Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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sábado, 28 de febrero de 2015

Libertad condicionada

1. Ni determinismo, ni indeterminismo
Las posiciones deterministas e indeterministas se nos presentan en muchas ocasiones de manera disyuntiva: o somos libres o no somos libres. Esta forma de presentar el problema de la libertad, que ha sido la habitual a lo largo de la historia de la filosofía, es criticable ya que no plantea adecuadamente la cuestión. No parte de una descripción de la vida humana; si lo hiciera, percibiría que hay tanta verdad y al mismo tiempo tanta falsedad en el determinismo como en el indeterminismo.
Ni somos totalmente libres, ni estamos totalmente condicionados. Las circunstancias nos condicionan, es decir, nos dan condiciones para que podamos desarrollarnos, pero no hemos de leer "condiciones" como si se tratara de un determinismo férreo. Dentro de unos márgenes podemos hacer algo con aquello que han hecho de nosotros y con aquello con que nos encontramos. El ser humano es una extraña mezcla de libertad o posibilidad y determinación o imposibilidad.
Planteando adecuadamente la cuestión, se ha de evitar caer en dos posiciones extremas: por un lado, creer que podemos hacerlo todo, que somos totalmente libres y que el mundo se puede plegar a nuestro capricho; por otro, desertar de nuestra libertad y de la responsabilidad que conlleva. A veces, detrás de la postura de quienes afirman que no son libres y que no se puede cambiar nada se encuentran aquellos que tienen miedo a la libertad. Esto es lo que Sartre llamaba mala fe.

2. Convivencia de libertades
Si el ser humano es un ser social, la libertad -aquello gracias a lo cual podemos hacer nuestra vida- es también social. Mi libertad necesita de la libertad del otro, que bien puede ser el más próximo (el amigo, el familiar, el conocido, etc.) o cualquiera, aunque nunca lo conozca. Lo importante es que esa relación se institucionalice y que la sociedad garantice la libertad de todos.
Cuando la libertad la entendemos así estamos aproximándonos a la justicia. Justicia y libertad son dos valores que se complementan. Mi libertad no termina donde empieza la de los otros, sino que es posibilitada también por los otros: ¿cómo haría oír mi voz si alguien no me enseñara a expresarme?, ¿cómo me expresaría artísticamente si no tuviera los medios a mi alcance?

3. Libertad y filosofía
La libertad humana es una libertad situada y condicionada. En lugar de hablar de la libertad como de una propiedad espiritual, es mejor hablar de ella partiendo de nuestros condicionamientos. La libertad es la máxima originalidad humana, pero no se explica sin contar con unos orígenes. Nuestra libertad arraiga en nuestros condicionamientos: biológicos, culturales y sociales.
La tarea más importante que tiene la filosofía actual es pensar las condiciones de posibilidad de nuestra libertad, es decir, nuestros orígenes biológicos y culturales, nuestra constitución cerebral, el conjunto de conocimientos que adquirimos tanto individuales como sociales, nuestro lenguaje, nuestra sociedad e instituciones o nuestros sueños. Pensar la libertad es así pensamos a nosotros mismos, nuestras condiciones y posibilidades.

El vuelo sólo es posible gracias al aire que mantiene al pájaro y le ofrece resistencia. Sin la resistencia del aire el pájaro no volaría mejor, simplemente no podría volar. La libertad sin condiciones es, de igual manera, la muerte de la libertad.
4. Vivir y convivir creando
No tenemos  más remedio que estar haciendo algo; somos activos por definición. Incluso el no actuar, en nuestro caso, es ya una forma de acción. Y actuando estamos introduciendo novedades en el mundo. Pero las novedades, nuestra creatividad, no parten de la nada, sino que cuentan con los otros y con las circunstancias.

La vida humana es creatividad
Vamos por la vida como dentro de un tanque con dos orificios de apertura: uno para mirar, seleccionar el blanco y apuntar; otro, para disparar. Este ejemplo muestra la doble cesura que se da en el ser humano entre el estímulo y la respuesta. El perro hambriento ante el pedazo de carne es un circuito cerrado. El ser humano en la misma situación es un circuito abierto. La cesura es el distanciarse y preguntar: ¿me lo como o no me lo como?, ¿me lo como ahora o lo dejo para después? Hay, por tanto, un margen para la creatividad en la respuesta. Esta creatividad humana, que ya empieza a manifestarse en el lenguaje, se realiza en la acción libre; pero no creamos de la nada, sino desde lo ya dado, no somos dioses sino humanos y limitados; somos libertad condicionada y creatividad creada.
J. Masiá, El animal vulnerable

Libertades
El hombre aislado no puede tener conciencia de su libertad. Ser libre para el hombre sólo es posible por otro hombre, por todos los hombres que le rodean. La libertad no es, pues, un hecho de aislamiento, sino de reflexión mutua, no de conclusión, sino, al contrario, de alianza, pues la libertad de todo individuo no es otra cosa que el reflejo de su humanidad o de su derecho humano en la conciencia de todos los hombres libres, sus hermanos, sus iguales. No puedo decirme y sentirme hombre libre más que en presencia y ante otros hombres. No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. La libertad de otro, lejos de ser un límite o la negación de mi libertad, es al contrario su condición necesaria y su confirmación. No me hago verdaderamente libre más que por la libertad de los otros.
M. Bakunin, La libertad (adaptado)

Posibilidad y fatalidad
El mundo vital se compone en cada instante para mí de un poder hacer esto o lo otro, no de un tener que hacer por fuerza esto y sólo esto. Por otra parte, esas posibilidades no son ilimitadas. Para que haya decisión tiene que haber a la vez limitación y holgura, determinación relativa. Vida es, a la vez, fatalidad y libertad, es ser libre dentro de una fatalidad dada. Esta fatalidad nos ofrece un repertorio de posibilidades determinado, inexorable, es decir, nos ofrece diferentes destinos. Nosotros aceptamos la fatalidad y en ella nos decidimos por un destino.
J. Ortega y Gasset, ¿Qué es filosofía? (adaptado)

sábado, 7 de febrero de 2015

La naturaleza de la sociedad medieval

1. Introducción
La Edad Media fue el crisol en el que se forjó nuestro mundo moderno; el Renacimiento fue el primer período moderno consciente de su modernidad. El período medieval, la Edad Media, fue testigo de los primeros balbuceos de la democracia constitucional, del amor romántico, del individualismo y de la ciencia experimental. Durante el Renacimiento, el aprendizaje y la erudición abandonaron los confines de la Iglesia para convertirse nuevamente en patrimonio de la sociedad laica, más interesada por la naturaleza y necesidades de la Humanidad que por Dios.

2. La Edad Media (476-1453)
Aunque la tradición fecha el final de la civilización clásica en el 476 d.C., algo parecido al modo de vida medieval se inició ya durante el Imperio Romano, en las postrimerías del siglo III y en el siglo IV. Debido a la decadencia económica, los pequeños agricultores quedaron vinculados legalmente a la tierra, estado que desembocó en la servidumbre. A medida que el control de Roma sobre sus provincias se fue aflojando, los jefes locales aumentaron su poder autónomo, lo cual condujo al feudalismo. El derrumbamiento del mundo romano se puso de manifiesto cuando la economía de trueque empezó a reemplazar a la economía monetaria del Imperio, se interrumpieron las comunicaciones, el ejército imperial se fue metamorfoseando cada vez más en un ejército mercenario de bárbaros en lugar de en un ejército de ciudadanos romanos voluntarios, las poblaciones declinaron, y el Imperio de Oriente, que tenía su propio emperador y su propia capital en Constantinopla, realizó un auténtico drenaje de los tesoros y recursos del Imperio Europeo o de Occidente, para salvaguardar su propio modo de vida superior.
Estas crisis se vieron potenciadas por extraordinario corrimiento de pueblos bárbaros hacia el Imperio. Los primeros colonos a menudo se habían asentado pacíficamente en el Imperio, pero las invasiones posteriores fueron sangrientas y destructivas. Roma misma fue saqueada en tiempos de San Agustín. Los corrimientos de pueblos nórdicos, desde los godos hasta los vikingos, se prolongaron hasta prácticamente el año 1000 d.C.
Este dilatado período de transición, que va desde la época clásica hasta la medieval, desde antes del 475 hasta el 1000, todavía recibe el nombre de Edad Oscura, pero es mejor denominarle la Primera Edad Media. Aunque el pensamiento creativo decayó, hubo períodos de desarrollo intelectual, siendo el más destacado el Renacimiento Carolingio, bajo el reinado de Carlomagno (768-814) -que no debe confundirse con el Renacimiento Italiano de los siglos XV y XVI-. Creáronse nuevas formas políticas para reemplazar la cáscara vacía del gobierno imperial. Incluso fue un período de avances tecnológicos. Se inventaron, por ejemplo, el arado pesado y los arreos modernos para las caballerías, abriendo nuevas tierras a la roturación y mejorando el rendimiento de las antiguas. Aunque este período presenció una decadencia económica, demográfica e intelectual, una sociedad nueva y creativa comenzó a renacer de las cenizas del Imperio.
La economía y la población empezaron a recuperarse nuevamente alrededor del año 1000, dando paso a la Alta Edad Media, que duró hasta aproximadamente el 1300. Fue un período enormemente creativo en la civilización occidental. Muchas obras griegas, en especial las de Aristóteles, fueron salvadas, y se reanudó el pensamiento filosófico durante el renacimiento del siglo XII. Se construyeron las admirables iglesias románicas y góticas. Comenzaron a germinar formas políticas modernas, sobre todo en Inglaterra, así como el concepto de amor romántico y el interés por el individuo.
Esta fértil cultura europea concluyó entre el 1277 y el 1350, con el ascenso del nacionalismo y el estallido de guerras entre naciones en embrión, el creciente dogmatismo de la Iglesia y la Peste Negra de 1348-1350, que causó la muerte de al menos una tercera parte de la población de Europa Occidental. Friedrich Heer llama a este período el de la "Europa cerrada" de la Última Edad Media, en contraposición a la Europa intelectual y políticamente "abierta" del período anterior. La Última Edad Media duró hasta el período renacentista, que comenzó en Italia en fecha tan temprana como el 1300, aunque tardara cerca de doscientos años en llegar al norte de Europa.
Es sobre este trasfondo de pérdida y recuperación, de decadencia e innovación, como debemos tratar de comprender el pensamiento medieval.

3. El modelo de la mentalidad medieval

La Razón.- Así, pues, ¿qué deseas conocer?
San Agustín.- Precisamente las cosas por las que acabo de orar.
R.- Resúmelas brevemente.
A.- Deseo conocer a Dios y al alma.
R.- ¿Nada más?
A.- Nada más en absoluto.
San Agustín, Confesiones

San Agustín (354-430) fue el último gran filósofo clásico; pero también fue el primer gran filósofo cristiano. Sus actitudes dominaron la filosofía medieval hasta aproximadamente el año 1300. La filosofía fue ejercitada en el marco de la fe cristiana. San Agustín sólo quería conocer a Dios y al alma, y se servía de la fe para justificar toda creencia. La humanidad medieval se apartó del mundo observable, lleno de dolor y agitación, para concentrarse en los cielos y el alma, susceptibles ambos de ser conocidos por medio de la introspección.
El alma podía conocerse por la introspección, buscando en el interior de uno mismo esa iluminación divina que procede de Dios, de suerte que conocer el alma era conocerle a Él. Y al igual que el alma era el representante de Dios en el interior del yo, así también la verdad espiritual podía encontrarse en todas las cosas. Al modo neoplatónico, nada, ninguna palabra, ningún animal, ningún acontecimiento, era lo que parecía, sino que debía simbolizar algo sobrenatural y situado más allá de la experiencia humana. Lo mismo que Platón vio en el nombre de cada clase el símbolo de una Forma, el hombre medieval percibía símbolos en cada aspecto de la vida. El pensador medieval no deseaba comprender la inteligencia o el mundo en sus propios términos, sino únicamente en cuanto claves de la invisible realidad de Dios en los cielos.
La Ciencia y la Filosofía, tal y como nosotros, o los griegos, las entendemos, son imposibles en semejante contexto. El pensador medieval no usaba con entera libertad su inteligencia para buscar la verdad, cualquiera que ésta pueda ser, sino más bien para justificar lo que ya sabía verdadero gracias a la fe. A pocos les resultaba esta restricción una carga, pues no pretendían derrocar la fe, sino apuntalarla. La mayoría de los hombres del Medievo que se vieron acusados de herejía, se limitaron a concluir que se habían equivocado, y reconsideraron sus puntos de vista. Sin embargo, a medida que la Edad Media avanzaba, y sobre todo a partir de 1277, las fronteras del dogma se hicieron cada vez más rígidas, la mano del censor más y más opresiva, y el espíritu de numerosos pensadores se rebeló, contribuyendo a disolver la síntesis medieval.
La Edad Media buscó una magna síntesis de todo el conocimiento. Dado que todo conocimiento era sobre Dios, el alma y el mundo espiritual, se pensaba que cabía sintetizar el conocimiento, la tradición y la fe en una sola imagen, grandiosa y autorizada, del universo. La culminación de tales esfuerzos se alcanzó con la Summa Theologica de Santo Tomás de Aquino (1225-1274). Esta creencia también se desplomó a partir de 1300.
Conviene señalar que no todos los pensadores cristianos de cualquier época y lugar han aceptado la autoridad de la razón a la hora de buscar la verdad divina. San Agustín tuvo que luchar contra las ideas de quienes rechazaban a los filósofos clásicos, o quienes consideraban la razón innecesaria y herética. El fundamentalismo y el misticismo fueron elementos importantes, no sólo del cristianismo, sino también del islamismo medieval y del judaísmo, donde triunfaron, sofocando el pensamiento filosófico. En el Occidente cristiano, los pensadores de la Baja Edad Media terminaron trazando una línea de demarcación entre las ideas de la fe y las ideas de la razón y la observación. Esta separación de la Ciencia y la Filosofía con respecto a la Teología, si bien arruinó la síntesis medieval, abrió el camino al pensamiento independiente.
El neoplatonismo impregnó todos los aspectos del pensamiento medieval. Todo era símbolo del mundo invisible de Dios, y las visiones, las profecías, la astrología y la brujería formaban parte integrante de la vida cotidiana. El pensamiento medieval también veía jerarquía por doquier. Así como había una jerarquía universal, desde Dios a los ángeles, al hombre, a los animales y a la materia, así también había en la Iglesia una jerarquía, que iba del Papa al Arzobispo, al Obispo, al presbítero y al laico; o en la sociedad, desde el rey al vasallo o al siervo. En cuanto a la teoría psicológica, se jerarquizó la visión aristotélica del alma, desde la inteligencia activa a la inteligencia pasiva, el sentido común y el sentido específico. De esta suerte, todo el mundo estaba estructurado doblemente: todas las cosas, todos los acontecimientos, eran símbolos del mundo invisible y encontraban su emplazamiento exacto en un universo jerárquicamente estructurado.
Esta perspectiva mágica venía reforzada por la índole del aprendizaje en la Edad Media. La Iglesia era la depositaria de la cultura. Para ser culto había que ser, casi sin excepción, clérigo, y el lenguaje de la educación era el latín. La Iglesia prohibió la traducción de la Biblia a las lenguas vernáculas, y los oficios se celebraban en latín. En consecuencia, la religión del hombre ordinario era un paganismo apenas disfrazado. Uno de los acontecimientos más revolucionarios de las postrimerías de la Edad Media lo constituyó la traducción no autorizada de la Biblia y la emergencia de una literatura en lenguas vernáculas.
Así pues, el conocimiento medieval fue un conocimiento clerical. Los monasterios guardaban celosamente las enseñanzas del pasado y redactaron crónicas históricas. Muchos clérigos se convirtieron en los primeros burócratas del poder, introduciendo orden, razón y cultura en el gobierno de caudillos cuasi bárbaros. Sin embargo, los gérmenes del futuro maduraban en las escuelas anexas a las catedrales erigidas durante el renacimiento del siglo XII. Dichas escuelas se convirtieron en las primeras universidades, con cursos estructurados regularmente, lecciones a cargo de maestros, libros de texto e incluso algaradas estudiantiles. Fue allí también donde surgirían la mayoría de los pensadores progresivos, y también donde la misma Iglesia reprimía el uso de la razón, considerándola una herejía. Pero también gracias a ellos, la cultura empezó a difundirse más allá de los estrechos confines de la Iglesia. Una de las novedades más destacadas del Renacimiento fue el aumento del número de seglares instruidos en letras.
No debemos exagerar los efectos opresivos del encorsetamiento religioso del pensamiento, sobre todo en la Alta Edad Media, ni tampoco menospreciar sus logros. Fue el crisol donde se forjó el pensamiento moderno. Una persona actual hubiese resultado un extraño en aquella época, pero el pensamiento moderno no se habría desarrollado sin sus predecesores medievales.

4. Las aportaciones del judaísmo y del Islam
Las relaciones entre la Europa cristiana y sus dos grandes rivales religiosos fueron, cuando menos, ambiguas. Fueron los musulmanes el objetivo contra el cual se dirigieron las Cruzadas, mientras que en la Primera Edad Media el Islam estuvo a punto de anegar a Europa. Las relaciones de la Cristiandad con los judíos resultaron todavía más desagradables. Los judíos fueron perseguidos con una ferocidad que no tenía nada que envidiar a la de los nazis: se les expulsó de Inglaterra y Francia, se les obligó a vivir en guetos y a vestir ropas distintivas; muchas veces fueron asesinados en masa al ser quemadas sus casas con sus habitantes dentro. Y, sin embargo, sin el judaísmo el cristianismo es impensable. Jesús fue, por supuesto, un judío, y sus enseñanzas reflejan las preocupaciones de los rabinos judíos del siglo I a.C. Que el cristianismo no se haya mantenido como una secta judía, fue debido en gran medida a San Pablo.
Tanto los musulmanes como los judíos que vivieron entre ellos efectuaron aportaciones fundamentales al desarrollo intelectual de Occidente. Conservaron, y posteriormente tradujeron, las obras de los clásicos, olvidados en Europa. En la Primera Edad Media únicamente se conocían el Timeo de Platón y las Categorías de Aristóteles, esto es, sus obras menos representativas. Hacia el año 1200 la mayor parte de la obra de Platón y casi toda la de Aristóteles eran accesibles a los eruditos cristianos. Las obras de Aristóteles revolucionaron el pensamiento occidental, hasta el punto de que Aristóteles llegó a sustituir a Platón como el filósofo por excelencia. De modo que tanto los judíos como los musulmanes enriquecieron enormemente el conocimiento de la Cristiandad europea, al conservar y traducir a los filósofos griegos. El nuevo conocimiento se difundió entre la Cristiandad europea a través de España y Sicilia, donde judíos y musulmanes convivieron en paz.
Tanto judíos como musulmanes realizaron asimismo importantes contribuciones filosóficas de su propia cosecha y su influencia en muchas ocasiones rivalizó con la de Aristóteles. Maimónides, el más importante filósofo judío, fue tratado con sumo respeto por Tomás de Aquino. Los pensadores islámicos también efectuaron aportaciones a las Matemáticas y a la Ciencia, tanto como a la Filosofía. En este sentido, los dos musulmanes más destacados fueron Ibn-Sina e Ibn-Rushd, cuyo aristotelismo depurado provocó una crisis intelectual que marcó el final de la Alta Edad Media.
Conviene también destacar que tanto la filosofía judaica como la musulmana no pudieron eludir el hado tan a duras penas evitado por la Cristiandad latina. Los judíos conservadores y los dirigentes islámicos consideraban que la libre indagación filosófica resultaba demasiado peligrosa para la "verdad" revelada como para ser tolerada. La Filosofía y sus obras fueron prohibidas, de suerte que tras la época de Ibn-Rushd (muerto en 1198) no existió una filosofía independiente y de carácter no teológico entre judíos ni musulmanes. Una persecución análoga fracasó por poco en sus objetivos en la Europa del siglo XIV. En el Islam unificado y absoluto el control del pensamiento podía tener éxito; en la Europa políticamente diversificada esto era imposible.

sábado, 31 de enero de 2015

¿Existe la libertad?

La existencia de la libertad ha sido una de las cuestiones más debatidas a lo largo de la historia de la filosofía. Los pensadores de todos los tiempos no han ahorrado esfuerzos en intentar demostrar tanto su existencia como su inexistencia. Presentamos a continuación los esfuerzos argumentativos más importantes, los cuales se dividen en líneas generales en dos grupos: determinismo (la libertad no existe) e indeterminismo (sí existe la libertad).


 D E T E R M I N I S M O 

El ser humano no es libre. Cuando decide, sólo es libre aparentemente. La conciencia de libertad es mera apariencia, derivada de la ignorancia de las causas que realmente nos obligan a actuar.

Determinismo físico
El ser humano se comprende como un ser más de la naturaleza. No escapa a las leyes naturales. Lo único que sucede es que, al ser más complejo, aumenta la complejidad de estas leyes. El ser humano, como ser físico que es, está determinado por principios físicos.
P. S. LAPLACE (1749-1827)

Determinismo biológico
Procede de una revisión del determinismo físico. El ser humano es una realidad física de tipo biológico y su conducta puede reducirse a combinaciones químicas. Una versión actualizada de este determinismo biológico es el llamado determinismo genético, según el cual el ser humano está determinado por su código genético, por sus genes.
PAULOV (1849-1936)

Determinismo social
Lo que determina la conducta humana es el medio social en que vive. La sociedad ejerce una fuerte presión sobre el individuo, de tal manera que, incluso cuando éste se cree libre, está obedeciendo a criterios dados socialmente.
E. DURKHEIM (1858-1917)

Determinismo educacional
Es una variante del determinismo social. El individuo está determinado por la educación que recibe. Esta educación refuerza determinadas conductas que son consideradas deseables y rechaza otras menos deseables.
B. F. SKINNER (1904-1990)

Determinismo teológico
Las acciones humanas responden a una fuerza superior de carácter divino. Este tipo de determinismo nos lo encontramos en la tradición griega y romana, donde la vida humana está marcada por el destino (ananké, para los griegos, o fatum, para los romanos). También nos lo encontramos en algunas interpretaciones del cristianismo: si Dios conoce todo, también sabe lo que vamos a hacer, entonces no somos libres.
Tragedias griegas: SÓFOCLESEURÍPIDES, ESQUILO
J. CALVINO (1509-1564)

 I N D E T E R M I N I S M O 

Defiende la posibilidad de decisión libre. Afirma la imprevisibilidad de la conducta humana.

Indeterminismo físico
Frente a la física clásica, algunas interpretaciones de la moderna mecánica cuántica defienden que la naturaleza se rige por leyes probabilísticas, donde el azar y la indeterminación son protagonistas. El comportamiento de la naturaleza, al menos en su nivel subatómico, no puede predecirse.
W. HEISENBERG (1901-1976); N. BOHR (1885-1962)

Argumentación postulatoria (moral)
Si no existiera la libertad, la moral no sería posible ni tendría sentido. Y como todos tenemos experiencia de la moral, hemos de reconocer la existencia de la libertad. Es un argumento postulatorio, es decir, se postula (se supone) que existe la libertad, pues, si no, la moral carecería de fundamento.
KANT (1724-1804)

Conciencia psicológica de libertad
Todos tenemos intuición de que somos libres. Hacemos una cosa, pero podríamos haber hecho otra; piensa algo, pero podría haber pensado algo diferente y lo hago por propia voluntad.
R. DESCARTES (1596-1650); J. P. SARTRE (1905-1980)

 Entre la ciencia y nuestra vivencia 

Los hombres se equivocan al creerse libres, opinión que obedece al solo hecho de que son conscientes de sus acciones e ignorantes de las causas que las determinan. Y, por tanto, su idea de "libertad" se reduce al desconocimiento de las causas de sus acciones, pues todo eso que dicen de que las acciones humanas dependen de la voluntad son palabras, sin idea alguna que les corresponda. Efectivamente, todos ignoran lo que es la voluntad y cómo mueve el cuerpo, y quienes se jactan de otra cosa e inventan residencias y moradas del alma suelen mover a risa o a asco. Así también, cuando miramos al sol, imaginamos que dista de nosotros doscientos pies, error que no consiste en esa imaginación en cuanto tal, sino en el hecho de que, a la par que imaginamos así, ignoramos su verdadera distancia y la causa de esa imaginación.
B. Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico

Dostoievski escribe: "Si Dios no existiera, todo estaría permitido". En efecto, todo está permitido si Dios no existe y en consecuencia el hombre está abandonado, porque no encuentra en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.
Jean-Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo (adaptado)

La libertad de nuestra voluntad se conoce por la simple experiencia que de ella tenemos, sin necesidad de prueba.
R. Descartes, Principios de filosofía

domingo, 25 de enero de 2015

La filosofía posterior a Aristóteles

1. Filosofías de la Felicidad
Aristóteles fue el último gran filósofo de la Edad Clásica. Después de él, el pensamiento tomó nuevas direcciones. Los imperios, primero el de Alejandro y luego el Romano, vinieron a sustituir a las viejas ciudades-estado. La civilización se difundió alrededor del Mar Mediterráneo, en el interior de Europa y en Gran Bretaña, gracias a estos imperios. Esta cultura, sin embargo, no produjo demasiados filósofos ni científicos. Los imperios tienden a ser pragmáticos, y entre los romanos encontramos a grandes ingenieros y políticos pragmáticos más que a grandes pensadores. La ciencia floreció durante un tiempo en Alejandría, la capital del Egipto postalejandrino. En la época de los sucesores de Alejandro, los Tolomeos, se establecieron centros de investigación y se realizaron importantes avances es matemáticas, astronomía, física y medicina. Se creó una gran biblioteca en Alejandría, constituyendo su destrucción, al comienzo de la era cristiana, una de las grandes tragedias de la historia. Nuestro conocimiento de los primeros filósofos es fragmentario a causa del incendio de esta biblioteca.
Lo que de movimientos filosóficos hubo en los períodos helenístico y romano difirió en gran medida de lo que había tenido lugar antes. En vez de investigar cuestiones de ciencia o epistemología, los filósofos se dedicaron ahora a buscar recetas para la felicidad humana. Podemos caracterizar al período que va de Aristóteles (muerto en el 323 a.C.) a la Edad Media como el período de las filosofías de la felicidad.
Epicuro (341-270 a.C.) aceptó el atomismo, aunque no el determinismo, y como Demócrito, preconizó el hedonismo. Pero la fórmula de Epicuro para alcanzar el placer no era lo que nosotros solemos asociar al nombre de su escuela, el epicureísmo. Dio más importancia a la evitación del dolor que a la búsqueda activa del placer y aconsejó a sus seguidores que llevaran vidas sosegadas y alejadas a las refriegas del mundo externo. Sus advertencias dan en el blanco en una época volcada hacia la energía: depender de los placeres de la vida supone arriesgarse al dolor cuando éstos nos son retirados.
Los cínicos no sólo se apartaron del mundo civilizado, sino que también lo atacaron. Opinaban que las obras de la sociedad rebosaban hipocresía, con su inseparable cortejo de codicia, envidia y odio. Los cínicos se burlaban de las convenciones sociales. El cínico más célebre fue Diógenes (que murió en 324 a.C.); vivió pobremente, se llamó a sí mismo ciudadano del mundo y preconizó en amor libre y la comunidad de familias. Cuéntese que Alejandro visitó a Diógenes en la cueva donde vivía. Plantándose frente a la entrada, Alejandro le preguntó si podía hacer algo por el famoso filósofo. "No me quites la luz", fue la respuesta de Diógenes. Esta anécdota resume en un rasgo el cinismo.
El escepticismo fue un movimiento afín, pero de carácter más intelectual, fundado por Pirrón de Elis (360-270 a.C.) y desarrollado posteriormente por diversos rectores de la academia de Platón. Como Platón, los escépticos desconfiaban de la percepción sensorial. Sin embargo, no creían en ningún mundo de las Formas. Por ello, sostenían que cualquier conclusión general que pudiera alcanzarse en base a la experiencia podría convertirse en errónea a la luz de la nueva experiencia. Dado que ser refutado constituye una experiencia dolorosa, los escépticos creían que no deberíamos aceptar conclusiones generales, para evitarnos el disgusto de estar equivocados.
Mayor difusión que cualquiera de estas filosofías alcanzó el estoicismo, que contó entre sus adeptos a un esclavo (Epícteto, 50-138 d.C.) y a un emperador (Marco Aurelio, 121-180 d.C.). Su fundador fue Zenón de Citio (333-262 a.C.), quien enseñaba en la columnata pintada, o Stoa, de Atenas. En la actualidad un estoico es alguien que acepta la desgracia "filosóficamente" -tranquilamente y sin queja-. Los antiguos estoicos se comportaban así porque creían que el universo es racional y bueno; con frecuencia lo comparaban a un ser vivo y semidivino presente en todas las cosas. Los estoicos fueron también deterministas, sosteniendo que cualquier cosa que le ocurra a una persona tiene que ocurrir así debido al orden causal del universo. La felicidad, pues, estriba en colocar la propia razón en armonía con la del universo, aceptando el hado propio como parte de una totalidad superior y divinamente racional.
Plotino
La filosofía de la felicidad más influyente fue el neoplatonismo, cuyo portavoz principal fue Plotino (204-270 d.C.), un griego de Egipto. Plotino desarrolló hasta sus últimas consecuencias los aspectos místicos del platonismo, convirtiendo casi esta filosofía en una religión. Definió el universo como una jerarquía, en cuyo vértice se sitúa un Dios supremo e incognoscible llamado El Uno. El Uno "emana" un Dios cognoscible, denominado Inteligencia, que gobierna el reino platónico de las Formas. De la Inteligencia emanan en serie más criaturas divinas, hasta llegar a los hombres, cuyas almas divinas están aprisionadas en cuerpos degradantes y materiales. El mundo físico es una copia imperfecta e impura del reino divino.
La preocupación de Plotino era apartar a sus seguidores de las tentaciones corruptoras de la carne, encaminándolos hacia el mundo espiritual de la verdad, el bien y la belleza, en el reino de las Formas. En sus Enéadas, Plotino señalaba:

Ascendemos al modelo... del que el mundo [físico] deriva... Lo preside la Inteligencia pura y la sabiduría increíble... Todo allí es eterno e inmutable... [y] en un estado de bienaventuranza.

La última frase marca el cambio desde la filosofía platónica hacia la visión estática de lo religioso, y apunta hacia la filosofía de la felicidad que tuvo más éxito, que no fue sino una religión.

2. La primera filosofía cristiana
Las filosofías de la felicidad lograron la adhesión de varios intelectuales griegos y romanos, pero a medida que el Imperio Romano empezó a desintegrarse, la gente necesitó cada vez más algo estable en que creer. Los viejos dioses olímpicos ya no resultaban plausibles, y en las postrimerías del Imperio numerosas religiones originarias de Oriente captaron a conversos romanos. Estas religiones se centraban por lo general en torno a algún misterio religioso y se denominaron religiones mistéricas. Hubo varias con cierta fuerza. El mithraísmo, por ejemplo, basada en la muerte y resurrección de Mithra, era una religión compleja, que contaba al menos con un templo en un lugar tan apartado de su cuna, Persia, como el Londres de la época romana. Estuvo a punto de convertirse en la religión oficial de Roma. Sin embargo, la gran triunfadora en última instancia entre tales religiones mistéricas fue la que se basó en la muerte y resurrección de un oscuro maestro judío llamado Jesús. Recibió el nombre de cristianismo y consiguió numerosos conversos, inclusive emperadores. Se convirtió en la religión estatal romana en el siglo IV d.C.
Un problema importante para los creyentes cristianos fue qué postura adoptar respecto a la filosofía clásica. ¿Debía ser condenada como pagana y forzosamente herética, como lo pretendió San Jerónimo (320-420 d.C.); o los cristianos debían aceptar aquellos elementos de la filosofía compatibles con la fe, como argumentó San Ambrosio (340-430)? La primera posición se alzó con el triunfo, y su principal representante, uno de los dos maestros mayores de la filosofía católica, fue San Agustín (354-430). San Agustín es el último filósofo clásico y el primer filósofo cristiano, compaginando el estoicismo, el neoplatonismo y la fe cristiana.


San Agustín
El estoicismo, con su énfasis en la divina sabiduría y la sumisión humana, presenta elementos susceptibles de fácil asimilación por la creencia cristiana. Más compatible aún, con todo, resultaba el neoplatonismo, que era una filosofía en clara evolución hacia la religión. En el siglo IV, el cristianismo se limitaba a una fe sencilla, carente de soporte filosófico. San Agustín integró fe y filosofía en una sólida visión cristiana del mundo, que habría de dominar todas las facetas del pensamiento medieval hasta el siglo XIII. El siguiente pasaje ilustra el platonismo cristiano de San Agustín:

Dios, por supuesto, pertenece al reino de las cosas inteligibles, al igual que tales símbolos matemáticos, aunque hay una gran diferencia. En forma análoga, la tierra y la luz son visibles, pero la tierra no puede ser vista a menos que sea iluminada. Cualquiera que conozca los símbolos matemáticos admite que son verdad, sin sombra de duda. Pero debe también saber que no pueden ser conocidos a menos que sean iluminados por alguna otra cosa similar al sol. Acerca de esta luz material advirtamos tres cosas. Que existe. Que brilla. Que ilumina. Así, a la hora de conocer al Dios oculto, debéis reparar en tres cosas. Que existe, que se conoce. Que es la causa de que conozcamos las demás cosas.
San Agustín, Confesiones

San Agustín asimiló una compleja, aunque mística, filosofía y creó la teología cristiana básica.

sábado, 24 de enero de 2015

La sorprendente verdad sobre qué nos motiva

Este libro fue una recomendación en un curso sobre coaching que hice en Zaragoza en octubre de 2014. Comencé a leerlo en formato digital, hasta que le di cierre al ordenador, y lo busqué en papel las pasadas navidades.
He estado centrado pues en estas últimas semanas con este trabajo de Pink. Su idea central puede quedar resumida en el siguiente párrafo:

La ciencia prueba que las gratificaciones de tipo “si/entonces” –los grandes pilares del sistema operativo Motivación 2.0- no solo son ineficaces en muchas situaciones, sino que además pueden dar al traste con las altas y creativas capacidades conceptuales fundamentales para el progreso socioeconómico actual y futuro. La ciencia revela que el secreto de un rendimiento óptimo no radica en nuestro impulso biológico ni en nuestro impulso ante el premio o castigo, sino en un tercer impulso: nuestro deseo, profundamente arraigado, de dirigir nuestras propias vidas, de extender y expandir nuestras capacidades y de vivir una vida con una finalidad.

A su vez, recoge diferentes ideas interesantes de otros autores, recomienda otras lecturas y procura dejar indicaciones de aplicación para el mundo de la educación.