Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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lunes, 19 de agosto de 2013

La capacidad humana de conocer

El ser humano es capaz de conocer la
realidad en su conjunto a partir de los
elementos que la configuran.
El ser humano tiene una capacidad distintiva del resto de los seres vivos: conocer. No solo se desarrolla en su mundo sino que es capaz de conocerlo y también de preguntarse por él, incluso puede conocerse a sí mismo. Este conocimiento procede tanto de unos condicionamientos biológicos como de unos desarrollos culturales.
Conocer es preguntarse por el mundo y por uno mismo, es abrir nuestros sentidos al mundo y tomar contacto con la realidad. Recoger información y procesarla de una cierta manera. Asombrarse ante lo que nos rodea e intentar comprenderlo. Plantear preguntas y buscar soluciones. Nunca dejar de pensar, nunca darse por satisfechos. Por eso es importante conocer el mismo conocimiento, es decir, hacer la reflexión y el análisis desde la descripción de las capacidades humanas hasta las implicaciones últimas que ello conlleva, y comenzar por saber qué podemos conocer y cuáles son los determinantes y condicionantes de nuestro conocimiento, para establecer el modo propio del conocimiento humano y su desarrollo a lo largo del tiempo: la historia. Todo ello, además, irá dando más información para completar ese rompecabezas que es el ser humano.
Los productos del conocimiento son también objeto de análisis: la propia filosofía, como reflexión sobre el conocer y como actitud básica de pregunta ante la realidad, y la ciencia, modo privilegiado de conocimiento que nos permite modificar, transformar y adaptar el mundo para dominarlo. Para esto es fundamental el lenguaje, auténtico vehículo para el pensamiento, pero también producto del conocimiento y determinante del mismo. A través de él buscamos la verdad y nos buscamos a nosotros mismos.

Pero contar las briznas de hierba es inútil, nunca se llegará a saber cuántas son. El césped no tiene límites netos, hay una orilla donde la hierba deja de crecer, pero todavía brota alguna brizna dispersa aquí y allá, después una espesa mota verde, después una franja más rala: ¿forman todavía parte del césped o no?
El césped es un conjunto de hierbas -así se plantea el problema-. que comprende un subconjunto de hierbas cultivadas y un subconjunto de hierbas espontáneas llamadas cizañas; la intersección de los dos subconjuntos está constituida por hierbas nacidas espontáneamente, pero pertenecientes a las especies cultivadas y por tanto indiferenciables de éstas.
Palomar sigue ahora otro curso de pensamientos: ¿es "el césped" lo que vemos o menos una brizna más una brizna...? Lo que llamamos "ver el césped" es solo un efecto de nuestros sentidos aproximativos y bastos; un conjunto sólo existe en tanto está formado por elementos distintos. No es el caso de contarlos, el número no importa; lo que importa es aprehender de un vistazo las plantitas individuales una por una, en su particularidad y en sus diferencias. Y no solamente verlas: pensarlas. En vez de pensar "césped", pensar aquel pecíolo con dos hojas de trébol, aquella hoja lanceolada un poco corva, aquel corimbo tenue...
Palomar se ha distraído, ya no arranca las malas hierbas, ya no piensa en el césped; piensa en el universo. Está tratando de aplicar al universo todo lo que ha pensado del césped. El universo como cosmos regular y ordenado o como proliferación caótica. El universo tal vez finito pero innumerable, inestable en sus confines, que abre dentro de sí otros universos. El universo, conjunto de cuerpos celestes, nebulosas, polvillo, campos de fuerzas, intersecciones de campos, conjuntos de conjuntos...
I. Calvino, Palomar (adaptado)

jueves, 8 de agosto de 2013

Friedrich Nietzsche: una filosofía de la vida desde el cuerpo

Friedrich Nietzsche (1844-1900)
Nietzsche es uno de los grandes protagonistas de la historia del pensamiento. Hay un antes y un después de su obra. Nadie como él nos ha lanzado a pensar con tanta radicalidad, seriedad y honestidad la identidad humana. Nietzsche nos propone una nueva forma de interpretarla. Su filosofía de la vida humana parte de una crítica radical a la cultura occidental, cuyo principal defecto es haberse olvidado del cuerpo, la "gran razón del cuerpo". Pero Nietzsche no solo nos ofrece nuevos temas que han quedado ocultos a lo largo de la historia, también nos presenta un nuevo método: el método genealógico, que tiene por finalidad reconducir todas las cuestiones y problemas a su origen (a su génesis). Es un método muy parecido al hermenéutico, del que es uno de sus precursores.

1. Filosofía de la vida y crítica de la cultura
Nietzsche es un filósofo vitalista, pues lo que él pretende es pensar la vida desde sí misma, asumiéndola tal y como es. La vida es una realidad contradictoria, plural, con muchas alegrías, pero también con mucho sufrimiento. Nuestra cultura ha pretendido ocultar esta realidad con abstracciones, teorías y engaños. Nietzsche responsabiliza de estas construcciones antivitales y antihumanas a la filosofía antigua, sobre todo a Sócrates y a Platón, y al cristianismo. Por eso mismo, pensar la vida radicalmente exige una crítica de esta cultura occidental y, al mismo tiempo, intentar recuperar otros momentos de la historia de la humanidad en los que el "resentimiento" hacia la vida fuera menor. Esto es lo que sucedió, según su interpretación, en la Grecia antigua, antes de Sócrates.

2. Un esfuerzo de sinceridad
Nietzsche quiere ayudar al hombre moderno a recuperar la vida en toda su frescura. Ésta es la finalidad de su crítica. Ahora bien, esto no es fácil, y no se puede decir que lo haya conseguido, pues exige al hombre moderno, a cada uno de nosotros, liberarnos de muchas ilusiones y consuelos que nos ayudan a hacer soportable nuestra existencia. Nietzsche nos reclama un esfuerzo de sinceridad; nos pide que tengamos el valor de vivir la vida tal y como es, con ingenuidad, sin estar a todas horas pensando en las costumbres, en la sociedad, en los valores impuestos, en las normas, en la religión, etc.

3. Atentos al cuerpo
Una buena ayuda para este ejercicio de sinceridad hacia nosotros mismos es estar atentos al cuerpo. Esto no significa ocuparnos sólo de lo material y del placer, pues, para él, reivindicar el cuerpo, y con él la vida, no es olvidarse de los espiritual, sino acabar de golpe con estas distinciones y dualidades. Frente a la concepción del alma como una dimensión privilegiada y ajena al mundo, que puede regir desde su posición los designios del hombre, Nietzsche plantea una visión del ser humano como pura vida, alma "corporeizada" que, si no quiere traicionarse a sí misma y quiere buscar su superación, no puede renunciar a esa dimensión corporal. Supone, por ejemplo, aceptar la muerte y reconocer el sufrimiento y la angustia como ingredientes del vivir humano, pero sin tristezas ni pesares.
La forma de desarrollar esta filosofía de la vida, con este esfuerzo de sinceridad y esta atención al cuerpo, es mediante el desenmascaramiento de las falsas identidades, tanto personales como sociales, con las que nos recubrimos. Pero Nietzsche no es un pensador que se lance a criticar por el mero hecho de criticar o por un inexplicable afán destructivo, como muchas veces se interpreta, sino que apunta a cuestiones esenciales de la vida humana. La pregunta "¿quién soy yo?" no deja de latir en sus palabras. No podemos eludir su reto y desafío si queremos responder con honestidad a esta pregunta que también nosotros nos hacemos.

4. Un nuevo lenguaje para nuevas ideas
El estilo de Nietzsche es tan novedoso como su filosofía. Para exponer sus ideas necesita formas igualmente novedosas. Por eso, su estilo es poético, basado en aforismos (frases breves y "relampagueantes"). No quiere convencer, sino cuestionar y que nos preguntemos nosotros mismos. No da soluciones, sino que descubre problemas. Decía de sí mismo: "no soy un hombre, soy dinamita". Asumir su reto para por su lectura.

No te ocultes ni te dejes de decir a ti mismo nada de lo que pueda oponerse a tus ideas. Promételo, porque esto forma parte de la honradez que hay que exigir, ante todo, al pensador. También es preciso que hagas diariamente campaña contra ti mismo. Una victoria o la conquista de un reducto no te pertenece a ti, sino a la verdad, así como tampoco es cosa tuya la derrota.
F. Nietzsche, Aurora

Nietzsche desarrolla una filosofía de la vida que
pretende desenmascarar las falsas identidades,
tanto individuales como sociales.
A los despreciadores del cuerpo quiero decirles mi palabra. No deben aprender ni enseñar otras doctrinas, sino tan solo decir adiós a su propio cuerpo -y así enmudecer. "Cuerpo soy yo y alma" -así hablaba el niño. ¿Y por qué no hablar como los niños?
Pero el despierto, el sapiente, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo. El cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.
Instrumento de tu cuerpo es también tu pequeña razón, hermano mío, a la que llamas "espíritu", un pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón.
Dices "yo" y estás orgulloso de esa palabra. Pero esa cosa más grande aún, en la que tú no quieres creer, tu cuerpo y su gran razón: esa no dice yo, pero hace yo.
Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido (llámese sí-mismo). En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.
Hay más razón en tu cuerpo en tu mejor sabiduría.
El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad.
F. Nietzsche, Así habló Zaratustra (adaptado)

jueves, 1 de agosto de 2013

El método narrativo

Al ser humano no le basta vivir la vida, ha de asumirla reflexiva y críticamente. "Una vida que no es examinada no es digna del hombre", decía Sócrates. Uno de los objetivos de la filosofía es conocer al ser humano desde su carácter personal, pero no sólo movido por un afán teórico, sino para ayudarle a encontrarse consigo mismo y vivir más humanamente, pues la filosofía es un esfuerzo de humanidad. Para ello necesita un método válido: el método narrativo. Se trata de un método filosófico que parte del análisis e interpretación de las narraciones para acceder a diferentes problemáticas filosóficas: religiosas, éticas, políticas, antropológicas, etc. Es una de las formas que puede adoptar actualmente el método hermenéutico. Encontramos importantes desarrollos en filósofos como M. Nussbaum, J. Ortega y Gasset, P. Ricouer o M. Eliade.

1. Vivir para contarlo: método narrativo y biográfico
Si queremos aproximarnos al devenir vital del ser humano y dar cuenta así de su identidad, hemos de hacerlo con un método adecuado; no nos puede servir un método que haya sido válido para otras tareas como, por ejemplo, el método científico.
El objeto de estudio que queremos comprender, la vida humana, se nos presenta como una realidad ambigua y equívoca. Así, para aprehenderla en toda su riqueza, tendremos que hacer uso de un método que respete sus características y no la distorsione. El método más adecuado para ello es pues el método narrativo, el cual nos proporciona una forma de leer la vida desde su complejidad, respetándola en lo que es.
Las narraciones son un buen medio para acercarnos a la complejidad del vivir humano. Nos permite hacer de la vida biológica una vida biográfica. Además, nos ayudan a aclararnos, pues contando historias nos contamos a nosotros mismos y damos sentido a todo: a nosotros mismos y al mundo. De aquí surge la fascinación intemporal por la narración, ya sea bajo la forma de leyendas, cuentos, novelas o las más actuales aventuras cinematográficas.
Por medio de las narraciones que contamos y nos cuentan, aclaramos nuestra propia vida. Es, por tanto, un buen método, pues no solo nos ayuda a conocernos, sino que responde a la estructura esencialmente narrativa de la vida humana.

Para comprender algo humano es preciso contar una historia. Este hombre, esta nación, hace tal cosa y es así porque antes hizo otra y fue de otro modo. La vida sólo se vuelve un poco transparente ante la razón histórica.
Ortega y Gasset, Historia como sistema

2. Narradores de nosotros mismos
No sólo somos narradores del mundo, también somos narradores de nosotros mismos. Una vida es un fenómeno biológico mientras no sea interpretada; por eso, en esa interpretación, la ficción desempeña un papel fundamental de mediación. Tenemos la tarea de tramar la vida, de construir nuestra biografía y de perfilar el personaje que somos en nuestra narración.
El elemento fundamental de toda narración es la trama (la intriga). La trama es una síntesis llevada a cabo en la narración en la que se agrupan acontecimientos e incidentes múltiples formando una historia completa, con un principio, un desarrollo y un fin. La trama narrativa organiza componentes muy diversos: circunstancias, personajes, deseos, etc. Gracias a ella, obtenemos orden del desorden. De igual manera, nuestra vida ha de ser tramada; hemos de narrarla y, sobre todo, narrárnosla a nosotros mismos. Narrando la vida, la examinamos y la hacemos vida humana. La identidad humana es así, de principio a fin, de nacimiento a muerte, identidad narrativa.

3. El poder de la narración
Contando y narrando podemos comprender mejor nuestro mundo y comprendernos a nosotros mismos. La narración es un buen recurso para sentirnos libres y para dejar volar nuestra imaginación. Así, podemos soñar posibilidades y, al mismo tiempo, soñarnos a nosotros mismos.


Luis Landero
Todos somos narradores y todos somos más o menos sabios en este arte. ¿Y cómo no habríamos de serlo si casi todo el tiempo que dedicamos a comunicarnos con el prójimo se nos va en contar lo que nos ha sucedido o lo que hemos soñado, imaginado o escuchado? Espontáneamente, instintivamente, el hombre es un narrador.
Todos somos Simbad, ese pacífico mercader que un día se embarca, sufre un naufragio y corre aventuras magníficas. Luego, pasados los años, regresa para siempre a Bagdad, retoma su vida ociosa y se dedica a referir sus andanzas a un selecto auditorio de amigos. "Vivir para contarlo" se dice, y no otra cosa hace esa mujer que vuelve del mercado y le cuenta a la vecina lo que le acaba de ocurrir en la frutería. Ignoro por qué, pero nos complace narrar, recrear con palabras nuestras diarias peripecias. Recrear: es decir, que nunca contamos fielmente los hechos, sino que siempre inventamos o modificamos; o si se quiere: a la experiencia real le añadimos la imaginaria, y quizá sea eso lo que nos produce placer: el placer de agregar un cuerno al caballo y de que nos salga un unicornio. De ese modo vivimos dos veces el mismo episodio: cuando lo vivimos y cuando, al contarlo, nos adueñamos de él y nos convertimos fugazmente en demiurgos. Somos narradores por instinto de libertad, porque nos repugna la servidumbre de la propia condición humana en un mundo donde no suele haber sitio para nuestros deseos y nuestros afanes de verdad, de salvación y de plenitud.
Luis Landero, "¡A aprender al asilo!", en EL PAÍS (3-Enero-1991)

Todos, de una manera balbuciente o articulada, nos vamos contando, cada día, la vida. La conciencia no es sino reflexión, re-flexión, vuelta y consideración de lo que hemos hecho, relato (re-latum, re-fero) a nosotros mismos de lo que hemos hecho, autonarración, memoria viva. Todos consistimos en "textos vivos". Contar es como vivir y vivir es como contar(se), de tal modo que se da un perfecto recubrimiento del mundo de la experiencia por el mundo narrativo: somos o, al menos, nos figuramos ser nuestra novela, la "narración narrante" de nuestra vida.
José Luis López Aranguren, Moral de la vida cotidiana, personal y religiosa (adaptado)

4. Textos biográficos
La filosofía no solo elabora teorías sobre la vida o la identidad personal, hablando sobre ella como si se tratara de un objeto o de un tema más. La filosofía es una actividad vital, que aspira en muchas ocasiones a cambiar la vida; de ahí que recurra a la biografía como forma de expresión. Cuando las biografías se escriben en primera persona -autobiografías-, dejan de ser un retrato para convertirse en una tarea de recuerdo y de narración personal.
En las biografías encontramos muchas veces temas filosóficos planteados desde la propia vida, lo cual les confiere gran vivacidad y frescura. De esta manera, las biografías se convierten en un camino adecuado para estudiar filosofía, comprender los problemas filosóficos y hacer nosotros mismos filosofía. Esto es así siempre y cuando no confundamos la biografía con las anécdotas o las opiniones. Toda biografía filosófica bien hecha, también las literarias, tiene el enorme valor de presentar cuestiones intemporales y universales desde una perspectiva temporal y singular. La elaboración filosófica de la propia biografía tiene que mostrar este proceso por el cual una historia humana personal es una historia humana universal.
Vamos a ver este proceso con un texto autobiográfico de San Agustín:

Durante aquellos años en que por primera vez empecé a enseñar en mi ciudad natal, di con un amigo muy querido. Los dos teníamos la misma edad, los dos en la flor de la juventud y compañeros de estudios. Juntos nos habíamos criado de niños, juntos habíamos asistido a la escuela y juntos habíamos jugado. Pero entonces no teníamos tan estrecha amistad como la tuvimos después. Aquella amistad era muy dulce para mí, pues estaba sazonada por intereses comunes de estudio. Había logrado apartarle de la verdadera fe -todavía no muy bien arraigada en su alma de adolescente- para arrastrarle hacia aquellas fábulas supersticiosas y perniciosas, por las cuales me lloraba mi madre. Ahora, hecho un hombre, era mi compañero en el error, y mi alma no podía vivir sin él.
Pero, antes de terminar el primer año de amistad -más dulce para mí que todas mis alegrías vividas hasta entonces- te lo llevaste de repente de este mundo. Mi corazón quedó ensombrecido por tanto dolor, y, dondequiera que miraba, no veía más que muerte. Mi patria me daba pena, mi casa me parecía un infierno y todo lo que había tratado con él, cuando me acordaba de ello, era para mí un cruelísimo suplicio. Mis ojos le buscaban por todas partes, pero no estaba allí. Todas las cosas me eran amargas y aborrecibles sin él.
San Agustín, Confesiones (adaptado)

San Agustín (354-430) 
San Agustín es uno de los primeros filósofos cristianos, que vivió en los comienzos de la Edad Media; intenta elaborar una síntesis entre la perspectiva cristiana y la filosofía griega, en particular, la platónica. Su vida está marcada por su conversión al cristianismo, lo cual le hizo cambiar radicalmente sus creencias y actitudes. Su punto de partida en la reflexión filosófica es la experiencia personal (la interioridad). Sobre su época y contexto podemos decir que se trata de un periodo de cambios y transformaciones sociales, pues desaparece el mundo antiguo (mundo griego y romano) y aparece una nueva época, caracterizada por la presencia del cristianismo.
En el texto anterior, el tema fundamental es la amistad: haber encontrado un alma gemela que comparte intereses intelectuales y que incurre en los mismos errores de creencia, según el propio autor, que él... Relata pues su propia vida y sus relaciones de amistad, pero en el fondo late la preocupación por la creencia en Dios y el sentido de la existencia. Será muy importante en su vida esta amistad, porque verá en la contradicciones de su amigo las suyas.
El tratamiento de la amistad en el texto tiene un carácter universal: nos dice que la amistad es una de las experiencias vitales más importantes porque nos permite compartir la vida, las creencias, las expectativas, las dudas y nuestro personal proceso de búsqueda y madurez.

jueves, 18 de julio de 2013

El morir humano

La muerte pone fin a la vida humana, pero también, aunque parezca sorprendente, le da su sentido y su unidad. Sólo puede haber identidad de aquello que tiene límites. Los límites humanos son su nacimiento y su muerte. Si bien el nacimiento no nos amenaza, la muerte puede ser vivida con angustia. Esta angustia surge porque destaca el carácter temporal e irrepetible de nuestra vida. Por todo ello, es uno de los temas  filosóficos por excelencia. Es más, muchos autores consideran que la filosofía encuentra su origen en relación con este problema, hasta el punto de que llega a considerarse como un saber tendente a la muerte. Así, para Platón, "filosofar es aprender a morir", con lo que la filosofía se entendería como una preparación a este acontecimiento.


Crematorio a orillas del Ganges
1. Perspectivas sobre la muerte
Como otras muchas cuestiones tratadas por la filosofía, ésta puede ser considerada desde diferentes perspectivas: como un hecho biológico, como un acontecimiento sociocultural o como algo personal.
- La muerte como hecho biológico. La muerte puede ser analizada desde la biología y la medicina; de hecho, su definición ha ido variando conforme evolucionaban y cambiaban dichas disciplinas y los criterios utilizados para describirla. Así, por ejemplo, durante muchos años se creía que la interrupción de las palpitaciones del corazón solía ser sinónimo de muerte; hoy sabemos que puede seguir funcionando el corazón, mediante recursos técnicos, sin haber actividad cerebral. El criterio utilizado hoy en día es precisamente el de la actividad cerebral.
- La muerte como acontecimiento sociocultural. En el hombre no hay nada puramente biológico. Los datos biológicos  siempre están revestidos de interpretaciones sociales y culturales. De igual manera, la muerte es interpretada y vivida según nuestra propia cultura y sociedad. Por eso, podemos decir que el morir es también un acontecimiento social y cultural. Por ejemplo, no será lo mismo la muerte (el hecho biológico) en una cultura en la que esté muy arraigada la idea de inmortalidad y una vida futura, que en aquellas culturas que nieguen cualquier tipo de trascendencia.
- La muerte como acontecimiento personal. La muerte se integra en el proceso biográfico. Así, podemos mirarla con preocupación, con ansiedad, con indiferencia, etc.

2. Filosofía de la muerte
Lo primero que debemos hacer desde la filosofía es señalar el carácter propio del morir humano a diferencia del morir animal: el animal perece y sólo el ser humano muere, pues morir no es sólo dejar de ser, es saber también que se va a dejar de ser.
Muchos filósofos han planteado el tema de la muerte. Recogemos a continuación tres propuestas representativas:

  • Epicuro. Su ideal de vida es que el hombre viva tranquilo; por eso, una de las funciones fundamentales de la filosofía es eliminar los "falsos temores", y uno de ellos es el de la muerte. Su argumento es el siguiente: no temas a la muerte, porque cuando estamos nosotros ella no está, y cuando está ella los que no estamos somos nosotros. Es un buen argumento, si la muerte fuese un hecho puntual, pero se olvida de la angustia del hombre ante ella, del saber humano de su propia muerte, es decir, de la anticipación humana de la muerte.
  • Heidegger. Ha hecho de la muerte uno de los temas clave de su filosofía. De hecho, para este pensador alemán, el rasgo fundamental de la vida humana es vivir de cara a la muerte. Ella es la que revela la existencia humana, pues permite descubrir todas sus posibilidades ante su necesidad y hace que tomemos nuestra vida con absoluta seriedad. Esta anticipación de la muerte es la que propicia nuestra angustia.
  • Unamuno. Su filosofía muestra una actitud de rebeldía ante la muerte. Se desgarraba ante el hecho de pensar en su aniquilación total; no podemos concebirnos como no existentes; la muerte, la nuestra, la de cada uno, rompe todos nuestros esquemas mentales. Si la muerte es la que nos espera a todos, ¿para qué todo?, ¿qué sentido tiene todo?
Porque no quiero morirme del todo, y quiero saber si he de morirme o no definitivamente. No quiero morirme, no, no quiero ni quiero quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre y vivir yo, este pobre yo, que me soy y me siento ser ahora y aquí. Que con razón, sin razón o contra ella no me da la gana morirme. Y cuando al fin me muera, si es del todo, no habré muerto yo, esto es, no me habré dejado morir, sino que me habrá matado el destino humano.
Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida (adaptado)

3. Actitudes ante la pregunta por la muerte
La muerte es una de las grandes cuestiones últimas ante la que podemos responder de diferentes maneras:
- Actitud agnóstica: no quiero reconocer la existencia de tales interrogantes y evitar la pregunta por la muerte: "no creo, no me lo planteo...".
- Actitud dogmática: creer haber encontrado una respuesta y dejar de interrogarse, ya sea para afirmar que la muerte es un hecho más de la vida o que tengo una religión que me dice que es sólo un tránsito: "no sigo planteándomelo porque ya tengo una solución".
- Actitud trágica: desistir de hallar respuestas; es una actitud que define la posición de Unamuno: agonía y angustia constante: "sigo preguntando con la certeza de no poder hallar respuesta".
- Actitud exploradora y esperanzada: es una actitud de búsqueda continuada; se pueden encontrar respuestas y asumirlas desde las creencias, pero eso no implica que no siga dejándome interrogar por esas preguntas.

4. Razones para la respuesta
La muerte puede no tener la última palabra, pues puede ser entendida como el final de una vida plena y con sentido. Desde esta perspectiva, la muerte no vendría a cercenar posibilidades. La muerte de nuestros seres queridos puede ser una lección de vida para nosotros y una interpelación a nuestra capacidad de acogida, apoyo y esperanza. Finalmente, desde la apertura a la trascendencia, la muerte sería un paso a otra dimensión, a una dimensión de inmortalidad. Plantearse seriamente la pregunta por la muerte es la forma de empezar a dar vivencialmente razones para la esperanza en una vida más allá de la muerte, pero no esquivándola, como hacía Epicuro, sino afrontando su reto.

miércoles, 10 de julio de 2013

El proceso de vivir

La persistencia de la memoria, de Salvador Dalí (1931)
Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York
El rasgo fundamental que caracteriza la vida humana es el tiempo. La existencia humana es temporal. Explicar el vivir humano es en buena medida explicar qué hacemos con el tiempo. Este tratar con el tiempo se convierte en algo "dramático" y decisivo porque no tenemos todo el tiempo del mundo, sino un tiempo determinado, el tiempo de nuestra vida.

1. Carácter biográfico y personal de la vida humana
La primera característica de la vida humana es que no es solo vida biológica. Se entrelaza con lo biológico y depende de ello, pero no se reduce a lo biológico. Por eso, ya los griegos distinguían entre vida biológica (zoe) y vida humana (bios). De ahí que etimológicamente la biología tendría que ser el estudio de la vida única y exclusivamente humana, aunque hoy en día se aplica al estudio de la vida natural. La vida humana (bios) se caracteriza por ser biográfica, por ser asumida personalmente y porque puede ser vivida "desde dentro", desde una intimidad. No es puramente vida biológica, sometida solamente a procesos metabólicos de nacimiento, desarrollo y muerte.
La segunda característica es su dimensión necesariamente individual, pues la vida, a pesar de nuestra forma de hablar, no es algo genérico, es la vida de cada uno, con sus posibilidades e imposibilidades. Plantearse el tema de la vida humana es analizar la propia vida, nuestra realidad radical.

2. Los "fenómenos fundamentales"
La filosofía contemporánea ha intentado descubrir y analizar los "fenómenos fundamentales" de la vida humana. Estos "fenómenos fundamentales" no se presentan de igual forma en todas las culturas, pues cada una de ellas les impone una serie de modificaciones y toman unas determinadas maneras de vivirlos. Tampoco se presentan de igual forma en todos los individuos, pues cada vida humana es la realización particular y singular de esos fenómenos.
Corresponde a las corrientes fenomenológicas y hermenéuticas el intento más serio de descripción de estos fenómenos fundamentales. Esto es lo que han hecho filósofos como Dilthey, utilizando la psicología y la biografía como métodos; Ortega, mediante el método de la razón vital; Heidegger, desplegando una analítica existencial de la vida humana; Fink, utilizando el método fenomenológico; Ricoeur, gracias al análisis del lenguaje narrativo; o J. Marías, desarrollando una antropología metafísica de la vida humana.
De entre estos "fenómenos fundamentales", sin ánimo de dar cuenta de las teorías y análisis que hacen estos filósofos, podemos destacar algunos de ellos:
  • La relación del ser humano con la naturaleza, fenómeno que puede ser denominado "trabajo" o "actividad".
  • La relación del ser humano con los otros; se concreta en la familia, en las relaciones de amistad y colaboración con los otros y llega hasta el establecimiento de relaciones políticas y de poder.
  • La relación del ser humano con sus propios límites; destacan, por ejemplo, la vivencia de la muerte o el sentido y formas de experimentar la enfermedad.
  • La relación del ser humano con lo posible; se incluyen fenómenos tales como el juego, el ocio o la creatividad. Son fenómenos en los que el ser humano desborda el presente de la necesidad y la mera supervivencia.
3. La vida humana: producto de un animal fantástico
¿Cómo desarrolla cada ser humano estos fenómenos fundamentales?
La vida humana es quehacer, es acción. No nos queda más remedio que estar haciendo algo para vivir, incluso dejar de vivir es ya una acción fruto de una decisión. Nuestras acciones son muy importantes porque de ellas depende lo que somos y, lo que puede ser más importante, el grado de felicidad que alcanzamos. El problema, en cualquier caso, es que no hay ninguna receta que podamos aplicar, de ahí el carácter dramático y problemático del vivir.
Hacer nuestra vida va a seguir aproximadamente una serie de pasos:
- En primer lugar, desarrollamos una serie de "acciones concretas": jugar al fútbol, estudiar filosofía, ir al cine, etc.
- Las acciones concretas solo tienen sentido dentro de unas "prácticas", es decir, dentro de un conjunto de acciones. Por ejemplo, jugar al fútbol se inserta en una práctica que es "hacer deporte" para mantenerme bien físicamente.
- Las prácticas se insertan a su vez en unos "planes de vida", es decir, en un conjunto de prácticas. En el ejemplo anterior, la práctica de "hacer deporte" tiene sentido dentro de "un plan en mi vida" que es "cuidar de mi salud".
- Por su parte, los planes de vida se insertan y coordinan con la idea que tengo de mí mismo, es decir, con la "figura" que me hago de mi propia vida y con la imagen que tengo de mí mismo.

Al igual que las muñecas rusas, la vida humana es producto de una serie de acciones que determinan nuestra identidad. Por eso somos lo que hacemos y actuamos en virtud de lo que somos.
La unidad de mi vida, expresada en la idea de "figura", es la que va a dar sentido y lugar a cada una de las acciones de mi vida y, a la vez, cada una de estas acciones podrá repercutir en esta figura. Vivir es por eso inventar un programa de vida, crear un personaje imaginario que voy a ser yo. De ahí que podamos decir que el hombre es un animal fantástico porque se inventa a sí mismo y, además, no le queda más remedio que hacerlo si quiere vivir humanamente. Vivir humanamente es hacer proyectos, proyectar y, al mismo tiempo, proyectarse.
Pero no toda figura o imagen de mí mismo va a ser posible. Para elaborarla tengo que contar con mis capacidades, con mis circunstancias y con las vidas de los demás, pues vivir también es un con-vivir, lo cual no significa que los demás tengan que limitar mis posibilidades de invención de mí mismo, puesto que también me dan los instrumentos necesarios para que pueda inventarme.

4. Herencia y generación
Para hacer nuestra vida contamos, en primer lugar, con nuestra herencia tanto biológica como cultural. Nos encontramos en todos los órdenes de la vida en la situación de herederos. Tenemos que hacer algo (inventar), pero siempre desde lo que recibimos. Este proceso de invención lo hacemos históricamente, es decir, de acuerdo con la "generación" histórica a la que pertenecemos.
El término generación hace mención a una unidad social y cultural formada por un grupo humano que comparte una misma perspectiva de la realidad que proviene de vivir en un mismo periodo histórico, nacer en fechas próximas y recibir unas influencias culturales comunes.
Así, elaboramos nuestra vida en función de nuestro tiempo generacional. El reemplazo de generaciones sostiene de una manera u otra la continuidad histórica con el ritmo de la tradición y de la innovación. Pero esta transmisión en la tradición no es tan sencilla, por lo que aparecen muchas veces los llamados "conflictos generacionales".
El concepto de generación es muy importante en una "teoría de la vida humana", pues es el indicador de mis posibilidades y, a la vez, me sitúa en el tiempo: entre unos antecesores y unos sucesores. Además, al concepto de generación se asocian otros términos y temas fundamentales en una descripción completa de la vida humana, como son "edad", "identificación cultural", "relaciones de amistad", etc.