Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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lunes, 28 de septiembre de 2015

La Psicología después de Kant

La psicología, que a finales del siglo XVIII carecía aún de cátedras en las facultades, había encontrado en Kant a un aliado que abogaba por su independización de la metafísica y su transformación, como había hecho la física, en una disciplina universitaria. Uno de los mecanismos por los que esta transformación iba a darse tiene que ver precisamente con una reconstrucción retrospectiva de la historia de la psicología como ámbito de saber, algo que empieza a realizarse mediante capítulos específicos (fundamentalmente centrados en la asociación de ideas) dentro de los manuales de historia de la filosofía.
El primer manual de Historia de la Psicología propiamente dicho aparecería en 1808, de la mano de Friedrich August Carus (1770-1807), un autor que se inscribe tanto en la tradición crítica kantiana como en la filosofía especulativa de la historia de la humanidad y su ideal de realización. Carus describe en esta historia el progreso que va desde las ideas mitológicas sobre el alma hasta la psicología empírica de su época. Influido por las ideas románticas, su objetivo último consiste en ofrecer la historia del esclarecimiento progresivo de la conciencia de sí de la naturaleza espiritual (Carus, 1808). Para Carus, el progreso de esta ciencia constituye en sí mismo un desarrollo de la conciencia de sí, de la conciencia que el espíritu humano tiene de sí mismo. Su propia obra se presenta como ejemplo ilustrativo de una etapa avanzada.
Esta conciencia de sí constituye de hecho el rasgo fundamental de la subjetividad moderna, una subjetividad en la que había empezado a indagar una literatura psicológica en auge, que no se restringe a la academia ni a los debates metodológicos sino que adopta también una forma más popular. En esa literatura destaca por ejemplo la obra de Karl Philipp Moritz (1756-1793), autor de una innovadora novela (Bildungsroman) autobiográfica, Anton Reiser (1786), y director de una de las primeras revistas de psicología, el Magazin zur Erfahrungsseelenkunde. La novela psicológica y autobiográfica de Moritz aparece como el lugar de emergencia y despliegue de una subjetividad propia, en un ejercicio de introspección. Esa auto-indagación personal, por otro lado, se ve completada por la indagación que realiza en las almas de otros a través de su Magazin, cuyo lema plantea que conocer a los demás en su subjetividad es también conocerse a sí mismo.

El romanticismo, a través de la literatura, con figuras como Novalis o lderlin, no hará sino ahondar en esa subjetividad hasta la saciedad, señalando las limitaciones de la investigación psicológica realizada hasta el momento (entre el dogmatismo de la psicología racional y las primeras aproximaciones a la medición de facultades) y reclamando una psicología más profunda, compleja y espiritual. En ese movimiento, Novalis, por ejemplo, escribirá:

Es curioso que hasta ahora el interior del hombre haya sido tan escasamente observado y tratado de una forma tan poco espiritual. La llamada psicología pertenece también a las máscaras que han usurpado los lugares del santuario en los que deberían estar las auténticas imágenes de los dioses. ¡Qué poco se ha utilizado aún la física para el estado de ánimo, y el estado de ánimo para el mundo exterior! Entendimiento, fantasía, razón: ése es el mezquino entramado del universo en nosotros. Ni una palabra de sus maravillosas mezclas, estructuraciones y transiciones. A nadie se le ha ocurrido buscar fuerzas nuevas, aún desconocidas, espiar sus relaciones sociales. ¿Quién sabe qué maravillosas uniones, qué maravillosas generaciones se nos ofrece en nuestro propio interior?

La tradición romántica será además una influencia fundamental en el desarrollo de la filosofía posterior a Kant, en especial para el ldealismo absoluto (Fichte, Schelling, Hegel), que en parte reaccionará contra su filosofía crítica. Si, como planteaba Kant, sólo podemos conocer las cosas tal y como se nos presentan a la experiencia (fenómenos o cosa para mí), y no la realidad que está s allá, el noúmeno (cosa en sí), esta nueva filosofía concluirá que entonces lo único real es nuestro pensamiento, haciendo del Yo el origen de todas las cosas. Desde esa perspectiva, se planteará que toda ciencia debe ser construida a priori, haciendo de la psicología racional la única psicología posible. Por otro lado, más allá de este idealismo absoluto, y posicionándose contra él, Herbart (1776-1841), sucesor de Kant en su cátedra de Königsberg (y antiguo alumno de Fichte), hará una relectura crítica muy diferente de la Crítica de la Razón Pura, apostando por un realismo crítico o de la experiencia, en el que la psicología empírica, como ciencia de las representaciones, jugará un papel fundamental.

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