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miércoles, 23 de enero de 2019

El largo camino hacia el evolucionismo

¿Cuándo se separó nuestra rama evolutiva de la de los chimpancés? ¿Hubo cruce entre los neandertales y el hombre moderno? ¿Podían hablar los neandertales? ¿Cuál fue el primer homínido? ¿Hubo alguna relación entre caminar erguido y el desarrollo cerebral o han sido procesos independientes?
Éstas son algunas de las preguntas que hoy nos hacemos. En todas ellas está implícita la idea de cambio evolutivo. Todas parten del convencimiento de que los organismos actuales son diferentes a los que hubo en el pasado y a los que habrá en el futuro. Se integran en el modo de interpretar la naturaleza actualmente vigente, que se apoya en una de las teorías científicas más sólidamente fundadas, la teoría de la evolución. Sin embargo, no siempre ocurrió así.

1. El fijismo
Hasta el siglo XIX, la mayoría de las personas, científicos incluidos, estaban convencidas de que todas las especies habían sido creadas tal y como las vemos hoy. Las especies serían, por tanto, inmutables. Es lo que se conoce como fijismo.
La perspectiva fijista estaba anclada en una larga tradición, caracterizada por:
  • La visión antropocéntrica del mundo: Copérnico había retirado a la Tierra del centro del universo, pero, aun así, se consideraba que este planeta y todo lo que le rodea había sido creado para la especie humana.
  • La idea de una Tierra de apenas 6000 años de antigüedad: Cálculo basado en una interpretación literal del Génesis, que proporcionaba un tiempo claramente insuficiente para que ocurriese algún cambio evolutivo de importancia.
  • Algunas falsas "evidencias de sentido común": Observaciones que parecían obvias y se presentaban como pruebas irrefutables pero que, sin embargo, son erróneas. Así, a la escala temporal humana, las especies parecen inmutables.
Uno de los más ilustres defensores del fijismo fue George Cuvier (1769-1832). Su trabajo como paleontólogo le permitió conocer en profundidad los fósiles y comprobar que entre ellos había especies muy diferentes a las actuales. Cuvier se considera el primer científico que habló de extinción de especies. Sin embargo, partiendo de ahí no dio el paso que parecía evidente: admitir cambios en esas especies. Muy al contrario, para explicar la presencia de especies extintas propuso una historia de la Tierra en la que, periódicamente, se producían grandes catástrofes que suprimían la mayor parte de los seres vivos. Tras cada una de ellas, una nueva creación proporcionaría otras especies.

2. El lamarckismo
La idea de que las especies biológicas experimentan cambios fue expresada en la Antigüedad por algunos filósofos griegos, pero habría que esperar hasta los primeros años del siglo XIX para que se expusiera de manera extensa y estructurada una teoría sobre la evolución. Su autor fue Jean Baptiste de Monet, Caballero de Lamarck (1744-1829).

Para Lamarck, "el uso crea el órgano y el desuso lo atrofia". Así, la utilización de las patas para nadar haría que la piel de las aves acuáticas se extendiese entre sus dedos.
Lamarck consideraba que los seres vivos tenían una tendencia natural hacia la complejidad y el progreso. La consecuencia de esta tendencia sería la transformación de las especies; por esta razón su teoría se denomina transformismo o lamarckismo. Las ideas básicas del lamarckismo son:
  • Los organismos cambian necesariamente a lo largo del tiempo.
  • Los cambios de las condiciones ambientales ocurridos a lo largo del tiempo hacen que las especies modifiquen sus hábitos y varíen sus necesidades.
  • Los hábitos de los organismos determinan los cambios que se producen en ellos. De manera que si un órgano se utiliza mucho se desarrolla, mientras que se atrofiará si no se usa. La necesidad, incluso, podría originar un nuevo órgano. De este modo se modificarían los individuos.
  • Los cambios así adquiridos serán transmitidos a la descendencia. La acumulación progresiva de estos cambios originaría una especie diferente.
El lamarckismo se denomina también "teoría de los caracteres adquiridos", resaltando con ello uno de sus principales errores, ya que las modificaciones corporales adquiridas por un individuo a lo largo de su vida no se transmiten a la descendencia. Por ejemplo, a ciertas razas de perros se les corta el rabo nada más nacer y, aunque no pueden utilizarlo, sus descendientes siguen naciendo con él.

 ¿Qué heredan los hijos?  
El origen de cualquier persona está en la célula huevo que se forma por la unión de un espermatozoide del padre y un óvulo de la madre. Toda la información biológica que los padres transmiten a sus hijos está encerrada en esos gametos. En consecuencia, ningún cambio ocurrido en la vida de una persona que no afecte a la información que contienen los gametos podrá ser transmitido a la descendencia.
La información hereditaria, aquella que va a decidir el sexo, el color del pelo o la forma de la nariz que tendremos, está registrada en el ADN (ácido desoxirribonucleico). El ADN es una larga molécula de forma helicoidal que se encuentra, fundamentalmente, en el núcleo de todas las células, también en el de los gametos.
La información contenida en el ADN para todos y cada uno de los caracteres se denomina genotipo. Consiste en un conjunto de instrucciones que dirigirán el desarrollo de nuestro cuerpo.
Las características que tengamos dependarán de la interacción entre el genotipo y las condiciones ambientales. Así, una persona ha podido heredar un genotipo que le permite ser fuerte, veloz o inteligente, pero si no se alimenta, no se ejercita o no estudia, quedará muy por debejo de sus posibilidades. Para referirse a las características observables de un individuo (el color del pelo, la altura o la inteligencia) se utiliza el término fenotipo.

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