Cada ser humano es como los demás seres humanos, como algunos otros seres humanos y como ningún ser humano.
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domingo, 27 de octubre de 2013

La razón humana y las razones del corazón

El hombre no es más que una caña, la más frágil de la naturaleza, pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero se arme para destruirla: un vapor, una gota de agua, es suficiente para matarlo. Pero, aun cuando el universo le aplastase, el hombre sería todavía más noble que lo que le mata, puesto que él sabe que muere y la ventaja que el universo tiene sobre él. El universo no sabe nada. Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento.
 B. Pascal, Pensamientos

El conocimiento humano es un proceso consustancial a la vida, ya que está íntimamente unido a las preguntas que no podemos dejar de plantearnos obre el mundo y sobre nosotros mismos. Sin embargo, el conocimiento tiene también una dimensión de "resultado": el conjunto de lo que hemos sido capaces de conocer. Se trata de los conceptos, teorías y propuestas que van más allá de la recopilación de datos, para entrar en la creación y en la construcción de mundos posibles.


1. La capacidad racional 
Aristóteles definía al ser humano como un "animal racional". La razón es una característica de las personas que ha sido considerada como la más importante a lo largo de la historia. Por medio de la razón somos capaces de comprender el mundo y transformarlo. Podemos imaginar cosas imposibles y crear cosas tan maravillosas como las obras de arte. También por medio de la razón proyectamos el mundo, interpretamos lo que hay en él y lanzamos propuestas sobre lo que queremos que sea. Y, además, descubrimos la realidad y la inventamos.
No cabe duda de que la razón es un instrumento muy poderoso. Pero hay varios tipos de razón dependiendo de a qué se aplique. Una importante clasificación es la que distingue entre:
— Razón teórica: la que se refiere al conocimiento de las cosas y los procesos, la que elabora juicios y construye conceptos, la que especula y reflexiona sobre lo que es;
— Razón práctica: la que se refiere al análisis de las acciones humanas, que valora y decide tratando lo que debe ser.


2. Los productos de la razón 
La razón, o racionalidad, suele entenderse como facultad que permite el conocimiento. La mera obtención y registro de datos sensoriales no es suficiente para hablar de conocimiento, aunque esto sea un requisito necesario para el mismo. Por eso, la razón, como integración de todos esos datos, es la que permite lograr ciertos productos o resultados, como, por ejemplo, las teorías científicas, las teorías filosóficas, las teorías éticas... Esto quiere decir que la razón tiene una dimensión facultativa, en tanto que posibilita o faculta para hacer algo, y una dimensión productiva, ya que obtiene o produce aquello que ha sido posibilitado. Además, existe un nivel personal y otro grupal, en el que es muy importante la dimensión dialógica (diálogo) de la razón, es decir, la posibilidad de comunicación racional y relación interpersonal.

Capricho nº 43 de Goya
Pero también la razón "produce monstruos", en el sentido de que nos lleva a pensar realidades inexistentes, mundos imposibles, posibilidades terroríficas o teorías absurdas. Es el límite de la razón, en el que nos acercamos a lo irracional. Dos elementos que, a pesar de ser contrarios, se definen y encuentran su significado uno en función del otro.


3. La razón y el sentimiento 
Una de las rupturas más habituales es la que suele establecerse entre la razón y la emoción. Se piensa que la razón es la antítesis del sentimiento y que éste pertenece al terreno de lo irracional. La razón sería lo propio del pensamiento, mientras que "el corazón" se referiría a aspectos como la fe, el amor y la vida. Sin embargo, también ha habido intentos de enlazar ambas cosas, ya sea explicando racionalmente las emociones o bien buscando una articulación necesaria entre ambos elementos


4. Las razones del corazón
Entre quienes han destacado la difícil relación entre razón y sentimiento destacan Blaise Pascal, filósofo y matemático del siglo XVII, que padeció esa dicotomía en su propio pensamiento, y María Zambrano, filósofa del siglo XX, que propone una articulación por la vía de la "razón poética".


 Razón y corazón 
El corazón tiene razones que la razón no conoce; se ve en mil cosas. Yo digo que el corazón ama al ser universal naturalmente y a sí mismo naturalmente, según se entregue a ello, y se endurece contra uno u otro a su gusto. Habéis rechazado al uno y conservado al otro; ¿es que os amáis por razón? El corazón es el que siente a Dios y no la razón. De ahí lo que es la fe. Dios es sensible al corazón, no a la razón.
B. Pascal, Pensamientos
 


 La razón poética 
La claridad de la razón se manifestó pitagóricamente, en números, que son más exactos que la palabra. ¿Volvemos a ella, acaso? En el cientificismo actual del número, del que habría que salir, la razón puede quedar aprisionada, limitada o congelada. Pero los verdaderos pitagóricos no creyeron nunca en eso; no era eso lo que perseguían con su razón matemática, sino encontrar los números secretos del alma, del mundo, de la razón, por ilimitada que sea, es decir, de lo limitado y lo ilimitado, que puede ser movimiento y quietud al par.
De la razón poética es muy difícil, casi imposible, hablar. Es como si hiciera morir y nacer a un tiempo; ser y no ser, silencio y palabra, sin caer en el martirio ni en el delirio que se apodera del insomnio del que no puede dormirse, solamente porque anda a solas. ¿Lo llamaríamos desamparo? Tal vez. Terror de perderse en la luz más aún que en la oscuridad, necesidad de la respiración acompasada, necesidad de la convivencia, de no estar sola en un mundo sin vida; y de sentirla, no solo con el pensamiento, sino con la respiración, con el cuerpo, aunque sea el minúsculo cuerpo de un pequeño animal, que respira: el sentir la vida, donde está y donde no está, o donde no está todavía. En este "logos sumergido", en eso que clama por ser dentro de la razón.
 M. Zambrano, Notas de un método 

domingo, 13 de octubre de 2013

Inteligencia y conocimiento

Hans Jürgen Eysenck
(1916-1997)
La inteligencia ha sido definida en términos de capacidad de aprendizaje, de memoria, de aptitud para resolver problemas, de razonamiento, de juicio, de adaptación al medio, aunque claramente todos estos aspectos no son sino consecuencias de la aplicación de la inteligencia y, por tanto, no sirven como definición de la misma. Esto es lo que Hebb ha reconocido en su distinción entre Inteligencia A e Inteligencia B. La primera indica la aptitud básica de un organismo para hacer todo lo anteriormente enumerado, en tanto que la segunda es el nivel de rendimiento cognitivo manifestado actualmente por un organismo en las situaciones de cada día. La inteligencia B se parece más a la noción popular de "inteligencia" y está hondamente influida por factores tales como la educación, el nivel socio-económico, la personalidad, la influencia de los padres, la nutrición, la motivación, de manera que no nos es útil como concepto científico.
H. J. Eysenck, "¿Existe la inteligencia?", en S. Sternberg y D. Detterman, ¿Qué es la inteligencia? (adaptado)

1. Qué es la inteligencia
No es fácil definir la inteligencia. Se trata de una facultad de la mente humana que nos permite conocer; también es una capacidad dinámica y cambiante que nos de la posibilidad de desarrollarnos en el mundo por medio de la integración de experiencias. Algunos autores la definen como una dimensión de la razón que tiene que ver con la posibilidad de sentir y pensar; otros incluso la identifican con el grado de madurez mental de una persona.
En todo caso, es claro que la inteligencia se relaciona con una serie de elementos:
- Aprendizaje: la inteligencia sufre modulaciones y cambios derivados de una serie de entrenamientos y aprendizajes.
- Cultura y socialización: no se entiende de igual modo la inteligencia en los diferentes contextos socioculturales, y tampoco se ejercita del mismo modo, por eso depende de las tradiciones, modelos o lenguajes propios de una cultura.
- Atención y motivación: también es evidente que la atención y el estado de alerta son necesarios para que la inteligencia "se ponga en marcha"; por otra parte, la inteligencia, la motivación y el interés del individuo son fundamentales para su ejercicio. No aprendemos, ni pensamos, ni elaboramos juicios o conceptos si no tenemos interés.
- Relaciones y planificación: la inteligencia es capaz de elaborar juicios y de desarrollar nuevos modos de relacionar lo conocido. Por eso, la inteligencia guarda relación con la posibilidad de establecer interacciones, relaciones, modos de planificar y también nuevas interpretaciones de los datos: es una capacidad de integrar la experiencia previa y producir creativamente una respuesta novedosa.
- Conocimiento: la inteligencia también está relacionada con la adquisición y el procesamiento de datos. No puede decirse que es más inteligente quien más sabe, pero hay una evidente relación entre ambos factores.
- Memoria: igualmente, la inteligencia no es sinónimo de memoria, pero existe una relación entre el recuerdo, el conocimiento y la capacidad intelectual. Si no pudiéramos "almacenar" información, nuestra inteligencia se vería muy mermada, puesto que no aprenderíamos nada.
- Eficiencia y éxito adaptativo: la inteligencia tiene que ver también con la capacidad de responder adecuadamente (eficientemente) al contexto y, consiguientemente, con el éxito en la realización de una vida adaptada al medio. En este sentido, también podríamos hablar de inteligencia animal, no solo humana.

2. ¿Se puede medir la inteligencia?
El intento de cuantificar y medir la inteligencia ha producido una enorme cantidad de tests diferentes. En todos ellos el objetivo es establecer una media estandarizada de rendimiento "normal" de un grupo, conforme a la cual se valora el resultado que obtiene cada individuo concreto. Esto nos permite hablar de "superdotados", que son aquellas personas que superan la media, y de "discapacitados", es decir, aquellos que están por debajo de la media. Este tipo de mediciones ha sido muy criticado por varias razones: (1) establecer una medio no es más que un criterio estadístico que no permite obtener otras conclusiones; (2) ser un superdotado o un discapacitado respecto a dicha media implica un intento de clasificación de las personas con consecuencias nefastas; (3) los tests están condicionados por factores socioculturales no permiten que sus resultados sean extrapolados fuera del grupo; y (4) al no existir una definición única de inteligencia, cada test mide cosas diferentes que no son comparables entre sí.

3. La teoría de las inteligencias múltiples
Uno de los modos de medir la inteligencia, quizá el más famoso, es el "cociente intelectual", que se obtiene dividiendo la edad intelectual por la edad real (cronológica) y multiplicando el resultado por 100. Esa medida ha sido fuertemente criticada por las razones anteriormente mencionadas. Entre esas críticas está la de Howard Gardner, que considera que no existe una inteligencia sino múltiples inteligencias.

El profesor Howard Gardner en Barcelona, conferencia
organizada por el Colegio Montserrat, en mayo de 2013.
Esta teoría propone considerar siete tipos de inteligencia. Así, una persona puede tener un rendimiento muy bajo en una de ellas y muy alto en otra, revelando de esta manera capacidades diversas. Con ello se quiere destacar el aspecto plural de la inteligencia. Gardner propone además que este modelo se utilice y se desarrolle en las escuelas, de modo que cada persona pueda alcanzar los fines adecuados a su conjunto particular de inteligencias.
- Inteligencia lingüística: es la capacidad de manejar el lenguaje, expresarse con él, trabajar con las palabras o con los gestos o signos. Los poetas y escritores suelen desarrollar este tipo de inteligencia.
- Inteligencia lógico-matemática: capacidad lógica y matemática, de observación y deducción. Es la que utilizan los científicos en sus investigaciones.
- Inteligencia espacial: capacidad para formarse un modelo mental de un mundo espacial y para maniobrar y operar usando ese modelo. Es el tipo de inteligencia que desarrollan los marinos, los ingenieros, los cirujanos, los pintores y los escultures.
- Inteligencia musical: capacidad de tocar instrumentos, de percibir melodías, ritmos, sonidos... Los músicos ejercitan mucho esta capacidad.
- Inteligencia corporal y cinética: capacidad para resolver problemas o para elaborar productos empleando el cuerpo o partes del mismo. Es la que ejercitan los bailarines, los atletas o los artesanos.
- Inteligencia interpersonal: capacidad para entender a otras personas, lo que las motiva, cómo trabajar cooperativamente con ellas. Es el tipo de inteligencia más propio de los vendedores, los políticos, los profesores, etc.
- Inteligencia intrapersonal: es también una inteligencia personal pero orientada al interior del individuo. Es la capacidad de formarse un modelo verídico de uno mismo y de ser capaz de utilizarlo para desenvolverse adecuadamente en la vida.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Captar la realidad, leer el mundo

Entendemos el conocimiento como un proceso que consta de los siguientes pasos: captar la información que proviene del mundo o de nosotros mismos (el objeto de conocimiento), ordenarla conforme a algún criterio, dotarla de sentido y significado, e interpretarla a la luz de los conocimientos previos.

1. El dinamismo del conocimiento
El conocimiento es, por tanto, un proceso dinámico en constante evolución y siempre inacabado. Nunca terminamos de conocerlo todo, ni a nivel individual ni a nivel grupal o social. Siempre nos quedan cosas por conocer y, además, puesto que el conocimiento tiene una dimensión creativa y constructiva, cada persona lo elabora de una manera diferente. Hay aquí algunas ideas importantes:
- El conocimiento tiene una parte receptiva y descriptiva y otra parte constructiva y creadora. La primera se encarga de recoger información y la segunda de darle un sentido a esa información y buscar relaciones.
- Las posibilidades del conocimiento son infinitas, precisamente por tratarse de un proceso que siempre puede reformularse o cambiar. Aunque pudiéramos llegar a conocerlo todo, siempre podríamos interpretarlo de un modo nuevo.
- El conocimiento, tanto en la parte receptiva como en la constructiva, está influido por factores como la cultura, los aprendizajes previos, las expectativas e intereses del sujeto que conoce, etc. Por eso podemos decir que el conocimiento es relativo, porque, al depender de tantas cuestiones, es imposible que éste sea objetivo, es decir, que sea un conocimiento enteramente ajeno a la diversidad biológica, social y cultural del ser humano. Por eso, el problema del conocimiento ha llevado asociada siempre la pregunta acerca de la posibilidad de conocer la realidad tal cual es.

2. El conocimiento: ¿razón o experiencia?

Debido a que nuestros sentidos algunas veces nos engañan, decidí suponer que todas las cosas que alguna vez había entrado en mi espíritu no eran más ciertas que las ilusiones de mis sueños. Pero al punto me di cuenta de que, mientras yo quería de tal modo considerar que todo era falso, necesariamente yo, que lo pensaba, debía ser alguna cosa, y observando que esta verdad: "Pienso, luego existo", era tan firme y segura pensé que podía admitirla sin escrúpulo alguno como el primer principio de la filosofía que andaba buscando.
René Descartes (1637): Discurso del método (adaptado)

Supongamos que la mente es, como nosotros decimos, un papel en blanco, vacío de caracteres, sin ideas. ¿Cómo se llena? A esto respondo con una palabra: la experiencia. En ella está fundado todo nuestro conocimiento, y de ella deriva en último término.
John Locke (1690): Ensayo sobre el entendimiento humano (adaptado)

La discusión acerca de qué podemos conocer es una de las más relevantes en la historia de la filosofía. El debate sobre esta cuestión se ha centrado siempre en la distinción entre experiencia y razón: ¿qué es realmente conocer?, ¿recibir datos a través de la experiencia o construir pensamientos con la razón? Se trata de la polémica entre racionalismo y empirismo.

Racionalismo
- Confianza plena en la razón: es la única fuente de conocimiento cierto y seguro. Los sentidos son engañosos, por eso debemos trabajar con la razón, que es capaz de extraer de sí misma los principios fundamentales sobre la realidad.
- Existen ideas innatas en la mente. De ellas y sólo de ellas se obtiene conocimiento.
- El conocimiento versa sobre las ideas de la razón, no hay acceso fiable a las cosas reales.
Autores importantes: Descartes, Malebranche, Spinoza, Leibniz...

Empirismo
- Todo nuestro conocimiento deriva de la experiencia y no puede ir más allá de ella. La mente recibe los datos que nos proporcionan los sentidos y se limita a asociarlos y ordenarlos.
- Se niega la existencia de las ideas innatas, no a las cosas mismas. No hay posibilidad de acceder a éstas si no es a través de nuestros sentidos.
Autores importantes: Hume, Berkeley, Locke...

3. El giro copernicano de Kant
Kant (siglo XVIII) es uno de los autores que inaugura la llamada "filosofía de la conciencia", es decir, el conjunto de sistemas filosóficos que intentan resolver la oposición entre racionalismo y empirismo desde el estudio de la conciencia humana entendida como razón, considerando que ésta puede alcanzar el conocimiento por disponer de unos principios comunes a todos los seres humanos.
Suele decirse que Kant da lugar a un giro copernicano en el estudio del conocimiento humano porque supera el problema que dividía a empiristas y racionalistas al cambiar el modo de ver las cosas. Igual que Copérnico mira el universo desde el Sol inmóvil, y no desde la Tierra inmóvil como se creía hasta entonces, Kant mira el conocimiento humano desde la perspectiva del sujeto que conoce, no desde el objeto conocido.
A pesar de todo, Kant cae del lado racionalista por considerar que son las categorías del entendimiento humano, es decir, los esquemas organizativos del entendimiento, las que determinan el modo de conocer. Su teoría es idealista puesto que cree que la conciencia es la que permite el conocimiento. Y es trascendental, en el sentido de que estudia las condiciones que hacen posible el conocimiento, suponiendo que éste es universal y necesario, que tiene características iguales para todos los seres humanos y que no puede ser de otro modo.

4. La fenomenología de Husserl
También desde una perspectiva idealista, Husserl (siglo XX) habla de la conciencia. La característica esencial de la conciencia es la intencionalidad, dado que la conciencia siempre se refiere a algo: toda conciencia es conciencia de algo. Desde ahí, considera que describir la conciencia es describir la realidad. Por eso, a pesar de poner el acento en la razón, como Kant, Husserl  destaca también la importancia de la experiencia.
Husserl piensa, al igual que Descartes, que el filósofo debe dudar de todo y no puede fiarse de sus sentidos. Por ese motivo, debe abandonar la "actitud natural", la de la vida ordinaria, y adoptar una "actitud fenomenológica" en la que intente dejar de lado los conocimientos previos para quedarse sólo con la conciencia y sus vivencias, que tienen un carácter intencional. La fenomenología consiste en la descripción de los fenómenos, lo que se nos aparece en tanto que se aparece, sin introducir teorías o conceptos.

5. ¿Qué es conocer? Razón y experiencia
El conocimiento, por tanto, se basa en la experiencia en tanto que captación de la realidad, pero es también razón, porque construye y modifica la realidad que percibe. Por eso podemos decir, utilizando una metáfora, que conocer es "leer el mundo". El conocimiento humano es, por tanto, una lectura de lo que está escrito pero tamizado por el lector.

domingo, 8 de septiembre de 2013

El acceso del hombre a sí mismo: la conciencia

El ser humano puede mirarse a sí mismo y conocer su propia realidad. Pero, ¿cómo podemos realizar este complicado ejercicio en el que el ser humano que conoce (el sujeto) se convierte al mismo tiempo en el objeto de su conocimiento?


 La complejidad de la conciencia requiere un estudio
 interdisciplinar en el que se analicen los mecanismos de
 conexión de los procesos mentales y los correlatos cerebrales. 
1. La experiencia consciente

El problema de la conciencia está instalado de un modo inestable en la frontera ente la ciencia y la filosofía. Podría ser un problema científico que requiere métodos filosóficos de comprensión antes de que podamos despegar.
Cuando percibimos, pensamos y actuamos, existe un ruido de fondo de causalidad y procesamiento de la información, pero este procesamiento por lo general no ocurre en la oscuridad. Existe también un aspecto interno; hay algo que se siente como ser un agente cognitivo. Este aspecto interno es la experiencia consciente. Las experiencias conscientes van desde las vividas sensaciones de colores hasta las experiencias de los más tenues aromas en el ambiente; desde la especificidad del sabor de la menta a la generalidad de la propia existencia de uno mismo.
CHALMERS, David (1996): La mente consciente (adaptado)

2. La introspección
La instrospección es el proceso de "mirada interior" por medio del cual el sujeto puede inspeccionar sus propios actos psíquicos, es decir, lo que ocurre en su mente. Una buena parte de la tarea que han desarrollado los filósofos cuando han pensado sobre el ser humano se considera, en sentido amplio, instrospección. Sin embargo, de manera más estricta, la instrospección corresponde a una corriente psicológica (el psicoanálisis) que considera que éste es el único método posible para acceder a la psique del ser humano. Frente a esta corriente se encuentran los psicólogos conductistas, que afirman que sólo podemos ver las conductas externas de las personas, pero nunca los elementos psíquicos internos. La introspección, según ellos, es un método imposible porque el sujeto no puede observar el fenómeno psíquico de su propio pensamiento.

3. La conciencia
Al intentar conocernos a nosotros mismos nos damos cuenta de que estamos "siendo conscientes" de nuestra existencia, de nuestros pensamientos, etc. ¿Qué significa ser consciente? Podemos responder a esta pregunta desde varias perspectivas:
  • Ser conscientes significa estar consciente, es decir, despierto y capaz de recibir estímulos. Por ejemplo, cuando estamos dormidos no estamos conscientes. Éste es un nivel primario de conciencia, que compartimos con otros seres vivos.
  • Ser consciente significa también "darse cuenta" de algo, es decir, tomar conciencia, recoger datos que permiten después elaborarlos y dotarlos de sentido. Por ejemplo, podemos estar despiertos pero no atentos, con lo que se nos pasarán por alto muchas cosas.
  • Ser consciente tiene también un sentido más importante para la reflexión filosófica: significa tener conciencia, en el sentido de poder reflexionar sobre los propios actos, establecer una pauta de acción conforme a un plan y prever las consecuencia derivadas de ella. A este sentido es al que nos referimos cuando hablamos de la "conciencia moral" y tiene que ver con la idea de responsabilidad. Por ejemplo, decimos que alguien "es un inconsciente" cuando hace algo que puede tener graves consecuencias y no se ha parado a pensarlas.
4. El problema filosófico de la conciencia
La conciencia es un tema que suscita muchos problemas filosóficos, por eso es una cuestión que ha sido ampliamente estudiada a lo largo de la historia. Actualmente la filosofía de la mente, en conexión con la psicología y con las neurociencias, trata de encontrar algunas respuestas a interrogantes no resueltos. Por ejemplo: la conciencia, ¿es la suma de los procesos cerebrales o es algo distinto de ellos? Si está en el cerebro, ¿por qué no podemos encontrarla? Y si no es reducible a la actividad del cerebro, ¿dónde está?
El problema de la conciencia también hace referencia a la identidad del individuo. En muchos casos nos identificamos con nuestra conciencia o, dicho de otro modo, afirmamos que "yo" soy mi conciencia. De este modo, estamos entendiendo la conciencia como el conjunto de nuestros pensamientos, emociones, intereses, etc. Esto nos lleva a una importante pregunta: ¿quién soy "yo"?, ¿quién es el sujeto consciente?

5. El descubrimiento del inconsciente
Sigmund Freud (1856-1939) es uno de los autores más importantes de la psicología moderna. Médico e investigador, trabajó en el tema de la histeria pero se orientó hacia el estudio de los sueños y la psicoterapia basándose en la conversación con el paciente (sin utilizar la hipnosis, que era un método habitual en su época).
Uno de los puntos clave de la aportación de Freud es el descubrimiento del inconsciente, que será básico para su nuevo método: el psicoanálisis. El inconsciente es el plano no consciente de nuestro aparato psíquico. En él se encuentran contenidos que resultan imposibles o difíciles de explorar para el sujeto consciente.


El psicoanálisis de Freud considera que la mayor parte
del psiquismo humano está oculto en el inconsciente
y que sólo tenemos conciencia de una parte mínima.
En este sentido, podemos compararlo con un iceberg.
Al hablar del inconsciente, Freud pone en cuestión el "control" que nuestra conciencia ejerce sobre nuestro yo. Con ello pone en duda la relevancia que se le otorga habitualmente a la conciencia y nos hace pensar en la existencia de fuerzas internas, casi indescifrables, que influyen en nuestra conducta y en nuestros pensamientos. Esto es importante porque revela la complejidad de nuestro psiquismo y, sobre todo, porque coloca al ser humano en una situación de dependencia de factores internos, que escapan a su conocimiento y a su decisión.
Los fenómenos psíquicos, según Freud, pueden dividirse en:
  • Fenómenos conscientes: los que están actualmente en la conciencia.
  • Fenómenos preconscientes: fácilmente recuperables por la conciencia.
  • Fenómenos inconscientes: están mucho más ocultos y no podemos ser conscientes de ellos con facilidad.
Con el psicoanálisis se pretende "sacar a la luz" lo oculto en el inconsciente. Éste se manifiesta a través de síntomas que parecen inconexos y sin sentido, a través de los sueños y de los actos fallidos, es decir, de las equivocaciones o lapsus que aparentemente no tienen intención.
Posteriormente, hablando de la personalidad, Freud plantea la teoría de que el psiquismo humano está dividido en tres instancias: el ello, el yo y el superyó. El ello es el elemento más instintivo, más pulsional, que sólo tiende a la satisfacción de sus deseos. El yo es el controlador del ello, que se basa en el principio de la realidad y que, por eso, puede controlar el deseo desenfrenado conforme a pautas de actuación. Finalmente, el superyó es una instancia que da normas y propone un ideal a lograr (que ha sido aprendido y construido). La articulación de las tres, con niveles conscientes e inconscientes, explicaría la personalidad de los individuos.

jueves, 29 de agosto de 2013

La experiencia sensible

El ser humano conoce con todo su ser: con su cuerpo, con su imaginación, con sus sentimientos... Todas las dimensiones de la vida del hombre están implicadas en su capacidad de conocer. El conocimiento está enlazado con la acción, dado que no es meramente un suceso estático de captación de datos, sino un proceso dinámico de interacción con el mundo. Es decir, el aprendizaje, la cultura, la capacidad de los sentidos o las motivaciones que tiene una persona condicionan lo que conoce y, a su vez, todo lo que conoce influye en lo que hace, en lo que piensa y en las decisiones que toma.
Sin embargo, hay un nivel primario y básico del conocimiento: el del acceso a la realidad o experiencia sensible, analizada fundamentalmente por la psicología a la luz de los datos neurológicos. El punto de partida de todo conocimiento es la toma de contacto en la que intervienen las capacidades sensoriales, interpretadoras e intencionales del ser humano.


Alegoría de la vista, de Brueghel el Viejo, con la colaboración de Rubens (1618)
Museo del Prado de Madrid
1. Sensación y percepción
La sensación consiste en detectar algo a través de los sentidos (vista, oído, tacto, olfato, gusto y también receptores de sensaciones internas: movimiento, equilibrio, malestar, etc.) sin que aún haya sido elaborado, sin que tenga significado todavía. Es la mera captación de un estímulo.
La percepción es el procesamiento de ese dato sensible para darle un sentido. Es el reconocimiento de un objeto concreto, que podemos entender e interpretar. Por eso es un proceso constructivo de organización.
La relación entre las sensaciones y las percepciones ha sido estudiada desde dos teorías fundamentales:

  • Las teorías asociacionistas consideran que la percepción no es más que un conjunto de sensaciones y un elemento de asociación entre ellas aportado por el sujeto. Por tanto, es una síntesis entre unas sensaciones dadas y un contenido asociado a ellas gracias a la experiencia adquirida previamente por el individuo que conoce.
  • Arcimboldo: Otoño (1573), Museo del Louvre
    La percepción no es el resultado de la suma de las
    sensaciones.
  • La teoría de la Gestalt o teoría de la forma afirma que la percepción no es una suma de sensaciones, sino que percibimos "de golpe", inmediatamente, totalidades u objetos completos. Por tanto, conocemos conjuntos organizados; posteriormente, gracias a un proceso de abstracción, podemos distinguir y separar las distintas sensaciones que lo componen. Su afirmación fundamental es que el todo es anterior a las partes y superior a la suma de las partes.
2. Los umbrales de las sensaciones
No podemos tener sensación de todo, es decir, la capacidad humana de recibir estímulos es limitada. Hay cosas que no podemos ver, como la luz infrarroja, o que no podemos oír, como los ultrasonidos. En nuestra sensación existen umbrales: hay un umbral absoluto, que se refiere, por un lado, a la cantidad mínima de un estímulo que necesitamos para darnos cuenta de algo (umbral inferior) y, por otro. a la cantidad máxima de estímulo que podemos recibir (es decir, el límite superior por encima del cual no podemos tener más sensaciones); y hay un umbral diferencial, que es la diferencia de intensidad del estímulo necesaria para notar un incremento o una disminución ante un estímulo previo.

3. Las leyes de la percepción y las ilusiones ópticas
La existencia de límites en nuestra percepción viene dada por diversos factores: fundamentalmente por las capacidades de nuestros sentidos, los aprendizajes previos y determinados fenómenos como las constancias perceptivas, es decir, las tendencias de las percepciones a permanecer constantes a pesar de que se produzcan cambios. Por ejemplo, la constancia del tamaño es la que nos permite saber que dos personas son de tamaño semejante a pesar de que la perspectiva nos haga ver a una más grande (la que está más cerca) y a otra más pequeña (la que está más lejos).

Leyes de la percepción: establecidas por los psicólogos de la Gestalt, estas leyes muestran las reglas de organización de los datos que percibimos.

Ley de proximidad: tendemos a agrupar los estímulos (elementos) que están más cerca.
Ley de semejanza: agrupamos los elementos que son parecidos.
Ley de cierre: tendemos a "cerrar" las líneas de figuras que reconocemos como familiares.
Ley de figura-fondo: percibimos la figura y el fondo dependiendo de qué es lo que pasa a primer plano.

Ilusiones ópticas: las experiencias sensoriales pueden ser engañosas. A veces creemos ver algo, cuando realmente se trata de otra cosa.

Ilusión de Müller-Lyer
Ilusión de Ehrenstein
Ilusión de Zollner
Ilusión de Hering
Ilusión de Jastrow
Cubo de Necker