Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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sábado, 18 de marzo de 2017

Las razones del derecho

La regla de oro
La regla de oro expresa de manera intuitiva la convicción moral más fundamental, ya sea bajo la forma negativa: "no hagas a tu prójimo lo que no te gustaría que a ti te hicieran", o ya sea bajo la forma positiva: "haz al otro todo lo que querrías que a ti hicieran".
Se puede tener esta fórmula como la máxima suprema de la moralidad que el filósofo no tiene que demostrar sino reflexionar y, si es posible, formalizar. Antes de adentrarse en la tarea de la fundamentación, la filosofía tendrá en cuenta que la acción no es solamente interacción, transacción..., sino una relacióna asimétrica entre lo que uno hace y lo que es hecho a otro.
El problema moral nace cuando alguien ejerce un poder sobre otro al actuar. La posibilidad de tratar al otro como un medio y no como un fin está inscrita en la estructura misma del obrar humano.
P. Ricoeur, Lo justo

1. Legalidad y legitimidad
La filosofía no está preocupada sólo por una "teoría" de la justicia sino por las formas en las que ésta puede realizarse en la sociedad: leyes, códigos, hábitos, convicciones morales, etc. Uno de los problemas más importantes de esta realización y "práctica" es la relación que tiene esta virtud con los distintos códigos y leyes que articulan la convivencia. Por este motivo, la tarea del derecho no se reduce al desarrollo de un sistema normativo aplicable a todos los miembros de una sociedad, sino a la realización de la justicia.
Aunque esta realización de la justicia suponga la aplicación y el desarrollo de un conjunto de normas jurídicas o preceptos legales (legalidad), dicha realización tiene que llevarse a cabo de una forma argumentada, racional y ajustada a unos principios éticos universales. Esta forma de realizarse la justicia plantea el problema de la legitimidad de las normas. Al distinguir entre legalidad y legitimidad se abre la posibilidad de que las normas jurídicas puedan ser justificadas y argumentadas mediante normas morales.

2. Kohlberg: persona y norma moral
En el siglo XX, para demostrar que las convenciones sociales y las convicciones éticas pueden ser aceptadas argumentativa y racionalmente, la psicología del desarrollo moral estudiará a fondo la relación entre maduración personal de la intención moral y sus consecuencias sociales. Kohlberg, a partir de sus observaciones y estudios del desarrollo psicológico, afirma que la relación que el ser humano tiene con las convenciones y normas sociales varía con la fase de su desarrollo personal en la que se encuentre. Esta variación es el resultado de la interacción entre la vida personal del sujeto y las normas de su sociedad.
En este sentido, una persona autónoma y madura no es sólo aquella que acepta incondicional y acríticamente las normas de su sociedad, sino aquella que sabe tomar distancia respecto a ellas. En este sentido, una norma legítima no es aquella que no se puede poner en cuestión, sino aquella que es aceptada y puede ser criticada por los sujetos a quienes va dirigida.
El protagonismo que Kohlberg asigna a la persona en el proceso de legitimación de normas hace que su teoría sea importante para el estudio de las relaciones entre el nivel fáctico de una norma (facticidad) y la aceptación racional de las mismas (validez).

3. Facticidad y validez de las normas
Cuando una sociedad se conforma con los niveles de justicia existentes en sus leyes y no aspira a que éstas se innoven y mejoren según los principios de justicia, entonces la sociedad permanece en un convencionalismo moral. Por el contrario, cuando una sociedad se cuestiona la relación entre los niveles de justicia existentes y los niveles de justicia deseables, entonces la sociedad se orienta hacia un posconvencionalismo moral. En el primer caso hablamos de facticidad o vigencia de las normas sociales, en el segundo nos preguntamos por la validad de las mismas.


4. La legalidad en la vida moral 
La realización de la justicia no está relacionada únicamente con la aplicación de las leyes vigentes, sino con el desarrollo de un sistema normativo abierto donde quepan la desobediencia civil, el arrepentimiento, la reparación y la generosidad. Así, la legalidad se encuentra sometida al dinamismo de una vida moral que la cuestiona, alimenta y enriquece.  

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