Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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viernes, 16 de septiembre de 2011

Desperdiciar


Espido Freire con los alumnos de 2º Bachillerato del
IES Santiago Apóstol de Almendralejo (Badajoz),
visto en la página web del centro

Este artículo de Espido Freire ha aparecido hoy en la columna del diario gratuito adn. Me parece interesante que le echemos un vistazo:

Los recortes en Educación (tijeretazos para cubrir apariencias, muestra de que los dirigentes siguen siendo cortoplacistas y que en sus prioridades no está un futuro en el que ya no se encontrarán ellos) se han llevado por delante el Programa de Invitación a la Lectura que había iniciado Ramón Acín en Aragón, y que había funcionado magníficamente durante 25 años.
Así, escritores de toda España, de estilos diversos y edades dispares, se acercaban a los institutos, y conversaban o leían con los adolescentes, que habían estudiado y preparado sus obras con antelación. El éxito inmediato del encuentro dependía del interés del Departamento de Lengua, de la conducta de los chicos y del encanto del escritor; pero a medio plazo el efecto era siempre beneficioso: en ocasiones sería la única oportunidad que tendrían los muchachos en toda su vida de estudiante de conversar cara a cara con un escritor; el único espacio que el anémico temario de Lengua y Literatura podía brindarle a la poesía, por ejemplo. Y un refuerzo a las enseñanzas y consejos de los profesores. Era barato (los autores acudíamos por un precio simbólico), sencillo (involucraba poca burocracia), eficaz (años más tarde los alumnos, ya adultos, recordaban con cariño esos encuentros) y democrático, porque abarcaba desde los pueblitos más remotos a los barrios centrales de Zaragoza. Veinticinco años a la basura, por una decisión más política que económica. Una muestra más de con qué alegría desperdiciamos cuando nos hacen creer que ahorramos.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Arte y ciencia: la creatividad

Llamamos creatividad a la capacidad que posee el ser humano de generar estructuras mediante las que puede interpretar la realidad. Si la materia de dicha interpretación consiste en formas que causan emoción en el espectador, estamos refiriéndonos al arte. Si, por el contrario, las estructuras mentales se presentan formalizadas a través de un lenguaje simbólico que tiene la pretensión de convertirse en un conocimiento universal necesario, nos encontramos ante la ciencia.
Ambas constituyen las dos vertientes posibles de un mismo proceso creador. El arte corresponde a una fase del conocimiento que llamaríamos intuitiva, frente a la ciencia, que corresponde a una fase intelectiva o racional.

El método científico
Su mecanismo de funcionamiento es el siguiente: el punto de partida es la realidad como un todo; de ella se seleccionan aquellos fenómenos que son considerados datos relevantes para la investigación. Tal elección se realiza de acuerdo con una teoría previa, cuya raíz última no es otra cosa que la decisión subjetiva de un científico o de una comunidad científica. Kuhn distinguió entre períodos de "ciencia normal", que son aquellos en que la comunidad de científicos adopta el paradigma científico vigente, y períodos de "revoluciones científicas", en los que se inventan nuevas teorías. El comienzo de cualquier investigación científica tiene, pues, un fuerte índice de subjetividad. A partir de los datos obtenidos, se elaboran, por inducción, hipótesis, que dan lugar a un modelo, del que se derivan unas conclusiones que deben ser verificables por la experiencia.

El proceso artístico
Al igual que en la ciencia, se parte de la realidad, de la que se toman unos fenómenos, seleccionándolos según la sensibilidad del estilo vigente o según una nueva "metáfora". El artista, una vez ha seleccionado las experiencias, las convierte en formas, intensificando detalles de la realidad. Las formas empleadas serán palabras, líneas, colores, sonidos, volúmenes, etc., que, combinadas de acuerdo a determinadas reglas, ya sean de inspiración original o extraídas de un estilo convencional, darán lugar a un modelo u obra terminada que debe ser comunicado al espectador para que se produzca una experiencia estética determinada.

La habitación de Arlés, de Van Gogh

El arte tiene dos vidas: una en el autor y otra en el espectador; la obra debe renacer en el espectador; la emoción inspiradora del artista debe reencarnarse en el contemplador para que éste sienta la realidad transfigurada.
Así pues, la convergencia entre arte y ciencia es plena en el momento del acto creativo, pero desconocemos cómo se produce tal acto. ¿Qué estado mental podría corresponderse con la capacidad de lograr una síntesis nueva a partir de elementos preexistentes? Racionero propone la metáfora de la onirosíntesis (síntesis del sueño) como el estado ideal en que se produce la creación humana, una combinación inconsciente realizada en un estado similar al sueño. El proceso creativo es un regreso de la mente a lo indiferenciado, a las fases anteriores a la lógica y al lenguaje, donde se puede producir una intercambiabilidad de las cosas como se da en el sueño. Una vez completada esta etapa del "viaje", la mente vuelve a la conciencia llevando consigo una síntesis nueva de elementos antes inconexos. El acto de creación es una iluminación súbita, una revelación instantánea en forma de imagen o relación de conceptos. Pero ella sólo se produce si la mente ha sido preparada mediante un gran esfuerzo previo en el estudio del problema.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Arte y genio en Schopenhauer

Las creaciones inmortales son siempre obras del genio. Las características que Schopenhauer atribuye al genio son: 
Madre y niño (1921)
Museo Picasso de Málaga

  1. Imaginación: En primer lugar, es necesario considera la imaginación como una características absolutamente imprescindible de la genialidad. Sin duda alguna, constituye su cualidad esencial, aunque no conviene identificar plenamente imaginación y genio. La tarea de la imaginación consiste en ampliar casi hasta el infinito el horizonte de visión del individuo genial, de tal modo que éste pueda superar ampliamente su perspectiva personal y colocarse en una situación privilegiada desde la que, a partir de los datos que llegan a su percepción, pueda hacer desfilar antes sus ojos "casi todos los cuadros posibles de la vida". La imaginación es una condición esencial del genio, pues sólo mediante ella puede superar las coordenadas espacio-temporales.
  2. El genio frente al individuo vulgar: Además de la imaginación, el genio posee una serie de cualidades que Schopenhauer va desgranando al hilo de su comparación con el individuo vulgar. A éste le niega la capacidad para una verdadera contemplación estética, pues la persona vulgar sólo es capaz de dirigir su atención a las cosas que se relacionan con la voluntad de vivir. Es incapaz de detenerse en la contemplación de cualquier objeto, ya sea una obra de arte, un aspecto bello de la Naturaleza o un momento de su propia vida; para aquélla solamente sirven los datos. Por el contrario, la persona con genio se recrea en la contemplación de la vida por lo que ella es en sí misma, y se esfuerza por penetrar en la idea de cada cosa, prescindiendo de sus relaciones con los demás objetos. Schopenhauer hace una comparación muy plástica de las diferencias entre el individuo vulgar y el genio: "Así como para la persona de todos los días el conocimiento es como una linterna que dirige sus pasos, para el genio es el Sol el que ilumina el mundo y revela su sentido". La diferencia entre la luz procurada por la linterna y la luz que nos proporciona el Sol es, sin duda, la metáfora más apropiada para expresar la distancia existente entre el conocimiento ordinario y el genial.
  3. Razón-genio-locura: Curiosos e interesantes son los análisis que realiza Schopenhauer acerca de las relaciones entre razón-genio-locura: "Es raro encontrar mucho genio unido a mucha razón; por el contrario, un talento genial está sometido muchas veces a vivos afectos y a pasiones poco razonables". La persona prudente nunca será genial, y el genio será el ser más ajeno al individuo prudente. Puesto que la conducta del genio no está dirigida por la razón, sino por la intuición, el influjo de lo inmediato le suele conducir a la irreflexión, al arrebato y a las pasiones. Además, genialidad y locura pueden llegar a coincidir en el momento de la inspiración, ya que éste es el momento en que la inteligencia se libera completamente de su tiranía a la voluntad de vivir; y, por ello, se trata de un estado que, en sí mismo, es antinatural.
  4. Melancolía e infantilismo: Schopenhauer señala también como una de las condiciones esenciales del genio la melancolía. Frente al individuo vulgar que suele generar seguridad en el enfrentamiento continua a la realidad, el genio sucumbe, a menudo, en el decaimiento y la nostalgia, ya que se percata claramente de las miserias de la vida humana. Igualmente puede atribuírsele un cierto infantilismo, ya que se trata de un estado mental tan libre de las sujeciones de las miserias de la realidad sensible, que sólo podemos encontrarlo en la etapa infantil del ser humano.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Arte y genio en Kant

Para los griegos, el estado ideal de creación artística consistía en el "endiosamiento", esto es, en el hecho de que el artista se convertía en un medium (medio) a través del cual la diosa o musa se manifestaba y expresaba. Pues bien, este concepto se transforma en Kant en el concepto de genio.


El entierro del Conde Orgaz, pintado por El Greco, representa un ejemplo perfecto del poder creador del genio.

Junto al gusto, que es la facultad de juzgar lo bello, Kant propone el genio como la facultad de crear o producir objetos bellos. Veamos las dos definiciones, complementarias entre sí, que da Kant de "genio":
  • Genio es el talento (o don natural) que da la regla al arte.
  • Genio es la capacidad espiritual innata mediante la cual la Naturaleza da la regla al arte.
De estas dos afirmaciones, nos interesa extraer las siguientes ideas:
a) El genio es un don, es un regalo que la Naturaleza proporciona a la persona, al artista, para que pueda crear objetos bellos.
b) Ese talento, esa capacidad es absolutamente innata (no producida, sino que nace con la vida) y, mediante ella, el artista se comporta en la creación de objetos bellos como si fuera Naturaleza. El artista es así una Naturaleza creadora. De ahí que Kant señale para el genio las cualidades siguientes:
  1. Originalidad. El genio produce los objetos bellos sin tener en cuenta regla alguna, sino simplemente guiándose por las ideas de su propia imaginación o mente. El genio se opone a lo que Kant llama el espíritu de la imitación, esto es, el genio jamás imita a nadie. Ciertamente, todo proceso de aprendizaje lleva consigo una cierta imitación. Pero lo que hace el genio es, en todo caso, seguir las orientaciones de otros genios; es en este sentido en el que decimos que los productos del genio son modelos y ejemplares para que puedan ayudar a otros genios.
  2. Los productos del genio, las obras de arte realmente geniales, se convierten en modelos, en productos ejemplares que sirven y orientan a otros artistas, entre los que puede aparecer algún nuevo genio. Asimismo, ofrecen criterios fiables que pueden ayudar a distinguir entre una verdadera obra de arte y un producto que, aunque parece obra de arte, es simplemente fruto de la habilidad y de la imitación.
  3. Dado que el genio es Naturaleza y no es ciencia, no puede comunicar a nadie las reglas conforme a las cuales produce su arte. En ello se distingue claramente de la ciencia, cuyos contenidos más difíciles pueden ser aprendidos con esfuerzo y buenos maestros. Puesto que se trata de una capacidad espiritual innata, es imposible aprender o enseñar la genialidad; el artista nace, el científico se hace.

sábado, 20 de agosto de 2011

Arte y Naturaleza

Una belleza de la Naturaleza es una cosa bella; la belleza artística es una bella representación de una cosa.
(Kant, Crítica del juicio)

Para Kant, el arte no es Naturaleza, la cual crea todos los objetos (desde la piedra hasta el ser humano) de acuerdo con principios libres y no regulables por ningún elemento ajeno a ella. Ni tampoco es ciencia, cuya tarea esencial consiste en imponer reglas, leyes y teorías, con el fin de conocer la realidad.
El arte no es tan libre como la Naturaleza, aunque pretende, por encima de todo, esa libertad; ni tampoco está sometido a reglas como la ciencia, sino que consiste en una especial actividad gracias a la cual el ser humano "libremente" (pero también conforme a unas reglas y habilidades) crea objetos bellos, cuya realización lleva consigo una especial satisfacción en el sujeto y cuya contemplación debe producir un sentimiento de placer en el contremplador estético.
El arte bello se distingue del arte mecánico y de las artes de lo agradable. El arte mecánico es aquel en el que el sujeto lo único que hace es aplicar una serie de normas para crear objetos, lo cual requiere un conocimiento previo de lo que debe ser el objeto. Ése es el caso del carpintero que fabrica una mesa o una silla, o del herrero que fabrica una herradura. Por su parte, las artes de lo agradable son aquellas que tienen como fin el goce de vestir bien, el arte de saber llevar una conversación, el arte de la decoración, de la jardinería, etc.
Frente a éstos, el arte bello consiste en la creación libre y desinteresada de un objeto sin conocimiento previo alguno de lo que se deba saber de ese objeto, utilizando para ello la imaginación, el gusto y una cierta habilidad, siempre necesaria en todo artista para poder plasmar sus ideas en la obra de arte.
Kant insiste en algo que va a tener muy en cuenta la Estética posterior: los productos artísticos tienen que estar hechos tan libres de sujecciones a regla alguna que puedan parecer objetos de la Naturaleza. El arte debe imitar la Naturaleza del mismo modo que la Naturaleza, en algunos de sus objetos (por ejemplo, el caracol, algunas hojas de múltiples lóbulos, algunos patos que parecen de porcelana...), parece imitar el arte.



Nenúfares de Monet
La Naturaleza era bella cuando al mismo tiempo parecía ser arte, y el arte no puede llamarse
bello más que cuando, teniendo nosotros conciencia de que es arte, sin embargo parece Naturaleza.
Kant, Crítica del juicio