Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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domingo, 13 de abril de 2014

La labor científica y su método

1. La importancia del método
Un método es un "camino" que nos conduce a un determinado fin. Se contrapone al azar, permite la apertura de nuevos "senderos y busca el rigor estableciendo reglas de actuación que, en sí mismas, pueden contener la justificación de su uso. Por esta razón, todos los ámbitos del conocimiento disponen de métodos como herramientas para lograr su objetivo. Aunque en ocasiones se hacen descubrimientos por casualidad, el trabajo metódico es el que permite encontrar nuevas respuestas, dotar de sentido a los datos no esperados y proceder conforme a un orden que ha de conducirnos a la resolución del problema planteado. En esto se parecen las ciencias y la filosofía: en el rigor metodológico en la investigación
Los métodos van cambiando a lo largo de la historia y no son los mismos en todas las ciencias, pero existen reglas básicas que establecen la validez de la tarea científica y que permiten rechazar, como no científicas, ciertas aproximaciones (por ejemplo, la astrología).

2. La reflexión sobre el método científico
La reflexión acerca del método de la ciencia tiene su origen en la filosofía. Sin embargo, el método científico, tal y como lo conocemos en la actualidad, surge en los siglos XVI-XVII; es un momento de máximo esplendor de la ciencia en el marco de un nuevo ambiente cultural, artístico y filosófico. Tres grandes figuras destacan como representantes de nuevas propuestas sobre el método:
- Francis Bacon (1561-1626): consideraba que las ciencias de su época no eran capaces de realizar nuevos hallazgos, pues estaban teñidas de prejuicios e ideologías que imposibilitaban el avance del conocimiento. Esas nociones falsas que dificultan el acceso a la verdad son los "ídolos", que es preciso combatir. Junto a ello, propone un nuevo método basado en la recolección de datos y en su posterior ordenación en tablas desde las que puede lograrse, por un procedimiento de exclusión, una primera hipótesis. Se trata de un método básicamente inductivo.
- René Descartes (1596-1650): desde su convicción de que sólo la duda permite obtener la seguridad de la existencia del pensamiento, propone un método de carácter matemático, constituido por ciertas reglas sencillas que permiten obtener nuevos conocimientos. Esas reglas son cuatro: (1) evidencia: no admitir por verdadero nada que no se presente de manera "clara y distinta" como una intuición de la mente de la que no cabe dudar; (2) análisis: dividir lo que se examina en las partes que los constituyen; (3) síntesis: conducir los pensamientos ordenadamente para ir de lo más simple a los más complejo, en un proceso deductivo; (4) comprobación: revisar el proceso para asegurarse de no incurrir en error.
- Galileo Galilei (1564-1642): considerado el padre del método científico moderno, trabaja con dos elementos básicos: el experimento (la experiencia científica) y los principios matemáticos (las demostraciones). La clave de su método es, precisamente, la unidad de ambos para el avance del conocimiento. Su propuesta, que dará lugar al método hipotético-deductivo actual, se basa en el método de "resolución-composición". Los pasos son: (1) análisis del fenómeno, reduciéndolo a sus propiedades esenciales; (2) construcción de una hipótesis matemática que enlace los elementos analizados; (3) extracción de las consecuencias de esa hipótesis y puesta a prueba (experimental) de las mismas.

3. El método científico
La multiplicidad y variedad de las ciencias hace imposible hablar de "el método científico en general", como si hubiera uno sólo válido para todas ellas. Sin embargo, sí podemos afirmar que las ciencias comparten ciertas características metodológicas que permiten diferenciarlas de otros tipos de saberes no científicos:

  • Parte de la observación: recoge datos que permitan plantear una búsqueda con sentido.
  • Elabora hipótesis: intenta explicar los interrogantes suscitados por medio de una conjetura, un enunciado provisional que da cuenta de los fenómenos observados.
  • Se pueden obtener las hipótesis por generalización (inducción), por deducción (de leyes superiores), por analogía o por imaginación.
  • Contrasta sus hipótesis: procede para corroborar las hipótesis o refutarlas. El modo más habitual es la experimentación, que ha de ser rigurosa, repetible y controlada. Establece predicciones: anticipa lo que se espera que ocurra si la hipótesis es válida.
  • Tiene pretensión explicativa: su objetivo es dar razón de cómo son las cosas y por qué son así; busca regularidades que permitan establecer leyes provisionalmente válidas.

sábado, 12 de abril de 2014

Cosmovisiones científicas y reflexión filosófica

El sentido que posee eso que llamamos realidad se constituye en un horizonte previo que lo hace posible. La ciencia misma es el testimonio más elocuente. Para la física, la libertad, por ejemplo, no tiene sentido, no porque no sea real, sino porque su realidad carece de sentido físico, o, si se quiere, el sentido que la física da a la palabra realidad deja fuera de su mundo el hecho de la libertad; lo cual no obsta, evidentemente, para que ésta sea un hecho, es decir, una realidad, pero en un sentido diferente al que le asigna la física. La idea de realidad cobra su sentido por el todo en que se inscribe cada una de las cosas reales.
En efecto, para la ciencia, tener realidad significa formar parte del mundo de los fenómenos.
X. Zubiri, Naturaleza, Historia, Dios (adaptado)

En el origen del pensamiento occidental, ciencia y filosofía no se distinguen. Ambas se sitúan en el terreno de la episteme, es decir, en el conocimiento que va más allá de la mera opinión. Por eso decimos que son dos modos de conocimiento racional sobre el mundo, aunque los interrogantes que se plantean son diferentes: la filosofía se pregunta acerca del sentido de las cosas, "¿por qué las cosas son lo que son?", y la ciencia sobre el modo de ser de las cosas, "¿por qué las cosas son como son?".
Filosofía y ciencia se asemejan en que ambas son racionales, siguen métodos de investigación rigurosos y buscan explicaciones coherentes de la realidad. Sin embargo, se diferencias en sus planteamientos y en sus métodos.

1. Visiones científicas del mundo
A lo largo de la historia, filosofía y ciencia han caminado por senderos diferentes. Las ciencias se han especializado y, al ampliar sus conocimientos, su objeto de estudio se ha concretado cada vez más. Por eso es necesario que las diversas ciencias dialoguen entre sí para poder explicar fenómenos complejos en los que están implicados varios procesos estudiados por distintas especialidades. Pero esta especialización de las ciencias también ha dado lugar a un mayor distanciamiento de la filosofía, que tiene una visión más global e interrelacionada de la realidad. Sin embargo, las ciencias no pueden comprenderse como meras explicaciones del mundo, sino que sus teorías tienen sentido en el contexto de una cierta visión del mundo (cosmovisión), y con ello se acercan a la filosofía, portadora de modelos metafísicos y teorías sobre la realidad más abarcantes.

2. Aportaciones mutuas de la ciencia y la filosofía
La disociación entre ciencia y filosofía (entre las ciencias y las humanidades en general) produce distorsiones a la hora de analizar los problemas, porque son dos ámbitos interrelacionados que se necesitan mutuamente. La filosofía aporta una reflexión sobre el quehacer científico en general y sobre su método. También reflexiona sobre la validez y alcance de la visiones del mundo que aportan las ciencias. Y analiza los problemas éticos que suscitan los avances científicos y técnicos. Por eso a la ciencia le interesa el trabajo del filósofo, porque puede aportarle información, claridad y sentido a su propio quehacer. Por su parte, la filosofía no puede elaborar teorías que estén al margen de los descubrimientos científicos. El conocimiento científico aporta realismo a la filosofía y le permite apoyar sus conclusiones en un suelo sin el cual se convertiría en mera especulación.

3. El problema cosmológico: entre ciencia y filosofía
Uno de los temas más importantes en las explicaciones sobre el mundo físico es la pregunta por el universo: su origen y constitución, su evolución y su final. Esta tarea, propia de la física, es un problema filosófico de primera índole, puesto que se trata de la pregunta acerca del sentido del universo, el lugar que ocupa el ser humano, etc.
La ciencia, pues, le da que pensar al filósofo. Aristóteles y sus contemporáneos intentaban explicar el cosmos y así hacían física y metafísica al mismo tiempo; la ciencia moderna, Galileo y Newton, elaboraban teorías y leyes sobre el universo, planteando una cosmovisión nueva, con ello hacían física pero apuntaban aspectos metafísicos; en la actualidad, cuando físicos como S. Hawking se preguntan acerca del origen y fin del universo, están yendo más allá de la física y se plantean interrogantes metafísicos.

4. Ciencia y filosofía: las dos culturas
La diferencia de perspectivas ha originado lo que se ha dado en llamar "las dos culturas". En 1959, Snow expuso el distanciamiento existente entre la "cultura científica" y la "cultura humanística". Según Snow, los saberes "humanísticos" (filosofía, literatura, historia, etc.) y los saberes científicos hablaban de diversas cosas, con diferentes objetivos y lenguajes distintos, y así no podían entenderse. Ésta es una disociación absurda, por lo que es importante encontrar un enlace entre ambas culturas. El diálogo y la mutua interacción entre las perspectivas diferentes son los que pueden llevar a la humanidad a lograr nuevos conocimientos y a tomar decisiones coherentes sobre las acciones a llevar a cabo.

Los intelectuales literarios en un polo, y en el otro los científicos, y como más representativos, los físicos. Entre ambos polos, un abismo de incomprensión mutua; algunas veces (especialmente entre los jóvenes) hostilidad y desagrado, pero más que nada falta de entendimiento recíproco. Tienen una imagen singularmente deformada y falseada los unos de los otros. Tan diferentes son sus actitudes que ni siquiera en el nivel afectivo aciertan a encontrar mucho terreno en común.
Parece, pues, que no hay ningún punto donde las culturas puedan encontrarse. Pero en la entraña del pensamiento y la creación estamos dejando escapar algunas de nuestras mejores posibilidades. El punto de colisión de dos materias, dos disciplinas, dos culturas -de dos galaxias, al extremo que han llegado las cosas- tiene que producir posibilidades creativas. En la historia de la actividad mental, ahí es donde han surgido algunas de las grandes innovaciones. Y ahí es donde están ahora las posibilidades. Pero están, por decirlo así, como en un vacío, porque no hay diálogo entre las dos culturas.
C. P. Snow, Las dos culturas y un segundo enfoque (adaptado)

La filosofía de la ciencia es un puente entre las ciencias y las humanidades, ya que interpreta los conceptos y modos de pensamiento de aquellas, juntamente con su contenidos sustantivo, como objeto de reflexión crítica y de comprensión humanística.
La relación entre ciencia y filosofía se refiere, por tanto, no solo a lo que la ciencia es o a cómo se produce el pensamiento científico, sino también a la relación entre el pensamiento científico y otras clases de pensamiento. Así pues, la filosofía de la ciencia proporciona un enlace entre las dos culturas mediante el cual intenta relacionarlas de modo coherente: la filosofía no es otra cosas que una búsqueda consagrada a la coherencia, a la síntesis de lo que sabemos en un campo con lo que sabemos en otros.
M. Wartofsky, Introducción a la filosofía de la ciencia (adaptado)

sábado, 22 de marzo de 2014

Inteligencia ejecutiva

El artículo siguiente se publicó en Magazine EL MUNDO, el 15 de abril de 2012, con motivo de la publicación del libro de José Antonio Marina.

INTELIGENCIA EJECUTIVA
Artículo de Isabel Muñoz y Víctor Rodríguez


Tras el auge del estudio de la inteligencia cognitiva primero y la inteligencia emocional después, emerge ahora con fuerza la noción de inteligencia ejecutiva. El filósofo José Antonio Marina desvela las claves de su funcionamiento en el cuarto tomo de su Biblioteca Universidad de Padres.

¿Inteligencia ejecutiva? No se despiste, no se refiere a la capacidad de entender, de comprender o de resolver problemas que poseen los directores de empresa. Se trata de un modo de definir la inteligencia humana que, aplicado a la educación, puede revolucionarla. Éste es el punto de partida de Inteligencia ejecutiva (Editorial Ariel), el último libro del filósofo y pedagogo José Antonio Marina, dirigido a los padres y a los profesores dentro de su proyecto Universidad de Padres.
"Durante mucho tiempo se pensó que la función principal de la inteligencia era conocer. Después se reconoció la importancia de la inteligencia emocional. Ahora vemos la necesidad de integrar esas ideas dispersas en un modelo más potente", explica Marina. "El objetivo esencial de la inteligencia es dirigir el comportamiento mediante metas conscientemente elegidas, utilizando para ello la información necesaria y la gestión de los sentimientos".
El filósofo sostiene que este nuevo modelo va a revolucionar nuestros métodos de enseñanza. "La neurociencia indica que el cerebro está organizado en dos niveles. El nivel básico es una
fantástica maquinaria neuronal que capta información, la elabora y produce ideas, recuerdos,
sentimientos, deseos. Genera ocurrencias continuamente... Sobre él se desarrollan las funciones ejecutivas, que son las encargadas de proyectar, dirigir, controlar, animar o bloquear esas actividades generadoras".
Para entenderlo más fácilmente, el autor utiliza el símil de un barco. "Nuestra inteligencia", escribe, "es como un poderoso navío dotado de una sala de máquinas y un puente de mando". El mencionado nivel básico, que también puede llamarse inteligencia generadora, sería la sala de máquinas. En ella residen la fuente de energía, los instrumentos para captar, almacenar y combinar la información y un archivo de singladuras pasadas y maniobras exitosas. "Con todo eso", prosigue, "sin que el sujeto lo sepa, se elabora una ruta que se envía al puesto de mando".
Ese puente de mando es la inteligencia ejecutiva, que está para que la orden enviada desde la sala de máquinas no se ejecute inmediatamente. En el puente de mando se decide si es oportuno o no ejecutar tal orden.
Las consecuencias son importantes para los pedagogos y, en último término, para los padres. En el libro, Marina se refiere a los estudios del psicólogo de origen austriaco nacionalizado norteamericano Walter Mischel, que sugieren que la capacidad de resistir la tentación y aplazar la recompensa, funciones características de la inteligencia ejecutiva, predicen con mayor exactitud el rendimiento escolar de los niños que los tests de inteligencia convencionales.
"A todos nos gustaría ser más ingeniosos, más tenaces, más libres. Todas estas cualidades son hábitos que la inteligencia ejecutiva se propone como proyectos, y que consigue mediante
entrenamiento", comenta el escritor. "Podemos educar la gran máquina generadora de ocurrencias, para que sea eficaz y brillante, y debemos educar las funciones ejecutivas, para seleccionarlas y ponerlas en práctica. Ambas cosas hacen posible la educación del talento. Nuestro gran objetivo".
A su juicio, problemas como el déficit de atención, la hiperactividad, la impulsividad excesiva, la dificultad para mantener el esfuerzo y para aplazar la recompensa tiene su origen en no haber educado debidamente este tipo de inteligencia.

Así opera:

1. INHIBE LA RESPUESTA. Es la función esencial de la inteligencia ejecutiva porque permite regular el comportamiento por metas lejanas. Consiste en no dejarse llevar de la impulsividad, para poder evaluar el impulso y decidir si es adecuado o no. Cuando no se educa bien esta función nos encontramos con problemas en el autocontrol del comportamiento. Su mecanismo es sencillo: la inteligencia ejecutiva compara el impulso y el deseo con su criterio de evaluación y lo acepta (pasando a la acción), lo rechaza definitivamente (bloqueándolo) o busca una alternativa. Incluye tres procesos distintos: inhibir la respuesta inmediata a un estímulo, interrumpir una respuesta ineficaz y proteger la conducta de distracciones.
2. DIRIGE LA ATENCIÓN. Ésta es una capacidad imprescindible para el desarrollo de la inteligencia. Nos permite concentrarnos en una tarea, mantener las metas y evitar las distracciones. Hay una atención involuntaria dirigida por el estímulo -por ejemplo, cuando oímos un ruido fuerte- y una atención voluntaria, determinada por el sujeto. Ésta es esencial para el aprendizaje, y para el comportamiento libre. El niño debe aprender a manejarla.
Cuando no es capaz de hacerlo, aparecen los trastornos por déficit de atención, con o sin hiperactividad. Las capacidades atencionales están parcialmente determinadas por su temperamento, pero pueden ser modificadas por la educación y el entrenamiento.
3. CONTROLA LAS EMOCIONES. Es la capacidad para resistir los movimientos emocionales que pueden perturbar la acción y aprovechar aquellos que favorecen la ejecución de las tareas elegidas. La psicología moderna da mucha importancia al aprendizaje por el niño de la autorregulación emocional. La principal función de la madre o del cuidador principal durante los dos primeros años es ayudar al bebé a soportar niveles cada vez más altos de tensión y a aumentar el control sobre su propio comportamiento. Esta autorregulación de las emociones incluye la habilidad para inhibir la negatividad inapropiada, calmarse a sí mismo y poner la atención al servicio de una tarea.
4. PLANIFICA Y ORGANIZA LAS METAS. Somos capaces de anticipar o imaginar el futuro. La inteligencia ejecutiva se propone objetivos, elabora proyectos y diseña planes para realizarlos. Mediante los proyectos transformamos todas nuestras funciones psicológicas. El lenguaje tiene un importante papel en la formulación de metas y también en la supervisión de su ejecución. A partir de las metas elegidas podemos desarrollar las capacidades necesarias para alcanzarlas, por medio del entrenamiento. Insistir en que los niños o los adultos establezcan planes es fácil. Lo que en ocasiones resulta más difícil es que después de establecerlos los pongan en práctica.
5. PERMITE INICIAR Y MANTENER LA ACCIÓN. Hay niños y adultos que son muy lentos en comenzar una tarea, y les cuesta movilizar la energía necesaria para mantenerla. El pedagogo británico Ian Gilbert opone dos tipos de personas: NHL (No lo hagas, laméntate) y NLH (No te lamentes, hazlo). La activación forma parte importante de las funciones ejecutivas, porque nos
permite aprovechar los recursos mentales y físicos. La educación de la perseverancia, la capacidad de soportar la frustración y de aplazar la recompensa, son esenciales para el desarrollo de la inteligencia humana. La resistencia y la capacidad de esforzarse puede fomentarse.
6. ES FLEXIBLE. Hay personas con mucha dificultad para cambiar de ideas, de estrategias o de metas, incluso cuando la experiencia les demuestra que son inadecuadas. Los prejuicios, las manías, todo tipo de fanatismo derivan de una rigidez excesiva de la inteligencia, que produce efectos negativos. Por eso es pertinente introducir dentro de las funciones ejecutivas, es decir, de las competencias que nos permiten realizar nuestras metas, la flexibilidad, la capacidad para mantener nuestro sentido crítico, librarnos de las trampas dogmáticas y mantener nuestra independencia respecto a los adoctrinamientos. Hay que inducir en el niño el automatismo del cumplimiento del deber, pero no a lo loco, sino del deber que la razón nos señala.
7. RECUERDA TRABAJOS PREVIOS. Hay que ser muy tonto para decir que la memoria es la inteligencia de los tontos, porque es el fundamento de toda la actividad de la inteligencia. La
inteligencia ejecutiva determina los contenidos de nuestra experiencia que van a ser almacenados en la memoria a largo plazo. Y también -y esto es muy importante-, activa la "memoria de trabajo", es decir, los contenidos de la memoria que son pertinentes para la tarea emprendida. La educación es construcción de la propia memoria, y es imprescindible organizarla adecuadamente, estableciendo redes y mapas conceptuales y afectivos eficientes, y entrenando la capacidad de activar zonas amplias del recuerdo.
8. EXAMINA CÓMO PENSAMOS. Otra función de la inteligencia ejecutiva es el manejo de la
metacognición. La mayor parte de nuestra actividad mental la realizamos de manera no consciente. La metacognición es el esfuerzo reflexivo para saber cómo pensamos, resolvemos problemas o buscamos información. En otras palabras, un examen de conciencia. Se trata de una excelente herramienta para pensar de manera más eficiente, por lo que debemos fomentarla desde la escuela. Los niños mejoran espectacularmente en su aprendizaje cuando reciben este tipo de educación. La psicóloga norteamericana Peg Dawson afirma que estas habilidades se desarrollan a partir del primer año de vida.

domingo, 16 de marzo de 2014

La peculiaridad del conocimiento científico

A lo largo de la historia, los seres humanos han intentado encontrar respuestas a las preguntas acerca de la realidad y acerca de sí mismos. Desde la filosofía se busca el sentido del mundo: por qué es, y desde la ciencia se ofrecen explicaciones sobre lo que es. Por eso son dos saberes que caminan juntos desde el origen del pensamiento humano, a pesar de que, en la actualidad, parezcan disociados. 

1. Qué es la ciencia
La ciencia es uno de los productos más importantes del conocimiento humano. Con ella hemos logrado desentrañar muchos de los misterios del universo, del mundo y del mismo ser humano. Y ella ha sido también la base para la transformación y modificación del entorno. La ciencia intenta encontrar explicaciones a los enigmas que nos rodean desde una dimensión racional en la que se acentúa el apoyo empírico en los datos. Es decir, procura dar respuestas a las preguntas que se nos plantean por medio de la observación de lo que ocurre y la elaboración de hipótesis que después se contrastan para comprobar su validez.

2. Tipos de ciencias
Existen diferentes tipos de ciencias: atendiendo a su modo de trabajo, están las ciencias formales, que son aquellas que no tienen una base empírica y trabajan con entidades formales, como las matemáticas o la lógica, y las ciencias empíricas. De acuerdo con su objeto de estudio, hay ciencias naturales, que son las que se refieren a fenómenos, cosas o sucesos de la naturaleza, como la física, la química, la biología o la paleontología, y ciencias humanas o sociales, que son las que tienen por objeto de estudio las relaciones de los seres humanos entre sí y sus resultados, como la sociología, la economía o la psicología.
Igualmente podemos hablar de dos aproximaciones a la ciencia: la ciencia teórica, que es aquella que tiene por objeto el conocimiento del mundo, y la ciencia aplicada, que busca la transformación y modificación del mismo. Actualmente, debido al enorme desarrollo de la técnica, existe una íntima relación entre ambas que impide distinguirlas claramente. Por eso hablamos de tecnociencia para referirnos a esa unión. Además, tampoco la ciencia se concibe ahora como algo ajeno a la sociedad, sino como un elemento que influye en ella y que es influido por ella.

3. Las implicaciones sociales de la ciencia
Las ciencias no son ajenas a su marco social, cultural y económico. Más bien hay que pensar que se produce una interacción mutua: la ciencia proporciona nuevos conocimientos que modifican la sociedad (transforman el mundo) y, a su vez, esa sociedad nueva demanda nuevos conocimientos científicos para responder a nuevos interrogantes. Se trata de un proceso de "ida y vuelta" que nunca tiene fin y que permite que los seres humanos y su medio (tanto natural como social) vayan cambiando. Por todo ello, podemos decir que la ciencia es un "motor de transformación" del mundo y de las ideas que sobre él tenemos, que está integrado en nuestra vida.

4. Características de la ciencia
  • ES UN CONJUNTO ORDENADO DE CONOCIMIENTOS: La ciencia es un conjunto de conocimientos, sobre algún aspecto de la realidad, organizado conforme a criterios de orden y en el que se establecen relaciones entre los conocimientos.
  • PARTE DE LOS FENÓMENOS: El punto de partida de la ciencia son los datos (normalmente empíricos) de sucesos, cosas, acontecimientos o relaciones de cosas, que son observados y definidos con precisión.
  • PLANTEA HIPÓTESIS: Plantea posibles respuestas a los problemas. Tiene un carácter conjetural que permite el avance del conocimiento.
  • EXPLICA LOS FENÓMENOS: Tiene afán explicativo, es decir, da constancia de los fenómenos razonando sus causas, relaciones y consecuencias.
  • BUSCA REGULARIDADES: Las explicaciones científicas buscan regularidades de la naturaleza, que se expresarán en leyes y teorías, intentando detectar relaciones causales, deductivas o consecuencias que permitan comprender lo que ocurre y hacer predicciones sobre lo que va a suceder.
  • ESTÁ ESPECIALIZADA: Cada rama científica está especializada en un aspecto concreto de la realidad, así podemos profundizar en su conocimiento. Sin embargo, la ciencia actual es multidisciplinar, porque es necesario conectar unos conocimientos y otros para alcanzar una explicación más completa de los fenómenos.
  • INTENTA SER OBJETIVA: Explica los fenómenos y busca comprobaciones empíricas que puedan ser repetibles, uniformes y con resultados equivalentes.
  • BUSCA LA VERDAD: El conjunto de conocimientos sólo nos ofrece una verdad parcial, consensuada en la comunidad científica a partir de los datos y resultados obtenidos.
  • ES HISTÓRICA: La ciencia es histórica, cambiante y dinámica. Es un conocimiento siempre revisable y nunca terminado. Además, está influida por los factores socio-culturales de cada época y lugar.
  • ES RACIONAL: Es un tipo de conocimiento que utiliza la razón y está basado en las reglas de la lógica.
  • ES AUTÓNOMA: La ciencia debe ser un conocimiento autónomo, a pesar de tener relación con otras ciencias, con otras disciplinas no científicas y con el entorno cultural en el que se inscribe. Tiene un grado de independencia propio de su campo de objetos y de su método de trabajo.
  • ES RIGUROSA: Tiene rigor metodológico y explicativo. Analiza la experiencia y sus datos con precisión, elabora hipótesis cuidadosamente y busca explicaciones coherentes con la realidad.

sábado, 8 de marzo de 2014

El conocimiento científico

La ciencia es un sorprendente producto de la razón que permite al ser humano conocer la realidad. Con ella hemos sido capaces de ahondar en lo más profundo de la materia viva y también viajar al espacio para ver el universo. Es un modo de conocimiento que intenta explicar el mundo y el ser humano con una metodología apoyada en la observación de los fenómenos y en la construcción de teorías que puedan dar cuenta de ellos. Para conseguirlo, la razón científica, como la razón filosófica, se apoya en una estructura de lenguaje y de pensamiento coherente y rigurosa: la lógica.

Ciencia y filosofía: saberes distintos pero no distantes
Hoy por hoy no se puede seguir pensando, en el sentido amplio de pensar (sea como filósofo, como científico o como ensayista), haciendo una distinción radical entre lo que nos dice la ciencia o lo que nos dice la tradición y la reflexión filosófica. Estas dos maneras de ver el mundo, lo que se llamaba las dos culturas, no pueden funcionar separadamente. Tenemos que conseguir crear una tercera cultura en la que una fuente muy importante de sus mitos e imágenes, de las explicaciones para el pensar cultural y filosófico, tienen que venir en diálogo con la ciencia.
Ahora bien, eso no significa que para mí la ciencia sea la fuente de la verdad o el árbitro de cómo son las cosas "realmente". No creo que la ciencia tenga ni el derecho ni la capacidad de decidir la verdad sobre las cosas. Es una lectura posible sobre el mundo que no puede estar ajena a la reflexión cultural. Ningún filósofo puede permitirse el lujo, hoy en día, de no saber ciencia, de la misma manera que ningún científico puede abrir la boca sobre cultura sin conocer las grandes tradiciones del pensamiento.
Tengo verdadero horror al pensamiento cientificista, porque lo peor que le puede pasar a una línea de pensamiento es el cientificismo, mejor sería quedarse con las dos culturas separadas. Pero también me parece un poco triste que alguien quiera hacer filosofía sin un diálogo estrecho con lo que está haciendo la ciencia. Esta tercera cultura es exactamente hacia donde deberíamos ir.
M. Varela, "Hay que buscar una nueva cultura", El País (9-11-1991)

La ciencia, parte de nuestra vida
Solo en los últimos ciento cincuenta años la ciencia se ha convertido en un factor importante, que determina la vida cotidiana de todo el mundo. En ese breve tiempo ha causado mayores cambios que los ocurridos desde los días de los antiguos egipcios. Ciento cincuenta años de ciencia han resultado más explosivos que cinco mil años de cultura precientífica. Sería absurdo suponer que el poder explosivo de la ciencia está agotado o que ha alcanzado ya su máximo. Es mucho más probable que la ciencia continúe durante los siglos venideros produciendo cambios aún más rápidos.
B. Russell, La perspectiva científica