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domingo, 25 de octubre de 2020

Titchener y el estructuralismo

En la medida que vamos de los elementos del sistema de Titchener a las combinaciones de estos elementos, vamos de lo simple a lo complejo. Tratamos con estructuras mentales, como percepciones, ideas y emociones; con asociación, memoria y pensamiento; incluso con aspectos tan complicados como los sentimientos y el sí mismo. No podemos aquí hacer plena justicia a todos estos tópicos, pero podemos hacer resaltar ciertos principios generales y presentar material ilustrativo que permita al lector comprender el sistema titcheriano.

Primero consideremos las percepciones y las ideas. Son cuestiones de la experiencia diaria que se ofrecen al análisis. Sólo cuando adoptamos una actitud de laboratorio, apreciamos su naturaleza compuesta. Ellas son las unidades de nuestra vida mental diaria, de la misma manera que las sensaciones, imágenes y sentimientos son las unidades del análisis psicológico. Las percepciones pueden ser analizadas, con introspección cuidadosa, en: a) una cantidad de sensaciones que están suplementadas por b) varias imágenes, y c) "moldeadas por la acción de fuerzas nerviosas que no se muestran en la sensación ni en imágenes". Debe notarse que sólo las dos primeras de estas características son verdaderamente "experienciales"; la tercera es una inferencia: no un contenido mental verdadero, sino algo que está tras él; por ejemplo, el núcleo de nuestra experiencia de un árbol no es más que un arreglo de sensaciones de color. Con este núcleo de sensación vienen algunas imágenes suplementarias: es el árbol que da sombra a los macizos de flores de nuestro vecino en el verano; el árbol que causó el pleito; el árbol que tenía un nido de petirrojos. Incluso, automáticamente se considera que el árbol es una cosa real que ocupa un espacio real; y esta concepción puede no estar fundada en ningún contenido mental, ya sea sensación o imagen, sino deberse solamente a un tipo de hábito cerebral que no tiene representante en el conjunto de los elementos.

Así como la percepción es un asunto compuesto en el cual la sensación figura prominentemente, una idea típica es una estructura mental que posee un núcleo de imágenes: "La nieve del invierno pasado puede venir a nosotros... como un cuadro visual, una mancha desigual de color blanco, con vetas de gris café en los picos y en los valles, perforada y rota por un deshielo parcial". Éste es el núcleo imaginativo, el contenido básico de imágenes de la idea; pero hay más. La idea puede incluir material de sensaciones que aumente su complejidad. Finalmente, al igual que en la percepción, puede haber un "hábito cerebral" tras nuestra idea como un factor determinante o modelador.

Los sentimientos (agrado o desagrado), combinados en un nivel elemental con ciertas sensaciones, primariamente cinestésicas y orgánicas, producen "sentimientos de los sentidos o sensoriales". Hay seis clases de estos sentimientos sensoriales: lo excitante y lo calmante, lo tensante y lo relajante, y lo agradable y lo desagradable, cada uno de los cuales depende de la naturaleza peculiar de la combinación de sensación-sentimiento. Cada uno puede combinarse, a su vez, con otros procesos sensoriales e imaginativos bajo ciertas condiciones, para producir emociones tales como alegría y miedo, enojo y pena, esperanza y alivio.

Otro tema de interés de la escuela titcheneriana se refiere a una pregunta que se planteó y contestó, en 1709, en el libro New Theory of Vision del obispo Berkeley. Citaremos aquí al buen obispo, a fin de introducirnos en el problema:

Sentado en mi estudio, oigo que un coche va por la calle; miro a través de la ventana y lo veo; salgo y subo a él. Así, el lenguaje común nos inclinaría a pensar que oí, vi y toqué la misma cosa, es decir, el coche; sin embargo, es cierto que las ideas introducidas por cada sentido son muy diferentes y separadas las unas de las otras; pero, como consecuentemente se ha observado que van juntas, se habla de ellas como de una misma cosa.

Berkeley ofrece esto solamente como un ejemplo de la manera en que la "mente" genera la "materia" (más específicamente "cosas" u "objetos") mediante la combinación o asociación de ciertas ideas. Este razonamiento sería una anticipación de la teoría contextual del significado de Titchener.

Una característica obvia de nuestras percepciones e ideas, de acuerdo con Titchener, es que tienen significado. La nieve del invierno último, el árbol en el patio, el ruido del coche del obispo Berkeley, son sucesos con significado; no obstante, psicológicamente -esto es, introspectivamente-, ¿qué es el significado? La respuesta a esta pregunta puede haber sido ya dada al estudiar las percepciones y las ideas, pero no estará de más elaborarla.

Cuando analizamos introspectivamente la mente, encontramos no significados, sino procesos mentales: sensaciones, imágenes, sentimientos, y sus combinaciones. Encontramos que el árbol de nuestro ejemplo era un tanto de sensaciones más un agregado de imágenes; la nieve del invierno último resultó ser un tanto de imágenes; la nieve del invierno último resultó ser un tanto de imágenes, más otras imágenes y sensaciones. Es en este factor de agregación de procesos mentales donde hallamos la respuesta a nuestra pregunta.

"El significado -dice Titchener- es siempre un contexto; un proceso mental es el significado de otro proceso mental, si es el contexto de ese otro proceso."  El contexto mismo no es sino el "ribete de procesos relacionados que rodea al grupo central de sensaciones o imágenes". En la percepción y en la idea hay "núcleo más contexto", y el último "implica" el significado del primero, o sea, es lo que encontramos al escudriñar la experiencia en nuestra búsqueda de la contrapartida del significado lógico cotidiano.

Titchener ofrece múltiples ilustraciones para demostrar la sabiduría de esta distinción núcleo-contexto. El contexto puede, en algunos casos, separarse del núcleo -como cuando repetimos en voz alta alguna palabra hasta que el contexto desaparece y la palabra se torna sin sentido- o puede ser agregado al núcleo -como cuando aprendemos el significado de algún dibujo raro o de una palabra extranjera-; el núcleo y el contexto pueden desunirse en el tiempo -como cuando sabemos lo que queremos decir, pero necesitamos tiempo para encontrar las palabras que lo expresen-; el mismo núcleo puede tener varios contextos -como se ve en nuestra preocupación por captar el verdadero significado de un comentario hecho sin pensar-; el mismo contexto puede corresponder a diferentes núcleos -como en el caso del automóvil del obispo Berkeley-, etc. A Titchener no le faltaron ejemplos para apoyar su posición; sin embargo, su incapacidad para demostrar que el significado es siempre contexto, se ve en su admisión de que puede ser llevado por un "hábito cerebral" en ausencia de una representación consciente -como cuando el lector diestro capta el significado de una página impresa, o una composición musical se toca en la clave apropiada, sin la presencia de un marco de imágenes para suplementar el núcleo de la percepción.

El contexto se agrega al núcleo asociativamente. Titchener no hizo una declaración franca a este efecto, pero es obvio que no podemos entender tal composición de otra manera. Podemos, entonces, revisar brevemente el estudio que hace Titchener de la asociación como un principio psicológico, y de ahí ver qué sucedió a la vieja doctrina británica en manos de un experimentalista.

Cada vez que ocurre un proceso sensorial o imaginativo en la conciencia, es probable que aparezca en él (por supuesto, en términos de imaginación) todos aquellos procesos sensoriales e imaginativos que ocurrieron conjuntamente con él en cualquier situación consciente anterior.

Esta declaración, que es la ley de asociación fundamental de Titchener, está tomada del Texto de 1910, donde va precedida de una crítica de los anteriores asociacionistas y seguida por un conjunto elaborado de cláusulas ampliadoras y calificadoras que no es necesario que consideremos aquí. Se pretendió que fuera una fórmula descriptiva para los hechos observados de la doctrina anterior; la fórmula explicativa de Titchener se refiere a los hechos neurales que van paralelos a los procesos sensoriales e imaginativos mencionados con anterioridad.

La ley de la asociación llegó a ser muy importante en el sistema de Titchener, particularmente, respecto a la memoria y la imaginación; sin embargo, el mismo Titchener se dio cuenta de que no era del todo suficiente para la comprensión de las conexiones mentales. Esto se advierte en la forma como está redactada la ley. Nótese que Titchener dice: "Es probable que aparezcan", cuando habla de los procesos sensoriales e imaginativos asociados. Recuérdese, también, su uso de un "hábito cerebral" como factor modelador o determinante en la construcción de percepciones e ideas. Esto viene a ser un reconocimiento de que los procesos mentales, y también los actos, surgen no sólo como resultado de la fuerza de los lazos asociativos, sino también debido a ciertas fuerzas directivas -"hábitos cerebrales", "tendencias instintivas", "disposiciones nerviosas", etc.- que incluso pueden actuar contra la influencia de asociaciones repetidas a menudo. Así, juntamente con las tendencias asociativas, tenemos tendencias determinantes (lo que nos hace recordar a Hobbes, con sus "secuencias de pensamiento" que estaban guiadas por un deseo o propósito). Los procesos imaginativos y sensoriales que, en base a asociaciones pasadas frecuentes, debieran unirse en la mente, pueden debido a la presión de una tendencia determinante, mantenerse separados. Cabe dar un ejemplo simple: la palabra "negro" podría, por virtud de la asociación, recordar "blanco" a la mente del lector, y "amargo" recordar "dulce"; pero, ¿qué habría pasado si se pidiera por adelantado (fijado o determinado) que encontrara rimas para "negro" y "amargo"?

Hasta aquí, hemos presentado suficientemente el esquema de trabajo de Titchener, de manera que nos sirve de referencia para que entendamos otros puntos de vista. Está la experiencia (proceso mental); se la analiza introspectivamente en elementos (sensaciones, imágenes y sentimientos), con sus atributos (cualidad, intensidad, etc.). Los elementos se funden o modelan en el espacio y en el tiempo (se asocian) para darnos estructuras mentales, como percepciones, ideas, sentimientos de los sentidos, emociones y otros. Finalmente, estos procesos -tanto los simples como los complejos- tienen hechos paralelos en el sistema nervioso y están, en cierta medida, determinados por ellos.

Este producto de Titchener, proveniente de Wundt, fue durante más de dos décadas la psicología contra la cual se comparaban otras psicologías. Como un sistema o escuela, llegó a ser conocida principalmente como psicología estructural o introspectiva. El título más reciente para esta psicología, propuesta por el mismo Titchener, es "existencial", un término escogido para enfatizar el hecho de que el mundo de los procesos mentales (existencia desnuda) es el único mundo que la ciencia puede conocer.

jueves, 8 de octubre de 2020

Titchener: Imágenes, sentidos y afectos

La función del psicólogo, según Titchener, era describir la experiencia y sólo la experiencia. Los estímulos no son procesos mentales, aunque pueden dar origen a ellos o pueden considerarse en relación con ellos.

Así, cuando Titchener escribe que las sensaciones e imágenes son tal vez indiferenciables, sólo quiere manifestar que sobre la sola base de la observación introspectiva no podemos indicar la diferencia; nada acerca del proceso mental mismo dice "yo soy sensación" o "yo soy imagen".

Titchener encuentra imágenes para cada sentido, con la posible excepción de la cinestesia, y halla imágenes de diferentes tipos dentro de cada sentido. Además de las imágenes visuales, auditivas y de otras modalidades, hay otros tipos, como las imágenes recurrentes (por ejemplo, la canción que se nos viene a la mente), imágenes alucinatorias (el timbre de la puerta, que nadie ha tocado), imágenes de sueños, imágenes de recuerdos, etc.; la lista es larga. Estas imágenes, al igual que las sensaciones, tienen sus atributos de calidad, intensidad, duración y otros; y, junto con las sensaciones, proporcionan los componentes esenciales de la vida mental.

Queda aún una tercera clase de elementos, según Titchener: los afectos o sentimientos simples. Éstos se definen en oposición al proceso elemental de la sensación. Un afecto difiere de una sensación por el número de atributos que posee; le falta claridad (vivacidad) y extensión. Puede variar en el lapso que ocupa (duración); puede ser de mayor o menor grado (intensidad) y tiene siempre una de dos cualidades: agrado o desagrado. Estas cualidades nunca existen al mismo tiempo (no hay sentimientos "mezclados") y esta forma de sentimiento no debe jamás confundirse con los "sentimientos" del vocabulario popular. Cuando decimos "esto se siente áspero o suave", "me siento bien" o "él siente que tengo razón", estamos tratando de que el término abarque experiencias que son mucho más complicadas por su naturaleza y en las cuales el sentimiento real (afecto) tiene, a lo sumo, un papel de muy poca importancia. Obviamente, no debemos confundir este "afecto" con el de la relación de dos personas que se aman o con la relación padre-hijo, sin que importe cuánto agrado o desagrado pueda haber en cualquiera de ellos.

Al estudiar el afecto, Titchener se separa considerablemente de las enseñanzas de Wundt. Este último se mostraba renuente a reconocer los estados de agrado o desagrado como cualidades de los procesos elementales, y dio igual rango a sentimientos tales como tensión y relajación, excitación y calma. Titchener examina en detalle la teoría de Wundt, al igual que la evidencia experimental tras ella, y señala sólo el carácter elemental de los afectos y el carácter de combinación de las otras categorías de sentimientos de Wundt. Dice que la tensión, la relajación, la excitación y la calma son realmente "sentimientos de los sentidos", combinaciones de sensaciones orgánicas y de verdaderos sentimientos.

La controversia entre alumno y maestro no debe detenerse aquí; además, Titchener, antes de morir, había llegado a la conclusión de que incluso los sentimientos de agrado y desagrado eran probablemente reducibles a sensaciones.

martes, 15 de septiembre de 2020

Titchener y el método de la psicología

Para estudiar la mente científicamente, se la debe observar. La observación es el elemento sine qua non de toda ciencia. Titchener sentía, al igual que Wundt, que el tener la experiencia estaba muy cerca de observarla, e hizo hincapié en el método de la introspección; sin embargo, su fórmula para la observación introspectiva era más amplia que la de Wundt, y nos da una base para distinguir la observación psicológica de la física. Señala que toda observación científica requiere tres cosas: cierta actitud hacia la propia experiencia, la experiencia misma y un informe adecuado, en palabras, de la experiencia.

"Introspección" es un término desafortunado, debido a que, por su historia y su uso diario, resulta fácil que se la emplee incorrectamente. Titchener se dio cuenta de esto y se esforzó por demostrar que no se debía pensar en ella como una reflexión sobre, o contemplación de, la experiencia de uno mismo (como la habrían considerado Descartes y los empiristas británicos) o como un tipo mórbido de interés en uno mismo (para lo cual hay un término mejor, que es "introversión"). De hecho, Titchener estaba siempre alerta para demostrar que los términos científicos en general deberían ser siempre utilizados con cuidado e inequívocamente, y con frecuencia señaló la confusión que nace cuando se dan significados de "sentido común" a los términos científicos.

En las afirmaciones de Titchener sobre el problema de la psicología vemos claramente la huella de Leipzig. El problema tiene tres aspectos. Primero está el análisis de los fenómenos mentales en sus elementos. Una descripción de cualquier corte transversal de la experiencia está destinada a ser un análisis, porque siempre que describimos estamos analizando: seccionamos el objeto de nuestra observación en ciertas partes fundamentales. Analizar es una de las actividades humanas más naturales del mundo, excepto que rara vez se realiza hasta un punto en que pueda llegar a ser muy científica.

La síntesis, aunque más difícil que el análisis, va de la mano con él. Implica el estudio de las conexiones entre los procesos mentales elementales y es el camino a la determinación de las leyes de conexión de estos procesos. Ésta es la segunda fase del problema, y contesta la pregunta "¿cómo?" del mismo modo que el análisis contesta la pregunta "¿qué?".

El tercer aspecto del problema va más allá de la descripción de la mente, y va más allá de la aseveración de Wundt sobre el problema de la psicología: va a la explicación de la mente. Se enfoca a contestar la pregunta "¿por qué?". Y al hacer eso, se refiere a los hechos paralelos en el sistema nervioso y en sus órganos adjuntos; trata de correlacionar la mente con el sistema nervioso. Titchener negó que la actividad nerviosa fuera la causa de la experiencia; pero afirmó que una descripción completa de las condiciones o circunstancias bajo las cuales ocurren los procesos mentales, requería una referencia a esta actividad, a fin de explicarla.

El rocío se forma bajo la condición de una diferencia de temperatura entre el aire y la tierra; las ideas se forman bajo la condición de ciertos procesos en el sistema nervioso.


Esto tiene validez en cuanto a las premisas fundamentales del sistema titcheriano. Ahora debemos examinar los resultados de tal ataque sobre el bastión de la mente, para ver cómo manejó este sistema la investigación experimental, que era la base real de la nueva psicología.

El análisis introspectivo, dice Titchener, trae a la luz tres clases principales de elementos mentales: sensaciones, imágenes y afectos.

Las sensaciones son los elementos característicos de las percepciones, de los sonidos, vistas y experiencias similares debidas a lo que nos rodea en un momento dado.

Se pueden dividir en varias modalidades o departamentos, de acuerdo a:

a) sus similitudes introspectivas (por ejemplo, un tono se parece más a un ruido que a un gusto);
b) los órganos de los sentidos sobre cuyas funciones se han condicionado (esto es, hay una sensación del ojo y una sensación del oído);
c) los tipos de estímulos que las condicionan, ubicados ya sea dentro o fuera del organismo.

Titchener se basa principalmente en sus diferencias introspectivas para clasificar los departamentos, pero emplea los otros métodos cuando le faltan nombres satisfactorios para los grupos.

En seguida hace una lista de las modalidades principales de los elementos sensoriales. Hay siete en total: los sentidos de la vista, del tacto, del olfato, del gusto, del cutis, cinestésico y orgánicos. Cada uno de ellos, a su vez, puede ser sometido a más análisis y subdivisión. Así, la vista proporciona sensaciones de color y luz -cromáticas y acromáticas-; la audición proporciona tonos y ruidos, y el olfato da una variedad de sensaciones que pueden colocarse en grupos algo distintos (como olores fragantes, aromáticos y hediondos) sobre la base de similitud y diferencia. Las sensaciones cutáneas se pueden dividir en sensaciones de presión (tacto verdadero), de frío, calor y dolor; y las cinestésicas, el viejo sentido muscular, muestran contener componentes de músculo, tendón y articulaciones. Orgánico resulta ser un término general para todas aquellas sensaciones mal definidas que emanan de los sistemas digestivo, urinario, circulatorio, respiratorio y genital.

Es preciso aclarar que Titchener no descubrió estas sensaciones. Tampoco descubrió las leyes de su relación con los estímulos ambientales, a los cuales se refiere extensamente en sus textos. Este trabajo de descubrimiento, clasificación y correlación comenzó hace mucho tiempo, incluso en la época de Aristóteles, y había llegado a un alto grado de exactitud en los estudios de los fisiólogos del siglo XIX. Lo que Titchener hizo fue justamente lo que otros sistematizadores habían realizado: se apropió de estos hechos, agregando conceptos de su propio laboratorio, y los acomodó dentro de su sistema, para su mejor integración e iluminación.

Desde el punto de vista de Titchener, las sensaciones eran elementos mentales comparables a los elementos químicos. Los elementos químicos se definen por referencia a ciertas propiedades, como su capacidad de reflejar la luz, su gravedad específica, su fusibilidad, etc. De la misma manera se pueden caracterizar los elementos mentales por referencia a ciertas propiedades que poseen o no poseen. Así, llegamos a la noción de Titchener de atributos.

Las sensaciones, como unidades irreductibles del mundo mental, poseen ciertas características a las que nos referiremos cuando las describamos en detalle; por ejemplo, las sensaciones de cualquier tipo y de cualquier procedencia, poseen todas el atributo de calidad. Éste es el atributo en virtud del cual damos nombre a las sensaciones. Do mayor, rosado, tibio y amarga son calidades y sirven para distinguir una sensación de otra.

Un segundo atributo de todas las sensaciones es la intensidad. Ésta se reconoce al considerar la fuerza o grado de una sensación. Un tono puede ser fuerte o débil; una presión puede ser suave o pesada; un olor, débil o penetrante; unas características de intensidad nos ayudan en nuestra descripción. Incidentalmente, fue con este atributo de intensidad con el cual Fechner trabajó más en sus estudios psicológicos, porque se presta fácilmente a la evaluación cuantitativa. Teórica, aunque no prácticamente, se puede dar una designación numérica a cualquier sensación dentro de una escala graduada desde lo menos intenso hasta lo más intenso.

La calidad y la intensidad son los atributos más importantes de la sensación, pero hay otros. En 1915, Titchener indicó éstos, como la duración, la claridad o vivacidad y la extensión. La duración se refiere al aspecto tiempo de las sensaciones:

Es el mero pasar, ir hacia adelante, manteniéndose como ella misma, que puede observarse en todas y cada una de las sensaciones.

La vivacidad o claridad es difícil de describir:

Si quiere saber cómo [...] se siente la vivacidad [...] observe ahora sus procesos mentales mientras lee este libro; la diferencia entre figura y fondo, foco y margen -entre las ideas dominantes que despiertan lo que usted lee, y las oscuras percepciones que se derivan de lo que lo rodea- se mostrará claramente. 

La extensión es el factor espacial elemental de la experiencia, del mismo modo que la duración es el factor temporal elemental:

Es la base [...] de nuestras percepciones de forma, tamaño, distancia, ubicación, dirección.

Los primeros cuatro de estos atributos -calidad, intensidad, duración y vivacidad- son propiedades de todas las sensaciones, pero sólo los elementos visuales y cutáneos, como los colores y las presiones, poseen claramente un atributo extensivo, la supresión del cual anularía la sensación misma.

Incluso un atributo tan simple como la calidad puede ser la resultante de dos o tres atributos distintos, cuya detectación es el paso final en el análisis introspectivo; por ejemplo, la calidad visual "rojo" es una combinación de varios atributos, como saturación, brillo y matiz, todos los cuales son cuantitativos; sin embargo, no necesitamos entrar aquí en estos detalles que son muy complicados.

David Hume fue uno de los primeros en distinguir entre sensaciones e imágenes, a las que denominó "impresiones" e "ideas", respectivamente, considerando a las ideas como "copias débiles" de las impresiones; no obstante, Hume también era lo suficientemente agudo y observador como para ver que a menudo resultaba difícil separar estos dos elementos sólo tomando como base la experiencia:

No es imposible, pero en casos particulares pueden aproximarse mucho la una a la otra. Así, en el sueño, en una fiebre, en la locura o en cualquier emoción violenta del alma, nuestras ideas pueden aproximarse a nuestras impresiones; también a veces sucede que nuestras impresiones son tan débiles y mínimas que no podemos distinguirlas de nuestras ideas.

Excepto por la pequeña diferencia de terminología, esto expone casi exactamente la posición de Titchener, 176 años después, con respecto al problema de las sensaciones e imágenes, como elementos mentales de igual magnitud y valor; sin embargo, Titchener profundiza un poco más que Hume cuando dice, en su libro Beginner's Psychology:

Es muy dudoso que haya una diferencia psicológica real entre la sensación y la imagen. [...] [La imagen] es un proceso mental elemental, afín a la sensación y tal vez no diferenciable de ésta, el cual persiste cuando se retira el estímulo sensorial, o aparece cuando el estímulo sensorial está ausente. 

martes, 1 de septiembre de 2020

Titchener y su definición de Psicología

Edward Bradford Titchener (1867-1927) fue inglés de nacimiento, alemán por su temperamento y norteamericano de residencia. Llegó a Leipzig en 1890, después de brillantes estudios realizados en Oxford, para aprender de Wundt, es decir, de la primera fuente de la nueva psicología; había ya traducido al inglés la tercera edición de Physiological Psychology. Aprobó su doctorado en dos años y aceptó viajar a América a hacerse cargo del nuevo laboratorio de psicología experimental de la Universidad de Cornell. Ahí se quedó por el resto de su vida, 35 años, sin nacionalizarse ni cívica ni académicamente.

En Cornell, Titchener hizo honor a su maestro, Wundt. Prosiguió la tradición wundtiana a la manera wundtiana -enseñando, escribiendo y dirigiendo investigaciones- y lo hizo con extraordinaria habilidad. Sus conocimientos académicos eran profundos; sus conferencias y sus escritos eran modelos de exposición clara y digna; su personalidad era magnética y fuerte. Los estudiantes no graduados acudían en gran número a sus clases, y los graduados visitaban su laboratorio. Muy pronto, Cornell fue el cuartel general de una rama muy importante de la psicología experimental en Norteamérica. Tal vez la psicología de Titchener no haya sido la única en este lado del Atlántico, pero durante dos o tres décadas fue la más organizada, la más articulada y la más cercana al modelo implantado por Wundt. En nuestra búsqueda de una definición de psicología, podemos examinar con provecho y con cierto detalle este producto de Leipzig-Cornell, para ver qué pensó Titchener que era la psicología.

La opinión de Titchener cambiaba un poco año tras año; sin embargo, podemos obtener una noción muy acertada de sus principales ideas sistemáticas en dos de los textos que publicó: Textbook of Psychology (1910) y A Beginner's Psychology (1915). En estas obras, escritas principalmente para estudiantes de segundo y primer año universitarios, respectivamente, encontraremos un relato más claro que en algunos de los planteamientos más avanzados que escribió para sus colegas. "La psicología es la ciencia de la mente", es la afirmación general con la cual comienza Titchener su relación sistemática; no obstante, se apresura a agregar que esta afirmación es fácilmente mal interpretada por el sentido común, y prosigue a calificarla de ciertas maneras. "La mente de la cual trata la psicología debe ser una que sea descriptible en términos de hechos observados"; no se la debe identificar con algún pequeño ente sin sustancia dentro de nuestras cabezas. Con el fin de aproximarse a una comprensión verdaderamente científica del término, Titchener hace entonces una diferencia entre el mundo de la física y el de la psicología. Podemos leer lo siguiente en su libro para principiantes:

El mundo de la física es incoloro, sin tonos, ni frío ni caliente; sus espacios son siempre de la misma extensión, sus tiempos tienen siempre la misma duración; su masa no varía; sería lo mismo que es ahora si la humanidad fuera borrada de la faz de la Tierra. Pues, ¿qué es la luz en los textos de física?: una serie de ondas electromagnéticas; y el sonido es un movimiento vibratorio del aire y el agua, y el calor es un baile de moléculas; y todas estas cosas son independientes del hombre.

La física mira al mundo dejando "afuera" al hombre, por así decirlo; la psicología, por el contrario, describe al mundo como es en la experiencia del hombre: lo mira con el hombre "adentro".

... El mundo de la psicología contiene aspectos, tonos y sentimientos; es el mundo de la oscuridad y la luz, del ruido y del silencio, de lo áspero y de lo suave; su espacio es a veces grande y en ocasiones pequeño, como lo sabe todo aquél que siendo adulto ha vuelto al hogar de su niñez; su tiempo es a veces corto y en ocasiones largo; no tiene invariantes. Contiene también los pensamientos, emociones, recuerdos, imaginaciones, voliciones que uno naturalmente atribuye a la mente... la mente es simplemente el nombre que incluye todos estos fenómenos.

De estas cifras no debe concluirse que hay una diferencia fundamental entre la experiencia del físico y la del psicólogo. Titchener no niega que el físico tenga experiencia, sino que solamente pone énfasis en el hecho bien conocido de que la descripción que efectúa el físico de su mundo está realizada en términos de conceptos tales como ondas electromagnéticas, movimientos vibratorios y moléculas. Lógicamente, podría haber ido más allá y haber aclarado que el psicólogo también describe su mundo en términos conceptuales; pero éste es un asunto muy sutil y no parece necesario deternernos a discutirlo aquí.

En seguida, Titchener dice que en el mundo físico hay objetos como los cuerpos humanos, con sistemas nerviosos que los organizan en todos únicos, integrados, orgánicos. Hemos aprendido de un sinnúmero de fuentes que los fenómenos de la psicología se relacionan con ciertas actividades de estos sistemas nerviosos; por ejemplo, la destrucción de una parte del cerebro está frecuentemente ligada a la pérdida de alguna forma de experiencia, como la visión. De igual manera, las perturbaciones de la experiencia o la falta de experiencia pueden denotar la pérdida de cierta función cerebral. El "hombre dejado dentro" es, entonces, poco más que el sistema nervioso mismo. La psicología podría, incluso, definirse como el estudio de la mente (experiencia, fenómeno) considerada como dependiente del sistema nervioso, pues donde quiera que encontremos experiencia y fenómenos mentales también hallaremos un sistema nervioso. No todos los hechos nerviosos tinen un hecho mental paralelo, pero todo lo mental tiene una contrapartida en algo físico, que sucede en el cerebro como resultado de la estimulación de órganos de los sentidos y de los nervios.

En todo esto está implicado un dualismo filosófico, una diferencia entre cuerpo y mente, que lleva hasta Wundt y más allá, incluso hasta Descartes, aunque Titchener no habría aprobado el interaccionismo.