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domingo, 18 de noviembre de 2012
viernes, 16 de noviembre de 2012
El pensamiento filosófico
Hacer filosofía es una tarea que arranca de la misma vida humana. No se puede ser realmente una persona "humanizada" si no es poniendo en marcha el ejercicio de la razón y planteando cuestiones e interrogantes sobre su misma constitución y sentido.Por eso, la filosofía no es un saber ya hecho, terminado y zanjado que solo haya que incorporar a nuestro bagaje cultural. La filosofía es una aventura personal y nadie la puede vivir por nosotros. Esta aventura filosófica puede convertirse en la aventura misma del vivir, si lo que buscamos en nuestra vida es mayor claridad, libertad y felicidad. Como en toda aventura, los peligros siempre acechan, por lo que es importante que para este viaje nos procuremos los medios que nos permitan avanzar en la travesía: métodos de pensamiento y análisis, conceptos y argumentaciones e, incluso, el conocimiento mismo de la historia de la filosofía.
Utilidad de la Filosofía
Los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración: al principio admirados ante los fenómenos sorprendentes más comunes; luego, avanzando poco a poco, planteándose problemas mayores. Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por alguna utilidad. Y así lo atestigua lo ocurrido. Pues esta disciplina comenzó a buscarse cuando ya existían las cosas necesarias y las relativas al descanso y al ornato de la vida. Es, pues, evidente que no la buscamos por alguna utilidad, sino que, así como llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro, así consideramos a esta como la única ciencia libre, pues esta sola es para sí misma.
Aristóteles, Metafísica (adaptado)
Necesidad de la Filosofía
Haber filosofía en el mundo significa, sin remedio, existir en el mundo, tácito o sonoro, este grito: ¡el ser viviente que no es filósofo es un bruto! En el orbe intramundano todo lo que no es filosofía es sonambulismo y los animales se caracterizan por su existencia sonambúlica. Conste que yo no digo esto: lo ha dicho el hecho mismo "filosofía".
Después de su edad heroica en Jonia y en la Magna Grecia, en Mileto y en Elea, los filósofos han procurado dulcificar la cosa envolviendo el insulto en melifluencia. Sócrates dirá en la Apología: "una vida sin filosofía no es vividera para el hombre". Aristóteles dirá: "todas las demás ciencias que no son filosofía son más necesarias que esta, pero ninguna es más importante". Réstense los eufemismos y se tropezará con el insulto.
Ortega y Gasset, Apuntes sobre el pensamiento, su teurgia y demiurgia (adaptado)
Ir de camino
La palabra griega "philosophós" se formó en oposición a "sophós". Se trata del amante del conocimiento (del saber) a diferencia de aquel que estando en posesión del conocimiento se llamaba sapiente o sabio. Este sentido de la palabra ha persistido hasta hoy: la búsqueda de la verdad, no la posesión de ella, es la esencia de la filosofía. Filosofía quiere decir: ir de camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se convierte en una nueva pregunta.
Jaspers, La filosofía (adaptado)
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Qué es la Filosofía
domingo, 11 de noviembre de 2012
Las utopías actuales
Los problemas actuales son múltiples, enormemente complejos y de difícil solución, pero, de acuerdo con esta situación, han cobrado pleno auge y vigor una amplia gama de ideales, entre los que conviene destacar el pacifismo, la igualdad intersexos, el ecologismo, la lucha contra la pobreza y la preocupación por nuestra conducta.
A - Pacifismo
Ante la carrera armamentista mundial, la proliferación de armas nucleares y de destrucción masiva y los elevados presupuestos bélicos de casi todos los Estados, cobran un significado especial los ideales pacifistas y los movimientos de objetores de conciencia.
En este sentido, en nuestra época podemos destacar los siguientes movimientos y actividades:
A - Pacifismo
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| Albert Einstein (1879-1955) |
En este sentido, en nuestra época podemos destacar los siguientes movimientos y actividades:
- La campaña contra la fabricación y el almacenamiento de ingenios nucleares, llevada a cabo por numerosos científicos, entre los que destacan Einstein, Russell y Huxley.
- Las ideas expresadas por varias autoridades de las distintas iglesias, especialmente las puestas de relieve por el Papa Juan XXIII en su encíclica Pacem in terris (1963), en donde se insistió en la conveniencia de constituir una autoridad pública con competencias universales.
- La proliferación de grupos y de movimientos pacifistas entre los que destacaron los objetores de conciencia.
- Finalmente, conviene resaltar que, en las últimas décadas del siglo XX, tuvieron lugar diversos acontecimientos encaminados a reducir los arsenales existentes, entre los que merecen destacar el tratado celebrado entre los presidentes de los EE.UU. y de la antigua URSS, Reagan y Gorbachov, en el año 1987, en virtud del cual acordaron la eliminación de los misiles de corto y de medio alcance, el acuerdo de París en 1989, por el cual 149 Estados se comprometían a eliminar su armamento químico, la caída del Muro de Berlín, símbolo de la guerra fría, en ese mismo año, y sobre todo la firma entre Yeltsin y Bush de los acuerdos Start-2.
En relación con estos hechos, podemos plantearnos la posibilidad y la realidad del pacifismo, ¿se puede ser pacifista a la ultranza? ¿Qué cabe hacer cuando un Estado es agredido por otro? ¿En nombre de la paz, podemos permanecer inactivos en medio de la injusticia, la barbarie y la crueldad? Hacia finales de los años treinta del siglo XX existió un movimiento que predicaba la paz a cualquier precio y el desarme a toda costa, incluso frente a Hitler. Pero, como luego se comprobó, los programas y las intenciones de Hitler eran atroces, su ambición desmedida y en sus campos de concentración y exterminio (Auschwitz, Dachau, Mauthausen...) perecieron numerosas personas, entre ellas, también, muchos pacifistas. ¿Qué hubiera sucedido si el resto de los Estados, en nombre del pacifismo, hubieran llevado a cabo un programa de desarme? ¿En casos semejantes se puede permanecer inactivos? ¿Existe alguna manera de evitar por medios pacíficos la existencia de casos como éste? ¿Podemos declararnos pacifistas a cualquier precio? ¿Es antes la justicia o la paz? ¿Podemos condenar a todos cuantos se preparan para la guerra? ¿Podemos estar seguros de que no volverá a surgir un nuevo Hitler capaz de repetir análogos ensayos?
Los objetores de conciencia
Los ideales pacifistas han adquirido su plasmación efectiva dentro de la sociedad en los objetores de conciencia.
En este sentido, se entiende por objetor de conciencia aquella persona que por motivos religiosos o éticos rechaza llevar a cabo cualquier actividad relacionada con la preparación militar.
El reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia comenzó en la Guerra de la Independencia y en la Guerra de Secesión de los EE.UU., pero fue sobre todo durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales cuando aparecieron y se extendieron numerosas organizaciones de objetores y, en la actualidad, la mayor parte de los Estados democráticos reconocen legalmente el derecho a este tipo de objeción.
B - La igualdad intersexos
Debido a una amplia serie de prejuicios históricos, las mujeres han sido víctimas de numerosas discriminaciones de tipo social, cultural, laboral y sexual, y en este contexto adquieren un sentido especial los ideales de lucha por la igualdad en todas las actividades.
En casi todas las épocas de la historia podemos encontrar personas disconformes con la injusta situación de las mujeres; pero el trabajo y las reivindicaciones en favor de la igualdad sólo comenzaron a cobrar cierta importancia a partir del siglo XIX y recibieron su máximo impulso tras la Primera Guerra Mundial, así, Gran Bretaña reconoció el derecho de voto femenino en el año 1918, los EE.UU. lo hicieron en 1920 y poco más tarde 21 naciones. Después de la Segunda Guerra Mundial, en la Declaración de los Derechos Humanos, explícitamente se reconoció la plena igualdad intersexos y, a partir de entonces, este derecho se incorporó a numerosas constituciones. En la actualidad, diversos tratados internacionales intentan reforzar esta igualdad, destacando entre todos ellos el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de los Derechos Económicos y Culturales.
En consonancia con estas situaciones, en nuestros días, el feminismo constituye uno de los movimientos más importantes y está originando profundos cambios en casi todos los campos de la sociedad:
a) En el campo ideológico, el movimiento feminista ha puesto de relieve que las tradicionales ideologías, tanto de izquierdas como de derechas, por encima de sus profundas diferencias coincidían en separar lo doméstico de lo público, dando prioridad a los hombres en este último sector y tendiendo a relegar a las mujeres al sector doméstico. Frente a esta situación, el feminismo defiende la identidad de papeles profesionales para ambos sexos.
b) En el campo de la cultura, los movimientos feministas demandan una cultura no sexista y, a este fin, dirigen sus críticas a todos los dominios de la enseñanza, de las artes, de los medios de comunicación, etc., con la intención de eliminar la tradicional distinción de roles femeninos y de roles masculinos.
c) En el dominio de la vida política, las mujeres intervienen cada día más en las decisiones políticas, han surgido partidos feministas y grupos de presión dentro de los propios partidos, y cada vez son más las mujeres que acceden a puestos de amplia responsabilidad.
d) En el dominio laboral, se intenta el reconocimiento del derecho de la mujer a acceder a todos los trabajos, oficios y profesiones, y la implantación de la igualdad salarial.
No obstante, si en el plano legal y formal (teórico) han tenido lugar grandes logros, no sucede lo mismo en el plano práctico, y de hecho, el pasado, la tradición, aún pesa mucho y, por tanto, es necesario mantener viva la idea de que toda distinción de status y de roles es injusta, por consiguiente, es necesario ir desterrando los numerosos residuos sexistas que aún resultan patentes en la conducta colectiva de la sociedad. El feminismo, pues, tiene ante sí todavía un amplio trecho que recorrer.
C - El ecologismo
El consumismo, la explotación desmedida de los recursos naturales, y la creación de múltiples productos artificiales están originando graves problemas de erosión y de contaminación en el hábitat terrestre; a este aspecto, durante las últimas décadas, se han producido numerosas catástrofes ecológicas cuyas consecuencias se están dejando sentir en el equilibrio de amplias zonas: desaparición de grandes masas de bosques, polución del aire y del agua, avance de los desiertos, destrucción de la capa de ozono, efecto invernadero, etc.
Con el firme propósito de paliar estas consecuencias, tienden a proliferar gran cantidad de programas ecológicos. En este sentido, el ecologismo pretende ser una nueva filosofía y una profunda reflexión moral que aspira a moderar el comportamiento consumista de los seres humanos y que intenta crear nuevos hábitos tendentes a respetar la Naturaleza.
De esta manera, el ecologismo trata de sustituir el desarrollo cuantitativo, por un progreso cualitativo, en el que tenga lugar, al mismo tiempo, un mayor aprovechamiento y una mejor distribución de los recursos naturales e intenta promocionar una nueva cultura en la que las realizaciones técnicas sean plenamente compatibles con las exigencias del equilibrio ecológico.
D - La lucha contra la pobreza
Frente al confort y la abundancia de los países de Europa, Japón, América del Norte y Australia, una gran parte del planeta vive en una situación de extrema necesidad y sus ciudadanos son víctimas del hambre, la miseria y las enfermedades. Paradójicamente, esta negativa situación no solamente tiene lugar en los pueblos del Tercer Mundo: Somalia, Etiopía, Ruanda, Bangla Desh, Birmania, etc., sino también en los propios países ricos, es decir, en los propios Estados en los que sobran alimentos y hay graves problemas de stock, existen numerosos mendigos que son víctimas de grandes privaciones y apenas pueden alimentarse, mientras que otras muchas personas no poseen vivienda y subsisten con grandes estrecheces.
La producción actual de bienes y alimentos es prácticamente suficiente para acabar con el hambre y la miseria en nuestro planeta, pero existen numerosos problemas internacionales que impiden que pueda lograrse una adecuada distribución de las riquezas. Las Naciones Unidas, a través de sus diversas organizaciones, UNESCO, OMS, UNICEF, etc., intentan paliar estas situaciones. En este sentido, adquirió una relevancia especial el programa Agenda 21 (llamado así por estar orientado a procurar remediar los desequilibrios económicos, ecológicos y sociales para el siglo XXI), que fue aprobado en junio de 1992 en la ciudad brasileña de Río de Janeiro y, en virtud del cual, los países desarrollados se comprometieron a dedicar por lo menos el 0'7% del su PIB a la ayuda de los países pobres.
Ante estos problemas, tienden a surgir distintos grupos encaminados a promocionar los ideales de solidaridad, lucha por un reparto mejor de los recursos económicos y preocupación por las personas necesitadas, tanto en nuestros Estados como en el Tercer Mundo.
E - Preocupación por nuestra conducta
Con el aumento del tiempo de ocio y la mayor disponibilidad de medios económicos, están proliferando numerosas conductas crasamente hedonistas, preocupadas casi exclusivamente por el consumo, el lujo y el placer; por otra parte, la divulgación del automóvil y de otros tipos de vehículos de desplazamiento rápido origina en nuestros días un número elevado de víctimas mortales. Ante estas situaciones, alcanzan singular importancia los ideales tendentes a resaltar la prudencia, las conductas altruistas, los lazos familiares, el espíritu deportivo y el desarrollo de una ética automovilística que humanicen nuestras sociedades, nuestras calles y nuestras carreteras, y reduzca el número y la gravedad de los accidentes.
Pero, los numerosos esfuerzos tendentes a la difusión de estos ideales chocan, frecuentemente, con numerosas trabas que se oponen a ellos: surgimiento de nuevas guerras, progreso de ciertos fanatismos, existencia de numerosas discriminaciones e injusticias, desarrollo de una economía internacional fuertemente competitiva, individualista y totalmente irrespetuosa con el medio ambiente, propaganda tremendamente agresiva, dirigida especialmente a los jóvenes, incitándoles a un consumismo a ultranza, multitud de invitaciones a la masificación, a la mentalidad nacionalista y a las conductas irracionales, hinchas y hooligans deportivos, conductas fascistas y xenófobas, uso de estupefacientes y drogas, conductas temerarias, etc. El ser humano siempre es capaz de lo mejor y de lo peor, por eso, como en casi todas las épocas, también en la actual, las perspectivas positivas son tantas como las negativas y, en último término, el porvenir de la humanidad siempre depende en gran medida de los ideales que pueda suscitar.
Con el firme propósito de paliar estas consecuencias, tienden a proliferar gran cantidad de programas ecológicos. En este sentido, el ecologismo pretende ser una nueva filosofía y una profunda reflexión moral que aspira a moderar el comportamiento consumista de los seres humanos y que intenta crear nuevos hábitos tendentes a respetar la Naturaleza.
De esta manera, el ecologismo trata de sustituir el desarrollo cuantitativo, por un progreso cualitativo, en el que tenga lugar, al mismo tiempo, un mayor aprovechamiento y una mejor distribución de los recursos naturales e intenta promocionar una nueva cultura en la que las realizaciones técnicas sean plenamente compatibles con las exigencias del equilibrio ecológico.
D - La lucha contra la pobreza
Frente al confort y la abundancia de los países de Europa, Japón, América del Norte y Australia, una gran parte del planeta vive en una situación de extrema necesidad y sus ciudadanos son víctimas del hambre, la miseria y las enfermedades. Paradójicamente, esta negativa situación no solamente tiene lugar en los pueblos del Tercer Mundo: Somalia, Etiopía, Ruanda, Bangla Desh, Birmania, etc., sino también en los propios países ricos, es decir, en los propios Estados en los que sobran alimentos y hay graves problemas de stock, existen numerosos mendigos que son víctimas de grandes privaciones y apenas pueden alimentarse, mientras que otras muchas personas no poseen vivienda y subsisten con grandes estrecheces.
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| Mapa con la distribución de los países ricos y los países pobres |
Ante estos problemas, tienden a surgir distintos grupos encaminados a promocionar los ideales de solidaridad, lucha por un reparto mejor de los recursos económicos y preocupación por las personas necesitadas, tanto en nuestros Estados como en el Tercer Mundo.
E - Preocupación por nuestra conducta
Con el aumento del tiempo de ocio y la mayor disponibilidad de medios económicos, están proliferando numerosas conductas crasamente hedonistas, preocupadas casi exclusivamente por el consumo, el lujo y el placer; por otra parte, la divulgación del automóvil y de otros tipos de vehículos de desplazamiento rápido origina en nuestros días un número elevado de víctimas mortales. Ante estas situaciones, alcanzan singular importancia los ideales tendentes a resaltar la prudencia, las conductas altruistas, los lazos familiares, el espíritu deportivo y el desarrollo de una ética automovilística que humanicen nuestras sociedades, nuestras calles y nuestras carreteras, y reduzca el número y la gravedad de los accidentes.
Pero, los numerosos esfuerzos tendentes a la difusión de estos ideales chocan, frecuentemente, con numerosas trabas que se oponen a ellos: surgimiento de nuevas guerras, progreso de ciertos fanatismos, existencia de numerosas discriminaciones e injusticias, desarrollo de una economía internacional fuertemente competitiva, individualista y totalmente irrespetuosa con el medio ambiente, propaganda tremendamente agresiva, dirigida especialmente a los jóvenes, incitándoles a un consumismo a ultranza, multitud de invitaciones a la masificación, a la mentalidad nacionalista y a las conductas irracionales, hinchas y hooligans deportivos, conductas fascistas y xenófobas, uso de estupefacientes y drogas, conductas temerarias, etc. El ser humano siempre es capaz de lo mejor y de lo peor, por eso, como en casi todas las épocas, también en la actual, las perspectivas positivas son tantas como las negativas y, en último término, el porvenir de la humanidad siempre depende en gran medida de los ideales que pueda suscitar.
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Pensamiento utópico
sábado, 27 de octubre de 2012
sábado, 20 de octubre de 2012
El pensamiento utópico en la historia
El pensamiento utópico prácticamente surge con los primeros albores de la Historia, pues en casi todos los pueblos en contraste con un presente desgarrado, infeliz y lleno de penalidades, se tiende a presentar, al mismo tiempo, una época pasada de felicidad, heroísmo y grandeza y un futuro de esperanza en el que los problemas y las dificultades del presente encontrarán su solución y las antiguas glorias volverán a surgir.
Ideas de este género se narran frecuentemente en el Antiguo Testamento, en las tradiciones hinduistas, en el sintoísmo, en las epopeyas griegas de la Ilíada y la Odisea, en la romana de la Eneida, etc. Dejando aparte estas esperanzas de carácter predominantemente mesiánico, vamos a presentar el surgimiento de los distintos ideales humanos a través de las diversas vicisitudes históricas que han contribuido a la formación de las sociedades actuales. En este sentido, a lo largo de la Historia europea podemos distinguir las etapas siguientes.
1.- Grecia y Roma: democracia, ciencia y derecho
En Grecia encontramos ya los dos grandes ideales, las dos mayores utopías de Occidente, a saber, la democracia y la ciencia.
En sus comienzos, Grecia, como el resto de los pueblos antiguos, fue gobernada por un sistema monárquico y por una minoría aristocrática y noble, los eupátridas; pero, paulatinamente, fueron introduciéndose nuevas formas de participación política hasta llegar, en el siglo V a.C., al establecimiento de la democracia en Atenas.
Por otra parte, fue surgiendo también una nueva forma de afrontar los problemas del mundo y las relaciones humanas y, frente a las interpretaciones míticas de los siglos anteriores, en el siglo VI a.C. tuvo lugar el nacimiento de la Ciencia, el pensamiento racional o Filosofía. En este sentido, desde el siglo VII a.C., los pensadores griegos, Tales, Parménides, Heráclito, Demócrito y, sobre todo, los grandes pensadores de la época clásica, Sócrates, Platón y Aristóteles, intentaron comprender y explicar las normas y los valores de la organización política y del comportamiento humano, es decir, de la Política y de la Ética.
En el mundo helénico nacen pues las dos mayores utopías de Occidente, el deseo de comprender intelectualmente todas las cosas, es decir, la Ciencia, y el deseo de gobernarnos en paz por nosotros mismos, o sea, la Democracia.
Por lo que a Roma se refiere, su mayor aportación vino dada, sin duda alguna, por la creación del Derecho, es decir, por el ideal de establecer un sistema de leyes justas, destinado a mantener los lazos sociales, a reprimir las conductas negativas y a dirigir al conjunto de la sociedad al bien común por medio de unas normas también comunes, es decir, se trataba de sustituir en las relaciones humanas la realidad de la fuerza por el ideal de la ley y de la justicia. De esta manera, los ideales y la estructura del Derecho romano han servido de modelo a la organización de la justicia en casi todos los pueblos de Occidente.
Por otra parte, tanto en Grecia como en Roma ciertos grupos culturales, algunos sofistas y distintos miembros de las escuelas cínica, epicúrea y estoica rechazaron la esclavitud y enseñaron la igualdad natural de todos los seres humanos.
2.- El cristianismo: fraternidad humana
El cristianismo constituyó una cosmovisión teológica, es decir, una concepción completa del ser humano y del mundo, basada en ideas de carácter religioso. Según éstas, la realidad entera depende de Dios, la conducta humana debe orientarse de acuerdo con el orden divino y las virtudes éticas o morales (prudencia, fortaleza, templanza y justicia) deben subordinarse a las virtudes religiosas o teologales (fe, esperanza y caridad).
Pero aparte de su sentido escatológico y trascendente, el cristianismo pretendía establecer la paz y la concordia universales y, en consecuencia, enseñaba que todos los hombres somos hermanos e iguales ante Dios y, frente a la Ley del Talión y la estricta justicia conmutativa, situaba la caridad, el perdón y el amor al prójimo, incluso a los enemigos. Se constituyó así, en defensor de los humildes, de los oprimidos, de los esclavos, solicitando, tanto en nombre del Derecho Natural como en el de la caridad, una mejor distribución de las riquezas.
3.- El humanismo renacentista
En el Renacimiento, la organización teocrática, el feudalismo y la unidad del orbe medieval fueron sustituidos por el desarrollo de las tendencias nacionalistas (las naciones aspiraban a formar su propio Estado y a ser independientes de la tutela del Papa y del Emperador), el auge de las ciudades y la economía urbana, el resurgir de los valores mundanos (ciencia, cultura, arte, lujo...) y un espíritu crítico.
Así, en el propio ámbito eclesiástico aparecieron multitud de problemas que originaron durante el siglo XIV el Cisma de Occidente y, posteriormente, numerosos conflictos que culminaron con la división del mundo cristiano en varias confesiones enfrentadas entre sí: catolicismo, luteranismo, calvinismo y anglicanismo.
Por otro lado, los nuevos descubrimientos geográficos, el incremento del comercio, el crecimiento de las ciudades y el auge de la burguesía, el desarrollo de la banca, la aparición de los humanistas y otros diversos acontecimientos proporcionaron una imagen distinta del mundo y, con ella, nuevos problemas políticos, morales y jurídicos que contribuyeron a la formación de un ambiente propicio al surgimiento de gran cantidad de concepciones utópicas, las más importantes de las cuales fueron las realizadas por Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam, François Rabelais y Francis Bacon.
En 1516, Tomás Moro escribió Utopía. Ésta era una isla, como Gran Bretaña; pero frente al cúmulo de problemas políticos, religiosos y civiles de la segunda, en Utopía todo se encontraba perfectamente organizado y prevalecía la justicia: todas las personas intervenían en el gobierno, gozaban de una exquisita educación y trabajaban; en consecuencia, no existían ni pobres ni grandes potentados, tampoco se daba la avaricia, ya que todas las familias sabían que no les faltarían los alimentos; las rivalidades religiosas también se encontraban ausentes, pues frente a las polémicas de las religiones vigentes en Europa, en Utopía se había establecido la tolerancia religiosa. Así pues, Utopía constituía el ideal de convivencia humana.
En esta misma época, el holandés Erasmo de Rotterdam, amigo de Tomás Moro, escribió dos obras de fuerte contenido social, a saber: Enquiridión y El elogio de la locura. En la primera presenta un programa de reformas encaminadas a recuperar el espíritu del cristianismo primitivo, una Iglesia más sencilla, implicada en los problemas de los humildes y alejada de las grandes diatribas políticas y del lujo de los palacios; la segunda es una crítica a ciertos estamentos sociales, sobre todo, al clero, a los teólogos y a los frailes, a causa de su ciencia inútil y estéril, muy alejada de los verdaderos problemas y de las necesidades humanas.
François Rabelais (1494-1553), humanista y sacerdote francés, en una época en la que el rey de Francia se encontraba inmerso en varias guerras, escribió Gargantúa, historia de un gigante bondadoso que predicaba el pacifismo: "No hay guerras justas ni guerras injustas, sino sólo guerras absurdas que atentan contra la vida y la dignidad de los seres humanos".
En el siglo XVII, de acuerdo con las preocupaciones científicas vigentes en esa época, destacó La Nueva Atlántida, de Francis Bacon (1561-1626), en la que se expresa una firme fe en el progreso y en una nueva actitud científica más útil y más pragmática que contribuya a proporcionar alimentos para todos los seres humanos y a establecer una organización social más racional, más equilibrada y más justa. Bacon está considerado como el precursor del empirismo. Sus obras y sus pensamientos ejercieron una influencia decisiva en el desarrollo del método científico.
4.- La Ilustración: las grandes utopías democráticas
La Ilustración constituyó un movimiento cultural del siglo XVIII, caracterizado por grandes ideales utópicos, a saber: confianza en el valor y en el alcance cognoscitivo de la razón, aspiración a disipar la ignorancia, la superstición y el fanatismo de la humanidad mediante la extensión de la cultura; creencia en la posibilidad de lograr la paz perpetua entre los pueblos y entre las naciones y el bienestar de sus ciudadanos; rechazo del absolutismo político y promoción de los valores democráticos de libertad, igualdad y fraternidad, etc.
Estos ideales encontraron su punto de apoyo tanto en el surgimiento de la nueva ciencia (Física) por obra de Bacon y de Galileo como en el método racionalista creado por Descartes; según este último filósofo, la razón pura es una y la misma para todo el género humano y, aplicándola de manera adecuada, no puede existir verdad tan alejada que la ciencia no pueda descubrir; todo consiste en utilizar correctamente el método apropiado. Los principales pensadores defensores de estos ideales fueron los ingleses Locke y Hume, los franceses Montesquieu, Diderot, Condorcet, Voltaire y Buffon, y los alemanes Kant y Herder.
5.- Los ideales del siglo XIX
Algunos de los nuevos ideales de la Ilustración parecían haber triunfado hacia finales del siglo XVIII con el surgimiento del primer Estado democrático moderno, los Estados Unidos de América y con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) en la Francia revolucionaria. Pero las esperanzas de los ilustrados fueron pronto subvertidas en favor de la nueva clase burguesa, que durante el siglo XIX se preocupó exclusivamente de sus intereses, originando una brutal explotación de las masas obreras.
Reaccionando contra esta situación surgieron los nuevos ideales del siglo XIX, entre los que merecen citarse los intentos llevados a cabo por las personalidades siguientes:
Se establecerá entonces una sociedad socialista, después de la cual surgirá la sociedad comunista. En esta sociedad desaparecerá todo dominio de unas personas sobre otras, dejarán de existir todas las clases sociales, el Estado, las fronteras y la propiedad privada de los medios de producción, surgirá, en cambio, la superproducción y la superabundancia, el trabajo será voluntario y libre y, en último término, "la Tierra será un paraíso, patria de la Humanidad".
6.- El pesimismo del siglo XX
En esta exposición hemos visto que en el pensamiento utópico occidental han predominado los ideales siguientes: la consecución de la paz, la finalización de las desigualdades sociales, la defensa de la dignidad y de los derechos naturales de las personas, una distribución mejor de las riquezas y la confianza en el progreso indefinido de la humanidad.
En este sentido, aunque resulta evidente que algunos resultados positivos se han obtenido, éstos han sido muy escasos; mientras que, por otra parte, han continuado las actividades bélicas (Primera y Segunda Guerras Mundiales), las crueldades inhumanas (campos de concentración y exterminio, perseguidos políticos...), no se han solucionado los problemas de la pobreza y del hambre y, además han surgido numerosos peligros nuevos, por ejemplo, la contaminación, el peligro atómico...
Por todos estos motivos no deja de ser significativo que en el siglo XX abunden las utopías pesimistas (Un mundo feliz, de Huxley, Rebelión en la granja y 1984, de Orwell, Farenheit 451, de R. Bradbury). La ciencia y las técnicas, en efecto, han progresado, pero no en el sentido previsto por los ilustrados; las viejas formas de dominio y opresión han desaparecido o se han atenuado, pero han surgido otras más sutiles, menos evidentes, aunque, sin duda, más eficaces; algunas ideologías comprometidas con la justicia social se han revelado incapaces para llevar a cabo su programa y otras han degenerado en horribles dictaduras.
Ideas de este género se narran frecuentemente en el Antiguo Testamento, en las tradiciones hinduistas, en el sintoísmo, en las epopeyas griegas de la Ilíada y la Odisea, en la romana de la Eneida, etc. Dejando aparte estas esperanzas de carácter predominantemente mesiánico, vamos a presentar el surgimiento de los distintos ideales humanos a través de las diversas vicisitudes históricas que han contribuido a la formación de las sociedades actuales. En este sentido, a lo largo de la Historia europea podemos distinguir las etapas siguientes.
1.- Grecia y Roma: democracia, ciencia y derecho
En Grecia encontramos ya los dos grandes ideales, las dos mayores utopías de Occidente, a saber, la democracia y la ciencia.
En sus comienzos, Grecia, como el resto de los pueblos antiguos, fue gobernada por un sistema monárquico y por una minoría aristocrática y noble, los eupátridas; pero, paulatinamente, fueron introduciéndose nuevas formas de participación política hasta llegar, en el siglo V a.C., al establecimiento de la democracia en Atenas.
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| La Escuela de Atenas, de Rafael, pintada entre 1510 y 1512 |
En el mundo helénico nacen pues las dos mayores utopías de Occidente, el deseo de comprender intelectualmente todas las cosas, es decir, la Ciencia, y el deseo de gobernarnos en paz por nosotros mismos, o sea, la Democracia.
Por lo que a Roma se refiere, su mayor aportación vino dada, sin duda alguna, por la creación del Derecho, es decir, por el ideal de establecer un sistema de leyes justas, destinado a mantener los lazos sociales, a reprimir las conductas negativas y a dirigir al conjunto de la sociedad al bien común por medio de unas normas también comunes, es decir, se trataba de sustituir en las relaciones humanas la realidad de la fuerza por el ideal de la ley y de la justicia. De esta manera, los ideales y la estructura del Derecho romano han servido de modelo a la organización de la justicia en casi todos los pueblos de Occidente.
Por otra parte, tanto en Grecia como en Roma ciertos grupos culturales, algunos sofistas y distintos miembros de las escuelas cínica, epicúrea y estoica rechazaron la esclavitud y enseñaron la igualdad natural de todos los seres humanos.
2.- El cristianismo: fraternidad humana
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| Las tres virtudes teologales, de Christian Daniel Rauch (Museo Thorvaldsen de Copenhague): a la izquierda, la caridad; en el centro, la esperanza; a la derecha, la fe. |
Pero aparte de su sentido escatológico y trascendente, el cristianismo pretendía establecer la paz y la concordia universales y, en consecuencia, enseñaba que todos los hombres somos hermanos e iguales ante Dios y, frente a la Ley del Talión y la estricta justicia conmutativa, situaba la caridad, el perdón y el amor al prójimo, incluso a los enemigos. Se constituyó así, en defensor de los humildes, de los oprimidos, de los esclavos, solicitando, tanto en nombre del Derecho Natural como en el de la caridad, una mejor distribución de las riquezas.
3.- El humanismo renacentista
En el Renacimiento, la organización teocrática, el feudalismo y la unidad del orbe medieval fueron sustituidos por el desarrollo de las tendencias nacionalistas (las naciones aspiraban a formar su propio Estado y a ser independientes de la tutela del Papa y del Emperador), el auge de las ciudades y la economía urbana, el resurgir de los valores mundanos (ciencia, cultura, arte, lujo...) y un espíritu crítico.
Así, en el propio ámbito eclesiástico aparecieron multitud de problemas que originaron durante el siglo XIV el Cisma de Occidente y, posteriormente, numerosos conflictos que culminaron con la división del mundo cristiano en varias confesiones enfrentadas entre sí: catolicismo, luteranismo, calvinismo y anglicanismo.
Por otro lado, los nuevos descubrimientos geográficos, el incremento del comercio, el crecimiento de las ciudades y el auge de la burguesía, el desarrollo de la banca, la aparición de los humanistas y otros diversos acontecimientos proporcionaron una imagen distinta del mundo y, con ella, nuevos problemas políticos, morales y jurídicos que contribuyeron a la formación de un ambiente propicio al surgimiento de gran cantidad de concepciones utópicas, las más importantes de las cuales fueron las realizadas por Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam, François Rabelais y Francis Bacon.
En 1516, Tomás Moro escribió Utopía. Ésta era una isla, como Gran Bretaña; pero frente al cúmulo de problemas políticos, religiosos y civiles de la segunda, en Utopía todo se encontraba perfectamente organizado y prevalecía la justicia: todas las personas intervenían en el gobierno, gozaban de una exquisita educación y trabajaban; en consecuencia, no existían ni pobres ni grandes potentados, tampoco se daba la avaricia, ya que todas las familias sabían que no les faltarían los alimentos; las rivalidades religiosas también se encontraban ausentes, pues frente a las polémicas de las religiones vigentes en Europa, en Utopía se había establecido la tolerancia religiosa. Así pues, Utopía constituía el ideal de convivencia humana.
En esta misma época, el holandés Erasmo de Rotterdam, amigo de Tomás Moro, escribió dos obras de fuerte contenido social, a saber: Enquiridión y El elogio de la locura. En la primera presenta un programa de reformas encaminadas a recuperar el espíritu del cristianismo primitivo, una Iglesia más sencilla, implicada en los problemas de los humildes y alejada de las grandes diatribas políticas y del lujo de los palacios; la segunda es una crítica a ciertos estamentos sociales, sobre todo, al clero, a los teólogos y a los frailes, a causa de su ciencia inútil y estéril, muy alejada de los verdaderos problemas y de las necesidades humanas.
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| Grabado que representa al gigante Gargantúa, de Rabelais |
En el siglo XVII, de acuerdo con las preocupaciones científicas vigentes en esa época, destacó La Nueva Atlántida, de Francis Bacon (1561-1626), en la que se expresa una firme fe en el progreso y en una nueva actitud científica más útil y más pragmática que contribuya a proporcionar alimentos para todos los seres humanos y a establecer una organización social más racional, más equilibrada y más justa. Bacon está considerado como el precursor del empirismo. Sus obras y sus pensamientos ejercieron una influencia decisiva en el desarrollo del método científico.
4.- La Ilustración: las grandes utopías democráticas
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| Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano |
Estos ideales encontraron su punto de apoyo tanto en el surgimiento de la nueva ciencia (Física) por obra de Bacon y de Galileo como en el método racionalista creado por Descartes; según este último filósofo, la razón pura es una y la misma para todo el género humano y, aplicándola de manera adecuada, no puede existir verdad tan alejada que la ciencia no pueda descubrir; todo consiste en utilizar correctamente el método apropiado. Los principales pensadores defensores de estos ideales fueron los ingleses Locke y Hume, los franceses Montesquieu, Diderot, Condorcet, Voltaire y Buffon, y los alemanes Kant y Herder.
5.- Los ideales del siglo XIX
Algunos de los nuevos ideales de la Ilustración parecían haber triunfado hacia finales del siglo XVIII con el surgimiento del primer Estado democrático moderno, los Estados Unidos de América y con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) en la Francia revolucionaria. Pero las esperanzas de los ilustrados fueron pronto subvertidas en favor de la nueva clase burguesa, que durante el siglo XIX se preocupó exclusivamente de sus intereses, originando una brutal explotación de las masas obreras.
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| Niños trabajando. Los principios de libertad e igualdad se tergiversaron en provecho de una clase alta burguesa durante la Primera Revolución Industrial. |
- El británico Robert Owen (1771-1858), socialista utópico de tendencias anarquistas, fundó las primeras cooperativas o comunidades de trabajadores, en las que todos participaban tanto en la organización como en los beneficios. Por otra parte, desde el punto de vista teórico, de acuerdo con la idea de progreso, Owen pensaba que la civilización industrial poseía fuerza suficiente para producir abundantes riquezas para satisfacer las necesidades de todos los seres humanos y, por tanto, para acabar con la pobreza.
- El francés Étienne Cabet (1788-1856), por su parte, en su obra Viaje a Icaria, propugnó un sistema comunista como ideal del bienestar social, en el que cada persona percibiera los bienes de acuerdo con sus necesidades.
- Pero, sobre todo si atendemos a sus resultados históricos, el pensamiento utópico más representativo de este siglo lo constituyeron, sin duda alguna, las teorías comunistas de Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895).
Se establecerá entonces una sociedad socialista, después de la cual surgirá la sociedad comunista. En esta sociedad desaparecerá todo dominio de unas personas sobre otras, dejarán de existir todas las clases sociales, el Estado, las fronteras y la propiedad privada de los medios de producción, surgirá, en cambio, la superproducción y la superabundancia, el trabajo será voluntario y libre y, en último término, "la Tierra será un paraíso, patria de la Humanidad".
6.- El pesimismo del siglo XX
En esta exposición hemos visto que en el pensamiento utópico occidental han predominado los ideales siguientes: la consecución de la paz, la finalización de las desigualdades sociales, la defensa de la dignidad y de los derechos naturales de las personas, una distribución mejor de las riquezas y la confianza en el progreso indefinido de la humanidad.
En este sentido, aunque resulta evidente que algunos resultados positivos se han obtenido, éstos han sido muy escasos; mientras que, por otra parte, han continuado las actividades bélicas (Primera y Segunda Guerras Mundiales), las crueldades inhumanas (campos de concentración y exterminio, perseguidos políticos...), no se han solucionado los problemas de la pobreza y del hambre y, además han surgido numerosos peligros nuevos, por ejemplo, la contaminación, el peligro atómico...
Por todos estos motivos no deja de ser significativo que en el siglo XX abunden las utopías pesimistas (Un mundo feliz, de Huxley, Rebelión en la granja y 1984, de Orwell, Farenheit 451, de R. Bradbury). La ciencia y las técnicas, en efecto, han progresado, pero no en el sentido previsto por los ilustrados; las viejas formas de dominio y opresión han desaparecido o se han atenuado, pero han surgido otras más sutiles, menos evidentes, aunque, sin duda, más eficaces; algunas ideologías comprometidas con la justicia social se han revelado incapaces para llevar a cabo su programa y otras han degenerado en horribles dictaduras.
Etiquetas:
Pensamiento utópico
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