Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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lunes, 8 de octubre de 2018

El proyecto ético y su dimensión utópica

1. El proyecto ético y sus límites
Un proyecto ético es el proyecto personal que cada individuo se plantea en el marco de un espacio ético.
El espacio ético es el espacio de convivencia y posibilidades en el que cada persona puede desarrollar su proyecto personal de vida, regulado por los valores cívicos, que son las exigencias morales mínimas que todos debemos cumplir.
El espacio ético se ensancha en la medida que se cumplen sus exigencias e impiden que se rebasen, pues al hacerlo nos situamos fuera del mismo. Por ejemplo, podemos conseguir cotas más elevadas de libertad para los individuos, pero nunca a costa de incumplir los derechos humanos, ser injustos, recurrir al engaño o a la negación de los derechos de igualdad y libertad para los demás.
En un mundo global, este espacio se constituye como multicultural y multiétnico, en el que las diferencias deben ser respetadas, pero, a su vez, no pueden ser una excusa para rebasar los límites del espacio ético, que son:
  • La dignidad del ser humano: el respeto a los derechos humanos y sociales.
  • La igualdad.
  • La justicia.
  • La libertad.
Ser morales en sociedad
Nunca habrá un mundo tan bien organizado que ya no necesitemos ser morales, que podamos vivir automáticamente dentre de él. La ética es un proyecto infinito, porque es el proyecto de la construcción de nuestra propia humanidad y del apoyo a la humanidad de otros; y por lo tanto no tiene límites, ni fin, ni es estrictamente político tampoco. Es verdad que de ese proyecto ético hay una especie de contagio; que llega hasta el conjunto de la democracia, la cual posee un fondo de respeto a la persona y a la dignidad de los derechos como una mezcla, un lugar donde se mezcla lo estrictamente moral con lo político y lo jurídico.
Fernando Savater, Ética y ciudadanía

2. ¿Utopía o ilusión?
En un proyecto ético el fin no justifica los medios. Así, las metas que los hombres y las sociedades se impongan a lo largo de su vida y la historia deberán tener en cuenta la responsabilidad moral que supone aceptar vivir en un espacio común. Un espacio cuyos límites físicos son el planeta Tierra y está formado por la humanidad entera. Por tanto, la ética no tiene sólo una dimensión individual, sino que también contempla una dimensión colectiva y utópica.
La sociedad ética es aquella sociedad que se desarrolla en un espacio ético. Es aquella en la que los hombres pueden plantearse y cumplir cuantos proyectos deseen.
Pero ¿es posible una sociedad ética, un lugar donde se cumplan todos los sueños de felicidad y justicia? Podría ser una utopía o un proyecto en camino de realizarse. De nosotros depende que llegue a convertirse en realidad algún día.

Ernst Bloch
Filósofo alemán, 1885-1977

La sociedad tiene que ser de tal forma que todos puedan caminar erguidos, incluso los miserables y los ofendidos, los desposeídos y los humillados. En este contexto, el empleo utópico de una imagen sirve para introducir un concepto preciso, el de la dignidad humana. 

domingo, 9 de julio de 2017

Ricoeur: La creatividad como motor de la vida y de la filosofía

Paul Ricoeur es uno de los filósofos del siglo XX más significativos. Más allá de sus aportaciones filosóficas concretas, su obra se hace eco de los problemas e inquietudes que más han preocupado al ser humano de nuestro tiempo y a la vez es una gran caja de resonancia de lo mejor de la filosofía más actual. Su filosofía es un intento de dar cuenta de las posibilidades de la libertad humana, tanto en los textos como en la acción. El gran tema que vertebra su pensamiento, y que ha sido objeto de una búsqueda constante, es la cuestión de la creatividad. ¿Cómo es posible la creatividad? ¿Cuáles son las condiciones que hacen del ser humano un creador? ¿Cómo entender una realidad que permite la innovación y la libertad?

Paul Ricoeur 1913-2005
1. Conflicto de interpretaciones
En la filosofía de Paul Ricoeur se dan cita fidelidades opuestas y tradiciones diversas. En primer lugar, la filosofía reflexiva, cuyo origen se remonta a Descartes, con su preocupación por el tema de la conciencia y la identidad personal; en segundo lugar, la fenomenología y su interés por el análisis riguroso de la experiencia; finalmente, la transformación hermenéutica de esta última y su interés por el lenguaje y la historia. Pero junto a esta triple tradición en la que se inserta, se interesará por cuestiones religiosas, políticas, sociales, así como por las ciencias humanas. Uno de sus grandes méritos es haber logrado una síntesis de esta pluralidad de visiones de lo humano, muchas veces antagónicas. De ahí que hable de "conflicto de interpretaciones". Pero su actitud ante el conflicto no es ni la violencia, ni el reduccionismo, sino la mediación. El diálogo es la virtud esencial de este filósofo y por eso su filosofía es un constante "estar en la escucha" de aquello que pueda enriquecer nuestra visión de lo humano, venga de donde venga.

2. Acción y lenguaje
Sus primeras obras fueron un intento por comprender la acción humana y sobre todo cómo era posible la libertad. Muy pronto se dio cuenta de que el análisis directo era difícil y que podía ser más enriquecedor echar mano de las formas expresivas con que el ser humano comunica su poder hacer o sus imposibilidades. Por eso su descripción de la acción se transformó en una hermenéutica o interpretación de los lenguajes que expresaban este hacer.
De entre estos lenguajes son especialmente valiosos los de carácter simbólico, pues en ellos se refleja con mayor profundidad la condición humana. Y del símbolo pasó a estudiar otros lenguajes en los que el ser humano mostraba su capacidad expresiva y proyectiva, como son los lenguajes poéticos. En concreto, el estudio de la metáfora le dará la clave para entender la imaginación humana. Su obra posterior se verá marcada por un giro hacia lo práctico, curiosamente de donde había partido, pues del interés por la libertad de la imaginación (y no otra cosa es el lenguaje poético) pasará a interesarse por la imaginación de la libertad (es decir, la ética y la política).

3. Experiencia y mundos posibles
El mundo humano siempre es un mundo interpretado, por eso es tan importante la tarea hermenéutica.
Su filosofía querrá mostrarnos la capacidad imaginativa humana (con sus obras artísticas o sus proyectos, sus ideologías y sus utopías) y, a su vez, cómo la experiencia humana está marcada por estos mundos posibles. Su filosofía es por ello un intento de dar cuenta de las posibilidades de la libertad humana, tanto en los textos como en la acción. La filosofía misma no podrá ser más que un ejercicio de esta creatividad, pues, ¿qué es pensar sino imaginar lo posible y hacernos ver el mundo como horizonte de nuestra libertad?

4. La hermenéutica o el cuidado de las palabras
La filosofía hermenéutica, de la que Ricoeur será uno de sus más importantes representantes, prestará una especial atención al lenguaje. El lenguaje es más que lenguaje, es un vehículo de experiencia y de mundo. Por eso cuidar del lenguaje es cuidar de nosotros mismos. Ricoeur hará de este cuidado del lenguaje el objeto de su filosofía y verá en esta acción la posibilidad misma de cuidar de lo humano, pues "palabra" y "ser humano" se corresponden. La filosofía vive de esta correspondencia, y vive también para mantenerla.

La palabra humana: reflexión eficaz y acción reflexiva
Yo creo en la eficacia de la reflexión, porque creo que la grandeza del hombre está en la dialéctica del trabajo y la palabra; el decir y el hacer, el significar y el obrar están demasiado mezclados para que pueda establecerse una oposición profunda y duradera entre "teoría" y "praxis". La palabra es mi reino y no me ruborizo de ello; mejor dicho, me ruborizo en la medida en que mi palabra participa de la culpa de una sociedad injusta que explota el trabajo, no ya en la medida en que originalmente tiene un elevado destino. Como universitario, creo en la eficacia de la palabra docente; como profesor de historia de la filosofía, creo en la fuerza iluminadora, incluso para una política, de una palabra consagrada a elaborar nuestra memoria filosófica; como miembro del equipo Esprit [revista personalista fundada por E. Mounier en los años treinta], creo en la eficacia de la palabra que retoma reflexivamente los temas generales de una civilización en marcha; como oyente de la predicación cristiana, creo que la palabra es capaz de cambiar el corazón, esto es, el centro manantial de nuestras preferencias y de nuestras actitudes. En cierto sentido, todos estos textos son una glorificación de la palabra que reflexiona con eficacia y que actúa con reflexión.
P. Ricoer, Historia y verdad

Reinterpretar el pasado para ser utópicos
Pienso que la tarea del educador consiste en ser utópico y vinculado con ello me importa mucho la restauración del lenguaje. El mundo tecnológico en que vivimos y en que debemos aprender a vivir es un mundo sin pasado, un mundo proyectado hacia el porvenir, un mundo que tiende a borrar sus rastros. Ahora bien, el mundo de la cultura es un mundo de la memoria. Seguimos siendo y nos volvemos creadores a partir de una interpretación del pasado, que nos interpela sin cesar. Es aquí donde vendría a ubicarse la reflexión contemporánea sobre la hermenéutica, sobre nuestro vínculo con el pasado por medio de la interpretación.
P. Ricoeur, Ética y cultura

sábado, 1 de julio de 2017

La filosofía, entre la convicción y la crítica

1. Vivir despiertos
El gran profeta, de Gargallo

La reflexión filosófica es una tarea ardua. Para realizarla se necesita una gran cantidad de saberes y, sobre todo, una actitud de búsqueda y crítica ante la vida.
Los dos puntos de apoyo de la reflexión filosófica son la convicción y la crítica. La filosofía es labor crítica, pero no podemos criticar por criticar. Criticar algo es tomar distancia, pero para eso necesitamos hacerlo desde algún sitio, desde unos criterios. Y estos criterios son nuestras convicciones.
Decir "convicciones" no es apelar a unas ideas dogmáticas. Al contrario, nuestras convicciones han de ser el resultado de un proceso de reflexión, de asumir conscientemente una serie de valores y perspectivas. Si no tenemos convicciones que defender y utopías que desear, ¿desde dónde criticaremos?, ¿cuál será el objetivo de nuestra crítica?, ¿para qué criticar?
La crítica de las idelogías, labor que ha de desempeñar la filosofía, sólo puede hacerse desde un horizonte utópico. Apuntando a un ideal de vida que consideramos estimable y deseable podemos criticar el presente, sus engaños y sus imperfecciones. Sólo así podremos ejercer responsablemente la acción filosófica. Sólo viviendo despiertos podremos criticar las ideologías que impiden reconocer la plenitud de la experiencia y de la vida; y, sólo así, podremos esbozar un horizonte de posibilidades para conseguir un mundo en el que realmente merezca la pena vivir y, así, hacer un poco más cercana la utopía.

2. Filosofía de la convicción y de la crítica
La filosofía ha de cuidar mucho de las convicciones. ¿Cómo elaborar una filosofía de la convicción y de la crítica? Presentamos una serie de propuestas para seguir pensando, aprendiendo y saboreando la experiencia de la vida. Esto es hacer filosofía: proyectar, imaginar, pensar. Siempre es un buen momento para comenzar a hacerlo porque, como decían los latinos, tua res agitur, que en castellano se dice "de ti depende". 

  1.-  Lo primero que tendríamos que hacer es ser conscientes de nuestras convicciones: qué valoramos, qué preferimos, qué nos mueve, por qué nos comprometemos, etc.
  2.-  Hemos de ser capaces de caer en la cuenta de que nuestras convicciones no tienen por qué ser las convicciones de los demás. Lo que yo prefiero y valoro puede no ser preferido y valorado de igual manera por los otros. Esto es muy importante pues nos hace salir de nuestro pequeño mundo y caer en la cuenta de que existen otras formas de ver la vida, y que en muchas cosas podemos no tener razón.
  3.-  Es muy importante la tarea constante de revisión y crítica de nuestras convicciones. No hay que tener miedo de cuestionarlas y debatirlas. Hay que asumir nuestras convicciones críticamente, si no lo hacemos podemos estar confundiendo convicción y convención. Quien vive según la convención vive desde lo que otros dicen o piensan, pero no desde sí mismo.
 4.-  Las convicciones así entendidas son el resultado de un continuado esfuerzo de sinceridad. Sólo siendo sinceros seremos auténticos y encararemos la vida valientemente. Necesitamos hacer un poco "campaña contra nosotros mismos", como decían Nietzsche y Unamuno. Quien tiene miedo a mirarse a sí mismo, vivirá con miedo, y vivir con miedo es una forma de ser esclavo.
 5.-  Las convicciones permitirán que tengamos las herramientas necesarias para desplegar posibilidades en el mundo. Son precisamente ingredientes de nuestra imaginación, de nuestra capacidad proyectiva, de nuestro deseo de cambiar el mundo; si no, el mundo acabará por cambiarnos a nosotros.

3. Responsabilidad y convicción
El proceso de vivir es difícil y arduo. No lo podemos hacer de cualquier manera, ya que tenemos una responsabilidad muy alta hacia muchas cosas y, en primer lugar, hacia nosotros mismos. Vivir es ir haciéndonos una "figura", en un sentido metafórico, un perfir, una manera de ser. Para ello necesitamos convicciones que nos permitan afrontar los retos y la tarea de creación de nosotros mismos.

Necesidad de "abrazar ideas" 
Los límites de las posibilidades históricas tienen su profundo fundamento en el ser del hombre. Nunca puede ser alcanzado en el mundo humano un estado final acabado, porque el hombre es un ser que trasciende constantemente sobre sí mismo; un ser no sólo inconcluso, sino también inconcluible. Una humanidad que sólo quisiera ser lo que es, perdería, al limitarse a sí misma, su ser humano. Pero en la historia necesitamos abrazar ideas, y debemos hacerlo si queremos darle un sentido a nuestra vida en comunidad. Los proyectos de paz eterna o los supuestos para ella siguen siendo verdad aun cuando la idea tomada como ideal concreto no se pueda realizar y, por el contrario, sobre toda concreción real quedan aún infinitos problemas.
Estos proyectos tienen su fundamento en una confianza infundable, es decir, la certidumbre de la fe, la creencia de que no todo es nada, de que no todo es sólo un caos sin sentido, un ir de la nada a la nada. De esta confianza emergen las ideas que nos guían en nuestro paso por el tiempo.
K. Jaspers, Origen y meta de la historia

Creer sí, pero de otro modo
La vida y la muerte de Sócrates son la historia de las difíciles relaciones que el filósofo mantiene con los dioses de la Ciudad, es decir, con los otros hombres y con lo absoluto petrificado que éstos le ofrecen. Si el filósofo fuera un rebelde, llamaría menos la atención. Pues, a fin de cuentas, cada uno sabe para sus adentros que el mundo tal y como está es inaceptable; nos gusta que esto se escriba, para mayor gloria de la humanidad, aunque quede en el olvido cuando cada uno vuelva a sus asuntos. La rebelión le gusta a todo el mundo. Con Sócrates la cosa cambia. Enseña que la religión es verdadera, y se le ha visto ofrecer sacrificios a los dioses. Enseña que se debe obedecer a la Ciudad, y él es el primero en obedecer hasta sus últimas consecuencias. Lo que se le reprocha no es tanto lo que hace, sino la manera de hacerlo, el motivo. Hay en la Apología una expresión que lo explica todo, cuando Sócrates dice a sus jueces: "Atenienses, creo tanto como aquellos que me acusan". Una expresión muy propia del oráculo; él cree más que ellos, pero también cree de otro modo que ellos y en otro sentido.
M. Merleau-Ponty, Éloge de la philosophie

sábado, 24 de junio de 2017

Crítica de las ideologías y de las utopías

La crítica de las ideologías forma parte integrante de la tarea actual de la filosofía. Tiene un origen marxista, aunque desborda al propio marxismo.

1. En la estela del marxismo
La filosofía entendida como crítica de las ideologías es propia de la tradición marxista. De hecho, el concepto "ideología" es clave para entender el marxismo. Pero hay que señalar que el marxismo sólo se fija en una de las acepciones posibles del término. Al menos debemos recordar tres funciones del concepto "ideología": identidad de un grupo social, legitimación de una forma de poder y encubrimiento de una determinada situación. El marxismo sólo se ha centrado en esta tercera.
Lo que persigue Marx es básicamente que el ser humano pueda insertarse en la sociedad de una manera consciente y responsable. El ser humano se relaciona con la sociedad y con la naturaleza mediante el trabajo, el cual es organizado en función de determinadas representaciones de esta realidad. Si las representaciones no coinciden con la realidad, estamos ante representaciones falsas o ideologías, y si son adecuadas y verdaderas, nos hallamos ante la ciencia. Por eso, ciencia e idelogía se oponen.
El marxismo querrá constituirse como una ciencia y así eliminar todas las ideologías. La ciencia en la que se apoyará será la economía; de ahí que la filosofía de Marx virase de la filosofía a la economía.
Así pues, el marxismo entiende las ideologías como un conjunto de ideas falsas, que disimulan, ocultan o distorsionan la realidad en que se mueven los seres humanos. La crítica de las ideologías es una forma de desenmascarar estos pensamientos distorsionadores y mostrar la auténtica realidad. Esta crítica es una crítica teórica del derecho, la moral, la religión, etc., que implica necesariamente una transformación social, ya que permite a los seres humanos enfrentarse de una forma más consciente con sus circunstancias. Esta tradición marxista de crítica de ideologías ha sido desarrollada más recientemente por la llamada Escuela de Frankfurt o Teoría Crítica, grupo de filósofos que desde planteamientos marxistas desarrollan una crítica social y cultural. Autores de esta escuela filosófica son T. Adorno, M. Horkheimer, H. Marcuse o J. Habermas.

2. ¿Cómo criticar las ideologías?
Las ideologías, en sentido negativo, tal y como el marxismo las describe, nacen cuando se olvida que es la vida la que produce la conciencia, y creemos que las ideas son abstractas y absolutas. Es decir, nunca debemos olvidar que nuestro pensamiento está condicionado por las circunstancias. Pensamos que la "ideas" están ahí de una vez por siempre, que son algo absoluto, pero éstas, como todo lo humano, tienen un origen histórico, y es labor de la filosofía mostrar cómo todas las ideología (al igual que las utopías o cualquier producto del imaginario social) han sido creadas en un momento dado por unos seres humanos concretos.
Las ideologías se manifiestan cuando se presenta lo histórico como natural o cuando se presenta lo particular como algo general. Lo que ha de mostrar la filosofía, entendida como crítica de las ideologías, es que todo lo humano es histórico y está condicionado por unas circunstancias.

3. La crítica de las utopías
Muchas veces se ha cuestionado con fuerza a las utopías, sobre todo por su imposibilidad de realización; por no atenerse a los hechos y desconocer la experiencia histórica, lo cual les ha llevado a producir regímenes dictatoriales; y, finalmente, por la violencia que conlleva el querer realizar las utopías, lo cual conduce a "sociedades cerradas" donde se niega la libertad y es imposible vivir. Críticos de las utopías son algunos pensadores tan importantes como K. Popper o H. Jonas. Para evitar estas críticas y otras, muchas de ellas muy simplistas, convendría distinguir entre utopía y utopismo; el utopismo es aquella utopía que no tiene conciencia de sí misma y se confunde con la realidad.

No las grandes visiones, sino las pequeñas soluciones
La crítica de Popper a la utopía es una crítica radical pues no se dirige a tal o cual utopía, al contenido utópico, sino que apunta a la forma utópica. La forma utópica, el método utópico como él señala, acaba en la violencia, pues al ser una descripción ideal de los fines últimos de la sociedad y de la política y no ser discernibles científicamente, la pluralidad de visiones utópicas no pueden coexistir y tiende necesariamente a la destrucción, a la violencia. Frente a esto Popper defiende una pragmática concreta: "Trabajad para la eliminación de males concretos, más que para la realización de bienes abstractos. No pretendáis establecer la felicidad por medios políticos. Tended más bien a la eliminación de las desgracias concretas... Pero haced esto por medios directos."
T. Domingo Moratalla, Utopía

El error de la utopía: desconocer que lo humano es siempre problemático
El error de la utopía es, pues, un error de la antropología supuesta por ella, un error de su concepción de la esencia del hombre. El presente del hombre -distinto del de la larva, cuyo destino es convertirse en mariposa- es siempre plenamente válido en ese problematismo que él es. El problematismo humano es su propio fundamento, que lo sostiene. Tan imposible es conducirlo "hacia adelante" hasta una claridad sin sombras, como hacia atrás hasta el aproblematicismo de la naturaleza animal. Dentro de este problematicismo hay que esperar y temer todo. dentro de él han de moverse todas las expectativas depositadas en los individuos y en la humanidad.
H. Jonas, El principio de responsabilidad

lunes, 12 de junio de 2017

Mundos posibles: trazando el porvenir

1. Origen y sentidos del término "utopía"
El término "utopía" es un término griego y, sin embargo, desconocido para los griegos. Se trata de un neologismo creado por Tomás Moro para titular su propia obra sobre "la mejor de las Repúblicas". La "utopía" es, en la etimología de Moro, un "no-lugar" (ou-topos); el lugar, por el contrario, de una sociedad armónica y perfecta.
El término "utopía" tiene muchos sentidos, y por eso es muy difícil de definir. Si intentamos abarcar la pluralidad de sentidos que tiene podemos concebir el término "utopía" de tres maneras distintas:
- En primer lugar, puede ser entendido como un género literario. Es una forma literaria que debe su nacimiento moderno a Tomás Moro. La narración utópica, género que ha tenido notable éxito, se encuentra hoy en día potenciada por el género llamado de ciencia ficción, tanto literario como cinematográfico.
- En segundo lugar, es un concepto sociológico y político, pues es una forma de analizar una sociedad, ofrecer una alternativa a la misma, e idear formas diferentes de organización política.
- En tercer lugar, también puede ser entendido como una dimensión del ser humano ("la dimensión utópica"), sinónima de su capacidad de imaginar y proyectar mundos posibles.

2. La historia de la utopía
A lo largo de la historia las utopías han mostrado diferentes características. Este cuadro recoge las más significativas:


3. Imaginar otra sociedad
Muchas y de muy diversos tipos son las utopías que ha habido a lo largo de la historia: unas invitan al optimismo, otras al pesimismo; unas añoran el tiempo pasado, otras miran al futuro; unas se basan en la técnica, otras en la naturaleza. La imaginación humana ha soñado mundos donde la vida fuera diferente: a veces para alertarnos sobre lo que estamos haciendo en nuestra sociedad, y otras para alentarnos en lo que debemos y podemos hacer.

Platón: La República (siglo IV a.C.)
Platón esboza en esta obra lo que sería una "ciudad ideal". En ella debe existir un gobierno justo que haga imposible el que se pueda volver a repetir el caso de Sócrates, una persona buena y justa y, sin embargo, condenada por el Estado. Para construir una sociedad justa es necesario que haya un perfecto equilibrio entre las diferentes clases sociales: los gobernantes-filósofos, los guardianes y los artesanos. Esa sociedad ha de funcionar como un gran organismo en el que cada clase, al igual que cada órgano dentro de un cuerpo, realice su función. De esta utopía destacan tres elementos: igualdad educativa para hombres y mujeres, comunidad de mujeres y niños (con lo que se relativiza la unidad familiar) y, la más importante, el gobierno del más sabio: el filósofo.

T. Moro: Utopía (1516)
Tomás Moro parte en esta obra de una crítica muy dura a la situación real en la que se encuentra Inglaterra, para pasar después a presentar cómo es ese "otro lugar" (la isla de Utopía), donde las cosas son de otra manera. Esta isla se compone de diferentes ciudades, todas con la misma lengua, las mismas instituciones y costumbres. Todos los ciudadanos participan del trabajo, aunque de una forma muy racional, sin llegar nunca a la fatiga. La educación también está organizada de una forma racional, al igual que la sanidad y la comida. Hay comedores para todos. La riqueza está distribuida y no hay carestía de nada. Los "utopianos" odian la guerra y son muy tolerantes.

A. Huxley: Un mundo feliz (1932)
En este libro, uno de los más leídos del siglo XX, Aldous Huxley desarrolla una crítica a la sociedad de su tiempo, que en gran parte es también el nuestro, pues se centra en criticar la confianza ciega en el desarrollo de la tecnología. El libro de Huxley se suele definir como una antiutopía porque nace del rechazo a que la utopía moderna, la del mundo tecnificado, se cumpla. La sociedad descrita en este "mundo" es una sociedad que se procura que sea feliz, pero es una felicidad ingenua, conseguida por medio de la manipulación y de la ignorancia. Lo importante no es tanto hacer que los individuos sean felices cuanto que se sientan felices.

B. F. Skinner: Walden Dos (1948)
Esta obra presenta una de las pocas utopías positivas del siglo XX. En ella Burrhus Frederic Skinner describe una sociedad construida según sus principios de psicología conductista. El individuo está condicionado por los estímulos que le rodean, por tanto lo que ha de hacer el político-científico es controlar la estimulación que recibe el individuo y así moldearlo para que sea feliz. La sociedad dibujada es una sociedad tranquila, sin problemas. Quizá lo más importante de esta "utopía" no es que pueda existir, sino que muchos de los principios que rigen la sociedad pueden ponerse en práctica. Así por ejemplo, gran parte de los principios conductistas que rigen Walden Dos se aplican en muchos sistemas educativos y en muchos procesos sociales.       

sábado, 10 de junio de 2017

Aventurar lo posible: la imaginación

1. Conceptos clave
- Imaginación reproductora: Es aquella que se encarga de hacer presente objetos o acontecimientos ausentes. Las imágenes están íntimamente relacionadas con la percepción, aunque no se confunden con las percepciones por el grado de vivacidad.
- Imaginación productora o creadora: Este tipo de imágenes no se limita a reproducir las percepciones, sino que crea imágenes nuevas. Produce síntesis novedosas de percepciones anteriores. En este tipo de imaginación juega un gran papel la actividad del sujeto que imagina. Esta actividad puede ser consciente, como por ejemplo la creación literaria, o inconsciente, como por ejemplo en los sueños nocturnos.

2. Imaginar y pensar
El mundo que nos rodea es en gran medida fruto de la capacidad imaginativa y proyectiva del ser humano. La imaginación es por tanto la capacidad humana fundamental para interpretar la realidad. El análisis de la imaginación en la historia de la filosofía ha sido amplio, y en buena parte es el intento de verla no sólo como una capacidad psicológica, sino como la responsable del pensamiento y, por eso mismo, la que marca la diferencia con el resto de los animales.
Hasta épocas recientes la imaginación ha sido muy poco valorada. Unas veces se la ha considerado como una forma de conocimiento de segundo grado; otras, como una especie de "capricho" que se permitía la mente humana, una especie de "juego". Estudios recientes han puesto de relieve el auténtico valor de la imaginación y de sus productos. Gran parte de este revalorización de la imaginación se debe a Kant, para quien la imaginación no es sólo una facultad que combina impresiones sensibles, sino que representa la posibilidad misma de conocer, pues es la encargada de asociar imágenes y conceptos, es decir, de esquematizar la realidad y así poder comprenderla.


3. ¿Qué es la imaginación?
El fenómeno de la imaginación se puede entender de cuatro formas: (1) como evocación arbitraria de cosas ausentes, aunque existentes en otra parte: "me imagino que estoy en París"; (2) como un conjunto de representaciones que están en lugar de otra cosa representada: una reproducción de la imagen de la Gioconda; (3) como evocación de cosas que no están ni presentes ni ausentes, sino que no existen: un centauro; (4) como ilusiones, cosas que, aunque ausentes o inexistentes, parecen reales para el sujeto que las contempla: "me imagino que la carretera está encharcada, pero sólo es una ilusión.

4. Ejes de la imaginación
Las diferentes teorías sobre la imaginación, y las diferentes explicaciones asociadas a estas teorías, pueden vertebrarse sobre un doble eje: por un lado, el eje de la presencia-ausencia de la realidad imaginada y, por otro, el eje de la conciencia crítica o fascinada del sujeto que imagina.
- Eje presencia-ausencia de la realidad: Según este criterio, la imaginación se relaciona con la percepción y se puede entender como la facultad de producir representaciones debilitadas de lo que vemos, y en este sentido hablamos sólo de una imaginación reproductora. O podemos entenderla como vinculada a la ausencia, y así nos inclinamos al otro lado del eje: al de la creación. En este sentido imaginar es referirse a lo no presente, a lo no visto, y es precisamente algo opuesto a la percepción.
- Eje conciencia crítica-conciencia fascinada: Según este criterio, tendríamos formas diversas de entender la imaginación en función del grado de conciencia del sujeto a la hora de imaginar. Si el sujeto que imagina es capaz de mantener la distancia entre lo imaginario y lo real, hablaremos de conciencia crítica; si no es así, de conciencia fascinada.
La imaginación es una forma de innovación. Imaginar es aprender a mirar, ver nuevamente o ver de una manera distinta; es reestructurar lo que creemos ver y haber visto siempre; captar semejanzas donde aparentemente no las hay. No es una percepción que se desvanece, sino un significado que aparece.

5. Imaginario social: ideología y utopía
La imaginación no sólo es algo individual, sino que también se puede aplicar a la sociedad. El mundo en que vivimos es un mundo compartido y social; por tanto, la imaginación, instrumento de creación de mundos, tiene también un carácter social. Las construcciones de la imaginación (reglas, normas, creencias, ideas, ciencias, etc.) poseen un poder de representar nuestra identidad tanto social como individual. En esa medida, constituyen lo que se ha venido en llamar el imaginario social.
Este imaginario, conjunto de imágenes que articulan nuestra vida, se compone de ideologías y utopías, que, definidas de forma general, son maneras de interpretar el mundo. Las ideologías son ideas y valores que articulan la vida social (por ejemplo: el liberalismo, el socialismo, la religión, etc.); las utopías son propuestas aparentemente irreales de otro mundo diferente al que tendemos (utopía de una sociedad justa en la que se respeten los derechos humanos de todas las personas, la convivencia en una sociedad plural, etc.).
Las ideologías y las utopías han sido estudiadas por la sociología y la filosofía, aunque sólo en el siglo XX se ha hecho de manera conjunta. K. Mannheim las analizó desde el criterio de congruencia o no con la realidad. P. Ricoeur, en nuestra época, ha intentado recuperarlas para el análisis filosófico. Ambos se han ocupado de la función que estas construcciones imaginarias desempeñan en la sociedad, y no tanto de su definición. Uniendo los estudios de ambos, representamos las funciones que cumplen estos dos fenómenos mediante un esquema. En él destacamos cómo los dos fenómenos, ambivalentes y ambiguos como todo lo humano, pueden ser positivos o negativos.


      

lunes, 5 de junio de 2017

Soñar lo posible

Una de las tareas fundamentales de la filosofía es prestar la máxima atención a todo lo que nos rodea. Pero la filosofía no se conforma con dar cuenta de lo que hay, ni con establecer una síntesis más o menos lograda de varios saberes. También tiene como misión ayudarnos a vivir mejor, sin saber muy bien en qué consiste este vivir mejor. Por eso es imprescindible "lanzar ideas" que nos hagan ver la realidad de forma nueva o que nos descubran una realidad antes no percibida. La realidad es más de lo que parece; las cosas no son sólo lo que a primera vista nos muestran. La filosofía explora lo posible, abre lo que la costumbre cierra. Soñar, imaginar, crear... también es tarea de la filosofía.

A la historia de los hechos tendrá que suceder la historia de las esperanzas, la verdadera historia humana. La unidad de una cultura proviene del sistema de esperanzas que en ella se dibuja. Pero como ese sistema de esperanzas y desesperaciones suele estar detrás de los hechos, ha sido no solamente desconocido sino rehuido, con ese miedo del hombre moderno ante lo que va más allá de un simple acontecimiento.
Y el lugar donde la esperanza se ha refugiado de manera más confiada es en la Utopía. La historia de las utopías, las alternativas de su vida y evolución, de nacimiento y eclipse, es la historia más verídica de nuestra cultura de Occidente, de la vieja Europa.
M. Zambrano, Hacia un saber sobre el alma (adaptado)

1. Del mundo natural al mundo interpretado
La vida del ser humano no se desarrolla espontáneamente en un mundo natural. No vivimos sólo en un medio físico. Nuestro mundo está lleno de ideas, creencias, sentidos y palabras. No nos movemos como una piedra, dejándonos caer o desgastar por el viento; tampoco como los animales, respondiendo ante lo que nos sale al encuentro de una manera más o menos impulsiva. La vida humana es un detenerse y hacer algo con aquello con lo que nos encontramos.
Vivir humanamente significa por ello tener que optar entre diferentes posibilidades. Tenemos que estar haciendo algo con aquellos medios que encontramos, pues nuestra vida siempre está "mediada", siempre está "posibilitada". Para el ser humano no hay en ningún momento vida natural, pues el mundo, sea el que sea, siempre viene interpretado social, cultural y lingüísticamente. Querámoslo o no, siempre nos movemos en mundos de sentido.
Nuestra inserción en la realidad no es automática, sino que tenemos que elegir y determinarnos a nosotros mismos. En nuestra vida, las posibilidades que nos salen al encuentro no son sólo físicas o biológicas, sino más bien culturales y simbólicas. Por esto mismo, nuestro mundo no es simplemente el mundo. Mi mundo es el resultado de proyecciones y sentidos ante los que me encuentro y que posibilitan mi vivir.


Con mayor o menor actividad, originalidad y energía, el hombre hace mundo, fabrica mundo constantemente, y ya hemos visto que mundo o universo no es sino el esquema o interpretación que arma para asegurarse la vida. Diremos, pues, que el mundo es el instrumento por excelencia que el hombre produce, y el producirlo es una misma cosa con su vida, con su ser. El hombre es un fabricante nato de universos.
J. Ortega y Gasset, En torno a Galileo

2. Ideas y creencias
La forma habitual que tenemos de dar sentido al mundo y entenderlo es interpretándolo. Esta interpretación la solemos hacer mediante ideas y creencias.
Las creencias son explicaciones de sentido, nos las encontramos en nuestro entorno. Las ideas son aquello que pensamos. Las creencias nos sostienen, son las convicciones más íntimas y el suelo de nuestra vida. La vida humana se hace "sobre" creencias y "desde" creencias. Son nuestro mundo y nuestro ser; para cada uno de nosotros, que creemos en nuestras creencias, éstas se nos confunden con la realidad misma. Y cuando las creencias se resquebrajan, aparecen las ideas para suplir esa solidez.
Pero creencias e ideas son formas que tenemos para saber algo de la realidad, que es enigma, y movernos en ella. Esa realidad interpretada se la debemos a otras personas, no la creamos nosotros. Nunca podremos encontrarnos con una "realidad auténtica", anterior a estas interpretaciones. Para manejarnos en esta tierra indómita y enigmática, la realidad en sí, los hombres nos servimos de nuestra imaginación. Así creamos mundos.

3. Filosofía y mundo
Esta idea que estamos desarrollando es muy liberadora, pues nos permite ver el mundo no como un conjunto de determinaciones e imposiciones, sino más bien como un conjunto de elecciones que han ido poco a poco sedimentándose, como las capas de un terreno. Y lo mismo que ha sido formado mediante la acumulación de decisiones, ideas y creencias, también es un mundo que puede ser transformado, cambiado desde nuestras ideas y nuestras proyecciones.
Por todo esto, es tarea de la filosofía hacernos ver el mundo como el resultado de elecciones y decisiones. Al mismo tiempo es una herramienta para proyectar crítica y responsablemente el mundo en que queremos vivir. Por eso la tarea de la filosofía es crítica y creativa. La filosofía parte de la convicción de que nuestro mundo puede ser de otra manera y que de nuestro imaginar y pensar depende que así sea.  

4. Realidad desnuda y realidad interpretada
La realidad que nos rodea está siempre interpretada. Esto quiere decir que nadie tiene una visión privilegiada sobre la realidad, lo cual no nos sumerge en el escepticismo, sino en la necesidad de diálogo. Pero éste no será posible si no nos damos cuenta del papel que desempeñan en nuestra vida las creencias y, en general, la facultad proyectiva del ser humano, la cual nos diferencia del resto de los animales.

Vivir en el enigma
La realidad auténtica y primaria no tiene por sí figura. Por eso no cabe llamarla "mundo". Es un enigma propuesto a nuestro existir. Encontrarse viviendo es encontrarse irrevocablemente sumergido en lo enigmático. A este primario y preintelectual enigma reacciona el hombre haciendo funcionar su aparato intelectual, que es, sobre todo, imaginación.
El lugar de las creencias
Toda nuestra conducta, incluso la intelectual, depende de cuál sea el sistema de nuestras creencias auténticas. En ellas "vivimos, nos movemos y somos". Por lo mismo, no solemos tener conciencia expresa de ellas, nos las pensamos, sino que actúan latentes, como implicaciones de cuanto expresamente hacemos o pensamos. Cuando creemos de verdad en una cosa no tenemos la "idea" de esa cosa, sino que simplemente "contamos con ella".
J. Ortega y Gasset, Ideas y creencias

Somos... algo más
Sabemos, a partir de la experiencia, que el amor es algo más que un simple impulso reproductivo, y que la idea de hogar encierra un significado que no forma parte del mero concepto de refugio. Creemos que nuestro conocimiento no es sólo un mecanismo gracias al cual incrementamos las posibilidades de supervivencia de nuestra especie, sino que pretende ser una búsqueda de la verdad, un bien que estimamos dejando a un lado los beneficios prácticos que pueda traer consigo el crecimiento del conocimiento. Creemos que la persona humana tiene valor de por sí, y no meramente como un obrero contratado por la naturaleza para producir los espermas o los óvulos necesarios para la continuidad de la especie. Sabemos que las relaciones entre padres e hijos van más allá del orden de la naturaleza, cuyo mandato obedecen los progenitores al cuidar de sus vástagos. Sentimos que nuestro lenguaje es algo más que una colección de señales que intercambiamos con propósitos prácticos, que es una figura del espíritu que crea una comunidad y no sólo un instrumento para la supervivencia. Creemos además que, como consecuencia de este nuevo sentido, todas las características que compartimos con los animales adquieren a su vez un nuevo sentido.
L. Kolakowski, Horror metaphysicus