Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
@blog_trca

martes, 27 de diciembre de 2011

NoMiedo

Durante los días 24, 25 y 26 de noviembre, asistimos al XI Congreso de Escuelas Católicas celebrado en Madrid, en el Hotel Auditorium. Una de las conferencias fue la de Pilar Jericó, doctora en Organización de Empresas, y especialista en la gestión del talento.
Su ponencia, titulada "Liderazgo organizativo", nos planteaba cómo reaccionamos ante los cambios organizativos y cómo podemos superar el miedo que los cambios generan.
De entre todas sus ideas, me quedo con la siguiente pregunta que nos planteó:

Hay tres tipos de personas, los que al morir dejan el mundo como estaba, los que dejan un mundo peor, y los que dejan un mundo mejor. ¿Cuál de estos tres tipos de personas quieres ser tú?

Pilar Jericó
En el Congreso nos recomendaron su libro "NoMiedo", y lo busqué en la biblioteca. Lo he leído un par de veces, y he seleccionado algunos párrafos curiosos.

El miedo ha sido empleado como método de gestión en las empresas durante siglos (y se continúa empleando). Pues bien, ¡rescatémoslo del silencio! Sólo cuando lo hagamos nos daremos cuenta de que existe otra alternativa. Tal vez más compleja, pero sin duda mucho más rentable: la opción del NoMiedo, basada en el talento, el cambio y la innovación.
(...)
La base del miedo es biológica, pero el conocimiento consigue reducir la incertidumbre del medio y modular parte de nuestros temores.
(...)
Las conexiones neuronales o sinapsis nos mantienen vivos y jóvenes (quizás desarrollar nuestro talento sea como aplicar una crema antienvejecimiento a nuestro cerebro). Cuando vivimos situaciones agradables, como estar rodeados de amigos o trabajar en un equipo con el que nos sentimos a gusto, las conexiones neuronales son más fluidas.
(...)
Sin embargo, las luces de neón se apagan cuando sentimos miedo.


(...) El tálamo es la torre de control de nuestro cuerpo, que centraliza las informaciones del medio. Desde ahí se distribuyen los datos a dos sistemas cerebrales: la amígdala, desde donde sentimos, y el neocórtex, desde donde razonamos. Y, curiosamente, la información pasa antes por aquélla que por el neocórtex. Es decir, sentimos antes que pensamos. ¿Qué significa esto? Si en un entorno de trabajo vive amenazas o se siente inseguro con su equipo, la amígdala se pondrá su pasamontañas, secuestrará su talento y no podrá razonar tan brillantemente como lo hace en entornos amigables.
(...)
Cada uno de nosotros tiene uno o varios tipos de miedo e incluso el mismo miedo puede ser percibido de forma distinta según quien lo sienta.

  • Miedo a la no supervivencia: miedo a perder el trabajo, a no llegar a fin de mes...
  • Miedo al rechazo: miedo a ser distinto, al éxito o a destacar, a relacionarse con las personas...
  • Miedo al fracaso: miedo al error, a asumir riesgos, a tomar decisiones, a no ser reconocido por el trabajo...
  • Miedo a la pérdida de poder: miedo a perder un puesto de influencia, a no ser reconocido por el trabajo...
  • Miedo al cambio: miedo a un cambio de función, a un cambio de localización...
(...)
Sun Tzu afirma que un problema puede ser una oportunidad, pero para ello hay que arriesgar. Cuestionar es el primer paso para innovar. Las empresas punteras saben que pocas veces se logra el eureka a la primera. Con cada historia de éxito, conviven diez historias de fracaso y de errores. Si se penaliza el error, se sacrifica parte del futuro...
(...)
El ser humano necesita la información como el aire que respira. Según los psicólogos, somos "informívoros", devoradores de información. Si no la obtenemos de la fuente adecuada (o si ésta es parcial, sesgada o manipuladora), iremos a buscarla a la mejor fuente alternativa: los rumores. Éstos son siempre directamente proporcionales a la opacidad de la organización.
(...)

No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer.
STEVE JOBS, Presidente de Apple

Los organigramas de las empresas han empezado a adelgazar: del modelo pulpo, con una cabeza y multitud de tentáculos, hemos pasado al modelo en red, donde los delegados tienen responsabilidades y poder para tomar decisiones. Cuanto más participativo sea el poder, menos miedo provoca. Ahora bien, actuar sobre el poder implica seleccionar a los líderes adecuados: aquellos que su poder está al servicio de la empresa.
(...)
¿A qué profesionales reconoce la organización, a aquellos que arriesgan e incluso se equivocan o a los perfectos inmovilistas? Si la empresa premia la mediocridad, tendrá mediocres. Si se desea anular el miedo, premie a los profesionales con talento, innovadores, que tomen decisiones... aunque se equivoquen.
(...)
La incertidumbre le desagrada a nuestro cerebro. Según los psiquiatras, buscamos estrategias para reducirla... algo con lo que sostenernos cuando suenan truenos de tormenta. Pero los tiempos son inciertos. Los competidores son imprevisibles y la velocidad resulta imparable. ¿Y qué puede hacer la empresa? No puede evitar la incertidumbre exterior, pero sí las de puertas adentro. Ése es uno de sus mayores desafíos para evitar el miedo. Y la comunicación es la pieza central.
(...)
La necesidad de buscar sentido en lo que hacemos es un importante desafío para las empresas. (...) [Tres son los] motivos de los que depende nuestro compromiso: causas externas (dinero, status...), internas (formación, desarrollo...) y trascendentes (misión y valores). Es precisamente la última motivación la que mueve montañas, pasiones o talentos. Cuando alguien está conectado a su misión -a veces llamamos vocación-, es capaz de dejarse la piel en el proyecto.
(...)
Somos más fuertes cuando creemos en lo que hacemos y le damos un sentido distinto. Es más: si no se tiene un para qué, se cae en las redes del miedo.






jueves, 6 de octubre de 2011

Inteligencia emocional, de Daniel Goleman

"Inteligencia emocional" se publicó en nuestro país en 1996, justo un año después de convertirse en un superventas en Estados Unidos. Este libro me lo regaló una compañera de trabajo, en las navidades de 1997. Ahora lo he leído por segunda vez, y se nota el tiempo que ha pasado desde su publicación: a nivel teórico, digamos que se ha completado ya con otros muchos estudios que amplificaron las ideas iniciales; pero a nivel práctico, sí tiene aún vigencia, ya que queda mucho por aplicar de sus interesantes propuestas.
He recogido aquellos párrafos que merecen un repaso detenido. Haré mención al capítulo, y a las páginas en que aparecen.

Parte II. La naturaleza de la inteligencia emocional
3. Cuando el listo es tonto
(...) toda persona es el resultado de la combinación, en distintas proporciones, entre el CI y la inteligencia emocional. (...) Ambas imágenes, pues, se presentan combinadas porque toda persona posee inteligencia cognitiva e inteligencia emocional, aunque lo cierto es que la inteligencia emocional aporta, con mucha diferencia, la clase de cualidades que más nos ayudan a convertirnos en auténticos seres humanos.
Página 84

6. La aptitud maestra
Seligman define al optimismo en función de la forma en que la gente se explica a sí misma sus éxitos y sus fracasos. Los optimistas consideran que los fracasos se deben a algo que puede cambiarse y, así, en la siguiente ocasión en la que afronten una situación parecida pueden llegar a triunfar. Los pesimistas, por el contrario, se echan las culpas de sus fracasos, atribuyéndolos a alguna característica estable que se ven incapaces de modificar.
(...) el optimismo (...) es un buen predictor del éxito académico. (...) Es la combinación entre el talento razonable y la capacidad de perseverar ante el fracaso lo que conduce al éxito. (...) "Yo creo que, dado un determinado nivel de inteligencia, el logro real no depende tanto del talento como de la capacidad de seguir adelante a pesar de los fracasos" (Seligman, 1987).
Páginas 150 - 151

7. Las raíces de la empatía
La conciencia de uno mismo es la facultad sobre la que se erige la empatía, puesto que, cuanto más abiertos nos hallemos a nuestras propias emociones, mayor será nuestra destreza en la comprensión de los sentimientos de los demás.
Página 162

A diferencia de la mente racional, que se comunica a través de las palabras, las emociones lo hacen de un modo no verbal. De hecho, cuando las palabras de una persona no coinciden con el mensaje que nos transmite su tono de voz, sus gestos  u otros canales de comunicación no verbal, la realidad emocional no debe buscarse tanto en el contenido de las palabras como en la forma en que nos está transmitiendo el mensaje. Una regla general utilizada en las investigaciones sobre la comunicación afirma que más del 90% de los mensajes emocionales es de naturaleza no verbal (la inflexión de la voz, la brusquedad de un gesto, etc.) y que este tipo de mensaje suele captarse de manera inconsciente, sin que el interlocutor repare, por cierto, en la naturaleza de lo que se está comunicando y se limite tan sólo a registrarlo y responder implícitamente.
Páginas 164 - 165

8. Las artes sociales
(...) cuatro habilidades identificadas por Hatch y Gardner como los elementos que componen la inteligencia emocional:
  • Organización de grupos. La habilidad esencial de un líder consiste en movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas. Ésta es la capacidad que podemos advertir en los directores y productores de teatro, en los oficiales del ejército y en los dirigentes eficaces de todo tipo de organizaciones y grupos. En el patio de recreo se trata del niño que decide a qué jugarán, el niño que termina conviertiéndose en el capitán del equipo.
  • Negociar soluciones. El talento del mediador consiste en impedir la aparición de conflictos o en solucionar aquéllos que se declaren. Las personas que presentan esta habilidad suelen descollar en el mundo de los negocios, en el arbitrio y la mediación de conflictos y también pueden hacer carrera en el cuerpo diplomático, en el mundo del derecho, como intermediarios o como consejeros de empresa. Son los niños, en nuestro caso, que resuelven las disputas que se presentan en el patio de recreo.
  • Conexiones personales. (...) [Esta habilidad] se asienta en la empatía, favorece el contacto con los demás, facilita el reconocimiento y el respeto por sus sentimientos y sus intereses y permite, en suma, el dominio del sutil arte de las relaciones. Estas personas saben "trabajar en equipos" y suelen ser consortes responsables y buenos amigos o compañeros de trabajo; en el mundo de los negocios son buenos vendedores o ejecutivos y también pueden ser excelentes maestros. Los niños (...) suelen llevarse bien con casi todo el mundo, no tienen dificultades para jugar con otros niños y disfrutan haciéndolo. Estos niños tienden a ser muy buenos leyendo las emociones de las expresiones faciales y también son muy queridos por sus compañeros.
  • Análisis social. Esta habilidad consiste en ser capaces de detectar e intuir los sentimientos, los motivos y los intereses de las personas, un reconocimiento que suele fomentar el establecimiento de relaciones con los demás y su profundización. En el mejor de los casos, esta capacidad les convierte en competentes terapeutas o consejeros psicológicos y, en el caso de combinarse con el talento literario, produce novelistas y dramaturgos muy dotados.
El conjunto de todas estas habilidades constituye la materia prima de la inteligencia interpersonal, el ingrediente fundamental del encanto, del éxito social e incluso del carisma. Las personas socialmente inteligentes pueden conectar fácilmente con los demás, son diestros en leer sus reacciones y sus sentimientos y también pueden conducir, organizar y resolver los conflictos que aparecen en cualquier interacción humana. Ellos son los líderes naturales, las personas que saben expresar los sentimientos colectivos latentes y articularlos para guiar al grupo hacia sus objetivos.
Páginas 194 - 195

Parte III. Inteligencia emocional aplicada
10. Ejecutivos con corazón
Permítanme ahora destacar tres facetas diferentes de la inteligencia emocional: la capacidad de expresar las quejas en forma de críticas positivas, la creación de un clima que valore la diversidad y no la convierta en una fuente de fricción y el hecho de saber establecer redes eficaces.
Página 242

11. La mente y la medicina
El pesimismo -al igual que la depresión- tiene su precio, mientras el optimismo, por el contrario, supone considerables ventajas. (...)
La esperanza, al igual que su pariente cercano el optimismo, también constituye un factor curativo. En este sentido, las personas esperanzadas se muestran complensiblemente más capaces de superar los retos que les presente la vida, incluyendo los problemas mentales.
Páginas 282 - 283

Daniel Goleman
Parte IV. Una puerta abierta a la oportunidad
12. El crisol familiar
El rendimiento escolar del niño depende del más fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Veamos ahora los siete ingredientes clave de esta capacidad fundamental (por cierto, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional) (...):
  1. Confianza. La sensación de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensación de que tiene muchas posibilidades de éxito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
  2. Curiosidad. La sensación de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
  3. Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad está ligada a la sensación y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
  4. Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensación de control interno.
  5. Relación. La capacidad de relacionarse con los demás, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
  6. Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los demás. Esta capacidad exige la confianza en los demás (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
  7. Cooperación. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los demás en las actividades grupales.
Página 304

13. Trauma y reeducación emocional
Como ha demostrado un reciente estudio realizado con supervivientes del holocausto nazi, la impronta del terror -y el pertinaz estado de hiperalerta resultante- puede perdurar toda la vida. Cincuenta años después de haber perecido casi de inanición, de haber presenciado el asesinato de sus seres más queridos y de haber sobrevivido al terror constante de los campos de exterminio nazi, los recuerdos obsesivos seguían siendo particularmente vívidos. (...) Medio siglo más tarde, el 60% de los entrevistados reconoció que pensaba a diario en el holocausto y ocho de cada diez manifestaron sufrir frecuentes pesadillas. Como dijo un superviviente: "No sería normal si después de haber sobrevivido a Auschwitz no tuviera pesadillas".
Páginas 316 - 317

domingo, 25 de septiembre de 2011

Martín Rico y Ortega

Esta mañana de domingo la he pasado en el Museo del Prado, mientras hacía hora para coger el AVE que me llevara a Zaragoza. Iba con un compañero de trabajo, que visitaba este museo por primera vez, y nos fuimos a las zonas más conocidas (Velázquez, Goya...); pero tuve la suerte de que este compañero no es demasiado observador, por lo que íbamos de sala en sala con rapidez. Cuando ya se cansó, me esperó en la cafetería, y así me centré en la pintura española del siglo XIX. Y entre las salas me encontré con este bello paisaje de Venecia pintado por Martín Rico y Ortega, La riva degli Schiavoni. Se trata de un lienzo de 41 x 71 cms, fechado en 1873, y tiene la peculiaridad de que, a pesar de su aparente realismo, ha omitido el edificio de la cárcel que da sentido al Puente de los Suspiros.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Arte y educación

Nuestra razón está perfectamente capacitada para captar y comunicar la belleza de la Naturaleza y la belleza del arte. Además, la dimensión estética es esencial a la naturaleza humana. Ahora bien, para que pueda desarrollarse en toda su amplitud, es preciso un cultivo del gusto, esto es, un período de maduración de la "conciencia estética" a través del aprendizaje, del mismo modo que también hace falta un período de estudio y maduración para entender de ciencia y de moral.
Estamos de acuerdo con Savoy Uriburu, cuando dice que "si no se desarrolla de modo satisfactorio la capacidad estética, no puede darse una formación plena integral de la personalidad, porque una de sus dimensiones esenciales no se habría desarrollado". El desarrollo de la dimensión estética del ser humano contribuye a su "humanización" y ello sucede no sólo cuando el ser humano es meramente contemplador de objetos estéticos, sino también cuando es creador de aquéllos. Además, la educación estética es fuente de la sociabilidad humana. Como dice Kant: "Por sí solo, un hombre abandonado en una isla desierta ni adornaría su cabaña ni su persona, ni buscaría flores ni menos las plantaría para adornarse con ellas; sólo en sociedad se le ocurre, no sólo ser hombre, sino a su manera ser un hombre fino".

sábado, 17 de septiembre de 2011

La segunda vida del arte

En la actualidad, es difícil distinguir entre el verdadero arte y los múltiples productos que se nos intentan vender como tal. La relación del arte con la economía se ha transformado plenamente desde la Antigüedad hasta nuestros días. En el Renacimiento existía un mecenas que ayudaba al artista económica y vitalmente; en los siglos XVII y XVIII, las monarquías europeas apoyaban el arte con sus artistas de la corte. Pero todo ello se ha metamorfoseado en el siglo XX en un empresario que vende arte como vende cualquier otro producto del mercado, y esto ha provocado que se produzcan obras banales, poco trabajadas y frívolas, con el único fin de sacar el máximo provecho económico posible.
En este reino de la confusión, se llega incluso a pensar que para que un objeto pueda ser considerado artístico se requiere simplemente que cumpla estas cuatro condiciones:
  1. Que sea el fruto de alguien que diga ser artista.
  2. Que sea expuesto en una galería, publicado o exhibido.
  3. Que los críticos ayuden al artista a hacer pública su obra.
  4. Que se venda.
De acuerdo con esto, resulta que el modo de decidir qué es arte y qué no lo es se asemeja, en buena medida, a una operación comercial: arte es lo que se cotiza en el mercado. Sin embargo, en ninguna de esas condiciones legitimadoras del arte se pide que la obra produzca un impacto emocional en el espectador, y, sin embargo, éste ha sido el criterio que desde la Antigüedad nos ha orientado para decidir qué es arte y qué no lo es.
Lluís Racionero llama a este criterio la segunda vida del arte. Sólo aquello que produce un verdadero impacto en el espectador es arte. La obra nace en la mente del artista y renace (segunda vida) en el espectador. Son las dos vidas del arte: nace en el artista y renace en el espectador. Se diría que el espectador emocionado vuelve a la realidad y la percibe transfigurada a causa de su nuevo estado de ánimo. Ésa es la enorme utilidad del arte, su función perenne, válida incluso en una época de divesión como la nuestra, porque, una vez que el espectador haya captado la realidad transfigurada, el mundo ya no volverá a ser como antes.
Es, por tanto, en la emoción donde debe buscarse la clave que permita distinguir con claridad qué objetos o producciones pueden ser consideradas obras de arte. De ahí que podamos aceptar como legítima la definición de arte que propone Racionero: "arte es todo objeto material o mental compuesto por un ser humano que puede provocar una emoción a un grupo de espectadores". Examinemos brevemente los tres ejes sobre los que está estructurada esta definición: el espectador, el objeto creado y la relación entre ambos.
    
    La balsa de la Medusa, de Théodore Géricault (1819)
    Museo del Louvre, París
    
  1. Por parte del espectador, son requeridas una serie de condiciones tanto de carácter personal, tales como agudeza de los sentidos, acumulación de experiencias previas, etc., como de naturaleza histórico-social (desarrollo cultural de los sentidos).
  2. El objeto, por su parte, también debe cumplir una serie de requisitos que lo acerquen lo más posible a la obra de arte. Desde un punto de vista formal, ha de tener las siguientes propiedades: unidad en la diversidad, proporción, escala humana, sorpresa, ritmo vital, etc. Pero también existe una serie de condiciones sociales que acercan una determinada creación al rango de obra de arte, siendo la principal el que ésta se ocupe de alguno de los problemas, hechos o misterios que más vivamente interesan a una sociedad en un momento dado. Cuanto más relevante, a nivel social, sea el tema de una obra de arte, tanto mayor será la probabilidad de que causa impacto en un número elevado de sujetos receptores.
  3. Finalmente, es preciso examinar el concepto de emoción. Considerémosla como "una carga del sistema nervioso que, al superar el nivel de intensidad, escapa al control de la razón y deviene autónoma como un reflejo condicionado: es el escalofrío producido por la música, el sobrecogimiento que nos embarga al oír un poema sublime, el abandono estático que nos invade al recibir cualquier impresión sensorial provocado por un acto humano de gran fuerza" (Racionero, Arte y ciencia).