Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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domingo, 9 de diciembre de 2018

Fundamentación para una metafísica de las costumbres

Este pequeño librito de Kant fue publicado en 1785, y supone un cambio considerable respecto a las éticas materiales propias de otros autores o corrientes filosóficas y religiosas. De hecho, es una lectura obligada en la asignatura "Ética I" del Grado de Filosofía de la UNED, para entender la diferenciación entre los dos paradigmas clásicos en esta disciplina: la ética material o de contenidos, como fue la ética de Aristóteles, y la ética formal kantiana.
Según Kant, las éticas materiales han supuesto un fracaso, porque sus reglas morales se basan en coacciones -legales, políticas o religiosas- y no han reparado en que la verdadera buena voluntad del hombre se sustenta principalmente en su propia ley, en sus máximas dictadas para sí mismo, esto es, en su autonomía. Pues bien, la ética formal busca establecer un principio teórico moral que el individuo se dé a sí mismo y que a su vez sirva también como principio universal: Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal.
A partir de este imperativo categórico, u otros más sencillos, como aquel que rezaba "no hagas a los demás aquello que no quieras que te hagan a ti", cada cual podrá luego dotar de contenidos sus decisiones prácticas (por ejemplo, si no quieres que te roben, no robes tú). Y completa el autor este mandato categórico con otro principio fundamental en su ética: entender a cualquier otro, e incluso a uno mismo, como un fin y nunca como un medio, también supone un principio teórico a priori, es decir, formal, con validez pues de ley universal que sustentaría un código moral adecuado.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Éticas dialógicas y de la justicia

1. Las éticas dialógicas o de la comunicación
A raíz de los desastres ocasionados por la Segunda Guerra Mundial y el impacto derivado del holocausto judío causado por los nazis, surgieron nuevas éticas basadas en el diálogo y la comunicación. Entre éstas cabe destacar la del filósofo alemán Jürgen Habermas (1929).
Habermas plantea una ética del deber en la que, a diferencia de la de Kant, la universalidad se logra por medio del diálogo.
Así, una norma adquiere validez universal cuando:
  • Su elaboración se ha conseguido mediante este procedimiento, basado en la comunicación.
  • Podría ser aprobada por todos los afectados en caso de que éstos participaran en el diálogo.
Con la incorporación de la comunicación a la ética, hablante y oyente comparten nociones morales y establecen por consenso las bases de un comportamiento justo y correcto.
Habermas plantea algunas reglas que debería cumplir el diálogo ético:
  • Puede participar en él cualquier sujeto capaz de lenguaje y acción.
  • Cualquiera puede problematizar la afirmación que le parezca problematizable.
  • Cualquiera puede introducir la afirmación que considere oportuna.
  • Cualquiera puede expresar sus posiciones, deseos y necesidades.
  • No puede impedirse a ningún hablante hacer valer sus derechos, establecidos en las reglas anteriores, mediante coacción interna o externa al discurso.
A partir de este planteamiento, algunos filósofos, como el español Javier Muguerza (1936), proponen que, para avanzar hacia una sociedad cada vez mejor y más justa, es necesario mostrar la disconformidad con la situación actual. Es precisamente el disenso y no el consenso lo que permite el progreso moral social.

La lucha por el derecho
Lejos de poder fiarlo todo a las instituciones -incluidas las instituciones de la democracia liberal-, los individuos y los grupos de individuos han tenido que enfrentarse a ellas en demasiadas ocasiones, haciendo suyo el ideal de la lucha por el derecho: "Solamente luchando alcanzarás tu derecho".
Javier Muguerza, Razonabilidad,
en P. Cerezo, Democracia y virtudes cívicas

2. La ética de la justica de John Rawls
El filósofo norteamericano John Rawls (1921-2002) publicó en 1971 su Teoría de la justicia. En esta obra plantea que un comportamiento es moralmente aceptable cuando respeta ciertos valores llamados principios de justicia.
Estos principios, válidos para toda la humanidad sea cual sea el lugar o el tiempo, serían el resultado de un pacto entre un grupo de individuos que lo ignoran todo de sí mismos, incluida la posición social que ocuparán, para evitar la parcialidad de la búsqueda de los propios intereses.
Los principios de justicia que regirán la vida social están recogidos en un hipotético contrato y son dos:
  • El principio de la máxima libertad compatible.
  • El principio de justicia social. Éste admite ciertas desigualdades con tal de que se respete la igualdad de oportunidades y se promueva un mayor beneficio para los menos aventajados. 

sábado, 25 de noviembre de 2017

Éticas del deber

1. La teoría ética de Kant
A finales del siglo XVIII, el filósofo Immanuel Kant (1724-1804) planteó una ética radicalmente diferente a las éticas anteriores (éticas de los fines). Kant explica que nuestro comportamiento no debe basarse en buscar un premio o evitar un castigo, sino en lo que la razón nos dicta que es nuestro deber. El deber consiste en actuar con buena voluntad. Esto significa hacer lo que hay que hacer, aunque de ello no obtengamos ningún beneficio.
Kant defiende que es nuestra razón la que nos indica qué leyes morales debemos seguir para comportarnos. Así, serán leyes morales que puedan ser entendidas como universales, es decir, las que puedan servir para todos los seres humanos en cualquier circunstancia.
A esas leyes morales, entendidas como obligaciones o mandatos para todos, sin distinción alguna, las llamó imperativos categóricos.
Para valorar una acción, Kant considera que debemos tener en cuenta la propia acción en sí, pero sobre todo la voluntad que la ha motivado, es decir, si responde o no a un imperativo categórico. Así, en una acción correcta, distingue la que se ha realizado:
  • Por deber, si el principio que la ha inspirado es universal, es decir, válido para cualquier ser humano.
  • Conforme al deber, si aun estando de acuerdo con la ley moral, la ha inspirado un motivo egoísta.
2. Zola y el caso Dreyfuss
El caso del oficial francés, Alfred Dreyfuss sacudió a la opinión pública europea a finales del siglo XIX. Fue acusado de alta traición a la patria, humillado públicamente y condenado, a pesar de que altos cargos militares eran consciente de su inocencia. Sin embargo, prefirieron ocultar pruebas y proteger a los verdaderos culpables.
Para empeorar las cosas, Dreyfuss era judío, lo que fue utilizado por los antisemitas, hasta que el novelista Émile Zola redactó su célebre artículo "J'Accuse...!", en el que defendía a Dreyfuss exponiéndose él mismo a ser encarcelado. Su argumento para tal defensa era muy sencillo: sabiendo la verdad, no podía permanecer callado, no quería ser cómplice.

3. La ética existencialista
Jean Paul Sartre (1905-1980), uno de los principales representantes del existencialismo, plantea una filosofía pesimista en la que concluye que la vida humana carece de sentido. Asimismo, piensa que el hombre está solo y abandonado y es libre. Sin embargo, la libertad no es entendida como un bien, sino como una condena.
La ética existencialista es una ética del deber que se basa en dos principios:
  • Elegir esto o aquello es dar al mismo tiempo valor a lo elegido, porque siempre elegiremos lo bueno, nunca lo malo.
  • Elegimos como bueno para nosotros lo que pensamos que es bueno para todos.
La principal diferencia respecto a la ética de Kant es que, para el existencialismo, la razón no siempre indica qué hacer en determinadas situaciones; por tanto, el hombre se verá obligado a elegir una de las opciones, lo que le producirá angustia. Por ello, el ser humano debe construir un proyecto vital en una existencia moralmente comprometida.

La angustia de la decisión
Cuando un militar toma la responsabilidad de un ataque y envía cierto número de hombres a la muerte, elige hacerlo él solo. Sin duda hay órdenes superiores, pero son muy amplias y se impone una interpretación que proviene de él, y de ella depende la vida de catorce o veinte hombres. No se puede dejar de tener, en la decisión que toma, cierta angustia. Esto no le impide obrar: al contrario, es la condición misma de su acción; porque esto supone que se enfrenta a una pluralidad de posibilidades y, cuando elige una, se da cuenta de que sólo tiene valor porque ha sido la elegida. Y esta especie de angustia, que es la que describe el existencialismo, se explica, además, por una responsabilidad directa frente a los otros hombres que compromete.
Jean-Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo