Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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sábado, 13 de abril de 2013

José Ortega y Gasset: una filosofía de la cultura

José Ortega y Gasset (1883-1955), filósofo madrileño y uno de los más importantes del siglo XX, tendrá como centro de su reflexión la cultura. Por eso, la mejor forma de caracterizar su pensamiento es definiéndolo como una filosofía de la cultura se trata de una de las reflexiones más profundas y matizadas que podemos encontrar en la historia de la filosofía. La filosofía neokantiana y, sobre todo, la fenomenología le ofrecerán los recursos para pensar a fondo este tema desde una triple perspectiva: la cultura en su dimensión creadora, la cultura como circunstancia y la crítica de la cultura. La elaboración de una filosofía de la cultura fue una de las tareas de muchos de los filósofos de comienzos del siglo XX, y Ortega y Gasset no fue una excepción. Pero no era un problema solo teórico, también era un problema social y político. Necesitaba saber qué es la cultura y qué cultura hay que desarrollar en España.

Ortega estudiaba filosofía en Madrid y, más adelante en Leipzig, Berlín y Marburgo. Posteriormente da clases en la Universidad de Madrid hasta 1936. Entre sus obras destacan, además de las que se citarán posteriormente, España invertebrada, Ideas y creencias, Qué es filosofía o Historia como sistema.
Gran conocedor de la historia de la filosofía, Ortega procura desmarcarse de planteamientos anteriores haciendo una síntesis entre el racionalismo de Descartes y el vitalismo de Nietzsche. Así, su pensamiento puede calificarse como raciovitalista. El concepto fundamental de su filosofía es el de razón vital, el cual está íntimamente relacionado con la vida humana, con la historia y con la cultura.

El acto cultural es creador
Para Ortega, la cultura es una forma de discurso que "da razón" y sentido a las cosas. Se nos presenta unida a una capacidad humana de diálogo con el mundo.
Las Meditaciones del Quijote, su primer gran libro, es su gran aportación a la filosofía de la cultura. Frente a los grandes temas de la filosofía, empieza planteándose las cosas más nimias, las más cercanas, las que tenemos en nuestro derredor. Estas cosas son las que componen la cultura; son nuestra circunstancia. Y en ellas nos tenemos que centrar, de manera heroica, para que no nos ocurra como a Don Quijote, que se olvidó de lo más próximo. El héroe es aquel que inventa y crea, y esa creación es la cultura. La cultura es, pues, el cultivo de lo inmediato, de lo cercano, es decir, de la vida. La cultura encauza la vida, porque detrás de ella está la experiencia cotidiana. Este tema no será nunca abandonado por Ortega. Llega a decir que "el acto específicamente cultural es el creador", el que da sentido a la vida, y dar sentido es la única forma de salvar la circunstancia. Este acto creador que es la cultura extrae ese logos, esa idea o concepto, de lo cotidiano, lo cual, una vez objetivado, se convierte en una perspectiva sobre el mundo, en el modo en que el mundo queda articulado.


Cultura como circunstancia
"Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo", dirá Ortega en las Meditaciones. Salvar las circunstancias es ponerlas en relación con el todo, establecer su sentido. Por ello, la cultura es conexión y relación con el mundo. El hombre no se puede entender sin estas relaciones y sin cultura. No somos una entidad separada de lo que nos rodea. Estamos condicionados por nuestra circunstancia. La vida humana es coexistencia con el mundo.

La crítica de la cultura
La crítica a la cultura de Ortega se dirige a aquella cultura que se ha olvidado de la vida, de la realidad radical. Es una cultura que se ha traicionado a sí misma y ha perdido su vitalidad. La obra cumbre de la crítica cultural es La rebelión de las masas, en la que diagnostica la situación en que se encuentra la cultura occidental.


Cultura y vitalidad
El gran mérito de Ortega radica en conducir su análisis al momento en que surge la cultura, al momento de la instauración del sentido en el mundo. Su filosofía es una forma de conectar cultura y vida. La cultura ha de estar al servicio de la vida. Este es el criterio que le permite elaborar una crítica de la cultura. El hombre que ha perdido la creatividad y la fuerza de instaurar sentido se ha alejado de la cultura. La civilización occidental ha producido este tipo de hombre: el hombre masa, el hombre sin cultura.

El concepto de muchedumbre es cuantitativo y visual. Traduzcámoslo, sin alterarlo, a la terminología sociológica. Entonces hallamos la idea de masa social. La sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. Las minorías son individuos o grupos de individuos especialmente cualificados. No se entienda, pues, por masas sólo ni principalmente "las masas obreras". Masa es "el hombre medio". De este modo se convierte lo que era meramente cantidad -la muchedumbre- en una determinación cualitativa: es la cualidad común, es lo mostrenco social, es el hombre en cuanto no se diferencia de otros hombres, sino que repite en sí un tipo genérico.
J. Ortega y Gasset, La rebelión de las masas

sábado, 6 de abril de 2013

Del multiculturalismo a la hospitalidad intercultural

No se trata, pues, de mantener las diversas culturas como si fueran especies biológicas y hubiera que defender la "biodiversidad". Se trata más bien de tomar conciencia de que ninguna cultura tiene soluciones para todos los problemas vitales y de que puede aprender de otras, tanto soluciones de las que carece, como a comprenderse a sí misma. En este sentido, una ética intercultural no se contenta con asimilar las culturas relegadas a la triunfante, ni siquiera con la mera coexistencia de las culturas, sino que invita a un diálogo entre las culturas, de forma que respeten sus diferencias y vayan dilucidando conjuntamente qué consideran irrenunciable para construir desde todas ellas una convivencia más justa y feliz. Habida cuenta, por otra parte, de que la comprensión de otros que se logra a través de la convivencia y el diálogo es indispensable para la autocomprensión.
A. Cortina, Ciudadanos del mundo. Hacia una teoría de la ciudadanía

1. Pluralidad cultural
Una de las cuestiones que nos planteamos desde una perspectiva filosófica es la del carácter plural o singular de la cultura: ¿la cultura o las culturas? A la hora de definirla, ¿nos quedamos con aquella característica que nos identifica como especie o con lo que dentro de la especie nos particulariza y nos define frente a los otros?, ¿podemos encontrar universales culturales más allá de las particularidades de cada cultura? Éstas son las preguntas más importantes que se plantea actualmente la filosofía de la cultura.
El mundo se nos presenta como algo irremediablemente plural. La pluralidad es la característica fundamental de nuestra sociedad. Vivir es encontrarse con la pluralidad. La pluralidad de culturas o multiculturalidad es un hecho y, ante este hecho, ¿qué hacer?, ¿qué actitudes son posibles?

2. Actitudes ante la diversidad cultural
Ante la diversidad cultural son posibles tres actitudes fundamentales:
  1. Actitud etnocéntrica: Esta actitud contempla a las otras culturas desde la propia. Juzga otras formas de ver la vida desde el propio punto de vista. Es una actitud asimilacionista: el otro debe adaptarse a mi cultura si quiere convivir conmigo. Esta actitud puede conducir a la xenofobia (rechazo del extranjero, de lo extraño) y al racismo.
  2. Actitud del relativismo cultural: Según esta posición, las culturas no pueden juzgarse desde fuera. Cada cultura conlleva una forma de entender el mundo incompatible con cualquier otra. Bajo la apariencia del respeto máximo, esta actitud no evita el racismo o la xenofobia, pues, si bien es cierto que no busca asimilar otra cultura a la nuestra, prefiere evitar cualquier contacto. Lleva también a la parálisis cultural motivada por la falta de contactos e intercambios.
  3. Actitud de hospitalidad cultural: Considera que es necesario el respeto hacia las otras culturas, pero no excluye el diálogo, muy al contrario, lo exige. Las culturas son formas de expresarse la humanidad. Recorrer esta pluralidad es buscar la "riqueza humana". El diálogo cultural no se ejerce prescindiendo de las propias herencias culturales y entablando un diálogo vacío. Es necesario hacer entrar en juego los contenidos de nuestras tradiciones, buscando puntos en común y dejándonos interpelar por los otros, descubriéndonos a nosotros mismos en los otros.
El diálogo cultural supone:
- Una toma de conciencia de nuestra propia tradición.
- Un proceso de distanciamiento de las herencias culturales.
- Un redescubrimiento novedoso de la propia tradición a través de "los ojos" de otra cultura.
- Un encuentro en profundidad que descubre la humanidad común.

3. El encuentro entre culturas
El auténtico diálogo intercultural no es el mero sincretismo, es decir, limitarse a yuxtaponer elementos distintos de culturas diferentes. El encuentro intercultural requiere un esfuerzo de comunicación y de autoconocimiento. El diálogo no es una posición de debilidad y claudicación, sino de fuerza y creatividad. Paul Ricoeur, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, establece las condiciones de ese diálogo:

¿Cómo es posible un encuentro de culturas distintas? Parece desprenderse que las culturas son incomunicables; y sin embargo, la extrañeza del hombre para el hombre no es nunca absoluta. Es cierto, el hombre es un extraño para el hombre, pero también siempre es un semejante. Cuando desembarcamos en un país completamente extraño para nosotros, como me ocurrió hace algunos años en China, sentimos que, a pesar del mayor de los destierros, no hemos salido nunca de la especie humana.
Paul Ricoeur (1913-2005)
Fotografía publicada por El País en 2003
¿Qué le ocurre a mis valores cuando comprendo los de los otros pueblos? La comprensión es una aventura temible en que todas las herencias culturales corren el riesgo de naufragar en un vago sincretismo. No obstante, me parece que hemos dado hace poco los elementos de una respuesta frágil y provisional: sólo una cultura viva, a la vez fiel a sus orígenes y en estado de creatividad en el plano del arte, de la literatura, la filosofía, la espiritualidad, es capaz de soportar el encuentro con las otras culturas, no sólo de soportarlo sino de dar sentido a ese encuentro.
Estoy convencido de que un mundo islámico que volviera a entrar en movimiento, un mundo hindú cuyas viejas meditaciones engendraran una joven historia, tendrían con nuestra civilización, nuestra cultura europea, esa proximidad específica que guardan entre sí todos los creadores. Creo que es allí donde termina el escepticismo. Para el europeo, en particular, el problema no consiste en participar en una especie de creencia vaga; su tarea la indica Heidegger: "Debemos desterrarnos de nuestros propios orígenes", vale decir, debemos volver a nuestro origen griego, a nuestro origen hebreo, a nuestro origen cristiano para ser un interlocutor válido en el gran debate de las culturas; para tener en frente de sí mismo a otro distinto de sí mismo, hay que tener un sí mismo.
Hay que oponer a los sincretismos la comunicación, es decir, una relación dramática en que -una vez tras otra- me afirmo en mi origen y me entrego a la imaginación del prójimo, según su distinta civilización. La verdad humana sólo se encuentra en ese proceso en que las civilizaciones van a enfrentarse cada vez más desde aquello que en ellas es lo más vivo, lo más creador. La historia de los hombres será cada vez más una vasta explicación, en que cada civilización desarrollará su percepción del mundo en el enfrentamiento con todas las demás.
P. Ricoeur, Histoire et vérité, París, Le Seuil, 1955 (adaptado)

jueves, 28 de marzo de 2013

La filosofía de la cultura

Lo que la antropología cultural dice sobre la cultura no es suficiente, pues no alcanza a cuestionarse las preguntas radicales, que son precisamente las que se plantea la filosofía. En primer lugar, la filosofía cuestiona y amplía la definición de cultura que maneja la antropología cultural; en segundo lugar, elabora racionalmente una crítica de la cultura y, en tercer lugar, esboza las condiciones éticas del encuentro entre culturas.

1. La génesis de la cultura
Cuando en el siglo XIX nacen la antropología y el estudio de la cultura, domina el positivismo; interesan, sobre todo, los hechos. La cultura es estudiada como un conjunto de datos objetivos, como algo "ya dado", frente a lo que nos encontramos. Por eso se define básicamente como un conjunto de costumbres, creencias, etc., transmitidas de generación en generación. Pero este tratamiento olvida el origen de la cultura y cómo nace. Este será el objetivo de la filosofía: intentar elaborar una definición completa de cultura a partir de su origen.
La corriente filosófica que mejor ha tratado este tema es la fenomenología, fundada por Husserl a comienzos del siglo XX. Para la fenomenología, la cultura es el modo como interpretamos la realidad, la valoramos y nos valoramos a nosotros mismos.
Descriptivamente, que es como intenta actuar siempre la fenomenología, la cultura es la creación de algo que no existe en la naturaleza. Supone la instauración de un sentido real nuevo, el cual se sedimenta, se objetiva, se hace consistente y es asumido por los demás y, de esta manera, se hace social. Pero, para que sea asumido y tenga "éxito", el sentido debe ser "adecuado", es decir, debe cumplir determinadas expectativas. Los demás deben ser "solidarios" con el sentido instituido y sedimentado. es decir, deben asumirlo. Esta asunción es posible porque la creación de un sentido apunta a satisfacer deseos y necesidades humanas.


2. Filosofía y crítica de la cultura
La crítica de la cultura ha sido una de las intenciones fundamentales de la filosofía ya desde sus orígenes. Si hubiera que aplicar a alguien el título de "crítica de la cultura" sería sin lugar a dudas a los llamados "maestros de la sospecha": Marx, Nietzsche y Freud. Los tres "sospechan", entre otras cosas, de la cultura occidental, ya sea entendida ésta como forma de producción material (Marx), como conjunto de valores (Nietzsche) o como fruto de la represión individual (Freud). Influida por "los maestros de la sospecha", hay que mencionar a la llamada teoría crítica o escuela de Frankfurt (Horkheimer, Adorno, Marcuse o Habermas), que concibirá la crítica de la cultura y de la sociedad como un proceso de emancipación y de búsqueda de mayor libertad por parte de los individuos que la integran.

3. Fenomenología y teoría crítica
La misión de la filosofía es emprender un estudio crítico de la cultura, el cual se centra en su descripción completa, sin dejar de lado todo lo que está en juego en ella, así como en los peligros que acechan al propio desarrollo cultural y social. Fenomenología y teoría crítica son dos perspectivas necesarias para comprender la cultura.

Una filosofía de la cultura que se sitúa ante la cultura desde fuera, como lo hace el naturalista, se incapacita para acceder a elementos básicos de lo cultural, sobre todo para comprender la emergencia de lo cultural, para dar razón de la cultura.
El fenómeno "cultura" es un fenómeno que puede ser visto desde varias perspectivas. Para mantener de entrada la mirada atenta, conviene anunciar, primero, que el fenómeno "cultura" puede ser estudiado desde una perspectiva estática, es decir, podemos describirlo exponiendo cómo se presentan formalmente los elementos llamados culturales. Segundo, que puede y debe ser abordado desde una perspectiva genética. Considerando la dinámica, es decir, la génesis y evolución de los elementos. Tercero, y ésta es otra dirección de la investigación fenomenológica, en lo cultural nos las tenemos que haber fenomenológicamente con el modo como interpretamos la realidad, si bien en ese modo se nos da la realidad; y cuarto, en lo cultural no solo interpretamos la realidad sino que la valoramos, la realidad no es solo realidad interpretada sino realidad valorada.
J. San Martín, Teoría de la cultura (adaptado)

La teoría crítica tiene la misión de expresar lo que en general no se expresa. Debe, por consiguiente, señalar el costo del progreso, el peligro que, como consecuencia de él, destruye incluso la idea del sujeto autónomo, la idea del alma, porque frente al universo aparece como nada. Al final, si alguna catástrofe no destruye la vida por completo, habrá una sociedad totalmente administrada, automatizada, que funcionará de un modo estupendo, en la que el individuo puede ciertamente vivir sin preocupaciones materiales, pero ya carece de importancia.
M. Horkheimer,  Sociedad en transición: estudios de filosofía social

domingo, 3 de marzo de 2013

El estudio científico de la cultura

Isla de Pascua, lugar emblemático para las
investigaciones antropológicas
El estudio científico de la cultura se remonta al nacimiento mismo de la época moderna, a los siglos XV y XVI. En sus comienzos, este estudio tiene un sentido crítico y filosófico muy marcado, que se perderá cuando se constituya como disciplina científica en el siglo XIX. Uno de los acontecimientos que motiva dicho estudio y análisis de las culturas es la conquista y colonización de América. Su descubrimiento supone conocer que la humanidad está compuesta por más individuos de lo que pensaba. Surgen preguntas que darán lugar a la aparición del saber antropológico: los pobladores descubiertos, ¿son seres humanos? La contestación para unos es clara, pero no lo será tanto para otros, lo cual, entre otras razones, justificará el exterminio, la matanza o la esclavitud.

La pluralidad de escuelas antropológicas
La ciencia de la cultura, la antropología cultural, nace como tal en el siglo XIX, a la vez que otras muchas ciencias humanas. Su objetivo es describir con un método adecuado y analizar las culturas tal y como se presentan. Sin embargo, los métodos utilizados son distintos, como también lo es la actitud misma de la investigación. Por eso, aunque el objetivo es el mismo, existen grandes diferencias de planteamiento y numerosos enfoques antropológicos en los dos últimos siglos. La gran cantidad de escuelas puedes ser distribuidas en grupos, según sus intereses:

Interés histórico:

  • Evolucionismo: Compara diferentes culturas, lo que le lleva a ordenarlas en función de su desarrollo. Los criterios que utiliza suelen provenir de la propia cultura en la que viven los antropólogos (la occidental); las culturas más alejadas de estos patrones de desarrollo se califican de "primitivas". Representantes: E. Tylor y J. Frazer.
  • Difusionismo: Para esta escuela es importante el desarrollo histórico de cada cultura, aunque éstas no se pueden comparar entre sí, porque cada una de ellas tiene su propia evolución. El desarrollo cultural no es lineal, hay numerosos "focos" culturales. Representantes: F. Graebner y F. Boas.
Interés por la estructura de la sociedad:
  • Funcionalismo: Reacciona contra el evolucionismo y la importancia dada a la historia. La cultura es un todo global, un sistema, y así es como hay que estudiarla. Quiere comprender de esta manera cómo cada elemento social se relaciona con el resto. Representantes: B. Malinoswski y A. Radcliffe-Brown.
  • Estructuralismo: Mantiene una cierta continuidad con el funcionalismo. Interesa analizar las estructuras de la sociedad, no su historia. Se inspira en la lingüística (sobre todo en la fonología). Representante: C. Lévi-Strauss.
Interés por los elementos materiales:
  • Ecologismo cultural: Defiende el materialismo a la hora de estudiar la cultura. Se opone a los enfoques psicológicos de muchas antropologías. Estudiar una cultura es analizar la producción de sus elementos materiales de existencia. Representante: M. Harris.
Interés por los elementos simbólicos y de sentido:
  • Antropología simbólica: Se preocupa por el sentido existencial que proporcionan las culturas; éstas son ante todo suministradoras de reglas de comportamiento y de pautas de entendimiento. Representante: C. Geertz.
Las aportaciones del estudio científico
El estudio de la cultura llevado a cabo por las diferentes escuelas de la antropología cultural ha descrito perfectamente la actividad cultural en toda su complejidad. Ha puesto de relieve las características que definen la cultura, los elementos que la integran, la relación con el individuo y sus tipologías, entre otros muchos aspectos. Pasemos a analizar estos puntos.

Antes veamos un concepto clave: enculturación, esto es, proceso social mediante el cual la cultura es aprendida y transmitida de generación en generación, o, dicho desde el punto de vista del individuo, proceso por el cual éste se integra en una cultura.

Características de la cultura
La cultura, como hemos podido comprobar, es difícil de definir, por eso muchos antropólogos se limitan a dar una serie de notas que, sin pretender ser exhaustivas, definen la cultura. Basándonos en Kottak, podemos caracterizar la cultura con los siguientes rasgos:
1) La cultura es aprendida: No es algo ya dado, que simplemente aparezca. Necesitamos integrarnos en una cultura, aprenderla; es lo que denominan los antropólogos "enculturación". La cultura existe gracias a ese proceso de transmisión de unas generaciones a otras. La cultura no existe independientemente de los individuos.
2) La cultura es simbólica: Es una forma de comunicación y unión entre los individuos. La cultura es una red de sentidos vitales que hace posible la relación personal.
3) La cultura somete a la naturaleza: Las necesidades biológicas no las vivimos directamente, sino interpretadas por la cultura; están revestidas por lo cultural. Una misma necesidad biológica es expresada de diferentes maneras según cada cultura.
4) La cultura es general y específica: Es una capacidad que tienen todos los hombres (por eso es "general"), pero sólo vivimos una cultura particular o específica.
5) La cultura lo abarca todo: Nada queda fuera de la cultura. Establece normas, reglas o patrones de comportamiento para todo tipo de actividades, incluso las que critican esa misma cultura.
6) La cultura es compartida: No es un atributo de los individuos aislados, sino de los individuos formando un grupo. Por ello, es difícil separar sociedad y cultura, dado que son dos caras de la misma moneda: la forma de vida del ser humano.
7) La cultura es adaptante y mal-adaptante: El hombre puede adaptarse a la naturaleza (por ejemplo, a las condiciones climatológicas) gracias a la cultura, pero determinadas formas culturales pueden ser mal-adaptantes, pues ponen en peligro la continuidad de la especie humana sobre la tierra (por ejemplo, desarrollando una economía que hace peligrar los recursos naturales).

Museo de Bellas Artes de Sevilla
Elementos integrantes
Los "ingredientes" o contenidos de la cultura son:
- Las instituciones: Son los modelos de comportamiento con carácter normativo, aunque no estén necesariamente regulados por leyes jurídicas. Un ayuntamiento, un museo o un instituto de enseñanza secundaria son instituciones.
- Las ideas: Incluyen conocimientos, creencias o valores compartidos por un grupo.
- Los materiales: Lo producido por ella; es el mundo cultural físico.
- Las técnicas: Son formas de hacer y producir en sentido amplio. Por ejemplo, la agricultura, la arquitectura, la tecnología propiamente dicha, etc.

Tipologías
Conviene realizar una distinción importante entre "cultura real" y "cultura ideal". La cultura real es la que todos los miembros de una sociedad determinada piensan y hacen a lo largo de su vida. La ideal es la considerada como modelo por una sociedad, aunque puede estar reflejada o no en sus conductas y actitudes. No es lo mismo lo que una cultura o sociedad hace y lo que dice o comunica. Por eso, a los antropólogos que estudian una cultura les interesa adoptar un doble punto de vista para intentar dar cuenta tanto de la cultura real como de la ideal. El primer punto de vista analiza una cultura desde dentro; el antropólogo intenta ponerse en la perspectiva del participante de esa cultura, es decir, intenta hacerse uno de ellos. A esto se le llama perspectiva emic. El segundo punto de vista consiste en tomar distancia del grupo cultural y analizarlo desde fuera, como un observador ajeno al grupo. Es la perspectiva etic.

El barrio neoyorquino de Chinatown es un ejemplo de subcultura.
Cultura, subcultura y contracultura
Una subcultura está formada por un grupo social que posee y transmite una serie de patrones culturales que difieren de los de la cultura dominante; por ejemplo, un grupo cultural minoritario subsiste dentro de otro grupo cultural más extendido. Pero no hay que confundirlo con contracultura, que es aquella subcultura cuyas formas de sentir o actuar cuestionan deliberadamente la cultura dominante.

Relación con el individuo
La relación entre cultura e individuo es uno de los grandes temas que ha preocupado a los antropólogos. ¿Qué es lo más importante? ¿Qué es lo primero? Sin cultura no hay individuos, pero sin individuos tampoco hay cultura.
Son posibles dos posiciones enfrentadas:
 a)  La primera afirma la prioridad de la cultura, y señala que todo lo que hacemos y pensamos está ya dado por la cultura; es una posición muy determinista, según la cual el individuo es un mero resultado de la cultura en la que se inserta.
 b)  La segunda da prioridad al individuo; él es quien puede cambiar la cultura, el que la mantiene viva, pues las facultades humanas están más allá de la cultura.
Ambas posiciones son falsas pues cada una de ellas ignora lo que afirma la otra. Ni todo depende de la cultura, dado que podemos cambiarla o influir en ella, ni el individuo lo puede todo, puesto que también nuestras capacidades individuales están moldeadas por la cultura. Entre las dos posiciones se puede abrir paso una tercera vía intermedia: la cultura no nos determina, sino que nos condiciona. La cultura nos "da condiciones" para que podamos actuar y vivir; nos da posibilidades. Para que la cultura siga viva, necesita ser asumida crítica y creativamente por el individuo.
Estas cuestiones no pueden ser desarrolladas por la antropología cultural, ya que su propio método de trabajo se lo impide. Es tarea de la filosofía plantearse estas y otras cuestiones, y preguntarse, más allá de lo que las culturas son, por su origen y definir lo que deberían ser y ofrecernos.

Interés del estudio de la cultura
El estudio de la cultura no se realiza por exotismo, es decir, por conocer una serie de cosas más o menos curiosas. Es una forma de revelar la complejidad humana y así conocernos a nosotros mismos. El trabajo de la antropología de la cultura es el estudio de "los otros", en lo que, de alguna manera, también estamos implicados nosotros.

Dos definiciones clásicas de cultura
La cultura es el conjunto integral constituido por los utensilios y bienes de los consumidores, por el cuerpo de normas que rige los diversos grupos sociales, por las ideas y artesanía, creencias y costumbres.
B. Malinowski, Una teoría científica de la cultura

La cultura en su sentido etnográfico amplio es ese todo complejo que comprende conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquiera otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre en cuanto miembro de una sociedad.
E. Tylor, Cultura primitiva

Sentido crítico de la antropología
Las otras culturas, de las que trata la antropología, nos interpelan sobre nosotros mismos, al descubrirnos otros modos de hacer las cosas y de ser hombres profundamente diferentes a los nuestros. La antropología conlleva una plataforma que cuestiona ininterrumpidamente nuestra cultura y modo de ser. La antropología es una ciencia que, sin habérselo propuesto, por haber empezado siendo ciencia de los otros, termina hablando de nosotros mismos. La antropología descubre la fragilidad de nuestros propios hábitos, convirtiéndose en un instrumento insustituible para nuestro propio conocimiento.
J. San Martín, La antropología. Ciencia humana, ciencia crítica

El trabajo del antropólogo
Vive el antropólogo durante algunos meses o años entre un pueblo primitivo, y lo hace tan íntimamente como puede, llegando a hablar su lengua, a pensar de acuerdo con sus categorías conceptuales y a juzgar con sus valores, pero busca algo más que comprender el pensamiento y los valores de un pueblo primitivo y trasladarlos a su propia cultura; busca también descubrir el orden estructural de la sociedad, los patrones que, una vez establecidos, le permiten verla como un todo, descubre en una sociedad nativa lo que el nativo no puede explicarle y pretende revelar los patrones estructurales de una sociedad. Una vez aislados los compara con patrones de otras sociedades.
E. Evans-Pritchard, Ensayos de antropología social (adaptado)

sábado, 23 de febrero de 2013

¿Qué es la cultura?

Pluralidad de significados
El término "cultura" aparentemente no presenta ninguna dificultad de comprensión. Sin embargo, ésta aparece cuando contrastamos las definiciones y nos damos cuenta de que, tras esta palabra de uso frecuente, se encierran muchos sentidos, a menudo opuestos entre sí.
Cultura hace referencia a una manera de vivir el mundo e interpretarlo; al conjunto de técnicas y recursos que nos ayudan a vivir; a las instituciones que organizan nuestra convivencia; a las ideas y creencias de los pueblos y de los individuos; a un alto grado de conocimiento alcanzado por algunos miembros de una comunidad; a un conjunto de actividades apreciadas por un grupo humano; a aquello que nos distingue como especie, etc. Pero ¿qué es la cultura? ¿Cómo podemos organizar esta infinita variedad de definiciones y referencias que abarca este término?

Origen del término
Cultura es el sustantivo abstracto del verbo latino colere, que significa labrar un campo, hacerlo fértil o cultivarlo; de ahí también los términos cultivo o agricultura. Cicerón fue el primero en extender su sentido a la educación y formación del ser humano, y así hablaba de cultura animi. Con esta expresión latina traducía el concepto griego de paideia (educación) y se refería a un ideal de humanidad que debe ser alcanzado, para lo cual se necesita un "cultivo" personal, una tarea de formación y asimilación de una forma de vida que se considera ideal y humanizadora, ya sea la griega o la romana. Cultivarse es formarse en una comunidad determinada.

La cultura sería el suelo de las verdades que nos orientan. No las verdades mismas, sino su suelo, porque la cultura es una forma de mirar el mundo y no lo que en él se descubre.
A. Tornos

Dos formas de entender la cultura
El sentido etimológico de cultura agrupa dos acepciones fundamentales: formación personal e inserción en una comunidad. En la Edad Moderna, sobre todo en la Ilustración (siglo XVIII), se presentan como dos sentidos distintos de cultura: una cosas es formarse como individuo y otra integrarse en una comunidad o nación. Esta es la explicación de los dos conceptos de cultura más usados habitualmente:
  • Cultura en sentido pedagógico: La cultura representa un ideal humano que hay que alcanzar y se cifra en una serie de conocimientos e informaciones que se deben tener o actividades que hay que realizar. Este ideal humano depende de cada pueblo o de cada cultura en su segundo sentido.
  • Cultura en sentido etnográfico: La cultura es una forma de vida y de interpretar la naturaleza, producto de una sociedad. La cultura es el conjunto de creencias, tradiciones y técnicas de una determinada "etnia".
Actualmente, en una situación de diversidad cultura, ¿pueden armonizarse los dos sentidos?, ¿cuál es más importante?, ¿hay una formación de la persona más allá de cada cultura particular? La universalidad del primer sentido, que puede concretarse en el desarrollo de todas nuestras capacidades y en un cierto grado de felicidad, ¿puede extenderse a todas las culturas? Todas estas preguntas, y otras muchas, serán las propias de una aproximación filosófica a este tema.
Pero, antes de entrar en el estudio de la cultura (científica y filosóficamente), ¿ qué proporciona ésta al ser humano, en cualquiera de los dos sentidos del término?

Lo que le debemos a la cultura
Además de constituirnos como individuos, la cultura nos constituye como personas. No sólo hace posible la vida humana, también nos ayuda a que cada uno encontremos un camino propio de realización. Gracias a la cultura, estamos en el mundo de una determinada manera y no nos conformamos con vivir, sino que vivimos con sentido. La cultura hace que no sólo tengamos un entorno físico o un medio ambiente, como cualquier animal, sino también un mundo. Con la cultura habitamos los lugares, soñamos el tiempo y tenemos sentido.

- Habitar los lugares
Nuestra vida está condicionada por los paisajes y geografías en los que nacemos y vivimos. El espacio donde desarrollamos nuestras actividades habituales no es un espacio geométrico que baste sólo medir y calcular. El espacio humano tiene connotaciones: una misma habitación, por ejemplo, puede ser percibida como apacible, sobrecogedora, etc., o una ciudad puede ser vivida como amistosa, acogedora, etc. Esa humanización y personalización del espacio es obra de la cultura, y de cada cultura de una forma particular.

- Soñar el tiempo
El ser humano no puede vivir sin recordar y sin proyectar. La vida humana es tiempo, pero no entendido como una mera sucesión de instantes, sino un tiempo con sentido, con unos momentos relevantes y otros intrascendentes. No es lo mismo un día de trabajo que un día de vacaciones, aunque en los dos casos se trata de 24 horas. La cultura que vivimos nos va a ofrecer elementos para estructurar nuestro tiempo y crear nuestra manera personal de vivirlo.

- Tener sentido
Cada cultura ofrece un modo de vida a los individuos que participan de esa cultura. Ésta se constituye en la red de símbolos y expresiones con la que los humanos damos sentido al mundo, ponemos cada cosa en su lugar y nos entendemos unos a otros. Comprender una cultura es entender su forma de dar sentido a la realidad y sus lenguajes. Por eso, un mismo hecho puede tener un sentido u otro según la red simbólica de cada cultura. Esto es así porque las personas no viven entre "hechos" sino entre "sentidos".

jueves, 14 de febrero de 2013

El ser humano desde la cultura

Nuestros orígenes no son solo biológicos, también son culturales. Somos seres culturales por naturaleza; incluso el desarrollo biológico necesita de lo cultural. Creamos cultura y, a la vez, la cultura nos crea. De ahí que los antropólogos afirmen que la cultura es nuestro "segundo útero". Seres necesitados de cultura para vivir, ¡así somos los humanos!, pero siempre lo seremos en una cultura particular. Y ¿qué hacer ante la pluralidad cultural? ¿Cómo vivir en la diversidad?

La cultura: universo simbólico
El hombre no puede escapar de su propio logro, no le queda más remedio que adoptar las condiciones de su propia vida; ya no vive solamente en un puro universo físico sino en un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión constituyen parte de este universo, forman los diversos hilos que tejen la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana. Todo progreso en pensamiento y experiencia afina y refuerza esta red. El hombre no puede enfrentarse ya con la realidad de un modo inmediato; no puede verla, como si dijéramos, cara a cara. La realidad física parece retroceder en la misma proporción que avanza su actividad simbólica.
E. Cassirer, Antropología filosófica

Animal cultural
El ser humano es un animal cultural. Esta definición, aparentemente tan sencilla, es la clave para entender lo que somos. Somos animales, por tanto contamos con unos orígenes biológicos; y somos culturales, lo cual nos diferencia del resto de los seres vivos. Pero ¿cómo se relaciona lo biológico y lo cultural? Hay que procurar articular correctamente ambas realidades.

Del modo estratigráfico al sintético
No podemos decir que todo se reduce a lo biológico, ni presentar lo cultural como "el triunfo" de lo humano sobre lo animal. Estas son dos visiones que no recogen totalmente la complejidad de la vida humana. Ambas son herederas de un "estilo estratigráfico" de presentar la relación entre biología y cultura, según el cual, una vez completado el desarrollo biológico, comenzaría el desarrollo cultural, ya sea para verlo como una prolongación de lo biológico o como una realidad completamente separada de la anterior.
El modelo sintético, avalado por recientes investigaciones antropológicas y biológicas, presenta los diferentes aspectos de la existencia humana más relacionados. Es un estilo que intenta integrar las aportaciones de diferentes campos de investigación, evitando tanto el reduccionismo como la separación. Pretende ofrecer una imagen más exacta del ser humano.

El ser humano, animal biocultural
Es falsa la oposición que se suele hacer entre biología y cultura. Por una parte, lo biológico humano no se desarrolla sin los elementos externos (culturales) y, por otra, la cultura presupone siempre determinados procesos biológicos. Así nace el llamado paradigma biocultural, es decir, una forma de explicar lo humano que integra lo biológico y lo cultural. Para cada uno de nosotros es tan natural lo biológico como lo cultural; no hay desarrollo lingüístico o emocional sin contacto cultural, por ejemplo, ni cultura sin determinadas capacidades biológicas. Somos producto de nuestro origen biológico, de nuestro origen cultural y de su mutua interacción. Un ser humano sin cultura ("antes de la cultura") es algo contradictorio o absurdo, como un círculo cuadrado. La naturaleza humana es biocultural.

El mito del buen salvaje
Es un mito que está presente de una y otra forma en la cultura occidental. Intenta explicar lo que sería el ser humano antes de integrarse en la sociedad y de tener cultura. Normalmente se presenta como una vida feliz, sin problemas y en armonía con el entorno.
Es un mito ya presente en la tradición judeocristiana y grecorromana. Según la primera, el hombre lleva a cabo una vida feliz (¡paradisíaca!) en el paraíso, pero el pecado le hace abandonarlo, lo que provoca la necesidad de trabajar (cultura). Para la segunda, hubo una Edad de Oro en que la vida humana es plenamente simple, sana, natural y dichosa.

En la época moderna este mito vuelve a aparecer con fuerza. Se extiende la idea de que la civilización y la cultura traen la desdicha y el malestar. Ya no se puede vivir en la naturaleza y hacer uso de ella de una manera sencilla, así como dominar el resto de los animales, hablar con ellos y conocer sus secretos. Tal sería el caso del "buen salvaje", descrito por Rousseau (siglo XVIII), al que la sociedad pervierte; o los "hombres de la selva", descritos por Kipling o presentes en la mitología más moderna y cinematográfica, como es el caso de Tarzán.
Ese ser humano "antes de la cultura" es una imagen que pervive en nuestra tradición desde sus orígenes (bíblicos y griegos) hasta la actualidad, pero es un ser que no ha podido existir ni existirá nunca: sin cultura no hay hombres. Sin embargo, el mito conserva su fuerza y nos obliga a preguntarnos qué es la cultura, cómo entenderla y, en definitiva, quiénes somos.

Nuestra naturaleza biocultural
Nuestras características biológicas nos fuerzan a ser culturales y nuestro desarrollo cultural transforma esas mismas características. Dos antropólogos, C. Geertz y A. Gehlen, han puesto de relieve esta relación mutua entre biología y cultura. Son claros defensores del llamado "paradigma biocultural".

Como consecuencia de su primitivismo orgánico y su carencia de medios, el hombre es incapaz de vivir en cualquier esfera de la naturaleza realmente natural y original. Por lo tanto ha de superar él mismo la deficiencia de los medios orgánicos que se le han negado y esto acontece cuando transforma el mundo con su actividad en algo que sirve a la vida. La naturaleza transformada por él en algo útil para la vida se llama cultura, y el mundo cultural es el mundo humano. Para él no han posibilidad de existencia en una naturaleza no cambiada, en una naturaleza no "desenvenenada". No hay una "humanidad natural" en el sentido estricto: es decir, no hay una sociedad humana sin armas, sin fuego, sin alimentos preparados y artificiales, sin techo y sin formas de cooperación elaborada. La cultura es pues la "segunda naturaleza"; esto quiere decir que es la naturaleza humana, elaborada por él mismo y la única en que puede vivir.
A. Gehlen, El hombre

Nuestras ideas, nuestros valores, nuestros actos y hasta nuestras emociones son, lo mismo que nuestro propio sistema nervioso, productos culturales, productos elaborados partiendo ciertamente de nuestras tendencias, facultades y disposiciones con que nacimos, pero ello no obstante productos elaborados. Chartres está hecha de piedra y vidrio, pero no es solamente piedra y vidrio; es una catedral y no solo una catedral, sino una catedral construida en un tiempo particular por ciertos miembros de una particular sociedad. Para comprender lo que Chartres significa, para percibir lo que ella es, se impone conocer bastante más que las propiedades genéricas de la piedra y el vidrio y bastante más de lo que es común a todas las catedrales. Es necesario comprender también -y, a mi juicio, esto es lo más importante- los conceptos específicos sobre las relaciones entre Dios, el hombre y la arquitectura que rigieron la creación de esa catedral. Y con los hombre ocurre lo mismo: desde el primero al último también ellos son artefactos culturales.
C. Geertz, La interpretación de las culturas

miércoles, 3 de febrero de 2010

La cultura, factor principal de la percepción humana

Como han insistido numerosos sociólogos, las distintas sociedades transmiten a sus individuos ciertas creencias y costumbres, y así, en lugar de percibir las cosas como son, las percibimos condicionadas por "lo que todo el mundo piensa, dice y hace" en nuestra sociedad, es decir, en consonancia con lo que ésta nos ha enseñado.
En nuestra vida, en nuestra experiencia, el mundo humano precede al mundo animal, vegetal y mineral. Vemos todas las cosas como a través de unos anteojos, mediatizados por la cultura y la mentalidad del grupo social en el que nacemos: las personas que forman parte de mi comunidad me infunden sus ideas y sus creencias y yo percibo el mundo y las cosas a través de esas ideas recibidas.

"Es casi seguro que gran parte de nuestra experiencia perceptiva es aprendida. Por ejemplo, los pigmeos del Congo habitan sobre todo en densos bosques y, por tanto, rara vez tienen la oportunidad de ver grandes distancias. En consecuencia, no desarrollan, como nosotros, una sólida idea de la continuidad de las medidas. Colin Turball, antropólogo que estudiaba a los pigmeos, llevó una vez a su guía pigmeo a una excursión por el bosque. Cuando estaban atravesando una vasta planicie, vieron un rebaño de búfalos a lo lejos.
El guía echó una mirada sobre la planicie donde estaba el rebaño de búfalos. Le preguntó a Turball de qué tipo de insectos se trataba, y le dijo que eran búfalos, tan grandes como los búfalos del bosque que él conocía. Estalló en carcajadas... Entraron en el coche y descendieron hacia donde estaban pastando los animales. Observaron cómo se hacían cada vez más grandes, y, aunque era tan valiente como todos los pigmeos, cambió de sitio, sentándose cerca de su compañero, murmurando que se trataba de brujería... Cuando se dio cuenta de que eran búfalos reales, se le pasó el miedo, pero lo que le intrigaba era cómo habían sido tan pequeños y se habían vuelto de repente más grandes o si había sido una especie de truco."
Ornstein, R.: La psicología de la conciencia, Edaf, Madrid.

De esta manera, mediante el aprendizaje social empezamos no solamente a pensar y a razonar, a estimar unos valores y a rechazar otros, a juzgar positivas unas normas y negativas otras, etc., sino también a percibir las distancias, los colores y las formas de las cosas; por ejemplo, a apreciar correctamente la lejanía y el tamaño de los objetos, a ver el carbón negro y "las ventanas cuadradas", o a estimar sabrosa la carne de cordero y repugnante la de perro, etc.