementaba su tamaño, debió de favorecer la acreción de nuevos planetesimales. En la zona interna del disco nebular los planetesimales más abundantes estarían constituidos por hierro y silicatos (minerales como cuarzo, ortosa, mica y olivino); sin embargo, también habría otros con mayoría de elementos volátiles en su composición. La consecuencia de los impactos de planetesimales sería un aumento de la temperatura.
  • Diferenciación por densidades: La Tierra primitiva debió de estar parcialmente fundida, lo que favoreció que sus componentes mayoritarios se distribuyeran de acuerdo con su densidad. El hierro se desplazó a las zonas más profundas en un proceso que se ha denominado la "catástrofe del hierro", el cual propició la formación del núcleo terrestre. Simultáneamente, los gases del interior, entre los que abundaba el vapor de agua, escaparon dando lugar a la atmósfera en proceso denominado desgasificación del planeta. Esta diferenciación por densidades marcó la evolución de la Tierra, sin ella puede que no hubiese aparecido la vida.
  • Enfriamiento de la superficie y formación de los océanos: El bombardeo de los planetesimales se redujo a medida que la Tierra fue despejando su órbita, y comenzó a enfriarse. Al descender la temperatura de las rocas de la superficie se favoreció la condensación del vapor de agua, permitiendo que las aguas ocuparan los relieves más bajos y se formasen los océanos. Esta Tierra de hace 4200 millones de años ya tenía océanos, y en ella comenzaban a darse las condiciones para que apareciese la vida.
 El origen de la Luna 
Las investigaciones sobre el origen de la Luna pretenden discernir, en palabras de los astrónomos, si la Luna es hermana o hija de la Tierra, o si ha sido adoptada por ella.
  • Hermana: Según la primera de estas hipótesis, la Luna se habría formado al mismo tiempo que la Tierra, en su zona orbital y siguiendo un proceso paralelo al de nuestro planeta. A priori, resulta una opción muy plausible. Sin embargo, la Luna tiene cien millones de años menos que nuestro planeta y, estando en la misma zona del sistema solar, se habría formado a partir del mismo tipo de planetesimales, por lo que sus densidades deberían ser similares. No es esto lo que ocurre, puesto que la densidad de la Tierra es de 5.5 g/cm³ y la de la Luna es de 3,3 g/cm³.
  • Adoptada: Para esta hipótesis, la Luna y la Tierra se habrán formado simultáneamente, pero la Luna lo habría hecho en una zona más alejada del Sol (lo que justificaría su menor densidad) y posteriormente habría sido capturada por el campo gravitatorio terrestre, transformándose en nuestro satélite. Esta hipótesis soluciona una objeción pero no la otra, ya que no explica la diferencia de edad que existe entre ambos cuerpos celestes.
  • Hija: La hipótesis más aceptada hoy sostiene que en los primeros momentos de la existencia de la Tierra un planeta de tipo terrestre, de un tamaño similar al de Marte, colisionó con la Tierra. Parte del astro que impactó, junto con materiales de la zona impactada, constituyó una nube de residuos que quedó orbitando en torno a la Tierra. La acreción de estos materiales originaría la Luna. Los materiales terrestres que participarían en la formación de la Luna serían los de la corteza y el manto, pero no los del núcleo; esto justificaría la diferencia de densidades.



 Unidades de medida 
Las enormes distancias que existen entre los cuerpos celestes del sistema solar y, más aún, entre las estrellas y las galaxias del universo, hacen que deban utilizarse unidades de medida especiales, como la unidad astronómica y el año luz.
  • La unidad astronómica (UA) es la distancia media entre la Tierra y el Sol. Una UA equivale a unos 150 millones de kilómetros y se utiliza para mediar las distancias en el sistema solar.
  • El año luz es la distancia que recorre la luz en un año. La luz viaja a la velocidad de unos 300.000 hm/s. De acuerdo con la teoría de la relatividad de Einstein, nada puede superar la velocidad de la luz en el vacío. A pesar de eso, la luz del Sol tarda en llegar a la Tierra algo más de 8 minutos. La luz de la estrella más cercana, al margen del Sol, tarda 4,4 años en llegar a nosotros.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Fundamentación para una metafísica de las costumbres

Este pequeño librito de Kant fue publicado en 1785, y supone un cambio considerable respecto a las éticas materiales propias de otros autores o corrientes filosóficas y religiosas. De hecho, es una lectura obligada en la asignatura "Ética I" del Grado de Filosofía de la UNED, para entender la diferenciación entre los dos paradigmas clásicos en esta disciplina: la ética material o de contenidos, como fue la ética de Aristóteles, y la ética formal kantiana.
Según Kant, las éticas materiales han supuesto un fracaso, porque sus reglas morales se basan en coacciones -legales, políticas o religiosas- y no han reparado en que la verdadera buena voluntad del hombre se sustenta principalmente en su propia ley, en sus máximas dictadas para sí mismo, esto es, en su autonomía. Pues bien, la ética formal busca establecer un principio teórico moral que el individuo se dé a sí mismo y que a su vez sirva también como principio universal: Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal.
A partir de este imperativo categórico, u otros más sencillos, como aquel que rezaba "no hagas a los demás aquello que no quieras que te hagan a ti", cada cual podrá luego dotar de contenidos sus decisiones prácticas (por ejemplo, si no quieres que te roben, no robes tú). Y completa el autor este mandato categórico con otro principio fundamental en su ética: entender a cualquier otro, e incluso a uno mismo, como un fin y nunca como un medio, también supone un principio teórico a priori, es decir, formal, con validez pues de ley universal que sustentaría un código moral adecuado.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Clasificación de los trastornos mentales

A título meramente ilustrativo recogemos la clasificación más utilizada por los especialistas en la actualidad. La edición del DSM-V fue publicada en 2013, e incluye algunas novedades en relación a las anteriores (por ejemplo, el TDAH deja de ser "trastorno detectable en la infancia", pues algunas veces es detectado en adultos, y se clasifica ahora como "trastorno del neurodesarrollo"; síndromes como el Asperger desaparecen como tales y se engloban en "trastornos del espectro autista").

Trastornos del neurodesarrollo: Discapacidad intelectual, espectro autista, déficit de atención/hiperactividad.

Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos: Esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo.

Trastorno bipolar y otros trastornos relacionados: Trastorno bipolar I, trastorno bipolar II.

Trastornos depresivos: Depresión mayor, desregulación disruptiva del estado de ánimo.

Trastornos de ansiedad: Fobia específica, trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada.

Trastorno obsesivo-compulsivo y otros trastornos relacionados: TOC, comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo.

Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés: Trastorno de estrés postraumático, trastorno de apego reactivo.

Trastornos disociativos: Amnesia disociativa, trastorno de despersonalización o desrealización.

Trastornos de síntomas somáticos y relacionados: Trastorno de síntomas somáticos, trastorno de ansiedad por enfermedad.

Trastonos de la conducta alimentaria y de la ingestión de alimentos: Anorexia nerviosa, trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos.

Trastornos de la excreción: Enuresis, encopresis.

Trastorno del sueño-vigilia: Insomnio, hipersomnia, narcolepsia, apnea e hipoapnea, síndrome de las piernas inquietas.

Disfunciones sexuales: Trastorno eréctil, trastorno orgásmico femenino, trastorno del interés sexual femenino, trastorno masculino de deseo sexual.

Trastorno de identidad sexual: Disforia de género en niños, disforia de género en adolescentes y adultos.

Trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta: Trastorno explosivo intermitente, trastorno de la conducta.

Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos: Trastorno por consumo, intoxicación o abstinencia de alcohol; cafeína; cannabis; fenciclidina u otros alucinógenos; inhalantes; opiáceos; sedantes, hipnóticos o ansiolíticos; estimulantes; tabaco; otras sustancias; trastorno por juego.

Trastornos neurocognitivos: Delirium, trastorno neurocognitivo mayor (Alzheimer, otros), trastorno neurocognitivo leve.

Trastornos de la personalidad: Trastorno de la personalidad paranoide, esquizoide, esquizotípica, límite, histriónica, narcisista, evitativa, dependiente, obsesivo-compulsiva.

Trastornos parafílicos: Voyeurismo, exhibicionismo, froteurismo, fetichismo, pedofilia, sadismo, masoquismo, travestismo.

Trastornos inducidos por medicamentos: Parkinsonismo inducido por neurolépticos, síndrome de suspensión de antidepresivos, etc.

Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica: Maltrato físico o psicológico infantil, abuso sexual infantil, maltrato de pareja, exclusión social, discordia con vecinos, etc. 

martes, 4 de diciembre de 2018

Racismo, sexismo y otras actitudes injustas

Las discriminaciones son tanto más injustas cuanto menos libertad ha tenido la persona o grupo discriminado para elegir la características por la cual se discrimina. Por eso, las discriminaciones por razón de raza, sexo, edad y aspecto físico son especialmente absurdas.

1. Racismo
La discriminación por la raza origina el racismo, que generalmente se ha practicado como una pretendida superioridad de la raza blanca sobre cualquier otra. Actualmente ha surgido una forma más sutil, que consiste en decir que todas las razas son igualmente buenas, pero que cada una se debe mantener "pura" y separada de las demás.
El racismo hunde sus raíces históricas en los inicios de nuestra cultura, pues los antiguos griegos y romanos consideraban a los extranjeros como seres no plenamente humanos.
Pero el auge del racismo moderno tiene su origen a mediados del siglo XIX, cuando los biólogos partidarios de la teoría fijista afirmaron que hay diferencias raciales de tipo físico e intelectual, y que tales diferencias indican una clara superioridad del hombre blanco. Además, sostenían que las razas "inferiores" no son mejorables y que la mezcla de razas produce una degeneración de la especie. Estas teorías tuvieron graves consecuencias históricas, como las siguientes:
  • Genocidio y reclusión en reservas de los indios norteamericanos.
  • Refuerzo de la situación de esclavitud de los negros en muchos países hasta finales del siglo XIX.
  • Genocidio de judíos y gitanos durante la Segunda Guerra Mundial.
  • Régimen de apartheid en muchos países de África y en Estados Unidos durante el siglo XX.
Hoy sabemos que las diferencias físicas entre los diversos grupos humanos no comportan ninguna clase de jerarquía natural: no sirven de base para dar un trato privilegiado a unos frente a otros. Ni siquiera es correcto hablar de "razas" humanas, porque el concepto de raza se ha formado agrupando arbitrariamente ciertas características físicas, por ejemplo, el color de la piel y algunos rasgos de la cara, y despreciando otras, como la estatura o el color del pelo.

2. Discriminación por la edad
La historia de este tipo de discriminación es inversa a la del racismo. En nuestra cultura se ha respetado a los mayores y se ha valorado muy positivamente la convivencia con ellos hasta casi la mitad del siglo XX. Los ancianos eran considerados depositarios de sabiduría vital y transmisores de valores culturales, así como una ayuda en la educación de los niños.
Pero los cambios económicos y sociales de las últimas décadas, y la rapidez con que se producen, devalúan la experiencia atesorada por los mayores. Se les discrimina por ser improductivos, por requerir cuidados que hacen "perder el tiempo", por el escaso espacio de las viviendas urbanas, que no permite más que albergar a la pareja y a los hijos, y porque se les juzga disminuidos en sus facultades, aunque no siempre es así. Por todo ello se les considera una carga para sus descendientes.

3. Sexismo y heterosexismo
Por lo que respecta a la discriminación por el sexo, ésta se manifiesta de dos formas:
  • El sexismo, que se apoya en una pretendida superioridad del varón sobre la mujer.
  • El heterosexismo, que podemos definir como otra pretendida superioridad de los heterosexuales sobre los homosexuales.
La homosexualidad no es una enfermedad. Es una orientación sexual distinta de la mayoritaria, que no tiene por qué ser considerada perjudicial. Las conductas verdaderamente dañinas en materia sexual, como abusos a menores, acosos, violaciones, etc., no tienen nada que ver con la orientación sexual de las personas.
En nuestra cultura la homosexualidad fue práctica habitual en Grecia y Roma y comenzó a ser condenada con la expansión del cristianismo, hasta nuestros días.
La discriminación de los homosexuales es más violenta en el caso de los varones que en el de las mujeres, porque en los varones "se nota más". A todos ellos se les niegan injustamente derechos fundamentales, se les atribuyen calificativos despectivos y se les considera causantes de no pocos males personales y sociales.

4. Discriminación por el aspecto físico
Existe una forma de discriminación reciente que afecta a todos los miembros de la sociedad, pero que incide especialmente en los adolescentes y jóvenes. Nos referimos a la discriminación por el físico: los bajitos, los muy altos, los gordos, los "no agraciados" físicamente padecen los efectos de una mentalidad social que minusvalora esos modos de apariencia externa frente a los considerados "normales".
Muchas de estas personas se ven discriminadas en las relaciones sociales, en el acceso a puestos de trabajo y hasta en la asistencia sanitaria en el caso de los gordos, pues, dado que su índice de vida es más bajo que el de los delgados, son menos "rentables" a la hora de practicarles tratamientos y operaciones quirúrgicas de costes elevados.
Además, y por efecto de la publicidad, son muy numerosos los casos de bulimia y anorexia en los jóvenes, sobre todo en las mujeres, pues a menudo se piensa que un cuerpo ajustado a las normas estéticas vigentes es condición única para ser aceptados socialmente. Esta vigencia lleva incluso a arriesgar la salud y la vida en intervenciones quirúrgicas para modificar el rostro y el cuerpo con el fin de ajustarlos a los patrones estéticos de moda. 
      

lunes, 3 de diciembre de 2018

Trastornos mentales

Pinel en el hospital Salpêtrière, de Tony Robert-Fleury (1795) - Dutante la Revolución Francesa, el médico Philippe Pinel defendió un trato humano a los enfermos mentales, quitando las cadenas a los pacientes que estaban ingresados en manicomios.
Al contrario que otras enfermedades cuyos síntomas y causas están perfectamente delimitados, no es fácil establecer una separación tajante entre lo que es y lo que no es trastorno mental. Por lo general, los especialistas utilizan un doble criterio, aunque ellos mismos reconocen que su aplicación es muchas veces difícil: por un lado, un criterio individual (sufrimiento emocional o malestar de la persona que sufre el trastorno) y, por otro, un criterio social (presencia de conflictos duraderos en sus relaciones). Puede añadirse, además, un criterio laboral o académico (falta de competencia en estos campos), aunque este último aspecto no siempre aparece.
Quizá una aproximación más adecuada al problema de los trastornos mentales sea partir del concepto de salud mental como un ideal al que las personas se aproximan pero no llegan nunca a alcanzar plenamente: todo el mundo tiene alguna dosis de enfermedad mental, aunque el grado de la misma es decisivo para considerar a la persona dentro o fuera de la normalidad. Así, hay trastornos mentales que permiten al sujeto llevar una vida más o menos normal y otros en los que se pierde el contacto con la realidad: esta diferencia fundamental es recogida por la distinción tradicional entre neurosis (trastorno leve de la personalidad tal como una obsesión o una fobia) y psicosis (desorden grave caracterizado por la pérdida de contacto con la realidad y por un deterioro severo de la personalidad: paranoia, esquizofrenia).
Las dos clasificaciones más utilizadas de los trastornos mentales son la de la Organización Mundial de la Salud (CIE: Clasificación Internacional de Enfermedades, en inglés ICD) y la de la Asociación Psiquiátrica Americana (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM). Las referencias a ambas suelen ir seguidas de un número (arábigo en el CIE y romano en el DSM) que se refiere a la edición. Actualmente, las citas se hacen del CIE-10 (1992, aunque revisada cada cierto tiempo: la última revisión es de 2010) y del DSM-V (2013).