Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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domingo, 31 de octubre de 2010

La libertad

"El hombre es libertad", afirma Sartre (1905-1980). Según los diferentes filósofos existencialistas del siglo XX, la persona es libre, y por tanto, posee una estructura moral; pero en el momento de determinar cómo debe obrar, señalan que no existen principios ni valores objetivos que puedan servir de guías.
"No encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta... Estamos solos".
La conducta humana carece completamente de guías; las personas son absolutamente libres ("libres a la fuerza", dice Sartre) y, por consiguiente, no le queda más remedio que inventarse en cada caso los fines, los valores y las normas de su conducta.
EL HOMBRE ESTÁ CONDENADO A SER LIBRE.

viernes, 9 de julio de 2010

Las Ciencias del Espíritu

En el siglo XIX emergieron una serie de ciencias que tenían en común la materia de su reflexión, a saber, el género humano, y más específicamente, las acciones humanas. Éstas se denominan de diversas maneras: Ciencias Culturales, Ciencias Morales, Ciencias del Hombre, Ciencias Humanas, Ciencias del Espíritu, etc., y acogen a los siguientes saberes: Historia, Filosofía, Religión, Sociología, Ciencias Jurídicas, Filosofía del Arte, Literatura, etc. Todas se caracterizan porque el objeto y el método de su investigación son completamente distintos de las otras ciencias ya constituidas, esto es, las Ciencias de la Naturaleza.
El objeto de las Ciencias de la Naturaleza es la naturaleza física, regida por leyes físico-matemáticas. Frente a ellas, el objeto de las Ciencias del Espíritu es la vida, en perpetuo cambio y evolución, regida por leyes singulares, dinámicas y cambiantes en las que prevalece la contingencia y la singularidad.
Dado que los objetos de las Ciencias del Espíritu son las acciones humanas, éstas no pueden ser explicadas siguiendo el esquema de la causalidad lineal, sino que tienen que ser comprendidas como parte de un todo (que es la vida), mediante el modelo de la causalidad recíproca, en la que se da una continua interacción entre el todo y las partes.
En las acciones humanas comprendemos lo individual del acto en su contexto histórico-social determinado. Por tanto, cualquier "explicación" tiene que estar mediatizada por la comprensión  del sentido. Si nosotros intentamos entender un acontecimiento histórico -por ejemplo, el asesinato de César a manos de Bruto y demás senadores romanos- no podemos utilizar una ley general para tal explicación (como sucedería en las Ciencias de la Naturaleza), sino que habrá que echar mano de las condiciones psicológicas, históricas y sociales que condujeron a Bruto y a los senadores romanos a ocasionar la muerte a César.
Wilhelm DILTHEY (1833-1911) propone esta nueva concepción del conocimiento humano: a la razón le faltaba su dimensión histórica. Filósofo alemán, profesor de Historia y Filosofía de la Universidad de Berlín, fue el representante fundamental del historicismo alemán del siglo XIX y comienzos del XX. La importancia de Dilthey radica, principalmente, en la fundamentación epistemológica de las Ciencias del Espíritu a partir de su concepción de la razón como razón histórica.
Entendemos por hermenéutica el arte de interpretar y comprender conjuntos simbólicos (acciones humanas, textos, objetos producidos por sujetos humanos, etc.) hablados o escritos. Éste es el método propio de las Ciencias del Espíritu.

martes, 18 de mayo de 2010

SOS Bullying

Ferran Barri es psicólogo y coordinador de "SOS Bullying", una asociación creada por el sindicato ANPE para estudiar el acoso escolar y ayudar a las comunidades educativas donde se producen situaciones que perjudican a la convivencia. Este libro es una muestra de sus trabajos, y puede resultar útil para aquellos profesores o padres que deseen iniciarse en esta temática.

martes, 11 de mayo de 2010

Educación moral y democracia

En el curso 1990/1991, estudiaba 5º de Pedagogía en la Universidad de Sevilla. En la asignatura de "Teoría de la Educación", impartida por mi profesora Casilda Peñalver, a la que tantos recordamos después de su muerte en 1999, leíamos este libro. Eran los años en que entraba la LOGSE, y hablábamos del aprendizaje, no sólo de conocimientos, sino también de actitudes. Y ya le dábamos más utilidad a los libros pequeños, que a los grandes manuales clásicos de la Pedagogía. Pues bien, entonces, este trabajo de Puig Rovira y Martínez Martín, profesores de la Universidad de Barcelona, fue una de las mejores lecturas del curso, y me permitió un descubrimiento: la teoría del desarrollo moral de Kohlberg, y el uso de los dilemas morales como método de trabajo.
Se trata pues este libro de un compendio de las diferentes teorías sobre el desarrollo moral, así como sobre los elementos curriculares necesarios para trabajarlo especialmente en la educación secundaria.
Después, con el tiempo, he necesitado buscar nuevas estrategias para trabajar con mis alumnos. En el último capítulo, aparecen ejercicios, y son interesantes los dilemas morales que se recogen.

martes, 13 de abril de 2010

La realidad

El nuevo hecho o realidad radical es "nuestra vida", la de cada cual. Intente cualquiera hablar de otra realidad como indubitable y primaria que ésta y verá que es imposible. Ni siquiera el pensar es anterior al vivir -porque el pensar se encuentra a sí mismo como trozo de mi vida-, como un acto particular de ella. Este mismo buscar una realidad indubitable es algo que hago porque y en tanto que vivo (...), busco eso porque vivo ahora ocupándome en hacer filosofía y como primer acto de filosofar; y el filosofar es, a su vez, forma particular del vivir que supone este vivir mismo -puesto que si hago filosofía es por algo previo, porque quiero saber qué es el universo, y esta curiosidad, a su vez, existe gracias a que la siento como un afán de mi vida- (...). En suma, cualquiera realidad que queramos poner como primaria, hallamos que supone nuestra vida y que el ponerla es ya un acto vital, es "vivir".
Ortega y Gasset

Para Ortega la vida es la realidad radical, es la realidad primera y primaria que define al ser humano. Es aquello que somos, es aquello con lo que nos encontramos nada más nacer. Y de ella derivan todas las demás realidades.
El hombre es un ser libre, pero no ha elegido libremente la vida, sino que se ha encontrado con su vida y tiene que vivirla. Vivir es esa paradójica realidad que consiste en decidir constantemente lo que vamos a hacer y lo que vamos a ser. "Somos lo que aún no somos", esto es, puro proyecto. En ello nos distinguimos de los animales, que sólo tienen presente y pasado.
En definitiva, vivir (ser) es ser lo que aún no se es, es ser lo que se va a ser. Nuestra vida es futuro.
De acuerdo con todo lo anterior, el ser humano realiza su proyecto vital decidiendo continuamente, eligiendo entre múltiples posibilidades. Pero esa elección, esas decisiones, siempre se producen en unas circunstancias determinadas (entorno físico, personal, social, cultural, histórico...). La persona siempre elige en unas circunstancias concretas, y muchas veces tiene que escoger contra ellas, intentando cambiarlas.
Las circunstancias constituyen el marco, pero también el obstáculo de toda decisión humana. En este sentido, suponen el reto que el hombre tiene que superar mediante decisiones creadoras e imaginativas. Para Ortega, todo hombre tiene la tarea (la "misión histórica") de salvar las circunstancias, es decir, de intentar superar, cambiar y mejorar la realidad histórico-social en la que vive.

Yo soy yo y mi circunstancia, y si quiero salvar mi yo debo salvar mi circunstancia.
Ortega y Gasset (1914)

La vida es futuro (posibilidad, proyecto), es presente (circunstancia) y es pasado (experiencia de la vida). En gran parte, somos lo que hemos sido. De pronto, en un momento de nuestras vidas, nuestras elecciones dependen exclusivamente de nuestro pasado. En ese instante, puede decirse que el ahora presente incluye todo el tiempo: el ahora, el antes y el después.
Ortega no pretende ser un determinista absoluto, esto es, no niega la libertad creadora del hombre, sino que intenta meramente poner de manifiesto la enorme importancia, el peso específico que todo nuestro pasado histórico como individuo (experiencias vitales e individuales) y como sociedad (acontecimientos histórico-sociales) tienen en cada una de nuestras decisiones.

Para Ortega, sólo podemos conocer en perspectiva, esto es, sólo podemos conocer el modo como una realidad determinada se nos presenta en un momento concreto. Y ello es así porque la perspectiva es uno de los componentes de la realidad; ésta se nos presenta en perspectiva. Del mismo modo que nunca vemos un dado completo, sino sólo alguna de sus caras, y sin embargo, decimos "vemos un dado", igualmente nunca percibimos la realidad completa y total, sino sólo nuestro punto de vista, nuestra perspectiva.

La realidad, como un paisaje, tiene infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verídicas y auténticas. Todas las perspectivas son válidas, excepto una, aquella que tiene intención de convertirse en la única perspectiva. Para Ortega, no existe algo que se pueda conceptuar como la verdad completa y absoluta. Al contrario, la verdad es algo que hay que ir conquistando cada día, cada hombre y cada generación. La verdad es la perspectiva con que cada individuo, cada generación, cada momento histórico, percibe la realidad. No existe la verdad única y absoluta. Instalarse en la perspectiva de la búsqueda de la verdad absoluta es no haber entendido la historicidad de la razón.
En definitiva, la teoría de Ortega es un ejemplo de tolerancia tanto desde el punto de vista epistemológico como desde el punto de vista ético-social: aceptamos la opinión, el punto de vista de los demás como parte de ese largo camino que es la conquista de la verdad.