Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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jueves, 27 de junio de 2019

Vivo bien, pero no me siento bien

La tristeza y el descontento con nosotros mismos y con nuestra realidad a menudo se deben a causas profundas y complejas que es preciso descubrir y afrontar.
Supongamos que gozamos de buena salud; supongamos también que tenemos un trabajo que nos permite vivir con holgura; supongamos, además, que nuestras relaciones son, al menos, aceptables. ¿Nos aseguran estos supuestos la felicidad?
No, la felicidad casi nunca está asegurada. Muchas personas confunden la felicidad con el bienestar, pero son dos cosas distintas. Una persona puede tener buenas condiciones de vida desde el punto de vista de los demás -trabajo y dinero, salud, buenos amigos, includo éxito y reconocimiento social- y, sin embargo, no sentirse bien consigo misma.
Las razones de ese "no sentirse bien" con uno mismo pueden ser muy variadas. Aquí vamos a apuntar las dos más frecuentes, que son quizá las más importantes:

La primera es descubrir que "tener mucho" no es lo mismo que "ser mucho". Nos esforzamos en poseer cosas, bienes, incluso personas, y luego caemos en la cuenta de que las cosas y los bienes nos esclavizan, y de que las personas jamás nos pertenecen. Vivimos entonces la carga de nuestras posesiones y el abandono de quienes creíamos que estaban con nosotros, y sólo fueron compañías circunstanciales. En el esfuerzo por poseer todo lo que hemos dicho no debemos abandonar nuestra propia construcción personal; si lo hacemos, podemos vivir una pérdida importante del sentido de nuestra vida.
La segunda razón por la que podemos no sentirnos bien es darnos cuenta de que carecemos de criterios propios para resolver determinados problemas, ya sea porque no hemos desarrollado nuestra creatividad o porque no tenemos los principios morales, ideológicos o religiosos para afrontarlos. Entonces nos vemos desbordados por la situación, no sabemos qué hacer, y corremos el peligro de huir de la realidad o de solucionarlos del primer modo que se nos ocurre, lo que normalmente nos acarrea nuevos y más difíciles problemas.

Es característica de nuestro tiempo vivir hacia fuera, pero la auténtica vida humana se compone de dos dimensiones: el mundo y yo. Y ninguna de ellas es prescindible. Reconciliarnos con nuestra historia personal, perdonar y perdonarnos los errores, aprender de lo vivido y comprometernos con principios morales de justicia y felicidad, con ideas políticas que nos lleven a una sociedad mejor y con creencias religiosas que alienten en nosotros la esperanza, son condiciones imprescindibles para que nuestra vida sea, para nosotros mismos y para los demás, felicitante.

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