Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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jueves, 6 de diciembre de 2012

Los métodos filosóficos

La filosofía no es sólo un viaje a lo profundo. Es un viaje de ida y vuelta, y es, por tanto, también traer lo profundo a la superficie y hacerlo claro, patente, perogrullada. Trátase en ella precisamente de hacer patente lo latente, somero lo profundo, de llegar a conceptos "claros y distintos", como Descartes decía. Filosofar es, a la vez, profundizar y patentizar, es frenético afán de volver del revés la realidad haciendo que lo profundo se convierta en superficial.
J. Ortega y Gasset, Obras completas (adaptado)

La filosofía y la búsqueda de la verdad
La filosofía no es algo que pueda hacerse sin una necesaria preparación. Para abordar los temas y los problemas que trata necesitamos las herramientas adecuadas. No es suficiente la mera opinión o las ocurrencias. Tampoco es un saber "oscuro" que tenga que resultar incomprensible para la mayoría de la gente. Con un método adecuado, la filosofía se sumerge en los problemas que nos preocupan a todos y comunica con claridad los resultados a los que llega o las nuevas dificultades que descubre.
La verdad que la filosofía alcanza, siempre revisable y sometida a crítica, no es una especie de intuición incomunicable que llegue al filósofo enigmáticamente, sino que es el resultado del duro "trabajo del concepto". Y si ha de llegar esa intuición o revelación, será porque el filósofo se ha empeñado previamente en indagar sobre los problemas o se ha situado ante la realidad misma con la actitud requerida. El método filosófico es, pues, la manera que tiene el filósofo de trabajar conceptualmente y "disponerse" frente a las cuestiones mismas. Una adecuada disposición (actitud o "forma de mirar") y un discurso racional (uso de la argumentación y de los conceptos) son los dos pilares del trabajo filosófico.

Peculiaridades del método filosófico
Normalmente se entiende por método el conjunto de reglas o de operaciones que deben seguirse, ordenada y sistemáticamente, para lograr un fin dado o alcanzar un resultado deseado. Este camino lo ha seguido la ciencia moderna y, debido al éxito obtenido, ha intentado extenderse al resto de saberes, llegando a constituirse en un ideal de conocimiento.
Pero, ¿qué sucede con la filosofía? El método (el modo de conducirse a la verdad) filosófico no se concreta en un conjunto de reglas que, una vez descubiertas, sólo tengamos que aplicar, sino que está en función de las cosas mismas que estemos investigando. Por otra parte, debido al carácter abierto de la filosofía, tan importante es la investigación y el descubrimiento de la verdad como la exposición y la presentación de la misma. Ambas dimensiones son las dos caras del método filosófico.

Los métodos y la pluralidad de hábitos mentales
El método filosófico depende por tanto de la actitud del filósofo, de su propio talante y de los problemas que trate, porque es una forma concreta de articular la experiencia humana en el mundo.
Cada filosofía y cada método ponen en juego unas determinadas capacidades humanas dentro del conjunto de las capacidades posibles. Por eso, cada método filosófico desarrolla sólo determinados "hábitos mentales". Hay métodos basados en hábitos mentales como la razón, otros en la sensibilidad, en el lenguaje... Todos ellos son perspectivas diferentes sobre lo humano. La pluralidad de perspectivas y métodos se explica porque los seres humanos somos plurales (siempre modificados por la cultura en la que nos encontramos) y abiertos a la historia, con sus problemas y novedades.
Ninguna filosofía, con su método y con el conjunto de hábitos mentales que pone en marcha, es suficiente por sí misma. Ninguna es tampoco desechable. Son propuestas de sentido, formas de mirar el mundo y de mirarnos a nosotros mismos. Conocer y ejercitarnos en la diversidad de métodos es conocer y ejercer los diversos hábitos mentales que, en muchas ocasiones, nos pasan desapercibidos. Nuestra cultura ha desarrollado unos y ha olvidado otros; por eso, visitar la "historia del pensamiento" supone descubrir nuestras propias posibilidades y nuestra propia humanidad en los otros.


René Descartes (1596-1650)
Buscando un método
En algunos momentos, los filósofos han tenido mayor conciencia de la importancia del propio método y han reflexionado sobre él, sobre su consistencia y su alcance. Uno de los filósofos que ha tratado en profundidad esta cuestión es Descartes (siglo XVII).

El poder de bien juzgar y de distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que se llama el buen sentido o la razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y asimismo, la diversidad de nuestras opiniones no provienen de que unos sean más razonables que otros, sino solamente de que conducimos nuestros pensamientos por diversas vías y no consideramos las mismas cosas. Pues no basta con tener la mente bien dispuesta, sino que lo principal es aplicarla bien.
Así, pues, mi propósito no es enseñar aquí el método que cada cual debe seguir para conducir bien su corazón, sino solamente mostrar de qué manera he tratado yo de conducir el mío:
Primero, no aceptar nunca cosa alguna como verdadera, es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no admitir en mis juicios nada más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente, que no tuviese ocasión alguna de ponerlo en duda.
Segundo, dividir cada una de las dificultades que se examinase en tantas partes como fuera posible y como se requiriese para su mejor resolución.
Tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos comenzando por los objetos más simples y fáciles de conocer para ascender poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más complejos, suponiendo, incluso, un orden entre los que se preceden naturalmente.
Y por último, hacer en todas partes enumeraciones tan completas y revistas tan generales que estuviese seguro de no omitir nada.
R. Descartes, El discurso del método (adaptado)

Métodos filosóficos más importantes
Presentamos a continuación algunos de los métodos más importantes. No pretendemos ser exhaustivos, ni en número ni en profundidad, ya que la mejor manera de conocer un método es utilizándolo.

Mayéutico-dialéctico
Es el primer gran método filosófico. Sócrates es el creador de este método, el cual es heredado y potenciado por su discípulo Platón. Se desarrolla en los siglos V y IV a.C. Caracterización: Es la forma de descubrir la verdad, que todos llevamos dentro, mediante el diálogo. Parte, en la versión socrática, de la ironía, es decir, de los que todavía no sabemos ("sólo sé que no sé nada"). La verdad (la definición) sólo puede ser descubierta en el proceso de pregunta y respuesta. Implicaciones: Implica una concepción de la filosofía polémica y abierta a la historia y a la sociedad. La verdad es asunto de todos y no se alcanza retirándose del mundo sino en la comunicación, dialogando con otros. Ofrece una versión optimista del conocimiento (pues todos ya sabemos todo, lo que hay que hacer es recordarlo). Actualidad: No pasa por ser uno de los métodos actuales de pensamiento. Algunos de sus rasgos se pueden rastrear en otros métodos, por ejemplo, en el hermenéutico, o en algunas versiones del trascendental. Es el que mejor define, hoy y siempre, la actitud filosófica de búsqueda de la verdad.

Físico-ontológico
Es el empleado por filosofías tan distantes en el tiempo como la de Aristóteles (siglo IV a.C.) o Tomás de Aquino (siglo XIII). Otra forma de denominarlo es "empírico-racional" o "físico-lógico". Caracterización: El ser humano se acerca a la naturaleza para comprenderla. Para ello parte de la experiencia sensible, pero no se conforma con ella y, aplicando la razón, quiere hacerla inteligible. Este método, uniendo experiencia y razón, cree que es posible penetrar intelectualmente en la naturaleza. Implicaciones: Supone que las facultades humanas no están separadas. Recibimos datos de los sentidos y buscamos racionalmente su razón de ser. La razón humana es activa en esta búsqueda de la verdad. Actualidad: Muchas veces es acusado de "metafísico" (en sentido despectivo), pero tiene el mérito de intentar leer la experiencia en profundidad. Cuando esto se hace contando con las ciencias resulta un método muy adecuado para superar la parcialidad de éstas.

Racionalista
El representante más significativo es Descartes (siglo XVII). Caracterización: Es un método deductivo (de lo general a lo particular) y parecido al empleado en matemáticas (al menos las de Descartes). Es un método universal (se puede aplicar a todo) y exacto. Implicaciones: Este método parte de una confianza absoluta en la razón humana. La razón no sólo no colabora con la experiencia para así producir el conocimiento, sino que es la única que da un conocimiento seguro. Actualidad: Más allá de sus exageraciones, es un método muy defendible. Da confianza al sujeto que lo emplea y ofrece un arma crítica ante aquellos conocimientos que no hayan pasado por el "tribunal de la razón".

Empirista
David Hume (1711-1776)
Desarrollado por el empirismo inglés (siglos XVII-XVIII), tiene su principal representante en Hume (siglo XVIII). Caracterización: La mente humana es como una "hoja en blanco" que se limita a recibir información de la naturaleza mediante los datos de los sentidos. Utiliza básicamente el método inductivo (partir de la experiencia). Implicaciones: Los empiristas desconfían del poder creativo de la razón humana y, por contra, recuperan aspectos importantes de la "naturaleza humana", como la imaginación y los sentimientos. Actualidad: Ha tenido gran influencia en el mundo anglosajón. Se va a relacionar con el desarrollo de la ciencia moderna y va a emparentarse con posiciones positivistas (siglos XIX y XX) y cientificistas (siglo XX).

Trascendental
Su creador fue Kant (siglo XVIII). Caracterización: Lo importante no es describir las cosas, sino "dar razón" de ellas, es decir, estudiar las "condiciones de posibilidad" de eso que se quiere analizar. Se trata pues de analizar aquellos elementos sin los cuales no sería posible lo estudiado. Implicaciones: Lo importante no es lo conocido sino el sujeto que conoce. Hasta ahora, toda la filosofía había girado sobre la naturaleza; desde Kant y su método trascendental, lo hará sobre el sujeto racional. Por eso, Kant va a plantear su filosofía como antropológica. Actualidad: Este método ha sido muy empleado y más o menos modificado; se encuentra en otros métodos (por ejemplo, el fenomenológico). Sigue presente en la filosofía contemporánea gracias sobre todo a la filosofía de Apel.

Analítico-lingüístico
Es uno de los métodos "actuales" del pensamiento. Desarrollado principalmente en el ámbito anglosajón, tiene a uno de sus máximos representantes en Wittgenstein (siglo XX). Caracterización: La mayor parte de los problemas filosóficos tiene su razón de ser en el mal uso del lenguaje. La tarea de la filosofía es resolver los problemas del lenguaje (bien apelando a un lenguaje ideal, o al lenguaje concreto de la forma de vida en la que el problema se exprese). Implicaciones: La experiencia humana se expresa en el lenguaje; analizar el lenguaje es analizar esta experiencia, que es comunicable y pública. El lenguaje mismo que utilizamos es revelador de problemas o de tomas de posición no conscientes. Actualidad: Es uno de los métodos actuales de pensamiento más utilizado. Aporta claridad y orden, pero se muestra insuficiente, sobre todo cuando se queda estancado en análisis de expresiones carentes de sentido o vacías de experiencia.

Fenomenológico
Edmund Husserl
(1859-1938)
Creado por Husserl (siglo XX). Caracterización: Es la gran aportación del siglo XX a la metodología filosófica. Husserl quiere "volver a las cosas mismas", más allá de todas las construcciones o teorías. Hemos de aprender de nuevo a mirar la realidad, dejando de lado la gran cantidad de supuestos que tenemos para concentrarnos en lo esencial (reducción). Implicaciones: Con este método aprendemos a mirar el mundo, rompiendo con la "actitud natural" y adoptando una "actitud personalista". Este método implica una recuperación íntegra de la experiencia y del mundo humanos, pero desde la centralidad de la subjetividad. Actualidad: Probablemente haya sido uno de los métodos más practicados. Ha dado grandes resultados cuando se ha aplicado a la literatura (Sartre), a la psicología (Merleau-Ponty) o a la religión (Eliade, Otto). Hoy día se sigue practicando con éxito, aplicándose también a la política o a la cultura.

Hermenéutico
Se constituye como método y como escuela en el siglo XX, gracias sobre todo a Heidegger, Gadamer y Ricoeur. Su gran precursor fue Nietzsche. Caracterización: Nace del método fenomenológico, pero lo transforma. Según este método, no podemos aplicar el método fenomenológico porque nunca podemos dejar de lado nuestra cultura. Por tanto, la forma adecuada de trabajar es explicitando estos presupuestos que guían toda comprensión (interpretación). Implicaciones: Junto con el analítico y el fenomenológico, es el método propio de la filosofía actual. Ofrece una atención prioritaria a la dimensión lingüística del hombre, pero, a diferencia del método analítico, intenta alcanzar la experiencia que todo lenguaje comunica. Actualidad: Gran parte de la filosofía actual es hermenéutica, aunque admitirá variedad de tipos.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La actitud filosófica

Para los niños, el mundo y todo lo que hay en él es algo nuevo, algo que provoca su asombro. No es así para todos los adultos. La mayor parte de los adultos ve el mundo como algo muy normal.
Precisamente en este punto los filósofos constituyen una honrosa excepción. Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo al mundo. Para él o ella, el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso. Por lo tanto, los filósofos y los niños pequeños tienen en común esa importante capacidad. Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida.
J. Gaarder, El mundo de Sofía

El origen de la actitud filosófica: la extrañeza
El comienzo de la filosofía no es sólo histórico, como un hecho cultural, sino también personal. ¿Qué es la filosofía? ¿Por qué resulta tan radical y necesaria en la vida humana? ¿Cómo puede defenderse la actitud filosófica en un mundo cambiante y multiforme como el nuestro? Son temas que se han planteado desde el mismo momento en que el hombre, consciente de su propia capacidad de pensar, comenzó a preguntarse por su misma naturaleza humana.
El ser humano tiene un deseo irreprimible de saber (ya Aristóteles se dio cuenta de ello). Pero ese deseo arranca de un modo de mirar: de la extrañeza ante las cosas. El mundo, las cosas y las personas se nos presentan ante nuestros ojos y no nos pasan desapercibidos. Despiertan en nosotros la curiosidad, la admiración, la extrañeza. Y de ahí surge el deseo de saber y conocer utilizando la razón. Por tanto, no es una mera contemplación admirada de lo que vemos, sino un movimiento real de búsqueda de respuestas, una insatisfacción en la ignorancia, un ímpetu que nos mueve a pensar: a pensar más y de otro modo.

La filosofía como actitud
La actitud filosófica consiste, pues, en ese "vivir despierto", en un constante inconformismo que nos lleva a plantear preguntas. Quien tiene actitud filosófica no se habitúa al mundo, porque ese ámbito en el que desarrolla su vida le produce una extrañeza tal, que buscar explicaciones y respuestas se convierte en la tarea de una vida. No puede vivir dormido, ocupado en el discurrir tranquilo del tiempo, sino en alerta, despierto y mirando en derredor en continua situación de admiración.
Así pues, esa actitud vital que es la actitud filosófica se distingue de la "actitud natural", que es aquella que no se cuestiona y que desarrolla la vida respondiendo tan solo a la urgencia de la supervivencia. La actitud filosófica plantea interrogantes radicales y últimos, busca el sentido de la existencia y desborda las dimensiones humanas pragmáticas, intentando alcanzar lo que está más allá, lo cual, en ocasiones, obliga a recogerse en lo más íntimo y a mirar en el interior.

La filosofía como quehacer
Todos tenemos una actitud filosófica: los niños, con su insistente preguntar, están mostrando su interés por descubrir un mundo que les admira y asombra, que les produce extrañeza y que les interroga manteniéndonos despiertos. Sin embargo, poco a poco vamos olvidando esa capacidad, interpretamos la admiración como ignorancia y dejamos de asombrarnos. Nos "dormimos" y nos instalamos en la actitud natural.
La filosofía es un quehacer: se va haciendo. Cada ser humano la hace día a día, con un esfuerzo gratificado y compensado por estar realizando lo que nos vuelve más radicalmente humanos. Es un modo de "humanizarse". Quien no se admira, busca, pregunta y reflexiona, probablemente está empezando a deshumanizarse.
Ese quehacer, esa labor dinámica y a veces dolorosa que es la filosofía la han ido haciendo los seres humanos de todas las épocas. Por eso, aunque cada uno de nosotros hace filosofía y se plantea sus propias preguntas -que, en el fondo, son siempre las mismas-, no parte de la nada: dispone de una tradición y de una historia. La humanidad hace filosofía históricamente, lo cual permite compartir un patrimonio común de conocimientos y preguntas.
La historia de la filosofía ya es filosofía, porque constituye un modo de pensar problemático sobre la misma esencia del pensar y sobre los cambios que ha sufrido a lo largo del tiempo. Las demás ciencias y saberes tienen un objeto externo a ellas mismas y no han de hacer un ejercicio de "volver la vista sobre quien está mirando". Por ejemplo, la física no reflexiona sobre su propia tarea y, si lo hace, es desde el exterior de la misma (no está haciendo física quien hace historia de la física). Pero la filosofía es una reflexión constante sobre sí misma; es decir, es un volver a "doblarse" sobre sí. Ese volver sobre sí misma para encontrar respuestas no es arbitrario. Aunque todos y cada uno de nosotros podemos tener actitud filosófica, la filosofía es una tarea rigurosa que exige un método y unas herramientas que nos permiten canalizar adecuadamente nuestra búsqueda de respuestas. De ahí que sea tan importante conocer cómo, desde la actitud filosófica, se puede hacer filosofía.

Saber y sabor filosófico
La actitud filosófico es, pues, una forma de mirar. Consiste en un "estar despierto" ante el mundo y ante el mismo ser humano. Es aquello que nos obliga a interrogarnos, a buscar un sentido y a ser más humanos. Por eso tiene dos dimensiones: el saber, el conocimiento, y el sabor, la experiencia personal y radical de la vida, el gusto por las cosas y el disfrute ante el mundo.
Esas dos dimensiones no son ajenas la una a la otra, porque la filosofía es también poder disfrutar del conocimiento. La experiencia personal y única es un saber práctico que permite saborear el sentido y el discurrir vital, consiguiendo que el saber sea un saborear la realidad en su comprensión.

viernes, 23 de noviembre de 2012

El origen histórico de la filosofía

Las primeras referencias históricas que tenemos del término filosofía se encuentran en los escritos del historiador griego Diógenes Laercio (siglo III d.C.), quien narra, entre otras, la vida de Pitágoras (siglo VI a.C.). Cuenta que éste fue el primero que utilizó el término filosofía y se llamó a sí mismo filósofo para describir su profesión. Pitágoras argumentaba que sólo los dioses eran sabios (sophós); el hombre, en cambio, es alguien que tiende, se aproxima y ama la sabiduría (sophía); sólo puede llegar a ser sabio quien hace de la sabiduría su profesión y alcanza así la perfección más allá del alma. Esto nos sitúa frente a dos características, punto de partida del quehacer filosófico:

a) El hombre toma conciencia de su limitación ante una naturaleza (physis) en permanente cambio. Los griegos no permanecen indiferentes ante este movimiento y tratan de entenderlo con la razón (logos). La filosofía es la "búsqueda" de una sabiduría que nos sitúa y arraiga en la realidad.
b) La "sophía" o sabiduría es un saber propio de los dioses. Los hombres son capaces de poseerla porque tienen una propiedad común con los dioses: la inteligencia. Pero esta posesión no se consigue cuando el hombre quiere, como si fuera resultado de su voluntad o del esfuerzo que realiza dominando una técnica. Es, más bien, una mirada escrutadora, una visión nacida de la larga experiencia de los hombres y las cosas; es un ángulo de visión que capacita para la acción prudente entre los hombres.

Los modos de la filosofía griega
En la cultura griega hay varios modos de entender la filosofía. Son estos:

  • Posesión de la verdad sobre la naturaleza: La naturaleza es el conjunto estructurado de todas las cosas que existen. No es simplemente algo parecido a una materia prima de la que se generan las cosas, sino un movimiento ordenado por el que ésta va adquiriendo diversas formas sobre sí misma. Como movimiento ordenado, tiene un carácter cíclico, por eso las cosas acontecen conforme a un orden y una medida: el tiempo. Admirados ante la naturaleza, los primeros filósofos quisieron desvelar este orden y medida y por ello son llamados "físicos" o "fisiólogos", porque buscan la verdad de la naturaleza.
  • Visión del ser: Pero al filósofo no sólo le preocupan que las cosas se mueven ordenadamente, sino el hecho de que las cosas "son". Dado que proceden de la naturaleza, las cosas no son ficciones, son "realidad", tienen "ser". El filósofo es quien está atento al modo en que las cosas están siendo, se fija en los procesos por los que las cosas llegan a ser o dejan de ser. De esta manera, la filosofía puede ser llamada ontología (onto = ser; logos = razón).
  • Ciencia racional de las cosas: En Grecia la filosofía es entendida como una averiguación de lo que cada cosa es. Para ello la inteligencia humana tiene que distinguir y diferenciar lo que las cosas son. La inteligencia se convierte en logos, es decir, en una facultad con la que no sólo se nombran o dicen las cosas, sino que se analizan. Se desarrolla así el raciocinio y una capacidad analítica que dará lugar al desarrollo de las matemáticas, la música y las demás ciencias.
  • Retórica y cultura: El logos del hombre griego no es solamente la facultad de entender las cosas sino de darlas a conocer a los demás. Para ello, el hombre tiene que aprender a comunicarse. Y esto significa que no hay conocimiento si no hay un saber decir, saber comunicar, saber argumentar y, también, saber enseñar. La filosofía aparece entonces como una "técnica" no sólo para saber expresarse, sino también para convivir en la ciudad (polis).
¿Del mito al logos?
Un tópico extendido sobre el nacimiento de la filosofía es entender su origen como un paso del mito al logos. Esto no es cierto, pues para los griegos, los mitos (narraciones poéticas que pretenden dar una explicación general a los problemas de la existencia y la realidad) son ya una búsqueda de respuestas y un pensamiento filosófico en ciernes. La oposición mito-logos la hemos heredado del pensamiento ilustrado de los siglos XVIII y XIX, pero no es aplicable como tal a los griegos.


Fresco pintado por Tibaldi en la Biblioteca de El Escorial (Madrid)
La Filosofía con Aristóteles, Platón, Séneca y Sócrates
El filósofo: ni sabio, ni ignorante
... He aquí, pues, lo que sucede. Ninguno de los dioses se ocupa de filosofar ni desea hacerse sabio, pues ya lo es, ni filosofa nadie que sea sabio. Tampoco los ignorantes se ocupan en filosofar ni desean hacerse sabios, pues el mal de la ignorancia estriba en que el que la padece no es ni noble, ni bello, ni sabio, y sin embargo, cree serlo en grado suficiente. Quien no cree estar falto de nada, no siente deseo de lo que no cree necesitar.
- Entonces, ¿quiénes son los que filosofan, Diotima -le dije yo- si no son los sabios ni los ignorantes?
- Es algo tan claro que hasta un niño lo vería -respondió ella-. Los que filosofan son los que están a medio camino de unos y otros.
Platón, El banquete (adaptado)