Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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sábado, 8 de marzo de 2014

El conocimiento científico

La ciencia es un sorprendente producto de la razón que permite al ser humano conocer la realidad. Con ella hemos sido capaces de ahondar en lo más profundo de la materia viva y también viajar al espacio para ver el universo. Es un modo de conocimiento que intenta explicar el mundo y el ser humano con una metodología apoyada en la observación de los fenómenos y en la construcción de teorías que puedan dar cuenta de ellos. Para conseguirlo, la razón científica, como la razón filosófica, se apoya en una estructura de lenguaje y de pensamiento coherente y rigurosa: la lógica.

Ciencia y filosofía: saberes distintos pero no distantes
Hoy por hoy no se puede seguir pensando, en el sentido amplio de pensar (sea como filósofo, como científico o como ensayista), haciendo una distinción radical entre lo que nos dice la ciencia o lo que nos dice la tradición y la reflexión filosófica. Estas dos maneras de ver el mundo, lo que se llamaba las dos culturas, no pueden funcionar separadamente. Tenemos que conseguir crear una tercera cultura en la que una fuente muy importante de sus mitos e imágenes, de las explicaciones para el pensar cultural y filosófico, tienen que venir en diálogo con la ciencia.
Ahora bien, eso no significa que para mí la ciencia sea la fuente de la verdad o el árbitro de cómo son las cosas "realmente". No creo que la ciencia tenga ni el derecho ni la capacidad de decidir la verdad sobre las cosas. Es una lectura posible sobre el mundo que no puede estar ajena a la reflexión cultural. Ningún filósofo puede permitirse el lujo, hoy en día, de no saber ciencia, de la misma manera que ningún científico puede abrir la boca sobre cultura sin conocer las grandes tradiciones del pensamiento.
Tengo verdadero horror al pensamiento cientificista, porque lo peor que le puede pasar a una línea de pensamiento es el cientificismo, mejor sería quedarse con las dos culturas separadas. Pero también me parece un poco triste que alguien quiera hacer filosofía sin un diálogo estrecho con lo que está haciendo la ciencia. Esta tercera cultura es exactamente hacia donde deberíamos ir.
M. Varela, "Hay que buscar una nueva cultura", El País (9-11-1991)

La ciencia, parte de nuestra vida
Solo en los últimos ciento cincuenta años la ciencia se ha convertido en un factor importante, que determina la vida cotidiana de todo el mundo. En ese breve tiempo ha causado mayores cambios que los ocurridos desde los días de los antiguos egipcios. Ciento cincuenta años de ciencia han resultado más explosivos que cinco mil años de cultura precientífica. Sería absurdo suponer que el poder explosivo de la ciencia está agotado o que ha alcanzado ya su máximo. Es mucho más probable que la ciencia continúe durante los siglos venideros produciendo cambios aún más rápidos.
B. Russell, La perspectiva científica

viernes, 7 de febrero de 2014

Max Scheler: el conocimiento y los valores

Max Scheler (1874-1928) es uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Cercano a la fenomenología de Husserl, fue profesor en Múnich y en Colonia, desarrollando una labor filosófica de gran amplitud temática: se le considera fundador de la antropología filosófica, de la filosofía de la religión y de la sociología del conocimiento. Además, su aportación a la ética es fundamental. En todos estos ámbitos aparece un tema común que es clave en su filosofía: el concepto de valor.

1. La existencia de los valores
Scheler considera que, al intentar describir los hechos y la realidad, encontramos unos contenidos esenciales que no son racionales ni se someten a las reglas de la lógica: se trata de los valores. Estos valores son intemporales y pueden ser captados directamente, sin que tengan relación con significaciones. Es decir, en el mundo del ser humano y de la historia descubrimos la existencia de valores, independientemente de sus realizaciones concretas. Esto es importante en el terreno de la ética, en el terreno del conocimiento y en el de la antropología, pues, a partir de la afirmación de Scheler, diremos que el hombre no está en la naturaleza, sino que el hombre está en el mundo, es decir, en una realidad construida históricamente y preñada de valores. Una de las obras más importantes de Scheler se titula El puesto del hombre en el cosmos. En ella afirma que el ser humano tiene una novedad respecto al resto de los seres vivos: al tener "espíritu", el hombre se sitúa por encima de la naturaleza. Su horizonte ya no es el del "medio", sino el del "mundo", por eso tiene una dimensión superior.

2. La axiología o ciencia de los valores
Según Scheler, la sociología "analiza todo el inmenso contenido, subjetivo y objetivo, de la vida humana desde el punto de vista de su determinación efectiva", por eso conlleva una filosofía de la historia. Estudia así los tipos y grupos humanos descubriendo en ellos los elementos comunes que permiten establecer los fundamentos de la cultura, los valores. Por eso construye una "axiología" o ciencia de los valores. Esta axiología tiene principios tales como, por ejemplo, que la existencia de un valor positivo ya es en sí misma un valor positivo, o que la inexistencia de una valor negativo es una valor positivo. Estos contenidos se nos muestran como "transparentes", es decir, evidentes. Son también independientes de la forma de ser en que aparecen (es decir, si están en una cosa, en una persona, etc.). Scheler distingue cuatro tipos de valores: los sensibles, los vitales, los espirituales y los religiosos. Ellos son los que dotan de sentido a la acción y al conocimiento, pues, por ejemplo, la vida tiene valor porque existen valores "relativos" a la vida. Esos valores no son "colocados" de manera externa sobre las cosas, sino que son intrínsecos a ellas, no pueden desprenderse de lo conocido pues, en tanto que conocidos, ya son interpretados con un sentido.
Puesto que se puede establecer una jerarquía entre los valores, el conocimiento de éstos es lo que denominamos "preferir", es decir, elegir el valor más importante (el espíritu) frente a lo más urgente (la vida). Hacer tal elección es cumplir el ideal del ser. Aunque a veces hay individuos o grupos que parecen perder la capacidad de estimar ciertos valores, una "ceguera axiológica" que les lleva a no considerarlos. Esto explicaría que determinadas sociedades o momentos históricos hayan valorado diferentemente la realidad.

3. Conocimiento y valor

La "esencia" del valor tiene influencia en todos los aspectos, también en el del conocimiento. Todo lo que conocemos lleva inscrito un valor, lo que significa que no es un mero hecho, como quería el positivismo, sino una realidad con sentido. Esto es lo que aporta Scheler: la convicción de que no puede entenderse el mundo prescindiendo de sus contextos y sus significados, es decir, de sus valores. Por eso nos acerca más al propio ser humano y a la vida.

4. El ser humano y los valores
Captar los valores en la realidad le permite al ser humano ocupar un lugar especial en el mundo. Por ello, el conocimiento también está mediado por esa singular condición humana.

Valores independientes
Conocemos un estadio de la captación del valor en el que se nos da el valor de una cosa con mucha claridad y evidencia, sin que se nos dé el portador de ese valor. Así por ejemplo, un hombre nos resulta desagradable y repulsivo, o agradable y simpático, sin que seamos capaces de indicar en qué reside esto; así también, aprehendemos un poema o cualquier obra de arte durante largo tiempo como "bella", "fea", como "noble" o "vulgar", sin saber ni por asomo en qué propiedades del contenido representativo reside esto. En tales casos se revela muy claramente hasta qué punto son los valores independientes en el ser de sus porteadores.
M. Scheler, El formalismo en la ética y la ética material de los valores (adaptado)

El hombre y su espíritu
Yo sostengo que la esencia del hombre y lo que podríamos llamar su puesto singular están muy por encima de lo que llamamos inteligencia y facultad de elegir, y no podrían ser alcanzados, aunque imaginásemos esa inteligencia y facultad de elegir acrecentadas cuantitativamente incluso hasta el infinito. El nuevo principio que hace del hombre un hombre, es ajeno a todo lo que podemos llamar vida, en el más amplio sentido, ya en el psíquico interno o en el vital externo. Ya los griegos sostuvieron la existencia de tal principio y lo llamaron "razón". Nosotros preferimos emplear, para designar esta X, una palabra más comprensiva, una palabra que comprende el concepto de razón, pero que, junto al pensar ideas, comprende también una determinada especie de intuición, la intuición de los fenómenos primarios o esencia, y además una determinada clase de actos emocionales y volitivos que aún hemos de caracterizar: por ejemplo, la bondad, el amor, el arrepentimiento, la veneración, etc. Esa palabra es espíritu. Y denominaremos persona al centro activo en que el espíritu se manifiesta dentro de las esferas del ser finito. El centro del espíritu, la persona, no es, por lo tanto, ni ser substancial ni ser objetivo, sino tan solo un plexo y orden de actos, determinado esencialmente, y que se realiza continuamente a sí mismo en sí mismo.
M. Scheler, El puesto del hombre en el cosmos (adaptado)

sábado, 11 de enero de 2014

Implicaciones sociales del conocimiento

Durante mucho tiempo se pensó que el conocimiento humano era ajeno a factores sociales e históricos. La convicción de que el conocimiento podía ser "puro" e independiente de factores externos venía de la confianza en la razón humana y de la defensa que hizo de este pensamiento el positivismo del siglo XIX y el neopositivismo del XX. Latía en todas estas posturas la preocupación por la objetividad: si los datos son fiables y rigurosos, si las reglas lógicas se aplican correctamente, si nos alejamos de influencias ajenas a la propia investigación, nuestros conocimientos quedarán preservados de cualquier influencia perniciosa de la verdad.

1. La sociedad y el conocimiento
Sin embargo, en el siglo XX ocurrieron algunas cosas que acabaron con esta concepción. Por una parte, se empezaron a desarrollar estudios sociológicos que explicaban el conocimiento como un fruto de interacciones e intercambios sociales. A ello contribuyó la preocupación producida por las consecuencias desastrosas de la energía atómica en su aplicación militar en la Segunda Guerra Mundial. El conocimiento era ahora analizado como una fuente de responsabilidad para los investigadores, perdiendo así su "pureza" y su neutralidad. Además, los movimientos sociales de los años setenta (ecologismo, feminismo, etc.) acentuaron la importancia de la sociedad en el conocimiento: son elementos sociales, políticos y económicos los que deciden qué cosas se investigan y qué resultados se consideran aceptables.
De hecho, la relación entre estos dos elementos, sociedad y conocimiento, es mutua y así se considera actualmente: el conocimiento permite y produce cambios en la sociedad, esos cambios hacen que la sociedad se capacite para nuevos conocimientos y que los demande. De manera que es un movimiento de "ida y vuelta".

2. Sociología del conocimiento
La sociología del conocimiento, puesta en marcha por K. Mannheim y desarrollada después por otros autores, destacó la importancia de estos elementos sociales poniendo de relieve que la aceptación de un dato de conocimiento depende de una convención compartida por una comunidad. El conocimiento es "convencional", es decir, es fruto de un determinado momento histórico y de un contexto socio-cultural en el que se inscribe y del que obtiene su sentido. El conocimiento es algo que los miembros de una sociedad utilizan para producir nuevo conocimiento y orientar sus acciones, es decir, tiene una dimensión práctica. Por eso es la misma sociedad la que genera conocimiento y la que lo determina. Esto significa que no puede hablarse de conocimiento sin introducir referencias al marco en el cual surgió, a la época en la que se constituyó o a lo que aportó en una comunidad. Sociedad y conocimiento son factores que están íntimamente relacionados.

3. El problema de la objetividad
Esta dimensión social hace que la objetividad del conocimiento se entienda de un modo nuevo: como intersubjetividad. Ya no es posible trabajar con datos ajenos a la construcción social del conocimiento. Si se descubre algo, habrá que analizar los factores contextuales del descubrimiento; si se inventa, también. Por tanto, en los dos casos, la introducción del elemento social hace que se entienda la validez de un conocimiento como algo dependiente de la aceptación del mismo por parte de los sujetos de una comunidad, no como algo verdadero y evidente en sí mismo. Es decir, se ha cambiado la objetividad por la intersubjetividad.

4. Los intereses del conocimiento
Etimológicamente, "interés" significa "estar entre", es decir, estar interesado, participar, por medio de la voluntad o el deseo de algún bien hacia el que se está orientado. Es decir, tener algo que nos mueve a hacer, conseguir o defender otra cosa. En el ámbito del conocimiento, "tener" significa que todo lo que sabemos, las acciones que llevamos a cabo para la obtención del conocimiento y la valoración que hacemos de eso que conocemos depende de determinados intereses. Esos intereses son fundamentalmente sociales, por lo que podemos decir que el conocimiento está condicionado por los intereses de la sociedad.
M. Weber afirmó que existe una diferencia importante entre los hechos y los valores, y con ello elaboró una clasificación de los tipos de acción social, según los tipos de racionalidad propios de cada una de las acciones: habló de acción determinada (1) por la utilidad, (2) por los valores propios, (3) por las emociones y (4) por las tradiciones y costumbres.
Asimismo, J. Habermas defiende que hay que restablecer las relaciones perdidas entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias sociales. Es decir, lo teórico con lo práctico. Para ello utiliza el concepto de "intereses del conocimiento".

lunes, 6 de enero de 2014

Descubrir e inventar

Los cambios históricos van determinando la forma de analizar y comprender el conocimiento. Por eso podemos decir que la historia no es meramente la sucesión de acontecimientos que se van convirtiendo en pasado, sino algo que determina nuestro modo de ser y de pensar.
En buena medida esto viene dado por la transmisión de los conocimientos y del resto de las opciones vitales, valores y visiones del mundo que dotan de sentido la vida de los seres humanos. En el aprendizaje a través de la socialización, las personas recogen un significado y un sentido de la vida que después, con su propia experiencia, constituirá su propio modo de enfrentarse a la existencia.
Esto quiere decir que las personas reciben algo o lo descubren, se encuentran con ello y, al mismo tiempo, inventan algo, construyen, proponen. Y esto que hacen en su vida personal, también se refleja en la vida colectiva y social.

1. El mundo (realidad) ante el ser humano
- El ser humano descubre: desentraña la realidad que le rodea. Busca su sentido y la razón de ser de las cosas. Se pregunta por el origen y desvela los secretos de la naturaleza para entenderla. No sólo la explica, sino que intenta comprenderla.
- El ser humano inventa: no está en el mundo de una manera pasiva. Puesto que forma parte de la realidad, se inscribe en procesos en los que interviene imponiendo un modo de ser, y así inventa un mundo. Es el ámbito de la creación y de la expresión imaginativa de las ideas.



2. El ser humano ante el mundo (conocimiento)
También tenemos un conocimiento que nos ha sido transmitido y que nos ha constituido para hacernos ser quienes somos. Y eso que hemos heredado puede ser un texto, una obra, un conocimiento, algo que se nos presenta como conseguido pero que se nos ofrece como algo abierto. El ser humano que se enfrenta a ese conocimiento tiene también que descubrirlo e inventarlo. Descubrirlo, porque ha de desentrañar lo que se esconde en él, buscar entre líneas el verdadero sentido de lo que observa. Inventarlo, porque toda lectura es una interpretación. Todo conocer del conocimiento previo es una reconstrucción y, por tanto, una modificación.

3. Las tradiciones
Eso que encontramos y que reconstruimos pueden ser "las tradiciones", es decir, los modos, hábitos, costumbres, ritos y creencias que son propios de una cultura o grupo y que se van transmitiendo como un conjunto de conocimientos y actitudes que dotan de identidad a dicho grupo. La integración de esas tradiciones en el transcurso del tiempo, su encadenamiento en la historia y la reconstrucción que de ellas se va haciendo constituye "la tradicionalidad". Pero cuando una de las tradiciones se erige en dominadora y excluye las demás sin respetar el pluralismo, convirtiéndose en un argumento de autoridad incuestionable, entonces estamos ante "la Tradición". Si las tradiciones son posibilitadoras de vida y de identidad, la Tradición es aniquiladora de la libertad e instrumento de poder y dominación.
Por eso es importante el conocimiento de las tradiciones y su respeto, como propuestas de modos de vida, opciones y maneras de dotar de sentido al ser humano. Y también es importante descubrir y reconocer el papel que ellas juegan en la constitución del individuo y cómo han sido reconstruidas, interpretadas y reinventadas de manera personal.


4. Horizontes de sentido
El conocimiento tiene una dimensión social e histórica, y es algo dinámico, cambiante y siempre inconcluso. Todo ello nos lleva a preguntarnos cómo enfocar este problema, es decir, qué cosas hay que tener en cuenta para hablar del conocimiento. A ello responde H. G. Gadamer con la idea de "horizontes". El horizonte de quien hizo el descubrimiento, escribió la obra o llegó a construir un conocimiento es diferente del horizonte de quien lo lee, lo conoce, lo estudia o lo utiliza. El "cruce" entre ambos horizontes permite encontrar un punto de diálogo en el que se obtiene un nuevo conocimiento. El conjunto de cruces que se han ido dando, la totalidad de las reinterpretaciones que se han ido creando, va formando la historia y va dando lugar a nuevos conocimientos.
Este modo de concebir dinámicamente el conocimiento subraya la dimensión de apertura del mismo, ya que afirma que nunca está del todo terminado, que siempre puede ser ampliado y que no hay interpretaciones definitivas. Sin embargo, tiene también un aspecto negativo, al dejar la historia en constante proceso de reconsideración y análisis, sin poder obtener ninguna certeza, ningún apoyo firme para el conocimiento.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El conocimiento humano a lo largo de la historia

La pregunta acerca del conocimiento humano, sus características, sus posibilidades y sus límites ha sido un tema constante en la historia de la filosofía. Pero la misma filosofía es un modo de conocimiento y por eso es objeto de análisis también en cuanto a su evolución y desarrollo: es la historia de la filosofía. Por otro lado, la historia es tema de reflexión para la filosofía, lo cual da lugar a la filosofía de la historia.

1. ¿Es histórico el conocimiento humano?
Es evidente que el conjunto de los conocimientos humanos ha ido variando a lo largo de la historia e incluso que los tema tratados han sido diferentes. Además, como se trata de un quehacer dinámico, es cambiante y va reelaborando conceptos y cuestiones progresivamente. Sin embargo, cabe plantearse la siguiente cuestión: ¿existe un progreso en el conocimiento? O mejor aún: ¿progresan los conocimientos? Estas preguntas abordan la cuestión de la historicidad del conocimiento, es decir, si existen afirmaciones de carácter universal cuya verdad no sea susceptible de cambios por obra de la historia. Por ejemplo, ¿es histórica la fórmula 2+2=4? O ¿es histórica la afirmación: "el ser humano tiene dignidad"?
Para contestar a esta pregunta, hay que distinguir tres niveles:
- El proceso de descubrimiento, reflexión o construcción del conocimiento. Este quehacer es histórico.
- El logro del conocimiento, que trasciende la historia.
- La aceptación, rechazo o ignorancia de ese logro, que, lógicamente, dependerá de la cultura y del tiempo, es decir, de la historia.

2. Historia de la filosofía
La filosofía es un tipo de conocimiento peculiar porque reflexiona sobre sí misma. El filósofo se cuestiona sobre la propia filosofía y, además, necesita conocer su historia porque realizar ese recorrido, conocer las ideas de los autores del pasado, analizar sus propuestas y dialogar con ellos es, en sí misma, una tarea filosófica. Por eso podemos decir que la historia de la filosofía es ya filosofía.
La filosofía se hace filosofando, pero para ello es preciso recurrir a la historia de la filosofía. Buena parte de los temas filosóficos son temas intemporales, como la importancia del tiempo en la vida humana, la constitución de la identidad, la pregunta acerca de qué es lo que nos hace ser personas o qué es el conocimiento. Por ello, lo que reflexionaron autores de épocas anteriores aporta luz a nuestro pensamiento actual y nos permite tomarlos como interlocutores para nuestra propia propuesta.

3. Filosofía de la historia
Al mismo tiempo, la filosofía toma la historia como tema de análisis. Se pregunta acerca de la dimensión histórica del ser humano: por qué el tiempo es importante para nosotros, qué relevancia tiene vivir en una u otra época, cómo podemos pensar el recorrido global de la humanidad y qué significado tiene, qué nos aguarda después o si existe un fin de la historia, etc.
Más aún, la historia es un elemento constitutivo del propio ser humano. Éste es un ser histórico y su identidad se construye por su irrenunciable inmersión en la historia. Por eso la historia es también un tema filosófico en el que subyace la pregunta por el mismo ser humano. Por eso, al hablar de la naturaleza del hombre, ésta siempre estará teñida de historia.


4. La historia del conocimiento humano
El conocimiento humano ha ido cambiando a lo largo de la historia, y la filosofía ha ido reflexionando sobre ese dinamismo y comprendiendo el mismo conocimiento de modos diversos en las diferentes épocas. A continuación se resumen los modelos más relevantes de conocimiento vigentes en algunos de los momentos más importantes de la historia.

 Grecia clásica (V-IV a.C.)  Platón, Aristóteles... El conocimiento es la realidad puesto que el ser humano tiene acceso directo a la misma. Lo importante es descubrir las causas últimas de los fenómenos y su naturaleza.
 Edad Media (IV-XIV)  Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Ockham... El conocimiento humano es, sobre todo, conocimiento de la naturaleza en tanto que creada por Dios. Lo importante es el modo de conocimiento, por eso se habla de los métodos de enseñanza (el trivium y el quadrivium, que después se sustituirán por la lectio y la quaestio).
 Renacimiento (XV-XVI)  Autores mecanicistas: Galileo... El conocimiento de la naturaleza es lo único posible y lo más importante. El universo es concebido como una enorme máquina. La clave está en descubrir las leyes que regulan los fenómenos naturales y en expresarlos en lenguaje matemático. Autores vitalistas: Paracelso... La naturaleza es como un gran organismo con fuerzas internas que le proporcionan la vida. El conocimiento exige estar inmerso dentro de ese orden y comprenderlo desde dentro.
 Modernidad (XVII-XVIII)  Autores racionalistas: Descartes... El conocimiento debe basarse exclusivamente en la razón humana, puesto que los sentidos nos engañan. Lo único de lo que podemos estar seguros es de los resultados de nuestro pensamiento regido por las reglas lógicas. Autores empiristas: Hume... El conocimiento tiene una fuente segura en los datos de la experiencia sensible. Sólo ellos proporcionan información fiable sobre el mundo. Ir más allá de lo que nos ofrecen nuestros sentidos supone imaginar cosas. Empirismo + Racionalismo: Kant... El conocimiento no puede trabajar sólo con los datos de la experiencia porque los sentidos son engañosos. Pero tampoco puede prescindir totalmente de ellos porque quedaría encerrado en su propia mente. Por tanto, conocemos los datos sensibles sobre los que proyectamos las categorías de nuestro entendimiento.
 Siglo XIX  Revolución industrial: Marx... El conocimiento es, sobre todo, algo que permite la transformación del mundo. Conocer es aplicar. Historicismo: Dilthey... Se puede elaborar la historia del conocimiento y ese estudio es también conocimiento. Positivismo: Comte... El conocimiento se debe basar en hechos, sólo ellos pueden darnos la clave del auténtico conocimiento. Y con los hechos se puede hacer una reforma de la sociedad.
 Siglo XX  Fenomenología: Husserl... El conocimiento humano es objeto de análisis cuidadoso desde la misma experiencia fenoménica del conocimiento, intentando describirlo en sus elementos más básicos. Relatividad: Einstein... La teoría de la relatividad y el principio de incertidumbre generan desconfianza en las verdades absolutas. El conocimiento es relativo. Sociología del conocimiento: Scheler... El conocimiento es dependiente de los elementos sociales y culturales del contexto analizado.